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Asignatura: psicopatologia y eva, Profesor: mont mont, Carrera: Psicología, Universidad: US
Tipo: Apuntes
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TDAH
REV NEUROL 2009; 48 (Supl 2): S101-S106 S
Los criterios de diagnóstico del trastorno por déficit de atención/ hiperactividad (TDAH) establecidos en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, cuarta edición (DSM-IV) [1], se utilizan desde hace más de 14 años. Durante este tiempo, se han publicado más de 3.000 estudios que recurren a estos cri- terios, y se han evaluado miles de pacientes. Conviene hacer un balance de los resultados del uso de estos criterios, que pueden ser mecanismos de proacción para informar de las revisiones necesarias de estos criterios en el DSM-V. El proceso de prue- ba-revisión-prueba ha sido, de nuevo, un rasgo encomiable de las dos últimas ediciones del DSM. Es un rasgo esencial para acumular conocimientos cada vez más precisos y útiles, usando los métodos científicos en particular y el pensamiento racional en general. Este artículo regresa a muchos de los puntos que otros colegas y yo hicimos anteriormente [2-4] en relación con las cuestiones críticas que se deben tener en cuenta a la hora de hacer revisiones para la eventual publicación del DSM-V, que se espera que se produzca hacia el año 2012. Mi objetivo aquí no es tratar de resolver estas cuestiones, sino darlas a conocer a los lectores y presentar mis propuestas para corregirlas.
El DSM-IV describe el TDAH como un trastorno del desarrollo que consiste en dos dimensiones de síntomas: déficit de atención y un comportamiento hiperactivo-impulsivo. Luego pasa a exigir
seis síntomas de cualquiera de las listas de nueve síntomas para diagnosticar el trastorno y para subclasificarlo en tres tipos: combinado (C), déficit de atención (DA) o hiperactividad-impul- sividad (HI). Esto implica que estas dimensiones son indepen- dientes entre sí, que un umbral crítico de síntomas en cualquier dimensión es suficiente para el diagnóstico a todas las edades, que es necesario tener en cuenta 18 síntomas a la hora de detec- tar el trastorno con precisión, que tales dimensiones se pueden utilizar para formar subtipos significativos (clínica y científica- mente útiles) del trastorno, y que éstos son los mejores síntomas para detectar con precisión el trastorno en cada etapa importante del desarrollo (infancia, adolescencia y edad adulta). Actual- mente, hay investigaciones que cuestionan estos supuestos.
¿Es necesario especificar un umbral separado en cada lista o sería igual de útil y más eficaz especificar simplemente un único umbral para el total de síntomas de ambas listas? Las dos dimensiones de síntomas están muy interrelacionadas entre sí [5], lo que pone claramente de manifiesto que unos sín- tomas más graves en una dimensión estarán asociados a unos síntomas más graves en la otra. Esto llevó al DSM-III-R a adop- tar una única lista de síntomas para sus criterios de diagnóstico. La investigación en genética conductual con grandes muestras de población también ha demostrado que estas listas represen- tan una única dimensión en las poblaciones y que los subtipos basados en dichas listas sólo reflejan una gravedad variable del mismo rasgo subyacente en la población [6]. Otros trastornos son multidimensionales (depresión, espectro autista, bipolar); sin embargo, no han requerido umbrales separados para los sín- tomas de cada dimensión implicada en el trastorno, especial- mente cuando dichas dimensiones se relacionan entre sí. Asi- mismo, este uso de listas separadas implica que son fundamen- tales para identificar los distintos subtipos del trastorno; sin em- bargo, la investigación no demuestra que estos subtipos se pue- dan distinguir entre sí de manera fiable en los distintos campos
AVANCES EN EL DIAGNÓSTICO Y LA SUBCLASIFICACIÓN DEL TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN/HIPERACTIVIDAD: QUÉ PUEDE PASAR EN EL FUTURO RESPECTO AL DSM-V Resumen. Introducción y objetivos. Se han identificado una serie de problemas mediante la investigación y la práctica clíni- ca con los criterios actuales del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, cuarta edición (DSM-IV), para el diagnóstico del trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH). Este artículo analiza algunas de estas cuestiones, junto con posibles soluciones a tener en cuenta en la construcción de los criterios para el DSM-V. Desarrollo. Se tratan cues- tiones relacionadas con la longitud de las listas de síntomas y cómo conceptualizar mejor los constructos neurofisiológicos que representan, los diversos umbrales del desarrollo para el diagnóstico de los adultos frente a lo niños y los adolescentes, los criterios de la edad de inicio, los problemas relacionados con el enfoque actual que se da a la subclasificación y el desa- rrollo de nuevos aspectos para la fase adulta del trastorno, así como otras cuestiones relacionadas con el esfuerzo continua- do para analizar y revisar los criterios del DSM para el TDAH como una función de la investigación empírica en curso. Con- clusión. El presente artículo plantea brevemente una serie de cuestiones que requieren atención por parte de varios grupos de trabajo encargados de crear los criterios de diagnóstico del DSM-V para el TDAH. [REV NEUROL 2009; 48 (Supl 2): S101-6] Palabras clave. Adultos. Diagnóstico. DSM-IV. Edad de inicio. Niños. Síntomas del TDAH. Subclasificación. Trastorno por déficit de atención/hiperactividad.
