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TEMA 2.A. Isabel II.pdf, Apuntes de Historia de España

TEMA 2.A. Isabel II.pdf asignatura historia de españa

Tipo: Apuntes

2019/2020

Subido el 09/04/2020

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Tras la muerte de Fernando VII, comenzó el problema de sucesión entre los que apoyaban la Ley
Sálica, y en consecuencia apoyaban al Infante Carlos María Isidro, los carlistas (hermano de
Fernando), defensores de prerrogativas regias y del poder absoluto del monarca; y los que
apoyaban a la princesa Isabel, los isabelinos, defensores del sistema liberal, con la consecuente
limitación del poder de la monarquía.!
La ley sálica había sido impuesta por Felipe V, rompiendo con el código de las Siete Palabras.
Aunque con Carlos IV las cortes votaron por su abolición, ésta nunca fue promulgada. Con
Fernando VII vivo, ya el infante Carlos rechazó la pragmática sanción, y el enfrentamiento
dinástico se convirtió en un enfrentamiento ideológico; los ultramontanos apoyando al infante
Carlos y los liberales a la princesa Isabel. El carlismo destacó en áreas rurales y en territorios
forales como el País Vasco, el Maestrazgo y el interior de Cataluña. Fueron apoyados por el clero,
la nobleza y en menor medida por los de oficio mecánico.!
Los isabelinos fueron apoyados por los liberales, sin embargo la organización del estado les llevó
al enfrentamiento político. Los más moderados pactaron con Fernando VII el apoyo a su hija si
limitaba el poder de la corona. Los más radicales rechazaban cualquier acuerdo. Así pues el
reinado de Isabel empezaba dividido. En general abogaban, por la separación de poderes el
sufragio electivo, igualdad ante la ley y derechos individuales. Estas divisiones anunciaron la
división entre moderados y progresistas.!
GUERRAS CARLISTAS
El infante Carlos, negó la legalidad de la sucesión de Isabel al trono, con el manifiesto de
Abrantes. Esto dio pié a la Primera Guerra Carlista (33-40), con la que se buscaba proclamar rey a
Carlos V; un enfrentamiento dinástico que se convirtió en un enfrentamiento ideológico.!
Se distinguen tres fases:!
-En la primera, los carlistas iniciaron movimientos en ciudades como País Vasco y Navarra.
Destacó la figura de Zumalacárregui, que tras su asesinato y a pesar de haber llevado la
iniciativa, los carlista no lograron un éxito decisivo.!
-En la segunda fase, intentaron los carlistas apoderarse de una ciudad importante (Bilbao), con
el fin de tener más reconocimiento internacional. En la llamada expedición real, marcharon
sobre Madrid, pero sin lograr que estos se unieran a la causa. En la zona del Maestrazgo, la
guerra a manos de Cabrera (carlista), fue realmente cruel.!
-En la tercera, la superioridad de los isabelinos se empezó a notar. Los generales Maroto
(carlista) y Espartero (isabelino), tras haber levantado el asedio a Bilbao, firmaron el Convenio
de Vergara, por el cual los oficiales carlistas bien podían abandonar o bien entrar en el ejército
isabelino con el mismo rango. El conflicto terminó en 1840, con el exilio de Cabrera.!
En 1846, empezó la Segunda Guerra Carlista, dado por la boda entre Isabel II y su primo
Francisco Asís de Borbón, frustrando la idea de los que soñaban con el matrimonio entre su
primo Carlos Luis e Isabel. Pese a los intentos de Cabrera, no logró llegar al Maestrazgo,
volviendo al exilio y terminando la guerra en 1849.!
Las consecuencias más notables fueron: políticamente, la aceptación de los carlistas de Isabel II
como reina, y por parte de los isabelinos el mantenimiento de los fueros vasco-navarros y
catalanes. Los militares a su vez tuvieron un protagonismo excesivo en la vida política. Social y
económicamente, supuso la decadencia de la Hacienda y el desarrollo industrial,
incrementándose la inseguridad y el bandolerismo en áreas rurales.!
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Tras la muerte de Fernando VII, comenzó el problema de sucesión entre los que apoyaban la Ley Sálica, y en consecuencia apoyaban al Infante Carlos María Isidro, los carlistas (hermano de Fernando), defensores de prerrogativas regias y del poder absoluto del monarca; y los que apoyaban a la princesa Isabel, los isabelinos, defensores del sistema liberal, con la consecuente limitación del poder de la monarquía. La ley sálica había sido impuesta por Felipe V, rompiendo con el código de las Siete Palabras. Aunque con Carlos IV las cortes votaron por su abolición, ésta nunca fue promulgada. Con Fernando VII vivo, ya el infante Carlos rechazó la pragmática sanción, y el enfrentamiento dinástico se convirtió en un enfrentamiento ideológico; los ultramontanos apoyando al infante Carlos y los liberales a la princesa Isabel. El carlismo destacó en áreas rurales y en territorios forales como el País Vasco, el Maestrazgo y el interior de Cataluña. Fueron apoyados por el clero, la nobleza y en menor medida por los de oficio mecánico. Los isabelinos fueron apoyados por los liberales, sin embargo la organización del estado les llevó al enfrentamiento político. Los más moderados pactaron con Fernando VII el apoyo a su hija si limitaba el poder de la corona. Los más radicales rechazaban cualquier acuerdo. Así pues el reinado de Isabel empezaba dividido. En general abogaban, por la separación de poderes el sufragio electivo, igualdad ante la ley y derechos individuales. Estas divisiones anunciaron la división entre moderados y progresistas.

