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Definiciones clave de la arqueología, resaltando su naturaleza científica independiente y su objetivo de estudiar restos materiales del pasado. Se discuten las diferencias entre arqueología y historia, y se presentan varios tipos de arqueología organizados por temáticas y períodos. Se mencionan disciplinas relacionadas como antropología y etnografía, y se destacan las contribuciones de arqueólogos famosos. El texto también aborda la importancia de arqueología en el estudio de sociedades prehistóricas y la evolución de arqueología a lo largo del tiempo.
Tipo: Apuntes
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Pilar Prieto - [email protected]
El nadador de Phaestum
'Teniendo en cuenta que la razón y la sabiduría son las características que diferencian a la humanidad de la parte menos noble del mundo animal, aquellas disciplinas que mejor favorezcan nuestro perfeccionamiento deberán merecernos mayor atención: entre ellas la antigüedad debe ocupar un lugar destacado, en especial la arqueología , que se ocupa de aquellos monumentos, o mejor aún inscripciones, que todavía se conservan…… Sé que existe mucha gente, y es cosa de lamentar que entre ellos se encuentren hombres de abolengo y fortuna, que sacan a relucir su propia ignorancia al rechazar esta clase de conocimientos, alegando que la antigüedad y semejantes ramas del saber no son sino quimeras de virtuosi , áridas y desagradables investigaciones; por lo cual siendo ellos mismos ciegos e incapaces de disfrutar tales placeres, tiene la imprudencia de mostrar su propia debilidad ante el mundo. Obsérvese que lo que más satisface a este tipo de gente son aquellas actividades cuya propia naturaleza las delata como bárbaras, groseras, innobles y crueles; las violentas cacerías, las querellas y pendencias, las mesas de juego y las parrandas nocturnas componen sus deleites favoritos.'
'La palabra arqueólogo suscita en la mente de muchos la imagen del personaje de Labiche, M. Poitrinas, solemne en el habla, vulgar de aspecto, engreído en sus inútiles y pretenciosos conocimientos; un loco inofensivo y gracioso, sin malicia, salvo cuando se enfrenta con sus colegas. Otras personas, sin embargo, se representan al arqueólogo rodeado de una aureola romántica: es el hombre que sale en busca de ciudades perdidas en la selva o enterradas en el desierto, aquel que con un golpe de piqueta descubre asombrosas obras de arte o tesoros fabulosos. Ambas concepciones son falsas. Indudablemente, aún existen individuos como M. Poitrinas, que encontrarían algo romano en una cerilla... Ocurre también que algún excavador, favorecido por la suerte, realiza un hallazgo de gran interés o riqueza en torno al cual la prensa monta una campaña publicitaria. Pero al igual que un curandero dista mucho de representar a la profesión médica, el barbudo y pomposo aficionado no tiene derecho alguno a llamarse arqueólogo. Descubrimientos sensacionales, como la tumba de Tutankamon por citar sólo el más célebre, no son a menudo sino la culminación de largos años de investigación, y para el arqueólogo no significan un fin en sí mismos. La tarea de la arqueología se encuentra en un plano totalmente distinto…
