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Asignatura: Historia de la Europa medieval II, Profesor: Jesus Manuel Garcia Ayuso, Carrera: Historia, Universidad: UMA
Tipo: Ejercicios
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1. Toda la tierra de Vollerad está dividida en tres hojas. La primera hoja, de cereal, contiene 356 arpendes y medio y 6 pértigas. La segunda hoja está en barbecho; contiene 323 arpendes y nueve varas. La tercera, que está con un cereal de primavera, contiene 333 arpendes y 10 pértigas. (Higounet, Comptes rendus de l’Académie des Arts et bes B.L ., 1957) 2. Federico, por la gracia de Dios obispo de la Iglesia de Hamburgo, a todos los fieles en Cristo, presentes y futuros, bendición perpetua. Queremos que sea conocido por todos este contrato que unas gentes del lado de acá del Rin, llamados holandeses, han establecido con nosotros. Estos hombres vinieron a pedirnos con insistencia la concesión de una tierra situada en nuestro obispado, hasta entonces inculta, pantanosa e inútil para cultivarla. Por consejo de nuestros fieles, juzgando que esto sería conveniente para nosotros y para nuestros sucesores, no hemos rechazado su petición y hemos acordado nuestro consentimiento. Hemos establecido un contrato, a tenor del cual por cada manso de esta tierra nos darán un denario cada año. Hemos estimado necesario concretar aquí las dimensiones del manso, para que no haya discordias en el futuro: 700 varas de largo y 30 de ancho… Ellos han admitido, conforme a nuestra voluntad, que nos darán el diezmo del fruto de la tierra… Nos han prometido que se someterán en todo a la justicia sinodal… En cuanto a los feligreses de cada una de estas iglesias, se encargarán de darle a la iglesia un manso para las necesidades del párroco. Nombres de los hombres que vinieron a nos para el establecimiento y la confirmación de este contrato… (Año 1106) 3. Gerungus, por la gracia de Dios obispo de la iglesia de Meissen, a todos los que invocan el nombre de Dios, tanto presentes como futuros, gracia perpetua y paz en el Señor. Queremos que sepan nuestros fieles y los de tiempos futuros cómo he reunido y establecido en un lugar inculto y casi vacío de habitantes, hombres vigorosos procedentes de la provincia de Flandes, y cómo he dado con posesión estable, eterna y hereditaria a ellos y a sus descendientes, el pueblo llamado Kühren, con los siguientes derechos. He dado a estos flamencos, en memoria y signo de posesión permanente, cuatro marcos, este pueblo y dieciocho mansos, con todas las utilizaciones que ahora existen y que puedan existir en el futuro, tanto en los campos como en los bosques, en los prados y pastizales, en las aguas y molinos, en los lugares de caza y pesca.
De estos mansos, he concedido uno a la iglesia, con todo el diezmo de este manso; dos al organizador de la colonización (Schultheiss), pero sin diezmo. Los manos restantes pagan cada año treinta sueldos y treinta dineros por el derecho de baja justicia. Los susodichos hombres pagan el diezmo de todos sus bienes, salvo abejas y lino, y se encargan de los gastos del advocatus tres veces por año para los plácitos que debe tener con ellos en su pueblo, acompañado de una pequeña escolta. De lo que el advocatus o el Schultheiss perciban por los plácitos, dos tercios serán para el obispo, y un tercio para el Schultheiss. Serán francos de peaje en nuestras tierras, salvo de aquello que vendan a los mercaderes. Podrán vender entre ellos el pan, la cerveza y la carne, pero no establecer un mercado público en el pueblo. Por lo demás, les franqueamos de todo impuesto que provenga del obispo, del advocatus o de cualquier otra persona. Y para que estos estatutos no sean infringidos, los situamos bajo nuestro ban y los confirmados con nuestro sello en presencia de testigos. (Año 1154) (G. Duby, L’économie rurale el la vie des campagnes dans l’Occident médiéval. Paris, 1962, Doc. nº. 38)
