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Orientación Universidad
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contabilidad superior, Apuntes de Contabilidad

Asignatura: Contabilidad, Profesor: Cualquiera Cualquiera, Carrera: Administración y Dirección de Empresas, Universidad: UDC

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 03/04/2014

diego007
diego007 🇪🇸

3.5

(39)

46 documentos

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N

S

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NURURIIAA

R

ROCOCAA

S

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EXXUUAALL

M

MEENNTTEE

PR PRÓÓLLOOGGOO DDEE PPABABLLOO MMOTOTOOSS

N

S

303 0.. RReellaacciioonneess iinnaaddeeccuuaaddaass .................................................. 77

313 1.. LaLa llllaammaaddaa......................................................................... 80

323 2.. EEll eemmbbaarraazzoo ...................................................................... 83

E

Ell sseexxoo yy llooss bbeebbééss ........................................................... 85

S

Seesseennttaayynnuueevvee .................................................................. 87

A

Abbssttiinneenncciiaa ....................................................................... 88

363 6.. EEll ccoommpprroommiissoo ................................................................. 90

373 7.. ElEl iinntteerrccaammbbiioo................................................................... 92

383 8.. UUnn,, ddooss,, ttrreess ...................................................................... 96

393 9.. LLooss ccuueerrnnooss,, ccoonn rreessppeettoo................................................. 98

E

Ell mmaassaajjee.......................................................................... 100

L

Laass pprrooff e

essiioonneess............................................................... 102

O

Ottrraa vveezz sseerráá ................................................................... 104

434 3.. DDeeppeennddee ddee llaa eeddaadd ....................................................... 107

444 4.. ElEl ppaaccttoo ............................................................................ 110

454 5.. ««SSuuppeerrwwoommaann»» .............................................................. 113

C

Coossaass rraarraass ...................................................................... 115

M

Meejjoorr ,

, qquuee mmee ppiillllee uunn ccuurraa ......................................... 117

L

Laa qquuee ffaallttaabbaa ................................................................. 119

494 9.. CaCammbbiioo ddee ppllaanneess........................................................... 123

505 0.. NNii ffrrííoo,, nnii ccaalloorr ............................................................... 126

515 1.. SoSoyy ddee ppuueebblloo ................................................................. 128

525 2.. AnAntteess ddee aaccaabbaarr .............................................................. 131

P

Poorr FFiinn ............................................................................. 133

N

S

A las mujeres que se atreven a ser libres

y a los hombres que nos ayudan a conseguirlo.

N

S

P

Prróóllooggoo.. N

Nuurriiaa RRooccaa yy llaa rraannaa qquuee ssee ttrraaggaabbaa llooss

o

ojjooss

Hay dos razones por las que no me creo que Dios haya creado al hombre a su
imagen y semejanza: la primera, que Él no se muere, que me parece un detalle sobre
el que deberíamos pensar un poquito; y la segunda, que no es posible que el mismo
Dios haya hecho a Nuria Roca tan perfecta y a mí tan mal, que parece que haya
quedado el segundo en una pelea de hachas.
¿Cómo es Nuria Roca? Pues Nuria es como los pimientos de Padrón: imprevisible.
Lo mismo te anuncia en la tele una crema anticelulítica que te hace en su casa un
arroz al horno que te chupas los dedos. Otra de sus virtudes innatas es la de darle la
vuelta a todo con una sonrisa. Nuria es capaz de decir que el dolor de espinillas es un
buen método para encontrar muebles en la oscuridad, y nadie se lo discute, porque
ese es otro de sus talentos: su capacidad angelical para convencer sin discutir. Más
vale que Nuria no se empeñe en que hagas algo, porque lo haces de cabeza. Estoy
seguro de que Nuria podría convencer a un señor de que montase un potro salvaje
en pleno ataque de hemorroides. Y el señor reventaría su ano contento.
Cuando yo la conocí, Nuria era la inocente presentadora del Waku, Waku. A todos
nos encantaba verla repartiendo Nicolasillos y preguntándonos cosas como: «¿Qué
va a hacer la rana globo para espantar al escorpión estrábico?». Y siempre te
sorprendía. De repente, la rana globo, en vez de hacer el globo, aspiraba sus propios
ojos y se los escupía, sin piedad, al escorpión estrábico, que, ante el espectáculo,
fallecía de vergüenza ajena. Fue después de ver esto cuando le propuse hacer el
Consultorio Sexymental. Ella me miró con esa cara que sabe poner Nuria de «yo no he
roto un plato en mi vida», y me dijo: «Contigo, sí». Yo absorbí mis ojos hacia dentro e
intenté escupírselos, pero me hizo reír a destiempo y se me salieron por la nariz.
Al principio, en el Consultorio, era muy difícil saber cuál era su límite, de modo
que yo me comportaba como los niños pequeños, que se ponen a tirar cosas al suelo
para comprobar hasta dónde llega la paciencia de sus padres. En la selección de las
cartas siempre incluía alguna más fuerte, a ver qué tal la encajaba. Un día le di una
carta en la que una chica le contaba que fingía los orgasmos con su chico, con tan

