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XII-paradigma recepcion, Apuntes de Comunicación Audiovisual

Asignatura: Teorias de la comunicacion, Profesor: Julián Pindado, Carrera: C. Audiovisual, Universidad: UMA

Tipo: Apuntes

Antes del 2010

Subido el 24/05/2008

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El paradigma de la recepción
1. ANTECEDENTES Y CONTEXTO
1.1. De los efectos a los usos y gratificaciones
Es corriente dividir los estudios sobre la audiencia de los media en tres grandes corrientes o
tradiciones investigadoras: efectos, usos y gratificaciones y recepción. Las tres suministran buena
parte de los problemas y temas relacionados con los públicos. Mientras que las dos primeras surgen
casi simultáneamente, alrededor de los años 40, la última es bastante reciente, comenzando su
desarrollo a comienzos de la década de los 80.
TRADICIÓN DE LOS EFECTOS. La irrupción de los media generó todo tipo de pánico e inquietud en
diversos sectores sociales, lo que propició investigaciones diversas sobre sus posibles efectos. Su
evolución ha pasado por diversas fases o ciclos (Wolf, 1992) que han ido desde los considerados
efectos fuertes, ilimitados, directos y a corto plazo, coincidente con su primera etapa (llamada de "la
bala mágica" o de "la jeringuilla hipodérmica") a otros más atenuados, indirectos y a más largo plazo,
de etapas posteriores. En su fase de efectos fuertes se apoyó en la teoría conductista y en ella se
realizaron diversos experimentos que pretendían probar una cierta relación causal entre los media y
algunos comportamientos sociales, sobre todo en temas como la violencia. Paulatinamente se fue
pasando a una fase de efectos más débiles en las que sustituyeron los experimentos por encuestas
(survey) y otros análisis estadísticos que buscaban establecer correlaciones entre la visión de
determinados contenidos y las opiniones y actitudes sociales de diversos grupos de espectadores.
En esta etapa se incorporan teorías más abiertas como la Psicología Cognitiva o la Psicología Social.
Algunas teorías recientes como la Agenda Setting, la espiral de silencio o la teoría del cultivo
representan análisis más finos y elaborados en la tradición de los efectos, al incluir más variables o
factores, sobre todo de tipo social.
USOS Y GRATIFICACIONES. Lo más destacado de ella es la inversión en el planteamiento sobre
los posibles efectos. No se estudia al público de manera subsidiaria, dependiente y pasivo, dispuesto
a recibir todo tipo de mensajes y dejarse manipular, sino que lo considera como un agente activo y
capaz de responder a los media y hacerlo de manera selectiva. Si los efectos se preguntaban por el
impacto de los media sobre los individuos, los usos y gratificaciones lo harán por lo que los
individuos hacen con los media. Del qué hacen los media con la gente se pasa al qué hace la gente
con los media. Estamos pues en el polo opuesto: la imagen del espectador pasivo y narcotizado de
los efectos deja paso a la del receptor activo y concienciado, quien, además, utiliza los media para
satisfacer ciertas necesidades. De este modo nos encontramos ante una inversión en lo que respecta
a la relación entre media y los receptores, en favor de éstos últimos. El poder que los efectos
otorgaban a los media queda diluido.
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El paradigma de la recepción

1. ANTECEDENTES Y CONTEXTO

1.1. De los efectos a los usos y gratificaciones

Es corriente dividir los estudios sobre la audiencia de los media en tres grandes corrientes o tradiciones investigadoras: efectos, usos y gratificaciones y recepción. Las tres suministran buena parte de los problemas y temas relacionados con los públicos. Mientras que las dos primeras surgen casi simultáneamente, alrededor de los años 40, la última es bastante reciente, comenzando su desarrollo a comienzos de la década de los 80.

TRADICIÓN DE LOS EFECTOS. La irrupción de los media generó todo tipo de pánico e inquietud en diversos sectores sociales, lo que propició investigaciones diversas sobre sus posibles efectos. Su evolución ha pasado por diversas fases o ciclos (Wolf, 1992) que han ido desde los considerados efectos fuertes, ilimitados, directos y a corto plazo, coincidente con su primera etapa (llamada de "la bala mágica" o de "la jeringuilla hipodérmica") a otros más atenuados, indirectos y a más largo plazo, de etapas posteriores. En su fase de efectos fuertes se apoyó en la teoría conductista y en ella se realizaron diversos experimentos que pretendían probar una cierta relación causal entre los media y algunos comportamientos sociales, sobre todo en temas como la violencia. Paulatinamente se fue pasando a una fase de efectos más débiles en las que sustituyeron los experimentos por encuestas ( survey ) y otros análisis estadísticos que buscaban establecer correlaciones entre la visión de determinados contenidos y las opiniones y actitudes sociales de diversos grupos de espectadores. En esta etapa se incorporan teorías más abiertas como la Psicología Cognitiva o la Psicología Social. Algunas teorías recientes como la Agenda Setting, la espiral de silencio o la teoría del cultivo representan análisis más finos y elaborados en la tradición de los efectos, al incluir más variables o factores, sobre todo de tipo social.

USOS Y GRATIFICACIONES. Lo más destacado de ella es la inversión en el planteamiento sobre los posibles efectos. No se estudia al público de manera subsidiaria, dependiente y pasivo, dispuesto a recibir todo tipo de mensajes y dejarse manipular, sino que lo considera como un agente activo y capaz de responder a los media y hacerlo de manera selectiva. Si los efectos se preguntaban por el impacto de los media sobre los individuos, los usos y gratificaciones lo harán por lo que los individuos hacen con los media. Del qué hacen los media con la gente se pasa al qué hace la gente con los media. Estamos pues en el polo opuesto: la imagen del espectador pasivo y narcotizado de los efectos deja paso a la del receptor activo y concienciado, quien, además, utiliza los media para satisfacer ciertas necesidades. De este modo nos encontramos ante una inversión en lo que respecta a la relación entre media y los receptores, en favor de éstos últimos. El poder que los efectos otorgaban a los media queda diluido.

Ambos paradigmas investigadores plantean grandes interrogantes en torno a buena parte de sus conclusiones. Basta seguir la evolución interior, sobre todo en los efectos, y las críticas de investigadores ligados a ellas para que no desaparezca la sospecha. Cuando Klapper en 1960 llega a la conclusión de que "la comunicación de masas no basta normalmente como causa necesaria y suficiente de los efectos sobre la audiencia, sino que más bien actúa a través de un nexo de factores intermedios" está significando que, si hay efectos, estos operan dentro de una estructura de relaciones sociales y contextos socioculturales determinados. Más recientemente Wartella y Reeves (1985) sostienen, tras una revisión de las más importantes investigaciones del tema, que las conclusiones de los estudiosos van contra la convicción de un masivo poder manipulador de los media. A semejante conclusión llegó entre nosotros Martin Serrano (1990) tras examinar las investigaciones acerca de los efectos sobre los niños. De alguna manera el panorama de la comunicación en sus inicios presenta las características propias de un campo emergente, que se está constituyendo. No es de extrañar que muchas investigaciones tuvieran su origen en otras disciplinas importadas, especialmente la Psicología, lo que quizá facilitó conclusiones un tanto apresuradas. De este modo, frente a la cautela de estudiosos pertenecientes al propio ámbito de la comunicación, como Himmelweitt o Schramm, pioneros del mismo, sobre los efectos, se alzan otros trabajos que conciben la misma en términos, como diría Wolf (1992), casi patológicos. Basta recordar que los durante bastante tiempo fueron los departamentos de salud mental de Estados Unidos los que más invirtieron en investigaciones sobre los efectos posibles de los medios. Como bien dice Hartley, desde el paradigma de la recepción, los estudios de la efectos han producido una verdadera riada de metáforas de lo pernicioso, auténticas figuras memorables de la segunda mitad del siglo XX (Dayan, 1997). Son los fantasmas y mitologías del público niño : las mitologías guerreras de la bala mágica y la jeringa hipodérmica dieron paso a otras relativas al embotamiento y adormecimiento domésticos, como el niño zombi, el ama de casa enferma de teledosmeticidad o el adolescente al que una sobredosis de violencia de ficción transforma en asesino. Figuras de guerra y envenenamiento. Al final parece que la única conclusión a la que han llegado los estudios de los efectos es a una afirmación tan ambigua como esta: "Cierto tipo de comunicación sobre ciertos temas vistos por ciertas personas en ciertas circunstancias tiene ciertos efectos". Son las conclusiones de un grupo de expertos sobre la violencia en los media de los años 50.

Por lo que respecta a los usos y gratificaciones los estudios de la recepción consideran que es demasiado psicologista al atribuir a un concepto tan ambiguo como el de necesidades una capacidad tan importante sobre las decisiones de los receptores. No aparecen referencias que, tanto para los integrantes de los estudios culturales como para los analistas de la recepción, son fundamentales, entre ellos los factores de contexto, tanto social como cultural. Sin embargo sí que reconocen el la importancia del sujeto como receptor activo en la descodificación. Sin embargo, los ataques más importantes de la tradición descodificadora o receptora se dirigen a los efectos.

1.2. La 1ª etapa de los Estudios Culturales

legitimidad y valores sociales extendidos. Representa la descodificación del orden, de lo instituido, de lo políticamente correcto. Frente a esta lectura se alza otra que representa una visión del mundo antagónica, opuesta a la representada mayoritariamente y divulgada por el emisor como instrumento de los valores mayoritarios. Es una descodificación desde la oposición a esos valores (cuando se traduce el interés nacional por el de clase, es un ejemplo). El código negociado contiene elementos de adaptación y oposición, representa una lectura mediada que recoge ambos planteamientos e intenta una simbiosis de ellos.

Con el trabajo de Morley y Brundston de 1978 Everyday Televisión , Nationwide se produce una vuelta de tuerca en los media studies dentro de los Estudios Culturales. Se analizan una variedad de programas dirigidos a las clases populares bajo las variables del sexo y la clase social. Se inicia así una reflexión sobre los géneros populares (sitcoms, deportes, culebrones, etc). Se explora en esta obra el modo en que los programas de entretenimiento popular representan la vida diaria, sus contradicciones, la construcción de una cultura popular y un sentido de la vida sobre la base de las representaciones de género, clase social y de grupos étnicos.

Pero la fase siguiente de los Estudios Culturales supone un paso del texto al receptor. Se produce un desplazamiento de los contenidos a las audiencias. Es a partir de entonces que puede considerarse el inicio del paradigma de la recepción propiamente dicho convergiendo con trabajos sobre la recepción de los medios efectuados en otros países de Europa.

2. EL PARADIGMA DE LA RECEPCIÓN: CARACTERÍSTICAS

2.1. Conceptos fundamentales

También es conocido como paradigma interpretativo. Las insuficiencias de los efectos y los usos y gratificaciones hizo posible que en los albores de los años 80 comenzara su desarrollo esta nueva tradición cuyo volumen de investigaciones la convertido en un nuevo paradigma en el estudio de los medios. Esta nueva perspectiva se apoya en dos grandes pilares: los Estudios Culturales ( cultural studies ), de origen británico, y los Estudios de la Recepción que se hacían al algunos países de norte de Europa. Entre ambos, como recuerda Abercrombie (1996) hay vasos comunicantes, ya que investigadores pertenecientes a una perspectiva teórica son asumibles por la otra (por ejemplo, Ian Ang o David Morley). Fue Morley quien recordó que ya es hora de que se tenga en cuenta el momento del consumo, y no sólo el de la producción en las investigaciones sobre la comunicación de masas. En definitiva, que el receptor sea tenido en cuenta.

Hay un conjunto de fundamentos teóricos de raíz humanista que se hayan en la base de este paradigma, como el interaccionismo simbólico, la fenomenología, la antropología, la sociología cualitativa, la psicología social, la hermenéutica, la teoría de la comunicación de Habermas o la

sociología de Bourdieu. Perspectivas que sirven de marco teórico a este paradigma. Intenta integrar en su seno, además, la herencia de la ciencias sociales de carácter empírico-cualitativa.

Los conceptos base de esta tradición son investigadora son los de significado, receptor (o lector), texto (o programa), contexto de recepción, interacción social y metodología cualitativa.

SIGNIFICADO. En las ciencias sociales hay una distinción clásica entre hecho social, de Durkheim, y acción social, de Weber. Para el primero la Sociología debe ser una ciencia neutral, objetiva, científica, de resultados generalizables y, por tanto, cuantitativa; para Weber, en cambio, debe ser una ciencia interpretativa, donde el significado, el contexto y lo singular, serán los rasgos más destacables. Es más una ciencia cualitativa que cuantitativa, y explicar supone comprender e interpretar.

Idénticas diferencias se desarrollaron en el campo de la psicología entre las corrientes behavioristas, como el conductismo, donde lo psíquico es concebido en términos de comportamiento objetivo y medible, es decir reducible a datos físicos cuantitativos (la conducta) y otras corrientes más humanistas, entre ellas el psicoanálisis, donde el individuo no se puede reducir a un simple dato objetivo y cuantificable sino que es concebido como un ser más complejo, dotado de subjetividad e intencionalidad.

Habermas (1994) distingue entre comportamiento y acción. El comportamiento es observable y descriptible, pero la acción es comprensible. Observamos cómo una mosca se golpea contra el cristal, pero interpretamos la salida de un trabajador en base a normas sociales y de contexto. Las acciones se pueden observar: pero sólo son interpretables a la luz del contexto social. Si observamos que un trabajador vuelve a casa podemos interpretar que lo hace porque quiere, porque ha terminado su trabajo o porque tiene que cosas que hacer en su casa. Pero necesitamos conocer el contexto social cuyas normas permiten explicarlo. Las acciones no son susceptibles de medición física.

Anderson (1987) de la mano de Habermas distingue entre hechos físicos y hechos sociales, donde los primeros serían observables y los segundos interpretables. De alguna manera se podría decir que coinciden con los conceptos de comportamiento y acción del filósofo alemán. Epistemológicamente el comportamiento está del lado de los hechos físicos; mientras que la acción lo está de los hechos sociales. Por ejemplo, si alguien apunta con su arma no sólo describimos el hecho sino que lo interpretamos: se va a defender de fulano que va a aparecer por la puerta. Esto es necesario para que adquiera sentido para nosotros. Cuando alguien dice adiós con la mano no nos limitamos a describir mecánicamente con la mano ese acto, sino que lo interpretamos. No decimos: un hombre mueve la mano en un arco de unos 45 grados aproximadamente de tal modo y en tal dirección, etc. De igual manera que no podemos decir que escribir sea un acto mecánico de marcar letras, sino que pretendemos decir algo y debemos ser capaces de utilizarlo para expresarnos (es posible conocer un alfabeto y escribirlo sin saber lo que pone).

Si sumamos el yo personal (a) y el yo social (b) tendremos el yo biográfico que estructurará y dará forma a los mensajes o textos mediáticos. En la interacción descodificadora, el contenido de los media es la materia y ese yo biográfico (psico-social) es la forma.

Hay múltiples ejemplos de interpretación según variables diversas. Así, Fiske (1987) ha mostrado cómo los aborígenes australianos leen Rambo como si se tratara de un luchador rebelde. Katz y Liebes (1990) han mostrado múltiples lecturas de Dallas atendiendo a factores culturales diversos. No hay homogeneidad interpretativa, no mucho menos. Morley (1980) fue el primero en proporcionarnos lecturas diferentes, según categorías socioculturales de espectadores, en la visión del noticiario de la BBC Nationwide. Y así muchos más: la lista es extensa: estudios de género (Hobson, 1982; Modleski, 1984; Seiter, 1989; Radway, 1984; Ang, 1985; Livingstone, 1990; Press, 1989); de jóvenes (Hebdige, 1979; Fiske, 1989; Jenkins, 1992; Willis, 1977, 1990; Lewis, 1990; Gillispie, 1995; Milkie, 1995, Pasquier, 1995); y autoras feministas que se adentraron en la intersección entre feminismo y adolescencia (Hobson, 1980; McRobbie, 1980; Lewis, 1990; Brown 1994).

Incluso, como mostró Lindolf (1987) los individuos pueden llegar a constituir comunidades interpretativas al compartir intereses y gustos de visión.

Morley (1986), uno de los más destacados miembros de los Estudios Culturales, habla de una relación texto-contexto que él encuentra necesaria e indivisible. Con una visión integradora de ambos momentos. Hay una relación entre ellos que lo evidencia: la audiencia lee/descodífica el texto en base al contexto sociocultural que la enmarca y envuelve_._ Factores como clase, cultura, etnia, sexo o edad se hallan presentes en la descodificación de los contenidos, y por tanto en la configuración del significado. Un significado que el sujeto receptor negocia con el objeto emisor y sobre el que puede efectuar, incluso, lecturas diferentes a la preferida e inserta en el texto. Lecturas alternativas o criticas a los contenidos del emisor. Esta es una capacidad que por vez primera se reconoce a la audiencia, la cual es concebida como activa. El receptor es algo más que un número en la estadística de medición: es también un sujeto que actúa como receptor activo. Esto le conduce a Morley (siguiendo a Hall) a distinguir entre lecturas dominante, negociada y opuesta, en base a la descodificación e interpretación que el espectador hace de los distintos programas. La recepción de la TV se inserta en la compleja red de relaciones de poder que es el ámbito doméstico, donde a nivel micro se reproducen las relaciones de fuerzas que dominan el nivel macrosocial, nos sigue diciendo Morley. Lo contextual incide decisivamente en lo textual. El núcleo familiar es sólo un microcosmos reproductor de las relaciones macrocósmicas existentes. El sujeto-receptor está social y culturalmente situado, condicionado por los factores macro. Se puede decir sin ambages que la significación no es producto del sujeto. Al menos no de un sujeto aislado o imaginado. Los sujetos no viven en el aire. Ese individuo "in abstractum" es una entelequia inexistente.

TEXTO. Los contenidos de los medias, se les llame programas o textos, son concebidos como polisémicos, es decir abiertos a diversas interpretaciones. Esto explica que se puedan leer de manera diferente por receptores diferentes. Ya U. Eco distinguía entre lector ideal (lector in fábula ), que haría la interpretación más o menos correcta o esperada del texto, y lector empírico , aquel que realiza una libre interpretación del texto, proporcionando interpretaciones alternativas. Fiske (1987) y De Certeau (1984) consideran la polisemia una cualidad intrínseca a los textos mediáticos. Sólo de este modo se hubieran podido dar las interpretaciones de Nationwide o de Dallas tan diferentes que se dieron. Algunos autores han llegado a definir a los receptores como cazadores de textos mediáticos, por releerlos y recrearlos para sus fines (Jenkins, 1982).

CONTEXTO. En la interpretación se han mencionado los factores debidos al receptor (V. Morley más arriba) y al texto, pero hay otros fundamentales debidos al contexto de la recepción. La construcción del significado, la interpretación de los mensajes, se efectúa mediante la interacción del lector con el texto. Pero el lector, además, se enfrenta a los contenidos mediáticos en medio de diversas situaciones o mediaciones que condicionan y circunscriben los mensajes. Por ejemplo, la mediación que recibe un niño de sus padres a la hora de interpretar lo que ve. A lo que se añade que la recepción está sometida a ciertas reglas y rutinas domésticas, como han visto autores como Lull. Pues toda recepción se da en un contexto dado y en unas condiciones determinadas: en la casa, la escuela o un sitio público, con unas reglas o rutinas de visión, con un control sobre lo que se ve, seleccionando o no, prestando más o menos atención, etc. Lull habla de múltiples tácticas y reglas que regulan la visión en el ámbito familiar. Estrategias que ponen en prácticas las familias en el desempeño de la función receptora. Lo interesante es que Lull distingue entre lo que él llama usos estructurales y usos relacionales de la TV. Los usos estructurales se refieren al modo en que aquella interviene en la dinámica familiar, por lo que incluirá aspectos como la utilización de la TV para diversas finalidades (ruido de fondo, compañía, fuente de diversión, etc), así como su capacidad para regular la dinámica familiar en función de sus citas con ella. Por lo que respecta a los usos relacionases se incluyen una diversidad de cuestiones, como su papel en la facilitación de la comunicación (donde personajes, temas y contenidos en general suministran material para las conversaciones y las interacciones) o la utilización como medio para el aprendizaje social (complemento escolar, información, etc) o el reforzamiento de roles.

Como bien afirma Silvertone (1996) la TV ha modificado los hábitos domésticos y la organización del tiempo y el espacio familiar. Tanto este investigador como Morley y Lull establecieron que la familia es fundamental porque ella constituye el topos , el lugar en el que se ejerce la "tele-visión". Su contexto. Los relaciones que los hijos establecen con ella se ve mediada por la que existente entre padres e hijos, pero también entre padres y televisión puesto que en definitiva es en el hábito doméstico donde se enmarca la recepción. Unos hábitos que son dependientes del modelo familiar que aparece como verdadero telón de fondo, como auténtico marco estructurador de las complejas relaciones entre la familia y la pantalla.

Boullier, Proulx) no consideran necesario la observación in situ del momento receptivo al entender que tan importante como la filiación o pertenencia a una familia lo es a otras categorías sociales y culturales. Además, la televisión es parte de la vida cotidiana y su vinculación con ella no termina al apagar el aparato, sino que, como afirma Boullier, sólo acaba de comenzar.