Existen todavía muchas ideas erróneas sobre la naturaleza misma de la arqueología, incluso entre los miembros de esta profesión. En parte, pueden atribuirse a los orígenes de esta disciplina, en especial en su asimilación por la historia del arte durante el Renacimiento y el movimiento humanista. En aquella época eruditos y hombres de letras, llenos de un entusiasmo desbordado por Grecia y Roma antiguas, limitaron sus intereses arqueológicos a obras de arte y a conjuntos monumentales de valor estético. Para ellos la arqueología se confundía con la historia del arte antiguo. Otros humanistas consideran a la arqueología como mero comentario ilustrado de las obras que se disponían a publicar. Tal subordinación de la arqueología a la filosofía, evidente en especial durante el Renacimiento, continuó durante los siglos XVII y XVIII. Hubo que esperar hasta el siglo XIX, con el nacimiento de la Prehistoria como disciplina científica, para que la arqueología encontrase al fin su propio campo de investigación: el estudio y la interpretación histórica de todos los restos materiales que las civilizaciones desaparecidas han dejado en la tierra. Estos restos, desde el espléndido Coliseo hasta el humilde fragmento de cerámica tosca y mal cocida, son estudiados en cada uno de sus aspectos como medios para reconstruir la vida de las civilizaciones pasadas. Por supuesto, las obras de arte no están excluidas de los dominios de la arqueología, si de algún modo sirven para aclarar la historia de las antiguas civilizaciones; pero seguirán siendo en este sentido documentos puramente históricos, y la arqueología, y los arqueólogos, deberán abstenerse de formular juicios subjetivos sobre su valor estético. Por otra parte, la distancia que separa la arqueología de la historia del arte crece cada día más. El historiador del arte se ocupa exclusivamente de determinadas obras que son expresión del gusto estético de una época determinada…. El arqueólogo, por el contrario, se esfuerza por ser escrupulosamente objetivo. Un progreso constante en los métodos de reconocimiento e interpretación, especialmente notable durante los últimos años, ha elevado esta profesión al nivel de una disciplina auténticamente científica. Como ciencia auxiliar de la historia, su tarea esencial es reconstruir las diferentes etapas de la civilización material de la humanidad desde los tiempos más remotos.'
'Se ha dicho que para la mayoría de los norteamericanos el pasado es “liso”…. Esto significa indudablemente que los norteamericanos (y seguramente, muchos otros pueblos también) piensan en un pasado generalizado, cuyos comienzos no son demasiado lejanos y cuya extensión se remonta hasta el principio de los tiempos. Es evidente que en este recorrido, que va desde un momento no demasiado lejano hasta el comienzo de los tiempos, no perciben debidamente la profundidad o duración del tiempo mismo. No saben apreciar la larga sucesión de cambios sufridos en su modo de vida por los hombres del pasado. Con la excepción de algunas viejas comunidades de las costas del Atlántico, apegadas a la tradición, existen pocos norteamericanos cuyas vidas guarden las huellas de su propio pasado cultural. Si la casa en que habitan o las cosas que utilizan tienen más de 50 años, las consideran ya viejas. Quizá conserven los indios un atractivo romántico, pero sus antiguas costumbres no forman parte de la herencia cultural de la mayoría de los norteamericanos. Y precisamente porque no existe mucho más aparte de su propio pasado cultural, la antigüedad de los indios de América tiene para estas gentes una especie de aureola de irrealidad. Pocos americanos tienen suficientes conocimientos sobre el quehacer cotidiano de sus antepasados europeos… Para las gentes de Europa el pasado es algo menos “liso”… Viven rodeados de restos de antigüedad y, si se sienten interesados, pueden ahondar con facilidad en el tiempo. Cuando los Norteamericanos viajan por Europa o por cualquier otra parte del Viejo Mundo, adquieren también mayor sentido de la profundidad del tiempo y del modo en que la vida del hombre ha cambiado. Por ejemplo, cualquier americano de origen noruego que viaje a su antigua patria debe visitar el gran Folk Museum al aire libre, cerca de Oslo. El pasado de su rama familiar ya no volverá a ser tan “liso” como antes….