Aceptado: 09.01.09. a (^) Profesor de psiquiatría. Universidad Médica de Carolina del Sur. Char- leston, SC. b^ Profesor investigador de psiquiatría. Universidad Médica The Suny Upstate. Siracusa, Nueva York, Estados Unidos.
Correspondencia: Russell A. Barkley, Ph.D. 1752 Greenspoint Ct. Mt. Plea- sant, SC 29466 USA. E-mail: [email protected].
© 2009, REVISTA DE NEUROLOGÍA
R.A. BARKLEY
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de signos fundamentales para ello (trastornos, concomitancias, etiologías, respuestas diferenciales al tratamiento, antecedentes familiares, etc.) [2,6]. Así, crear subtipos separados a partir de estas listas no es útil en este momento y puede ser clínicamente engañoso. Si un único umbral en una lista total de síntomas fun- ciona igual de bien a la hora de identificar casos de trastornos que dos umbrales separados en listas separadas de síntomas, en- tonces, sin duda, es preferible el enfoque más sencillo.
¿Por qué son necesarios 18 síntomas para realizar un diagnóstico fiable?
La investigación demuestra que hay una redundancia considera- ble entre la lista de síntomas del DA y entre la lista de síntomas de la HI como para cuestionar la necesidad de nueve de cada. De hecho, hay redundancia incluso a lo largo de las listas de sínto- mas dados los estudios analíticos factoriales que muestran car- gas respetables de algunos síntomas, como la distractibilidad, en ambas dimensiones [3,5,7]. Desde luego, no todos los síntomas proporcionan varianza única a la precisión de la identificación o clasificación del diagnóstico. Por ejemplo, nuestros últimos es- tudios de TDAH en adultos (tanto los adultos remitidos a consul- ta como los niños que crecen y llegan a adultos con TDAH) ha- llaron que sólo fueron necesarios nueve síntomas para maximi- zar la discriminación del TDAH en adultos de los grupos con otros trastornos o una muestra general de la comunidad [3]. Es- tos síntomas se presentan en la tabla. Ningún otro trastorno tiene una lista de síntomas tan larga, y es muy poco probable que sea fundamental para el diagnóstico de este trastorno. Los análisis de funciones discriminantes se pueden hacer de forma similar a los que se utilizaron o análisis que utilizan las características operativas del receptor en regis- tros de datos existentes que pondrían de manifiesto qué elemen- tos son esenciales para figurar en la lista, dado que proporcio- nan varianza única significativa a la identificación del trastorno. El resto se podría desechar. En nuestro trabajo con adultos, ha- llamos también que fueron necesarios cuatro o cinco de los nue- ve síntomas del DA para discriminar a aquéllos que tenían el trastorno de un grupo de control clínico, y que sólo se necesita uno (a menudo, la distractibilidad) para hacer la discriminación de un grupo de control normal. Nuestros resultados (Tabla) pu- sieron de manifiesto que los síntomas de la HI no proporciona- ron más varianza única significativa a la precisión de la clasifi- cación en la etapa adulta del trastorno más allá de estos sínto- mas de DA cuando se tienen en cuenta los 18 síntomas en su to- talidad en ese estudio. La respuesta a esta pregunta puede variar de acuerdo con las distintas fases del desarrollo (infancia, adolescencia y edad adulta), y es necesario conservar una lista algo más larga de lo que sería necesario para diagnosticar a cualquier grupo de edad. Por ejemplo, algunos síntomas hiperactivos que pueden ser va- liosos para detectar la fase temprana en la infancia ya no son ne- cesarios en la edad adulta. Aun así, es probable que se pueda identificar una lista más corta de estos síntomas sin ninguna pérdida de la detección del trastorno.
