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Asignatura: Corrents del pensament contemporani, Profesor: Fernando Soler Álvarez, Carrera: Comunicació Audiovisual, Universidad: UV
Tipo: Apuntes
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El autor Karl Polanyi escribió en 1944 La gran transformación. La publicación de este texto coincide con la celebración de la famosa reunión de Bretón-Woods que marcaría el futuro inmediato del mundo. A esta reunión asistieron representantes de los países aliados, y su objetivo fue planificar el nuevo orden económico mundial. Básicamente, la reunión de Bretton-Woods fue un pulso entre Gran Bretaña y EEUU. Mientras Gran Bretaña trató de mantener su posición de potencia hegemónica mundial, que estaba decayendo desde el final de la I Guerra Mundial, EEUU pugnó por ser consagrada como esa nueva potencia hegemónica. De hecho, una de las posibles lecturas de ambas guerras mundiales es la lucha por la hegemonía. La reunión de Bretón-Woods se saldó con el triunfo abrumador de EEUU, que será reconocida como la nueva potencia hegemónica en el mundo occidental. De esta reunión surgieron una serie de instituciones financieras internacionales como el Fondo Monetario o lo que hoy llamamos Banco Mundial. Por todo esto, el año 1944 fue una fecha muy importante y determinante en el futuro del mundo.
El libro de Polanyi hace un repaso por los cien años anteriores. El libro recorre el tiempo desde el año 1834, cuando se produjo el triunfo del libre mercado, hasta 1930, pasando por la gran crisis económica de los años 20. La tesis que plantea Polanyi es que estos años, caracterizados por el triunfo absoluto del liberalismo, han sido una catástrofe. Para el autor, el liberalismo, el libre mercado y, en definitiva, la sociedad de mercado, suponen la destrucción de la sociedad. En este tipo de sistema se invierte el orden natural existente anteriormente. Si antes el mercado estaba al servicio de la sociedad, ahora la sociedad queda completamente sometida a las necesidades del mercado. En este sentido, Polanyi interpreta que las convulsiones sociales y económicas que se produjeron durante la primera mitad del siglo XX son intentos de responder a la destrucción social producida por el sometimiento de la sociedad al mercado. Las revoluciones soviéticas, el fascismo, el keynesianismo y la socialdemocracia son todos intentos, aunque obviamente muy dispares, de respuesta. Pese a esto, la postura de Polanyi es optimista, ya que considera que todas las respuestas son el reflejo de que la sociedad se ha dado cuenta del desastre que supone el sometimiento de la sociedad a las exigencias del mercado. De alguna manera, la sociedad está reaccionando.
La obra de Polanyi nos sirve para resumir el siglo anterior y sirve como punto de partida al mundo después de la II Guerra Mundial. Este mundo de posguerra se caracteriza por la promesa del desarrollo. El punto de partida de esta promesa lo situamos en el 20 de enero de 1949, cuando tuvo lugar el discurso de aceptación del presidente de los EEUU, Harry Truman. El célebre discurso inaugural del presidente Truman planteó cuatro puntos fundamentales:
El punto en el que nos vamos a centrar es el desarrollo. El discurso del 20 de enero de 1949 del presidente Truman fue el primer texto oficial en el que se utilizó el término “subdesarrollo”, lo cual va a tener una importancia decisiva, ya que, a partir de ese momento, el mundo se va a configurar según el binomio desarrollo / subdesarrollo. Esto va a suponer una nueva manera de ver el mundo y de entender las relaciones internas. Así, desaparece el binomio anterior: colonizador /colonizado. Este discurso supuso la constitución oficial, por así decirlo, del objetivo fundamental de todo el mundo: el desarrollo.
La principal teoría que sustenta el denominado “mito del desarrollo” es la Teoría de la modernización , que surge a finales de los años 50. Su representante más conocido es Rostow. En este momento, estamos en el umbral de lo que la ONU proclamará como la “década del desarrollo”, es decir, los años 60. Gran parte de los argumentos que se utilizaron entonces, han sido repetidos constantemente desde ese momento. Los objetivos van a ser permanentemente establecidos, aunque éstos no se cumplan nunca.
Tras la teoría de Rostow, que entiende el desarrollo como un mito ideológico, se desarrollan otras teorías durante los años 70. Estas teorías contestan a la teoría oficial del desarrollo. La más llamativa es la Teoría del desarrollo / subdesarrollo , planteada por A. Gunderfrank. Para Rostow, el grado cero en la evolución humana es el subdesarrollo, tras el cual comienza una línea ascendente que marca el desarrollo. Este desarrollo implica únicamente un crecimiento económico, aunque la ONU lo matizó e incluyó también un componente humano en el término “desarrollo”. Para Rostow, esta línea ascendente va atravesando las diferentes etapas del desarrollo hasta llegar a la última etapa: el consumo de masas. Sin embargo, para la Teoría del desarrollo / subdesarrollo, el subdesarrollo no es un estado natural, sino inducido. El subdesarrollo se genera porque mientras una parte del mundo se enriquece, otra se empobrece.
