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Asignatura: Latín para historiadores, Profesor: , Carrera: Historia, Universidad: UMA
Tipo: Apuntes
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Isabel M o r e n o
1 3 .1. Vida
Irónicamente, de un hombre de quien tan sólo nos ha llegado su producción bio gráfica pocos datos personales pueden ofrecerse con certeza absoluta. Se ignora su nombre propio y no hay seguridad sobre su lugar de nacimiento; posiblemente Pa- ina; tal vez Milán o Mantua. De su vida en Roma, alejada de cargos oficiales y quizá cor ello plácida, es posible hacerse una idea algo más concreta gracias a lo que de su 3bra nos ha llegado y a las noticias de sus contemporáneos: Catulo, que le dedicó sus rugae (Carm. I 1), Cicerón y Atico. Debió de estar casado, pues Cicerón reconoce ha cer recibido la noticia de la muerte de un hijo suyo, y parece haber residido en Roma sn el 65, cuando Atico regresó de Grecia donde se había refugiado huyendo de las contiendas civiles; entonces habría entrado en contacto con él y con los círculos lite rarios del que éste era asiduo. Ambiente culto y tradicional en el que, como en el te rreno político, Nepote supo mostrar su talante humano al trabar amistad con los más diferentes personajes del momento, como demuestra la vida de Atico donde no se en cuentra acerba crítica a la actitud de M. Antonio, ni alabanza decantada hacia Octavia- no. Sobre su muerte, los últimos indicios de su propia obra dejan como última referen cia segura el 27, cuando Augusto recibió este título que él no le otorga. Su vida habría transcurrido dedicada a las tertulias literarias, entregado a su producción literaria y a sus amigos, a ensalzar con sincera convicción las virtudes patrias, de las que Atico parece ser perfecto exponente, y a divulgar una cultura que consideraba patrimonio imprescin dible de un político, como demuestra su alabanza de Aníbal que encontró tiempo en su agitada vida para atender también al estudio literario. En tales propósitos radican prácticamente todos sus defectos y también, sin duda, sus virtudes.
2.3.2. Obras
En el catálogo de las composiciones que se le atribuyen, algunas sólo conocidas por referencias y alusiones más o menos vagas — unos Carmina, un libeüus y quizá también una obra geográfica— , hay que incluir una amplia selección, adscribible en esencia al campo histórico-biográfico y erudito, del que pueden ser indicio las múlti ples notas de carácter costumbrista y anticuario sobre arte, arqueología, mitología, li teratura o lingüística, que pueblan sus biografías:
— Una Crónica (Chronica) en tres libros, quizá con el periodo arcaico como cen tro, pero sin limitarse a Roma exclusivamente — tal vez una tabla de cronología com parada del tipo de la de Apolodoro de Atenas. — Cinco libros de Ejemplos (Exempla), que habría ofrecido a las escuelas de retóri ca como material útil y necesario para el discurso, oral o escrito. También aquí, como en la Crónica, habría intentado adaptar a la mentalidad romana una forma literaria griega, si bien notablemente influido, en ambos casos, por el peso de la propia tradi ción y el interés específico de su audiencia; lo más significativo en este texto sería la Dosible división de la materia en temas romanos y extranjeros — como luego haría Va- erio Máximo— , a título de anticipación del procedimiento seguido en sus Vidas de varones ilustres (De Viris Iüustribus, DVI). — Una biografía de Cicerón — quizá en dos libros, de los cuales el primero con tendría su vida y el segundo la correspondencia entre ambos— y otra de Catón el Censor, más amplia que la de la serie de los historiadores que tenemos. — Y, por último, el De Viris Illustribus — ocho series dedicadas a vidas de reyes, ge nerales, juriconsultos, oradores, poetas, filósofos, historiadores y gramáticos no roma nos y otras tantas a los romanos— , del que sólo una pequeña parte nos ha llegado: completo, el Liber de ducibus exterarumgentium, que concluye con una breve referencia general a los Reyes — de la que se aduce haber referido ya sus gestas por separado— y las biografías de Amílcar, muy breve, y Aníbal, una de las más largas y mejores del conjunto. Del volumen dedicado a los historiadores, poseemos, además de unos frag mentos de las dos cartas de Cornelia a sus hijos, Tiberio y Cayo Graco, la breve de Catón y la de su amigo T. Pomponio Ático; ésta, la más extensa y, en opinión de cier tos críticos, la mejor de su producción, se ha convertido en punto de referencia nece sario para comprender su ideología: mientras unos encuentran en ella las claves de su concepción política y humana — la alabanza a la inactividad política en un conflicti vo momento, en una defensa que anticipa los tópicos utilizados por Tácito para Agrí cola (quies y tranquillitas)— , otros sostienen que la actitud neutral y quietista de Atico, hostil a cualquier alineamiento político y público, contrasta en exceso con la de las vidas de sus generales; en consecuencia, lo «evidente» dejaría paso a lo «latente», y esta vida reflejaría menos sus puntos de vista que las de aquellos personajes políticos, más antiguos, a través de los cuales habría podido expresar con menor riesgo sus ver daderas convicciones.
