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Asignatura: Narrativa Cinematográfica, Profesor: José Antonio Jiménez de las Heras, Carrera: Comunicación Audiovisual, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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En el encuentro, al que ya me he referido en varias ocasiones, con el hijo de Rossen, este describió, con cierta precisión, una impresión general que parece existir sobre la película de Rossen en los diferentes críticos o investigadores que (sin mucha fortuna, en la mayoría de los casos63) se han acercado a ella. Steven confesaba, con una importante carga emotiva, lo siguiente:“Nunca he llegado a comprender Lilith. Cuando digo esto me refiero a que no sé por qué hizo esa película ni cual es la conexión que tiene con su vida. No consigo ver la conexión con ninguno de sus otros filmes, ni consigo entender lo que quería decir. Para mí... aún no entiendo que le atrajo en la novela. Puedo saber lo que le atraía de Body & Soul o de All the King’s Men, pero no respecto a esta. Yo no he podido lograr una respuesta y espero que tú puedas hacerlo mejor”64Sin embargo, unos minutos después y ante mi insistencia, de una forma sorpresiva, Steven Rossen demostraba hasta que punto instintivo era capaz (incluso de forma casi inconsciente) de acercarse a una respuesta sobre aquello que momentos antes confesaba no entender:
“Lilith trata acerca de matar el amor, matando la perfección, matando la imaginación, de no confiar en él, tratando de asesinarlo de algún modo... es realmente una película sobre el amor fracasado y, de una manera insospechada, trata sobre una parte de su vida y de su carácter... No puedo probar esto”65 El gran logro de Robert Rossen en Lilith fue el realizar una de las pocas películas de la historia del cine (por no decir la película) que consigue unir de manera radical la reflexión ferozmente personal sobre el propio Rossen, junto a una visión absolutamente lúcida, universal e intemporal sobre nuestra sociedad y nuestro mundo. Algo al alcance de muy pocos creadores (en el cine, la literatura, la música o cualquier otro arte), y que sin duda debería asegurar a Rossen un lugar de honor en la historia del cine. Continuando con esta reflexión es el propio Rossen el que mejor va a describir a Lilith (una maravillosa Jean Seberg) como personaje capital de su obra. En una primera sinopsis de la historia, Rossen dice de ella lo siguiente:“No hay virtualmente nada que Lilith no pueda crear para mantenerse así misma en su propio mundo –música, lenguaje, ropas, pinturas- y una moralidad más cercana a la pureza de lo que nunca se haya concebido.Expresado de una manera sencilla, esta moralidad sostiene que el amor, que es la alegría, debe ser ilimitado”.
Ante esta definición, cualquier planteamiento –como los que hacen en sus artículos Casty, Noletti, Farber, Kauffman67y un largo etcétera de no muy inspirados estudiosos- respecto a que el mundo de Lilith es “destructivo” resulta simple y sencillamente ridículo. Algo que Rossen desmiente por completo al parafrasear la novela, y su propio guión, asegurando que Lilith “tiene un arrobamiento en torno a ella que es irresistible. Hay algo glorioso en Lilith, y aun así detestamos sus fantasías y las encontramos espantosas. Ella podría ser como un delicado cristal que se ha rajado por el golpe de alguna intolerable revelación... como si hubiera sido destruida a causa de su propia excelencia. Lilith es una de las honrosas heridas del hombre en su lucha por comprender... es una de las heroínas del universo –su más fina partícula y su más noble victima”.
Lo que Rossen va a plantear en Lilith, de una forma genérica y cruzado con otros temas de enorme calado, va a ser el nuevo encuentro de un personaje esencialmente creador – Lilith- con otro personaje fundamentalmente destructivo –Vincent (Warren Beatty)-.
Vincent Bruceva a volver de la guerra con “las manos frías, como muertas”, tal y como le dirá Lilith en un momento de la película –retomando así un tema ya planteado en The Hustler, y que en este film va a tener un desarrollo sistemático: las manos como símbolo de la creación-. Vincent es un personaje forjado por el dolor y la muerte, dos elementos
que van a ser irrenunciables en su conducta social y personal. Un planteamiento que Rossen deja claro desde el inicio de la película: tras su primer contacto con Poplar Lodge, Vincent volverá a su casa. En ella tanto la iluminación del salón como la de su habitación contrasta con las luces suaves del manicomio, dibujando un mundo de sombras que rodea por completo a Vincent –el sonido del reloj marca el vacio y el silencio de un mundo inhóspito, a diferencia del tumultuoso y alegre ambiente sonoro que se escucha en el manicomio (las maquinas del jardín, los pájaros e incluso las melodías de Hopkins que acompañan las primeras apariciones del lugar); un reloj cuyo sonido también aparecerá en la casa de Laura, la antigua novia de Vincent, y que unificará ambos espacios dibujando una idea global de la ciudad de Stonemont como representativa de una vida media norteamericana por completo desoladora-.
