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5 E hl Herbert Simon y Noam Chomsky, los principales artífices de Ja ciencia cognitiva. Simon (Premio Nobel de Economía en 1978) creó la idea fun- damental de la ciencia cognitiva: yue la mente humana es un sistema de simbolos similar al de un programa informática. La mordaz. crítica de Chomsky a las aproximaciones con- ductistas ul lenguaje delerioró gru- vemente la credibilidad del conduc- tísmo como explicación científica de la conducta humana. y su lingúlística cartesiana supuso una teoría del len- guaje alternativa y convincente para los demás psicólogos. LAS PRIMERAS TEORÍAS DE LA PSICOLOGÍA COGNITIVA El nuevo estructuralismo La cognición en la ps.cología social Nuevas teorías cognitivas sobre a percepción y el pensamiento LA MECANIZACIÓN DEL PENSAMIENTO La inteligencia artificial El triunfo del procesamiento de la información El mito de la revolución cognitwa LA NATURALEZA DE LA CIENCIA COGNITIVA Los sujetos de la ciencia cognitiva: los informávoros Las mentes de los informávoros: el nuevo funcionalismo LA MADUREZ DE LA CIENCIA COGNITIVA: DEBATES Y DESARROLLO Incertidumbres Debates Desarrollos: el nuevo conexionismo EL ESTUDIO DE LA MENTE EN LOS ALBORES DEL NUEVO MILENIO BIBLIOGRAFÍA 386 HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA LAS PRIMERAS TEORÍAS DE LA PSICOLOGÍA COGNITIVA No todos los psicólogos interesados en la cognición se movían dentro del marco de la psicología mediacio- nal neohulliana que estudiamos en el capítulo anterior. En Europa surgió un movimiento llamado estructu- ralismo como enfoque multidisciplinar para las ciencias sociales, incluida la psicología, que influyó en la psicología estadounidense de finales de los años cincuenta y sesenta. En Estados Unidos, los psicólogos so- ciales habían abandonado cl concepto de mente colectiva durante las primeras décadas del siglo XX y fue ron redefiniendo su trabajo hasta convertirlo en lo que es hoy: el estudio de las personas que participan en la interacción social. Durante la guerra, los psicólogos sociales se habían dedicado a estudiar las actitudes, cómo podían ser modificadas mediante la persuasión y la propaganda, y la relación entre actitudes y perso- nalidad. Tras la guerra, los psicólogos sociales siguieron desarrollando teorías acerca de cómo las personas forman sus creencias, las integran y actúan en función de ellas. Por último, Jerome Bruner estudió cómo la dinámica de la personalidad moldea la percepción del mundo que tienen las personas y cómo éstas solucionan problemas complejos. El nuevo estructuralismo El estructuralismo, en su acepción moderna, fue un movimiento que abarcó la filosofía, la crítica literaria y las ciencias sociales de la Buropa continental. Los máximos exponentes del estructuralismo, Claude Lévi- Strauss, Michel Foucault y Jean Piaget, todos ellos francófonos, llevaron a cabo un intento racionalista pla- tónico-cartesiano de describir la mente humana trascendente. El estructuralismo se solía asociar con los psi- cólogos cognitivos más radicales que pretendían romper de forma definitiva con la psicología estadounidense anterior; en particular, recurrieron a la psicología europea y a las tradiciones de la Europa continental tanto en filosofía como en psicología y en las demás ciencias sociales. El estructuralismo aspiraba a convertirse en un paradigma unificador de todas las ciencias sociales, y entre sus partidarios había desde filósofos has- ta antropólogos. Los estructuralista creían que los patrones de conducta humana, individuales o sociales, se podían explicar por referencia a estructuras abstractas de naturaleza lógica o matemática. En el ámbito de la psicología, el estructuralista más importante fue Jean Piaget (1896-1980). Piaget se había formado como biólogo, pero fue interesándose cada vez más por la epistemología y decidió estudiar- la de forma científica. Piaget criticó a los filósofos por contentarse con las especulaciones de sillón sobre el desarrollo del conocimiento, cuando Jos temas epistemológicos se podían estudiar empíricamente. Con la epistemología genética, Piaget intentó cartografíar el desarrollo del conocinúento en los niños. Dividió el desarrollo del intelecto en cuutro etapas, cada una de ellas definida según un conjunto específico de estruc- turas cognitivas lógicas. Según Piaget, la inteligencia no se desarrolla de forma cuantitativa, sino que expe- rimenta una serie de transformaciones cualitativas generales a medida que el niño pasa de una etapa a otra. Un niño de cinco años no sólo sabe menos que uno de doce, sino que además piensa de manera diferente. Piaget vinculó estos tipos diferentes de inteligencia, o formas de entender el mundo, a los cambios de la es- tructura lógica de la mente del niño, e intentó describir el pensamiento propio de cada etapa construyendo modelos sumamente abstractos de las estructuras mentales basados en la lógica formal, los cuales —según él— guiaban la conducta inteligente, La epistemología genética no era más que la epistemología kantiana con un giro evolutivo. Los títulos de muchas de las obras de Piaget recogen los nombres de las caregorías trascendentales de Kant: La repre- sentación del espacio en el niño, La génesis del número en el niño, El desarrollo de la noción de tiempo en el niño, etc. Kant había afirmado que el Yo Trascendental no se podía conocer, pero Piaget pensaba que su versión, el sujeto cugaoscente, revelaba su naturaleza en el curso de su desarrollo, y por lo tanto ésta se po- día inferir a partir de la observación de la conducta del niño en la resolución de problemas. Piaget compar- tía con los psicólogos alemanes la tendencia a formular una filosofía de amplio alcance en lugar de una teoría psicológica susceptible de aplicaciones prácticas. La cuestión de si la educación podía acelerar el desa- rrollo cognitivo era denominada por Piaget «la cuestión americana», porque en Europa nadie la planteaba. Los americanos, de un modo inequívocamente pragmático, querían que el desarrollo cognitivo tuviese lugar 388 HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA tornillos durante horas, para que las realizasen los sujetos del experimento. Luego el investigador hacía que los sujetos que habían realizado las tareas dijesen a los que esperaban para hacerlas que las tareas eran di- vertidas. Algunos de los sujetos recibían 20 dólares (lo que hoy en día correspondería a unos 300) por con- tar la mentira; otros, sólo 1 dólar. Según la teoría de la disonancia cognitiva. los sujetos que recibían veinte dólares no deberían experimentar ninguna disonancia: el pago generoso justificaba la mentinijilla. Los que recibían un dólar sí deberían sentir disonancia: estaban mintiendo a cambio de una cantidad de dinero irri- soria. Un modo de acabar con la disonancia sería convencerse a uno mismo de que realmente la tarea era di- vertida, porque si uno lo creía así, decírselo a otro sujeto no sería mentira. Una vez concluido el experimento, otro experimentador entrevistó a los sujetos y descubrió que los que habían recibido un dólar calificaban la tarea de forma significativamente más positiva que los que habían recibido veinte dólares, tal y como pre- decía la teoría de Festinger. Este descubrimiento parece incoherente con la ley del efecto, según la cual cabe esperar que si se recibe una recompensa de veinte dólares por decir que una tarea es divertida se tienda'a ca- lificar la tarea de divertida en mayor medida que con una recompensa de un dólar. Desde un punto de vista histórico, lo más relevante de la tcoría de la disonancia cognitiva cs el he- cho de que era una teoría cognitiva: una teoría sobre entidades mentales, concretamente sobre las creen- cias de las personas. No se trataba de una teoría conductista informal, puesto que Festinger no considera- ba las creencias como respuestas mediacionales, sino que