2.3.3. Características de su obra
Difícilmente puede obtenerse una opinión ajustada de una obra amplia de la que sólo nos ha llegado una parte tan reducida en la que, además, faltan casi todos los re presentantes de Roma donde, como en el caso de Atico, sin duda el patriotismo ha bría espoleado su interés y especial cuidado literario. Dos aspectos, con frecuencia in fravalorados, hay que tener en cuenta a la hora de enfrentarse al juicio de su obra bio gráfica. En primer lugar, la compleja maraña de influencias propias y ajenas que conflu yeron en la gestación de una obra tal vez singular en esos momentos, pero deudora del impulso vital, ya clásico, de mantener vivo el recuerdo de un personaje más allá de la muerte. Por una parte, existía, la importante tradición encomiástica romana, in dividual y desprovista de ornato, de las laudationesfúnebres ligadas a la nobilitas aristo-
cuado. La relevancia la adquiere el protagonista más atractivo para el autor por algu na razón particular. A Nepote le importa destacar que lo determinante en la acción política, más, incluso, que el hecho en sí, es la razón por la que éste se ha llevado a cabo; su propósito es mostrar el porqué último de las decisiones y los acontecimien tos. Por eso le atraen especialmente las trágicas y seductoras personalidades de Alci- bíades o Aníbal, enfrentados a sus conciudadanos y anulados por la fuerza de una Fortuna hostil — por más que sean especialmente elogiosas las de Arístides y Trasíbu- lo o las eulogías de Agesilao o Epaminondas, cuya estructura se fija, como en los tra dicionales encomios, a partir de sus principales virtudes— ; le interesa analizar la psi cología de un tirano y sus secuaces, aunque sea tópicamente (Dión o Ifícrates), o de tenerse en las vidas que le ofrecen la posibilidad de reunir múltiples anécdotas (Datames). Con todo, una de las más complejas es la de Atico: por reunir distintos elementos estructurales — el «relato panegírico» de un «amigo personal», la «apolo gía» de alguien cuya conducta no comprometida no siempre podía resultar aceptable, defendible o encomiable, cual la de un representante ideal de la alta burguesía capaz de conciliarse la simpatía de facciones opuestas, y una biografía moralizante de la que debía extraerse una tipología moral— y por conjugar diferentes factores ideológicos; de hecho, como documento histórico refleja la ambigüedad de la desaparición de un régimen que está siendo sustituido por la incipiente monarquía imperial. En cualquier caso, Nepote es vario en su forma de disponer el material y no es fá cil sintetizar la organización de sus vidas. Es indudable que suele acudir, siempre que puede, a los tópicos biográficos imprescindibles; partiendo de la familia, educación y adolescencia, se centra sobre todo en la vida política, muerte y honores postumos del personaje. Pero esta simple enumeración es absolutamente inoperante para sugerir las modificaciones que adquieren en cada caso los dos esquemas principales de los enco mios clásicos que la normativa retórica recoge: la evolución cronológica de la vida del personaje o la caracterización anecdótica de acuerdo con las clásicas virtudes. Tampo co es admisible la simple división en biografía peripatética y alejandrina que F. Leo estableciera; la primera, esencialmente interesada en la caracterización psicológica del héroe, repleta de anécdotas atractivas para el lector, se detenía especialmente en su educación y gustos personales, insistía en sus aportaciones a la humanidad y, aunque olvidaba el entorno y la cronología, seguía en su disposición el proceso vital; además, su carácter se revelaba a través de sus propios actos. Quizá por todo ello se habría apli cado a vidas de políticos, hasta culminar, en su forma más perfecta, en las Vidas Pa ralelas de Plutarco. La alejandrina, más erudita pero menos interesada en el cuidado literario y cuestiones morales o filosóficas, preocupada por acumular múltiples deta lles de todo tipo sin distinguir su distinto valor y donde el personaje era descrito en distintos epígrafes, habría sido la elegida por los filólogos helenísticos para sus vidas de artistas. Aportando nuevas perspectivas sobre la gestación del género biográfico, la crítica actual ha reaccionado contra este encasillamiento que en el caso de Nepote resulta difícilmente defendible en ocasiones, aunque en otras se mantiene: Arístides es «típicamente peripatética», por el modo en que sus virtudes se ven ejemplificadas por sus res gestae, y también el pretendido balance de virtudes y vicios de Alcibíades se atribuye a tal influencia; por el contrario, Cimón, Conón, Ifícrates, Cabrias y Ti moteo se han adscrito a la influencia alejandrina, si bien se ha advertido también un tono decididamente peripatético en el hecho de que en Cimón sus defectos y cuali dades se trasluzcan a partir de las anécdotas y en que la caída de Conón en medio de su Fortuna se deba a su desmedido orgullo.
