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Asignatura: Lengua, Profesor: anonimo anonimo, Carrera: Publicidad y Relaciones Públicas, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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1. Introducción El creciente número de neologismos que aparecen hoy en día en la prensa escrita ha provocado numerosos estudios y no poca controversia. El hecho de que la mayor parte de estos neologismos sean préstamos del inglés es motivo de preocupación (Sarmiento y Vilches 2007). Sin embargo, abundan también los neologismos creados por mecanismos internos del español, i.e., derivación y composición. En este artículo analizaremos las características de este tipo de neologismos centrándonos en las circunstancias y motivaciones para su creación. Veremos que las motivaciones pueden ser de dos tipos: semánticas y pragmáticas. Muchos de estos neologismos surgen por razones exclusivamente pragmáticas. El nuevo término añade unos matices de significado que tiene que descubrir el lector. Por eso, este tipo de motivación provoca la creación de palabras “transparentes” en cuanto a su significado. Presentamos también una serie de neologismos procedentes de la jerga de los jóvenes (centrándonos sobre todo en la zona de Madrid). Una vez analizados y clasificados formalmente para ver qué mecanismos de formación resultan más productivos, valoramos igualmente las motivaciones que provocan la creación de este vocabulario jergal. Veremos que las motivaciones pragmáticas son también las principales en la creación de estas palabras; sin embargo, lo que ellos persiguen es singularizarse como grupo y señalar la diferencia entre “su mundo” y el de los adultos. Por eso, los términos que crean los jóvenes son básicamente “opacos” en cuanto a su significado.
Este contraste de dos contextos y dos motivaciones completamente diferentes en la creación de nuevos términos nos lleva a reflexionar sobre cómo el propósito incide directamente en la forma de creación y el grado de transparencia de la palabra creada. Para realizar este análisis utilizaremos neologismos aparecidos en El País en los últimos años que utilizan mecanismos internos de creación. Nos serviremos del banco de datos de neologismos de la prensa elaborado por el Instituto Cervantes. Respecto al léxico de jerga juvenil. Utilizaremos nuestro propio corpus, tomado de una encuesta sobre neología realizada a los alumnos de la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid.
2. Los neologismos de la prensa escrita. Nos centraremos en los neologismos que surgen como resultado de la utilización de mecanismos internos de formación de palabras: composición y derivación.
2.1. ¿Cuándo crean palabras los periodistas? Hay situaciones en las que la necesidad semántica lleva a buscar un nuevo término. Son casos en los que tenemos un significado que carece de significante. Esto sucede cuando el objeto, concepto, acción o situación es de nueva creación y se hace necesario buscar un término que sirva para referirnos a ello. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación nos sorprenden cada día con nuevos hallazgos e inventos que llevan a la creación de palabras compuestas como cableoperador, audiolibro o seximóvil, o derivadas como ordenador, conectividad o cibercafé 1 ...
1 Los elementos léxicos del tipo ciber-, tele-, euro-, son los llamados prefijoides. Pueden ser considerados prefijos a pesar de tener un fuerte contenido léxico. VeáseAlvar Ezquerra (1995), Ortega (2001) y Teresa Vallès (2002)
En otros casos los matices que se añaden son hilarantes, aunque muchas veces estos se unen a matices peyorativos. Palabras como cleptocracia (el poder en manos de los ladrones) , descorbatar o dedocracia añaden este tipo de connotaciones. A veces son determinadas connotaciones de tipo conceptual las que se añaden a palabras como buenismo o malmorir. Matices atenuantes los encontramos en palabras como salivear (para señalar como un jugador escupió a otro en el terreno de juego) o antiamor (en lugar de odio). Finalmente, encontramos matices intensificadores en neologismos del tipo de hiperfragmentar. El neologismo de motivación pragmática es un acto ingenioso de creación que conlleva una voluntad de estilo. Se produce un juego de complicidad entre el periodista y el lector que sólo puede funcionar si éste entiende el término creado con los mismos matices de significado que motivaron su creación. El periodista tiene que asegurarse de ser comprendido. Tiene que dar pautas suficientes para desvelar el significado del nuevo término. En una palabra, el nuevo término ha de ser transparente , y esta transparencia vendrá dada tanto por sus lexemas como por los afijos que la integran.
