Docsity
Docsity

Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes

Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity


Consigue puntos base para descargar
Consigue puntos base para descargar

Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium


Orientación Universidad
Orientación Universidad


Test 1: Lectura de Actitudes, Exámenes de Periodismo

Asignatura: estratgias paersuasivas, Profesor: , Carrera: Periodismo, Universidad: UPV-EHU

Tipo: Exámenes

2015/2016

Subido el 02/02/2016

mariaarmas
mariaarmas 🇪🇸

3.6

(82)

32 documentos

1 / 17

Toggle sidebar

Esta página no es visible en la vista previa

¡No te pierdas las partes importantes!

bg1
pf3
pf4
pf5
pf8
pf9
pfa
pfd
pfe
pff

Vista previa parcial del texto

¡Descarga Test 1: Lectura de Actitudes y más Exámenes en PDF de Periodismo solo en Docsity!

caPrTuLo 12 Actitudes Pablo Briñal, Carlos Falces y Alberto Becerra Abordar el fenómeno de las actitudes desde una perspectiva psicosocial. Históricamente, el concepto de actitud ha sido y es uno delos temas centrales de la Psicología social, La afirma- ción de G. W. Allport (1935) según la cual “el concepto de actitud es probablemente el más distintivo e indispensable de la Psicología social” (p 198) parece seguir vigente hoy en día a juzgar por el ingente número de publicaciones científicas que tienen como objetivo principal el fenómeno actitudinal (po: ejemplo Albarracto, Jonhson, y Zanna, 2005; Eagiy y Chaiken, 1993; Fazio y Olson, 2003; Haddock y Maio, 2004; Maio y Olson, 2000). Dírecer una descripción ordenada de los avances científicos en relación con el fenómeno de los actitudes. El capítulo se divide en cinco partes. En la primera, se procedea la definición de actitud y a la descripción de su importancia, para concluir con una revisión de las funciones vitales que cumplen las actitudes. En la segunda parte se exponen algunos de los procesos fundamentales a través de los cuales se forman las actitudes organizados alrededor de los componentes cognitivos, afectivos y con- ductuales de las actitudes, En la tercera parte del capítulo se examinan las características que hacen a nas actitudes más fuertes que otras, Estas dimensiones de fuerza se presentan agrupadas en dos grandes categorías, indicadores objetivos y subjetivos, lo cual facilita el acceso a la variedad de índices de fuerza de las actitudes. La cuarta parte se describen algunos de los numerosos procedimientos diseñados para medir actitudes, Estos pracedimientos se presentan organizados en dos grandes categorias: procedi- mientos directos, apartado en el que describimos algunos de las medidas más tradicionales de las actitudes, y procedimientos indirectos, apartado 20 el que se cubren algunos métodos más contemporáneos de evaluación. Paza finalizar, describis tras la presentación de la evidencia empírica más relevame y consen- suade para cl cstudio de las actitudes, algunos aspectos de la investigación sobre actitudes que todavía permanecen abiertos. Las controversias descritas en estos apartados finales se refieren sobre todo al grado y la forma en la que las actitudes están representadas en la memoria de las personas. En el último apartado del capítulo se presenta un nuevo modelo con capacidad para integrar de forma coherente algunas de estas controversias. 457 di 458 — PSICOLOGÍA SOCIAL 17.1 Introducción: ¿por qué son importantes las actitudes? ¿Quién de nosotros no ha opinado alguna vez acerca de cuestiones políticas? ¿O quién no ha mantenido una discusión sobre asuntos tales como el aborto, la inmigración, la eutanasia o la legalización delas drogas? Habitualmente, las personas toman decisiones y realizan elecciones acerca de un sinfín de temas, por ejemplo, a qué partido votar, si acudir o no a una mani- Festación a favor de los matrimonios gays, decidir sobre distintas marcas de ropa, cantantes u opciones musicales a la hora de comprar o, finalmente, optar por salir o no a cenar con determinadas personas. Estos comportamientos tienen un punto en común, todos ellos reflejan las valoraciones que las personas poseen sobre las distintas cuestiones mencionadas. A dichas valoraciones se las conoce con el nombre de actitudes. Así, por ejemplo, se podría decir qne nna persona que está a favor dela eutanasia Liene una actitud positiva can respecto a este asunto, mientras que otra que no está de acuerdo con esta práctica social diríamos que tiene una actitud negativa, El estudio de las actitudes resulta muy relevante para la comprensión de la conducta social humana por diversas 1azones, algunas de las cuales 56 snencionan a continuación. En prirnar lugar, las actitudes son relevantes a la hora de adquurir nuevos conocimientos ya que las personas asimvilan y relacionan la información que reciben del mundo en torno a dimensiones evaluativas. Segundo, las actitudes desempeñan una serie de funciones imprescindibles a la hora de buscar, procesar y responder, no sólo a la información sobre el entorno, sino también a la relacionada con uno mismo, En tercer lugas, las actitudes guardan una estrecha relación con nuestra conducta y, por tanto, el mayor y mejor conacimiento de las actiludes permitirá realizar predicciones más exactas sobre la conducta social humana y sobre sus cambios. Es decir, las actitudes influyen sobre la forma en que piensen y actúan las personas. En cuarto lugaz, las actitudes permiten conectar el contexto social en cl que vivimos con la conducta individual o, dicho de otro modo, nuestras actitudes reflejan la interiorización de los valores, normas y preferencias que rigen en los grupos y organizaciones a los que pertenecemos. ¡De hecho, distintos grupos sociales pueden ser distinguidos entre sí porlas actitudes diferenciales que hacia determinadas cuestiones o asuntos comparten los individuos que los forman. En quinto lugar, cambios en las actitudes de las personas pueden cambiar el contexto. Si las actitudes de un gran número de personas cambian, posiblemente las normas sociales puedan cambiar también. Por ello, el estudio de cómo se adquieren y modifican las actitudes resulta esencial para comprender las bases de posibles cambios raás amplios, Por últsmo, la investigación sobre las actitudes permite conectar áreas de investigación tradicionalmente dispersas. Por ejemplo, el estudio del prejuicio hacia grupos minoritarios puede enfocarse como el estudio de las actitudes, generalmente negativas, hacia estos grupos. De la misma forma, el estudio de la autoestima puede definirse corno cl estudio de las actitu- des que mantenemos hacia nosotros mismos. 17.2 ¿Quéson las actitudes? Desde su aparición en la Psicología social, a principios del siglo pasado, y hasta la actualidad, se han propuesto distintas definiciones de actitud, de mayor o menor complejidad. En la ac. tualidad, la mayoría de los estudiosos del tema estaría de acuerdo en definir las actitudes de la siguiente formar Acthudes 459 Í valuaciones globales y relativamente estables que las personas hacen sobre otras personas, ideas o | Í cosas que, técnicamente, reciben La denominación de objetos de actitud, ] De una manera más concreta, al hablar de actitudes se hace referencia al grado positivo o negativo con que las personas tienden a juzgar cualquier aspecto dela realidad, convencional- mente denominado objeto de actitud (Esgly y Chaiken, 1998; Petty y Wegener, 1998). Las evaluaciones o juicios generales que caracterizan la actitud pueden ser positivas, negativas, o neutras y pueden variar en su extremosidad o grado de polarización (véase el Cuadra 17.1). Cuadro 17.1: Formas principales de las evaluaciones a juicios generales que caracterizan laactitud. Ta la hora de evaluar un objeto de actitud como el carné de conducir por puntos, hay varias posibilidades: | | valencia positiva o negativa . - o = Actitud positiva de extremosidad media: La persona hace una evaluación medianamente positiva del carné por puntos. «Actitud positiva de extremosidad alta: la persona considera el camé por puntos como algo altamente osttivo. . + Actur negativa de axtrenosidad alta: la persona considera esta medida de regulación del tráfico como alga totalmente negativo Indiferencia y ambivalencia ] + Ausencia de actitud la persona considera la cuestión del camé por puntos como algo 1rrelevante. > Actrtud neutra la persana se siente wdiferente ante la cuestión del carné por puntas. + Actitud ambivalente: la persona experimenta simultáneamente evaluaciones tonto positivas coma negativas hacia el mencionado carné por puntos. No es dificil entender, por tanto, que las personas tengamos actitudes hacia cualquier objeto de actitud imaginable, tales como objetos materiales, personas, situaciones o ideas, A su vez, dichos objetos de actitud pueden ser mu concretos (por ejemplo un nueva modelo de coche o los matri- -monios homosexuales), o muy abstractos (por ejemplo la igualdad, Ja democracia o la salud), Otra de las características esenciales de las actitudes es que constituyen nn fenómeno men- tal. Fs decir, las actitudes reflejan una tendencia evaluativa que no es directamente observable desde fuera del propio sujeto. Por tanto, se hace necesario inferir les actitudes de las personas a partir de ciertos indicadores. En el presente capítulo estudiaremos este aspecto en el apartado de medida de las actitudes. DU . Por ejemplo, conocer los componentes de una actitud puede ayudar a inferir dicha aclitud. De forma muy resumida, las actutudes se organizan mentalmente