GUERRAS CARLISTAS

El infante Carlos, negó la legalidad de la sucesión de Isabel al trono, con el manifiesto de Abrantes. Esto dio pié a la Primera Guerra Carlista (33-40), con la que se buscaba proclamar rey a Carlos V; un enfrentamiento dinástico que se convirtió en un enfrentamiento ideológico. Se distinguen tres fases:

  • En la primera, los carlistas iniciaron movimientos en ciudades como País Vasco y Navarra. Destacó la figura de Zumalacárregui, que tras su asesinato y a pesar de haber llevado la iniciativa, los carlista no lograron un éxito decisivo.
  • En la segunda fase, intentaron los carlistas apoderarse de una ciudad importante (Bilbao), con el fin de tener más reconocimiento internacional. En la llamada expedición real, marcharon sobre Madrid, pero sin lograr que estos se unieran a la causa. En la zona del Maestrazgo, la guerra a manos de Cabrera (carlista), fue realmente cruel.
  • En la tercera, la superioridad de los isabelinos se empezó a notar. Los generales Maroto (carlista) y Espartero (isabelino), tras haber levantado el asedio a Bilbao, firmaron el Convenio de Vergara, por el cual los oficiales carlistas bien podían abandonar o bien entrar en el ejército isabelino con el mismo rango. El conflicto terminó en 1840, con el exilio de Cabrera. En 1846, empezó la Segunda Guerra Carlista, dado por la boda entre Isabel II y su primo Francisco Asís de Borbón, frustrando la idea de los que soñaban con el matrimonio entre su primo Carlos Luis e Isabel. Pese a los intentos de Cabrera, no logró llegar al Maestrazgo, volviendo al exilio y terminando la guerra en 1849. Las consecuencias más notables fueron: políticamente, la aceptación de los carlistas de Isabel II como reina, y por parte de los isabelinos el mantenimiento de los fueros vasco-navarros y catalanes. Los militares a su vez tuvieron un protagonismo excesivo en la vida política. Social y económicamente, supuso la decadencia de la Hacienda y el desarrollo industrial, incrementándose la inseguridad y el bandolerismo en áreas rurales.

REGENCIAS

Durante el período del reinado de Isabel II, se distinguen dos etapas. La primera, las regencias (minoría de edad), y posteriormente los gobiernos, en su ya mayoría de edad. La primera regencia, fue de su madre María Cristina (33-40). Hubo de enfrentarse a muchos problemas derivados de las guerras carlistas, sumando la decadencia de la Hacienda tras la independencia de Hispanoamérica. El primer gobierno, de Cea Bermúdez (liberal moderado), destacó por la nueva organización territorial, realizada por Javier Burgos y basada en provincias. El segundo gobierno, de Martínez de la Rosa, fue liberal muy moderado, que promulgó el Estatuto Real, una carta otorgada hecha para la monarquía, una pseudoconstitución. Entonces, la reina se vio obligada, tras el rechazo de los liberales a de la Rosa, a poner al frente al conde de Toreno. En su gabinete destacaba Juan Álvarez Mendizábal, quien dotó de recursos a la Hacienda a base de una desamortización de bienes a órdenes religiosas, la desamortización de Mendizábal, rompiendo relaciones con la Santa Sede y haciendo que muchos religiosos apoyaran al carlismo. A su vez, suprimió las llamadas pruebas de nobleza, y los bienes desamortizados fueron adquiridos por la aristocracia y burguesía. Este estilo personalista de gobernar, provocó un rechazo hacia Mendizábal, y aunque contaba con el apoyo de los más radicales (empezaron a denominarse partido progresista), los varios problemas provocaron su caída, siendo sustituido por Istúriz, moderado pero que tampoco pudo sostenerse. El pronunciamiento de sargentos en la Granja de San Ildefonso, hizo que la regente nombrara al progresista Calatrava, redactando una nueva constitución; la de 1837, de corte progresista que incluía la soberanía nacional, la libertad de imprenta y la Milicia Nacional. Una vez celebrada las elecciones, los moderados gobernaron junto con la regente hasta 1840. Las tensiones entre progresistas y moderados aumentaron. También creció la popularidad del general Espartero considerado pacificador, provocando la abdicación de la regente a favor de éste. Con Espartero al frente de la regencia, se convocan elecciones con triunfo progresista, aunque rápidamente surgieron divergencias:

  • Los unitarios, defendían la solitaria regencia de Espartero.
  • Los trinitarios, defendían que la regencia fuese compartida con presencia civil y no únicamente militar. Los unitarios lograron la victoria, y los ayacuchos (guerreros en la independencia de las colonias), tuvieron presencia en el gobierno. Por otra parte aumentaba el descontento en el ejército por el abandono de las pagas. Económicamente, se firmó un acuerdo librecambista con Gran Bretaña, por el cual se rebajaban los aranceles a sus productos, perjudicando los catalanes. Esto provocó insurrecciones en Barcelona. A esto se sumó el problema de los monjes en Madrid. Se produjeron además numerosas rebeliones encabezadas por espadones, provocando el exilio del regente. Durante las regencias se consolidaron como partidos políticos los dos sectores del liberalismo; los progresistas (más radicales) y los liberales (más moderados). Ambos eran defensores de una monarquía constitucional, separación de poderes, sufragio censatario y derechos individuales. Sin embargo el sufragio era mucho más restringido para los moderados y el papel de la corona, más amplio. En referencia a la justicia los progresistas abogaban por la presencia de los jurados en los juicios y por la libertad de expresión (imprenta), un derecho que para los moderados exigía censura previa. En cualquier caso fue un período el de las regencias, de inestabilidad constitucional y de numerosas intervenciones militares en la política, los espadones.