2.3. Los significados connotativos en las palabras de nueva creación. Los significados connotativos surgen a partir de los afijos y de los elementos léxicos utilizados. En muchas ocasiones, los afijos se contaminan del contenido de las palabras que forman y añaden esos matices a la nueva palabra. Pongamos algún ejemplo. Para formar la palabra politicastro añadimos el sufijo astro- a la base político. De esta manera formamos una palabra que tiene el mismo 10
significado que político , pero con un matiz fuertemente peyorativo. El sufijo astro-, que interviene en su creación, es muy poco productivo en español y nos hace pensar inmediatamente en la palabra madrastra, de un contenido fuertemente negativo que nos viene directamente de los cuentos infantiles. Este significado tan peyorativo del término pasa a su sufijo y llega a proyectarse en la nueva palabra. El periodista sabe que en la mente del lector tendrá lugar un proceso asociativo que vinculará el nuevo término con el término madrastra, y esta asociación le llevará a descubrir los matices de significado del nuevo término. En el neologismo Aznarato el sufijo ato- aporta el matiz de significado peyorativo de exceso o golpe de poder, que viene de palabras como califato o virreinato. La palabra democratura se asociará inmediatamente con dictadura y esa asociación llevará a descubrir su carácter negativo. Las palabras cleptocracia y dedocracia se asocian con democracia y en este caso encontramos el matiz por contraste, ya que se trata de una paradoja. Culturoso toma su matiz peyorativo de palabras tan negativas como ruidoso , moroso o desastroso. Lo mismo sucede con genialoide , utilizado originalmente en ovoide (forma de huevo, pero no una figura matemáticamente definida) , y que crea también palabras negativas como sentimentaloide o intelectualoide (sólo “aparentemente” sentimental o intelectual). A veces encontramos matices hilarantes que proceden del contraste con otros términos en los que se utiliza el mismo afijo. En el caso de descorbatar , la asociación se produce con las palabras desvestir o desnudar. Esta asociación añadiría un matiz de pudor y exceso que es imposible añadirle a descorbatar y es precisamente eso lo que nos mueve a la risa. En el caso de los compuestos y acrónimos, también encontramos que los matices de significado son fácilmente deducibles a partir de los elementos léxicos
diferencia. El lenguaje juvenil y sus motivaciones ha suscitado numerosos estudios, entre los que cabe destacar Rodríguez (1989, 2002, 2006), Gil (1986), Capanaga (1995), Galiñanes (2005), Casado (2002). Este espíritu trasgresor se plasma en la utilización de palabras propias de grupos marginales. Muestra de ello son las palabras procedentes del léxico de las germanías ( afanar, trena, mogollón... ) y la gran cantidad de préstamos del caló ( diñar, molar, mangar, currar, chingar, chungo, chori, menda, pinrel... ) Nunca como hoy han tenido los jóvenes una jerga tan propia. Sin embargo, no es tanto el espíritu de rebeldía y trasgresión el que les mueve en la actualidad a buscar nuevos términos. Es más bien la búsqueda de una jerga que les singularice, que les convierta en un grupo diferenciado del mundo adulto. Frente al mundo “formal” de los adultos, los jóvenes defienden un mundo “informal”, sin obligaciones, ni responsabilidades, en el que lo esencial es la “alegría de vivir”. La vitalidad, la risa, la libertad sexual, el desenfado y la búsqueda de estados de conciencia placenteros están detrás de la mayor parte de los neologismos utilizados por este gran colectivo. Estas ganas de ser joven, de vivir y comportarse como jóvenes lleva a muchos a aferrarse a este vocabulario jergal, cuando ya han sobrepasado con creces esta etapa de la vida. Parece que si hablamos como jóvenes estamos en el grupo, aunque el tiempo vaya pasando. Esta ganas de buscar la diferencia, de diferenciarse como grupo generacional lleva a la creación de palabras “opacas” en su significado; palabras que entienda sólo el colectivo que las ha creado. Ya sean sólo neologismos de sentido (nuevas acepciones de las palabras, que se crean a través de metáforas) préstamos o palabras que surgen como resultado de
los mecanismos internos de creación, el nuevo término presentará serias dificultades a la hora de deducir su significado.
