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Lengua y Literatura castellana
Tipo: Apuntes
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La Lingüística del Texto y el Análisis del Discurso explican la construcción del discurso por el mantenimiento de dos propiedades: la cohesión y la coherencia. La cohesión está constituida por todos los elementos lingüísticos que guían al receptor en el proceso de interpretación. La coherencia, en cambio, consiste en la unidad global de significado del texto que resulta tanto de las propiedades lingüísticas como del proceso de interpretación que hace el receptor. Comprende, pues, aspectos extralingüísticos de orden cognitivo, interpretativo e intencional.
Otros autores, como Beaugrande y Dressler, prefieren hablar de "principios de textualidad", que serían aquellas condiciones que se deberían cumplir para que un texto pueda ser considerado como tal. Estos principios de textualidad se dividen a su vez en constitutivos, que son los que definen el proceso de comunicación, y regulativos, que controlan la comunicación textual. Entre los primeros se hallan cohesión, coherencia, intencionalidad, aceptabilidad, informatividad, situacionalidad e intertextualidad. Los segundos comprenden eficacia, efectividad y adecuación.
La cohesión concierne al modo en que los elementos del texto están relacionados entre sí "en superficie", tal como los percibimos. El grado de cohesión textual se manifiesta en la sintaxis superficial del texto: la repetición de algunos elementos en forma de pronombre, la paráfrasis, la unidad temporal-aspectual, los paralelismos son todos ellos fenómenos que garantizan la cohesión del texto. La coherencia se manifiesta en un nivel más profundo mediante la continuidad de sentido que caracteriza un texto. Esta continuidad afecta a la estructura semántica y, en términos cognitivos, a la estructura lógica y psicológica de los conceptos expresados. Los conceptos expresados que van apareciendo en el texto se elaboran en función del fin que se persigue con ese texto, pero globalmente la elaboración procede de la investigación de ‘centros de control’, de los puntos estratégicos más importantes que nos permiten entender la unidad y la continuidad del texto. Los centros de control más probables son los conceptos primarios como objetos, situaciones, acontecimientos y acciones. Después están los conceptos secundarios como el tiempo, el atributo, la localización, el movimiento, el instrumento, la causa, la cantidad, la modalidad, etc. Los marcos ("fiesta de cumpleaños") indican algunas relaciones típicas, los guiones ("el restaurante") o los esquemas fijos que contienen información sobre determinadas secuencias de acontecimientos funcionan como centros de encuadramiento. La intencionalidad se refiere a la actitud de quien produce un texto coherente respecto a los objetivos que persigue o a la realización de un proyecto determinado. La aceptabilidad se refiere al receptor, éste percibe un texto claro y coherente, elaborado con una intención determinada, en un contexto sociocultural concreto, si no sucede así la comunicación resulta afectada. La intención y la aceptación son también conceptos presentes en el Principio de Cooperación formulado por GRICE, según el cual un oyente es más propenso a buscar significados implícitos que a juzgar un texto oscuro e incoherente. Con la informatividad se hace referencia al grado de predicción o probabilidad de determinados elementos o informaciones que aparecen en el texto. Los textos con mayor carga informativa requieren una atención mayor que los textos fácilmente predecibles. La elaboración de un texto rico en información nueva exige mayor esfuerzo y resulta más interesante. La estructuración de un texto está regida por un equilibrio justo entre informaciones nuevas e informaciones conocidas. La situacionalidad se refiere a la importancia de un texto en el interior de una situación comunicativa concreta. La intertextualidad pone en relación el texto con los demás textos con los que establece relaciones de significado.
M. A. K. Halliday, por ejemplo, se centra en el el concepto de cohesión, y lo considera como un conjunto de recursos (referencia, sustitución, elipsis, conjunción y cohesión léxica) que, junto a otros factores gramaticales, constituyen la textura sin la cual un texto no es un texto. Mediante la cohesión, el texto progresa y se asegura su continuidad. Para que un texto sea coherente tiene que estar cohesionado, pero además, debe estar adecuado a un registro y ha de tener una estructura.
Otros autores, en lugar de centrarse en uno de estos dos aspectos reconocen que ambas características son igualmente importantes para la construcción de un texto, y señalan las diferencias que hay entre coherencia y cohesión.