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mala suerte que él la había pillado. Nuria, ante la mirada perpleja de todos, le enseñó
a esa chica, y a todas las demás chicas del planeta Tierra, a fingir un orgasmo como
Dios manda... Después de aquello, tres del equipo se fueron al baño, yo no me podía
levantar y el técnico puso la publicidad con los dos brazos en alto. Ese día me di
cuenta de cuál era el límite de Nuria: ¡Ninguno!
En otra ocasión me avanzó que iba a aprovechar cualquier carta para contar cómo
se hacía la penetración blanda... «¿Mande?», dije yo. A lo que contestó: «La
penetración blanda es una técnica oriental para ayudar en algunos casos de impotencia
que consiste en introducir el pene en la vagina cuando está flácido, apretando como
si fuese un tubo de pasta dentífrica. Una vez dentro, la pareja se queda abrazada
hasta que las respiraciones de ambos se acompasan y, con el calorcito y el
movimiento, aquello se alegra y se pone a funcionar. El reto es llegar al orgasmo sin
moverte, solo con los movimientos de las dos personas respirando cada vez más
aguadamente». Después de esto pensé: «Esta chica o lee mucho o se ha metido en
una secta».
Pero no. Es que Nuria es así. Es un poco como Amélie, pero mejorada, porque
Nuria le va alegrando la vida a los demás sin ni siquiera proponérselo.
Nuria me ha descubierto muchos secretos de las mujeres. Por ejemplo, que es
perfectamente posible que te ligues a una chica, que todo vaya perfecto y que cuando
te vayas a ir a la cama con ella te diga que no, dándote cualquier excusa, y salga
huyendo, dejándote allí con cara de conejo, cuando la verdadera razón por la que no
se ha acostado contigo es que iba sin depilar... ¡Santo Dios! A los hombres, en ese
momento, eso nos da igual. ¡Por nosotros como si tienen garrapatas! También me
descubrió por qué a veces quieres quedar con una chica el lunes y te dice que no, y el
martes, y te dice que tampoco, y el miércoles y el jueves y el viernes, tampoco. Pero si
sigues insistiendo y le dices el sábado, entonces te dice que sí. La verdadera razón
por la que te ha dado el sí es que ella piensa que si a partir de ese momento está una
semana entera sin comer absolutamente nada, el sábado, posiblemente, cabrá en un
vestido con el que está monísima. Es evidente, después de esto, que nosotros, a las
mujeres, las amamos, las odiamos, las seguimos y las buscamos, pero no las
entendemos.
Por eso es importante que, si eres un hombre, leas este libro y lo disfrutes. Porque
está lleno de hallazgos que te harán conocer a las mujeres un poco mejor —de paso,
también puedes fantasear con que la protagonista de las aventuras que aquí se
cuentan es Nuria; de momento, eso no es ilegal—. Y si eres una mujer, te lo vas a
pasar pipa con la mirada cómplice y desvergonzada de Nuria —por cierto, si eres
mujer, que sepas que cuando los hombres hacemos el amor nos agotamos física y

