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Contabilidad de costos, Esquemas y mapas conceptuales de Derecho

Que ayuda a nuestra enseñanza Como por ejemplo costos

Tipo: Esquemas y mapas conceptuales

2022/2023

Subido el 13/06/2023

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TEORÍA ECONÓMICA
Y ECONOMÍA AGRARIA (*)
Según algunos estudios recientes, hay todavías de uno a tres mil
millones de personas que viven en una economía de autosubsistencia, es
decir, como campesinos. La mayoría de ellos vive, además, al borde de
la inanición. Asia y África que, juntas, representans del 60 por 100
de la población mundial, producen tan sólo un pocos del 30 por
100 de la producción agrícola total del mundo. Cómputos moderados
estiman que, para cubrir las necesidades alimenticias básicas de la po-
blación entera del globo, sería necesario incrementar la producción de
alimentos por lo menos en un 30 por 100 (1). Ni el número abrumador
de economías campesinas ni la escasez de alimentos son un aspecto eco-
nómico nuevo exclusivo de nuestra época.
A pesar de ello, la economía agrariay entiendo por tal la ciencia
económica que estudia el tipo de economía de un área agrícola super-
poblada y no meramente la economía agrícola sin más ha tenido una
historia muy poco afortunada. Las economías no-capitalistas, no desper-
taron interés alguno en los economistas "clásicos". Los marxistas, por
su parte, irrumpieron en el problema con su impetuosidad caracterís-
tica, pero partiendo de ideas preconcebidas acerca de las leyes de una
economía campesina. Una escuela menos conocida, el agrarismo, se
propuso estudiar, exclusivamente, la economía rural. Su manifiesto des-
n por el análisis teorético cuantitativo impelió a los agraristas ela-
(*) Publicado en "Oxford Economic Papera", febrero de 1960.
(1) Los datos citados figuran en World Population and Production, de W. S. j
E.
S.
WOYTINSKY.
N. York, 1953, págs. 307, 435 y passim.
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TEORÍA ECONÓMICA

Y ECONOMÍA AGRARIA (*)

Según algunos estudios recientes, hay todavía más de uno a tres mil

millones de personas que viven en una economía de autosubsistencia, es

decir, como campesinos. La mayoría de ellos vive, además, al borde de

la inanición. Asia y África que, juntas, representan más del 60 por 100

de la población mundial, producen tan sólo un poco más del 30 por

100 de la producción agrícola total del mundo. Cómputos moderados

estiman que, para cubrir las necesidades alimenticias básicas de la po-

blación entera del globo, sería necesario incrementar la producción de

alimentos por lo menos en un 30 por 100 (1). Ni el número abrumador

de economías campesinas ni la escasez de alimentos son un aspecto eco-

nómico nuevo exclusivo de nuestra época.

A pesar de ello, la economía agraria —y entiendo por tal la ciencia

económica que estudia el tipo de economía de un área agrícola super-

poblada y no meramente la economía agrícola sin más— ha tenido una

historia muy poco afortunada. Las economías no-capitalistas, no desper-

taron interés alguno en los economistas "clásicos". Los marxistas, por

su parte, irrumpieron en el problema con su impetuosidad caracterís-

tica, pero partiendo de ideas preconcebidas acerca de las leyes de una

economía campesina. Una escuela menos conocida, el agrarismo, se

propuso estudiar, exclusivamente, la economía rural. Su manifiesto des-

dén por el análisis teorético cuantitativo impelió a los agraristas ela-

() Publicado en "Oxford Economic Papera", febrero de 1960. (1) Los datos citados figuran en* World Population and Production, de W. S. j E. S. WOYTINSKY. N. York, 1953, págs. 307, 435 y passim.

N. GEORGESCU-ROE GE N

borar una auténtica teoría del objeto por ellos- estudiado y, en conse-

cuencia, les impidió hacerse entender fuera de su propio círculo. Que-

dan los economistas standard (como recientemente se ha dado en ltaniar

a los que pertenecen a la moderna escuela de economía, y para quienes

no basta la Bola etiqueta de neoclásicos o de equilibrio general). De

un tiempo a esta parte, como el desarrollo económico está siendo vincu-

lado a los avatares de la política internacional, los economistas standard

se han visto prácticamente obligados a enfrentarse con el problema de

las economías subdesarrollada9 y, por tanto, con economías no-capita-

listas. Pero en su manera de enfocar el tema, han cometido generalmente

el mismo tipo de error que los marxistas.