Según Bernárdez esa relación hay que entenderla como un proceso de doble mano: en la producción se va desde la coherencia profunda, a partir de la intención comunicativa y en la comprensión se recorre el camino inverso, desde las pistas lingüísticas en la superficie del texto a la coherencia profunda.
Puede distinguirse entonces entre los conceptos de cohesión y coherencia como los lazos lineales y globales que existen para la unidad de un texto, respectivamente. Los primeros se corresponden con la noción de cohesión de van Dijk 1984 o de conexión de Halliday y Hasan 1976; los segundos, con la noción de coherencia de ambos autores. Podríamos entonces sugerir que la cohesión es una condición de la función textual que se da intratextualmente, mientras que la coherencia refiere a las relaciones del discurso con los contextos situacional y cultural, es decir, extratextualmente. La cohesión estaría íntimamente relacionada con el modo del discurso, mientras que la coherencia lo estaría con el campo y el tenor del mismo (cf. Halliday y Hasan 1990).
Según autores como Van Dijk o Charolles, la mayor diferencia entre cohesión y coherencia es que la primera tiene que ver con relaciones semánticas del nivel de la palabra, y la segunda con procesos discursivos de más alto nivel (higher-discourse processes) no siempre realizados en material linguístico.
Estas dos diferencias son expresadas por Huber, (1990) en el cuadro que se presenta a continuación:
macroprocesamiento microprocesamiento
conocimiento del mundo conocimiento linguístico
macroproposiciones <----------> microproposiciones
coherencia cohesión
procesamiento heurístico procesamiento algorítmico
palabras clave, modismos cadena completa de elementos linguísticos
Los factores de cohesión dan cuenta de la estructuración de la secuencia superficial del texto, afirmando que no se trata de principios meramente sintácticos, sino de una especie de semántica de la sintaxis textual, esto es, de los mecanismos formales de una lengua que permiten establecer, entre los elementos lingüísticos del texto, relaciones de sentido (Villaça Koch 1989; Marcuschi 1983). Para Halliday y Hasan (1976), la cohesión es una condición necesaria, pero no suficiente para la creación del texto, sin embargo, existen textos desprovistos de recursos cohesivos, en los que la continuidad surge en el nivel del sentido y no en el nivel de las relaciones entre los constituyentes lingüísticos: asimismo, hay textos en los que ocurre una secuencia cohesiva de hechos aislados que permanecen aislados, y con esto no tienen condiciones de formar una textura"
Según Halliday-Hasan, un texto se caracteriza por su coherencia: unas partes encajan con otras. En cualquier punto desde el principio, lo que pasó proporciona el entorno para lo que sigue. Esto establece expectativas internas (…) Una contribución importante a la coherencia procede de la cohesión: el conjunto de recursos lingüísticos que tiene toda lengua (como parte de la función textual) para enlazar una parte del texto con otra.
En opinión de Calsamiglia y Tusón, “la coherencia es una noción más extensa e incluye las relaciones pragmáticas, además de las relaciones semánticas intratextuales. Es un concepto que se refiere al significado del texto en su totalidad (...) La cohesión es un concepto que se refiere a uno de los fenómenos propios de la coherencia, el de las relaciones particulares y locales qu se dan entre elementos lingüísticos, tanto los que remiten unos a otros como los que tienen la función de conectar y organizar”.
3.- LA COHESIÓN TEXTUAL
Los primeros autores que presentaron una nómina de mecanismos o procedimientos de cohesión textual fueron Halliday y Hasan, quienes hablan de los siguientes procedimientos: 1- referencia 2- sustitución y elipsis 3- conectores 4- cohesión léxica.
Otros autores reformulan la tipología de Haliday y Hasan y hablan de los siguientes mecanismos:
Vamos a comentar brevemente cada uno de estos procedimientos, y después trataremos con más profundidad algunos de ellos
1. Referencia
La relación de referencia se establece en dos direcciones:
a) hacia fuera del texto, es la relación que se entabla entre las expresiones contenidas en el texto con las entidades del mundo real (relación exofórica)
b) hacia adentro del texto, la relación que se establece entre las expresiones contenidas en un texto (relaciones endofóricas). A este último tipo de referencia se la denomina correferencia.
Un enunciado puede referirse a objetos (la radio), personas (Badía, Ibarra), situaciones o acciones (asumir, designar), tiempo (hoy, mañana), todas ellas entidades del mundo real. Las relaciones exofóricas –hacia afuera del texto- aportan cohesión y coherencia al texto sólo si los lectores comparten el conocimiento del mundo real de los elementos a los que se refiere el texto.
La relación referencial endofórica o correferencia es propia del mundo textual, por consiguiente, se establece entre elementos contenidos en el texto que tienen el mismo
Ejemplos: La nueva FM de Municipal estará en el aire el 1º de octubre y la AM, a fines de ese mes. elipsis: estará en el aire elipsis: de Municipal
-¿Es cierto que alquilará su estudio móvil a Radio Municipal? -De ninguna manera.
elipsis: alquilaré mi estudio móvil a Radio Municipal
5. Conectores Expresan las relaciones semánticas entre las oraciones: relaciones lógico-temporales, lógico-causales, de concesión, de finalidad, de restricción, de ubicación, de orden, de progresión. Es una de las estrategias de cohesión más ricas que posee la lengua. Otros autores no siguen la teoría de Halliday y Hasan, y hablan de otros mecanismos de cohesión textual, aunque, en el fondo, todos los autores remiten, de alguna manera, a los mismos procedimientos. Salvador Gutiérrez, por ejemplo, habla de dos recursos de cohesión: formales y semánticos. En los recursos formales incluye a los conectores, y dentro de los recursos semánticos habla de la cohesión léxica, la recurrencia o repetición y la progresión temática.
Ángel Herrero prefiere hablar de tres mecanismos: senderos correferenciales, conectores, y colocaciones y paralelismos. Dentro de los mecanismos correferenciales estarían la repetición, la sustitución léxica y las proformas. Dentro de los conectores distingue los marcadores de orden, los moduladores, los conectivos y los marcadores de diálogo. Las colocaciones y los paralelismos serían un recurso de cohesión a caballo entre los dos recursos básicos: la correferencia y los conectores.
A continuación vamos a tratar con más profundidad los que son, a juicio de la gran mayoría de autores, los tres recursos más importantes de cohesión textual: la deixis om referencia, la cohesión léxica y los conectores o marcadores discursivos.
Normalmente, la deixis se considera uno de los aspectos que dotan de cohesión a un texto, junto con otros elementos como los marcadores o las relaciones de cohesión léxica, tal como veremos en el tema siguiente. Sin embargo, como el enunciado del tema incluye el tema de la deixis y de las relaciones fóricas dentro de los elementos de coherencia, dedicamos un apartado a hablar de estos aspectos.
3.2.1. DEFINICIÓN DE DEIXIS
Según Bühler, entre los signos lingüísticos hay algunos que funcionan como indicadores y pertenecen al campo mostrativo del lenguaje.
Esta función deíctica del lenguaje no es únicamente privilegio de lo que la gramática reconoce tradicionalmente como pronombres. Una preposición como tras precisa también de un punto de referencia desde el cual se la pueda medir como pasa en la
iglesia tras la casa del párroco , la misma "determina la posición de una cosa partiendo de otra". (Bühler) Lo mismo ocurre con las desinencias verbales que sirven para retomar en el discurso algo que se ha mencionado antes o señalar exofóricamente a un participante o a alguien aludido en el acto comunicativo. Los artículos, por su parte, cumplen con la misma propiedad por su parentesco diacrónico con los pronombres. Un ejemplo de este comportamiento en los artículos lo podemos encontrar en estos enunciados. Ejemplo: Juan no vino en auto. El suyo estaba sin gasolina y el de sus padres se había roto ese mismo día. En el segundo enunciado de este ejemplo, tanto el artículo “el” del sintagma “el suyo” como el de “el de sus padres” presentan problemas. Para algunos se encuentra elíptico el sustantivo “auto” ( el auto suyo / el auto de sus padres ). Sin embargo, para los que no les satisface la teoría de la elipsis, el artículo “el” se comporta como un pronombre que retoma anafóricamente el sustantivo “auto” como lo hacía su antecesor latino. Los análisis que estas dos interpretaciones generan son distintos. En el primer caso, el núcleo del grupo sintáctico nominal sigue siendo “auto” (aunque esté elíptico se recupera), mientras que en la segunda interpretación el núcleo del mismo es el artículo que, como un pronombre, retoma al sustantivo antecedente.