¿Se debe utilizar un umbral diferente en la(s) lista(s) de síntomas para las diferentes etapas del desarrollo?
Los estudios anteriores han encontrado que los síntomas de la HI se presentan antes que los síntomas del DA [8,9]; sin embargo, los síntomas de la HI disminuyen más rápidamente a lo largo del desarrollo. Esto sugiere que un único resultado límite invariante
no se puede aplicar a lo largo de todas las edades y, aun así, dis- criminar a aquéllos que son inadecuados al momento de desarro- llo para el mismo nivel. Otros estudios han encontrado que los síntomas del TDAH disminuyen en frecuencia en la población general; por ello, es necesario que los creadores de escalas de cla- sificación evalúen estas dimensiones para proporcionar normas relacionadas con la edad para puntuar los propósitos. Sin embar- go, no se aplican estos ajustes relacionados con la edad al umbral del DSM de seis de nueve síntomas por dimensión. El umbral de DSM-IV se desarrolló en niños y se probó sólo con niños; por lo tanto, no se puede aplicar también a los adolescentes o a los adul- tos. Cuando un umbral establecido se aplica a un valor inicial de síntomas del desarrollo en descenso en la población, se convierte en un criterio estadístico cada vez más riguroso en relación con la población de individuos de la misma edad. Éste ha sido el caso en varios estudios de muestras de adultos, en los que se puso de ma- nifiesto que cuatro síntomas de cada lista o un total de siete sínto- mas funcionaban bien a la hora de identificar a aquéllos que son inadecuados al momento de desarrollo (en el percentil 93 a 98 pa- ra los adultos) y tienen alguna alteración [3,10,11]. Estos mismos estudios encontraron que seis síntomas en cualquier lista repre- sentaban un percentil tan extremo para los adultos que sólo unos pocos cumplirían dichos criterios (percentil 99). Usar un umbral fijo puede tener como resultado definir el TDAH como desapare- cido a lo largo del desarrollo [12]; sin embargo, esto es claramen- te una ilusión estadística que surge como una función de esfuerzo por utilizar los criterios de la infancia a lo largo del desarrollo. Si se ha de conservar la lista actual de síntomas, habrá que desarro- llar umbrales más bajos para los adolescentes y los adultos que para el caso de los niños, si es que el mismo nivel de gravedad (inadecuación al momento de desarrollo) va a permanecer a lo largo de estos períodos de desarrollo. Podrían ser necesarios um- brales más altos para los niños menores de 4 años que no estuvie- ran representados en absoluto en los ensayos de campo del DSM- IV y donde cabría esperar que se produjeran niveles más elevados de estos síntomas en la población general que en el caso de niños con edades correspondientes a la enseñanza primaria.