La economía agraria, pues, ha sido hasta hoy una realidad de la que

no hay una teoría. Y el interés general por una política económica seria

en países con una superpoblación agrícola está reclamando, hoy, esa

teoría, como en ningún otro momento de la historia. Pero no podemos

aspirar a exponer una teoría de una realidad tan compleja como la eco-

nomía campesina en el breve espacio de un artículo. Mi pretensión es

mucho más modesta: indicar los rasgos fundamentales que diferencian

una economía agrícola de zonas superpobladas y una economía desarro-

llada. Me he esforzado en presentar el tema en los términos analíticos

que habitualmente maneja la teoría standard o en otros próximos a

ellos. El análisis teorético va precedido de una breve crítica histórica

que tiene por objeto colocarlo en una perspectiva más adecuada, es-

pecialmente por Jo que se refiere a las implicaciones políticas.

I. TEORÍA, REALIDAD Y POLÍTICA

1. Teoría y realidad.

Teoría es, en primer lugar —y en último término—, una ordenación

lógica de los conocimientos que de hecho tenemos de un determinado

campo fenomenológico (2). Sólo a las matemáticas les incumben las

propiedades de "un objeto cualquiera", razón por la cual, desde la

época de Aristóteles, han sido generalmente colocadas en una categoría

aparte. A cada teoría, pues, ha de corresponder un área específica de la

(2) Con esto no negamos que la teoría pneda servir a otros fines, pero éstos son algo marginal, no constituyen la esencia de la teoría.

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N. GEORGESCU-ROEGEN

empresarios que hacen dinero, mercados con precios uniformes para to- dos los productos y una completa independencia entre los factores eco- nómicos y los factores demográficos (4). Tomadas como abstracciones, en grado vario, estas dos bases axiomáticas representan indudablemente los rasgos más característicos del sistema capitalista (5). Es más, lejos de ser totalmente contradictorias, son complementarias, en el sentido del Principio de Complementariedad de Bohr (6). Por eso precisamente se lia podido decir que MARX es "la flor de la Economía clásica" (7). Mucho más importante es la observación de que los fundamentos teoréticos de ambas teorías, de la standard y de la marxista, son rasgos culturales o, si se prefiere, institucionales. De hecho, lo mismo habría que decir de cualquier teoría económica. Porque lo que caracteriza a un sistema económico son sus instituciones, no la tecnología que utiliza. De no ser -así, careceríamos de base para distinguir entre comunismo y capitalismo; mientras, por otro lado, tendríamos que considerar el ca- pitalismo actual y el capitalismo, digamos, de hace cincuenta años, como dos sistemas esencialmente diferentes. En cuanto caemos en la cuenta de que, para la teoría económica, un sistema económico está caracterizado exclusivamente por rasgos ins- titucionales, resulta obvio que ni la teoría marxista ni la standard son, en conjunto, válidas para analizar una economía no-capitalista, C3 decir, la economía de una sociedad de la que están ausentes parte o la tota- lidad de las instituciones capitalistas. Es posible que una determinada proposición de cualquiera de las dos teorías sea evcntualmente válida para una economía no-capitalista, pero su validez habrá de ser estable- cida ex novo en cada caso, sea por una comprobación de hecho, sea por

(4) Me refiero al hecho de que una reserva de hombres permanente significa sencillamente que en punto al salario de subsistencia la oferta de mano de obra es "ilimitada , tanto a corto como a largo plazo, mientras para la economía clásica esto es cierto sólo a largo plazo. Cf. infra, nota 47. (5) Hemos dejado al margen la proposición de plusvalía de los axiomas marxis- tas porque esta proposición —como haremos ver más adelante— pertenece al feuda- lismo, no al capitalismo. (6) Este principio, oon el cual BOHR salvó la impasse creada por ios nuevos descubrimientos de la física, establece que la realidad "no puede ser aprehendida en una sola imagen" y que "sólo la totalidad de los fenómenos podrá darnos una información exhaustiva de los objetos". NIELS BOHR, Atomic Physics and Human Knowledge. N. York, 1958, págs. 40 y passim. (7) TERENCE MCCARTHV, en el prólogo a la traducción inglesa de K. M/lRX, A History of Economic Theories. N. York, 1952, pág. xi.