Para Bühler es necesario distinguir la deixis (mostración) de la denominación. Mientras la primera está en la base de lo que se ha identificado como el campo mostrativo del lenguaje, la segunda se identifica con el llamado campo simbólico; mientras la primera privilegia la capacidad indicativa del lenguaje (señalar algo del mundo o del discurso), la segunda tiene una función básicamente representativa. Se entiende como función representativa aquella que es puramente conceptual. Si tomamos el signo “casa”, el mismo no señala nada del mundo a no ser que se encuentre inserto en un acto de habla específico, o sea que se esté usando para señalar un individuo determinado de la realidad gracias al uso de un artículo o de un pronombre: la casa, esta casa, aquella casa.. Mientras dicho signo no sea actualizado en un uso particular de un locutor, simplemente representa conceptualmente a la clase, o sea al conjunto de individuos que tienen las propiedades comunes que entendemos están en el concepto “casa”. Sin embargo, los "deícticos" son también signos. Aquí y allí, por ejemplo, 'designan' en tanto 'nombran' un dominio, un 'lugar geométrico'. Refieren un lugar en torno de quien habla. Otros signos, señala Bühler, manifiestan también esta característica: "la palabra hoy nombra de hecho el compendio de todos los días en que puede ser dicha, y la palabra yo todos los posibles emisores de mensajes humanos, y la palabra tú la clase de todos los receptores como tales." (ibid:151) Pero existe una diferencia entre estos y los demás signos del lenguaje. Tal distinción radica en su capacidad indicativa o mostrativa que se manifiesta en todo hecho discursivo.
Según algunos autores, como Eguren, por ejemplo, la deixis es un tipo de vínculo referencial entre ciertas unidades o expresiones lingüísticas y aquello que representan en el mundo o en el universo del discurso: el hablante, el interlocutor (o los interlocutores) y el momento y el lugar en que se emite un enunciado. Dicho de otra manera, la deixis serviría para relacionar algunos elementos del sistema linguístico con la subjetividad del codificador y con los factores contextuales.
El sistema deíctico se considera «egocéntrico» por los tres orígenes (yo-aquí-ahora) que proporcionan los puntos básicos de referencia para la construcción del espacio deíctico, en cuanto que los deícticos tienen la función de dirigir la atención del oyente. El
embargo, le son ofrecidos esos y otros demostrativos, en rica multiplicidad, incluso en el relato intuitivo acerca de objetos ausentes y por narradores ausentes". Bühler pone el ejemplo de un relato en donde se hable, por ejemplo, de las márgenes derecha e izquierda del Rhin o del Sena; dichas indicaciones del narrador ocasionan a veces dificultades al lector cuando no se encuentran explicitados, a través de mostrativos adecuados, los presupuestos que tiene en mente quien organiza el discurso. Indicaciones de dirección como delante, detrás, a la derecha, a la izquierda, deberán interpretarse respecto de un punto de referencia específico igual que en la situación perceptiva primaria (es decir, cuando estamos en la situación y no en el discurso) pero por medio de mecanismos lingüísticos que permitan que el destinatario sea ‘llevado’en el recorrido que el organizador del discurso intenta transmitir. El destinatario podrá comprenderlas si logra ser traspuesto, es decir, si logra captar el punto de referencia desde el que parte el relato o la descripción. Esta operación es particularmente difícil en tanto el destinatario, en el texto escrito, es presupuesto, calculado por el destinador como un receptor ideal capaz de interpretar las señales lingüísticas que el constructor del discurso ha dejado en forma de huellas en el devenir de su discurso. A la mostración en fantasma no le faltan los recursos mostrativos naturales en tanto que existen como trasposiciones. Estas constituyen un refinado juego que permite "mostrar" lingüísticamente en fantasma. Cuando el narrador señala El Paraná corre allí en el fondo de una inmensa hoya, cuyas paredes, altas de cien metros, encajonan fúnebremente el río, construye un aquí desde donde se ubica el yo para señalar un allí, lugar de un él (el río), alejado respecto de la perspectiva que propone como hablante. Es decir, el descriptor sólo puede operar con un “allí” respecto de un “aquí” desde el que habla y por tanto su “yo” se impone como un punto de referencia que el lector debe asumir para comprender cuál es el punto de vista que se le impone. Estos tres tipos de mostración, que no constituyen únicamente un privilegio de los pronombres como lo muestran los adverbios aquí o allí, tendrían, según Bühler un elemento en común: "el dedo índice, el instrumento natural de la demostratio ad oculos, es sustituido por otros recursos indicativos; y se lo sustituye incluso al hablar de cosas presentes". (ibid:139) Estos son recursos lingüísticos que están disponibles para el hablante en el repertorio de su lengua. Son elementos claves en la cohesión textual. Para Bühler son tres los "mostrativos" que manifiestan la condición de origen: aquí, ahora y yo. Este origen, o punto de referencia a partir del cual los mostrativos tienen sentido, se puede representar como el punto cero o punto “O” (inicial de origen) que es cruce de dos ejes axiales, origen de las coordenadas que establece el hablante en una locución específica, punto de partida desde el que se interpretan los "demostrativos".