El arqueólogo se interesa por las cosas y por las formas en que pueden ser utilizadas para reconstruir los tipos de vida de los antiguos pueblos. Desgraciadamente, la mayoría de los libros de historia centran su atención en los acontecimientos políticos, en la descripción de las guerras y los tratados y en las hazañas de reyes y cardenales. Suelen decir muy poco sobre el modo de vida de una familia sencilla… Esto se debe a que gran parte de la “historia”, en su sentido convencional, se sirve de fuentes escritas… Una historia verdaderamente completa sobre los modos de vida de los pueblos sólo puede realizarse si se estudia lo que las gentes escribieron de sí mismas, y también de lo que hicieron y crearon… Para llegar al conocimiento de ese largo período – que comprende el 99% de toda la historia humana antes de que los hombres aprendieran a escribir – sólo el estudio arqueológico de las cosas que las gentes hicieron y crearon puede conducirnos a una cierta comprensión de su historia. Esta es una definición amplia de la arqueología: el estudio de lo que el hombre creó con el fin de poder comprender globalmente su modo de vida. Al pensar en un arqueólogo lo primero que uno se imagina es un barbudo profesor que marcha a Egipto para excavar una tumba repleta de tesoros de un faraón muerto hace siglos. En los inicios de la arqueología, cuando los museos clamaban por la posesión de antigüedades espectaculares, tales arqueólogos estaban de moda. Sin embargo, creo expresar la realidad al afirmar que hoy la mayoría de los arqueólogos se interesan tanto por la vida de las gentes sencillas como por la de su soberano faraón. No sabría decir hasta dónde deberían llegar en el tiempo los intereses y los métodos de un arqueólogo. Los procedimientos y el proceso mental que un buen detective emplea para esclarecer un crimen, la manera en que estudia sus pistas (las cosas del crimen), me son, como arqueólogo, muy familiares. Intento sugerir con esto que la arqueología es un medio para comprender las actividades de los seres humanos a través del estudio de lo que ellos mismos han hecho , en vez de tener en cuenta solamente lo que contaban o decían ….
Posiblemente existan tantas clases de arqueólogos como de médicos o ingenieros, pero como el número total de los primeros será siempre inferior al de los segundos, las diferencias que puede haber entre dos arqueólogos parecerán siempre más extremas. Así un buen amigo y colega mío empezó como geólogo y fue poco a poco desviando su interés hacia la arqueología prehistórica de los comienzos de la Época Glacial. Por eso se siente a sus anchas cuando tiene la ocasión de dialogar con geólogos, paleontólogos, químicos de suelos y climatólogos. Otro buen amigo y colega es un buen especialista en cubiertas de piedra y bronce usadas durante la alta Edad Media en las tumbas de las iglesias de Inglaterra. En ellas se encuentran grabados que representan a los nobles y damas enterrados. A este colega le resulta más placentero tratar con historiadores del arte, con especialistas en trajes o armaduras medievales o en heráldica y con historiadores de la Iglesia. Ambos colegas merecen llamarse arqueólogos. Hacen uso de las cosas hechas por el hombre para llegar a un conocimiento de la vida de las gentes en el pasado. Si pensamos que estos dos investigadores representan los extremos de la arqueología, habrá que dar por sentado que entre ambos se encuentran arqueólogos de los más diversos tipos. Algunos arqueólogos, al escribir sobre la historia de esta rama del saber, hablan de dos arqueologías bien distintas y separadas. Según ellos la primera surgió en el gran renacer de la curiosidad intelectual, el Renacimiento, que desde Italia se expandió por el resto de Europa hacia el año 1400 aproximadamente. Esta curiosidad intelectual tuvo como foco particular de interés la antigüedad griega y romana y los territorios bíblicos. Johann Winckelmann, un alemán nacido en 1717, que pasó la mayor parte de su vida en Roma como historiador del arte, es a menudo llamado “el padre de la arqueología”. Winckelmann escribió por ejemplo que “jamás existió un pueblo cuyo amor por la belleza haya supeditado al de los griegos”. Los arqueólogos que siguieron la tradición intelectual de Winckelmann mostraron por regla general poco interés por el pasado de los pueblos no relacionados con Grecia, Roma o las tierras bíblicas. Tampoco sintieron gran preocupación por los utensilios que los hombres y mujeres de estos pueblos usaban a diario. En cuanto a las bellas artes, y siguiendo la orientación de su maestro, dedicaron su atención a la pintura de los vasos, la escultura, la arquitectura monumental y cuestiones semejantes.
La segunda corriente de la arqueología, que cabe como alternativa, parece haber nacido hace poco más de 100 años, como parte de una gran oleada de entusiasmo por las ciencia naturales. La aparición de The Origin of Species , de Darwin (1809-1882) en 1859 y de The Antiguity of the Man , de Sir Charles Lyell [1] (1797-1875) en 1863, constituyen quizá el punto de arranque de una arqueología más rigurosa en la tradición de las ciencias naturales. No obstante, fueron los primeros sociólogos y antropólogos, como el americano Lewis Morgan [2] (1818-1881) y los ingleses Herbert Spencer [3] (1820-1903) y Edward Burnett Tylor [4] (1832-1917), quienes dieron a esta faceta de la arqueología su peculiar enfoque. En efecto el enfoque de las preguntas que estos hombres formularon fueron: Si hubo una evolución biológica natural ¿por qué no ha de haber también una evolución social? ¿y no será posible que existan aún, en lugares recónditos del mundo, fósiles sociales vivientes? ¿Podemos encontrar otros fósiles de la evolución social al excavar los restos de pueblos que habitaron en otro tiempo zonas ajenas al ámbito clásico o bíblico? Por mi parte, sospecho que esta separación estricta de la arqueología en dos rígidas corrientes intelectuales ha sido exagerada. Muchas otras razones impulsaron el desarrollo de la disciplina. Un gran número de europeos se dedicaron a excavar simplemente por la curiosidad que les inspiraban sus propios orígenes nacionales; los franceses buscaban vestigios de los galos; los ingleses, de los antiguos bretones, los alemanes, a las viejas tribus teutonas...
[1] Geólogo, uno de los fundadores de la geologia moderna. Principios de geología ( Principles of Geology ), publicada entre 1830 y 1833 en varios volúmenes, es su obra más destacada. [2] ' La sociedad primitiva (obra destacada) estudio sobre parentesco. [3] Fue uno de los más ilustres positivistas de su país. Ingeniero civil y de formación autodidacta, se interesó tanto por la ciencia como por las letras. Desde el punto de vista sociológico cabe considerarle como el primer autor que utilizó de forma sistemática los conceptos de estructura y función. Por otra parte, concibió la sociología como un instrumento dinámico al servicio de la reforma social. Dedicó su vida a elaborar su sistema de filosofía evolucionista, en la que considera la evolución natural como clave de toda la realidad, a partir de cuya ley mecánico-materialista cabe explicar cualquier nivel progresivo: la materia, lo biológico, lo psíquico, lo social, etc. [4] Cultura primitiva: Los orígenes de la cultura y Antropología son obras destacadas.
Hasta cierto punto pudo haber sido beneficioso que existiesen estas dos arqueologías como ramas del saber estrictamente separadas. La corriente de las bellas artes, u orientación clásica y bíblica, ayudó a esclarecer los orígenes y el desarrollo de toda la tradición cultural de Occidente. Dio a los eruditos de los países de habla inglesa y de Francia, Alemania y otros lugares un interés común supranacional y además proporcionó aclaraciones sobre gran parte de la historia que hasta entonces sólo se conocía a través de documentos escritos. Por otra parte, la arqueología orientada básicamente por las ciencias naturales y sociales halló su foco de preocupación máxima en los llamados pueblos “exóticos” o “periféricos” que habían vivido fuera de la tradición cultural occidental, así como en los milenios más remotos de los tiempos prehistóricos. Hubo una colaboración investigadora internacional en ese enfoque arqueológico lo mismo que en el de las bellas artes. Estoy convencido de que, en realidad, estas dos corrientes del saber nunca estuvieron separadas por completo. Ha habido siempre un fuerte intercambio entre ambas en cuanto a las técnicas de investigación de campo y de laboratorio, al igual que en los métodos para estudiar en toda su amplitud y complejidad los restos de los pueblos del pasado… Para el arqueólogo verdaderamente capaz y responsable, sea cual fuere su orientación, lo importante es llegar a una mejor comprensión de la vida cultural de las gentes de la antigüedad. Los caminos que conducen a este conocimiento se encuentran, para los dos enfoques mencionados, en las cosas que el hombre hizo y construyó, y que podemos descubrir gracias a la excavación y, a veces, simplemente mediante los viajes y la atenta observación de las colecciones expuestas en los museos o al aire libre. En cualquier caso, la finalidad primordial – el conocimiento y la comprensión - es idéntica en una y otra tradición.'
'La tarea fundamental del arqueólogo de campo es recoger y ordenar un material que en parte no podrá ser tratado por él mismo en primera instancia. En ningún caso será suya la última palabra y, precisamente por esa razón, deberá publicar sus datos con minucioso detalle, de forma que otros puedan no sólo corroborar sus puntos de vista, sino aportar conclusiones y nuevas sugerencias. ¿Debería acabar aquí su cometido? Puede argumentarse que un hombre admirablemente dotado para observar y registrar los datos no tiene que poseer necesariamente el poder de síntesis e interpretación, el espíritu creador y el talento literario que le conviertan en un historiador. Pero ningún registro arqueológico puede ser exhaustivo. Según avanza su trabajo de campo, el excavador está constantemente sometido a impresiones demasiado subjetivas e intangibles para ser comunicadas, y de ellas surge, por un proceso sin lógica estricta, teorías que podrá formular y quizá sostener pero no probar: su veracidad dependerá en último término de la propia capacidad del arqueólogo, pero, de todos modos siempre tendrán el valor de ser el resumen de unas experiencias que ningún estudioso de sus materiales y sus notas podrá nunca compartir. Dando por supuesto que el excavador está bien dotado para su tarea, los resultados que obtenga del propio trabajo deberán ser consistentes, y está obligado a exponerlos cuidadosamente; si se comprueba, por el contrario, su falsedad, habrá razones justificadas para sospechar también de la exactitud de sus observaciones. Entre arqueología e historia no hay una frontera insalvable, y el excavador, que es la persona que mejor puede observar y anotar sus descubrimientos, es precisamente quien puede considerarlos como material histórico y sabe enjuiciarlos debidamente: si se encuentra privado de capacidad para la síntesis y la interpretación, entonces ha equivocado su vocación. Es cierto que quizás no tenga dotes literarias y que, por tanto, la presentación formal y pública de sus resultados hubiera sido realizada con más brillantez por otros; sin embargo es precisamente el arqueólogo de campo quien, directa o indirectamente, abre para el lector en general nuevos capítulos en la historia de la civilización y, al recuperar de la tierra aquellas reliquias del pasado que encienden la imaginación a través de la vista, transforma en auténtico y actual lo que quizá de otra manera no sería sino una leyenda de tiempos lejanos.'
La antropología es el estudio del hombre, tanto de nuestras características físicas como animales como de los rasgos no biológicos que denominamos cultura. Para el antropólogo la cultura la utilizan en un sentido restringido, refiriéndose a una sociedad concreta. Una cultura arqueológica es la suma de los conjuntos de artefactos y demás elementos materiales (construcciones, restos de caminos, de canales, etc.) correspondientes a una época y un lugar (yacimiento o región) determinados. Los artefactos encontrados en yacimientos de una misma época que comparten características parecidas se reúnen en tipologías que, a su vez, se agrupan en conjuntos y todos ellos forman una cultura arqueológica. Pero el concepto de cultura arqueológica ha evolucionado y producido mucha discusión a lo largo del s. XX.