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1.. D

Dee sseexxoo nnoo ssaabbee nnaaddiiee

Llevo cuatro años hablando de sexo en la radio y unos cuantos más desde que
empecé modestamente a practicarlo. En la radio tengo la oportunidad de leer cientos
de cartas de oyentes que exponen sus dudas sobre sexo. Más o menos disparatadas,
más o menos desesperadas, más o menos divertidas, pequeñas o grandes, a la gente
le asaltan dudas permanentes en esta materia. Todos los que nos rodean, los
compañeros de trabajo, la gente que te cruzas en el metro, tus hermanos, tus padres,
tus jefes, el de la ventanilla del banco, incluso tus suegros... Todos lo practican más o
menos, mucho o poco, o poquísimo, pero todo el mundo alguna que otra vez ha
experimentado el estímulo, la emoción y el placer en una relación sexual.
Yo, dentro de lo que cabe, he sido siempre una chica disciplinada, así que desde
que mi amigo Pablo Motos me invitó a conducir un consultorio «seximental» en su
programa de radio me puse a estudiar esta materia con todo el interés posible.
Empecé por concienzudos documentales que trataban el tema de manera académica,
muy impersonal. Explicando cada una de las partes de nuestros cuerpos con esos
nombres tan horrorosos como perineo, cuerpos cavernosos, uretra, meato urinario,
etc., que la verdad te dan tanto conocimiento como pocas ganas. Continué con
programas de televisión donde explicaban una y otra vez la manera de introducirse
vibradores con una incomparable destreza para no hacerse daño o cómo realizar una
felación a tu chico sin clavarle los dientes. A estos programas hay que agradecerles el
haber evitado un montón de lesiones desagradables.
Después me puse a leer decenas de libros sobre el tema. Desde los científicos hasta
los de autoayuda; estos últimos siempre llevan por título una pregunta que empieza
por la palabra «Cómo». Van desde el cursi Cómo ser muy feliz amándote hasta el
inquietante Cómo provocar el orgasmo mental, pasando por el decidido Cómo follar
mucho y bien. La sexual es, como cualquier otra, una literatura muy respetable.
Después de los documentales, los programas de televisión y los libros, investigué
todo lo que pude sobre el cine porno. Pude más bien poco, porque las películas las
veía en pareja y a los tres minutos de empezar ya notaba yo a mi chico inquieto, con
los ojos como platos, incapaz de continuar mirando a la tele y dispuesto a

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abalanzarse sobre mí con sus más bajos instintos por todo lo alto. Así que la peli
quedaba allí puesta de fondo sin que nadie prestara atención a los alardes de esos
actores tan musculosos y tan depilados.
Después de tanta información, de leer cientos de cartas de oyentes del consultorio,
de hablar con amigas y amigos, de tratar en la medida de lo posible de descubrir
experiencias en primera persona, he llegado a la conclusión de que el sexo le gusta a
todo el mundo, pero que de sexo realmente no sabe nadie. Todos tenemos unas
nociones básicas sobre el tema, aunque en el sexo, como en casi nada, nadie tiene la
última palabra. No creo mucho en los expertos y sí en los que quieren descubrir el
sexo cada día para compartirlo con los demás. En eso está inspirado este libro, en
experiencias que he compartido con gente anónima, con amigas, con oyentes, con
novios míos y de otras, con novias de otros y de los míos. En definitiva, gente que
quiere compartir, porque el sexo se comparte.
El sexo es dar y que te den, con perdón.

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ejemplo, en la panadería. Porque, como dice mi amiga Esther, «¿Tú has visto la forma
que tienen las barras?».
La vida está llena de provocaciones.