A partir de la confrontación entre ambas teorías podemos fijarnos en otras tendencias:
Es evidente que la obra de Polanyi, excepto para algunos pocos disidentes del pensamiento único, es diacrónica. En 1944, el liberalismo fracasa y Polanyi propone como alternativa el socialismo. Pero, ¿qué es el socialismo? Para Polanyi es la tendencia inherente a una sociedad industrializada para trascender a un mercado regulador. Es decir, se trata de subordinar el mercado a la sociedad democrática, lo cual implica una producción regulada en función de las necesidades sociales, no en función de los intereses del propio mercado. Según esta concepción, el mercado es un mecanismo útil pero secundario. El socialismo es un esfuerzo por conseguir mejorar las relaciones humanas, que en la Europa del siglo XX está marcada por la tradición cristiana. Polanyi dice que la Historia de la Humanidad no puede ser otra que la Historia del progreso de la Humanidad. De la misma manera que el capitalismo supone un progreso respecto al feudalismo, para Polanyi, existe un escalón más después del capitalismo, existe el progreso más allá de la sociedad de mercado. Aunque desde el punto de vista histórico no haya una ruptura radical, debe haberlo desde el punto de vista económico. Esta ruptura radical tiene una doble vertiente:
Para Polanyi, hay que buscar formas de estructuración social, verdaderamente democráticas, no sometidas a los dictados criminales de una racionalidad económica orientada únicamente a la búsqueda de beneficio, a la acumulación ilimita del capital. Esta racionalidad está ausente de cualquier reflexión ética. Pero no solo hablamos de la ausencia de criterios morales, sino que este sistema introduce la avaricia como base del comportamiento ético. En definitiva, para Polanyi, hay que salir de eso y buscar la verdad, optar por un planteamiento más justo, enfrentándose a la ley si es necesario. Esto es algo que se encuentra a años luz en la época de Polanyi e incluso en la nuestra. El concepto de democracia y también la práctica democrática, queda desfigurada y mermada al someterse a los mecanismos del mercado. Polanyi plantea un progreso aún mayor respecto del capitalismo. No es posible seguir pretendiendo que el mejor mundo posible es el gobernado por los intereses del mercado. Para Polanyi, esto es una insensatez. Lo que el autor plantea es un mundo donde el mercado responda a las necesidades reales de la sociedad.
Una de las ideas fundamentales de Polanyi se relaciona con la interpretación habitual del desarrollo de los mercados. El pensamiento liberal tiende a considerar que el proceso de internacionalización de las economías es un proceso natural. Es decir, la globalización tiene un carácter natural. Para el pensamiento liberal, el desarrollo de los intercambios internacionales no sería más que la prolongación natural de los intercambios nacionales. El proceso de internacionalización de la economía sería la expansión de mercados, que partiendo de lo local, habrían alcanzado una dimensión global. Todo este proceso es natural. Esta concepción implica un movimiento económico que se produce desde el interior al exterior. Esto está basado en los parámetros enunciados por Adam Smith. Para Smith, el fundamento de la economía global reside en la propensión natural del hombre para
trocar, cambiar y ceder una cosa por otra. Esta propensión forma parte de la naturaleza del hombre, por lo que no puede ser impedida por ninguna prohibición arbitraria, ya sea política o religiosa. Sería un acto contra natura intentar impedir el libre desarrollo de esta tendencia natural del ser humano. Para Smith, esta tendencia natural es la que posibilita la división del trabajo y, por tanto, la eficacia de la producción, que a su vez, genera la riqueza de las naciones. Este es un planteamiento típicamente liberal que se opone al mercantilismo. El mercantilismo entiende que la riqueza de una nación se derivaba de la cantidad de tierras y metales preciosos que ésta posee. Para el planteamiento liberalista, sin embargo, la fuente de riqueza de las naciones es la profundización de la división del trabajo y la libertad del hombre para trocar, cambiar y ceder una cosa por otra.
El autor Mandeville desarrolla lamisca idea poniendo el ejemplo de España. España, a lo largo del siglo XVI, dominó muchas tierras más allá de sus fronteras y tuvo acceso a gran cantidad de metales preciosos. Mandeville sostiene que, el hecho de poseer tierras y oro, no convirtió a España en un país poderoso. A lo largo de los siglos XVII y XVIII, asistimos al hundimiento del Imperio Español y a la ascensión de los Países Bajos como nueva potencia. Lo que ocurrió fue que la riqueza de España se escapó a los lugares que estaban en condiciones de hacer de ella un buen uso, es decir, de multiplicarla.
La internacionalización de la economía es la continuación natural de una fase de crecimiento iniciada a nivel local y cuya base es la división del trabajo. Éste es un punto de vista biologista que entiende la internacionalización de la economía como el proceso natural desde una base local (semilla) hasta la total internacionalización de las economías (árbol). Las condiciones óptimas para que se produzca este proceso son la división el trabajo y la ausencia de factores externos que dificulten esa internacionalización. Según este punto de vista liberal, la secuencia de encadenamientos que habría desembocado en el capitalismo sería el siguiente:
El proceso comienza con las unidades económicas de base (las familias, los pueblos… ), que viven replegadas sobre sí mismas y desarrollan una economía de subsistencia , es decir, producen lo que necesitan consumir. Esta es una organización autárquica de la economía. Sin embargo, esta economía no elimina la posibilidad de que existan excedentes. Si las condiciones meteorológicas y los avances técnicos, por ejemplo, son favorables, se producirán excedentes. La necesidad de intercambiar estos excedentes da lugar a la aparición de espacios para ello. Así se forman los mercados : lugares para la circulación de excedentes. A partir de este momento, aparece la moneda para sustituir al trueque, lo cual multiplicará las posibilidades de intercambio. La existencia de mercados y la aparición de la moneda harán saltar por los aires los marcos autárquicos de la producción doméstica, favoreciendo la especialización de las actividades y la división del trabajo. De esta manera, se pasa de una producción destinada al consumo, a una producción para el mercado. Todo esto dará lugar a la aparición de un nuevo sistema: el capitalismo.
Este proceso ha tenido lugar porque esta propensión natural del hombre a trocar, cambiar y ceder un producto por otro, viene potenciada por algo que también se considera intrínseco al ser humano: el natural afán por el beneficio y el natural egoísmo. El ser humano es, por naturaleza, egoísta. El motor que guía todas las actividades humanas es el afán de beneficio. Adam Smith postuló que “la división del trabajo no va a dejar de profundizar, sino que va a extenderse hasta formar un mercado planetario”.