¿Hay síntomas mejores para detectar la fase adulta del TDAH que los síntomas del DSM-IV desarrollado en y para los niños? Los trastornos del desarrollo no suelen ser invariantes en los síntomas que les representan en las diferentes edades, y mues- tran una continuidad heterotípica en la que los constructos o rasgos subyacentes son básicamente los mismos, pero las carac- terísticas superficiales (síntomas) cambian con la edad. Lo que, por ejemplo, para un niño de 6 años de edad representa ser im- pulsivo (hablar en exceso), puede que no refleje el mismo cons- tructo también a la edad de 30 años (tomar decisiones impulsi- vas o conducir un vehículo de motor demasiado deprisa). Mis colegas y yo examinamos este asunto en un estudio que analizó 91 elementos nuevos para el TDAH en adultos, además de los 18 del DSM-IV [3]. El nuevo elemento establecido se creó a partir de las revisiones de los historiales de las quejas más co- munes entre los adultos a los que se les diagnosticó TDAH en la presentación clínica inicial, así como los síntomas generados a partir de teorías y conceptos de funcionamiento ejecutivo, défi- cit que se cree que están relacionados con el TDAH. Como se indica anteriormente, encontramos que una lista de nueve sínto- mas era todo lo que se necesitaba para clasificar con precisión a los adultos con TDAH en comparación con los grupos de con-
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mucho más que sólo el concepto de déficit de atención. Esa lista está muy interrelacionada con otros aspectos, escalas y pruebas neurofisiológicas que reflejan el funcionamiento ejecutivo y, es- pecialmente, la memoria de trabajo [22,23]. Es más probable que la lista de HI se relacione con medidas de una inhibición pobre de la respuesta, aunque algunos síntomas de la DA muestran tam- bién esta relación. Los creadores del Behavior Rating Inventory of Executive Functioning (BRIEF, inventario de clasificación de la conducta del funcionamiento ejecutivo) [24] también encontra- ron que los dos factores principales de su escala (metacognitivo e inhibición conductual) se interrelacionaban con las dos dimensio- nes de los síntomas del TDAH del DSM-IV para ser, probable- mente, colineales o representar los mismos constructos. El factor metacognitivo del BRIEF representa, en gran medida, la memo- ria de trabajo. Por ello, el texto del DSM-V debería, al menos, ex- plicar que las dimensiones del TDAH representan un dominio más amplio de los problemas del funcionamiento cognitivo (eje- cutivo) de lo que el simple término déficit de atención implica, y que la dimensión HI refleja probablemente los problemas con la inhibición conductual de la cual la hiperactividad es una manifes- tación temprana en la infancia. Esto podría incluso justificar un cambio o una ampliación de las etiquetas para estas dos dimen- siones en la propia casilla de los criterios del DSM-IV (p. ej., ¿dé- ficit de atención-disejecución y desinhibición conductual?).
Hace más de 10 años, Joseph Biederman y yo cuestionamos por primera vez la inclusión de un criterio de edad de inicio preciso (CEI) (especificado en los 7 años de edad) en los criterios de diagnóstico del DSM-IV [25]. Señalamos que eso no tenía nin- guna justificación empírica, teórica o práctica, aparte de sugerir simplemente que el TDAH era un trastorno caracterizado por un inicio en la infancia. Hasta el trabajo de campo del DSM-IV en- contró que el uso de este CEI reducía la fiabilidad del diagnósti- co clínico y que, en caso de ser utilizado, llevaría a un diagnósti- co erróneo hasta en el 35% de los niños que, de otro modo, cum- plirían los criterios para uno de los subtipos del trastorno [26]. Ningún otro trastorno mental tiene un CEI tan preciso, y el TDAH tampoco. Hace poco, unos estudios han encontrado que aproxi- madamente la mitad de todos los adultos remitidos a consulta que cumplían todos los demás criterios para el TDAH informó de un inicio de los síntomas a la edad de 7 años o más adelante [3]. Esto también es cierto para los niños con TDAH a los que se les realizó un seguimiento hasta la edad adulta, que, a una edad media de 27 años, informaron de muchos de estos mismos ha- llazgos, aunque estaba documentado que en todos ellos el tras- torno había aparecido antes de los 6 años de edad en el punto de entrada del estudio en la infancia [3]. Se encontró lo mismo en cuanto al recuerdo de los padres de estos niños sobre el inicio del trastorno de sus hijos en el seguimiento realizado en la edad adulta, a pesar de que estos mismos padres habían notificado un inicio de los síntomas antes de los 6 años de edad en el punto de entrada del estudio en la infancia. Simplemente, los adultos con TDAH (y sus padres) no pueden recordar con exactitud el inicio de los síntomas con la suficiente precisión como para fijar de forma tan precisa y tan pronto un CEI en los criterios de diag- nóstico [3,4]. Estos mismos estudios encontraron que el 99% de todos los adultos y el 100% de todos los niños que cumplían to- dos los demás criterios para el TDAH, a excepción del CEI, tu- vieron un inicio de los síntomas antes de los 16 años de edad.
Además, la investigación demuestra que los adultos que cum- plen todos los criterios para el TDAH no difieren en ningún as- pecto importante de los adultos que cumplen todos los criterios a excepción de la edad de inicio [3,27]. Todo esto apoya la supre- sión de una edad de inicio precisa de los criterios de diagnóstico en favor de la especificación del inicio en algún punto de ‘la in- fancia a la adolescencia’, a la vez que se indica en el texto que acompaña a los criterios que esto significa que el inicio se sitúa, aproximadamente, antes de los 16 años de edad.