de acuerdo a lo que se ha dado en denominar concepción tripartita delas actitudes (véase el Cuadro 172), Cuadro 17.2: La concepción tripartita de las actitudes. Í Las actitudes constan de tres componentes: cognitivo, afectivo y conductual - — Componente cognitivo . . Incluye los pensamientos y creencias de la persona acerca del objeto de actitud. + Componente afectivo . . Agrupa los sentimientos y emociones asociados al objeto de actitud. + Componente conductual . o . Recoge las intenciones o disposiciones a la acción así como los comportamientos dirigidos hacia el 1 objeto de actitud. Continita 462 — +SICOLOGÍA SOCIAL gratificantes y la evitación de estímulos aversivos, las actitudes optimizan las relaciones de los “individuos con su entorno, maximizan los “premios” y minimizan los “castigos”. Dicho de otro 'modo, a través de las actitudes podemos conseguir lo que queremos y evitar aquello que no nos gusta, contribuyendo de esta forma a crear sensaciones de libertad y competencia (Katz, 1960). Festa unción de las actitudes a la hora de perseguir los intereses personales de una forma coho- rente y eficaz se puede observar, por ejemplo, en los abogados que adoptan actitudes positivas hacia sus clientes (para poder defenderlos mejox), o los empleados que desarrollan actitudes positivas hacia las organizaciones para las que trabajan (lo cual les puede colocar en nna relativa posición de ventaja para ascender). Función de identidad y expresión de valores Las personas suelen manifestar públicamente sus actitudes expresando opiniones y valora- cianes sobre multitud de asuntos o cuestiones. La expresión de las actitudes personales, así como sus correspondientes comportamientos, sirven para formal a los demás (e ¿nchuso a ellos mismos) de quiénes son. Nos ayudan, por tanto, 2 conocernos + darnos a conocez a los demás. Así las actitudes juegan un importante papel en la definición y el fortalecimiento de la prapia identidad. Además, la expresión de las actitudes permite a las personas mostrar sus principios y valores, asi como identificarse con los ginpos que comparten actitudes sumlares (Katz, 1960). Es decir. la expresión de actitudes sirve para acercarse 2 Ottas personas von ac- titudes similares, contribuyendo de esa forma a satisfanes la necesidad básica de aceptación y pertenencia grupal (Baumeister y Leary, 1995; Brewex, 1991) Por otra parte, determinadas actitudes también pueden contribuir a hacernos sentir bien con nosotros mismos. Por ejemplo, comparando unos grupos con otros, parece claro que cuan- to peores scan los grupos a los que no pertenece uno, mejor se puede sentir uno con el propio grupo. Problemas sociales tan importantes como el prejuicio y la discriminación hacia determi- nados colectivos (c.g, inmigrantes) tienen una de sus cansas en esta función de las actitudes. En síntesis, si consideramos conjuntamente las funciones que cumplen les actitudes, pode- mos observar su importancia ala hora de satisfacer las necesidades psicológicas fundamentales de los humanos; tener conocimiento y control sobre el entorno, mantener cierto equilibrio y sentido interno, sentirnos bien con nosoirns mismos y ser aceptados por los demás (para una rovisión detallada de estas motivaciones en el contexto de las actitudes, véase, por ejemplo, Briñol vr Pet 2005). Ahora bien, como suele ocurrir con la mayoría de fenómenos psicológicos, la necesidad de juzgar los estimulos del entorno en términos evaluativos puede variar de unas personas a otras, Estas diferencias individuales a la hora de evaluar los estímulos se pueden medir con la escala de necesidad de evaluación (Jarvis y Petty, 1996). Comparado con las personas que puntúan bajo en necesidad de cvaluación, aquellas con altas puntuaciones tienden a juzgar todo en términos de bueno o malo y poseen mayor múmero de actitudes, siendo estas últimas también más accesibles y predictoras de su comportamiento. 77.4 Formación de las actitudes Las personas poseen actitudes hacia la mayoría de estíraulos que les rodean. Inclnso para aque- Tos objetos para los cuales podemos no tener ningún conocimiento ni experiencia, enseguida Ld Actitudes 463 podemos evaluarlos ca la dimensión bueno -malo, o me gusta-no me gusta. Si bien, la formación de alguna de estas evaluaciones puede estar influida por aspectos genéticos. como parece ocurrir con ciertos estímulos muy concretos, tales como serpientes, arañas o determmados sonidos y sabotes, y cupo origen parece radicar en mecanismos relativamente innatos que han favorecido ala especie en épocas ancestrales, la mayoría de las actitudes tiene sus raíces en el aprendizaje y el desarollo social. De esta forma, muchas actitudes se adquieren: » Por condicionamiento anstxumental, es decir, por medio de los premios y castigos que recibimos por 1uestra conducta. « Por modelado o imitación de otros Por refuerzo vicario u observacion de las consecuencias de la conducta de otros. En este apartado vamos a examinar con más detalle alguno de los procesos a través de los cuales se forman las actitudes organizados alrededor de los componentes de las actitudes. Como ya hemos mencionado, las actitudes se organizan en torno a tres componentes, deno- minados, en función del tipo información que contienen, componente cognitivo, componente afectivo y componente conductual. Los tres tipos de información juegan un papel importante en la formación y desarrollo de las actitudes, tal y como se expone a continuación. Actitudes basadas en información cognitiva El sentida común nos indica que nuestras actitudes están directamente relacionadas con los pensasnientos y creencias que desarrollzmos sobre el objeto de actitud vinculado a ellas. Así, basamos nuestros juicios sobre lo que nos gusta, a con lo que estamos de acuerdo, en función delo que pensemos acerca de las cualidades posilivas o negalivas que posea. el objeto de actitud a buen, de cómo puede ayudarnos a cousegnir muestras metas. El hecho de estar er contacto diariamente con numerosos objetos y personas provoca que desarrollemos creencias que describen y valoran a esos objetos y personas, Así, aprendemos que nuestro padre nos protege, que las fresas tienen buen sabor o que si manspulamos un cactus mos podemos pinchar. Por otra parte, existen. otro tipo de objetos y temas con los cuales puede que no hayamos tenida una experiencia personal, y así, es probable que nunca hayamos convivido con los aborígenes de Australia, ni hayamos probado la heLoÍna, pero, basándonos en experiencias indirectas, provementes de terceras personas, somos capaces de desarrollar actitudes hacia estos objetus. Nuestros grupos de referencia, ya sean los pa- dres a edades más tempranas o muestros compañeros y amigos a lo largo de las etapas del desarrollo, nos van proporcionando criterios mediante los cuales formar nuestras actitudes y comportamientos, Existen varios modelos teóricos que especifican la relación de algunas de estas creencias con las actitudes y, en última instancia, con la conducta, Entre ellas figuran la Teoría de la acción razonada (Fishbein y Ajzen, 1975) y la Teoria de la acción planeada (Ajuen, 1991), am- phación del primer modelo. Teoría de la acción razonada Se basa en el modelo, más general, conocido coruo de la expertativa-valor (por ejemplo, McGuire, 1969), y parte de la premisa de que las actitudes están determinadas pox las creencias que tenemos acerca del objeto actitudinal. Por tanto, el primer objetivo a considerar dentro de 464 — PSICOLOGÍA SGCIAL este marce teórico debe ser la determinación de las creencias asociadas a cualquier objeto de actuud Véase una representación gráfica del modelo en la Figura 171. Figura 17.1: Representación gráfica de la propuesta de la Teoría de la acción razonada Actrud de la persona Normasubjetiva Creencias > Molmación 1 haciala conducta deJapeisona — normabyas” para adaptarse" | e Norma subjetiva ¡ Intención “valoración” que hace la persona l , dela probabilidad deque 1 «le conducta otras personas relevantes, 1 ! T intención como los compañeros, los amigos ¡ | de conducta ola fuma, esperen de ellas L la conducta mencionada. * Concepto de "treencias normativas”: Lo que otras personas relevantes para La persona esperan que ésta haga ** La motivación para adaptarse se reñere a los expectativas generadas por la norma subjetiva Años después de la elaboración de su Modelo de la acción razonada, los antores mencio- nados propusieron una ampliación del modelo, introduciendo una nueva variable, el control percibido, o expectativa que la persona tiene de la existencia de determinados factores que di- ficultan la realización de la conducta. Así, cuantos más factores erce la persona que dificultan la realizacion de la conducta, disminuye el control percibido y por lo tanto, la relación entre actitud y conducta. En síntesis, según estos modelos, las personas poseen una variedad de creencias asociadas con la actitud, creencias que van desde estimaciones de la probabilidad y descabilidad de las conductas asociadas con el objeto de actitud hasta las expectativas en relación con lo que sería descable para los demás. Aunque este modelo describe algunas de las creencias que pueden contribuir a la formación y el cambio de actitudes, no especifica los procesos psicológicos que median la relación entre actitud y conducta. Antes de cerrar este apartado conviene hacer dos precisiones importantes. Primero, en oposición relativa a estos modelos teóricos, que postulan una persona racional con capacidad Para procesar detalladamente la situación en la que está iurnersa y, en consecuencia, para decidir sobre su conducta de una manera deliberada, Fazio (1990) propone, en su modelo denominado MODE, que la mayor parte de la conducta se produce de forma espontánea y que las actitudes guían la conducta a través de procesos psicológicos automáticos. Es decir, en la medida en que una actitud relevante venga a la mente faspecte que dependerá, en parte, de la accesibilidad de la actitud), la correspondiente conducta asociada con dicha actitud es probable que aparezca automáticamente, con poca o ninguna deliberación previa, por parte de la persona. Es decir, que, según esta perspectiva, una actitud puede guiar la conducta sin necesidad de que medie ningún pensamiento. Y Actitudes 465 Segundo, aunque las personas tengan creencias sobre el objeto de actitud, ello no implica, ni garantiza necesariamente, que las usen a la hora de formar una actitud, Las personas no siempre tenen la suficiente confianza en la validez de sus propios pensamientos, lo cual, reduce su amo pacto en la evaluación genetal del objeto de actitud. Como se describe con detalle en el Capítulo 18 sobre cambio de actitudes, Briñol y Petty (2004) han demostrado que numerosas variables de la situación y de la persona pueden influir en la confianza que las personas tienen sobre lo que piensan en relación con un objeto de actitud. Por ejemplo, si dos personas tienen exactamente las “mismas creencias en relación con un producto o servicio comercial, pero una de ellas se entera que la propuesta proviene de una fuente con baja credibilidad (Briñol, Petty, y Tormala, 2002), o recibe una mala noticia y se pone de mal bwmnor (Briñol, Petty, y Barden, 2006), o es colocado en una postura asociada con dnda (Briñol y Petty, 2003), o tiene dificultad para generar mental- mente, o recordar, dichas ercencias (Tormala, Pelty, y Briñol, 2002), entonces las creencias de esa persona jugarán un papel menos destacado a la hora de la formación de actitudes. Actitudes basadas en información afectiva Otro de las procesos que influye sobre las evaluaciones que desarrollamos acerca de nn objeto de actitud es el afecto. Como es sabido, a través de nuestras experiencias asociamos determinadas emociones a personas, objetos o situaciones, y ello, relativamente al margen de las creencias que poseamos sobr: el objeto evaluado. Numerosos son los mecamsmos que permiten explicar la inffuencia de los afectos en la formación de actitudes, de entre todos ellos destacaremos tres de los más importantes. el condicionamiento clásico, el printing afectivo y la meta exposición. Condicionamiento clásico El condicionamiento clásico se refiere a una forma de aprendizaje cn la que un estímulo que ini- rialmente no evoca ninguna respuesta emocional (estímulo condicionado) termina por inducir dicha respuesta como consecuencia de su emparejamiento sucesivo con otra estímulo (estímulo incondicionado), que sí provoca naturalmente la mencionada respuesta afectiva. Un importante número de investigaciones han puesto de manifiesto el papel que el condicionamiento clásico juega en la formación de actitudes (Eagly y Chaiken, 1993; Petty y Wegener, 1948). En uno delos primeros estudios sobre formación de actitudes a través del condicionamiento clásico, Staets y Stusts (1958) emparejaron, sucesivas veces, palabras del lenguaje cotidiano y afectivamente neutras, como pan, agua, edificio y similares (estímulos condicionados) con una serie de ruidos desagradables (estímulas incondicionadas) a con ruidos neutros. Al finalizar las serie de emparejamientos, los resultados indicaron que los participantes sometidos al tra- tamiento descrito valoraron más negativamente las palabras (y experrmentaban, además, una mayor activación fisiológica) cuando dichas palabras se habían asociado a los ruidos desagra- dahles, que cuando esas mismas palabras no se habían asociado a tal circunstancia. La formación de actitudes a través de procesos de condicionamiento es un procedimiento utilizado con mucha frecuencia en la formación y cambio de respuestas afectivas en distintos contextos, ya que no requiere un esfuerzo mental por parte de la persona condicionada. Un efecto parece confirmar esta idea. es mas fácil aprender respuestas afectivas a estírmulas con los que no hemos tenido ninguna experiencia previa que a aquellos que nos son conocidos, Por ejemplo, Cacioppo, Marshall-Guodell, Tassinary y Petty (1992) lo demostraron en una inves- tigación en la que asociaban palabras .onocidas y desconocidas (pseudopalabras) a estímulos aversivos, al comprobar que se producía mayor condicionamiento para las psendopalabras. 468 — FSICOLOGÍA SNCIAL En segundo lugar, el efecto de mera expusición es probable que contribuya a explicar, al menos en parte, otros fenómenos de formación de actitudes en los que sea necesario exponer a las personas a estímulos de forma repetida. Por ejemplo, Briñol, Sierra, Falces, Becerra y Froufe (2000) sugieren que la mera exposición ul estímulo condicionado podria facilitaa, bajo determinadas condiciones, la formación de actitudes a través del condicionamiento clásico. Es decir, cada vez que se empareja un estímalo condicionado y otro condicionado en un proce- dimiento de condicionamiento clásico, también se está exponiendo a la persona a dichos esti- mulos 3, por tanto, la preferencía desarrollada posteriormente hacia el estimulo condicionado podría deberse en parte al cfccto de mera exposición de dicho estímulo. Actitudes basadas en información conductual Los psicólogos sociales se han interesado durante décadas porla forma en que el propio com- Ppartamiento puede servir de base para desarrollar nuestras evaluaciones sobre diferentes objetos de actitud, Es decir, las conductas que realizamos en relación ton dichos objetas pueden proporcionar mformación relevante para la constitución de nuestras actitudes, Bxaste una ampla evidencia empírica y fenomenológica que apoya esta idea, según la cual, la forma en que nos comportamos afecta a mestras actitudes (para una revisión, véase, Briño! y cols,, 2001). La Psicología social se ha centrado en cl estudio de los mecanismos psicológicos a través de los cuales se produce este efecto, es decar, de las procesos que explican la infuencia de la con- ducta sobre los propios estados internos. A continuación, se describen brevemente estos Procesos. Condicionamiento clásico Ya se mencionó anteriormente que nuestra propia conducta puede afectar a las actitudes fun- cionando coma un estimulo ancondicionado. En línea con este razonamiento, se ha encon- trado que distintas expresiones faciales ¡sonrisa vs. enfado) y movamientos (por ejemplo, de extensión y flexión de brazos) podían servar para formar y modificar actitudes hacia distintos estímulos (Cacioppo y cols., 1993; Strack, Martin, y Stepper, 1988). Disonancia cognitiva Además del condicionamiento clásico hay otros procesos psicológicos que pueden explicar cómo nuestra propia conducta nos influye para que acabemos adquiriendo y modificando nuestras actitudes. Quizás uno de los paradigmas más representativos de esta categoría sea el de la disorancia cogrritiva (Festinger, 1957), según el cual, cuando las personas se comportan de forma inconsistente con su forma de pensar se produce un estado aversivo de malestar que lleva a las personas a buscar estrategias para reducir o eliminar ese estado de ánimo negativo. Existen muchas formas de lidiar con el malestar producido par una conducta discre- pante con nuestros pensamientos, pero las más estudiadas son el cambio y la formación de actitudes para muntener la consistencia con las conductas inicialmente incongruentes. Véase el experimento de disonancia de Festinger y Carlsmith (1959), descrito en el Capítu- lo 19 de este volumen. El paradigma de la fisonancia cognitiva supuso un importante cambio de perspectiva en relación con las tenriasclásicas del aprendizaje al demostrar que los incentivos externos podían resultar contraproducentes pata motivar a las personas, al menos en algunas circunstancias. En la misma línea, Aronson y Mills (1959) descubrieron que las personas valoran más cl grupo al que pertenecen cuanto pcor lo pasan para poder formar parte de ese grupo. Actitudos 469 Se han estudiado exhaustivamente los mecanismos concretos a través de los cuales actua la disonancia, así como las condiciones necesarias en las que se produve. Por ejemplo, el cambio ola formación de actitudes que sucede al efecto de la disonancia son mayores bajo las siguien- tes condiciones: + Cuando el comportamiento realizado produce consecuencias negativas. » Cuando dicho comportamiento se elige libremente. + Cuando implica un cierto esfuerzo. + Cuando viola la imagen que las personas tienen de sí mismos. Petty y Wegener (1998) ofrecen una revisión amplia de los puntos anteriores. Además los efectos de la disonancia sobre el cambio y la formación de la actitud son más probables en las personas de culturas occidentales y con una alta necesidad de consistencia (Cialdini, Trost, y Hewsom, 1995). Autopercepción Una explicación alternativa a la Teoría de la Disonancia es la teoría de la Autopcrerpción de Bem (1972). Según esta teoría, utilizamos la observación de nuestras propias conductas para juzgarnos a nosotros mismos, igual que hacemos con la conducta de todos los demás, Así, si de pronta observamos que durante la última semana hemos estado llamando por teléfono a