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Tipo: Esquemas y mapas conceptuales
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() Publicado en "Oxford Economic Papera", febrero de 1960. (1) Los datos citados figuran en* World Population and Production, de W. S. j E. S. WOYTINSKY. N. York, 1953, págs. 307, 435 y passim.
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I. TEORÍA, REALIDAD Y POLÍTICA
(2) Con esto no negamos que la teoría pneda servir a otros fines, pero éstos son algo marginal, no constituyen la esencia de la teoría.
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empresarios que hacen dinero, mercados con precios uniformes para to- dos los productos y una completa independencia entre los factores eco- nómicos y los factores demográficos (4). Tomadas como abstracciones, en grado vario, estas dos bases axiomáticas representan indudablemente los rasgos más característicos del sistema capitalista (5). Es más, lejos de ser totalmente contradictorias, son complementarias, en el sentido del Principio de Complementariedad de Bohr (6). Por eso precisamente se lia podido decir que MARX es "la flor de la Economía clásica" (7). Mucho más importante es la observación de que los fundamentos teoréticos de ambas teorías, de la standard y de la marxista, son rasgos culturales o, si se prefiere, institucionales. De hecho, lo mismo habría que decir de cualquier teoría económica. Porque lo que caracteriza a un sistema económico son sus instituciones, no la tecnología que utiliza. De no ser -así, careceríamos de base para distinguir entre comunismo y capitalismo; mientras, por otro lado, tendríamos que considerar el ca- pitalismo actual y el capitalismo, digamos, de hace cincuenta años, como dos sistemas esencialmente diferentes. En cuanto caemos en la cuenta de que, para la teoría económica, un sistema económico está caracterizado exclusivamente por rasgos ins- titucionales, resulta obvio que ni la teoría marxista ni la standard son, en conjunto, válidas para analizar una economía no-capitalista, C3 decir, la economía de una sociedad de la que están ausentes parte o la tota- lidad de las instituciones capitalistas. Es posible que una determinada proposición de cualquiera de las dos teorías sea evcntualmente válida para una economía no-capitalista, pero su validez habrá de ser estable- cida ex novo en cada caso, sea por una comprobación de hecho, sea por
(4) Me refiero al hecho de que una reserva de hombres permanente significa sencillamente que en punto al salario de subsistencia la oferta de mano de obra es "ilimitada , tanto a corto como a largo plazo, mientras para la economía clásica esto es cierto sólo a largo plazo. Cf. infra, nota 47. (5) Hemos dejado al margen la proposición de plusvalía de los axiomas marxis- tas porque esta proposición —como haremos ver más adelante— pertenece al feuda- lismo, no al capitalismo. (6) Este principio, oon el cual BOHR salvó la impasse creada por ios nuevos descubrimientos de la física, establece que la realidad "no puede ser aprehendida en una sola imagen" y que "sólo la totalidad de los fenómenos podrá darnos una información exhaustiva de los objetos". NIELS BOHR, Atomic Physics and Human Knowledge. N. York, 1958, págs. 40 y passim. (7) TERENCE MCCARTHV, en el prólogo a la traducción inglesa de K. M/lRX, A History of Economic Theories. N. York, 1952, pág. xi.
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derivación lógica de la correspondiente fundamentación axiomática. IS'i siquiera los conceptos analíticos elaborados por dichas teorías pueden ser utilizados, sin discriminación, para describir otras economías. Entre los pocos que tienen validez general está el concepto de una función de producción con todas las nociones que de ella derivan. Pero esto se debe a la índole puramente física del concepto. La mayoría de los con- ceptos económicos, por el contrario, son difíciles de trasplantar. El de "clase social" parece ser la única excepción y esto porque, como es obvio, resulta inseparable del de "sociedad" misma (si exceptuamos la sociedad de Robinson Crusoe y, probablemente, la de los albores de la especie humana). Esto no quiere decir que las teorías marxista y stan- dard no nos proporcionen patrones de gran utilidad para formular Ia preguntas pertinentes e investigar los elementos constitutivos propios de cualquier realidad económica. En definitiva, son las únicas teorías eco- nómicas cabales que se han elaborado. Todo esto puede parecer sumamente elemental. Sin embargo, no es lo que los teóricos standard ni, sobre todo, los marxistas han solido ha- cer cuando se han encontrado ante el problema de formular una política para países de superpoblación agrícola. Y, como suele decirse, "Eco- nomía es lo que los economistas hacen".