Tal y como Lilith le dirá en un pasaje de la novela, Vincent es “un adorador del dolor” – lo contrario a ella-. Una idea que Rossen transmite al situarle reflexionando en su habitación sobre si debe entrar o no atrabajar en el Lodge: Vincent mirará la foto de su madre, y tras dos primeros planos de la misma, Rossen hará que vuelva su mirada hacia la televisión; un documental sobre la guerra muestra escenas de batallas, con heridos y muertos, alternando Rossen la imagen del televisor con la de Vincent desplazando la mirada hacia donde se encuentra el retrato materno –en el que se puede leer “a Vincent con amor. Mama”-. Vincent se levantará y después de apagar el televisor, en un tono de voz casi inaudible, recitará como una especie de letanía la siguiente frase: “Tú mueres. Ella muere. Todo el mundo Muere”. Esta secuencia, creación de Rossen, pues no tiene referente alguno en la novela, establece la filosofía de Vincent al traducir esa idea del personaje como un “adorador del dolor”, realizando una terrible declaración de principios (involuntaria por subconsciente) que tendrá unos devastadores efectos para el resto de los personajes en la película. Rossen planteará desde el principio, sutilmente, las razones de Vincent para trabajar en el Lodge: poder ayudar/ recuperar de una forma simbólica a su madre loca. Al igual que en la novela, en la película esta idea nunca se expone de forma explicita, pero toda una serie de detalles nos señalan hacia este dato revelador. Cuando Vincent completa su primera visita al manicomio, la visión de una mujer catatónica (de la cual oímos su agónica respiración) afectará profundamente al personaje –la misma imagen que veremos al final de Lilith, desde el punto de vista de Vincent, cuando este haya terminado su destrucción-; una impresión que se refuerza mediante la mirada de Bea Brice (Kim Hunter), personaje que va actuar en alguna ocasión como intermediario de Rossen en la ficción. Esto, unido a la posterior secuencia en la que aparece la foto de la madre de Vincent, establece una relación sutil, pero suficientemente clara para el espectador inteligente: tras las palabras de Vincent (“Tú mueres...”) un encadenado nos muestra a una de las empleadas escribiendo su nombre en una taquilla, en un raccord mental que relaciona a la madre de Vincent, con la mujer catatónica y con su decisión de trabajar en el manicomio. Esta idea es completamente necesaria para comprender uno de los puntos básicos del filme y el desencadenante principal de la tragedia: la identificación que va a realizar Vincent entre su madre y
Lilith. Para Vincent, Lilith va a representar la oportunidad ideal y única de recuperar a su madre y de satisfacer, a la vez, un inconsciente deseo incestuoso hacia esta. Vincent proyectará sobre Lilith la imagen idealizada de su madre, intentando satisfacer con ello dos deseos que levan a llevar finalmente a destruir a Lilith y a su universo: por una
que cobrará todo su sentido avanzada la narración, cuando Vincent y Lilith vuelvan a salir de excursión –esta vez en solitario-: al dejar Stonemont se cruzarán con Laura que los mira con atención sin ser vista; cuando ella se dirija a su casa, Rossen encadenará la imagen (apoyado en la excelente música de Kenyon Hopkins) con la del reflejo de Vincent y Lilith en el agua del rió. De esta manera, Rossen nos relata que Vincent se aleja por completo del universo de Stonemont y de la convencional sociedad que este representa a través de Laura, al ser aceptado y absorbido por el maravilloso universo que representa Lilith. Sin embargo, Rossen utilizará también el agua como un elemento represor unido al punto de vista de Vincent –el cual se proyecta por momentos, de una manera sutil y precisa, en la narración-. Así la aparición de la lluvia siempre ira unida a esta idea represora –ante la risa de Lilith en la fiesta campestre; en la visita de Vincent a casa de Laura en busca de una alternativa al universo de Lilith, etc.-, pero sobretodo en la última ocasión en que aparece: tras la muerte/ asesinato de Steven a manos de Vincent, la lluvia recluirá a todos los habitantes de Poplar Lodge detrás de las rejas de las habitaciones, como si esta fuera una prolongación del terrible acto llevado a cabo por Vincent. Pero la mejor y más compleja utilización del agua, en este sentido, tendrá lugarcon la escena de la pecera: después de que Vincent haya intentado, sin exito, reposeer a Lilith en varias ocasiones –buscando, a la vez, una alternativa imposible en Laura-, el personaje tendrá una especie de “iluminación” en la visita que hace junto a Lilith a una tienda de Stonemont. Tras arrancar literalmente a Lilith de la compañía de un