otra persona y hemos mantenido largas y agradables conversaciones sin ningún motivo especial, podemos deducir que es debido a que esa persona quizá nos guste. Este proceso de 1ntonbservación, que se describe con detalle en el Capítulo 20 de este manual, es más probable que influya en las evaluaciones cuando no tenemos una actitud previa y clara sobre el objeto evaluado. Sesgo de búsqueda Otro mecanismo psicológico a través del cual la conducta puede infiwr sobre la formación de actitudes es pot medio del sesgo de los pensamientos que vienen a la mente en el momento en que las personas llevan a cabo dicha conducta. Según Tenis (1968), cuando las personas realizan una determinada conducta, se produce un sesgo de búsqueda a favor de los pensamientos que son consistentes con dicha conducta y en detrimento de aquellos pensarmentos no consistentes con ella. En otras palabras, la propia conducta también podría cambiar las actitudes haciendo unas creencias o pensamientos más accesibles que otros. Se sabe, por ejemplo, que en cuan- to tomamos una decisión y elegimos entre varias alternativas (por ejemplo, de profesiones, compañeros, casas, coches, y otros por el ustilo), la opción escogida se empieza a evaluar más favorablemente que las demás, con las que originalmente no había tantas diferencias. En línea. con esta visión de la relación entre conducta y actitudes se han desarrollado numerosas tácticas de influencia (para una revisión véase, Briño! y cols, 2001, Cialdini y Trost, 1908), Autovalidación Un último proceso psicológico que puede explicar la influencia de la conducta sobre las ac- títudes es el postulado por la Teoría de autovalidación. Según Briñol y Pett» (2003), la propia conducta se utiliza en ocasiones como un indicador de la validez de los propios pensamientos. Es decir, la conducta no sesgarla los pensamientos que vienen a la mente, sino que serv nía para decidir sobre su validez Para poner a prueba csta teoría, Briñol y Petty (2003) llevaron a caho varios expermentos en los que las personas tenían que generar pensamientos favorables o desfavombles hacia un 470 PSICOLOGÍA SOCIAL determinado objeto de actitud mientras movían la cabeza vertical n horizontalmente. Para este diseño, todas las teorías descritas anteriormente predicen que las muestras de asentimiento (movimientos verticales) deberían producir unas actitudes más favorables que las muestras de desacuurdo (movimientos horizontales), como de hecho habían encontrado anteriormente Wells y Petty (1980) Sin embargo, en línea con la Teoría de autovalidación, ese fue el caso sólo para aquellos participantes que tuvieron pensamientos favorables (véase el Gráfico 17.0). Por el contrario, para los participantes con pensamientos desfavorables, aquellos que asinticron con la cabeza mostraron unas actitudes menos favorables que los que realizaron movimientos con ha cabeza de negación. En una serie de estudios posteriores, Briñol y Petty (2003) demostraron que este efecto se debía a que, en comparación con los movimientos verticales, los movimien- tos de cabeza horizontales redujeron la contranza en los propios pensamientos. Además, en estos trabajas se comprobó que otras conductas distintas (por ejemplo, escribir con la mano dominante o cun la no dominante, sacar pecho o encorvar la espalda) también pueden cam- biar las actitudes influyendo en la confianza que se tiene en los propios pensamientos (vease el Gráfico 172). Gráfico 17.1: Actitudes en función de la Gráfico 17.2: Actitudes hacia uno mismo calidad de los argumentos y las conductas de — fautoestima) en función de la calidad de los asentimiento y negación. argumentos y las conductas de escribir con la mano dominante o con la mano no dominante, r o Ad - 39 85 a — A 85| | ES co75| mm» o 3 ' h es| ! z | S 35 8 y s 34 t | ' t 33 AS | [ A d 45 h Jl m El | : Vertical / Horizontal Dominante No dominante Dpebl E Fuerte C¡Negatavo [] Positivo Movimientos de cabeza Mano con la que se escribe Fuente: Adaptado de Briñol y Petty (2003, Experimento 1). Fuente: Adaptado de Bríñol y Petty (2003, Experimento 4). 17.5 Fuerza y estructura de las actitudes El concepto de fuerza de las actitudes se refiere a la capacidad de una actitud para ser rela- tivamente estable y resistente en el tiempo, y con capacidad para predecir la conducta de las personas (para una completa revisión, véase, Perry y Krasnick, 1995). Las actitudes, Jenomi- nadas fuertes, tienen mayor probabilidad de producir estos resultados que aquellas a las que se conoce como actitudes débiles. Actitudez — 471 Se han identificado distintos indicadores objetivos y subjetivos de la fuerza de una actitud. +» Los indicadores objetivas más estudiados son extremosidad, accesibilidad, ambivalencia, estabilidad, resistencia, potencial predictivo sobre la conducta y grado de conocimiento asociado con el objeto de actitud. + Los indicadores subjetivos tienen que ver, en la mayoría de los casos, con la estimación subjetiva o la percepción que las personas tienen de los indicadores objetivos. Indicadores objetivos de la fuerza de las actitudes Extramosidad o polarización Este indicador se define mediante dos elementos, la dirección o valencia, y la intensidad o pola- ridad. La dirección o valencia de las actitudes se refiere a la valoración positiva, neutra o negativa que la persona alribuve al objeto actitudinal. Por ejemplo, mientras que una persona puede considerar el rap su estilo musicel preferido (valencia positiva), otra puede mostrarse indiferente al no tener formada una actitud al res- pecto (valencia neutra) o incluso desagrada1le totalmente (valencia negativa), La intensidad o polaridad dela actitud hace referencia a la magnitud, mayor o menor, de esa valencia. En una escala de actitudes de 7 puntos, donde los extremos son “no me gusta nada” y “me gusta mucho”, ena persona que puntuara un 1 o un 7 tendría una actitud más extrema que otra persona que contestara con un 3 o un 4. Por tanto, las actitudes son más extremas o polarizadas en la medida en que se sitúen más cerca de los polos de un continuo evaluativo. Accesibilidad Se refiere al grado en que las actitudes sc activan espontáncamente cuando las personas se exponen al objeto de actitud, o dicho de otro modo, a la rapidez con que una actitud viene a nuestra mente. El grado de accesibilidad afecta, inevitablemente, a la forma de interpretar la realidad por parle de las personas. Por ejemplo, la accesibilidad de una actitud al dirigir la atención hacia aquellos estímulos relacionados con la actitud, influye en lo que la persona ve y también sobre las categorías mentales que se usan para evaluar y clasificar dichos estírralos (Roskos-Ewoldsen y Fazio, 1992). Como consecuencia, la relación entre actitud y conducta también aumenta cuanto ma- yor sea la accesibilidad de la actitud. La accesibilidad de una actitud se puede medir registrando cl tiempo que tardan las per- sonas en contestar a una escala de actitud, Existen muchos factores antecedentes que influyen sobre la accesibilidad de una actitud. Por ejemplo, las actitudes son más accesibles en la me- dida en que las personas han pensado mucho sobre el objeto de actitud relacionado con ellas. También se aumenta la accesibilidad actitudinal simplemente con su expresión explicita y repetida (Fazio, 1995), Ambivalencia Cuando una persona mantiene de forma simultánea dos evaluaciones de signo opuesto hacia el mismo objeto de actilud se dice, entonces, que tiene una actitud ambivalente hacia dicho objeto (por ejemplo, 'hompson, Zanna y Griffin, 1995). Puesto que las personas tienden a mantener una cierta coherencia psicológica y evitar los posibles conflictos mentales (Festinger, 1957; Heider, 1958), tenez a la vez respuestas positivas y negativas hacia un mismo objeto puede resultar problemático y debilitar la actitud. 474 PSICOLOGÍA SOCIAL y Petty, 1982) y evaluación (Jarvis y Petty, 1996), y las personas con alta preferencia por su propia consistencia (Cialdíni, Trost y Newson, 1995) tienden a mostrar mayor relación entre sus actitudes y su conducta Además de las diferencias en personalidad, los factores sociodemográficos también pueden influiz sobre esta relación, Por ejemplo, los adultos muestran mayor consistencia actitud-conducta que los jóvenes y los mayores (Visser, y Krosnick, 1998; para una revisión delas dilerencias individuales en actitud-conducta, véase, Briñol y Petty, 2005). En resumen, las actitudes no sólo predicen la conducta en función sus propias caracterís. ticas, sino que dependen también de la persona y la situación. Todavía se pueden mencionar otros factores relevantes para la relación actitud-condncta, de entre los cuales destacaremos la precisión en la medida de la: actitudes. Por ejemplo, la relación actitud-conducta es más estrecha cuando las actitudes se miden de forma específica hacia una determinada conducta. Así, las actrtudes generales hacia el medioambiente no predicen la conducta de reciclaje de papel tan bien como lo hacen las actitudes específicas hacia ese tipo de comportamiento. Indicadores subjetivos de la fuerza de las actitudes Prícticamente para cada uno de los indicadores objeítos de fuerza señalados en el anterior apartado, conocidos también como indicadores operativos de fuerza achtudinal, existe su correspondiente indicador subjetsvo. Pur ejemplo, para el parametro de accesibilidad, que se refiere a la velocidad a la que vienen las actudes a la mente y que se evalúa ob;cuvamente con el