TEORÍA ECONÓMICA Y ECONOMÍA AGRARIA

derivación lógica de la correspondiente fundamentación axiomática. IS'i siquiera los conceptos analíticos elaborados por dichas teorías pueden ser utilizados, sin discriminación, para describir otras economías. Entre los pocos que tienen validez general está el concepto de una función de producción con todas las nociones que de ella derivan. Pero esto se debe a la índole puramente física del concepto. La mayoría de los con- ceptos económicos, por el contrario, son difíciles de trasplantar. El de "clase social" parece ser la única excepción y esto porque, como es obvio, resulta inseparable del de "sociedad" misma (si exceptuamos la sociedad de Robinson Crusoe y, probablemente, la de los albores de la especie humana). Esto no quiere decir que las teorías marxista y stan- dard no nos proporcionen patrones de gran utilidad para formular Ia preguntas pertinentes e investigar los elementos constitutivos propios de cualquier realidad económica. En definitiva, son las únicas teorías eco- nómicas cabales que se han elaborado. Todo esto puede parecer sumamente elemental. Sin embargo, no es lo que los teóricos standard ni, sobre todo, los marxistas han solido ha- cer cuando se han encontrado ante el problema de formular una política para países de superpoblación agrícola. Y, como suele decirse, "Eco- nomía es lo que los economistas hacen".

  1. Una realidad sin teoría.

Como se ha solido señalar, los economistas de todas las épocas se han visto compelidos por su entorno social a ser mucho más oportu- nistas que sus colegas de otros campos científicos, lo cual ha dado por resultado que su atención se haya fíjado casi exclusivamente en los pro- blemas económicos de su propio tiempo (8). Y como el paso de la cien- cia económica de su estadio puramente descriptivo (es decir, taxonómico) al teorético coincidió con el período durante el cual, en la Europa oc- cidental, el feudalismo iba cediendo rápidamente ante el capitalismo, este último se convirtió, como no podía menos de suceder, en el blanco de los primeros economistas teoréticos. Esto puede explicar por qué la

(8) Viene a ilustrar elocuentemente este punto la boga que el problema del desarrollo económico ha adquirido últimamente entre los economistas occidentales: hemos llegado a un punto en que el desarrollo de los países snbdesarrollados cons- tituye un problema económico del que el Occidente se ocupa tanto como aque- llos países.

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TEORÍA ECONÓMICA Y ECONOMÍA AGRARIA

los actos concretos de producción y distribución, así como de justicia

social. La base de estas diferencias es, indudablemente, el hecho de que

la Naturaleza viva impone un tipo distinto de.cortapisas al homo agrí-

cola de las que la materia inerte impone al homo jaber.

Para empezar, no existe paralelismo alguno entre la ley de la escala

de producción en agricultura y en la industria. Se puede plantar trigo

en una maceta o criar gallinas en un corral, pero nadie puede propo-

nerse como "hobby" construir un automóvil sin más trebejos que los

de su taller.

¿Por qué entonces hemos de suponer que la escala óptima para la

agricultura va a ser la de una gigantesca fábrica al aire libre? En se-

gundo lugar, el factor tiempo desempeña un papel completamente dis-

tinto en ambas actividades. Podemos, por procedimientos mecánicos,

acortar el tiempo empleado en tejer un metro de tela, pero, hasta hoy,

hemos sido incapaces de acortar el período de gestación de los animales

de nuestras granjas o (en medida sensible) el período de maduración en

las plantas. Por otro lado, la actividad agrícola está sujeta a un ritmo

inflexible, mientras que la manufacturación permite dejar para mañana

lo que hemos decidido no hacer hoy. Por último, existe una diferencia

entre los dos sectores, que atañe a la raíz de la discutida ley de los ren-

dimientos decrecientes (en el sentido de la evolución). Para usos indus-

triales, el hombre ha sido capaz de poner a su servicio una fuente de

energía tras otra, desde el viento hasta el átomo; pero, por lo que hace

al tipo de energía requerido por la vida misma, depende todavía entera-

mente de la fuente más "primitiva": los animales y las plantas que le

rodean. Estas breves observaciones bastan para apuntar no sólo por qué

la filosofía del hombre entregado a la agricultura es distinta de la del

hombre de ciudad, sino también por qué agricultura e industria no

pueden, hoy por hoy, subsumirse bajo la misma ley. La posibilidad de

que descubrimientos científicos futuros reduzcan la vida y la materia

inerte a un común denominador es, por ahora, un punto enormemente

discutido y objeto 'de no pocas especulaciones.

Probablemente, el mayor error de MARX fue no haber admitido el

simple hecho de que la agricultura y la industria obedecen a leyes di-

ferentes; en consecuencia, proclamó que la ley de concentración se apli-

ca >por igual a la industria y a la agricultura (12). MARX, repitámoslo,

no tuvo oportunidad de observar una economía campesina. Tampoco

(12) K. MAUX. Capital, Chicago, 1906, i. cap. xiv, sec. 10.

N. GEORGESCU-ROEGEN

hay nada en su vasta producción literaria que permita suponer que

alguna vez estudiara una agricultura no-capitalista (13). £1 análisis de

la renta en El capital se basa exclusivamente en la producción capita-

lista, incluso en la breve incursión que MARX hace al dominio de la agri-

cultura campesina (14).