Con el aumento de la identificación y el diagnóstico de los ado- lescentes y los adultos con TDAH y, especialmente, con su inclu- sión como un trastorno protegido en el Acta para Americanos con Discapacidad de Estados Unidos ( Americans with Disabilities Act in the United States ) [28] ha llegado un aluvión de peticiones para encontrar plaza en las pruebas estandarizadas de alta exi- gencia realizadas en EE. UU., como las SAT, GRE, MCAT, LSAT, etc., sobre los exámenes para la obtención de licencia para profe- sionales y en las configuraciones profesionales entre otros con- textos relacionados con los solicitantes que creen que tienen TDAH. En muchos casos, la demostración del trastorno se ha ba- sado en comparaciones de capacidades cognitivas específicas o rendimiento real en la escuela o en el lugar de trabajo en relación con las personas que a menudo tienen un alto nivel de inteligen- cia, como si esta disparidad intrapersonal definiera el trastorno por sí misma. En otros casos, el estándar para definir el trastor- no fue un grupo de pares especializado altamente funcional en el que el solicitante adulto estaba actualmente trabajando o reci- biendo formación (universidad, institutos de formación profesio- nal, bufetes de abogados, prácticas médicas, etc.). En estos casos, si el solicitante no alcanzaba su nivel de alta inteligencia o el ni- vel de su grupo actual de pares especializado, con un talento o una educación poco usual, entonces, esto por sí solo indicaba un trastorno. El DSM no proporciona ninguna definición de lo que se quiere decir con ‘alteración’ ni ningún estándar contra el que se deba definir una situación que exige corrección en el DSM-V. Mis colegas y yo hemos observado anteriormente que los síntomas se deberían definir como que reflejan las expresiones cognitivo-conductuales de un trastorno, mientras que alteración se refiere a las consecuencias que se producen como resultado de la demostración de esos síntomas [2]. Al igual que ha sucedido en las resoluciones legales pertenecientes al Acta para America- nos con Discapacidad en EE. UU., la alteración se define mejor comparándola con la norma, el promedio o la persona media en la población que con el CI o con algún grupo de pares especiali- zado altamente funcional [29]. La imparcialidad por sí sola es una razón importante para hacerlo. No se deberían conceder pla- zas a individuos en contextos competitivos si no desempeñan sus funciones por debajo de lo normal, ya que esto concede una ven- taja injusta a los que no presentan ningún signo de discapacidad. Este aspecto se aplica a todos los trastornos en el DSM, y no só- lo al TDAH. Eso debe quedar bien aclarado en el próximo DSM para evitar circunstancias como las que se mencionan anterior- mente, en las que el concepto se ha ampliado fuera de toda pro- porción al promedio de una discapacidad en nuestra sociedad.
Las revisiones de las publicaciones médicas sobre los subtipos
TDAH
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de TDAH [30,31] cuestionan la utilidad clínica del enfoque del DSM-IV que se da a los subtipos en el que las dos dimensiones de los síntomas de HI y de DA se utilizan para crear tres subti- pos de TDAH. La existencia del tipo C no está en cuestión, ya que representa el TDAH tal como ha sido conceptualizado por los investigadores y los médicos durante al menos los 40 años anteriores, y en el que se cree que coexisten los síntomas de dé- ficit de atención, impulsividad e hiperactividad [1,14,15,32-34]. Se han hallado pocas diferencias entre este tipo C y los tipos clasificados como HI, excepto que a menudo se encuentra que este último grupo es más joven y tiene menos síntomas graves y déficit relacionados que el tipo C. Pero esto era de esperar, dado que los síntomas de HI aparecen antes que los síntomas de DA en el curso natural del TDAH y su tipo C [5,8,9]. Estos hallaz- gos sugieren que es probable que el tipo HI sea un precursor del desarrollo al tipo C, y que los investigadores que estudian el ti- po HI sencillamente han captado a niños pequeños que, final- mente, pasarán a cumplir los requisitos del tipo C [5] o que pue- de que sólo les falte uno o dos síntomas para ello. Este último grupo de niños se conceptualiza mejor como formas