registro de tiempos de reacción, también se puede preguntar a las personas por la facilidad con la que experimentan esa actitud. Es decir, ademas de tumar medidas relativamente objeti- vas sobre los parámetros de fuerza, se puede pedir a las personas que realacen juicios subjetivos sobre ellos, a través de sus sensaciones y percepciones. Asi, plantcariamos a una persona cuestiones tales como: + Tn qué medida considera que su actitud es estable. + Cómo crec que su actitud resistiría un ataque de información contraria a ella + Si, en ese caso, experimentaría algún tipo de conflicto con respecto al objeto de actitud. + Si considera que en el futuro se comportaría de forma consistente con su actitud. Las respuestas obtenidas pueden catalogarse como indicadores subjetivos de la fuerza de actitud (también denominados indicadores metacognitivos), los cuales poseen también valor explicativo y predictivo de la relación entre actitud y conducta (por ejemplo, Bassili, 1996). Algunos de estos parámetros subjetivos carecen de su correspondiente parámetro objetivo. Los más importantes de este grupo son: la confianza, la importancia y el conocimiento sobre las actitudes, Confianza La confianza o seguridad con la que las personas mantienen sus actitudes ha sido el parámetro metacogaitivo más estudiado en Psicología social (por ejemplo, E H. Allport, 1924) y se refiere a la sensación de validez subjetiva que la persona tiene con respecto a sus propias actitudes (por ejemplo, Gross, Holtz y Miller, 1995). Se han identificado una serie de factores que influyen sobre la confianza asociada a la actitud Por ciemplo, las personas se sienten más seguras de sus actitudes. + Cuando están basadas en la experiencia directa (Pazio y Zanna, 1981). Actitudos 475 » Cuando hay un consenso social al respecto, que coincide con las actitudes mantenidas por la persona (Festinger, 1957). » Cuando vienen a la mente fácilmente (Haddock, Rothman, Reber, y Schwarz, 1999). * Cuando se ha pensado mucho sobre el tema, salvo que csa elaboración mental provoque pensamientos contradictorios (Liberman y Chaiken, 1991). Se han identificado, también, diferencias individuales con respecto a esta variable, de tal forma que las personas pueden tener más o menos confianza en sus actitudes en función desu personalidad y de factores sociodemograficos (véase, Briñol y Petty, 2005, para una revisión de estas diferencias individuales). Otro factor que suele afectar a la confianza que las personas tienen sobre sus actitudes es la extremosidad de la propia actitud. Cuanto más extrema es una actitud, mavor confianza se suele tener en ella. Sin embargo, esto no quiere decir que confianza y extremosidad scan la misma cosa, pues se puede tener poca confianza en una actitud extrema y mucha confianza en actitudes moderadas. Desde el punto de vista de sus antecedentes, conviene señalar que no siempre la confianza en las propias actitudes se basa en la solidez de los procesos anteriormente mencionados (por ejemplo, mayor elaboración, consenso social al respecto, o accestbilidad), sino en motivos rela- cionados con el control de las impresiones que intentamos dara los demás o con la intención de compensar los propios deicits. Por ejemplo, algunas pesonas muestran mucha confianza en sus actitudes para intentar quedar bien a base de dar una 1magen de segusnidad o para compensar Jas dudas que tienen con respecto al objeto de actitud (para una discusión sobre la legitimidad de las bases de la confianza, véase, por ejemplo, DeMarree, Petty, y Brañol, en prensa). Desde el punto de vista de las consecuencias, nos gustaría recalcar la importancia de la confianza actiludinal. ya que, por ejemplo, las actitudes que se mantienen con mayor confian- za son más resistentes al cambio (Rucker y Petty, 2004), duraderas en el tiempo (Bassili, 1996), y predictoras de la conducta (Fazio y Zanna. 1981; Tormala y Petty, 2002). Importancia Se refiere a la relevancia o significado que la persona le da a su propia actitud (Krosmick, 1988). Implica emitir un juicio sobre la actitud que se tiene respecto a nn determinada objeto de acutud (y no un juicio sobre el mencionado objeto). Por ejemplo, y en relación con el tema de los matrimonios gays, la importancia de las actitudes hacia este objeto de actitud vendría determinada por la respuesta que se diera a la pregunta ¿en qué medida consideras importante tu opinión sobre los matrimonios gays?). Sm embargo, con mucha frecuencia, y bajo el supuesto de estudiar La importancia de las actitudes, lo que en realidad se ha medido en la investigación psicosocial ha sido la importancia del objeto de actitud, a través de preguntas como ta siguiente: ¿en qué medida consideras el asunto de las matrimomos gays relevante? (véase Bizer y Krosnick, 2001). Ni que decir tine que la respuesta a preguntas como la que acabamos de mencionar per- mitiría establecer conclasiones muy interesantes relacionadas con la relevancia personal que aro PSICOLOGÍA SOCIAL el objeto de «ctilud tendría para los individuos observados y con el grado de implicación que para ellos tendría el asunto de los matrimonios gays, aspectos ambos muy diferentes de la impor- tancia que las personas otorgan a sus propias actitudes al respecto. - Así, cuanta más relevante sea un objeto de actitud para una persona, mayor será la búsqueda objetiva de información al respecto, mientras que cuanto más importante sea para la persona la actitud en sí misma (no el objeto), mayor será la probabilidad de que estos individuos realicen una búsqueda y procesamiento sesgudo de información relacionada con el objeto de actitud. Esta misme distinción entre un juicio realizado con respecto al objeto de actitud en lugar de con respecto a la actitud en sí misma, se podría establecer en relación con el factor de ambivalencia subjetiva actitudinal (véase, Petty, Briñol, Tormala y Wegener, en prensa). Conocimiento Este parámetro se refiere a la cantidad de conocimiento que una persona cree tener con res- pecto a su propia actitud. Igual que ocusrta con los casos anteriormente mencionados, lo que a menudo se mide es el grado de conocimiento con respecto al objeto de actrtud en lugar del conocimiento sobre la actitud misma (por ejemplo, Wood, Rhodes y Biek, 1995 caso, este indicador es importante ya que tiene consecuencias para el procesamiento de la in- formación y la conducta. Por ejemplo, las actitudes sobre las cuales la gente cree tener muchos conocimientos suelen predecir la conducta mejor que las actitudes sobre las que se cree tener Poco conocinmento. Además, cuando una persona cree tener mucho conocimiento sobre una actitud suele dejar de buscar y procesar la información relacionada. Como ocusre con otros indicadores de fuerza actitudimal, la literatura sobre el conoci- miento asaciado a una actitud suele distinguir entre el conocimiento objetivo (es decir, cuánto sabe una persona realmente sobre su actitud o el obicto de ella, evaluado de forma lo más objetiva posible) y conocimiento subretivo les decir, cuánto cree saber una persona al respecto), que implicaría una percepción o metacognición del parámetro de conocimiento objetivo. A este respecto, es necesano resaltar que los parámetros de conocimiento objetivo y subje- tiva no suelen correlacionar (para una revisión, véase, por ejemplo, Alba y Hutchinson, 2000). Es decir, que lo que una persona cree saber no suele guardar una coincidencia demasiada estrecha con la que realmente sabe al respecto. Por ejemplo, en una investigación diseñada para sepazar estos dos fenómenos, Rueker, L.ee y Briñol (2006) comprobaron que, cuando la gente adquiere nueva información sobre un determinado objeto de actitud, dicha información puede hacerles sentir que poseen más o menos conocimientos subjetivos ea función del tipo de inferencia que realicen al respecto. En conercto, Rucker y cols. (2006) expusieron a las participantes de varios experimentos a una serie de anuncios sobre productos comerciales en los que se proporcionaba información novedosa y relevante sobre dichos productos. + Cuando se trataba de productos comerciales sobre los que los participantes creían tener co- nocimientos previos (por ejemplo, coches de la marca BMW), vec un anuncio que informaba sobre numerosas características poseídas por el producto, hasta entonces desconocidas por los participantes (mayor conocimiento objetivo), llevó a estos a creer que no sabian mucho al respecto (menor conocimiento subicuvo) y, como consecuencia, a buscar más información relacionada, Sin duda, a veces cuanto más se sabe, más se tiene la sensación de no saber nada. + Porel contrario, coma ilustra el Gráfico 17.4, cuando los anuncios eran sobre productos desconocidos (por ejemplo, coches de una marca ficticia denominada LXR), las medidas de conocimiento objetivo correlacionaron más estrechamente con las medidas de cono- cimiento subjetiva. Actitudes 477 Gráfico 17.4: Conocimiento subjetivo en función de la familiaridad de la marca y el formato en el que se presentó la información. 