4. Prestaciones campesinas a comienzos del siglo XIII El primer servicio del año lo deben por San Juan: han de segar el heno, reunirlo y amontonarlo en medio de los prados, transportarlo después al manoir cuando se les indique. Los aparceros lo meten dentro. Después han de ocuparse del trigo… Si sus tierras son en champart han de hacer las cuentas exactas, so pena de fuerte multa, y llevar al granero la parte del propietario mientras su trigo resta en el campo expuesto al viento y la lluvia, sin perder gavilla ni cosa alguna so pena de multa… Viene luego la feria del Prado y Santa María de septiembre, cuando hay que pagar el derecho sobre los cerdos: si el campesino tiene ocho cochinillos, tomará los dos que más le plazcan y el señor cogerá el tercero, que no será el peor. Si pasan de dicha cifra hay que pagar un denario también. Luego llega la fiesta de San Dionisio, momento espantoso en el que los campesinos han de pagar su censo… y más adelante el derecho para poner cercas en sus campos. Ya cultiven cebada o trigo, ya compren o vendan, si no pagan puntualmente están a merced del señor. Deben, también, la corvea una vez que hayan arado su tierra: deben meter el trigo de la reserva. Y aún deben la oublie u ofrenda navideña, pagada tres semanas antes de Navidad, por San Andrés, que es el momento de la matanza del cerdo (la baconnel). En Navidad dan además gallinas y han de ser buenas o el mayordomo tomará su valor en dinero, y deben también los bressages: dos setiers de cebada y tres cuartillos de trigo cada uno… Les grava, además, el ban de horno… (“Conte des vilains de Verson”, en J. Hunger, Histoire de Verson)
7. La comuna de Laon La comuna, palabra nueva y detestable, consiste en esto: que todos los siervos paguen una sola vez por año a sus señores la deuda habitual de la servidumbre, y si han cometido algún delito contrario a derecho, se rediman a través de una multa legal. Desaparecen todas las restantes tributaciones que es habitual exigir a los siervos. El pueblo, una vez obtenida la concesión, llenó con grandes cantidades de dinero las fauces que todos aquellos ávidos abrían para que se las llenasen [ se refiere a clérigos y nobles ], y éstos, más calmados tras la caída de tal lluvia, confirmaron por medio de juramentos que guardarían en este punto su palabra dada al pueblo. Así hecha esta coniuratio de ayuda mutua entre los clérigos, los nobles y el pueblo, el obispo volvió de Inglaterra con muchas riquezas; al ser contrario a los autores de aquella novedad, se mantuvo durante cierto tiempo al margen de la ciudad… Pero aunque se decía impulsado por una hostilidad irreductible contra los miembros de la coniuratio y sus padres, la súbdita oferta de una fuerte cantidad de oro y plata bastó para calmar tan sonoras palabras, y así juró que observaría los derechos de esta comuna de la misma forma que habían sido redactados en la ciudad de Noyon y en el burgo de San Quintin. También el rey fue impulsado a confirmar esta misma acta con su juramento gracias a una dádiva popular… (Guibert de Nogent, De vita sua (1053-1124). Libro III, cap. VII, pp. 155-158) 8. Carta de privilegios a la comuna de Dreux (1180) En el nombre de la santa e indivisible Trinidad. Amén. Como entre otras debilidades de la fragilidad humana estamos sujetos a pérdidas y huidas de la memoria, la divina Providencia ha decretado, en compensación de esta incomodidad, la invención perdurable de la escritura, a fin de que la permanencia de los caracteres conserve inmutable lo que a cada instante está sometido al cambio, en razón de las frecuentes variaciones de las cosas. Considerando esta longevidad de los escritos, yo, Roberto, por la paciencia de Dios, conde de Dreux y de Braine, hermano de Luis, ilustre rey de Francia, he querido, por los caracteres de la escritura, notificar a todos los presentes y futuros que, habiendo surgido un desacuerdo entre nos y mis burgueses de Dreux, hemos convenido este acuerdo, a saber: que les hemos concedido la comuna que hicieron en los tiempos del rey nuestro padre y la hemos confirmado por juramento: yo; Inés, condesa de Braine, mi esposa, y Roberto, mi hijo. Además, hemos jurado a los susodichos burgueses que no levantaremos contra ellos ninguna tolte ni ninguna talla y no ejercitaremos contra ellos ninguna violencia. Suprimiremos todas las discordias por una paz, si es posible. Si la discordia, cualquiera que sea, no puede ser suprimida por ninguna paz, le pondremos término en nuestra curia, por juicio de hombres sabios y de nuestros fieles. Ellos mismos han jurado ser fieles a mí, a mi esposa y a mis herederos y guardar y defender nuestra plaza fuerte de Dreux contra todos; confirmar y no ceder nuestros derechos y justas costumbres y nuestras sentencias, siempre y en todas partes; no oponerse a ello, pero, si es necesario, hacerlos respetar según poder. Hemos concedido, por otra parte, a dichos burgueses que no forzaremos a nadie de la comuna a usar nuestros molinos ni a pagar otros censos. Hemos limitado nuestro banvin a un mes entre Navidad y Cuadragésima y otro mes entre Pascua y la Natividad de San Juan Bautista. No compraremos vino para revenderlo en virtud de nuestro ban, y hemos consentido que la tercera imposición sobre la venta al por menor de las bebidas no se haga.