Green habla de otros tipos de deixis algo diferentes a los que señala Buhler. Según este autor, se puede hablar de los siguientes tipos de deixis: a) deixis referencial: pronombres y adjetivos demostrativos; b) deixis origo: primera y segunda persona de los pronombres y vocativos; c) deixis espacio-temporal: adverbios temporales, unidades temporales no pertenecientes al calendario, los conceptos de tiempo y de lugar codificados; d) deixis subjetiva: elementos y términos que codifican la experiencia subjetiva del codificador, principalmente a través de verbos modales epistémicos y deónticos; e) deixis discursiva: elementos que orientan el texto mismo (intratextuales); y f) deixis sintáctica: la deixis funciona dentro de un marco sintáctico determinado.
Los deícticos son, pues, marcas o indicadores que refieren a otros elementos del texto que pueden ir delante (anafóricos) o detrás (catafóricos); esta función hace que sean elementos importantes en la cohesión discursivo-textual, en cuanto que se trata de una
operación que permite relacionar los objetos y sucesos del mundo a las coordenadas de lugar y de tiempo asociados con el locutor. La deixis y la modalización se relacionan de la misma manera que lo hacen el egocentrismo del referente de los deícticos y el del punto de vista, fuente de las expresiones modales. «Modalidad y deixis son dos manifestaciones de la subjetividad del hablante», según Vicente Mateu.
3.2.3. ANÁFORA Y CATÁFORA
Como hemos observado en las definiciones precedentes, podemos hablar de dos tipos básicos de deixis: la deixis exofórica, que se da cuando relacionamos los elementos lingüísticos con las personas del acto de comunicación (deixis personal), con las coordenadas temporales (deixis temporal) o con las coordenadas espaciales (deixis espacial), y la deixis endofórica, que aparece cuando una palabra de un texto se refiere a algo que ha aparecido anteriormente en el mismo texto, o bien que va a aparecer después. Por eso, a este segundo tipo de deixis se le llama deixis interna o deixis textual, y, como es obvio, resulta uno de los principales mecanismos para cohesionar un texto.
Los elementos endofóricos pueden ser catafóricos o anafóricos. Son catafóricos cuando la referencia del elemento pronominal se determina con una palabra que ocurre después en el discurso y son anafóricos cuando la referencia se encuentra antes en el discurso. Un ejemplo de este segundo caso es el ya citado de “Juan” retomado por el pronombre “él” y por la desinencia verbal. Un caso de referencia catafórica sería el que se describe a continuación. Supongamos que una novela empieza de la siguiente manera: “ Ella estaba destrozada esa mañana del lunes. Alicia no estaba acostumbrada a beber y trasnochar los domingos”. Aquí el pronombre “ella” se desambigua a través del nombre “Alicia” del segundo enunciado, es decir, dicho pronombre señala hacia adelante.
Como conclusión de este capítulo dedicado a la deixis, vamos a recoger aquí el enfoque de Castellà, que engloba todos los elementos deícticos dentro de un gran apartado denominado referencia, al igual que hacen otros muchos autores, y habla de los siguientes tipos de referencia:
A) Exofórica:
a1- al mundo: representación, denotación (nombre propio) y actualización (sintagma nominal definido)
a2- al entorno inmediato : deixis personal, espacial y temporal
a3- deixis discursiva
B) Endofórica:
b1- anáfora
b2- catáfora
Algunos términos que se han utilizado para referirse a estos elementos son, como señala Casado Velarde: marcadores textuales o de discurso, operadores discursivos, ordenadores del discurso, ordenadores del discurso, operadores pragmáticos, conectores discursivos, enlaces extraoracionales, etc. Ante todo este cajón de sastre que representan estos elementos textuales, hay autores que, en lugar de hablar de los tipos de conectores o marcadores discursivos, prefieren referirse a los tipos de relaciones textuales y oracionales que se pueden mantener en un texto. Otros autores, sin embargo, sí que presentan una nómina de marcadores o conectores con ejemplos de cada uno de ellos.