Como se ha solido señalar, los economistas de todas las épocas se han visto compelidos por su entorno social a ser mucho más oportu- nistas que sus colegas de otros campos científicos, lo cual ha dado por resultado que su atención se haya fíjado casi exclusivamente en los pro- blemas económicos de su propio tiempo (8). Y como el paso de la cien- cia económica de su estadio puramente descriptivo (es decir, taxonómico) al teorético coincidió con el período durante el cual, en la Europa oc- cidental, el feudalismo iba cediendo rápidamente ante el capitalismo, este último se convirtió, como no podía menos de suceder, en el blanco de los primeros economistas teoréticos. Esto puede explicar por qué la
(8) Viene a ilustrar elocuentemente este punto la boga que el problema del desarrollo económico ha adquirido últimamente entre los economistas occidentales: hemos llegado a un punto en que el desarrollo de los países snbdesarrollados cons- tituye un problema económico del que el Occidente se ocupa tanto como aque- llos países.
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(12) K. MAUX. Capital, Chicago, 1906, i. cap. xiv, sec. 10.
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(13) KAUTSKY, La Question Agraire, pág. xii. Cf. también ENCELS en el prólogo- ai tercer volumen del Capital (Chicago, 1909, pág. 16). (14) MARX, Capital, iii, cap. xlvii, eec. 5. (15) THORSTEIN VEBLEN, The Place of Science in Modera Civilisation. N. York, 1919, págs. 450 y es.
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(18) KAUTSKY nos ofrece en La Question Agraire un epítome de estos intentos. Arguye que, si bien la ley de la concentración no es verdadera para la pequeña pro- piedad, si lo es para la propiedad global, con un número mayor de terratenientes que tengan importantes fuentes externas de ingreso. Más tarde, lo lanzó todo por la borda aduciendo que la agricultura campesina debe desaparecer en todo caso, porque la escala de producción óptima es la del latifundio. (19) Citado en MITRANY, op. cit., pág. 219.
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(20) El conflicto de intereses entre el sector agrícola y el industrial existe tam- bién en las economías desarrolladas, incluidos los EE. UU. Cf. J. D. BLACK, Discus- sion, Proceedings o/ the Filh International Confercnce of Agricultural Economics, London, 1939, págs. 86 y ES. La única diferencia está en que, en estas economías, el conflicto está atenuado por el elevado nivel de los ingresos que permite resolverlo por procedimientos del tipo del Agricultural Price Support Programme. La super- población es la condición necesaria para que el conflicto se convierta en vis viva social. (21) Un sastre londinense, J. C. ECCAMUS (Eines Arbeiters Widerlegung der na- tionalokonomischen Lehren John Stuart Mills, Zurich, 1868) fue el primero en 6os- tener que para garantizar el "pan barato" al trabajador industrial, el campesino ha de ser sometido a la dictadura del proletariado. Al parecer, el libro tuvo mucho prestigio entre los marxistas, allá por los años 1870 (véase MITRANY, op. cit., pág. 15). Que la idea de ECCAIUUS se ha convertido en la base de la política agraria comu- nista está fuera de duda: "La colectivización general de los campesinos es ciertamen- te un modo... de asegurar el abastecimiento [de las ciudades]" (V. LENIN, Selected Works, Moscú, 1934-9, vol. xii, pág. 13). (22) Como veremos más adelante, tampoco puede ser justificada apelando a fun- damentos de prosperidad positiva (cf. infra pág. 62, núms. 82 y 84). (23) MARX, Capital, i, cap. xiv, BCC. 4, pág. 387.
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(25) MITRANY, op. cit., pág. 6. (26) A este respecto resulta muy instructivo comparar, por ejemplo, el análisis del populismo debido a L. H. ROBERTS (Rumania, New Haven, 1951, págs. 142 ss.) con el que hace ROSA LUXEMBURG (The Accumulation of Capital, Londres, 1959, pági- nas 271-91). A pesar de que ROSA LUXEMBURG era "uno de los miembros más genui- namente marxista del movimiento alemán" (PAUL M. SWEEZY, The Theory of Capitalist Development, N. York, 1942, pág. 207), su análisis es mucho más objetivo que el de ROBERTS. Sobre los narodniki podrá consultarse también, con provecho, "Les idees des na- rodniki russes", Revue d'économie politique, xxxv (1921), págs. 432-62, de J. DELEWS- KI y, sobre todo, MITRANY, op. cit^ cap. iv. Las memorias de la "abuela de la revo- lución rusa", KA TERINA BRESHKOVSRAIA (Hidden Springs of the Russian Revolution, Stanford, 1931) tienen interés como historia personal. (27) MITRANY, op. cit., pág. 40.
