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Hacia una concepción dual de la política. social: constitutiva y moduladora de las desigualdades sociales En gran parte de la opinión pública europea, así como en una porción considerable de la Literatura oficiosa sobre la polírica social, prevalece una concepción a menudo parcial y no exenta de ciertos reduccionismos. En concreto, algunas definiciones frecuentes de la política socia nse sesgadas por idealizaciones que confenden el «deber sen con el «ser» de Li misma. En esc sentido, la concepción más extendida hu sido la de considerar la política social como un mecanismo destinado a corre- | gir o a paliar los efectos perversos del sistema económico, conci- biendo iz inrervención de los gobiernos como una acción beneface tora, correctora o compensadora de la desigualdad social que produce el libre juego de las fuerzas del mercado, En esa ditección, Estado y mercado han tendido a concebirse como dos campos rivales o: contrapuestos; uno zegido por el derecho y la política, el otro fundamentado en la autonomía de los individuos y regido por el dinero. Esa concepción, que parte del supuesto de considerar la! intorvención pública como un freno a la expansión del mercado. protegiendo ciertas relaciones sociales del intercembio mercanril.! encierra una visión correctora y maniquea que, aún siendo parcial- mente elerta, creemos que e: tembién incompleta. Nuestro punto de partida, precisamente, viene a Poner ex duda que la política social pueda definirse sin más a partir de su justifi- cación explícita, esto es, como una intervención compensatoria de los efectos negativos del mercado, Ello supondría ¿quiparar los efectos perseguidos con los efectos realmente producidos. Las taf. ces de los posibles «efectos perversos» de la política social no cabe buscarlas únicamente en la propia naturaleza de toda acción social (que, como advierten Weber, Schitez o Arendt, siempre tiene con- secuencias no previstas), sino trembién.en rasgos específicos de las políticas estatales: la planificación csratal de la provisión de algunas necesidades, según Keane u Offe, sólo puede ser parcial e incom- : pleta, dado que responde a finalidades a intereses amenudo contra- dictorios: por poner un ejemplo, las políticas de rentas mínimas de inserción suelen tener resultados decepcionantes, dado que la mer- ' cantilización de la fuerza de trabajo es precisamente una causa | importante del problema de la pobreza, y no su solución (Castel, 1997). Además de la incertidumbre que acompaña a toda acción ' socia:. la política social carga con el impedimento adicional de tener que contrarrestar los efectos sociales perniciosos del capi- talismo sin poder incidir en sus causas profundas, como los dere- chos de propiedad (Offe. 1990; Habermas, 1987); o las posibles resistencias interiorizadas dentro del Propio Estado a la implemen- tación de determinadas políticas sociales (como indica el mismo Offe o Miliband, 19703. : Desde nuestra perspectiva, la política social -ho sólo ni ftindamentalmente hay que entenderla como un intento de corre- El o compensar la desigualdad que produce el mercado en la dig- tribución de los recursos, sino también como una intervención generadora y moduladora dela propia desigualdad, incluso más allá del inercado odesus finalidades explícicas, aneturalizando» e institu- sionalizando las desigualdades de clase, género, edad, ernia, o cual- quier otra, Como se viene diciendo desde el comienzo de este tra- bajo, las interrelaciones entre la estructura social y la política social son de carácter recursivo: la política social, no sólo se genera a partir de la estructura social sino que cortribuye también a log procesos de estructuración social de las sociedades, mediante diferentes 1ma. neras de provocar cambios 6 permanencias en la estructura social.