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3.. L

Laass nnuueevvaass ggeenneerraacciioonneess

Dice un amigo mío que las mujeres a partir de cierta edad no deberíamos
ponernos arriba. Y si lo hacemos hay que asegurarse de que la luz está apagada o él
tiene los ojos vendados. Cualquier mujer que pase de los treinta sabe de lo que hablo,
por muy generosa que haya sido con ella la madre naturaleza. Por mucho que se
evite, todo se descuelga, hasta la cara. Y desde abajo el panorama debe de ser terrible.
De todas formas cumplir años es una buena cosa, a pesar de necesitar más horas
en tratamientos de belleza, que por cierto cada vez son más caros y, sobre todo, más
raros. Yo ahora me estoy haciendo uno que debe ser buenísimo: «tratante antiarrugas
oxígeno new dream 02 y láser, revitalizante por ultrasonidos, remodelante por
succión ultrasónica y revitalizante baja frecuencia con masaje técnica gagna». Cuánto
más raras son las técnicas y más complicados tienen los nombres, más ilusión te
hacen. A mí me cobraron una vez 120 euros por una crema para el cutis y la
dependienta lo justificó explicándome que tenía superoxidismutasa. Yo no cabía de
gozo según pagaba y no veía la hora de llegar a casa para echármela y quedar
resplandeciente con mi superoxidismutasa. Luego no fue para tanto, porque aquella
crema gelatinosa nunca la absorbía la piel y te dejaba la cara pringosa. Al salir del
baño con ella puesta mi chico me terminó de hundir al decirme: «¿No te has pasado
un poco con la Nivea?».
A pesar de los estragos que la gravedad hace en nuestro cuerpo, con la edad
mejoramos en casi todo. Sabemos más, disfrutamos más, somos más conscientes de
nuestros actos. En lo profesional, en lo personal y, por supuesto, en el sexo. Aun así
nos quedan muchas cosas por aprender y puede que, aunque nos creamos muy
listas, todavía podemos aprender de las nuevas generaciones.
Una amiga me invitó con otros amigos a pasar un sábado en su chalé de la sierra.
Tomamos el sol, nos bañamos en la piscina, preparamos una paellita y comimos en el
jardín con un montón de jarras de tinto de verano. Todo transcurría normal hasta que
se levantó de la cama a eso de las cuatro de la tarde el hermano pequeño de mi
amiga, que había salido la noche anterior. Con total normalidad se unió a nosotros y
se comió un plato de paella sobrante. Dieciocho añitos había cumplido la criatura

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S

De repente me imaginé las conversaciones que tendrían entre ellos sobre nosotras
y me dio un poco de vergüenza, pero lo debí superar pronto porque me pasé algún
sábado que otro por aquel chalé al que bauticé como «Villa Testosterona». Poco a
poco se fueron sumando otras amigas de mi edad y más mayores que nos fuimos
empapando —no se me ocurre un verbo más apropiado— de la sabiduría de las
nuevas generaciones. Después de ver cómo se lo montaban aquellos jóvenes, todas
tomamos como lema una frase de Woody Allen: «El sexo solo es guarro si se hace
bien».

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4

4.. L

Laa ccoonnvviivveenncciiaa

Al margen de la gastroenteritis o hablar del problema vasco, lo que más te quita
las ganas de hacer sexo es la convivencia. No toda, no siempre, pero hay veces que la
convivencia es radicalmente incompatible con el deseo sexual. Pasar muchos años
con la misma persona nos va descubriendo esas facetas de nuestra pareja más
oscuras, más primitivas, un modo de hacer las cosas que no imaginábamos que
tendría el día que nos quedamos prendadas de él. No creo que la convivencia nos
cambie; es que nos descubre tal y como somos. Y eso no siempre es del todo
estimulante. No me gustaría caer en tópicos sexistas al establecer en este sentido
demasiadas diferencias entre hombres y mujeres. Al fin y al cabo, todos tenemos
nuestras miserias y tarde o temprano quedan en evidencia al estar permanentemente
bajo el mismo techo. Sin embargo, tengo la sensación de que en el caso de los
hombres es un poco peor.
La convivencia les produce falta de memoria, la falta de memoria les lleva a la
dejadez, la dejadez desemboca en abandono, el abandono en desidia y la desidia en
tragedia. Esta cadena se repite en un montón de acciones cotidianas, pero tomemos
como ejemplo el simple hecho de ir a hacer pis. Al principio de la relación los
hombres suben las dos tapas de la taza, apuntan para que el líquido entre en su
totalidad en el interior del inodoro, terminan, se la guardan, bajan las dos tapas, tiran
de la cadena y se lavan las manos con jabón. Incluso he conocido a algunos que se la
limpiaban con papel antes de guardársela, pero de estos muy pocos, la verdad. El
caso es que el deterioro de una relación queda reflejado en cómo el hombre va
variando su forma de hacer pis. Recordemos el triste proceso de pérdida de
memoria, dejadez, abandono, desidia y tragedia. Lo primero es la pérdida de
memoria al olvidarse casi siempre de cerrar la tapa cuando termina; más tarde llega
la dejadez cuando no solo se olvida de la tapa: tampoco tira de la cadena. El
abandono es la etapa en la que no solo no cierra la tapa al acabar, sino que olvida
abrir las dos al empezar, dejando además la constancia de que ya no apunta nada
bien. Este momento es especialmente doloroso cuando llegas tú después y o lo
limpias o te pones a hacer equilibrios como cuando estás en el bar de una gasolinera.
La desidia llega en ese momento tristísimo en el que a mitad de la acción va y se tira

