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Actividades para argumentar, Guías, Proyectos, Investigaciones de Lengua y Literatura

Fragmento de El Banquete del libro de Santillana, con actividades de resolver del texto.

Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones

2022/2023

Subido el 24/02/2024

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Actividades para argumentar
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Grado: Fecha:
1. Lee el siguiente fragmento de El Banquete, de Platón.
–Efectivamente, Erixímaco – dijo Aristófanes– , tengo la intención de hablar de manera muy distinta a como
tú y Pausanias habéis hablado. Pues, a mi parecer, los hombres no se han percatado en absoluto del poder
de Eros. Pero, primero, es preciso que conozcáis la naturaleza humana y las modificaciones que ha sufrido, ya
que nuestra antigua naturaleza no era la misma de ahora, sino diferente. En primer lugar, tres eran los sexos de
las personas, no dos, como ahora, masculino y femenino, sino que había, además, un tercero que participaba
de estos dos, cuyo nombre sobrevive todavía, aunque él mismo ha desaparecido. El andrógino, en efecto, era
entonces una cosa sola en cuanto a forma y nombre, que participaba de uno y de otro, de lo masculino y de lo
femenino, pero que ahora no es sino un nombre que yace en la ignominia. En segundo lugar, la forma de cada
persona era redonda en su totalidad, con la espalda a los costados en forma de círculo. Tenía cuatro manos,
mismo número de pies que de manos y dos rostros perfectamente iguales sobre un cuello circular. Y sobre
estos dos rostros, situados en direcciones opuestas, una sola cabeza , y además cuatro orejas, dos órganos
sexuales, y todo lo demás como uno puede imaginarse a tenor de lo dicho.
Eran tres los sexos y de estas características, porque lo masculino era originariamente descendiente del sol, lo
femenino, de la tierra y lo que participaba de ambos, de la luna, pues también la luna participa de uno y de
otro. Eran también extraordinarios en fuerza y vigor y tenían un inmenso orgullo, hasta el punto de que cons-
piraron contra los dioses. Y lo que dice Homero de Esfialtes y de Oto se dice también de ellos: que intentaron
subir hasta el cielo para atacar a los dioses. Entonces, Zeus y los demás dioses deliberaron sobre qué debían
hacer con ellos y no encontraban solución. Porque, ni podían matarlos y exterminar su linaje, fulminándolos
con el rayo como a los gigantes, pues entonces se les habrían esfumado también los honores y sacrificios que
recibían de parte de los hombres, ni podían permitirles tampoco seguir siendo insolentes. Tras pensarlo dete-
nidamente dijo, al fin , Zeus: «Me parece que tengo el medio de cómo podrían seguir existiendo los hombres
y, a la vez, cesar su desenfreno haciéndolos más débiles. Ahora mismo, dijo, los cortaré en dos mitades a cada
uno y de esta forma serán a la vez más débiles y más útiles para nosotros por ser más numerosos. Andarán
rectos sobre dos piernas y si nos parece que todavía perduran en su insolencia y no quieren permanecer
tranquilos, de nuevo, dijo, los cortaré en dos mitades, de modo que caminarán dando saltos sobre una sola
pierna». […]
Desde hace tanto tiempo, pues, es el amor de los unos a los otros innato en los hombres y restaurador de la
antigua naturaleza, que intenta hacer uno solo de dos y sanar la naturaleza humana. Por tanto, cada uno de
nosotros es un símbolo de hombre, al haber quedado seccionado en dos de uno solo. Por esta razón, precisa-
mente, cada uno está buscando siempre su propio símbolo. En consecuencia, cuantos hombres son sección
de aquel ser de sexo común que entonces se llamaba andrógino son aficionados a las mujeres, y pertenece
también a este género la mayoría de los adúlteros; y proceden también de él cuantas mujeres, a su vez, son
aficionadas a los hombres y adúlteras. Pero cuantas mujeres son sección de mujer, no prestan mucha atención
a los hombres, sino que están más inclinadas a las mujeres, y de este género proceden también las lesbianas.
Cuantos, por el contrario, son sección de varón, persiguen a los varones y mientras son jóvenes, al ser rodajas
de varón, aman a los hombres y se alegran de acostarse y abrazarse; estos son los mejores de entre los jóvenes
y adolescentes, ya que son los más viriles por naturaleza.
Adaptado de: Platón, El banquete, Madrid, Editorial Gredos, 1988.
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Actividades para argumentar

Nombre:

Grado: Fecha:

1. Lee el siguiente fragmento de El Banquete, de Platón.

–Efectivamente, Erixímaco – dijo Aristófanes– , tengo la intención de hablar de manera muy distinta a como tú y Pausanias habéis hablado. Pues, a mi parecer, los hombres no se han percatado en absoluto del poder de Eros. Pero, primero, es preciso que conozcáis la naturaleza humana y las modificaciones que ha sufrido, ya que nuestra antigua naturaleza no era la misma de ahora, sino diferente. En primer lugar, tres eran los sexos de las personas, no dos, como ahora, masculino y femenino, sino que había, además, un tercero que participaba de estos dos, cuyo nombre sobrevive todavía, aunque él mismo ha desaparecido. El andrógino, en efecto, era entonces una cosa sola en cuanto a forma y nombre, que participaba de uno y de otro, de lo masculino y de lo femenino, pero que ahora no es sino un nombre que yace en la ignominia. En segundo lugar, la forma de cada persona era redonda en su totalidad, con la espalda a los costados en forma de círculo. Tenía cuatro manos, mismo número de pies que de manos y dos rostros perfectamente iguales sobre un cuello circular. Y sobre estos dos rostros, situados en direcciones opuestas, una sola cabeza , y además cuatro orejas, dos órganos sexuales, y todo lo demás como uno puede imaginarse a tenor de lo dicho. Eran tres los sexos y de estas características, porque lo masculino era originariamente descendiente del sol, lo femenino, de la tierra y lo que participaba de ambos, de la luna, pues también la luna participa de uno y de otro. Eran también extraordinarios en fuerza y vigor y tenían un inmenso orgullo, hasta el punto de que cons- piraron contra los dioses. Y lo que dice Homero de Esfialtes y de Oto se dice también de ellos: que intentaron subir hasta el cielo para atacar a los dioses. Entonces, Zeus y los demás dioses deliberaron sobre qué debían hacer con ellos y no encontraban solución. Porque, ni podían matarlos y exterminar su linaje, fulminándolos con el rayo como a los gigantes, pues entonces se les habrían esfumado también los honores y sacrificios que recibían de parte de los hombres, ni podían permitirles tampoco seguir siendo insolentes. Tras pensarlo dete- nidamente dijo, al fin , Zeus: «Me parece que tengo el medio de cómo podrían seguir existiendo los hombres y, a la vez, cesar su desenfreno haciéndolos más débiles. Ahora mismo, dijo, los cortaré en dos mitades a cada uno y de esta forma serán a la vez más débiles y más útiles para nosotros por ser más numerosos. Andarán rectos sobre dos piernas y si nos parece que todavía perduran en su insolencia y no quieren permanecer tranquilos, de nuevo, dijo, los cortaré en dos mitades, de modo que caminarán dando saltos sobre una sola pierna». […] Desde hace tanto tiempo, pues, es el amor de los unos a los otros innato en los hombres y restaurador de la antigua naturaleza, que intenta hacer uno solo de dos y sanar la naturaleza humana. Por tanto, cada uno de nosotros es un símbolo de hombre, al haber quedado seccionado en dos de uno solo. Por esta razón, precisa- mente, cada uno está buscando siempre su propio símbolo. En consecuencia, cuantos hombres son sección de aquel ser de sexo común que entonces se llamaba andrógino son aficionados a las mujeres, y pertenece también a este género la mayoría de los adúlteros; y proceden también de él cuantas mujeres, a su vez, son aficionadas a los hombres y adúlteras. Pero cuantas mujeres son sección de mujer, no prestan mucha atención a los hombres, sino que están más inclinadas a las mujeres, y de este género proceden también las lesbianas. Cuantos, por el contrario, son sección de varón, persiguen a los varones y mientras son jóvenes, al ser rodajas de varón, aman a los hombres y se alegran de acostarse y abrazarse; estos son los mejores de entre los jóvenes y adolescentes, ya que son los más viriles por naturaleza.

Adaptado de: Platón, El banquete, Madrid, Editorial Gredos, 1988.

2. Escribe al frente de cada afirmación F, si es falsa, o V, si es verdadera, de acuerdo con el texto.

El anterior parlamento pertenece a Erixímaco. En un principio existían tres sexos. El sol era descendiente de lo masculino. Los seres humanos eran, en un principio, circulares. Esfialtes y Oto quisieron atacar a los dioses del Olimpo.

3. Responde las siguientes preguntas a partir del texto anterior.

● ● (^) ¿Cuál era el papel de Eros en relación con los seres humanos?

● ● (^) ¿En qué consistió la insolencia de los primeros seres humanos?

4. Selecciona la opción que te parezca más apropiada.

A partir del anterior fragmento, se puede deducir que El banquete es un texto filosófico. dramático. narrativo.

Justifica tu respuesta:

5. Explica por qué estás o no estás de acuerdo con la siguiente interpretación del anterior texto.

Cuando se considera cómo la cultura griega ha loado e idealizado tanto el cuerpo humano, se comprende bastante bien el cinismo poético de esta historia. En El banquete, el narrador presenta a sus amigos una espe- cie de monstruo hindú con ocho extremidades y dos caras como ejemplo arquetípico de la figura humana perfecta, redondo como una bola, incapaz de andar erguido, postura a la que la ética corporal griega daba tanta importancia. El humor de esta historia se pone de manifiesto tan pronto como uno se da cuenta de que aquí la perfección aparece de nuevo como carencia, es decir, como carencia de belleza. Por eso, la crueldad de los dioses posee ciertamente, por un lado, un sentido punitivo, pero por otro, una perspectiva creadora. Pues con la separación de hombre y mujer surge, de una manera divinamente irónica, la belleza del cuerpo humano. Solo este puede dar la orientación a un amor añorante.

Peter Sloterdijk