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antropo seminario, Ejercicios de Antropología Filosófica

Asignatura: Antropología filosófica, Profesor: , Carrera: Veterinaria, Universidad: UCH-CEU

Tipo: Ejercicios

2017/2018

Subido el 14/04/2018

julievet
julievet 🇪🇸

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| Verdad y Conocimiento A A A A A Tres planos Para hacernos una idea de lo que es la verdad, hay que tener en cuenta cómo es el proceso de conocimiento y de comunicación humanos. Tenemos que distinguir tres planos o niveles: el plano de la realidad; el plano del conocimiento; y el plano de la expresión. a) La realidad o la verdad de las cosas. Las cosas que existen son verdaderas y no ficciones de la imaginación. Desde este punto. de vista, todo lo que existe es verdadero. Y, por eso, puede ser fuente de verdad. A esto se le llama "verdad ontológica". Elevamos la mirada y vemos el cielo. La atmósfera está alli y es real. b) El conocimiento de la realidad. Nuestra inteligencia tiene muchas ideas con las que analiza y conoce la realidad. Esto significa que se la representa interiormente mediante ideas (podemos mirar el cielo y, además de recibir la imagen visual, podemos pensar que la atmósfera es una capa que está sobre la tierra, con gases y nubes, etc.). La inteligencia obtiene muchas ideas de las cosas, pero también puede conocer las cosas gracias a que tiene muchas ideas. La representación es la realidad poseída por nuestra inteligencia (por ejemplo, nuestra idea de cielo o atmósfera). Naturalmente, no es "toda" la realidad, sino sólo lo que somos capaces de captar, porque tenemos un conocimiento limitado. €) La expresión de nuestro conocimiento. En un tercer momento, el conocimiento obtenido se expresa en frases afirmativas o negativas, que la lógica llama proposiciones o juicios. Al formularlo en palabras, aclaramos lo que pensamos y lo podemos comunicar. Podemos decir, por ejemplo, que las nubes son blancas o que están formadas por vapor de agua. Cada una de esas frase es verdadera o falsa, según se acomode o no a la realidad. No es toda la realidad pero dice algo acerca de la realidad (o de lo que pensamos). Y los demás pueden juzgar si les parece verdadero o falso. Nuestras afirmaciones y negaciones, es decir nuestros conocimientos, se refieren a cuatro tipos de realidades distintas, que conocemos de distinta manera y que podemos comprobar de distinta mancra. Por eso, se puede hablar de cuatro áreas de la verdad que dan lugar a tipos de verdad distintos. a) Los objetos y hechos de la naturaleza (“físicos”). Son empiricos y los podemos experimentar de diverso modo. El conocimiento sistemático de ellos da lugar a las Ciencias naturales, b) Los acontecimientos humanos ("históricos"). Lo que ha sucedido en la historia, lo que ha hecho la gente. Por experiencia directa o a través de testimonios podemos constatar cómo han sido los hechos externamente. Pero tenemos que pensar en sus motivaciones porque el obrar humano es libre. El conocimiento sistemático del comportamiento humano en todas sus facetas da lugar a las Ciencias humanas. €) Los principios morales (“morales”). No son la descripción de lo que es, sino de lo que debe ser. Esta verdad es captada de otra manera que la verdad sobre los hechos de la naturaleza o sobre la historia humana. d) Las verdades sapienciales (“sapienciales”). Son el fruto de la reflexión madurada sobre la experiencia y el conocimiento. A. La verdad cientifica Del estudio sistemático y general (con validez universal) para describir y explicar los hechos del mundo físico (todo lo externo) se ocupan las Ciencias Naturales o Ciencias Positivas: geología, astronomía, física, química, biología, conducta animal, medicina. En este grupo, se pueden incluir indirectamente las matemáticas, aunque tienen un estatuto propio. Las ciencias de la naturaleza se ocupan de la descripción de las cosas: de la composición y estructura de los fenómenos: de los movimientos y cambios; y la explicación del porqué de los fenómenos observados remitiéndose a las fuerzas de la naturaleza. Las matemáticas y las ciencias directamente dependientes (fisica, mecánica) no se limitan a describir la realidad, sino que construyen modelos racionales. Y también la lógica. En estos saberes se combina la observación de la realidad que facilita estructuras reales y la misma estructura de la razón humana, que también está sujeta a reglas y estructuras. No deja de ser curioso que, como decían Galileo y Newton, la naturaleza tenga una entraña matemática, perfectamente pensable. La verdad científica es bella porque nos permite conocer el universo y admirar su maravilla. Y es útil, porque nos da poder y nos permite liberarnos de Jas necesidades materiales. Actualmente hemos alcanzado un conocimiento de la estructura del mundo y un dominio como nunca antes. Y, como consecuencia, un bienestar que nunca ha estado tan extendido. Hay mucho que agradecer al progreso de las ciencias y de las técnicas. El conocimiento científico, por su método experimental, sólo alcanza lo que es experimentable y repetible en condiciones de laboratorio: lo material. No sirve para la historia (irrepetible), ni para el análisis de los fenómenos espirituales (el amor, la libertad, la moral, etc.). La ciencia permite explicar materialmente las cosas, pero no da su sentido (relación con las aspiraciones y fines del hombre). No puede responder a las preguntas fundamentales: éstas pertenecen a la sabiduría. Recientemente, se han percibido mejor sus límites teóricos (Principio de indeterminación de Heisemberg), técnicos (ecología) y morales (armas atómicas). B. La verdad de las ciencias humanas Del estudio sistemático y general de los fenómenos humanos, se ocupan las Ciencias del Espiritu, o