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5.. L

Laa iinnoocceenncciiaa

Una vez pillé a mi novio con otra mujer en la cama. Y no veas si lloré. Qué joven
era.
Fue igual que en las películas. Yo llego antes de tiempo, abro la habitación y veo a
aquella tía encima de mi novio gimiendo; pego un grito, ella pega otro más grande,
mi novio dice todo seguido «mecagoenlaputa», yo me quedo inmóvil sujeta del
pomo de la puerta, la tía sale corriendo de un lado a otro de la habitación buscando
sus bragas y preguntando histérica que quién era yo. Mi novio salta de la cama
tapándose sus partes con las manos y en ese momento de su boca sale una frase
originalísima: «Tranquila, cariño, que te lo puedo explicar». La chica seguía sin
encontrar sus bragas y yo seguía agarrada al pomo de la puerta. Mi novio continuó
igual de brillante: «Cariño, esto no es lo que tú piensas». Parece mentira, pero juro
que lo dijo. Yo estaba a punto de desplomarme, las piernas se me aflojaban viendo
aquella escena, cuando descubrí lo peor, la humillación más extrema que se puede
vivir, eso al menos creía yo por entonces que no había vivido casi ninguna
humillación. Mi novio no me estaba dando explicaciones a mí, sino a la chica sin
bragas. De repente, se abraza a ella, los dos desnudos, y le dice mientras me miran
que con esa chica —esa era yo— ya había terminado hace tiempo, pero que seguía
teniendo la llave de su casa; que era muy pesada y que no había manera de quitársela
de encima. Mi juventud se notó más que nada en mi manera de contestar entre
sollozos: «Malo, que eres muy malo», y salir corriendo.
La inocencia no es nada buena, porque te hace sufrir innecesariamente. Tengo la
sensación de que si eso me pasa ahora, en lugar de sollozar, me entra la risa. Y no es
que esté tan de vuelta para que no me importe ver cómo mi pareja me la pega con
otra; es que de no haber sido tan ingenua hubiera comprendido que aquella relación
con aquel tipo al que yo consideraba mi novio era exclusivamente sexual. Él quería
solo sexo, mientras yo debía estar buscando al padre de mis hijos.
La inocencia se pierde en el momento que sabes descifrar a qué tipo de relación te
enfrentas y a disfrutarla tal y como es. Sin aditivos, sin confundir un polvo con un
romance o a estar excitada con estar enamorada. No siempre es lo mismo. Yo diría

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S

que casi nunca es lo mismo. Tengo la sensación de que las mujeres nos pasamos
buena parte de nuestra vida teniendo que justificar nuestro deseo sexual
mezclándolo con otras cosas como el enamoramiento, el amor, el romanticismo. Qué
pesadas, cuántas cosas nos perdemos cuando somos así de jóvenes. Yo misma, ahora
recuerdo a aquel novio mentiroso y me pongo contenta. La verdad es que aquel tío se
lo montaba de maravilla en la cama; además, era guapo; qué digo guapo, estaba
buenísimo: qué torso, qué abdominales, qué bien acariciaba siempre el lugar exacto,
de la manera perfecta y en el momento preciso, también con las manos. Además,
estaba muy bien dotado, y lo que aguantaba, y lo que sabía, y ese tatuaje en el culo, y
qué culo. Y yo creyendo que lo que estaba era enamorada.
La inocencia lo confunde todo.