Probablemente ningún otro error teórico ha sido refutado por Ios-

acontecimientos históricos tan rápida y categóricamente como la ley mar-

xista de concentración en agricultura. Durante la segunda mitad del si-

glo xix, los censos, uno tras otro, fueron revelando que la concentración'

en agricultura decrecía continuamente, al tiempo que los campesinos, en

lugar de proletarizarse, se convertían en propietarios de las tierras, en

número cada vez mayor. Como dice el propio KAUTSKY: "Iba aumentan-

do el número de capitalistas, no de proletarios." La acusación era tanto

más inapelable cuanto que el fenómeno se estaba produciendo en países-

capitalistas sin ninguna intervención planeada. Esto convenció a todos,

excepto a los marxistas-ortodoxos, de que la ley de concentración es falsa..

  1. Política y teoría fáctica.

El resultado de "la más triste experiencia de la doctrina marxista"

—como llamó VEBLEN a la refutación de la ley de concentración (15) —

se nos muestra con ¡más claridad a la luz de las ideas hegelianas, que son

piedra angular de la doctrina marxista. Recordemos que, para HECEL, el

hombre no tiene el poder de cambiar el curso de la Historia. Por estor

MARX sostiene que el advenimiento del socialismo ha de ser producto-

natural de la evolución de las relaciones de producción y no debido a

que los intereses de la clase trabajadora sean superiores, en ningún sen-

tido, ni más importantes que los de los capitalistas. MARX incluso se burla

de los que pretenden montar una plataforma socialista sobre argumen-

tos tan "poco científicos" como una mayor justicia social. Pero siempre,

según el hegelianismo marxista, se puede acelerar el proceso histórico-

y acortar así los .períodos de brotes dolorosos de crecimiento. Toda po-

lítica acertada ha de basarse en la aceptación de esta evolución inexo-

(13) KAUTSKY, La Question Agraire, pág. xii. Cf. también ENCELS en el prólogo- ai tercer volumen del Capital (Chicago, 1909, pág. 16). (14) MARX, Capital, iii, cap. xlvii, eec. 5. (15) THORSTEIN VEBLEN, The Place of Science in Modera Civilisation. N. York, 1919, págs. 450 y es.

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en un sentido nuevo, enteramente distinto (18). La cuestión. agraria fue

mantenida así en estado latente hasta que Stalin decidió resolverla de-

clarando una guerra santa contra los campesinos —guerra que, de en-

tonces acá, se ha hecho sinónimo de neo-marxismo.

Es difícil no ver en esta importante decisión la resultante última del

odio y el desprecio de MARX por los campesinos. Tal desprecio constituyó,

sin duda, un duradero fermento en el pensamiento de loa leadesrs mar-

xistas. En seguida habló ENCELS de la necesidad, para el proletariado,

de "aplastar un levantamiento general de los campesinos" (19).

Como quiera que sea, la guerra stalinista —que en número de vícti-

mas sobrepasó a todas las demás conocidas en la historia— no pudo

ser motivada tan sólo por el contraste cultural entre el sector ur-

bano y el rural. Tampoco pudo ser una guerra alimentada por "el sa-

queo del rico", porque precisamente en las regiones en que el stalinismo

se ha extendido hasta hoy, la clase capitalista-burguesa tiene el grosor

de un papel de fumar y el campesino rico constituía una excepción. La

guerra tuvo que tener otros resortes.

Que los intereses de la ciudad están en conflicto con los del campo

es un hecho hoy claramente establecido. Sin embargo, no siempre se cae

en la cuenta de que conseguir rebajar los precios no lo es todo. Porque no

hay que olvidar que mientras los alimentos son indispensables, los pro-

ductos industriales sólo son necesarios en forma secundaria cuando no su-

perflua. Obtener del sector agrícola los alimentos necesarios, y obtenerlos a

bajo precio, constituye un verdadero problema para la comunidad indus-

trial. En último análisis, el grito de "pan barato" va dirigido más contra

el que trabaja la tierra que contra el "partenaire" capitalista del traba-

jador industrial. En determinadas circunstancias este conflicto puede ha-

cerse espinoso. Y es espinoso siempre en los países superpoblados en que

los ingresos de la masa sólo permiten cubrir las necesidades más ele-

mentales y el censo urbano está indebidamente engrosado por un éxodo

rural. Esta ha sido la situación en todos los países —salvo una o dos ex-

cepciones— en los que el stalinismo ha llegado al poder. Y en esta situa-

(18) KAUTSKY nos ofrece en La Question Agraire un epítome de estos intentos. Arguye que, si bien la ley de la concentración no es verdadera para la pequeña pro- piedad, si lo es para la propiedad global, con un número mayor de terratenientes que tengan importantes fuentes externas de ingreso. Más tarde, lo lanzó todo por la borda aduciendo que la agricultura campesina debe desaparecer en todo caso, porque la escala de producción óptima es la del latifundio. (19) Citado en MITRANY, op. cit., pág. 219.