En consecuencia, se espera que los seres humanos se guíen por su egoísmo, y también para ganar el máximo dinero posible. En este sentido, la crítica que formula Polanyi al capitalismo no es que se funde en lo económico, porque cualquier sociedad lo hace, sino el hecho de que su economía repose sobre el interés personal. Esta diferenciación que hace Polanyi entre economía sustantiva y formal, presenta similitudes respecto a la diferenciación que plantea Webber entre racionalidad material o sustantiva , y racionalidad formal.
- Racionalidad material : está dirigida por valores. Es la racionalidad que actúa en función de determinados valores. - Racionalidad formal : dirigida por el cálculo, orientado a la obtención del máximo beneficio posible.
Webber considera que la economía capitalista se rige por la racionalidad formal, es decir, una racionalidad dirigida al cálculo, en la que está ausente cualquier tipo de postulado de valor. Lo más importante para Polanyi es que una sociedad de este tipo es absolutamente excepcional a lo largo de la Historia. Históricamente, no hay ninguna sociedad dirigida en base a esos criterios. Una sociedad tal, es totalmente no natural. Hay una pretensión de que determinados instintos naturales justifiquen este tipo de sociedad, pero lo cierto es que ésta no se ha dado antes en la Historia. Si la propia naturaleza es la que crea estos mercados autorreguladores, sobra cualquier tipo de reflexión sobre si una sociedad de este tipo es buena o mala moralmente, la discusión deja de tener sentido cuando se naturaliza la constitución de una sociedad gobernada por la ambición y el egoísmo individual. El ejemplo más claro de este tipo de planteamientos lo constituye Mandeville. Su obra más conocida, La fábula de las abejas: los vicios privados hacen la virtud pública , plantea como metáfora que el único objetivo de las abejas que forman el panal es satisfacer sus vicios personales. Lo que plantea Mandeville es que, sorprendentemente, el panal funciona. Al contrario, cuando algunas abejas intentan introducir la moral en la sociedad del panal, éste se destruye. Nos encontramos ante la misma tesis que plantea Smith cuando habla del egoísmo privado. Es una formulación teológica que concibe la existencia de una “mano invisible” (mercado) que, mágicamente, convierte los beneficios individuales en un funcionamiento correcto de la sociedad. En esta sociedad, lo importante es el cálculo, la racionalidad formal. En la medida en que se introducen criterios basados en la racionalidad sustantiva, es decir, criterios éticos, el resultado es el desastre. Por el contrario, para Polanyi, las sociedades pre-industriales tienen economías estructuradas en base a criterios no economizantes, –se alejan de la economía formal–,si no en base a criterios de economía sustantiva. Esto es porque contrariamente a Smith, en lugar de la predisposición natural al intercambio, estas sociedades tienen una marcada aversión a los actos basados en el interés. No es que ignorasen el mercado, pero los primeros imperios de la Antigüedad estaban organizados sobre principios distintos al mercado, existían otros principios. La organización del trabajo colectivo testimonió durante mucho tiempo, la existencia de una división del trabajo desconectado del surgimiento de la economía de mercado. Por tanto, el encadenamiento que plantea Smith no está claro. La formación de excedentes no desemboca en el desarrollo de una esfera mercantil sino en la realización de grandes infraestructuras y arquitecturas religiosas. No hay una línea causa-efecto entre excedentes y comercio. Como ejemplo de esto tenemos numerosas sociedades pre-industriales. El desarrollo del
comercio no se puede inferir del desarrollo de los intercambios vecinales. No se ha observado, históricamente, una tendencia de este tipo.
Respecto al punto de vista de Smith, cabría realizar una matización. Cuando éste habla del carácter natural del mercado, hasta el punto de hablar del homo economicus , no está usando el término “natural” como sinónimo de “innato”. Adam Smith plantea que la propensión natural del hombre a trocar, ceder e intercambiar unas cosas por otras es, probablemente, una consecuencia necesaria del uso de la razón y la palabra. Más que un mero instinto es una construcción social. La constitución del orden social determina esta tendencia natural al intercambio, y la razón y la palabra son las condiciones necesarias para la construcción del orden social.
Otro matiz en relación con los postulados de Smith, es que los sujetos que plantea éste no son autosuficientes. El ser humano necesita del apoyo del otro. Smith plantea que la ayuda que un agente pretende conseguir del otro debe apelar al egoísmo del otro, no a la benevolencia. El ser humano necesita vivir en sociedad, pero esa sociedad se estructura en base al egoísmo propio y de los demás.
Estas matizaciones, sin embargo, no rompen completamente con lo que planteábamos anteriormente. Lo que nos sigue interesando es la carga ideológica de la consideración de que el mercado deriva de la propensión al intercambio como algo natural.
Haciendo uso de estos matices, F. Hayek plantea que el mercado no es natural si no espontáneo. Pero, en todo caso, lo que nos interesa destacar es que lo que se deriva de esa espontaneidad es lo mismo que Polanyi critica en Smith. Natural o espontáneo, lo que se deriva es exactamente lo mismo: “no es posible pensar contra los mercados”.