las entendía en términos del sentido común, como creencias que controlan la conducta. En los años cincuenta, la teoría de la disonancia cognitiva y otras teo- rías cognitivas en psicología social constituyeron una vigorosa psicología cognitiva fuera de la órbita del conductismo estricto. bl libro de Festinger (1957). A Theory of Cognitive Dissonance | leoría de la diso- naocia cognitiva], no hacía referencia alguna a las ideas conductistas. Los psicólogos sociales no desafia- ron al conductismo más que en raras ocasiones, pero su trabajo suponía una alternativa al mismo. Nuevas teorías cognitivas sobre la percepción y el pensamiento Lau teoría del «New Look» en percepción Poco después de la guerra surgió un nuevo enfoque en el estudio de la percepción, liderado por Jerome $. Bruner (nacido en 1915), que recibió el nombre de «New Look». Tras este nuevo enfoque subyacían el pro pósito de unificar varias áreas diversas de la psicología (percepción, personalidad y psicología social) y el de- seo de refutar la concepción dominante —ya desde los tiempos de Hume y claramente presente en la teoría E-R de la conducta—, según la cual la percepción era un proceso pasivo mediante el que un estímulo se im- primía (en la terminología de Hume) en el perceptor. Bruner y sus colegas propusieron un enfoque psicoa- nalítico de la percepción según el cual el perceptor desempeña un papel activo en lugar de ser un registro pa- sivo de datos sensoriales. Bruner y otros realizaron una serie de estudios para confirmar la idea de que la personalidad del perceptor y su marco social influyen sobre lo que el preceptor ve. De estos estudios, el más conocido y polémico giraba en torno a la defensa perceptiva y planteó la posibilidad de la percepción subli- minal. Bruner y otros partidarios del movimiento New Look (Bruner € Postman 1947; Postman, Bruner $ McGimnis, 1948) presentaron palabras a los sujetos durante intervalos cortos, como había hecho Wundt en sus estudios sobre la amplitud de la conciencia. Pero estos investigadores más modernos modificaron el con- tenido emocional de las palabras: algunas eran palabras comunes o «neutras», mientras que otras eran pala- bras obscenas o «palabras tabú». Bruner y sus colaboradores descubrieron que para que un sujeto identifique una palabra tabú se necesitan períodos de exposición más largos que para la identificación de una palabra neu- tra. La hipótesis frendiana de estos investigadores era que los sujetos perciben el contenido emocional nega- tivo de la palabra tabú de manera inconsciente e intentan reprimir su ingreso en la conciencia. Por ello los su- jetos ven la palabra sólo cuando la exposición o presencia de la misma es tan larga que no pueden evitar verla. Durante muchos años, la investigación sobre la defensa perceptiva fue muy controvertida. Algunos psi- cólogos afirmaban que los sujetos percibían las palabras tabú en cl mismo intervalo que las palabras ncu- tras, pero que negaban la experiencia en la medida de lo posible para evitar el bochorno. Esta polémica no hizo más que crecer, y nunca llegó a resolverse del todo (Leahey y Harris, 2002). Lo que resulta más sig- nificativo para nosotros es que el New Look en percepción analizó la percepción como un proceso mental CAPÍTULO 12 La ciencia cognitiva 389 activo, en el que se producen actividades mentales conscientes e inconscientes entre la sensación y la res- puesta de la persona. El estudio del pensamiento El interés por la percepción y las demostraciones de Bruner de que tanto la mente como la personali- dad modelan activamente la percepción le llevaron a estudiar los antiguos «procesos mentales superiores» (Bruner, Goodnow £ Austin, 1956). Aunque no era un teórico mediacional y encuadraba expresamente su teorización en la tradición psicodinámica, Bruner vinculó su interés por los procesos cognitivos a las nuevas teorías mediacionales E-R y contribuyó a revitalizar el interés por los procesos cognitivos y su investigación. En el histórico libro A Study of Thinking [Estudio del pensamiento] (1956), Bruner investigó cómo las per- sonas forman conceptos y clasifican los nuevos estímulos según diferentos categorías conceptuales. Bruner y sus colaboradores presentaban a los sujetos grandes series de figuras geométricas definidas en función de numerosas dimensiones: forma, tamaño, color, etc. A continuación se le pedía al sujeto que averiguase, a base de elegir y descartar objetos, qué concepto tenía en la cabeza el investigador. Por ejemplo, el conceplo a des- cubrir podía ser el de «todos los triángulos rojos», y el investigador podía empezar por:señalar un triángulo grande y rojo como ejemplo del concepto. El sujeto. a continuación, seleccionaría otros estímulos del mues- tario, y se le iría diciendo si pertenecían o no a la misma clase que el concepto. Si el sujeto elegía un cua- drado grande y rojo, se le diría «no», pero si escogía un pequeño triángulo rojo se le diría «sí». El sujeto se- leccionaría casos hasta conseguir adivinar la definición del concepto elegido por el investigador. Bruner, Goodnow y Austin no estudiaron el proceso del aprendizaje de conceptos en términos de res- puestas mediacionales implícitas, aunque algunos conductistas informales sí lo hicieron. Estudiaron en cam- bio la formación de conceptos como un proceso activo, na como un proceso asociativo, en el que las elec- ciones del sujeto se guían por una determinada estrategia ideada para solucionar el problema. Una vez más, los detalles de la teoría resultan irrelevantes para nuestro propósito. Lo verdaderamente importante es la na- turaleza mentalista de la teoría de Bruner. El sujeto no se consideraba un conector pasivo de £ y R, ni siquiera de £-r-e-K; tampoco era considerado como punta de confluencia de variables. Por el contrario, se entendía la formación de conceptos como un proceso intelectual activo en el que un sujeto elabora y sigue determi- nadas estrategias y procesos de decisión que le guían (o no consiguen guiarle) hasta el concepto correcto. Pero el desarrollo más importante del renacido interés por el estudio de Jos procesos cognitivos fue la invención de máquinas que tal vez podían pensar. LA MECANIZACIÓN DEL PENSAMIENTO La inteligencia artificial Desde la Revolución Científica, la similimad entre persona y máquina había atraído y repetido a filósofos y psicólogos. Descartes creía que todos los procesos cognitivos humanos salvo el pensamiento eran realiza- dos por la maquinaria del sistema nervioso, y en ello basaba la radical diferenciación entre ser humano cons- ciente y animal mecánico. Pascal se temía que Descartes estuvicra equivocado, porque le parecía que su cal- culadora podía pensar, de mado que recurrió al corazón humano y la fe en Dios para diferenciar entre personas y máquinas. Hobbes y La Mettrie habían defendido la idea de que las personas no eran más que animales- máquinas, lo que escandalizó a los románticos que, con Pascal, creían que la esencia secreta de la humani- dad residía en el sentimiento en lugar de en el intelecto. Leibniz soñaba con una máquina pensante univer- sal, y el ingeniero inglés Charles Babbage incluso intentó construir una. William James se preocupó mucho por el tema de la autómata enamorada y concluyó que una máquina no podía sentir y, por lo tanto, no podía ser homana. Watson, como Hobbes y La Mettrie, proclamó que tanto humanos como animales eran máqui- nas, y que la salvación humana residía en aceptar esta realidad y en diseñar un futuro perfecto como el que había imaginado Skinner en Walden 11. Los escritores de ciencia ficción y los cineastas comenzaron a ex- plorar las presuntas diferencias entre humanos y máquinas en Rossiw's Universal Robots, Metropolis y CAPÍTULO 12 La ciencia cognitiva 391 EJ termostato constituye así un sencillo mecanismo propositivo que, a diferencia de los relojes, viene a alterar significativamente la concepción mecanicista de la naturaleza (Pinker, 2002). La física de Newton ha- bía dado lugar a la idea de que el universo funciona como el mecanismo de un reloj, como una máquina que sigue ciegamente las leyes inexorables de la física. William James había alegado que los seres vivos cons- cientes no podían ser máquinas, de modo que la conciencia tendría que evolucionar para hacer posible la va- riabilidad de la conducta adaptativa. Sin embargo, los termostatos son máquinas no conscientes (véase Chal- mets, 1996) cuya conducta es una respuesta adaptativa a los cambios de su entorno. Y por supuesto no hay ningún fantasma en el termostato, En otros tiempos, habría sido un sirviente quien comprobara la tempera- tura en un termómetro e introdujera la leña necesaria en la caldera, pero el sirviente había sido sustituido por una máquina, y además una máquina bien sencilla. El concepto de retroalimentación prometía la posibilidad de tratar todas las conductas propositivas como casos de retroalimentación. El organismo tiene una meta (por ejemplo, obtener alimento), puede medir la distancia que le separa de ella (por ejemplo, está al otro lado del' laberinto), y se comporta de manera tal que reduce y finalmente elimina esa distancia. Tanto el «fantasma en la máquina» como el lector de mapas cognitivos de Tolman se podían sustituir por bucles complejos de re- troalimentación. Y, desde un punto de vista práctico, esas máquinas capaces de hacer lo que hasta entonces sólo podían hacer las personas podrían sustituir a los sirvientes y a los trabajadores industriales. La definición de inteligencia artificial Las máquinas, por tanto, podían ser propositivas. ¿Se trataba entonces de máquinas inteligentes o, al menos, de máquinas capaces de llegar a serlo? ¿Podían imitar la mteligencia homana? La cuestión de si los ordenadores podían ser o llegar a ser inteligentes se convirtió en el tema central de la ciencia cognitiva, y su formulación moderna se debe al brillante matemático A. M. Turing (1912-1954), quien había hecho una gran contribución a la teoría de los ordenadores durante la guerra. En 1950, Turing publicó un estudio en Mind, titulado «Computing Machinery and Intelligence» [Maquinaria informática e inteligencia], en el que defi- nía el ámbito de la inteligencia artificial y establecía el programa de la ciencia cognitiva. Turing comenza- ba con la frase: «Me propongo considerar la siguiente cuestión: ¿Pueden pensar las máquinas?». Como el significado de «pensar» era lan oscuro, Turing propuso plantear la cuestión más concretamente «en térmi- nos de un juego que llamamos “juego de la imitación”». Imaginemos que una persona interroga mediante una terminal de ordenador a otros dos interlocutores; uno es humano y el otro es un ordenador, pero la per- sona que interroga no sabe cuál es cuál. Bl juego consiste en hacer preguntas destinadas a distinguirlos, a adivinar quién es la persona y quién es la máquina. Turing proponía que se considerase que un ordenador es inteligente si consigue hacerse pasar por el ser humano en esta prueba. El juego de la imitación de Tu- ring se ha conocido desde entonces como la «prueba (o test) de Turing», y es ampliamente (aunque no uná- nimemente, como veremos más adelante) aceptado como criterio de la inteligencia artificial. El término inteligencia artificial (TA) lo acuñó el científico informático John McCarthy unos años más tarde. Necesitaba dar nombre a una propuesta para solicitar una subvención en apoyo a la primera confe- rencia interdisciplinar de lo que se convertiría en la ciencia cognitiva. Los profesionales de la 1A pretenden crear máquinas que puedan desempeñar muchas de las tareas realizadas hasta entonces sólo por seres hu- manos, desde jugar al ajedrez hasta ensamblar automóviles o explorar la superficie de Marte. La «LA pura» persigue la creación de ordenadores o robots capaces de hacer lo que hacen los seres humanos. Más cerca de la psicología se encuentra la simulación por ordenador, cuyo objetivo no es simplemente emular a los hu- manos, sino imitarlos. El triunfo del procesamiento de la información La distinción mente-cuerpo, programa-ordenador Ya hemos visto cómo algunos psicólogos, especialmente Hull, habían intentado construir máquinas capaces de aprender. No resulta sorprendente, por tanto, que muchos psicólogos se dirigiesen a la informá- tica buscando de un modelo de aprendizaje y conducta propositiva. En una conversación con el psicólogo de Harvard E. G. Boring, Norbert Wiener le preguntó qué era lo que podía hacer el cerebro humano que no 392 HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA pudieran hacer los ordenadores, lo que llevó a que Boring (1946) se plantease la misma pregunta que Tu Ting: ¿qué tendría que hacer un robot para ser considerado inteligente? Tras repasar las facultades intelec tuales humanas y los primeros intentos que se habían hecho para imitarlas con máquinas, Boring formule su propia versión de la prueba de Turing: «Efectivamente, un robot al que no se le pudiera distinguir de ur estudiante sería una prueba extremadamente convincente de la naturaleza mecánica del hombre y de la wni dad de la ciencia» (p. 192). Para Boring, un robot capaz de pensar tendría una gran significación metafísi ca porque confirmaría la afirmación de La Mettrie de que las personas son máquinas y garantizaría a la psi cología un lugar entre las ciencias naturales. Las esperanzas de Boring se han convertido en las expectativa: de los científicos cognitivos contemporáneos. A principios de los años cincuenta se hicieron varios intentos de crear modelos electrónicos y mecáni: cos del aprendizaje y de otros procesos cognitivos. El psicólogo inglés J. A. Deutsch (1953) construyó ur «modelo electromecánico... capaz de aprender laberintos, discriminaciones... y razonar de forma lúcida» L. Benjamin Wyckoff (1954) y Tarnes Miller (1955) estudiaron modelos similares. Charles W. Slack (1955: empleó las semejanzas entre la retroalimentación y el arco reflejo de Dewey para arremeter contra la teorí: hulliana £-R. Otro psicólogo inglés, Donald Broadbent (1958), propuso un modelo mecánico de la atenciór y la memoria a corto plazo en términos de pelotas que caen en un tubo en forma de Y que representa los di: versos «canales» sensoriales de información. Alejándose considerablemente del conductismo, Broadbent afirmó que los psicólogos deberían consi- derar las entradas sensoriales no como estímulos físicos, sino como información. Desde los tiempos de Des- cartes, el misterio de la mente residía en su carácter no-físico, dando lugar al irresoluble problema de la inter- acción: ¿cómo puede una mente no-física interactuar causalmente con un cuerpo físico? Psicólogos come Hull y Lashley creían que la única psicología científica respetable era la que consideraba los organismos come máquinas al estilo tradicional: como mecanismos movidos por el contacto físico directo de sus piezas. E concepto de información permitió a los psicólogos respetar la naturaleza no-física del pensamiento sin la: dificultades que planteaba el dualismo cartesiano (Pinker, 2002). La información es real, pero no es algo fí- sico. Lo importante cuando se leen estas palabras no es el estímulo físico (marcas negras sobre papel blancc que proyectan diferencialmente fotones a la retina), sino las ideas que transmiten, la información no-física Del mismo modo, el funcionamiento físico de un ordenador está controlado por la información contenidz en el programa que se ejecuta en él, pero el programa no es ninguna alma sustancial. La concepción de le mente en términos de información permitió que los psicólogos tuviesen una especie de dualismo mente-cuer- po que escapaba a los límites del conductismo fisicalista. Los conceptos del procesamiento de la información se aplicaron rápidamente a la psicología cognitive humana, Un hito histórico en esta línea fue el trabajo de George Miller, «The Magical Number Seven, Plus or Minus Two: Some Limits on Our Capacity for Processing Information» [El mágico número 722. Algu- nos límites de nuestra capacidad de procesar información] (1956). Miller se estaba alejando de una posture conductista ecléctica sobre el aprendizaje humano, y terminaría como uno de los líderes de la psicología cog- nitiva en la década de los sesenta. En su artículo de 1956, Miller llamó la atención sobre las limitaciones de la atención y la memoria humanas, y allanó el camino para la primera ola masiva de investigaciones en el campo de la psicología del procesamiento de la información, que se concentraron en la atención y la me- moria a corto plazo. En todos estos primeros estudios que intentaban aplicar conceptos informáticos a la psicología había un cierto grado de confusión sobre qué era en realidad lo que efectuaba el pensamiento, porque se tardó algún tiempo en entender la separación entre la información y su soporte mecánico. Como consecuencia de la denominación popular del ordenador como «cerebro electrónico», había una fuerte tendencia a creer que era el propio aparato electrónico el que pensaba y que lus psicólogos debían buscar paralelismos en- tre la estructura del cerebro humano y la de los ordenadores. Por ejemplo, James Miller (1955) concibió una «psicología comparada... que no trabajase con animales, sino con modelos electrónicos», porque las acciones de los ordenadores son, «en numerosos e interesantes aspectos, similares a las de la conducta vi- viente». Pero la identificación del sistema neuronal con un circuito electrónico era demasiado simplista. Como ya había dicho Turing en su estudio de 1950, los ordenadores son máquinas de propósito general (el 394 HISTORIA DE La PSICOLOGÍA. unas pocas alternativas antes de elegir un movimiento, pero que lo hace de forma más inteligente. Nowell, Shaw y Simon abandonaron la inteligencia artificial en favor de la simulación por ordenador porque con- sideraban que sus programas no sólo resolvían problemas, sino que además lo hacían del mismo modo que los humanos. En una simulación por ordenador de una partida de ajedrez, el programador intentará crear un programa cuyos pasos computacionales sean los mismos que daría un maestro de ajedrez. La diferen- cia entre la TA y simulación por ordenador es importante porque la A pura no es psicología. Los esfuer- zos de la 1A pueden resultar psicológicamente instructivos para sugerir los tipos de recursos cognitivos que deben poseer los humanos para llegar a ser inteligentes (Leahey y Harris, 2002), pero determinar cómo ac- vúan realmente las personas de forma inteligente exige una simulación real del pensamiento humano, no sólo de la conducta. El hombre máquina: el impacto de la metáfora del procesamiento de la información A pesar de las amplias pretensiones de Newell, Shaw y Simon, su GPS tuvo poca influencia inmedia- ta en la psicología de Ja resolución de problemas. En 1963, Donald W. Taylor pasó revista al área de inves- Higación del pensamiento y concluyó que, aunque la simulación del pensamiento por ordenador parecía «la más prometedora» de todas las teorías, «esta promesa, sin embargo, está aún por justificar». Tres años des- pués, Davis (1966) examinó el campo de la resolución humana de problemas y concluyó que «hay una una- nimidad asombrosa en las orientaciones teóricas más recientes sobre el pensamiento humano y la resolu- ción de problemas... en cuanto a que las leyes asociativas de la conducta establecidas en situaciones relativamente simples de condicionamiento clásico e instrumental son aplicables al aprendizaje humano com- plejo». Davis relegó el GPS a una de otras tres teorías menores sobre la resolución de problemas. Ulric Neis- ser, en su influyente libro Cognitive Psychology [Psicología cognitiva] (1967), desestimó los modelos in- formáticos del pensamiento por considerarlos «simplistas» e «insatisfactorios desde un punto de vista psicológico». Diez años después de esta valoración, Simon y sus colaboradores abandonaron silenciosamente el GPS (Dreyfus, 1972). Sin embargo, hasta sus oponentes admitían que la psicología cognitiva floreció en los años sesenta, En 1960, Donald Hebb, uno de los líderes reconocidos de la psicología, pedía una «segunda revolución ameri- cana» (la primera había sido el condnetismo): «El estudio analítico riguroso de Jos procesos del pensamiento no se puede seguir posponiendo». En 1964, Robert R. Holt constató que la «psicología cognitiva había ex- perimentado un extraordinario auge». El auge llegó incluso a la psicología clínica, como Louis Breger y Ja- mes McGaught (1965) defendieron al proponer sustituir la psicoterapia conductista por una terapia basada en los conceptos del procesamiento de la información. En 1967, Neisscr escribiría que «hace una genera- ción, un libro como éste habría necesitado, al menos, un capítulo entero para defenderse de la postura con- ductista. Hoy día, afortunadamente, el clima de opinión ha cambiado y apenas se necesita defensa alguna», ya que los psicólogos han terminado aceptando «el familiar paralelismo entre la persona y el ordenador». Era fácil considerar a las personas como sistemas de procesamiento de información que reciben entradas del entorno (percepción), procesan esa información (pensamiento) y actúan según las decisiones que toman (con- ducta). La imagen general de los seres humanos como procesadores de información resultaba enormemen- te atractiva. Así, aunque Simon se precipitaba al predecir que las teorías psicológicas se elaborarían en tér- minos de programas informáticos, la concepción —más amplia— de la inteligencia artificial y la simulación por ordenador ya había triunfado en 1967. La aceptación del punto de vista del procesamiento de la información en la psicología cognitiva se vio facilitada por la existencia de una amplia comunidad de psicólogos que compartía la tradición mediacional de la psicología, ya fuera en la rama neohulliana o en la neotohnaniana. Estos psicólogos ya aceptaban la idea de procesos mediadores entre estímulos y respuestas, y alo largo de los años cincuenta habían «inventado mecanismos hipotéticos», principalmente en forma de eslabones de unión r-é entre las conexiones E-R ob- servables. Durante la década de los cincuenta prosperó la psicología neoconductista humana (Cofer, 1978). El estudio de la memoria de Ebbinghaus había sido recuperado en el campo conocido como aprendizaje ver- bal, y en torno a 1958 los psicólogos del aprendizaje verbal habían empezado a diferenciar entre la memo- ria a corto y a largo plazo independientemente de la ciencia informática. A principios de los años cincuenta, CAPÍTULO 12 La ciencia cognitiva 395 bajo los auspicios del Social Scienec Rescarch Council comenzó a desarrollarse la psicolingtiística, combi- nación interdisciplinar de lingúística y psicología. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la Office of Naval Research había iniciado una serie de reuniones sobre el aprendizaje verbal, la memoria y la con- ducta verbal. En 1957 se organizó un Grupo de Estudio de la Conducta Verbal. Al igual que el grupo de psi- cólogos humanistas de Maslow (véase el Capítulo 14), lo que comenzó como una lista de distribución por correo se convirtió, en 1962, en la revista Journal of Verbal Learning and Verbal Behavior. Estos primeros grupos de psicólogos cognitivos Estaban en relación unos con otros, y al ocuparse de la conducta verbal y del pensamiento daban por supuesta la versión mediacional de la teoría £-R. Por cjem- plo, en psicolingilística «las gramáticas [de los lingitistas anteriores a Chomsky] y la teoría mediacional se veían como meras variaciones de una misma línea de pensamiento» (Jenkins, 1968). Si en 1963 Jenkins po- día hablar aún del aprendizaje verbal y la psicolingiíística en términos puramente mediacionales («Verbal Leaming and Psycholinguistics», Gough y Jenkins, 1963), en 1968 estaba claro que Chomsky había «dina- mitado la estructura [de la psicolingúística mediacional] por el extremo linglístico» (Jenkins, 1968). Chomsky convenció a estos psicólogos de que sus teorías E-R, incluida la de la mediación, no eran adecua- das para explicar el lenguaje humano. De este modo, comenzaron a buscar un nuevo lenguaje para teorizar sobre los procesos mentales y, naturalmente, les atrajo sobremanera el lenguaje de los ordenadores: el pro- cesamiento de la información. El £ de la fórmula E-r-e-R podía convertirse en «entrada», la R en «salida», y la r-e en «procesamiento». Más aún, el lenguaje del procesamiento de la información se podría emplear, incluso sin crear programas informáticos, como un «marco global en el que se podrían construir modelos definidos de forma precisa para numerosos fenómenos distintos, y probarlos de forma cuantitativa» (Shif- frin, 1977, p. 2). Shiffrin describe así el artículo decisivo del procesamiento de la información ajeno a la tra- dición de la programación informática, «Human Memory: A Proposed System and lts Control Processes» [Mernoria humana: Propuesta de un sistema y de sus procesos de control] (Atkinson y Shiffrin, 1968), del que descienden prácticamente todas las perspectivas posteriores acerca del procesamiento de la información. El lenguaje del procesamiento de la información dio a los psicólogos mediacionales justamente lo que necesitaban. Era riguroso, actual y tan cuantitativo, como mínimo, como la antigua teoría de Hull, y además no requería la dudosa hipótesis de que los procesos que vinculan estímulos y respuestas son exactamente iguales a los procesos monofásicos del aprendizaje animal. Los psicólogos podían hablar ahora de «codifi- cación», «recuperación», «reconocimiento de patrones», «patrones de búsqueda» y otras estructuras y ope- raciones de información con la esperanza de estar construyendo teorías científicas. La psicología del pro- cesamiento de la información hizo frente mejor que ja teoría de Hull a la envidia de los psicólogos a los físicos, ya que los psicólogos del procesamiento de la información podían recurrir ahora a los ordenadores como encamación de sus teorías. Las teorías podían no ser programas informáticos, pero tenían que ser conto los programas informáticos en el sentido de que tenían que entender el pensamiento como el procesamiento for- mal de la información almacenada. De este modo, aunque las teorías del procesamiento de la información. eran independientes de las teorías computacionales de la IA, de alguna manera eran tributarias de ellas, y los psicólogos cognitivos albergaban la esperanza de que, en el futuro, sus teorías terminarían convirtién- dose en programas. Como dijo Ulric Neisser (1984): «Los modelos que se ejecutan en ordenadores de verdad son más con- vincentes que los que sólo existen como bipótesis sobre el papel». Lo estimulante de la LA para los psicó- logos, como escribió George Miller (1983), era que cuando los conductistas decían que hablar de la mente era «pamplinas». los psicólogos cognitivos podían referirse a la LA y decir: «si fuesen pamplinas no se po- drían construir». La profecía de Simon no se había cumplido a corto plazo, pero su sueño seguía vivo. La derrota o marginación del conductismo Durante los años sesenta y principios de los años setenta, la teoría del procesamiento de la información fue sustituyendo gradualmente a la teoría mediacional como lenguaje de la psicología cognitiva. En 1974. el venerable Journal of Experimental Psychology sólo incluía artículos de dos orientaciones teóricas: el pro- cesamiento de la información y el conductismo radical, siendo la primera con mucho la predominante. En 1975, la revista se dividió en cuatro publicaciones diferentes, dos sobre psicología experimental humana, CAPÍTULO 12 La ciencia cognitiva 397 Herbert Simon, uno de los fundadores de la psicología moderna del procesamiento de la información, reveló acertadamente la continuidad del procesamiento de la información con el conductismo, c incluso la afinidad entre ambas tendencias, en Sciences of the Artificial [Las ciencias de lo artificial] (1969, p. 25), don- de escribió: «Un hombre entendido como un sistema de conducta es algo bastante simple, La complejidad aparente de su conducta a lo largo del tiempo es en gran medida reflejo de la complejidad del entorno en que se encuentra». Simon, como Skinner, consideraba a los seres humanos en gran medida como productos del entorno, que les modola aprovechando su simplicidad. En el mismo texto, Simon seguía a Watson al re- chazar la validez de las imágenes mentales, reduciéndolas a listas de hechos y propiedades sensoriales or- ganizadas mediante asociaciones. Simon también afirmaba que las conductas complejas son colecciones o combinaciones de conductas simples, La psicología cognitiva del procesamiento de la información sólo es considerablemente diferente del conductismo radical, porque los psicólogos del procesamiento de la información rechazan el periferia- lismo y creen que entre el estímulo (entrada) y la respuesta (salida) intervienen procesos complejos. Al contrario que Watson y Skinner, están dispuestos a inferir procesos mentales centrales a partir de la con- ducta observable, Sin embargo. aunque el periferialismo lormaba parte del conductismo de Watson y Skinner, ni Hull ni Tolman ni el conductismo informal lo compartían. Los seguidores del procesamien- to de la información no creen que los procesos centrales sean versiones encubiertas de asociaciones E- R, pero su teoría no difiere demasiado de las de Hull o Tolman, salvo en su nivel de complejidad y so- fisticación. La psicología del procesamiento de la información es una forma de comportementalismo. Representa la continuación de la evolución conceptual sufrida por la psicología de la adaptación, porque entiende las procesos cognitivos como funciones conductuales adaptativas y, en cierta medida, es una reafirmación del funcionalismo estadounidense inicial. Los funcionalistas creían que la mente era adaptativa, pero la limita- da metafísica del siglo xIx les obligaba a asumir al mismo tiempo el paralelismo mente-cuerpo y la función adaptativa de la mente, lo que generaba un conflicto que Watson explotó al establecer el conductismo. El análisis cibernético del propósito y su realización mecánica en el ordenador, sin embargo, justificaban la an- tígua actitud funcionalista demostrando que la cognición y el propósito no son necesariamente misteriosos y no requieren ningún dualismo sustancial. Los conductismos de Watson y Skinner eran formulaciones extremas de la psicología de la adaptación, que intentaban esquivar el estudio inaccesible (y por tanto, potencialmente mítico) de la mente humana. La corriente del procesamiento de la información sigue los pasos de William James, Hull y Tolman porque en- tiende que hay procesos subyacentes a la conducta que deben ser investigados y explicados. El conductis- mo fue una de las respuestas de la psicología de la adaptación a la crisis; el procesamiento de la informa- ción fue otra; pero cn ambas vemos una profunda continuidad bajo los cambios superficiales. Quizás para los que participaron en ella la revuelta contra la psicología E-R fue una revolución científica, pero cuando se considera en el marco más amplio de la historia, la revuelta fue más un período de evolución muy rápi- da que un salto revolucionario. Los científicos cognitivos prefieren hablar de revolución porque el término les proporciona un mito del origen, una explicación de sus comienzos que les permite legitimar su práctica científica (Brush, 1974). Kuhn aportó el lenguaje del paradigma y la revolución; Chomsky representó la voz airada que reclamaba un cam- bio; y «el ruido y la furia» de la alienada década de los sesenta fueron el emocionante telón de fondo del cambio desde el conductismo mediacional hacia el procesamiento de la información. Pero no hubo ningu- na revolución: el comportamentalismo prosiguió con un nuevo lenguaje, un nuevo modelo y nuevos intere- ses dirigidos a un fin ya conocido: la descripción, la predicción y el control de la conducta (Leahey, 1981, 1992). Los mitos de las revoluciones, cuando se los examina de cerca, suelen ser engañosamente sencillos. La revolución de las Trece Colonias contra Inglaterra fue, principalmente, una afirmación de las libertades tra- dicionales inglesas, en absoluto una revolución. La Revolución Francesa comenzó en nombre de la razón, supuso un baño de sangre y abrió a Napoleón las puertas de Europa. La Revolución Rusa cambió el despo- tismo oriental por la tiranía totalitaria. La revolución cognitiva no fue más que una jlusión, 398 HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA. LA NATURALEZA DE LA CIENCIA COGNITIVA ta las diferencias de formato, puedo instalar y ejécutar este programa en muchos ordenadores diferentes: Los sujetos de la ciencia cognitiva: los informávoros* A finales de los setenta, los campos de la inteligencia artificial y de la simmilación por ordenador comenza- ron a fundirse dando lugar a un nuevo campo, distinto de la psicología, denominado ciencia cognitiva. Los científicos cognitivos lanzaron su propia revista en 1977, Cognitive Science, y cclebraron su primera teu- nión internacional un año después (Simon, 1980). La ciencia cognitiva se definía a sí misma como la ciencia de lo que George Miller denominaba los ¿in- Jormávoros (Pylyshyn, 1984). La idea era que todos los sistemas de procesamiento de información (los de carne y hueso como los seres humanos, los de silicio y metal como los ordenadores, o los de cualquier otro material que pueda llegar a inventarse o descubrirse) operaban de acuerdo a los mismos principios, y por lo tanto constituían un único campo de estudio, la ciencia cognitiva, que convergía en tomo al paradigma del procesamiento de la información (Simon, 1980). Tal y como la definía Simon (1980), la «estrategia a largo plazo» de la ciencia cognitiva humana te nía dos objetivos, cada uno, a su manera, reduccionista. En primer lugar, se trataba de conectar «el com- portamiento humano complejo» (os antiguos «procesos mentales superiores») con «los procesos básicos de información elemental y su organización». Dicho de otra forma, la ciencia cognitiva, al igual que el con- ductismo, deseaba demostrar que la conducta compleja podía reducirse a combinaciones de conductas más sencillas. En segundo lugar, «no podemos estar satisfechos con nuestras explicaciones del pensamiento hu- mano hasta que no podamos especificar los sustratos neurales de los procesos de información elementales del sistema simbólico humano». En otras palabras, al igual que el conductismo fisiológico de Karl L: hley, la ciencia cognitiva perseguía demostrar que el pensamiento humano se podía reducir a neurofisio- logía. La convergencia de la TA y de la psicología cognitiva en el campo de la ciencia cognitiva, y las gran- diosas pretensiones de los científicos cognitivos, que ya había formulado Simon, uno de primeros psicólo- gos cognitivos, fueron repetidas por la Research Briefing Panel on Cognitive Science and Arificial Intelli- gence Commission (Estes ¿ Newell, 1983), Según esta comisión, la ciencia cognitiva aborda «un gran misterio científico equivalente a los de la evolución del universo, el origen de Ja vida y la naturaleza de las particu- las elementales», y está «haciendo avanzar nuestra comprensión de la naturaleza de la mente y de la natu- ralcza de la inteligencia en una escala que está demostrando ser verdaderamente revolucionaria». Un componente importante del optimismo de los científicos cognitivos, y la base conceptual de la fu- sión de la psicología cognitiva y la TA, fue la metáfora del ordenador (mente-cuerpo/programa-ordenador) conocida como funcionalismo. Porque es el funcionalismo el que hace posible que los científicos cogniti- vos consideren esencialmente semejantes a los seres humanos y a los ordenadores, a pesar de sus diferen- cias materiales. Las mentes de los informávoros: el nuevo funcionalismo La tesis básica del funcionalismo proviene de la programación informática. Supongamos que desarrollo un programa sencilto para llevar la contabilidad de mi cuenta corriente en un lenguaje informático sencillo, como BASIC. El programa especificará una serie de funciones computacionales: actualizar el saldo, restar los che- ques emitidos, sumar los ingresos efectuados y comparar los resultados con los del hanco. Sin tener en cuen- n * Nota de la traductora: Informávoro: neologismo que, por analogía con términos como berbívoro o carnívoro alude al ser humano como procesador y transmisor de información. En el ámbito de la ciencia cognitiva se utiliza este término para hacer referencia a nues- tra capacidad de manipular representaciones del mundo exterior en nuestra mente y tansrritir información al respecto a los demás a través del lenguaje, Se atribuye a George Miller, en la década de los años ochenta, pero su uso se ha extendido gracias a las obras de Daniel Dennet y Steven Pinker. 400 HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA. punto de vista del funcionalismo, tanto Hull como Tolman tenían razón, pero les faltaba el enfoque compu- tacional para unificar sus intuiciones. Hall tenía razón al afirmar que los organismos son máquinas, y Tol- man estaba en lo cierto con su teoría de que los organismos crean representaciones a partir de la experien- cia. Según el funcionalismo, los programas informáticos aplican las reglas mecanicistas de Hull a las representaciones de Tolman, y —si el funcionalismo está en lo cierto— también lo hacen los organismos vivos, LA MADUREZ DE LA CIENCIA COGNITIVA: DEBATES Y DESARROLLO Incertidumbres En los años ochenta, la ciencia cognitiva sufrió una especie de crisis de madurez, Algunos de los psicólo- gos que habían impulsado este movimiento no estaban nada contentos con aquello en lo que se había con- vertido. Había una serie de problemas clave que se resistían a ser resueltos y que se convirtieron en objeto de enconados debates. y además apareció un rival del enfoque tradicional de la cognición que, durante un tiempo, pareció amenazar con acabar con él. Estos problemas no terminaron con la ciencia cognitiva, pero sí la cambiaron. Parte del problema fue que las pretensiones miciales de la TA cran exageradas. En 1956, Herbert Si- mon, que fue uno de los pioneros en este carapo, había profetizado que en 1967 las teorías psicológicas se escribirían como programas informáticos. También auguró que «en diez años, el campeón mundial de aje- drez será un ordenador digital» y que «en diez años, un ordenador digital descubrirá y demostrará un nue- vo teorema matemático», En 1965 predijo que «en veinte años, las máquinas serán capaces de desempeñar cualquier tarea desempeñada por el hombre» (citado por Dreyfus, 1972). En el año 2000 ninguna de las pre- dicciones de Simon se había hecho realidad, aunque en 1996 el programa intormático Deep Blue si había vencido en una partida de exhibición al entonces campeón mundial de ajedrez Gary Kasparov (Hsu, 2002). En 2003 Kasparov se enfrentó a Deep Junior, descendiente de Deep Blue, con el resultado de tablas (Kas- parow, 2003). Había muestras de descontento en el campo de la psicología. En 1981, J. Jenkins, que había vivido la transición del conductismo mediacional al procesamiento de la información, afirmó que «existía un males- tar en la psicología cognitiva, una inquietud por estudiar nimiedades, una falta de orientación». Se hizo es- tas preguntas y se vio obligado a responderlas negativamente: «¿Está avanzando este campo coma se supo- ne que deberían avanzar las ciencias? ¿Está desarrollando y profundizando este campo nuestro conocimiento