LA ARQUEOLOGÍA COMO ANTROPOLOGÍA
Pero la antropología es una disciplina amplia dividida en 3 subdisciplinas:
Pero una de las tareas más arduas para el arqueólogo en la actualidad es saber cómo interpretar la cultura material en términos humanos. ¿cómo se utilizaron esos recipientes? ¿por qué algunas casas son circulares y otras redondas? …... Aquí los métodos de la arqueología y la etnografía se superponen. En las últimas décadas, los arqueólogos han desarrollado la etnoarqueología, en la que, al igual que los etnógrafos, viven con comunidades contemporáneas, pero con el propósito específico de entender cómo usan la cultura material dichas sociedades (cómo fabrican sus útiles y sus armas, por qué construyen sus asentamientos, dónde lo hacen, etc)
Entonces si la arqueología se ocupa del pasado, ¿en qué modo se diferencia de la historia? En su sentido más amplio, como el que considera que la arqueología es un aspecto de la antropología, también forma parte de la historia -entendida como la crónica completa de la humanidad desde sus comienzos hace unos 3 millones de años-. Claro que para más del 99% de ese enorme lapso de tiempo, la arqueología -el estudio de la cultura material del pasado- es la única fuente significativa de información, si excluimos a la antropología física, que se concentra más en nuestro progreso biológico que en el material. Las fuentes históricas convencionales sólo comienzan con el nacimiento del documento escrito, que se produjo en Asia Occidental en el 3000 AC aproximadamente, y bastante más tarde en las restantes partes del mundo (en Australia, por ejemplo, no existió hasta 1788 DC).
LA ARQUEOLOGÍA COMO HISTORIA
Por esta razón, es bastante común la distinción que se hace entre prehistoria -el periodo anterior a la escritura- e historia en sentido estricto, que supone el estudio del pasado a través de la evidencia escrita. No obstante, la arqueología puede contribuir en gran medida a la comprensión incluso de aquellos periodos y lugares donde existen documentos, inscripciones, y otras evidencias literarias. Con frecuencia es el arqueólogo quien primero descubre estos testimonios.
Inscripción copta del s. III d.C.
Puñal de sílex nórdico, II milenio BC.
Dado que el propósito de la arqueología es la comprensión del género humano, constituye una disciplina humanística, una ciencia humana. Y ya que se ocupa del pasado del hombre, es una disciplina histórica. Pero se diferencia del estudio de la historia escrita-aunque la utiliza- en un aspecto fundamental. El material que encuentra el arqueólogo no nos dice de forma directa qué debemos pensar. El registro histórico hace declaraciones, ofrece opiniones, emite juicios (aunque estas declaraciones y estos juicios deban ser interpretados). Los objetos que descubren los arqueólogos, por su parte, no dicen nada de sí mismos directamente. Somos nosotros, en el presente, los que debemos darle sentido. Desde este punto de vista, la práctica de la arqueología es bastante similar a la del científico. El científico recoge datos (evidencias), realiza experimentos, formula una hipótesis (una proposición para explicar los datos), contrasta la hipótesis con los datos y, como conclusión, elabora un modelo (una descripción que parece idónea para resumir el patrón observado en la evidencia). La arqueología es similar en muchos aspectos. El arqueólogo tiene que desarrollar una imagen del pasado, del mismo modo en que el científico ha de elaborar una visión coherente del mundo natural. No aparece ya hecha. En resumen, la arqueología es tanto una ciencia como una disciplina humanística. Refleja la inventiva del moderno científico al igual que la del historiador actual.
LA ARQUEOLOGÍA COMO CIENCIA
Hoy en día, la arqueología no es una sino muchas arqueologías diferentes, unidas, no obstante, por los métodos y planteamientos comunes. Ya hemos llamado la atención sobre la distinción existente entre la arqueología del largo período prehistórico y la época histórica. A menudo esta división cronológica se acentúa con nuevas subdivisiones, de forma que los arqueólogos dicen especializarse en las etapas primitivas (la Antigua Edad de Piedra o Paleolítico, Neolítico, Edad del Bronce, etc) o las más recientes (las grandes civilizaciones de América y China, la egiptología, la arqueología clásica de Grecia y Roma antiguas, etc). Uno de los avances de las 2 o 3 últimas décadas lo ha constituido la toma de conciencia de que la arqueología puede contribuir en gran medida, no sólo a la comprensión de la prehistoria y la historia antigua, sino también de las etapas históricas más recientes. En Norteamérica y Australia se ha desarrollado de forma importante la arqueología histórica -el estudio arqueológico del asentamiento colonial y postcolonial en dichos continentes- en la misma medida en que lo han hecho sus análogas europeas, la arqueología medieval y postmedieval. De modo que, hablemos del Jamestown colonial en los Estados Unidos o en Londres, París o Hamburgo de la Europa medieval, la arqueología constituye una fuente de evidencias fundamental.