En uno de sus artículos, Polanyi dijo “Aristóteles tenía razón; el hombre no es un ser económico, sino un ser social”. Con esta afirmación, Polanyi está defendiendo un planteamiento totalmente diferente al liberal. Para Polanyi es una simplificación definir al ser humano como homo economicus. El hombre es un ser social, cuyo objetivo fundamental no es cultivar su interés individual sino conseguir logros sociales. Para Polanyi, la acumulación de bienes no es un fin en sí mismo, es un medio para conseguir determinados bienes sociales. Para Smith, sin embargo, es todo lo contrario. Convierte los medios en fines. De esta manera, la acumulación de bienes deja de ser el medio para conseguir un bien social colectivo, y pasa a ser un fin en sí mismo (acumular bienes por acumular bienes). Siguiendo los trabajos de Malimowski, Pirenne o Weber respecto a la economía europea, Polanyi llega a la conclusión de que la constitución de la economía de mercado no fue natural. Por el contrario, fue fruto directo de la intervención de los estados. A partir del siglo XVII, en Inglaterra y Francia, se procedió ala unión entre los numerosos mercados locales. Fruto de esa acción del estado, se creó un mercado interior en el seno de los países. Hasta ese momento, los comerciantes internacionales no podían participar del mercado al por menor. El comercio internacional no tenía acceso al mercado local. Esta reglamentación estaba establecida por los gremios, influenciados, a su vez, por los dictados de la Iglesia. Según Polanyi, si el comercio local estaba reglamentado, la producción destinada al comercio internacional no dependía más que formalmente de los gremios. La reacción del comercio local ante el cada vez mayor impulso y la mayor cantidad de dinero que el comercio internacional generaba, fue la de enrocarse sobre sí mismo y tratar de impulsar políticas de protección. Por eso, durante los siglos XV, XVI y XVII, el estado tuvo que imponer el sistema mercantil frente a ese proteccionismo de ciudades
Deben existir mercados para los cuatro elementos y lograr que no se desarrolle ninguna política que intervenga en esos mercados. Las únicas políticas aceptables son aquellas que garanticen el proceso de autorregulación del mercado y contribuyan a consolidarlo como único elemento organizador en materia económica y en el conjunto de la vida social. El mercado es autorregulado y autorregulador.
Polanyi dice que, a partir de aquí, desaparecen los últimos residuos de la vida tradicional. Asistimos a un nuevo sistema en el que la sociedad es un mero apéndice del sistema económico. La sociedad depende de los designios del mercado. En este sentido, Polanyi critica fuertemente al capitalismo, no por su eficacia económica –o no–, si no en nombre de la conservación de la sociedad. Polanyi se hace eco del carácter destructor de los vínculos propios del mercado. El mercado destruye la vida social. Polanyi, que vio cómo la economía de mercado engendraba mejoras pero también dislocaciones sociales, tomando como eje la Revolución Industrial, dice que está surgiendo una situación nueva que compara a la época de los cercamientos (acumulación primitiva de capital). Este fue un proceso inmenso de expropiación basado en la usurpación a los campesinos de cualquier medios de subsistencia. Se privatizaron las tierras y se convirtió a los campesinos en trabajadores asalariados. Se prohibieron los pequeños huertos plantados al lado de las casas, se expulsó a los campesinos de sus tierras y se prohibieron la caza y la pesca. Los cercamientos fueron un intento de ahogar al trabajador para que su única medida de subsistencia fuera vender su fuerza de trabajo. En este momento en que habla Polanyi, dice que asistimos a la creación de un sistema completamente nuevo. Las revueltas del siglo XIX y XX serían intentos de frenar los estrafos dedicho nuevo sistema. Pero no hay que entender la obra de Polanyi como una mera discusión entre intervencionismo y liberalismo. Polanyi no dice que todos los problemas estén causados por la ausencia de la intervención del estado en la economía. Un ejemplo es la reflexión que realiza el autor sobre el denominado sistema de Speenhamland, un sistema de protección de los desfavorecidos que plantea que todas las aldeas deben proporcionar un plus de dinero a aquellos que no alcancen los ingresos suficientes. Se establece en función al precio del pan, y es una especie de salario mínimo que se puso en marcha en 1795 y duró unos cuarenta años.
En definitiva, Speenhamland, que comenzó siendo un sistema de salario mínimo orientado a impedir que la gente se muriese de hambre, terminó convirtiéndose en un sistema antieconómico que acabó perjudicando a las mismas personas a las que se intentaba ayudar. Poco a poco, se tuvo conciencia de la imposibilidad de hacer compatible el derecho a vivir con el sistema salarial, ya que éste, solo podía funcionar poniendo en peligro ese derecho a vivir.
En 1984, las enmiendas de las Leyes de Pobres pusieron fin a Speenhamland, ya que éste era un sistema que suponía un obstáculo insalvable para el desarrollo del capitalismo. Si se incrementaban las leyes de Speenhamland, se vería imposibilitada la
introducción de los pobres expulsados de sus tierras por los cercamientos y la privatización de éstas, en el mercado de trabajo. Un sistema como el de Speenhamland impedía que el trabajo pasara a estar regido por las leyes del mercado. La introducción del sistema Speenhamland supuso también el fin de la Ley de Domicilio, que ataba a las personas a su lugar de residencia. Si esta ley se derogó, fue porque era necesario que los campesinos pobres pudieran desplazarse a otros lugares para vender su fuerza de trabajo y convertirse en asalariados. Como el sistema prohibía que los campesinos pudieran buscar sus propias maneras de subsistencia (cercamientos, privatización…) a éstos no les quedaba otro remedio que introducirse en el mercado laboral.