Además, cada vez que sea necesario que nos o nuestros herederos hayamos de cumplir los servicios de hueste del rey, nos proveerán de tres carretas tiradas por tres caballos, cuyos gastos correrán a mi cuenta desde que salgan de la ciudad. En otro tiempo no podré obligar a los burgueses a entregarme o prestarme carretas o caballos. Si ellos mismos quieren, en consideración de sus súplicas o por amor a mí, podrán prestarme sus caballos y sus carretas. Como es debido, los susodichos burgueses estarán obligados a hacer la prensa en mis lagares. A fin de que estas convenciones tengan firmeza de una perpetua estabilidad, he querido reafirmarlas por la suscripción de testigos y la imposición de mi sello […] Hecho públicamente en Sens, año de la Encarnación del Verbo de 1180. Siendo Felipe rey de Francia, Alejandro Papa, Guido arzobispo de Sens, Juan obispo de Chartres. Dado por mano del clérigo Bernardo. (A. du Chesne, “Preuves de l’histoire de la Masion de Dreux”, Histoire des Maisons de Dreux, de Bar-le-Duc, de Luxembourg et de Limbourg. Paris, 1631, pp. 237-238)
9. Reglamentación gremial en la ciudad de París Nadie puede ser tejedor de lana si antes no ha comprado el oficio del rey […] Cada uno puede tener en su mansión dos telares […] y cada hijo de maestro tejedor puede tener dos en la casa de su padre mientras que esté soltero y si él sabe trabajar con sus manos […] Cada maestro puede tener en su casa un aprendiz, no más […] Y nadie debe empezar a trabajar antes de levantar el sol, bajo pena de una multa de doce dineros para el maestro y seis para el oficial […] Los oficiales deben cesar el trabajo desde que el primer toque de víspera haya sonado, pero deben arreglar sus cosas después de estas vísperas… (E. Boileau, Le livre des métiers , ed. Lespinasse. Extracto de R. Fossier, Histoire sociale de l’Occident Medieval. París, 1970, p. 219) 10. La consolidación del patriciado y la acaparación del poder político urbano Vemos que en varias ciudades los pobres y los medios no tienen parte alguna en la administración urbana, sino que ésta está acaparada por los ricos, ya que el común los teme en razón de su hacienda y de su linaje. Si acontece que uno de ellos es durante un año alcalde, jurado o recaudador, al año siguiente coloca en el puesto a su hermano, su sobrino o su pariente más próximo, de modo que, en diez o doce años, los ricos consiguen toda la administración de las buenas ciudades. Luego, cuando el común reclama las cuentas, se amparan unos a otros. En las ciudades de comuna se quejan mucho de los impuestos, porque a menudo sucede que las gentes ricas que gobiernan los negocios de la ciudad declaran menos de lo que debe, tanto ellos como su familia, hacen beneficiar de las mismas ventajas a otra gente rica, y así todo el peso recae sobre el conjunto de la gente pobre. (Beaumanoir, Costumes de Beauvaisis. Ed. Salmon, 1900)
En Lagny en Bar y en Provins hay mercaderes de vinos, de trigo, sal y arenques, y de seda, oro y plata y de piedras buenas. Los mercaderes van por todo el mundo para comprar diversas cosas. ( Dit des marchands, recogido por J. Le Goff, Mercaderes y banqueros de la Edad Media. Buenos Aires, 1963, p. 87)
