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Comentario de texto. s.xix selec. Aragon
Tipo: Apuntes
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Fragmento extraído de ´´El desarrollo de la España contemporánea`` en Historia económica de los siglo XIX y XX. Es un texto historiográfico pues es una reflexión sobre hechos pasados y literario-narrativo, es científico (ensayo) con contenido político-económico. El autor es Gabriel Tortella, historiador y economista español, con amplios conocimientos en la historia económica de la España contemporánea. Hace una crítica económica y política sobre las características del desarrollo ferroviario y su aportación al desarrollo económico. El destino son lectores interesados por la historia económica e incluso ha sido utilizado como manual universitario, se trata por lo tanto de un documento público. La finalidad es dar a conocer los motivos por los que, basándose en la construcción del ferrocarril, España va quedando a la cola del desarrollo industrial europeo. La fecha de la publicación 1994. Reeditado o recogido en algún manual en 2009. El contexto histórico se centra en la época del gobierno del bienio progresista, en el reinado de Isabel II 1854-1856. A diferencia de otros países europeos, España manifestaba un retraso económico, una deficiente industrialización y una falta de modernización en los medios de transporte. Por lo que la construcción del ferrocarril supuso el proceso impulsor de la industrialización y modernización
La idea básica es una reflexión sobre la construcción del ferrocarril en España, como objetivo del partido progresista, eje potenciador del desarrollo económico y la problemática construcción. Las ideas secundarias se articulan en torno a tres aspectos: Los motivos del retraso en su construcción (línea 1-3), resultado de la falta de desarrollo económico en otros sectores (subdesarrollo), falta de capitales y por la ineptitud de sus gobernantes. La consideración del partido progresista como el impulsor del desarrollo económico de España y construcción del ferrocarril (líneas 4-8). Crítica a su construcción , los problemas y consecuencias. Se construyó de forma tardía (1856-66), precipitada y sin planificación. Esto provocó una deficiente estructura del trazado graves problemas empresariales, que llevaron a pérdidas económicas y a una imposibilidad de recuperar lo invertido (líneas 9- 18).
En pleno desarrollo del estado liberal español (mitad S. XIX) la situación se caracteriza por su debilidad parlamentaria (sufragio censitario, excesivo poder de la corona, corrupción, intervencionismo militar…) y por el retraso económico respecto a Europa. Esta situación es el resultado de la unión de diversas causas: una destructiva guerra civil (guerra carlista), que sumió mucho dinero; una política de desamortizaciones que torcía el significado de la reforma agraria; la falta de espíritu empresarial burgués, no incentivó el desarrollo industrial y potenció la entrada de capitales extranjeros; falta de modernización del sector agrario y tecnología. A esto se suma un mercado escaso y aislado, reforzado por unas deficientes comunicaciones, además, de la ineptitud y desidia gubernamental. Contrarrestada por su postura frente a las acciones de los progresistas, cuyas creencias en el crecimiento y desarrollo económico de la nación pasaban por el impulso que debía dar la construcción del ferrocarril.
Será durante el bienio progresista (1854-56), cuando se pongan en marcha las medidas necesarias que permitan el despegue de la red ferroviaria española.
El inicio de los primeros proyectos parte de una orden en 1844 (Barcelona-Mataró, construido en 1848, y la siguiente la que iba de Madrid a Aranjuez, en 1849) será en 1855 con la Ley de ferrocarriles, cuando se ponga en marcha la construcción de una red ferroviaria con el doble impulso del Estado (financiación a partir de la desamortización de Madoz) y el capital extranjero.
Con el objetivo de facilitar la expansión del ferrocarril en España, la ley estimulaba la entrada de capital para la formación de las empresas y eliminaba los aranceles para la importación de los productos y materiales destinados al ferrocarril (más rápida la construcción de la red). Esto impidió el desarrollo de la industria nacional (siderúrgica).
La ley de ferrocarriles fue acompañada de otras dos leyes sobre bancos de emisión y sociedades de crédito para financiar la obra. Se crearon grupos que fundaron compañías ferroviarias: la del Norte, la
MZA (Madrid a Zaragoza y Alicante) y la de Ferrocarriles Andaluces, (se trataban de sociedades creadas por acciones subvencionadas por el Estado) que planificaban, construían y explotaban diferentes líneas.
El impulsó mayor se dio entre 1856-66, cuando la red peninsular pasó de los 400 kilómetros construidos en 1857 a tener 5000 km en 1866 y unos 6.000 km de longitud en 1874, llegando en 1900 a los 13200. Se crearon 20 compañías ferroviarias entre las que destacaron: MZA, el ferrocarril del Norte, SJC.
Al problema de una red con material extranjero que dificultó el desarrollo de la siderurgia nacional, tenemos que sumar el hecho de que se llevase a cabo una planificación radial con centro en Madrid: los núcleos más dinámicos del territorio no se conectaron entre sí y esto dificultó que el ferrocarril sirviese, para el desarrollo industrial. Tampoco ayudó la elección de un ancho de vía diferente del usado en Europa. La orografía española, al ser más accidentada que la de otros países de Europa, exigía el uso de locomotoras más potentes y para mantener la estabilidad era necesario un ancho de vía mayor.
Estos problemas se incrementan a partir de 1866-76, con la “burbuja ferroviaria”. El mecanismo especulativo arrastró a la economía española a una gran crisis con quiebra del sistema bancario, caída de precios y déficit presupuestario. Al mismo tiempo la explotación de las vías puso al descubierto que los ferrocarriles producían unos beneficios muy escasos, contribuyendo a la caída del valor de las acciones ferroviarias. La construcción se reanudó en 1876 estando el 90% en manos francesas.
Tortella, se hace eco de estos problemas, según él, la red ferroviaria española se construyó “demasiado tarde” con “planeación deficiente”, “financiación inadecuada” y trazado especulativo.
A esto tenemos que añadir que el objetivo clave, la potenciación industrial, no ocurrió por falta de poder adquisitivo del medio rural, poca densidad de población y la falta de mercados urbanos en las rutas.
Sin embargo, el ferrocarril fue decisivo para la integración del mercado y el desarrollo económico a medio plazo. Contribuyó a articular el mercado nacional abaratando el precio de las mercancías, provocando gran demanda de carbón y empleo. En definitiva permitió la formación de un mercado nacional, el paso de una economía local y compartimentada a la integración nacional.