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cuantitativo las distintas actividades de la producción agrícola, TSCHA- JANOV confiesa su disgusto ante el hecho de que no tengamos todavía una teoría del comportamiento económico del campesino. De manera significativa, hace notar que entre la economía clásica y una teoría eco- nómica de una comunidad campesina parece existir la misma relación que entre la geometría euclidiana y la no euolidiana. No obstante, ter- mina admitiendo que no es fácil elaborar una teoría abstracta de la eco- nomía agraria (28). Cualquiera que sea la explicación que se dé del agrarismo en este punto, no cabe ejemplo más dramático del desastre a que está abocado todo aquel que —al formular una política económica— prescinde del aná- lisis teorético, que la suerte, de todos conocida, que corrieron los par- tidos agrarios de la Europa oriental.
II. LA SUPERPOBLACIÓN: EXAMINÉMOSLA DE NUEVO
J. Los hechos analizados.
Los agraristas han tenido en todo momento conciencia de que la plaga de casi todas las economías agrarias subdesarrolladas es la super- población y de que, por consiguiente, el problema de una economía campesina es, en gran medida, un problema demográfico (29). Está, pues, justificado que intentemos ver si un análisis de la superpoblación nos lleva a desentrañar este "nudo" del agrarismo. Cuando alguien habla de "exceso" esperamos, como es natural, que nos lo defina tomando como punto de referencia lo que en cierto modo i ©presentaría la situación óptima o normal. Pero definir lo "normal" o lo "óptimo" no es cosa fácil, sobre todo frente a un relativista ergotizan- te. El relativista podría decirnos, por ejemplo, que el exceso de capa- cidad de una industria monopolista no pasa de ser una ficción, porque toda esa capacidad podría ser utilizada si se suprimiera el monopolio, instaurando en su lugar un sistema distinto de distribución. MARX se coloca en una posición muy parecida a ésta cuando nos dice que la superpoblación existe únicamente en relación "con el promedio de ne- cesidades de la autoexpansión del capital" (30). Como quiera que sea,
(28) Op. cit., pág. 130. (29) Cf. TSCHAJANOV, op. cit., pág. 131, por ejemplo. (30) Capital, i, cap. xxv, sec. 3, pág. 695.
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(34) Referencias a los primeros esludios relativos a Polonia y Bulgaria en DOREEN WARRINER, Economics of Peasant Farming, Londres, 1939, págs. 68 y ss. (35) Para Rumania, un estudio calculó el porcentaje de la población campesina superflua en 48 (Enciclopedia Romániei, Bucharest, 1939, vol. iii, pág. 60), y otro, en 45 (V. MADCEARU, Evolutia economici románesti dupa rázboiul mondial, Bucharest, 1940, pág. 49). La primera cifra fue establecida utilizando datos de estadísticas nacio- nales, pero la segunda se estableció por observación directa en una vasta zona que abarcaba 60 pueblos elegidos al azar. MOORER, op. cit., págs. 63 y ss., utilizando datos nacionales, llegó a un porcentaje de 514. (36) LEONAKD E. IIUBBARD, The Economics of Soviet Agricultura, Londres, 1939, páginas 59-65. (37) Cf. ibíd., pág. 117. En una publicación reciente ("The Theory of Underenv ployment ¡n Backward Economies", Journal of PoUtic.al Economy, lxv (1957), pági- na 103), HARVEY LEIBENSTEIN hace alusión a ciertas experiencias en el mundo sovié- tico cuando la industrialización produjo una escasez de trabajo en el sector agrícola, pero omite decirnos a qué acontecimientos concretamente se refiere. Me atrevo a pen-
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Ahora bien, la simple afirmación de que una parte de la población puede desaparecer sin provocar descenso alguno en la producción total no es suficiente para caracterizar teoréticamente la superpoblación. La producción nacional de los EE. UU. podría ser mantenida al mismo nivel aun cuando desapareciera una buena parte de su población. La differentia specifica entre las dos situaciones se cifra en que, en el segundo caso, la producción nacional podría ser incrementada simplemente con que las gentes decidieran trabajar más horas, mientras que en el primer caso no es así (38). Esta diferencia pone en claro que el punto de partida para buscar una definición de la superpoblación ha de ser una situación en la que la productividad marginal sea igual a cero. Y que existen países en los que, de hecho, la productividad marginal de trabajo es prácticamente igual a cero, es cosa que admiten casi todos los que se dedican al estudio de economías campesinas (39). Todo esto contradice abiertamente la categórica afirmación de SCHULTZ de que "no hay prueba ninguna de que exista en ninguna parte un país pobre que permita suponer que puede transferirse una pequeña fracción (de un 5 por 