2.2. Postulados teóricos de la Estudios Culturales

a. La sociedad está dividida en grupos sociales dominantes y dominados: tema del poder social

(con el marxismo como trasfondo teórico).

b. Los grupos dominantes afirman su poder tanto en las formas económicas como políticas y

culturales.

c. Los significados se vinculan a la estructura social y, en consecuencia, a las relaciones de

poder, donde deben ser interpretados.

d. Los medios de comunicación aparecen como importantes productores y distribuidores de

objetos culturales, y, por tanto, de significados.

e. Aún reconociendo el poder de la producción de objetos culturales afirman que existe una

cierta autonomía personal en la creación de significados culturales por los usuarios de los media.

f. Esta autonomía relativa en la creación de significados puede servir de base a una política

opositora.

La finalidad de la corriente Estudios Culturales es el análisis de los objetos culturales y su significado social. Es una corriente interdisciplinar que abarca todo el ámbito de la cultura al que pertenecen los media, los cuales son grandes creadores de objetos y significados. Su papel en nuestro contexto histórico es incuestionable. De ahí que dentro de esta corriente una parte importante de ella se haya dedicado en las dos últimas décadas al estudio de su influencia y repercusión.

2.3. Categorías fundamentales de análisis de los Estudios Culturales

S. Hall (1980) en una obra sobre codificación y descodificación de textos mediáticos señala las bases teóricas del inicio de las investigaciones sobre medias de los Estudios Culturales. Busca dar cuenta del proceso productivo/codificador) e interpretativo/descodificador. En ella se señala que el significado aparece como un proceso dialéctico entre texto y lector_._ La producción codifica un texto siguiendo rutinas profesionales que es recibido por los lectores que lo interpretan produciendo significado. Es decir, el texto queda convertido en un producto simbólico con el que la audiencia ejerce una labor interpretativa. Pero los códigos interpretativos pueden no ser simétricos. Dicha asimetría descansa en:

a. la polisemia del texto: su carácter abierto y multiinterpretable, y en

b. la naturaleza interrogativa y expansiva de las prácticas de lectura.

Esto último alude al momento de la recepción con sus condiciones, lo que constituye el marco interpretativo del texto: factores tanto personales como socioculturales (factores sociales, culturales, ideológicos, éticos, etc.). Tales factores propician la existencia de diversas comunidades interpretativas sobre la base de lecturas o interpretaciones divergentes. Como recordaba S. Hall, ese juego interpretativo que realiza el receptor se mueve entre las conocidas tres posiciones lectoras: dominante (la más simétrica o aceptadora del código textual), negociada (intermedia, de encuentros y desencuentros con el texto, cercanía o alejamiento) y opositora (punto de mayor asimetría, rechazo del texto)

Un aspecto fundamental de los C.S. es la revalorización de la cultura popular, como opuesta a la llamada alta cultura, la del sistema escolar y la cultura clásica, considerada de naturaleza libresca y elitista. Se interesan por los cómics, las soaps opera , la novela folletinesca, la prensa popular, etc. Y se pregunta por el placer que siente los usuarios_._ Aunque hay estudios sobre las noticias (Morley, Hartley, Lewis), género más serio, los miembros de la corriente pronto se inclinaron por analizar los géneros populares, sobre todo los televisivos. En este campo la aportación de los estudios feministas (Hobson, Modleski, Seiter, Radway, Ang, Livingstone, Brown, Press) y de los jóvenes (Hebdige, Fiske, Jenkins, Willis, Lewis, Gillispie, Baazer) son fundamentales.

En resumen son categorías fundamentales de los Estudios Culturales:

1. Lo cotidiano: actividad diaria en la que se inserta y consumo de productos culturales

2. Los objetos culturales: productos de la actividad social y de los media

3. El significado: el sentido o interpretación que dan los usuarios a los objetos culturales

4. La polisemia del texto y su carácter abierto.

5. El lector o receptor como social y culturalmente situado y productor de significado en sus

prácticas sociales cotidianas, incluidas las lecturas asimétricas de los media.

6. El contexto o marco interpretativo en el que se inserta la lectura y uso de los textos

7. Comunidades interpretativas: resultado de la divergencias lectoras y de gusto de los

receptores que configuran grupos vinculados por esos gustos

8. Uso social o interacción: momento de uso productivo de productos mediáticos y de utilización

creativa por amplios sectores del público, en sus interacciones sociales.

9. Cultura popular: formas culturales no elitistas o de la educación clásica, objeto de estudio por

su consumo popular por parte de amplios públicos.

10. Etnografía: modelo de investigación muy utilizado por los culturalistas, equivalente a la

observación participante pero incluyendo otras técnicas de recogida de datos.