TEORÍA ECONÓMICA Y ECONOMÍA AGRARIA

ción es en la que la guerra contra el campesino encontró el móvil que

necesitaba (20). Evidentemente, la fórmula stalinista constituye una so-

lución (por lo menos una solución temporal) del conflicto entre el sector

industrial y el agrícola. Pero una solución basada en la primacía de los

intereses del sector industrial y burocrático de la sociedad, no en una

ley evolutiva referente a la inexorable proletarización de los campesi-

nos (21). Por consiguiente, de acuerdo con la esencia misma del marxis-

mo, la fórmula stalinista no puede aspirar a ser "científica" (22).

MARX, sin embargo, tuvo conciencia del conflicto entre el sector in-

dustrial y el sector agrícola de la sociedad. En una ocasión hace notar,

en passant, que "la historia económica entera de la sociedad está com-

pendiada en el vaivén de esta antítesis [la separación entre la ciudad y el

campo]" (23). Esta observación tiene una importancia extrema. Demues-

tra que MARX, por una vez, reconoció la existencia de una antítesis que

—como decíamos en la sección anterior— parece enraizada en la condi-

ción permanente de la especie humana y que, por tanto, ha de pesar

más que otra antítesis cualquiera perteneciente a un sistema económico

determinado. Desgraciadamente, MARX no siguió investigando este punto

para explicar cómo hubiera visto él la solución científica (en el sentido

hegeliano) de esa antítesis.

(20) El conflicto de intereses entre el sector agrícola y el industrial existe tam- bién en las economías desarrolladas, incluidos los EE. UU. Cf. J. D. BLACK, Discus- sion, Proceedings o/ the Filh International Confercnce of Agricultural Economics, London, 1939, págs. 86 y ES. La única diferencia está en que, en estas economías, el conflicto está atenuado por el elevado nivel de los ingresos que permite resolverlo por procedimientos del tipo del Agricultural Price Support Programme. La super- población es la condición necesaria para que el conflicto se convierta en vis viva social. (21) Un sastre londinense, J. C. ECCAMUS (Eines Arbeiters Widerlegung der na- tionalokonomischen Lehren John Stuart Mills, Zurich, 1868) fue el primero en 6os- tener que para garantizar el "pan barato" al trabajador industrial, el campesino ha de ser sometido a la dictadura del proletariado. Al parecer, el libro tuvo mucho prestigio entre los marxistas, allá por los años 1870 (véase MITRANY, op. cit., pág. 15). Que la idea de ECCAIUUS se ha convertido en la base de la política agraria comu- nista está fuera de duda: "La colectivización general de los campesinos es ciertamen- te un modo... de asegurar el abastecimiento [de las ciudades]" (V. LENIN, Selected Works, Moscú, 1934-9, vol. xii, pág. 13). (22) Como veremos más adelante, tampoco puede ser justificada apelando a fun- damentos de prosperidad positiva (cf. infra pág. 62, núms. 82 y 84). (23) MARX, Capital, i, cap. xiv, BCC. 4, pág. 387.

TEORÍA ECONÓMICA Y ECONOMÍA AGRARIA

pequeña escala" (25). Ahora bien, esto se aplica a la mayoría de los so-

ciólogos occidentales. Añádase a ello, sobre todo, el desdén que suele

inspirarles todas idea que no sea presentada en forma matemática, y se

tendirá la explicación de por qué en Occidente se ha malentendido al

agrarismo (26). Es cierto que los narodniki, como los agraristas de

la última época, no sólo no elaboraron una teoría de la economía cam-

pesina —como otros habían hecho para el capitalismo—, sino que se dis-

tinguieron por su falta de interés, rayana en desprecio, de los estudios

analíticos. Se apoyaban exclusivamente en un enfoque intuitivo, en el

Verstehen de la Weltanschauung del campesino, muy al estilo de esta

escuela histórica alemana (aunque apenas hubo contacto directo entre las

tíos escuelas). El populismo, como el marxismo, no representaba sólo una

doctrina económica, sino también una fe. Y esta fe "está alimentada por

una fuerte corriente sentimental subyacente y por la piedad emotiva y

los vínculos rústicos" de los que en ella creen (27). Todo esto llevó al

populismo a ser abiertamente acusado de rom'anticismo.

Las circunstancias especiales en las cuales nació el narodnikismo

pueden dar razón en buena medida de su espíritu peculiar. Pero el he-

cho de que la doctrina populista no tenga una verdadera teoría se debió,

más que a ninguna otra razón, a la extraordinaria dificultad que entraña

el reducir a esquemas la conducta económica del campesino. En este pun-

to tenemos el testimonio de uno de los más notables agraristas rusos,

ALEXANDER TSCHAJANOV, que dio a uno de sus trabajos el significativo tí-

tulo de "Die Lehre von der bauerlichen Wirtschaft: Versuch einer

Theorie der Familienwirtschaft im Landbau" (Berlín, 1932). En las ob-

servaciones finales de esta obra, en la que se limita a someter a análisis

(25) MITRANY, op. cit., pág. 6. (26) A este respecto resulta muy instructivo comparar, por ejemplo, el análisis del populismo debido a L. H. ROBERTS (Rumania, New Haven, 1951, págs. 142 ss.) con el que hace ROSA LUXEMBURG (The Accumulation of Capital, Londres, 1959, pági- nas 271-91). A pesar de que ROSA LUXEMBURG era "uno de los miembros más genui- namente marxista del movimiento alemán" (PAUL M. SWEEZY, The Theory of Capitalist Development, N. York, 1942, pág. 207), su análisis es mucho más objetivo que el de ROBERTS. Sobre los narodniki podrá consultarse también, con provecho, "Les idees des na- rodniki russes", Revue d'économie politique, xxxv (1921), págs. 432-62, de J. DELEWS- KI y, sobre todo, MITRANY, op. cit^ cap. iv. Las memorias de la "abuela de la revo- lución rusa", KA TERINA BRESHKOVSRAIA (Hidden Springs of the Russian Revolution, Stanford, 1931) tienen interés como historia personal. (27) MITRANY, op. cit., pág. 40.

N. GEOBGESCÜ-ROEGEN

cuantitativo las distintas actividades de la producción agrícola, TSCHA- JANOV confiesa su disgusto ante el hecho de que no tengamos todavía una teoría del comportamiento económico del campesino. De manera significativa, hace notar que entre la economía clásica y una teoría eco- nómica de una comunidad campesina parece existir la misma relación que entre la geometría euclidiana y la no euolidiana. No obstante, ter- mina admitiendo que no es fácil elaborar una teoría abstracta de la eco- nomía agraria (28). Cualquiera que sea la explicación que se dé del agrarismo en este punto, no cabe ejemplo más dramático del desastre a que está abocado todo aquel que —al formular una política económica— prescinde del aná- lisis teorético, que la suerte, de todos conocida, que corrieron los par- tidos agrarios de la Europa oriental.

II. LA SUPERPOBLACIÓN: EXAMINÉMOSLA DE NUEVO

J. Los hechos analizados.

Los agraristas han tenido en todo momento conciencia de que la plaga de casi todas las economías agrarias subdesarrolladas es la super- población y de que, por consiguiente, el problema de una economía campesina es, en gran medida, un problema demográfico (29). Está, pues, justificado que intentemos ver si un análisis de la superpoblación nos lleva a desentrañar este "nudo" del agrarismo. Cuando alguien habla de "exceso" esperamos, como es natural, que nos lo defina tomando como punto de referencia lo que en cierto modo i ©presentaría la situación óptima o normal. Pero definir lo "normal" o lo "óptimo" no es cosa fácil, sobre todo frente a un relativista ergotizan- te. El relativista podría decirnos, por ejemplo, que el exceso de capa- cidad de una industria monopolista no pasa de ser una ficción, porque toda esa capacidad podría ser utilizada si se suprimiera el monopolio, instaurando en su lugar un sistema distinto de distribución. MARX se coloca en una posición muy parecida a ésta cuando nos dice que la superpoblación existe únicamente en relación "con el promedio de ne- cesidades de la autoexpansión del capital" (30). Como quiera que sea,

(28) Op. cit., pág. 130. (29) Cf. TSCHAJANOV, op. cit., pág. 131, por ejemplo. (30) Capital, i, cap. xxv, sec. 3, pág. 695.

N. GEOBGESCÜ-ROEGEN

económico de Bélgica como distinto del de los EE. UU., Pero la idea de

que Ja diferencia entre una economía agraria y una economía capitalista

es meramente gradual, y no esencial, está todavía muy difundida.