100, por ejemplo) de la fuerza de trabajo con que cuenta la agricultura..., sin que esto haga disminuir su producción [agríco- l a ] " (40). Nada más lejos de mi mente que impugnar el hecho de que los casos concretos citados por SCHULTZ prueban que, en varios países de la América latina, la producción agrícola decreció efectivamente cuan- do se transfirió mano de obra a otras actividades (41). Pero esto no es suficiente para justificar su conocida posición de que la explicación que la teoría de la superpoblación da del subdesarrollo "falla, como 'teoría'... en que las consecuencias que se esperan no son las que uno advierte" (42). sar que representan sólo la escasez ficticia de tipo familiar provocada por la dispersión en masa de los individuos; a menos que reflejen una resistencia por parte de los campesinos o la ineficacia administrativa. (38) MARX (Capital, i, cap. xxv, sec. 3, pág. 698) afirma que si la población de Inglaterra se redujera en la misma proporción en todas las categorías, la población restante "sería absolutamente insuficiente" para mantener el mismo nivel de produc- ción a pesar de los "colosales" medios de que Inglaterra dispone para ahorrar mano de obra. Esto, evidentemente, implica que ningún trabajo especializado deja tiempo libre, suposición que es característica de la concepción económica marxista. (39) E. G. WARRINER, op. cit., pág. 65. (40) THEODORE W. SCHULTZ, '"The Role of Government in Promoting Economic Growth", en The State oj the Social Sciences, ed., L. D. White, Chicago, 1956, pági- na 375. (El subrayado es mío.) (41) Ibíd., págs. 375 ss. (42) THEODORE W. SCHULTZ, The Economic Test in Latin America, N. York State School of Industrial and Labor Relations, Boletín 35, agosto de 1956, pág. 15.
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zonamicnto considera el trabajo como una cualidad uniforme, plástica, del ser humano y —en mi opinión— sigue en cierto modo la tradición de las teorías económicas clásica y marxista. Pero no veo mejor camino para analizar los problemas suscitados por la población en su aspecto puramente cuantitativo. Realmente, esta visión del trabajo es aún má<» necesaria en el análisis del crecimiento económico que en el de un es- tado estacionario, en el que la población puede muy bien ser conside- rada como una distribución congelada de cualidades. Por tanto, la afirmación de que la productividad marginal del tra- bajo es cero, implica que la productividad marginal del trabajo espe- cializado consiste sólo en la productividad marginal del capital invertido en producir esa especialización. Es muy lógico pensar que una econo- mía superpoblada ha de padecer una escasez de trabajo espccializailo mayor que una no-superpoblada. Todo parece indicar que una escasez de trabajo especializado significa una escasez de capital, no necesaria- mente de trabajo. Es característico de las economías superpobladas que el trabajador especializado esté sobrecargado de trabajo mientras al no especializado le queda muchísimo tiempo libre. Más aún, el verdadero aspecto económico de la difusión de la cultura en un país subdesarro- llado nos aparece ahora a plena luz: la necesidad de una educación adicional compite con la necesidad de medios físicos adicionales de producción —cosa que a veces pasamos por alto y que, con frecuencia, infraestimamos—. Allí donde los recursos son muy escasos, la libre for- mación en todo tipo de técnicas es tan ineconómica como la producción al azar de equipo capital. Algunos países, como la Rusia soviética, pa- recen haberse percatado de esta verdad; otros, como Italia, no parecen haberlo comprendido. No nos quepa, pues, eino recoger estas observaciones. En toda eco- nomía —superpoblada o no— no hay más que un camino para medir la productividad marginal del trabajo: medirlo al margen, es decir, allí donde el trabajo no está adulterado por el capital. La productivi- dad marginal del trabajo en cualquier economía es entonces la produc- tividad marginal de su trabajo no-especializado. El hecho de que en los países pobres el trabajo agrícola sea generalmente un trabajo no- especializado e3 una mera coincidencia de jacto. Pero este hecho arroja una nueva luz sobre la correlación constante que la literatura económica establece entre la superpoblación y las condiciones de la agricultura. Porque es claro que, ei la productividad marginal del trabajo en un país es cero, cero habrá de ser la productividad marginal del campesino.
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(46) Prefiero el término "esquema" al usado corrientemente, ''modelo'', porque trato de subrayar la diferencia esencial que hay entre el modelo-calco de las ciencias naturales y el esquema-símil de las ciencias sociales.