más leves o subumbrales simplemente del tipo C, y no como algún tipo de trastorno cualitativamente diferente. Los niños que cumplen los requisitos para el tipo DA parece que representan un grupo heterogéneo de niños, algunos de los cuales son niños más mayores del tipo C que simplemente han dejado atrás algunos síntomas de HI, pero suficientes para no cumplir ya el umbral de los seis síntomas de HI como para per- manecer en el tipo C. Los estudios demuestran que los síntomas de hiperactividad disminuyen mucho más deprisa con la edad que los síntomas del déficit de atención [8], lo que posibilitará que muchos niños del tipo C pierdan, finalmente, algunos sínto- mas de hiperactividad, de tal forma que ya no puedan seguir clasificados como tipo C bajo las actuales reglas de decisión del DSM-IV. Pero no hay ninguna razón para que dichos niños de- ban ser reclasificados en un tipo diferente de TDAH en virtud, simplemente, del hecho de cumplir años y seguir lo que parece ser la evolución natural del desarrollo para el tipo C. En este ti- po DA, también se incluirá a los niños a los que sólo les falta uno o dos síntomas para cumplir los requisitos del tipo C y que, de este modo, se podrían conceptualizar mejor como versiones inciertas, leves o subumbrales del tipo C y no como un tipo de trastorno cualitativamente diferente. Después de todo, nadie ha presentado argumentos convincentes de que los niños con seis síntomas de déficit de atención y cinco de la lista de HI (para un total de 11 síntomas) sean cualitativamente diferentes de los que tienen seis síntomas de DA y seis de HI (para un total de 12). Sin embargo, las reglas de decisión del DSM colocarían a los primeros en el tipo DA y a los últimos en el tipo C. Ahora parece que aproximadamente el 30-50% de los niños situados en el tipo DA puede constituir un tipo separado de TDAH o incluso un trastorno aparte [30,35]. Estos niños, que ahora se describen como representantes de un tiempo cognitivo lento, manifiestan problemas cualitativamente diferentes con la atención (distraído, sueña despierto, se pone nervioso con fre- cuencia, se confunde con facilidad, etc.), en vez de sobreactivi- dad (letargo, lentitud, se mueve de forma lenta, etc.), proceso lento de la información, aislamiento social, un riesgo posible- mente mayor de sufrir ansiedad y, quizá, un respuesta reducida a los estímulos. Desde luego, este grupo es merecedor de un es- tudio adicional en calidad de un tipo de TDAH cualitativamente diferente o, más probablemente, en calidad de un trastorno to-
talmente diferente. La última afirmación se funda en la premisa actual de que el TDAH es, en gran medida, un trastorno de la in- hibición [14,16] y en que estos niños con tiempo cognitivo len- to no poseen tales déficit. Por lo tanto, se anima al grupo de tra- bajo del DSM-V a examinar más de cerca este subconjunto de niños con déficit de atención, así como la mejor ubicación para ellos en la taxonomía del DSM-V. A diferencia del enfoque del DSM-IV, algunos investigado- res han alegado que el TDAH podría subclasificarse mejor so- bre la base de algunos de sus trastornos concomitantes, como trastorno de la conducta, ansiedad, depresión o trastorno bipo- lar. La investigación disponible parece sugerir que el TDAH con trastorno de la conducta constituye un trastorno más grave que tiene una evolución, un patrón de antecedentes familiares, unas respuestas psicológicas y otras características diferentes de las que se encontrarían si simplemente ambos trastornos coexis- tieran juntos [36]. Los signos parecen mucho menos seguros co- mo para constituir subtipos basados en la ansiedad [37], la de- presión o el trastorno bipolar [30,38].
El presente artículo plantea brevemente una serie de cuestiones que requiere atención por parte de varios grupos de trabajo en- cargados de crear los criterios de diagnóstico del DSM-V para el TDAH. Estas cuestiones incluyen:
Por supuesto, se anima a cualquier investigador con conjuntos de datos actuales que se puedan utilizar para tratar estas cuestio- nes a que facilite sus hallazgos al grupo de trabajo del DSM-V que se centra en el TDAH (enviar los resultados a Paul Frick, Ph.D., a la Universidad de Nueva Orlens, LA, EE. UU.; e-mail: [email protected]).