Entre los primeros, comenzaremos hablando de Stati, quien señala que, en un texto se pueden mantener las siguientes relaciones: 1- relaciones de coordinación, que se dividen en relaciones copulativas, adversativas, disyuntivas y conclusivas 2- relaciones de reformulación 3- relaciones de explicación, ejemplificación y especificación 4- relaciones de causalidad 5- relaciones de orden cronológico 6- relaciones de consecuencia o conclusión 7- subordinadas aisladas
Catalina Fuentes habla de tres relaciones básicas: 1- Relaciones de adición 2- Relaciones de oposición 3- Relaciones de causalidad
La nómina más completa de marcadores del discurso que pueden establecer relaciones de conexión textual es posiblemente la de Casado Velarde, quien habla de los siguientes tipos: 1- Marcadores de aclaración, explicación, matización o precisión, reformulación, autocorrección o equivalencia: es decir, mejor dicho… 2- Marcadores de adición o continuidad: además, incluso… 3- Marcadores de advertencia: ojo, cuidado… 4- Marcadores de afirmación, asentimiento y aprobación: sin duda, exacto… 5- Marcadores de atenuación: en todo caso, en cierto modo… 6- Marcadores de causalidad: porque, ya que… 7- Marcadores de cierre discursivo y de enumeración o conclusión: por último, en conclusión… 8- (^) Marcadores de comienzo discursivo y de enumeración: en primer lugar… 9- Marcadores de concesividad, contraste y oposición: no obstante, sin embargo… 10- Marcadores de consecuencia y deducción: así pues, en consecuencia… 11- Marcadores de digresión: por cierto, a propósito… 12- Marcadores de duda: tal vez, quizá… 13- Marcadores de ejemplificación: por ejemplo… 14- Marcadores de intensificación: es más… 15- Marcadores de llamada de atención: mire, fíjate… 16- Marcadores de mantenimiento de atención interlocutiva: ¿no?, ¿entiendes?... 17- Marcadores de negación: jamás, en absoluto… 18- Marcadores de restricción: en todo caso… 19- Marcadores de tematización o transición: por lo que respecta a…
En cuanto a los autores que prefieren hablar de los diferentes tipos de marcadores discursivos que podemos encontrar, realizando algún tipo de discriminación entre ellos por su función o por su significado, podemos citar a los siguientes:
Martín Zorraquino realiza la siguiente división: a) Índices o marcadores de modalidad: aquí la autora se centra, sobre todo, en los adverbios acabados en –mente. b) Marcadores de discurso, que tienen que ver con el discurso oral, y son marcadores fáticos o dialógicos. c) Ordenadores o planificadores del discurso, que tienen que ver con los enlaces extraoracionales de un texto.
Ángel Herrero habla de los siguientes tipos de conectores: a) Conectores que se utilizan para relacionar partes del texto entre sí. Hay dos tipos: A1- Marcadores de orden, que sirven para puntear distintos momentos del texto: en primer lugar, por un lado, etc. A2- Conectivos, que expresan diferentes relaciones: adición (y además), contrariedad (pero), temporalidad (entonces), etc.
b) Conectores que sirven para relacionar los textos con los interlocutores. Hay también dos tipos: B1- Moduladores, que son formas lingüísticas que señalan el punto de vista del hablante (desgraciadamente, increíblemente…). B2- Marcadores de diálogo, que tienen que ver con la conversación, y que expresan acuerdo, advertencia, aclaración, saludos, etc. (por cierto, ¿no me digas?...).
Por último, nos referiremos a la teoría de Portolés, quien habla de los siguientes grupos: a) Conectores 1- Conectores aditivos 2- Conectores reforzativos: por lo tanto, al fin y al cabo… 3- Conectores contraargumentativos: al contrario… b) Marcadores del discurso 1- Marcadores reformulativos: es decir, en resumen… 2- Marcadores de rectificación: mejor dicho… c) Modalizadores 1- Modalidad epistémica: a lo mejor, por supuesto… 2- (^) Modalidad volitiva: ojalá… 3- Modalidad evaluativa: menos mal, por fin…
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