Ciencias Humanas: Geografia humana, Historia, Pedagogía, Derecho, Ciencias Políticas, Psicologia, Sociología, Lógica y Lingiística. Aquí cabe también descripción externa de los fenómenos; pero es necesaria la comprensión de las acciones humanas recurriendo a las motivaciones y expectativas: es decir, no a las fuerzas físicas, sino a los motivos humanos. Para explicar los hechos humanos, hay que recurrir al interior del hombre: a las representaciones y finalidad en el actuar (la libertad); por eso son más difíciles. En la medida en que es necesario recurrir a lo que sucede en el espacio interior del hombre dominado por su libertad, estas ciencias tienen graves problemas de método (por ejemplo, la historia). Necesitan interpretar (ponerse en el lugar de), para poder analizar los móviles humanos que están detrás de los acontecimientos (la finalidad). Y la hermenéutica siempre depende de las precomprensiones. El conocimiento del ser humano, de sus actos y motivaciones, está también recogido en las grandes obras de la literatura universal. Especialmente, en las que se consideran clásicas. Allí hay vertida una experiencia riquísima sobre la condición humana. Pero esto trasciende los límites cientificos de las Ciencias Humanas y nos sitúa realmente ya en lo siguiente. C. La verdad moral Las verdades morales se captan, en primer lugar, como una exigencia concreta para dirigir nuestro obrar, donde apreciamos lo que debemos hacer o lo que tenemos que que evitar. Unas veces nos sentimos interpelados u obligados por lo que sucede (ayudar al que lo necesita, cumplir con el propio deber); otras nos damos cuenta de no debemos hacer lo que pensábamos (la conciencia lo rechaza); y, a veces, después de obrar, sentimos remordimiento porque nos damos cuenta de que lo hemos hecho mal. Estas solicitaciones morales se sienten en concreto, pero también se pueden formular en general, obteniendo principios morales generales (matar es malo). No poseemos todas las verdades con la misma claridad y seguridad. En relación con esto, se pueden establecer varios estados diferentes: de unas cosas, no sabemos; de otras, dudamos, porque hay poca información o contradicciones. En algunas cuestiones, tenemos una opinión, cuando se acumulan razones en un sentido, que nos inclina a mantenerlo como más probable. En otros casos, estamos seguros. Esto es la certeza, La certeza se origina de varias maneras, según el modo como se logra: a) Por evidencia. Nos resulta patente. Puede ser de dos modos: por evidencia fisica o intelectual, Las cosas que captamos con nuestros sentidos nos resultan físicamente evidentes (llueve, lo estoy viendo); las que entendemos como lógicamente necesarias nos resultan intelectualmente evidentes (dos y dos son cuatro). b) Por demostración: que puede ser lógica, matemática o científica. Se demuestra con certeza por un procedimiento conocido. Así lo podemos comprobar y también puede hacerlo cualquiera que conozca las reglas. €) Por un testimonio digno de fe (fidedigno). Casi todos nuestros conocimientos los hemos aprendido de otros y los poseemos con seguridad en la medida en que confiamos en el testigo. Esta seguridad es distinta de la que nos produce comprobarlo personalmente: es lo que se llama una certeza moral. Depende de la confianza que nos inspire el que da testimonio. d) También hay certeza. moral cuando se produce una gran acumulación de indicios en un sentido. Así sucede con las convicciones personales. Acumulamos experiencia a lo largo de nuestra vida, y, por ejemplo, podemos llegar a la conclusión de que amar es un bien para el hombre. Se nos hace patente, pero esta verdad humana tan importante -fruto de la sabiduría- no es evidente, ni demostrable por la lógica, la matemática o la experimentación científica. Por muy clara que sea para nosotros, es una certeza moral. En las cuestiones que se refieren a la sabiduria sólo cabe certeza moral; no se pueden utilizar demostraciones como en las ciencias, en las matemáticas o en la lógica. Esto es importante tenerlo en cuenta. Se puede distinguir, por eso, una certeza subjetiva (yo estoy seguro: sé como he llegado), de la certeza objetiva (lo que está delante) o intersubjetiva (una convicción común, a la que han llegado muchos). En las cuestiones más dificiles, es distinto alcanzar la seguridad personal que ser capaz de demostrarlo a otros. Hay muchas cosas que son ciertas para el que las ha vivido, debido a su experiencia, pero difíciles de transmitir a otros, por falta de pruebas objetivas. Cuando existe una demostración o cabe una evidencia común (llueve y todos lo ven), cabe hablar de una certeza común, en el sentido de que cualquiera, si quiere, podría fácilmente llegar a esa conclusión. Pero, en general, la fuerza de la evidencia, la confianza en el testimonio y la seguridad moral son subjetivas, es decir, dependen de cada sujeto. , Pretender que todos los conocimientos sean evidentes (claros y distintos) es un mito del racionalismo cartesiano. Pretender que todo sea objetivo es un mito del positivismo científico. Reducir lo verdadero a lo que es evidente (racionalismo), a lo que se nos da objetivamente o a lo que se puede demostrar lógica, matemática o por un método de experimentación científica es reducir el campo de la verdad, y dejar fuera la parte más importante: todo lo sapiencial, todo lo que necesita una elaboración personal. Es cierto que en este género de verdades no se pueden alcanzar resultados tan “objetivos”, tan comunicables, tan participables, como en las ciencias experimentales, pero son tan importantes, que no es posible renunciar a esa búsqueda. Cada uno debe hacerla como mejor pueda, aprovechando la experiencia de los demás, sobre todo de los mejores, de los que inspiran mayor confianza por su experiencia humana.