La contradicción entre Speenhamland y el sistema que consiste en que aquellos que quieran sobrevivir tengan que desplazarse, es obvia. En este caso, el elemento discordante es Speenhamland, por eso tuvo que eliminarse. Todo este proceso se enmarca en una transformación radical del concepto de “pobreza”. Tradicionalmente, el “pobre” era aquel que necesitaba trabajar para vivir. Sin embargo, el concepto medieval de pobreza implica que el pobre es una figura necesaria en dos sentidos. Por una parte, el pobre es necesario porque constituye una figura a proteger que recibirá su recompensa a una vida mediocre, en otra vida. El pobre tenía muchos privilegios, el más importante de ellos, es que por su mera condición de pobre tenía garantizado el cielo. Por otra parte, el pobre era necesario porque hacía posible la existencia de la caridad, que contribuía a que los ricos también pudieran ir al cielo. En definitiva, el pobre pasa a ser una figura a la que hay que proteger porque es un activo que produce dividendos. Una tercera transformación en el concepto de “pobre” se produjo en los siglos XVI- XVII. El pobre pasa a ser el “vago”, aunque sigue siendo imprescindible. Se fue gestando la idea del pobre como aquel que se niega a convertirse en asalariado. Por lo tanto, con ese individuo se ha de ser brutal, y convencerlo, por las buenas o por las malas, de que debe insertarse en el mercado. Esta idea la apoyan filósofos célebres como Hutcheson ( El sistema de filosofía moral ), que considera que “aquel que se niegue a trabajar puede ser condenado a la esclavitud permanente”. En esta época asistimos a la implantación de una legislación totalmente terrorista orientada a conseguir que los campesinos vendan su fuerza de trabajo.
En definitiva, el problema de Speenhamland para Polanyi es que m arca una contradicción en el desarrollo del capitalismo. Éste aún no ha alcanzado su madurez. Al desaparecer este sistema, asistimos a la consolidación de la conversión del trabajo en mercancía y, por consiguiente, a la aparición del mercado de trabajo.
Por lo tanto, podemos establecer como fecha de nacimiento del mercado autorregulado y autorregulador, el año 1834. Toda la argumentación que realiza Polanyi sobre la eliminación de Speenhamland como parte del proceso de desregulación y de aparición del mercado autorregulado(r), no significa que esté apoyando un sistema como Speenhamland, ni que condene las leyes de pobres de 1834. Por el contrario, en este contexto, el sistema de Speenhamland estaba rodeado, para Polanyi, de una dudosa complejidad moral y fue la causa de una gran catástrofe social. En el sistema de Speenhamland no era oro todo lo que relucía, ni mucho menos. La ley de 1834 supuso una indiscutible mejora económica para los asalariados, pero también una fuente de destrucción social.
Lo más interesante para Polanyi es cómo lo económico prima sobre la cultura en este planteamiento. Para el pensamiento neoliberalista, si se produce un crecimiento económico esto implica que nos encontramos en el mejor de los mundos posibles, lo
en mercancías. Esto ratifica es el hecho de que la sociedad en su conjunto queda sometida a las exigencias del mercado. Para Polanyi, las consecuencias de esto son gravísimas para la sociedad, en la medida en que ésta no es un ente abstracto. Las consecuencias afectan a las personas que configuran la sociedad. Cuando Polanyi plantea las diferencias entre economía y sociedad constata cosas como los efectos devastadores del sistema de Speenhamland.
La “utópica economía de mercado” de la que habla Polanyi, qe multiplicó la riqueza pero también generó mucha miseria, amenazaba seriamente la estructura de la sociedad. Esta amenaza no radicaba en el carácter industrial de esa economía, sino en que la sociedad está absolutamente regulada por el mercado.
El progreso se convierte en la meta de la sociedad (390). Lo que se dice es que este progreso depende de la instauración de una sociedad regulada por el mercado. Las cuestiones a las que se refiere Polanyi están a caballo entre los siglos XVIII-XIX, es decir, en plena Revolución Industrial. El discurso ideológico, teórico e intencionadamente mentiroso consistía en afirmar que la sociedad capitalista se correspondía a la naturaleza inherente al ser humano. No se entra a discutir si esta sociedad es buena o mala, los postulados de valor no existen en este planteamiento. No obstante, para Polanyi, podemos constatar que en la medida en que el mercado regula la sociedad, que pasa a ser un elemento secundario, los efectos en .la estructuración de esa sociedad son devastadores. En lugar de supeditar la economía a la sociedad, son las relaciones sociales las que deben adecuarse al mercado. El factor económico excluye cualquier otro tipo de consideración. Lo económico es absolutamente prioritario. Una vez el sistema se articula en instituciones separadas fundadas sobre móviles determinados y sobre unos estatutos especiales, la sociedad tiene que asumir un modo de acción específico: posibilitar que el sistema de mercado pueda funcionar siguiendo sus propias leyes. Impedir todo aquello que suponga un obstáculo para el efectivo desarrollo de esas leyes. Polanyi se refiere a la economía que institucionaliza el mercado. Ésta solo puede ser posible en una sociedad de mercado dirigida a satisfacer sus necesidades y a impedir la aparición de cualquier obstáculo. Por tanto, asistimos a la imposición de criterios mercantiles al conjunto de la sociedad.
En primer lugar, como condición necesaria, asistimos a la conversión del trabajo en mercancía. En este orden de las cosas, una economía capitalista de mercado, que exige la creación de una sociedad de mercado, es socialmente inviable (128-29). Parece que nos olvidemos de que la fuerza de trabajo procede de personas. Por eso, permitir que el mercado siga zarandeando la vida y el poder adquisitivo de las personas es una verdadera monstruosidad. Es obvio que ni la sustancia humana ni la natural están protegidas contra las “devastaciones de esta fábrica del diablo”. De hecho, se encuentran cada vez más desprotegidas. Polanyi considera que una economía capitalista de mercado, con un estricto sistema liberal carente de ningún tipo de mecanismo regulador, es inviable. La economía capitalista de basa en la búsqueda del máximo beneficio posible mediante la conversión del trabajo en mercancía, mediante la conversión del miedo al hambre en el principio regidor de la sociedad.
