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Textos evau 2020 Hume historia de la filosofia
Tipo: Apuntes
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David Hume. Investigación sobre el conocimiento humano Sección 7 Parte II El tema del que trata este texto de Hume es el de la causalidad. Es uno de los asuntos más importantes de la teoría del conocimiento de este autor y va a ser la clave para explicar su fenomenismo. La causalidad es entendida por Hume como una relación natural. La dinámica propia del funcionamiento de nuestro pensamiento hace que unas percepciones se conexionen con otras, estableciéndose entre ellas ciertas relaciones. A juicio de Hume, las relaciones pueden ser de dos tipos: relaciones naturales y filosóficas. Una relación natural se define como la cualidad que hace que dos percepciones estén conexionadas mutuamente en la imaginación, y una introduzca naturalmente a la otra. Lo característico de una relación natural es que nos permite pasar de una manera fácil y natural de una percepción que tenemos en la mente a otra. Una relación filosófica surge cuando nosotros conscientemente consideramos conveniente comparar dos ideas. Es decir, que en una relación natural, una idea que tenemos en la mente nos introduce otra, a la que está unida por este tipo de relación. En cambio, en una relación filosófica lo que hacemos es comparar voluntariamente dos ideas que tenemos en la mente. Dado que el interés fundamental de Hume es el de hacer un estudio de la naturaleza humana , va a dotar de mayor importancia a las relaciones naturales que a las filosóficas. Hume distingue tres tipos de relaciones naturales o de asociación: las de semejanza , las de contigüidad y las de causa-efecto. De ellas, las que va a considerar más importante serán estas últimas porque son las que tienen un mayor ámbito de aplicación y porque, al final, se convertirán en la única posible puerta de acceso desde la mente al mundo exterior de los hechos: ¿cuál es la causa de mis impresiones? se preguntará Hume. La relación causa-efecto se entiende como una conexión necesaria entre una percepción, a la que llamamos causa , y otra a la que denominamos efecto. Quiere esto decir que la relación que se establece entre la causa y el efecto es necesaria, esto es, que no puede no darse. Cuando observamos la realidad cotidiana, estamos acostumbrados a denominar a un fenómeno como causa de otro fenómeno, al que llamamos efecto. Decimos así, por ejemplo, que el golpe dado con el pie es la causa de que una pelota salga lanzada hacia la portería, que será el efecto. Pero si analizamos desde el punto de vista del empirismo de Hume esa realidad, lo que podemos observar es que
6.2. o la energía en virtud de la cual la mente produce este efecto.
Pero aún queda un modo de evitar esta conclusión y una fuente que todavía no hemos examinado. Cuando se nos presenta un objeto o suceso cualquiera, por mucha sagacidad y agudeza que tengamos, nos es imposible descubrir, o incluso conjeturar, sin la ayuda de la experiencia, el suceso que pueda resultar de él o llevar nuestra previsión más allá del objeto que está inmediatamente presente a nuestra memoria y sentidos. Incluso después de un caso o experimento en que hayamos observado que determinado acontecimiento sigue a otro, no tenemos derecho a enunciar una regla general o anticipar lo que ocurrirá en casos semejantes, pues se considera acertadamente una imperdonable temeridad juzgar todo el curso de la naturaleza a raíz de un solo caso, por muy preciso y seguro que sea. Pero cuando determinada clase de acontecimientos ha estado siempre, en todos los casos, unida a otra, no tenemos ya escrúpulos en predecir el uno con la aparición del otro y en utilizar el único razonamiento que puede darnos seguridad sobre una cuestión de hecho o existencia. Entonces llamamos a uno de los objetos causa y al otro efecto. Suponemos que hay alguna conexión entre ellos, algún poder en la una por el que indefectiblemente produce el otro y actúa con la necesidad más fuerte, con la mayor certeza. Estructura del texto que acabas de leer:
5.1. siente que estos acontecimientos están conectados en su imaginación 5.2. y fácilmente puede predecir la existencia del uno por la aparición del otro. Aclara aquí Hume que cuando afirma que un objeto (no se refiere aquí a una cosa exterior, sino a un objeto de la mente, o sea, a una impresión o a una idea) está conectado con otro, lo que quiere decir es que ha tenido lugar una conexión entre ellos en nuestro pensamiento y que esta conexión da lugar a la inferencia por la que se convierten en causa y en efecto. Aunque esta conclusión es algo extraordinaria, porque se sale del funcionamiento normal de nuestro pensamiento, parece que tiene suficiente evidencia. Ésta no se debilitará por ninguna desconfianza general en el entendimiento ni por ninguna sospecha de escepticismo ante conclusiones nuevas. Lo que alimenta el escepticismo son precisamente las conclusiones sobre la debilidad y las limitaciones de la razón. Por tanto, cuando decimos que un objeto está conectado con otro, sólo queremos decir que han adquirido una conexión en nuestro pensamiento y que origina esta inferencia por la que cada uno se convierte en prueba del otro, conclusión algo extraordinaria, pero que parece estar fundada con suficiente evidencia. Tampoco se debilitará ésta a causa de cualquier desconfianza general en el entendimiento o sospecha escéptica en lo que respecta a las conclusiones que sean nuevas y extraordinarias. Ninguna conclusión puede resultarle más agradable al escepticismo que la que hace descubrimientos acerca de la debilidad y estrechos límites de la razón y capacidad humanas. Estructura del texto que acabas de leer:
las ciencias es enseñarnos cómo controlar y regular acontecimientos futuros por medio de sus causas. En todo momento, pues se desarrollan nuestros pensamientos e investigaciones en torno a esta relación. Pero tan imperfectas son las ideas que nos formamos acerca de ella, que nos es imposible dar una definición justa de causa, salvo la de que es aquello que es sacado de algo extraño y ajeno. Objetos similares siempre están conjuntados con objetos similares. De esto tenemos experiencia. De acuerdo con esta experiencia, podemos, pues, definir una causa como un objeto seguido de otro, cuando todos los objetos similares al primero son seguidos por objetos similares al segundo. O en otras palabras, el segundo objeto nunca ha existido sin que el primer objeto no se hubiera dado. La aparición de una causa siempre comunica a la mente, por una transición habitual, la idea del efecto. De esto también tenemos experiencia. Podemos, por tanto, de acuerdo con esta experiencia, dar otra definición de causa y llamarla un objeto seguido por otro y cuya aparición siempre conduce al pensamiento a aquel otro. Aunque ambas definiciones se apoyan en circunstancias extrañas a la causa, no podemos remediar este inconveniente o alcanzar otra definición más perfecta que pueda indicar la dimensión de la causa que le da conexión con el efecto. No tenemos idea alguna de esta conexión, ni siquiera una noción distinta de lo que deseamos conocer cuando nos esforzamos por representarla. Decimos, por ejemplo, que la vibración de una cuerda es causa de determinado sonido. Pero ¿qué queremos decir con esta afirmación? Queremos decir o que esta vibración va seguida por este sonido y que todas las vibraciones similares han sido seguidas por sonidos similares, o que esta vibración es seguida por este sonido y que, con la aparición de la una, la mente se anticipa a los sentidos y se forma inmediatamente la idea de la otra. Podemos considerar esta relación de causa y efecto bajo cualquiera de estas dos perspectivas, pero más allá de éstas no podemos tener idea de aquélla. Estructura del texto que acabas de leer:
7.1.1.De esto tenemos experiencia.
mundo. Hemos de intentar alcanzar este punto de vista y guardar las flores de la retórica para temas más adaptados a ellas. Estructura del texto que acabas de leer: