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Este documento aborda la violencia de género desde una perspectiva sociológica, examinando cómo se convierte en un problema para la salud colectiva. Se analiza la desigualdad social, las problemáticas que deterioran la salud pública y las transformaciones positivas en argentina. Se incluyen avances legislativos y el papel del estado en la igualdad de género.
Tipo: Resúmenes
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La violencia de género, estudiándola desde una perspectiva sociológica, encontramos que se vuelve un problema para la salud colectiva porque es resultado de un sistema que ha excluido a las mujeres durante décadas, que las somete a un rol sin posibilidad de liberarse, que las revictimiza al “asistirlas” sin empatía, manifiesta la desigualdad social, visibiliza problemáticas que deterioran la salud pública: Drogadicción, pobreza, imposibilidad de acceso a la atención, condiciones de viviendas indignas, insuficientes oportunidades y garantías laborales para nuestro género, nulo conocimiento por parte de los agentes del servicio en materia de derechos, y todas estas circunstancias desencadenan enfermedades que se podrían prevenir. Por ejemplo: la educación de la madre es un indicador secundario de situación socioeconómica (actual o acumulada), por lo tanto está asociada a mejores índices de morbimortalidad infantil, una chica sin oportunidad de estudiar y que quede embarazada no podría cuidar de la mejor forma de si misma ni de su bebe. Hoy en día, como mujeres no somos conscientes de que enfermedad morimos mas que los hombres, porque históricamente nos han enseñado a cuidar de la salud de los demás antes de la nuestra, por esto es importante comprender esa desigualdad en la que coexistimos, esa asimetría entre hombres y mujeres de nuestro histórico sistema patriarcal. La masculinidad hegemónica que se construye en el patriarcado empieza a constituir un riesgo desde la adolescencia para mujeres y niños, la violencia de género, noviazgos violentos, abuso sexual infantil y demás situaciones que se podrían prevenir y tratar si realmente se contemplara una salud pública con un enfoque de género. Todo esto desde una perspectiva estructuralista sociológica de entender esta problemática y tratar de cambiar esta realidad. En Argentina, desde el inicio del movimiento Ni una menos, hemos tenido grandes avances en este aspecto: Ley N° 26.485 y sus modificatorias de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los Ámbitos en que Desarrollen sus Relaciones Interpersonales, se garantiza la igualdad y el derecho a vivir una vida sin violencia.
Que, entre los avances legislativos más recientes en aras a alcanzar la igualdad de género, se encuentra la sanción de la Ley MICAELA DE CAPACITACIÓN OBLIGATORIA EN GÉNERO PARA TODAS LAS PERSONAS QUE INTEGRAN LOS TRES PODERES DEL ESTADO N° 27.499. Es indudable que en la REPÚBLICA ARGENTINA se produjeron transformaciones positivas para las mujeres y las personas LGBTI+, entre las cuales se encuentra la creación del MINISTERIO DE LAS MUJERES, GÉNEROS Y DIVERSIDAD, mediante el dictado del Decreto N° 7/ modificatorio de la Ley de Ministerios, lo que responde a un profundo compromiso con la construcción de una sociedad más igualitaria que promueva la autonomía integral de todas las personas, sin establecer jerarquías entre las diversas orientaciones sexuales, identidades o expresiones de género. La violencia de genero es un problema social, que debería ser estudiado, diagnosticado y solucionado por la sociología junto a las demás ciencias actuales. Con todo esto acerca de la violencia de genero, nos damos cuenta que, históricamente, la mayoría de los hombres han usufructuado posiciones de privilegio en esta sociedad. Las mujeres tenemos una subrepresentación evidente en la administración en el ámbito publico y privado. La diferencia entre lo que ganan las mujeres y varones es del 27 % y en la economía informal llega al 40 %. El 48% de quienes egresan de la escuela de economía de la UBA son mujeres y nunca he visto una ministra o directora del banco central. Subrepresentacion en ámbitos de poder. Tenemos menos acceso a bienes y servicios públicos (vivienda, créditos). Necesitamos cuidados especiales en el parto que a veces no son satisfechos por el estado. Cargamos con la responsabilidad doméstica. Sufrimos situaciones de violencia sexual como no sufren los varones, los victimarios siempre son estos últimos, producto de esta sociedad patriarcal en la que nacemos y luego nos matan. Las políticas publicas del estado son ineludibles, más allá de las normas, necesitamos presupuesto económico.
que está vigente pone en riesgo es justamente la vida y la integridad física y emocional de las niñas, las mujeres y las adolescentes. No podemos dejar de lado la razón y escondernos en prejuicios, inconsistencias lógicas y dogmas religiosos para seguir condenando a miles de niñas, adolescentes y mujeres cada año a llevar adelante embarazos incompatibles con sus planes de vida, a atravesar la clandestinidad y el estigma de la persecución penal, a sufrir daños físicos irreparables, o a la muerte.