niño–al cual Vincent no “salva de las garras” de Lilith por ser un moralista, sino que le aparta como un rival-, entrará en la tienda observando, en un determinado momento, a la propia Lilith a través del cristal de una pecera. Ello va a dar pie a uno de los actos simbólicos más complejos del film: Vincent comprará la pecera y, después de robar la muñeca que gano para Lilith en la feria, la sumergirá en esta. De esta forma, Vincent pervierte el universo de Lilith mediante el elemento que lo caracteriza –el agua-; Vincent intenta simbólicamente fijar así a Lilith en su elemento, para poder poseerla en exclusiva, a pesar de que ello –tal y como simboliza la inmersión de la muñeca- suponga la destrucción de Lilith y de su mundo. El universo de Lilith, a diferencia del de Vincent, va a resultar sanador y trascendente. Así el planteamiento que hace Lilith de sí misma como una divinidad viene a proponer una alternativa a las religiones tradicionales (casi todas ellas basadas en la represión de la sexualidad en primer termino y en la exacerbación de la culpa, sobre todo la católica y la judía, a la que pertenecía Rossen): frente a estas Lilith ofrece un universo creativo, en donde la despenalización del sexo le convierte en un instrumento de inspiración para los demás. Lilith le dirá a Vincent “debes amar mucho a tu dios para matar por él y seguir amándole. Yo nunca le pediría eso a nadie. Solo les pido que gocen”.Con ello es el propio Rossen quien parece ofrecer una alternativa a la religión, mediante lo que podríamos denominar como la “Religión de la creación o el arte”: si Rossen no puede confiar en su propia trascendencia a través de la religión o de la idea de dios –datos suficientes avalan, en este sentido, el agnosticismo de Rossen-, encontrándose gravemente amenazado de muerte no es nada extraño que busque una alternativa a esa trascendencia; alternativa que encuentra como su personaje –con el cual se identifica profundamente-a través de la
creación. Pero no solo encuentra trascendencia Lilith a través del arte, sino redención, o mucho mejor expresado aún, una justificación (no en el sentido de excusa) a su propio sentimiento de culpa. Si Lilith inventa todo un universo creativo en el que el sexo (denominado gozo), y descargado de todo sentimiento de culpa, es el elemento básico alrededor del que gira, se debe a que la muerte de su hermano fue provocada precisamente por la incapacidad de este para aceptar el sentimiento amoroso/ deseo sexual hacia su hermana; de la misma forma que Lilith ofrece un universo creativo mediante la despenalización del sexo desde un punto de vista moral, para así asumir su
sentimiento de culpa –el sentimiento existe, a pesar de que la película deje meridianamente claro que el suicidio de su hermano no esculpa suya-, Rossen va a ofrecer en sus últimas películas (The Hustler y, en concreto, esta) una justificación (tampoco en el sentido de excusa) de su propio sentimiento de culpa: para él crear es una responsabilidad, puesto que por seguir trabajando como director sacrifico su vida, la imagen que tenia de sí mismo y la confianza de los suyos. Algo que se concreta en un detalle en el que nadie parece haber reparado y que pone cerco, definitivamente, al sentimiento de culpa de Rossen: en la novela Warren es el nombre del personaje interpretado por Peter Fonda, al cual Vincent “asesina” (en un nuevo suicidio / asesinato similar al de Sarah, aunque en este caso de manera mucho más despiadada y premeditada). Sin embargo, en la película este va a ser el único personaje que cambie de nombre respecto al libro de Salamanca, tomando uno que no puede ser más significativo: Steven, el mismo que el del único hijo varón de Rossen.
De esta manera será el propio Rossen el que este detrás cuando Vincent se acerque a Bea y el Dr. Lavrier al final de la película y, únicamente, pueda expresar un agónico “Help me”, tras haber destruido a Steven y a Lilith, y con ella a su universo –con lo cual ni siquiera le queda la posibilidad de atenuar su sentimiento de culpa y convertirse en un ser humano como Eddie en The Hustler, puesto que si este era capaz de asumir la herencia ideológica y vital de Sarah, Vincent destruye dicha herencia al destruir a Lilith-: ese desgarrador “ayudarme” no es sino la emocionada voz de un padre que pide perdón por haber fallado a la confianza de un hijo adolescente, arrostrando por ello una culpa inasumible.
Un final que cierra de una manera antológica y admirablemente sincera, una vida apasionante y una carrera maravillosa esperando a ser descubierta por una inmensa mayoría de nuevos espectadores. Esperemos que modestamente este estudio haya contribuido a ello.