Towsend escribió un texto en 1786 en el que resume toda la polémica de la época, es decir, todo el edificio teórico del liberalismo. “El hambre puede espolear y aguijonear a
los pobres para obligarlos a trabajar” (190-191). Aunque nuestras leyes digan que la gente no puede pasar hambre, existe una clara contradicción entre la teoría y la práctica en nuestra sociedad capitalista. De hecho, no hay necesidad de establecer leyes que obligue a trabajar a los pobres: el hambre es el mejor medio de presión. Estamos asistiendo a la aparición de un sistema que se basa en el miedo al hambre. El modo de producción agrario se basaba en medios de presión extraeconómicos, pero el capitalismo se basa en la coerción puramente económica. El trabajador ya no está sometido al señor feudal, es “libre”. Pero si esta libertad se combina con la eliminación de cualquier actividad que pueda asegurar la subsistencia de esos trabajadores (privatización de sus tierras, por ejemplo), el trabajador, pese a ser libre, no posee nada excepto su fuerza de trabajo, que tiene que vender para sobrevivir. “Eres libre de trabajar o no, si quieres morirte de hambre, lo harás libremente”. No hace falta una coherción directa, y se mantiene una ficción de liberación del trabajador. Así, el capitalismo consigue que, aquel que ha accedido a vender su fuerza de trabajo, y por tanto, no va a morirse de hambre, se sienta agradecido al sistema.
En este texto, Towsend plantea que el capitalismo conduce a la escisión social y del ser humano. Por eso debemos entender las convulsiones de los años 20 y 3º y de finales de siglo, como respuestas a la amenaza de destrucción de la sociedad que supone el capitalismo realmente existente. Esas convulsiones son respuestas a la pregunta de cómo puede la sociedad hacerse con las riendas de la economía, unas riendas completamente entregadas al mercado durante la Revolución Industrial. En este sentido, las revoluciones socialistas son entendidas como un intento de ruptura del chantaje al que el mercado tiene sometida a la sociedad en su conjunto. Pero, en el seno del propio sistema también se darían estas respuestas, que serían los fascismos y el nacismo. En este sentido, es ridícula afirmación de Fukuyama según la cual “la victoria del modelo neoliberal se fundamenta sobre la derrota de los dos modelos alternativos que se le enfrentaban, los cuales han desaparecido como alternativas sistémicas viables”. Para Fukuyama, la derrota del nazismo y el comunismo supone en fin de la Historia en cuento a la Historia de las ideas. La Historia habría sido completada “sin prisioneros ni heridos”. Sin embargo, hay que matizar el planteamiento de Fukuyama según el cual el fascismo se liquidó con la 2ª Guerra Mundial. Este autor no está considerando el fascismo posterior a 1945 en sus más deleznables manifestaciones a lo largo y ancho del mundo. La explicación es que Fukuyama dice que estas manifestaciones se están produciendo en lugares periféricos y no hacen peligrar el sistema dominante. También hay que matizar otro aspecto de la argumentación de Fukuyama, que dice que el fascismo fracasó como alternativa al capitalismo. Para Towsend, presentar el fascismo como una alternativa al capitalismo es un auténtico sarcasmo. El fascismo es la respuesta política, económica y cultural del capitalismo en época de crisis. En este sentido, fascismo y capitalismo no son dos sistemas antagónicos, sino dos caras de una misma moneda. Cuando el capital se ve en peligro, reacciona abriéndose de manera totalmente criminal. Cuando este peligro desaparece, la situación se democratiza. Estas dos caras de la misma moneda se van alternando adecuadamente según el momento histórico lo exija.
En la fase actual, las condiciones para la óptima acumulación de capital, alcanzan su grado perfecto en una situación de democracia liberal, donde la violencia queda enmascarada y la alienación alcanza cotas de pesadilla. Esto no implica que haya desaparecido la otra cara de la moneda. En el momento en que se considere oportuno, esa otra cara de la moneda podrá volver a aparecer.
desarrolla, sino que es algo natural, el estadio primitivo de la sociedad. Nada induce al subdesarrollo.
Estos cambios no son solo semánticos, sino que modifican radicalmente la visión del mundo. Hasta este momento, las relaciones norte-sur estaban organizadas según la oposición colonizador/colonizado. Esta dicotomía va a ser sustituida por otra: la de países desarrollados/ subdesarrollados. Esto implica una nueva relación entre los estados que conduce a la expansión del sistema estatal. Mientras que la relación colonizador/colonizado era jerárquica, porque la colonia estaba sometida a la metrópoli, en este nuevo modelo, todos los estados son absolutamente iguales en derechos, aunque aun no lo sean de hecho. El colonizador y el colonizado pertenecían a dos mundos totalmente distintos y apuestos. Ahora, por tanto, para reducir esas diferencias entre ambos, se hace inevitable el enfrentamiento como parte del proceso de liberación nacional. La violencia parece la única forma de superar esa jerarquía.
En la nueva dicotomía desarrollo/subdesarrollo, ya no hablamos de dos polos opuestos sino que estamos dentro de la misma familia. El subdesarrollo está en retraso respecto al desarrollo, pero puede esperar que esa diferencia se elimine. Igual que el subordinado puede aspirar a alcanzar el nivel de su jefe. No hay nada que le impide al subdesarrollo pensar que algún día pueda alcanzar el desarrollo. Esto no significa que el que iba por delante, vuelva al subdesarrollo, sino que se trata de que todos estén en el mismo lugar, sin que esto suponga una contradicción. Los intereses del subdesarrollo o son contrarios a los del desarrollo.
En el plano conceptual, entre el binomio subdesarrollo/desarrollo no existe una ruptura. Este binomio introduce la idea de una continuidad sustancial entre ambos. La diferencia entre unos y otros es cuantitativa, no cualitativa. El estado de subdesarrollo no es lo inverso al desarrollo, al contrario que el colonizador sí que lo es respecto al colonizado. Aquí no hay dos caras sino una sola línea. El subdesarrollo es una forma inacabada del desarrollo, la forma embrionaria de éste. Lo único que hay que hacer, por tanto, es desarrollarse para que ese embrión adquiera forma. La única manera de desarrollarse es mediante un crecimiento económico. Lo único que separa al país subdesarrollado el desarrollado es la tasa de crecimiento económico. Por tanto, la relación entre subdesarrollados y desarrollados es, como hemos apuntado, puramente cuantitativa y que presupone una unidad fundamental entre los dos fenómenos.