13. Las ferias de Flandes a comienzos del siglo XIV En Flandes hay muchas y variadas ferias, como se verá a continuación ordenadamente expuesto. La feria de Ypres comienza el primer día de Cuaresma, y en la segunda feria de Cuaresma se exponen los paños por la mañana, continuando así hasta la cuarta feria; y después, al final de la tarde, se grita “Ara”, y ya no se venden más paños desde entonces; hasta quince días después transcurre el período del pago de dicha feria. La feria de Brujas comienza ocho días después de la Pascua de Resurrección; al cabo de catorce días se empiezan a exponer los paños durante tres días; acabados estos tres días, por la tarde, se grita “Ara”, y ya no se muestran más paños; y después hay un plazo de quince días para el pago de la dicha feria. La feria de Thourout comienza el 29 de junio, siendo el día 27 de julio el término de pago. La feria de Lille comienza el día de Santa María de agosto, siendo el 12 del mes de septiembre el término de pago. La feria de Messines de Flandes comienza el día de San Remigio, que es el primer día de octubre, siendo el 29 de octubre el término del pago. (Francesco Balducci Pegolotti, La prattica della Mercatura. Ed. A. Evans. Cambridge, 1936)
14. Ana, hija de Alejo I Comneno, describe a los cruzados Alejo supo de la próxima llegada del ejército de los francos. Temía su invasión porque conocía su violenta impetuosidad y lo cambiante de su humor, y todos sus caprichos, connaturales a su temperamento galo: son, en efecto, ávidos de riquezas y cualquier pretexto les sirve para faltar a sus compromisos. De modo que tenía presentes en su ánimo estos motivos de temor… Los francos llegaron en oleadas de todas partes, con armas, caballos y todos sus aparejos de guerra. Tal fue su rapidez y ardor que pisaban todas las calles. Con los soldados iban mujeres y niños, que también habían dejado su país, innumerables como la arena y las estrellas, todos con cruces rojas en sus hombros. Venían a nosotros a lo largo de los ríos, sobre todo atravesando Dacia. Eran una muchedumbre precedida por una nube de langosta que respetaba las cosechas de cereales y atacaba sólo a los viñedos: según los adivinos, este prodigio quería decir que el ejército de los francos, respetando a los cristianos, sería muy funesto para los bárbaros ismaelitas, entregados a Baco y al vino. (Anna Comneno, Alexiada , X, 5. Ed. Reiferscheid) 15. Matanzas de judíos durante la Primera Cruzada Nostros, naturales de Touen, deseamos ir a Oriente a combatir a los enemigos de Dios. Luego de haber atravesado vastas regiones intermedias, tenemos ante nuestros ojos a los judíos, raza más indigna de Dios que ninguna otra. Es enfocar al revés el problema. Sólo aquellos que quisieron someterse a la ley cristiana escaparon al hierro suspendido sobre sus cabezas. (Guibert de Nogent, Autobiografía , 1053-1124) 16. Carta de San Bernardo de Claraval sobre la Cruzada (Segunda Cruzada, 1146) Ha llegado, hermanos míos, el tiempo favorable y acepto; han llegado los días de copiosa y rica salud. El mundo se ha estremecido, todo él se acaba de conmover con las dolorosas nuevas de que el Dios del cielo pierde su tierra. Digo su tierra, aquella, se entiende, en que se vio al Verbo del Padre predicando y enseñando a los hombres, y viviendo en su compañía durante más de treinta años; aquella tierra que iluminó con el resplandor de sus milagros, y consagró con su divina sangre, y embelleció con las primeras flores de su Resurrección. Hoy, por el mal de nuestros pecados, levantaron su sacrílega cabeza los enemigos declarados de la cruz y han pasado a sangre y fuego aquella tierra de las antiguas promesas. Y el día de acerca, en que, si nadie les sale al paso, llegarán hasta la misma ciudad del Dios vivo, y harán irrupción por sus calles y asaltarán los monumentos sagrados de nuestra Redención y mancillarán los Santos Lugares que enrojeció como purpúreo rocío la sangre del Cordero Inmaculado.