LA VARIEDAD Y EL ÁMBITO DE LA ARQUEOLOGÍA
Dejando aparte estas subdivisiones cronológicas, existen especialidades que pueden colaborar en numerosos períodos arqueológicos diferentes. Uno de estos campos lo constituye la arqueología ambiental, en la que arqueólogos y especialistas de otras ciencias estudian el empleo humano de plantas y animales, y el modo en que se adaptaron las sociedades del pasado a un entorno en continua transformación. La arqueología subacuática es otro ámbito que exige gran valor y cualificación. En los últimos 30 años se ha convertido en una actividad sumamente científica, que rescata cápsulas de tiempo procedentes del pasado en forma de barcos naufragados (pecios), que arrojan nueva luz sobre la vida en la antigüedad, tanto en tierra firme como en el mar.
También la etnoarqueología, de la que ya hemos hablado brevemente, es una especialidad importante en la arqueología actual. Nos damos cuenta ahora de que sólo podemos comprender el registro arqueológico -es decir, todo lo que encontramos- si entendemos más detalladamente cómo ocurrió, cómo se formó. Los procesos postdeposicionales son, en este momento, un foco de estudio masivo. Es aquí donde la etnoarqueología adquiere su verdadero sentido: en el estudio de pueblos vivos y su cultura material, emprendido con el fin de aumentar nuestra comprensión del registro arqueológico.
Por ejemplo, el estudio de las prácticas de sacrificio entre cazadores- recolectores actuales llevado a cabo por Lewis Binford entre los esquimales Nunamiut de Alaska, le ha proporcionado nuevas ideas sobre el modo en que se puede haber formado el registro arqueológico, permitiéndole reevaluar los restos óseos de animales comidos por hombres primitivos en otras partes del mundo. Estas investigaciones no se limitan a comunidades simples o a grupos reducidos. (^) En Tucson, Arizona, el Proyecto Garbage , creado por Willian L Rathje, implica la recogida de basuras de los cubos de un sector de la ciudad y la cuidadosa clasificación de su contenido en el laboratorio. Esta desagradable tarea ha proporcionado algunas revelaciones valiosas e inesperadas sobre le patrón de consumo de la población urbana actual – y los métodos empleados son puramente arqueológicos.
El Proyecto Basura Tucson es un estudio arqueológico y sociológico instituido en 1973 por el Dr. William Rathje en la ciudad de Tucson, en el estado americano del sudoeste de Arizona. Este proyecto se conoce fuera de los círculos académicos veces como el "proyecto garbology"
Comparación entre lo que se dice y lo que se hace
Estos hallazgos ponen en duda la fiabilidad de los registros históricos, cuando se aplica a los sitios arqueológicos en general y seguir un enfoque processualista presiona o perjudica en los beneficios del análisis científico. Desde entonces, el proyecto se ha expandido a otras ciudades de Estados Unidos y se ha llevado a cabo la excavación de vertederos.
Prehistoria Antigua Prehistoria Reciente
Protohistoria
Arqueología Protohistórica
Alfabeto Ibérico
Cerro de los Santos (piezasrecuperadas a finales del XIX Dama de Elche y reconstrucción
Cerámica ibérica Crátera de Tolmo
Detalle de área excavada en Ampurias
Dama de Baza (^) Escultura de Pozo Moro
Castro de Mozinho
Sauna de Briteiros
Denominada ‘pedra formosa’
Arqueología del Próximo Oriente
Arqueología del Próximo Oriente
Batalla de las Pirámides (óleo de 1798 de Louis-Joseph François)
Petrie
Mariette
Hattussas
Despoblado de Wharram Percy (Yorkshire). Vista aérea y reconstrucción
Arqueología Histórica
Gres alemán
Fortificación de época moderna