Y, no obstante, los elementos para dar solución al problema estaban

al alcance de la mano. Hacia 1930, estudios realizados en distintos países

con amplias zonas agrícolas, revelaron el hecho sorprendente de que

podía desaparecer una gran parte de la población, sin que decreciera lo

más mínimo la producción nacional (34). Los distintos cómputos de po-

blación superflua, independientemente establecidos para cada caso, se

acercan tanto unos a otros que demuestran que nos encontramos ante

un fenómeno realmente cuantitativo (35). Si fueran necesarias más prue-

bas, invocaríamos algunos "experimentos" que la historia ha realizado

in vivo'. Durante dos años después del comienzo de las hostilidades en

1914, la producción agrícola de Rusia se mantuvo al mismo nivel que

antes de la guerra, a pesar de que el 40 por 100 de los campesinos varo-

nes útiles habían sido llamados a filas (36). Lo mismo ocurrió en Rumania

durante la segunda guerra mundial. En los casos en que la producción

agrícola se vino abajo, durante las dos guerras, en la Europa oriental,

fue debido simplemente a la casi total requisa de animales de tiro, a la

dificultad -de sustituir los aperos ya gastados y, <por supuesto, a las per-

turbaciones causadas por los movimientos de las tropas. Incluso la des-

aparición de unos 10 millones de campesinos ucranianos durante la lla-

mada liquidación de los "kulaks", a pesar de que trajo consigo perturba-

ciones radicales en toda la economía, no tuvo más que un influjo efímero

sobre el "output" agrícola (37).

(34) Referencias a los primeros esludios relativos a Polonia y Bulgaria en DOREEN WARRINER, Economics of Peasant Farming, Londres, 1939, págs. 68 y ss. (35) Para Rumania, un estudio calculó el porcentaje de la población campesina superflua en 48 (Enciclopedia Romániei, Bucharest, 1939, vol. iii, pág. 60), y otro, en 45 (V. MADCEARU, Evolutia economici románesti dupa rázboiul mondial, Bucharest, 1940, pág. 49). La primera cifra fue establecida utilizando datos de estadísticas nacio- nales, pero la segunda se estableció por observación directa en una vasta zona que abarcaba 60 pueblos elegidos al azar. MOORER, op. cit., págs. 63 y ss., utilizando datos nacionales, llegó a un porcentaje de 514. (36) LEONAKD E. IIUBBARD, The Economics of Soviet Agricultura, Londres, 1939, páginas 59-65. (37) Cf. ibíd., pág. 117. En una publicación reciente ("The Theory of Underenv ployment ¡n Backward Economies", Journal of PoUtic.al Economy, lxv (1957), pági- na 103), HARVEY LEIBENSTEIN hace alusión a ciertas experiencias en el mundo sovié- tico cuando la industrialización produjo una escasez de trabajo en el sector agrícola, pero omite decirnos a qué acontecimientos concretamente se refiere. Me atrevo a pen-

TEORÍA ECONÓMICA Y ECONOMÍA AGRARIA

Ahora bien, la simple afirmación de que una parte de la población puede desaparecer sin provocar descenso alguno en la producción total no es suficiente para caracterizar teoréticamente la superpoblación. La producción nacional de los EE. UU. podría ser mantenida al mismo nivel aun cuando desapareciera una buena parte de su población. La differentia specifica entre las dos situaciones se cifra en que, en el segundo caso, la producción nacional podría ser incrementada simplemente con que las gentes decidieran trabajar más horas, mientras que en el primer caso no es así (38). Esta diferencia pone en claro que el punto de partida para buscar una definición de la superpoblación ha de ser una situación en la que la productividad marginal sea igual a cero. Y que existen países en los que, de hecho, la productividad marginal de trabajo es prácticamente igual a cero, es cosa que admiten casi todos los que se dedican al estudio de economías campesinas (39). Todo esto contradice abiertamente la categórica afirmación de SCHULTZ de que "no hay prueba ninguna de que exista en ninguna parte un país pobre que permita suponer que puede transferirse una pequeña fracción (de un 5 por 100, por ejemplo) de la fuerza de trabajo con que cuenta la agricultura..., sin que esto haga disminuir su producción [agríco- l a ] " (40). Nada más lejos de mi mente que impugnar el hecho de que los casos concretos citados por SCHULTZ prueban que, en varios países de la América latina, la producción agrícola decreció efectivamente cuan- do se transfirió mano de obra a otras actividades (41). Pero esto no es suficiente para justificar su conocida posición de que la explicación que la teoría de la superpoblación da del subdesarrollo "falla, como 'teoría'... en que las consecuencias que se esperan no son las que uno advierte" (42). sar que representan sólo la escasez ficticia de tipo familiar provocada por la dispersión en masa de los individuos; a menos que reflejen una resistencia por parte de los campesinos o la ineficacia administrativa. (38) MARX (Capital, i, cap. xxv, sec. 3, pág. 698) afirma que si la población de Inglaterra se redujera en la misma proporción en todas las categorías, la población restante "sería absolutamente insuficiente" para mantener el mismo nivel de produc- ción a pesar de los "colosales" medios de que Inglaterra dispone para ahorrar mano de obra. Esto, evidentemente, implica que ningún trabajo especializado deja tiempo libre, suposición que es característica de la concepción económica marxista. (39) E. G. WARRINER, op. cit., pág. 65. (40) THEODORE W. SCHULTZ, '"The Role of Government in Promoting Economic Growth", en The State oj the Social Sciences, ed., L. D. White, Chicago, 1956, pági- na 375. (El subrayado es mío.) (41) Ibíd., págs. 375 ss. (42) THEODORE W. SCHULTZ, The Economic Test in Latin America, N. York State School of Industrial and Labor Relations, Boletín 35, agosto de 1956, pág. 15.