50 3 E | | | Desconocido (LXR) Conocido (BMW) 20 35 3,0 25| [3] Cc o n a 13 i TES 20 Conocimiento de la Marca E Control — Sin conocimiento del marco E Conciencia del marco Fuente: Rucker, Petty y Briñol (2005, Experimento 2). Medida de las actitudes Son numerosos y diversos los procedimientos diseñados para medir actitudes, tados los cuales podrían clasificarse en dos grandes categorías, los procedimientos directos y las procedimientos indirectos. Los procedimientos directos consisten en preguntar directamente y explícitamente a las personas por las opiniones y evaluaciones que sustentan en relación a un determinado ob- ¡eto de actitud. Los procedimientos indirectos tratan de conocer las evaluaciones de las personas sobre el objeto de actitud sin preguntar directamente por él. Dentro de los procedimientos directos se pueden destacar los siguientes instrumentos de medida: + El Diferencial Semantico (Osgood, Suci y Tannenbaurn, 1957). + La Escala de intervalos aparentemente iguales (Thurstone, 1928). + La Escala de Likert (Likert, 1932). + La Escala de clasificación de un solo ftemn (La Pere, 1934). Coma característicos de los procedimientos indirectos de medida actitudinal podemos destacar: + Losregistros fisiológicos (por ejemplo la electromiografía facial. el elertroencefalograma y el registro de la activación de estructuras cerebralesl. + Las prucbas proyectivas, como el Test de Apercepción Temática (Proshansky, 1943). + Los métodos de observación conductual (por ejemplo, Dovidio, y cols, 1997). » Las medidas de tiempos de reacción, como" + El Test de Asociación Implícita (LAT, Greenwald, McGhee, y Schwartz, 1998), « La Tarea de Evaluación Automática (Fazio, Jackson, Dunton, y Williams, 1995). 4B0 PSICOLOGÍA SOCIAL los dos más utilizados son la Tarea de Evaluación Automática (Fazio y cols., 1995) y el Test de Asaciación Implícita o LAT (Creenwald y cals., 1998). La Tarez de Evaluación Automática El procedimiento consiste en solicttar a una persona que indique lo más rápidamente posible (por ejemplo, pulsando la tecia de un ordenador) si un determinado estímulo (por ejemplo, una palabra como “felicidad” o “puñalada”) hace referencia a algo positivo o negativo. Si se trata de algo positivo (por ejemplo, felicidad) se debe apretar una tecla y si se trate de algo negativo (por ejemplo, puñalada) se ha de apretar otra tecla distinta. La clave de esta tarea reside en que la presentación de cada una de estas palabras (casi siem- pre constituidas por adjetivos denominados concepto-diana) va precedida por la presentación de otras palabras o estímulos, denominados primes. La idea es que estos estíraulos que actían como primes, y que con frecuencia son presentados subliminalmente durante unos pocos milisegundos, pueden afectar a la velocidad con la que las personas responden al mencionado concepto-diana. El procedimiento se ilustra en el Cuadro 17.5, Cuadro 17.5: Una ilustración experimental de la Tarea de Evaluación Automática. Se trataba de medir actitudes hacia grupos minoritarios. Se pedía a los participantes que clasificaran distintos adjetivos positivos y negativos (diana). Estos adjetivos afana iban precedidos de fotografías (prmes) de personas de “raza” blanca o fotografías (primas) de personas de color, Se encontró que, mientras las fotos de personas de “raza” blanca facilitaban la respuesta a los adjetivos positivos, tas de personas de color facilitaban la respuesta a los adjetivos negativos. En otras palabras, los participantes (de “raza” blanca) contestaban más rápido a los adjetivos positivos cuando estos iban precedidos de fotografías de personas de "raza" blanca, pero más rápido a Los adjetivos negativos cuando éstos iban precedidos de fotografías de personas de color. Interpretación: + El concepto de positividad se activa automáticamente con la presentación de las fotografías de las personas de raza blanca. + En camino, el concepto de “negatividad” se activa automáticamente con la presentación de las fato- grafías de las personas de color, Cuanto mayor sea la asociación automática que realiza una persona entre bueno y blanco y entre malo y negro, mayor será la facilitación de la tarea. Por tanto, cstas diferencias en las istencias de respuesta se consideran evaluaciones autombticas, | reflejo, en este caso, de las actitudes raciales o prejuicios bacia las personas de color (para una revisión, véase, Fazio y Olson, 2003). Fuente: Fazio y cols. (1995), El Test de Asocición Implícita (AT) En el procedirniento habitual del TT se pide a las personas que clasifiquen palabras en dis- tintas categorías. Se trata, por tanto, de una tarea de categorización semántica parecida a la descrita anteriormente Los participantes tienen que clasificar lo más rápidamente que puedan diversos estínvalos (por ejemplo, palabras, fotografías) que van apareciendo cn el centro de la pantalla del ordenador, Para clasificar »stos cstímulos, ha de pulsarse un botón, que corres- Ponde a una determinada categoría, colocado a la izquierda del participante, u otro batón, rolocado a su derecha y que designa otra categoría. Actitudes 481 Por ejemplo, en el centro de la pantalla puede aparecer la palabra “enfermedad” dría que ser clasificada como algo “bueno” o “malo”, con uno de esos dos botones situados a izquierda y derecha, respectivamente, del sujeto experimental, El tiempo que tarda éste en realizar cada evaluación lo registra sistemSticamente el ordenador (véase el Cuadro 17.6). Cuadro 17.6: Una descripción detallada del Test de Asociación Implicita. Primero se realizan clasificaciones sencillas en las que sólo hay dos categorias (por ejemplo, bueno- malo) a las que pueda pertenecer la palabra a evaluar, A continuación, se realizan clasificaciones algu más complejas y con mayor valor informativo que incluyen dos categorías simultáneas de clasificación. Un ejemplo sería el siguiente: se pide a los participantes que clasifiguen la palabra que aparece en el centro de la pantalla del ordenador (por ejemplo, Raquel): = Como algo “bueno” o "malo". + Como.algo perteneciente a “payo” o “gitano”. | La esencia de este procedimiento de medida reside en combinar de forma distinta las dos categorías de clasificación. De esta forma, tos mismos estímulos han de ser clasificados: + — Cuando a un lado tenemos las categorias “bueno” y “payo”. + Cuando en el otro lado las categorías “malo* y “gitano”. Los tiempos de reaccion que se tarda en clasificar una serie de palabras con esta disposición de las categorías se promedian y constituye el valor de los denominados blogues compatibles. Por otro lado, los tiempos de reacción consumidos en clasificar Las mismas palabras, cuando a un lado aparece “bueno” y “gitano”, mientras que en el otro lado aparece “malo” y “payo”, también se promedian y constituyen el valor de los bíoques incompatibles. El orden y posición de todos los estímulos se contrabalancea y, finalmente, se combinan los promedios de los bloques compatibles e incompatibles para conocer la velocidad con la que fueron clasificados los estímulos en función de la configuración de las categorías (véase Greenwald y cols,, 1998) El pracedimiento hasta aquí descrito descansa sobre el supuesto siguiente: | + Debería ser más fácil y. por tanto, más rápida la misma respuesta conductual (por ejemplo, apretar una | tecla en un ordenador) cuando dos conceptos que están fuertemente asociados comparten una misma categoría de respuesta (por ejemplo, “insectos” y "desagradable”). + — debería ser más difícil y, en consecuencia, más lenta la misma respuesta conductual cuando dos con- ceptos que están débilmente asociados comparten una misma categoría de respuesta (por ejemplo, “insectos” y “agradable”). De esta forma, las latencias de respuesta de las personas ante cada estímulo en las distintas combinaciones entre los conceptos-diana (por ejemplo, “insectos” y "flores”) y los conceptos-atributo (por ejemplo, | “desagradable” y “agradable”) permiten, supuestamente, medir las asociaciones automáticas subyacentes entre dichas conceptos y, en consecuencia, inferir indirectamente, en este ejemplo, las actitudes hacía los “insectos” en relación con las actitudes hacia las “Mores”, o viceversa. Para finalizar, es importante señalar que no hay nada en este instrumento de medida que garantice que las personas ho sean conscientes de las actitudes que se están evaluando. Aunque se suele considerar que el IAT es una medida implicita de las actitudes, en realidad, la prueba en sí misma no permite hacer ninguna inferencia sabre el grado de conocimiento consciente que tiene Una persona con respecto a lo que se está rridiendo (para una discusión detallada sobre este aspecto, | vénss, Sherman, en prensa) 482 PSICOLOCÍA SOCIAL 17.6 Controversias actuales sobre el concepto de actitud Actitudes almacenadas en la memoria vs. construidas en ei momento Al comienzo del capítulo se definieron las actitudes como evaluaciones duraderas que poseen lus personas sobre un sinfín de objetos. Sin duda, pura que las actitudes puedan guiar ¡muestra atención, pensamientos, conductas, e incluso nuestra identidad, deberían mantenerse relati- vamente estables a lo largo del tiempo, Para cumplir dicho criterio, las actitudes tendrían que estar representadas en la memoria, por ejemplo. en forma de evaluación permanente asociada al objeto de actitud En este sentido, Fazio, Sanborumatsu, Powell y Kardes (1986) demostraron que, cuando se presenta un objeto de actitud sobre el que las personas tienen formadas evaluaciones previas, dichas evaluaciones inflnyen en las tareas que esté realizando la persona, cosa que no ocuare cuando los estímulos presentados no tienen asociadas ninguna evaluación, Estos resultados su- gieren que las evaluaciones asociadas con el objeto de actitud se activan de forma relativamente automática ante la presencia del objeto de actitud y, consecuentemente, que están alniacenadas en la memoria. De