Además, lógicamente, en este juego de relaciones cuantitativas, a cada nación se la valora por sí misma. El desarrollo pasa a ser un fenómeno interno generado en el seno de cada país. Cada país es un embrión que tiene que desarrollarse por sí mismo. Desde esta perspectiva biologista, la Historia no interviene en la situación de cada país no explica el adelanto de unos y el atraso de otros. Todos hemos partido de un estado natural de subdesarrollo. Si unos han salido de él, y otros no, no puede achacarse a factores históricos externos.
Desde este punto de vista, el proceso de desarrollo que se ha producido en Europa, puede y debe reproducirse en todas partes. Sin embargo, esta afirmación es muy controvertida porque se está prescindiendo de considerar elementos como la esclavitud, el desmantelamiento de las industrias, el colonialismo... También se omite la consideración de que no es lo mismo llevar a cabo un proceso de industrialización cuando no existe aún ningún país industrializado, que hacerlo cuando ya existen países fuertemente industrializados. El mundo no e suna estructura sino una suma de naciones, lo que casa con la concepción liberal del mundo. Estas naciones son, formalmente,
iguales entre sí y tienen los mismos derechos. Esta es la mitología de la igualdad de oportunidades y de las naciones hechas a sí mismas.
Esta nueva manera de entender el mundo servía a los intereses de la nueva potencia hegemónica, los EEUU.
En primer lugar, esta nueva dicotomía desacreditaba el sistema colonial de manera evidente. Por tanto, el hecho de que Truman utilice esta dicotomía en su discurso implica que está deslegitimando la colonización. Esta crítica al imperialismo es, a la vez, verdadera y falsa. Es verdadera porque EEUU tiene un obvio interés en desmantelar los imperios coloniales para acceder a nuevos mercados. Pero también hay que recalcar que esa crítica hacia el imperialismo es falsa en el sentido en que el programa del desarrollo le va a permitir a EEUU establecer un nuevo imperialismo, aunque ya no sea el imperialismo formal que exige una presión política directa de las colonias.
En segundo lugar, este binomio desarrollo/subdesarrollo plantea la existencia de una diferencia obvia entre diferentes partes del mundo. Esta diferencia está planteada de manera que justifica la necesidad de una intervención (“no podemos permanecer impasibles ante el espectáculo de la miseria”). El subdesarrollo es un estado natural de pobreza que produce unas víctimas. Éstas sufren la miseria, el hambre y la enfermedad. Por otro lado, el desarrollo implica la existencia de recursos ingentes que solo hay que colocar donde hagan falta. Ante esta situación, es imposible no hacer nada. Esta llamada a la acción de Truman no es presentada como la necesidad de traspasar los valores norteamericanos a las zonas subdesarrolladas, como se hizo anteriormente. En este discurso, se plantea una obra común, la necesidad de llevar a cabo un esfuerzo mundial colectivo basado en el crecimiento de la producción y una mejor utilización de los recursos humanos y vegetales del mundo. La intervención en los países subdesarrollados debe incitar a aumentar la producción. Solo entonces, todo el mundo podrá ser rico, próspero y feliz.
En tercer lugar, en este texto, la Administración de los EEUU plantea su hegemonía haciendo una propuesta generosa que se presenta por encima del telón de fondo de la Guerra Fría y del enfrentamiento entre consumismo y capitalismo. La clave de la felicidad es el crecimiento de la producción. Es en esto en lo que se debe ahondar. Solo el aumento de la riqueza conduce a una mayor felicidad. Es una perdida de tiempo, por lo tanto, debatir sobre la organización social, el papel del estado o la propiedad de los medios de producción. Lo único que interesa es incrementar la producción.
En este sentido, este binomio introduce también una jerarquización entre los distintos países que va a permitir a los EEUU situarse a la cabeza, ya que es el que tiene una mayor riqueza. Esa nueva norma que va a fijar la jerarquía es el Producto Nacional Bruto. Ese es el dato presuntamente objetivo en torno al cual podemos establecer una jerarquía entre los países. Por eso, EEUU se puede situar por encima del resto de países. El criterio del nivel de civilización que se alegaba anteriormente, podía ser discutible. Pero con este nuevo criterio no hay debate posible: es un indicador matemático y objetivo que no puede inducir a error ninguno. La solución que se plantea es hegemónica: se plantea como la mejor y la única norma para establecer una jerarquía. En definitiva, la argumentación que hace Truman es algo similar a “en base al único criterio objetivo que se puede establecer, yo lidero el país hegemónico”.
económica para lograr el desarrollo. De esta manera, se cambió su derecho a la autodeterminación, por el derecho a la autodenominación. Conquistando su identidad política perdían su autonomía política y económica. A diferencia del periodo imperial, en el que mundo era considerado un espacio político, la era del desarrollo se caracteriza por el surgimiento del espacio económico, en el que el PNB pasa a ser el imperativo fundamental.
El punto cuarto del discurso de Truman, visto quién lo planteada y el contexto en que se hacía, no cabe duda de que fue tomado muy en serio por prácticamente todo el mundo. Por un lado, había que crear las instituciones encargadas de establecer esa mitología del desarrollo, y por otro, concluir el proceso de descolonización.