TEORÍA ECONÓMICA Y ECONOMÍA AGRARIA

zonamicnto considera el trabajo como una cualidad uniforme, plástica, del ser humano y —en mi opinión— sigue en cierto modo la tradición de las teorías económicas clásica y marxista. Pero no veo mejor camino para analizar los problemas suscitados por la población en su aspecto puramente cuantitativo. Realmente, esta visión del trabajo es aún má<» necesaria en el análisis del crecimiento económico que en el de un es- tado estacionario, en el que la población puede muy bien ser conside- rada como una distribución congelada de cualidades. Por tanto, la afirmación de que la productividad marginal del tra- bajo es cero, implica que la productividad marginal del trabajo espe- cializado consiste sólo en la productividad marginal del capital invertido en producir esa especialización. Es muy lógico pensar que una econo- mía superpoblada ha de padecer una escasez de trabajo espccializailo mayor que una no-superpoblada. Todo parece indicar que una escasez de trabajo especializado significa una escasez de capital, no necesaria- mente de trabajo. Es característico de las economías superpobladas que el trabajador especializado esté sobrecargado de trabajo mientras al no especializado le queda muchísimo tiempo libre. Más aún, el verdadero aspecto económico de la difusión de la cultura en un país subdesarro- llado nos aparece ahora a plena luz: la necesidad de una educación adicional compite con la necesidad de medios físicos adicionales de producción —cosa que a veces pasamos por alto y que, con frecuencia, infraestimamos—. Allí donde los recursos son muy escasos, la libre for- mación en todo tipo de técnicas es tan ineconómica como la producción al azar de equipo capital. Algunos países, como la Rusia soviética, pa- recen haberse percatado de esta verdad; otros, como Italia, no parecen haberlo comprendido. No nos quepa, pues, eino recoger estas observaciones. En toda eco- nomía —superpoblada o no— no hay más que un camino para medir la productividad marginal del trabajo: medirlo al margen, es decir, allí donde el trabajo no está adulterado por el capital. La productivi- dad marginal del trabajo en cualquier economía es entonces la produc- tividad marginal de su trabajo no-especializado. El hecho de que en los países pobres el trabajo agrícola sea generalmente un trabajo no- especializado e3 una mera coincidencia de jacto. Pero este hecho arroja una nueva luz sobre la correlación constante que la literatura económica establece entre la superpoblación y las condiciones de la agricultura. Porque es claro que, ei la productividad marginal del trabajo en un país es cero, cero habrá de ser la productividad marginal del campesino.

N. GEOBGESC U-BOEGEN

2. Esquema teorético (46).

Para hacer la exposición lo más sencilla posible, supongamos que el

producto nacional, representado en forma agregada por x, esté producido

por una "industria" atomística (suposición que está plenamente justifi-

cada en las economías agrarias superpobladas). Esto significa que la fun-

ción de producción de la economía entera es homogénea de primer grado:

* = F ( L , T ) = T G ( L / T ) [1]

donde L representa el trabajo y T una variable compuesta de tierra y

capital. Para obtener esta función, para cada proporción de los factores

de producción Op (fig. 1), determinamos el valor óptimo de la unidad

de producción, U, mediante el sistema

8L ST

[2]

T

T'o

To

0

K

i \ ^ \

V

/ V i ^r

\ /

L

R,

/ p

——^

R'o

— Ko --'d

Lo

- FlQ. I -

(46) Prefiero el término "esquema" al usado corrientemente, ''modelo'', porque trato de subrayar la diferencia esencial que hay entre el modelo-calco de las ciencias naturales y el esquema-símil de las ciencias sociales.