hecho, los procedimientos de medida basados en tiempos de reacción que hemos descrito anteriormente descansan, al menos cn parte, sobre este smpuesto. Sin embargo, para algunos investigadores las actitudes podrian no estar representadas en la memoria ya que prácticamente pueden construirse en cualquier momento en función de las creencias, emociones y conductas que están disponibles en la situación (por ejemplo, Schwarz y Bobner, 2001). Esta perspectiva se basa en el hecho de que cuando les personas informan de sus actitudes, dichas expresiones pueden estar sesgadas por nna gran variedad de factores contaminantes presentes en el contexlo. Sin duda, cuando las personas no tienen formada una opinión sobre algo, pueden fácil- mente construi una actitud si se les pregenia al respecto (Converse, 1970). Además, si una Parte de la información relevante para una actitud se hace particularmente saliente y dis- ponible mientras una persona está pensando sobre el asunto, su evaluación sobre ese asunto se verá influida por dicha información. Por ejemplo, tal y como se describe con detalle en 21 Capítulo 18, cuando se pide a las personas que piensen en argumentos para defender una determinada postura, sus actitudes suelen orientarse justamente en la dirección sobre la que han estado pensado (por ejemplo, Killeya, y Johnsan, 1998). En nuestra opinión, la posibilidad de construcción instantánea de las actitudes resulta poco plausible por las siguientes razones. En primer lugar, como ilustra la investigación basada en el paradigma de disonancia cogniliva, descrito anteriormente, las personas experimentan una sensación desagradable e incómoda (arousel negativo) cuando se comportan de forma que violan sus actitudes. Segundo, la mayoría de las persanas tienden a defender sus actitudes cuando reciben in- formacion que las contradice o pone en entredicho (por ejemplo, Diito y Lopez, 1992; Kunda, 1990; Petty y Cacioppo, 1979). Tercero, no parecería muy util para la gente almacenar en la memoria un montón de in- foriación y creencias sobre el objeto de actitud en ausencia de una representación evaluativa general de ese objeto. Cuarto, la investigación ha descubierto que existen propiedades estructurales de las actiru- des que pueden influir cn su estabilidad y duración (para una revisión, véase, por ejemplo, Petty y Ksosnack, 1995), Es decir, el impacto de variables contextuales sobre las actitudes depende de Actitudes — 483 purámetros corno el de la fuerza de las actitudes (por ejemplo, las actitudes débiles son más ma- Jeables que las fuertes), lo que hace innecesario apelar a la idea de que las personas se inventan las actitudes en función de la situación. Quinto, la investigación de laboratorio también ha demostrado que la activación antomá- tica de las actitudes, mencionada anteriormente, se puede producir incluso en condiciones donde los estímulos son presentados de forma subliminal, lo cual hace poco probable que dichas evaluaciones se construyan deliberadamente cn esc momento (Bargh, Chaiken, Go- vender, y Parto, 1992; Fazio y cols, 1986). Por último, si las actitudes fueran realmente construidas en vada momento, entonces daría ¡gual si una persona ha tenido actitudes diferentes cn el pasado con respecto a un determinado objeto de actitud, Es decir, daría lo mismo que, por ejemplo, una persona que está en contra de que se pueda fumar en los sitios públicos hubiera sido o no ex fumador. Sin emabargo, existe suficiente evidencia empírica que demuestra que, de la misma forma que la conducta pasada influye sobre la conducta presente, las viejas actitudes también pueden influir en las respuestas actuales de la persona (Petty, Tormala, Brañol y Jarvis, 2006) Así, no sólo las actitudes actuales estarían representadas en la memoria, sino que además las actitudes pasadas pueden gnardar siertos vínculos con el objeto de actitud (Perty y Briñol, 2006, en prensa). En resumen, a la luz de las investigaciones realizadas hasta la fecha, parece poco probable que las actitudes se construyan a cada momento, por el contrario, parecería más verosímil la existencia de algún tipo de vinculo asociativo-evaluativo, representado en la memoria de forma más o menos estable, Todo ello, por supuesto, sin negar la posibilidad de que los proce- sos de construcción instantánea de la actirud tengan lugar en determinadas ocasiones y bajo determinadas condiciones (por ejemplo, cuando las actitudes son de baja accesibilidad). Actitudes explícitas e implícitas Como hemos señalado anteriormente, en última instancia el concepto de actitud está ligado a una evaluación de los correspondientes objetos de actitud en función de la dimensión bueno- malo. A pesar de quelos psicólogos sociales están de acuerdo en esta definición, recientemente se ha planteado la posibilidad de que existan dos tipos distintos de evaluaciones con respecto a un mismo objeto de actitud. En los considerados autores clásicas del fenómeno de la persuasión, Hovland, Janis y Kelley (1953), ya se pueden encontrar evidencias de este tipo de distinción actitudinal, Según ellos, existirian, por un lado, las actitudes caracterizadas como respuestas implícitas, que podrían ser inconscientes, y, por otro lado, las actitudes equiparadas a opmianes, equiparables a res- puestas verbales que las personas se expresarían explícita > conscientemente a símismas Á su vez, los mencionados autores distingulan dichas opiniones privadas de las apinianes públicas, que eran vistas como susceptibles de variación en función de distintos motivos de deseabili- dad social. En consecuencia, las únicas actitudes que se podrian evaluar con garantías serían las evaluaciones explícitas, limitación actualmente superada gracias a los avances moducidos en los procedimientos de medida de actitudes (véase más arriba el apartado correspondiente a los procedimientos de medida de las actitudes implícitas). En línea con esta conceptualización pionera, la distinción entre actitudes implícitas y ex- plicitas se ha convertido, actualmente, en uno de los temas de estudio fundamentales dentro del campo de las actitudes (por ejemplo, Greemwald y Banaji, 1995, Petty y Briñol, 2006, en prensa; Wilson, Lindsey y Schoolez, 2000). 486 PSICOLOGÍA SOCIAL »= Las actitudes implícitas pueden, en algunos casos, acabar haciéndose conscientes por dis- tintas vías. Por ejemplo, el tratamiento psicoterapéntico puede ayudarnos a desvelar nues- tras propias actitudes implícitas cuya existencia ignorábamos. También, la propia conducta Puede proporcionar algunas pistas para acceder a las actitudes implícitas, como ocurre a veces con los lapsos linguales o con los procesos de antopercepción En este tipo de situacio- nes, cuando se hace evidente la existencia de una evaluación que era desconocida para quien la Jleva a cabo, las personas pueden reconocer la actitud (haciéndola, por tanto, explícita) o pueden mantenerla implícita, por ejemplo, negando la evidencia (cs decir, convencióndose de que el terapeuta está equivocado; Wilson y cols., 2002). 17.7 Modelo metacognitlvo de las actitudes Como habrá quedado claro tras los desarrollos hasta aquí expuestos en relación con el fe- nómeno de las actirudes. es evidente la existencia de importantes discrepancias en torno a distintos aspectos de la evaluación actitudinal Así, las actitudes son vislay como constructos reales o hipotéticos, unitarios a múltiples, conscientes o inconscientes, y de otras muchas meneras. Dichas discrepancias, en relación con el concepto de actitud son, cn realidad, pro- ducto de una rápida y extensa acumulación de resultados y tos empíricos, en buena medida aparentemente contradictorios entre sí y carentes, hasta «hora, de un modelo teórico con la suficiente capacidad para integrarlos Hasta el momento, los dos modelos teóricos más representativos han sido el ya mencio- nado MODE (Fazio, 1995), según el cual las personas tienen una asociación evaluativa con cl objeto de actitud que está almacenada en la memoria, v los denominados Modelos duales de las actitudes (por ejemplo, Greenwald y Banaji, 1995; Wilson y cols., 2000). según los cuales las personas tendrían dos representaciones mentales distintas del objeto de actitud que, incluso, Podrían almacenarse en Ingares diferentes del cerebro (por ejemplo, DeCoster, Banner, Smith, y Semin, 2006). Dichas: representaciones corresponderían con lo que hemos dado en denomi- Dar actitudes explicitas e implicitas. Los modelos duales no sólo defienden que estas dos representaciones son relativamente independientes, sino que, aderaás, se forman de manera distinta y operan en situaciones di- ferentes. En concreto, según esta perspectiva, las actitudes implícitas sc formarían a través de procesos asociativos, guiando las conductas más espontáneas, con poco margen temporal para deliberar sobre ellas. Por el contrario, las actitudes explivitay serían el resultado de procesos pro- posicionales, v oxientarían la conducta en aquellas situaciones donde hubiese más posibilidades de pensar (Gawranski y Bodenhausen, 2006). Para cste enfoque, ambos tipos de procesos, aso- ciativos-antomáticos y deliberados-proposicionales, estarían gobernados por sistemas mentales diferentes (por ejemplo, reflexivo vs impulsivo, lento vs. rápida, entre otros, Smith y DeCoster, 2000; Strack y Deutsch, 2004; para una discusión. véase, Pelty y Briñol, en prensa) Las diferencias entre la concepción unitaria de las actitudes, la más tradicional, y los plantea- mientos duales resultan evidentes. Como consecuencia, no siempre es fácil comprender de una maneta coherenle e integrada los resultados que se producen en la vertiginosa y estimulante investigación que, sobre actitudes, se leva actualmente a cabo (para una revisión, véase el co- rrespondiente número monográfico al respecto de Gawronski y Bodenhausen, en prensa) Cox el objetivo de abordax y resolver algunos de estos problemas, Peit» y Briñol (20068) han propuesto un nuevo modelo teórico de actitudes, con un potencial explicativo más flexi- Actitudes 487 ble e integrador que los anteriores, denominada Modelo metacognítivo de las actitudes (MOM), cuyos postulados básicos se describen brevemente a continuación (véase el Cuadro 17.7) una descripción detallada se puede encontrax, por ejemplo, en Petty y Brifñiol, 2006, en prensa). Cuadro 17.7: Una descripción de los postulados fundamentales del Modelo metacognitivo de las actitudes. 