3.2. Neologismos de significado. Es muy frecuente que determinadas palabras añadan un nuevo significado en boca de los jóvenes. Este uso de la metáfora para crear nuevas acepciones en el léxico está muy generalizado en nuestra lengua. Este mecanismo habitual y altamente productivo se basa en la semejanza entre algún aspecto del significado original del término y la nueva acepción. Hay algo en ese significado original que queremos trasladar al neologismo de sentido. Gracias a esa relación somos capaces de entender el significado de las metáforas literarias, de adivinar o deducir el nuevo significado. Sin embargo, en los significados metafóricos que crean los jóvenes resulta muy difícil encontrar una relación entre el significado original y la nueva acepción. En pocas palabras, no resulta fácil deducir el significado. Podríamos decir que son metáforas bastante opacas. Veamos algunas de ellas: aguacate (tonto), camello (traficante) , caballo (heroína), potra (suerte), castaña (borrachera), madero (policía), rasca (frío ), abrirse (irse), chapar (estudiar), colocarse (enamorarse, drogarse, emborracharse), empanarse (distraerse, atontarse), colgado (drogado, atontado), zumbado (loco), notas (tonto, alguien que llama la atención). En todas estas palabras es relativamente difícil encontrar la conexión entre el nuevo significado que adopta la palabra en el lenguaje juvenil y el significado original.
3.3. Préstamos
3.4. Alteraciones de palabras En su afán por buscar un léxico propio que les diferencie de los adultos, los jóvenes alteran el significante de muchas palabras. Estos cambios, que han sido bien estudiados por Rodríguez (2006), afectan a la palabra dejándola más o menos reconocible. Podemos agrupar estos cambios en: alteración de fonemas, acortamientos y utilización de sufijación connotativa. Las alteraciones de fonemas cambian el significante de las palabras haciendo que en muchos casos lleguen a ser irreconocibles. Es el caso de keli (casa), teki (taxi), travelo (travesti), calufo (calor), chuscar (chiscar) En los acortamientos, la palabra pierde sílabas o fonemas. La pérdida afecta normalmente al final de la palabra cali (calimocho), pasti (pastillas), buga (Bugati), piti (pitillo), facul (facultad), alucine (alucinación); pero pueden afectar también al inicio de la palabra: acho , chacho (muchacho); mocho (calimocho). En algunas ocasiones los dos fenómenos se unen y tenemos acortamientos acompañados de algún tipo de alteranción. Es el caso de gasofa (gasolina); pelas (pesetas); calo (calada). Hay también casos en los que esos acortamientos fusionan sintagmas, como sucede en finde para fin de semana o simpa (hacer un simpa ) para referirse a la acción de irse de un lugar sin pagar. Estas alteraciones gratuitas de las palabras se dan también con la utilización de unos sufijos que no crean palabras diferentes en el sentido estrictamente semántico, sino que añaden un matiz meramente connotativo. Estos sufijos son: eto, ota, ata, aca. Así, la diferencia entre bar y bareto, pub y pafeto, cara y careto, jevi ( heavy ) y jevata o máquina y maquineta es estrictamente connotativa; aunque en algunas ocasiones la utilización del sufijo conlleva un cambio de categoría o significado:
pasota (persona que pasa, de pasar), segurata (de seguridad, guardia de seguridad) , pureta (viejo). Es también habitual encontrar mezclados este fenómeno de la sufijación connotativa unido al del acortamiento, como podemos ver en las siguientes expresiones: bocata, cafeta, cubata, ordenata, pasota, drogota y sudaca.
3.5. Palabras opacas de difícil clasificación La peculiaridad del léxico juvenil viene sobre todo marcada por la continua aparición de palabras de origen incierto. No resulta fácil encontrar el origen de nombres como pijo (cursi) , gallumbo (calzoncillos) o choni (chica con pinta de ordinaria), o verbos como petar (estar lleno, estropearse) o pisparse (darse cuenta de algo). Este caudal de nuevas palabras de raíces desconocidas o insólitas parece surgir en el seno mismo de los jóvenes, y son factores puramente lúdicos y al mismo tiempo diferenciadores los que motivan la creación. Somos conscientes de que hace falta un riguroso estudio para intentar rastrear el origen etimológico estos términos, pero también sabemos que en muchos de los casos no vamos a encontrar una explicación que vaya más haya del propio ámbito juvenil. En este gran grupo podemos incluir las palabras que están constantemente en boca de nuestros jóvenes. Baste como ejemplo las que señalamos a continuación. Nombres: choni (chica ordinaria) , bule (autobús), gallumbo (calzoncillos) , yoya (guantazo), peluco (reloj). Verbos: encalomar (detener, meter en la cárcel) , cholar (robar) , changar (robar) , pirarse (irse) , pisparse (darse cuenta de algo) , petar (estar lleno, estropearse).
3.6. La productividad en el léxico juvenil