Hay que tener en cuenta que los años 50 estuvieron presididos por la Guerra Fría y toda una serie de conflictos que marcaron el curso de esta década. Entre 1950 y 1953, tuvo lugar la Guerra de Corea, donde por primera vez aparecieron contingente de la ONU bajo el mando unificado de EEUU, liderado por el general McArthur. En la Guerra de Corea, los EEUU estuvieron muy próximos a perder. Puede decirse que la guerra terminó en empate. Un año después del discurso de Truman, los EEUU se vieron inmersos en una guerra que no ganaron. En el año 53 también se produjo la muerte de Stalin, cuyo gobierno fue sustituido por una troika. Tres años más tarde, en 1956, se celebró un congreso del PCUS donde se denunció la política soviética. Esto condujo a una ligera apertura y a un cierto deshielo EEUU y la URSS.
El año 54 fue muy importante, ya que se produjo la derrota del ejército francés en Indochina, a manos del ejército vietnamita, lo cual planteó la posibilidad de derrotar militarmente a las metrópolis colonizadoras. En 1955 se produjeron los Acuerdos de Ginebra. Francia abandonó Indonesia, y Vietnam quedó dividido en Vietnam del norte y del sur. En 1956, Inglaterra y Francia invadieron Egipto como respuesta la invasión de Egipto del canal de Suez. En este año, las tropas soviéticas intervinieron en Budapest.
En todo caso, todos estos acontecimientos van a tener al menos dos consecuencias: van a convertir el tercer mundo en el escenario de la batalla ideológica entre las dos potencias (EEUU y la URSS). Estos conflictos en el Tercer Mundo eran el reflejo del conflicto general entre las dos grandes potencias. Un buen ejemplo fue Angola. En este país surgió un grupo nacional de ideología marxista que iba en contra del Imperio francés. Se creía que este grupo estaba vinculado a la URSS; por lo que se creó, como respuesta, un nuevo grupo guerrillero occidental llamado Unita. El resultado sigue hoy todavía sangrando Angola. Otro ejemplo claro es el del Congo. El Congo alcanzó la independencia en los años 70, cuando Bélgica se la concedió. En las elecciones salió ganador Lumumba. Solo duró un mes en el mandato, ya que Bélgica y EEUU le organizaron un golpe de estado. Lumumba era de izquierdas y quería que el proceso de independencia fuera real, por lo que, finalmente, fue brutalmente asesinado. El individuo que accedió al poder tras Lumumba fue Mobutu TseTseTseko, un dirigente nominal designado por Occidente para que sus empresas pudieran seguir espoleando el Congo. La situación del Congo no surgió de la nada, sino que vino marcada, no solo por la corrupción de esos países y la existencia de mandatarios sin escrúpulos, que también, sino que la influencia occidental tuvo mucho que ver.
Además, la Guerra Fría bloqueó el sistema e toma de decisiones políticas de la ONU. En vista de esta imposibilidad de tomar decisiones, porque un bando u otro acabaría
haciendo uso del derecho de veto, la ONU tuvo que abordar temas más consensuales, como el tema del desarrollo. La ONU se centró, a partir de ese momento, en lo que se denominaron las tres D: derechos humanos, descolonización y desarrollo. En este contexto, se llevó a cabo la Conferencia de Bandung, entre el 18 y el 24 de abril de
En esta conferencia se expresaron las reivindicaciones de los países colonizados y el rechazo al imperialismo. No era la primera vez que esto ser hacía, ya ocurrió en el Congreso para el Progreso de los Pueblos Oprimidos en París (1920), también en 1923 en Londres y en 1924 en Moscú.
Los gobiernos de Birmania, Ceilán, la India, Indonesia y Pakistán van a intentar, en esta conferencia, poner en marcha una política común al desarrollo económico afroasiático. Esta conferencia internacional marcó el denominado movimiento de los países no- alineados y el inicio de las reivindicaciones del Tercer Mundo.
La conferencia se situó en el marco de la Guerra Fría. Algunos de los países que participaron en la conferencia estaban ligados a potencias militares occidentales, mientras que otros lo estaban a potencias soviéticas. La India, Indonesia Arabia Saudita trataban de ser neutrales.
Esta conferencia se puede analizar desde un punto de vista político, según el cual se podría mencionar la dura crítica al colonialismo que se concretó en determinadas situaciones. Por ejemplo, se demandó la independencia de los países colonizados, especialmente de los países del Magreb (Túnez, Argelia y Marruecos). También se pidió la admisión en la ONU de los países excluidos, como China. Esta conferencia permitió a China conseguir un estatus de gran potencia, que se fue consolidando con el paso de los años, hasta culminar en su entrada en la ONU.
Aunque la Conferencia de Bandung se autopresentó como “afroasiática”, la presencia de países africanos fue casi nula. La gran mayoría de África aún estaba bajo dominio colonial. Sin embargo, esto no impidió que la Conferencia de Bandung marcara el comienzo de las reivindicaciones políticas de los países del Tercer Mundo, pero también la reivindicación por el desarrollo. La mayoría de exigencias que se formularon, fueron retomadas luego por diversas resoluciones de la ONU que fueron siendo aceptadas gradualmente.
Respecto a los derechos de los hombres, se reinventó el derecho de los pueblos a disponer de sí mismos, especialmente en el caso de Palestina. Por lo que respecta al desarrollo, que es lo que más nos interesa, éste fue abordado desde la óptica de la cooperación económica, el mismo discurso que utilizarían posteriormente otros países de la zona ya desarrollada. El desarrollo tenía que llevarse a cabo desde la perspectiva de la integración de la economía mundial. Como los participantes eran de bandos distintos en la Guerra Fría, se utilizaron fórmulas de lenguaje diplomático, pero en el fondo, había bastantes coincidencias. Para todos, el desarrollo pasaba por la producción y la acumulación basada en la inversión interna y la ayuda exterior. Se buscaba la industrialización de los países para poder transformar en el suelo de los países pobres los productos allí producidos. Había que exportar, no solo la materia prima, sino las