de los principios, los procesos o los hechos cognitivos que pueden contribuir a solucionar problemas reales y a proporcionar respuestas a las cuestiones verdaderamente relevantes?». Aunque Jenkins no dudaba de que los «seres humanos fuesen máquinas universales» y encontraba «direcciones más adecuadas para la psico- logía cognitiva», pintó una disciplina a la deriva. En ese mismo año, los editores de Cognition, que enton- ces celebraban su décimo aniversario, escribieron que «el progreso de la ciencia cognitiva no es evidente», que desde 1971 no se habían dado «avances significativos» en este campo y que «casi nada ha cambiado en realidad» (Mehler y Franck, 1981). Más descontento todavía con el estado de la psicología cognitiva estaba Ulric Neisser. el hombre que en 1967 había contribuido al establecimiento de la teoría del procesamiento de la información con su libro Psicología cognitiva. En 1976, Neisser escribió un nuevo libro, Cognition and Reality [Cognición y reali- dad], que «destruyó mi prestigio dentro de la corriente principal de la psicología cognitiva» (citado por Go- leman; 1983). En su nuevo libro, Neisser afirmaba que «el desarrollo real de la psicología cognitiva en los últimos años ha sido tristemente limitado», y se preguntaba «si sus orientaciones generales eran verdadera- mente productivas». Asimismo. afirmó haberse «dado cuenta de que la noción de procesamiento de la in- formación merecía un estudio más detallado». Neisser comenzaba así a reivindicar un «giro más “Tealista”» para la psicología cognitiva. CAPÍTULO 12 La ciencia cognitiva 401 Debates Los desafíos de la intencionalidad Como Lachman, Lachman y Butterfieid (1979) habían afirmado, «la psicología del procesamiento de la información se halla fundamentalmente comprometida con el concepto de representación». Brentano ad- mitió que la intencionalidad es el criterio de la mente. Los estados mentales, como las ercencias, tienen siern- pre un objeto: se refieren a algo más allá de ellos mismos, cosa que 10 hacen las neuronas, Las representa- ciones de Tolman tienen intencionalidad: un mapa cognitivo lo es del laberinto, hace referencia al laberinto, es decir, es una representación de éste. Sin embargo, aunque el concepto de representación parece bastante claro, en realidad está plagado de dificultades, como señaló Wittgenstein. Sopongamos que dibujo una figura con palotes: ¿Qué representa mi dibujo? A primera vista podría parecer un hombre que camina apoyándose en un bastón. Pero quizás lo que quiero es representar a un esgrimista descansando, o explicar cómo se debe ca- minar con un bastón, o muchas otras cosas. Otro ejemplo: por mucho que uno se pueda parecer a un retra- to de Enrique VIII, éste siempre será una representación de Enrique VII] y de nadie más. Por supuesto, yo podría utilizar el retrato para representar a otra persona que se parezca a Enrique VIO si me preguntan cómo es esa persona y ella no está presente. De modo que las representaciones no representan en virtud de su apa- riencia, Qué es exactamente lo que hace que una representación lo sea es una cuestión controvertida, pero el funcionalismo tiene una peculiar estrategia para abordar este problema. Toda representación tiens tanto semántica como sintaxis. La semántica de una representación es su significado, y la sintaxis es su forma. Si yo escribo la palabra MESA, su significado (semántica) residirá en su referencia a un tipo de mueble, y su sintaxis es la estructura y el orden real de las letras M, E, S y A. Desde un punto de vista científico y materialista, lo misterioso de las representaciones es su significado, su intencionalidad. Este era el punto de partida del concepto de intencionalidad de Brentano. que mostra- ba que el significado no se podía reducir a procesos físicos. Pero como hemos señalado anteriormente, el objetivo del funcionalismo es desmitificar la intencionalidad, inscribiendo la conducta y los procesos men- tales en el marco de la ciencia mecanicista. Esto sc intenta hacer mediante la reducción de la semántica a la sintaxis. Cuando tecleé MESA hace un momento, ¿acaso entendió el ordenador su significado? No. La máqui- na trató las letras de una forma meramente sintáctica, almacenándolas como conjuntos de unos y ceros en su lenguaje mecánico binario. Sin embargo, sí le puedo pedir a Word que haga cosas. a primera vista inte- ligentes y expresables en lenguaje mentalista, con la palabra MESA. Puedo pedirle, por ejemplo, que en- cuentre todas las veces que aparece la palabra MESA en un archivo determinado, y encontrará todas las ve- ces que aparece tanto MESA como «mesa». Puedo pedirle que sustituya por SILLA todas las apariciones de MESA. Word puede verificar la ortografía de MESA y consultar un diccionario de sinónimos en busca de palabras con significado parecido. Sin embargo, aunque el ordenador puede hacer todas estas cosas con la palabra MESA, no se puede decir que tenga el componente semántico de MESA. Porque en cada uno de estos casos, el ordenador opera según el código binario de unos y ceros con el que codificó MESA y a con- tinuación lleva a cabo la operación especificada en ese registro. El urdenador sólo opera según la sintaxis de una representación, aunque su conducta sea coherente con el conocimiento del significado de la repre- sentación. Aunque por su conducta pueda parecer que el ordenador conoce el significado sernántico de MESA, toda lo que conoce en realidad es la sintaxis de ceros y unos. Otra forma de expresar esta importante aunque difícil cuestión es utilizando la terminología de Da- niel Dennett (1978), uno de Jos creadores del funcionalismo. Cuando jugamos al ajedrez con un ordenador, CAPÍTULO 12 La cioncia cognitiva 403 Sin sus apuntalamientos empíricos, nuestra concepción ancestral del universo interno se tambaleará igual que se tambaleó en el Renacimiento la venerable concepción del universo externo (p. 246). El propio Dennett (1973, 1991) intentó armonizar estas dos opiniones reconociendo que, en última ins- tancia, cn ciencia se debe considerar a las personas como si fuesen máquinas, pera que la «psicología po- pular» de las creencias y los deseos se debería conservar para el uso cotidiano. ¿Es válida la prueba de Turing? Tmagínese que está usted sentado frente a una mesa en una habitación vacía. En la mesa, ante usted, hay un libro y una caja con papel, y frente a la mesa, en la pared, dos ranuras. De la ranura de la izquierda salen hojas de papel con caracteres chinos. Usted no sabe ni una palabra de chino. Cuando usted recibe una hoja de papel, examina la ristra de símbolos que hay en ella y busca de la ristra correspondiente en el libro.” El libro le indica que copie un nuevo conjunto de caracteres chinos en una de las hojas de papel y que in- troduzca la hoja por la ranura derecha. Se puede hacer esto con cualquier ristra de caracteres que salgan por la ranura izquierda. Sin que usted lo sepa. al otro lado de la pared hay unos psicólogos chinos que me- ten por la ranura izquierda historias chinas seguidas de preguntas sobre esas historias y que reciben respuestas por la otra ranura. Desde el punto de vista de los psicólogos, la máquina que se encuentra detrás de la pa- red entiende el chino, porque pueden mantener una conversación con ella y reciben respuestas coherentes alas preguntas que le formulan. Llegan así a la conclusión de que la máquina que hay al otro lado de la pa- red entiende el chino y ha pasado la prueba de Turing. Usted sabe, claro está, que no entiende nada; que lo que está haciendo es, de acuerdo con sus instruc- ciones, copiar una serie de garabatos sin sentido cn respuesta a otra serie de garabatos sin sentido. John Se- arle (1980), que fue quien propuso este experimento imaginario, señala que usted se comporta en la «hahi- tación china» exactamente igual que el ordenador. El ordenador acepta entradas de un código binario (combinaciones de ceros y unos), aplica reglas sintácticas para transformar estas representaciones en otras representac:anes nuevas (nuevas combinaciones de unos y veros) y generan una salida o respuesta. Es úni- za y exclusivamente el usuario el que pone nombre a lo que hace el ordenador: «entender historias», «jugar al ajedrez», «simular una bomba atómica», etc., igual que son los psicólogos chinos los que afirman que la habitación «entiende el chino». El argumento de Searle demuestra que la prueba de Turing no es una medi- da adecuada de la inteligencia porque la habitación china pasa esa prueba sin entender absolutamente nada, y su modus operandi es exactamente igual que el de un ordenador. Searle continúa señalando una importante peculiaridad de la simulación cognitiva, en comparación con otros tipos de simulación. Los meteorólogos construyen simulaciones informáticas de huracanes, los eco- nomistas de la actividad del comercio exterior de un país, y los biólogos de la fotosíntesis. Pero sus orde- nadores no provocan vientos de 150 kilómetros por hora, ni déficits multimillonarios, ni convierten la luz en oxígeno. Sin embargo, los científicos cognitivos afirman que cuando simulan la inteligencia, si es que en realidad lo hacen (es decir, cuando un programa pasa la prueba de Turing), su máquina será verdaderamente inteligente. En otros campos, la simulación y el logro o ejecución real son independientes, y Searle consi- dera que es absurdo pasar por alto esta distinción en la ciencia cognitiva. Searle distingue entre la inteligencia artificial débil y la inteligencia artificial fuerte. La LA débil sería mantener la distinción entre simulación y ejecución, y usar los ordenadores como los demás científicos, como dispositivos de cálculo maravillosamente útiles diseñando dispositivos con las que poner en marcha y com- probar teorías, La 1A fuerte es la afirmación (refutada por el experimento imaginario de la habitación china) de que la simulación de la inteligencia es inteligencia. Searlc cres que la TA fucric nunca puede tener éxito, por la misma razón que un ordenador no puede realizar la fotosíntesis: está hecho con materiales inapropia- dos. Según Searle, la función biológica natural de determinadas estructuras vegetales es fotosintetizar, y la función biológica natural del cerebro es pensar y comprender. Las máquinas no tienen funciones biológicas naturales, por lo que no pueden ni fotosintetizar ni coraprender. Los ordenadores pueden proporcionarnos he- rramientas que nos faciliten la investigación de la fotosíntesis y la comprensión, pero según Searle nunca po- drán hacer ninguna de estas dos cosas. El argumento de Searle recuerda una afirmación parecida de Leibniz: 404 HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA Y suponiendo que existiese una máquina construida de tal modo que pudiese pensar, sentir y percibir, y que fue- se de gran tamaño, de modo que, con las mismas. proporciones, uno pudiese entrar en ella como se entra en un mo- lino; si esto fuese así, al examinar su imterior, sólo encontraríamos componentes que actúan uno sobre otro, nun- ca nada que pos permita explicar la percepción (citado por Gunderson, 1984. p. 629). El artículo de Searle sobre la habitación china ha resultado ser uno de los más polémicos de la historia de la IA y de la ciencia cognitiva, y el debate todavía no se ha cerrado. Este tema sirve de inspiración a unos filósofos y psicólogos y enfurece a otros, provocando polémicas que no Hegan a niuguna parte (véase Sear- le, 1997). El modo con que cada cual aborda la cuestión parece depender, en última instancia, de su intui- ción y sus esperanzas y miedos sobre nuestro futuro informatizado. ¿Es verosímil el formalismo? Según la Briefing Panel on Cognitive Science Commission (Estes £ Newel, 1983), como los ordena- dores desarrollan una «conducta simbólica» (precisamente lo que niega el argumento de Searle), «podemos programarlos pata que desempeñen multitud de funciones, cualquier cosa que se nos ocurra». Tras esta de- claración de la Comisión subyacía el supuesto del formalismo. Los ordenadores pueden hacer cualquier cosa que se pueda escribir como programa informático, y la Comisión, asumiendo la afirmación de Simon de que los ordenadores se pueden programar para hacer «cualquier tarea desempeñada por el hombre», con su «cual- quier cosa que se nos ocurra» estaba afirmando implícitamente que cualquier cosa que hagan las personas es un procedimiento formal. El formalismo en psicología representa el desarrollo último de la mecanización de la imagen del mundo. Al igual que la ciencia física triunfó analizando la naturaleza como una máquina, la ciencia cognitiva espera triunfar analizando a los seres humanos como máquinas (Drevfus, 1972), Sin ern- bargo, la habitación china de Searle cuestionó al formalismo mecanicista al demostrar que el procesamien- to formal de símbolos no produce comprensión del lenguaje. Otra cuestión, ésta más empírica, era el pro- blema del marco, porque ponía en tela de juicio no sólo la capacidad de los ordenadores para imitar la inteligencia humana, sino la posibilidad misma de conseguir en algún momento verdadera inteligencia ar- lificial. _ Daniel Dennett presentó vívidamente el problema del marco con este cuento: Érase una vez un robot al que sus creadores llamaron R.. Su única función era valerse por sí mismo. Un día, sus diseñadores le enseñaron que su batería de repuésto, su preciada fuente de energía, estaba bajo llave en una sala en la que también había una bomba de relojería que haría explosión en breve. R, localizó la sala y la llave corres- pondiente, e ideó un plan para rescatar su batería. En la sala había un vagón, en el que estaba la batería. R, supu- so que una cierta acción Mamada SACAR (VAGÓN, SALA) haría que la batería salicsc de la sala. R, actuó inme- diatamente y efectivamente consiguió sacar la batería de la sala antes de que explotase la bomba. Pero, desgraciadamente, la bomba también se encontraba en el vagón. R, sabía que la bomba estaba en el vagón en la sala, pero no se dio cuenta de que al sacar el vagón de la sala la bomba también saldría. El pobre R, había pasado por allo esta evidente implicación de su plan. Había que hacer un nuevo diseño, Los diseñadores pensaron: «la solución es evidente». «Nuestro siguiente robot estará diseñado para que reconozca no sólo las implicaciones intencionadas de sus actos, sino también las implicaciones de sus efectos colaterales por deducción, las implicaciones de las descripciones utilizadas al formular sus planes». Bautizaron a su siguiente modelo robot como el robot-deductivo, R,D,. Reconstruyerón la situación en la que había sucumbido el primer robot. R, D), también ideó SACAR (VAGÓN, SALA), y tal como io habían diseñado, comenzó a evaluar las implicaciones de tal acción. Acababa de deducir que si sacaba el vagón de la sala no cambiaría el color de las paredes, y estaba probando la implicación adicional de que sacar el vagón haría que sus ruedas girasen a más revoluciones que ruedas tenía el vagón, cuando explotó la bomba. Nuevo diseño. «Debemos enseñar al robot la diferencia entre implicaciones relevantes e implicaciones jrre- levantes», dijeron los diseñadores, «y enseñarle a dejar de lado las irrelevantes». Así que desarrollaron un méto- do de clasificación de implicaciones en relevantes e irrelevantes para el proyecto en cuestión, e instalaron el mé- todo en su siguiente modelo, el rohot-relevante-deductivo, R¿D, para abreviar. Cuando sometieron a R¿D, a la prucha que había condenado « sus antecesores a la destrucción, los diseñadores se sorprendieron al verle sentado, estilo Hamlet, fuera de la sala en la que se encontraba la bomba de relojería, y como diría Shakespeare (y más reciente mente Fodor): «el colorido natural de la resolución quedaba debilitado por la pálida cubertura de la preocupación».