1. Según el MEM, los objetos de actitud están representados en la memoria junto con sus asociacio- nes evaluativas, en función de la dimension bueno-mato. Dichas asociaciones varían en su fuerza asociativa: + — En este sentido, el MCM es consonante con la propuesta de los modelos tradicion como el anteriormente mencionado de Fazio, Shn embargo, el HCM hace una preci al señalar que las asociaciones entre el objeto de actitud y su evaluación son solamente eso, asociaciones, y que, por tanto, pueden refiejar todo tipo de información cultural, esperanzas y deseos personales, actitudes pasadas, entre otros. + Según el MCM, estas asociaciones en sf mismas no constituyen la actitud "real" como se argumenta desde la mencionada visión tradicional (para un debate sobre este aspecto, véase, por ejemplo, Dijksterhuis, Albers, y Eungers, en prensa). 2. A diferencia de los modelos tradicionales unitarios que postulan una única asociación evaluativa, el MCM penmite asaciaciones separadas para lo positivo y lo negativo (por ejemplo, Carioppo, Gardner y Bernstsen, 1999). 3. Para el MCM, estas dos asociaciones (posilivas y negativas) no dependen de diferentes procesos, ambas puedan formarse a través de distintos mecanismos, asociativos a propasictonales, cognitivos o afectivos, y de altz o baja elaboración (por ejempo, Briñol, Horcajo y cols., 2002). 4. Sólo se puede hablar de actitud en sentido estricto, según el MCM, cuando se cumple al requisito de gue las personas reconocen explícitamente estas asociaciones como propias. Esta es una de las diferen- cías fundamentales entre el MCM y el Modelo tradicional de actitudes. Para este último, la asociación evaluativa en sí misma constituiría la actitud real. Por ello, el MCM postula que las asociaciones están representadas en la memoria junto con etiquetas retacionadas con su validez (por ejemplo, sí/no, confianza/duda, verdadero/falso, aceptar/rechazar, satisfechoInsatisfecho). 5, Según el MCM, las denominadas medidas implícitas contemporáneas evaluarían las asociaciones eva luativas sin tener en cuenta estas etiquetas de validez, mientras que las medidas explicitas reflejarían tanto las asociaciones, positiva y negativa, junta con sus conespondientes etiquetas. Este último planteamiento implica la posibilidad de que, en algunas circunstancias, exista un cierto proceso de construcción situacional de la actitud al tener que considerarse tanto las asociaciones como sus etiquetas, lo cual contribuye e resolver la primera de las polémicas planteada anteriormente en este capítulo. Esta visión también ayuda a entender la segunda de esas polémicas al definir claramente que se supone que está evaluando cada tipo de medida. Además de arrojar cierta luz sobre los debates teóricos actuales, el poder integrador del MCM permite dar cuenta de los resultados de las distintas investigaciones que, de forma epa- rentemente contradictoria, muestran que las actitudes a veces cambian más en las medidas explícitas que en las implícitas (por ejemplo, Gregg, Seibt, y Banaji, 2006), otras veces ocurre lo contrario, mayor cambio en las medidas implícitas que en las explícitas [por ejemplo, Karpinski y Hilton, 2001), mientras que cn otras el cambio es similar en ambas medidas (por ejemplo, Gawronski y Bodenhausen, 2006), Estos resultados lienen sentido cuando se interpretan se- gún el MCM, que sugiere que las medidas implícitas capturan las asociaciones evaluativas, pero no las etiquetas con ellas asociadas, lo cual permite encajar de forma unificada estos y otros resultados similares (véase, Petty y Briñiol, en prensa). Al 488 — PSICOLOGÍA SOCIAL Además de dar cuenta integradoramente de los resultados previos, el MCM permite hacer una serie de predicciones nuevas, que no serían posibles desde los modelos teóricos mencionados anteriormente, tales como la posibilidad de producir ambivalencia implícita (conflicto evaluativo del cual no es consciente la persona) como resultado de cambiar de una actitud a otra (Petty, Tormala, Briñol, y Jarvis, 2006) o como consecuencia de tener discrepancias explícito-implícitas (Briñol, Petty, y Wheeler, 2006). Según el MCM, estos ca- sos de ambivalencia implícita constituyen un ejemplo de cómo las asociaciones cvaluativas (positiva o negativa) puedo influir sobre juicios de las personas u pesar de ser rechazadas explícitamente por ellas (véase la Pigura 17.2). Figura 17,2: Ambivalencia según las modelos tradicionales y contemporáneos de actitud. 1 Univalencia | E . Í Fumar Y. = é AA a — Gto >= [sa ) 3. Ambivalencia implícita (a) Fuentes Adaptado de Petty y Briño! (en prensa). Actitudes 459 17.6 Resumen TT ¡ | | l | como tales y les concede la validez perbnente ¿y sauntenesse postariotmente a través de multitud de mecanismos psuotagicos *, : Las actitudes tienen que ves cun los Juictos evaluativos que realizan las personas en las dimensiones de | bueno-mato, o positia-negatiyo La evaluación de tos estímulos del entorno nos permite recongcarios | y saber cómo compoltarnos en selación con ellos. Por ejemplo, uos acercamos a lo que nos guste y | evitamos lo que no nos gusta 3 Coro consecuencia, las actrtudos juegan: un papel fundamental e la hora de dimgir la atención, los pensamientos y las conductas de las personas y contribuyen a satisfacertas necesidades psicológicas fundamentales de los humanos. tener tenocimiento y control sobre st entorno, mantener cierto equij- bio y sentiilo temo, ser aceptados por los demás y sentimos bren con iosolros misrios: 1 Aunque existen diFerencias indlividuatos y culturales, £odo el munda tiende a juzgar los esímulos del entoro en dimensiones evaluativas, De hecho, en cuanto somos expuestos e evucamos cualquier estí- mul, solemos responder de forma acttudinal. Las actitudes se pueden format en ese mismo momento En algunos vasos, las actitudes se forman 3'pariar de las rreeneras de la persona ea relacion con el objeto de actitud, Lraencias que pueden variar an contemdo (por ejemplo, deseabilidad, probabilidad. expectativas) y en su validez (por ejemplo, alguiias creencias se mantienen con més seguridad que otras). En atros casos, las actitudes se forman a izaves de procesos sencillos basadus, por ejemplo. en ta Famliaridad con el objeto (po ejemplo, mera expostción) y sus correspundientes asociaciones con otros. estilos (por «jemplo, condicionamiento clásico] Par últsmo, las actitudes también se pueden adguiri a partr de la observación de nuestiz propia con ducta en releción ton el objeto de actrtué Nuestra forma de actuar con al objeto de actitud mos puede tuformar directasente sabre nuestras actitudes (aulapercapción) a indire.tarcenta, y entonces influye En cómo nos sentimos (disonancia cogmtiva), cómo pensamos (sesgo de búsqueda) o.cómo pensamas | sobre Lo qua estamos pensando (autovalidacion) Alo largo del capítulo se ha visto con detalle que no todas las actitudes son iguales » la hora de fluir + sobre el prucesammento de ty informartón y la conducta Unas actitudes, a las que denommamos fuertes, tienen mayor probabilidad de producir estos resultados. que tas llamadas actitudes débiles En comparación con estas últimas, las actttudes fuertes son más extremas, accesibles, estables, resstentes y con mayor capacidad de predecir la conducta Ademas. las actitudes fuertes son menos ambivalentes y se mantienen con una mayor confianza y seguidad que las débiles El que (as actitudes tengan más »» menos fuerza depende sobre tudo de ta cantidad gs Pensamienta y elaboración implicada e su forinación y cambio. En térmmnos generales. cuanta mayor es le elaburación mental, mayor será la fuerza de la actitnd Las actitudes sa puedan medt de wuchas Fonmas, desde preguntar directamente a la persona cuánto le atrae un detesmnado objeto o prapuesia, hasta tegistrar sus comportamientos no verbales y la velocidad con la que responden a estimulos relacionados con el objeto de actitud Aunque ex elgunos Casus estas mecidas puedan registrar actitudes que se construyen momentáneamente, en lz mayoria de los casos lo que se registra son Las evaluaciones asuciadas de fuma estonio al objeto de actitud, ubicadas en la memonta, : = Para cierlos modelos teóricos, estas asartáciones pueden estar más (actitudos implícitas) e menos (actitudes explicitas) automatizadas, constituyendo por sí amsinas las actitudes. Según elModela má- tacognitivo, estas asociaciones simpleniente serían eso, asociartones que bene lk paisona en relación con el ohjeto de actitud y se pueden considerar como actitudes solamente, sy la persona Las reconoce ¡ | 1 ]