Lo importante dentro de esa adaptación llevada a cabo por Nepote para la biogra fía política, muy por encima de la organización estructural de cada una de sus vidas, fs que en sus vidas logra vencer el simple esquematismo que el relato biográfico en zorra por necesidad al adscribir todo el material del que dispone, o el que selecciona ron tal fin, a defender una idea; una concepción individual en cada relato — donde cada héroe destaca por incorporar una o unas cualidades sobre otras— , pero única y completa en el fondo en la serie: ese mos maiorum romano — aunque sea aplicado a Las; figuras griegas— que deja traslucir la trágica lucha del héroe casi siempre vencido cor la Fortuna, por la envidia de sus propios compatriotas que acaban hundiendo a su propia patria, o por ambos elementos conjugados. Al servicio de esta concepción .ieológica, Nepote articula una estructura dramática, cuyo crescendo, escalonado a través de una determinada planificación temporal o geográfica, desemboca, lógica y necesariamente, en una muerte funesta. En esta esencial contribución radica el valor principal de la obra nepotiana. Se ha aducido que Nepote es incapaz de abstraer lo esencial y, por ende, de trans mitirlo. Es cierto, si ello se aplica a la caracterización individual de cada figura que se le escapa siempre, sobre todo si es compleja y, por tanto, atractiva. Pero no si ello se ¿plica a la idea dominante de la serie. Nepote ilustra con estas biografías lo que lue- ?o Suetonio llevará a cabo con mayor perfección: lo importante no es la descripción o caracterización de un personaje aisladamente considerado, al que al final de la lec tura con dificultad se separa de los demás; sino el valor que el conjunto adquiere en tomo a una idea sustancial. En Suetonio, será la caracterización del «emperador», la lucha por el poder y la esencia de éste incorporada en unos entes mortales. En Nepo te, más idealista y todavía en el siglo I, la necesidad de un gobernante al servicio de la patria, aunque ésta o, mejor, sus conciudadanos no sean capaces de advertir su grandeza política. Sin embargo, Nepote no ha sido capaz de poner al servicio de tal idea todos los recursos literarios, estilísticos y estructurales, que tenía a su disposición. Su técnica es oobre y reiterativa en la selección de procedimientos. La fiase no posee la rotundidad de un periodo elaborado y complejo, entre otras razones porque el biógrafo rehuye los procesos discursivos que serían su base. El relato carece de una concepción dra mática amplia y su sentido plástico no alcanza al conjunto sino al selectivo detalle que, eso sí, resulta en ocasiones notablemente revelador. De hecho, logra sus mejores pinceladas cuando se limita a exponer rápida y brevemente las características de un personaje — vicios y virtudes de Alcibíades— , en los cambios de acción o escenario —la campaña itálica de Aníbal— , o en el relato de alguna curiosa anécdota; también en sus brillantes sentencias, muy frecuentes dado el fondo moralista del contexto —referidas, esencialmente al papel de la Fortuna en la conducta humana y la relación entre el pueblo y los gobernantes y cuidadosamente ubicadas en la estructura del re lato, de acuerdo con el papel que se les hace desempeñar en su desarrollo dramático. El cuidado es mayor todavía en el léxico, que suele elegir con precisión, justeza, va riedad notable y un interés caracterizante en su selectiva aplicación. A tenor de lo contrastable no parece haber habido pretensión elitista en la com posición de estas vidas. Sólo el deseo de impactar al lector con sus reflexiones mora les y de pintar vividamente la psicología de sus personajes, como seres humanos, no como figuras históricas. De hecho, él mismo establece que su propósito no era escri bir Historia. La Historia, centrada, en esencia, en asuntos de Estado, guerras, sedicio nes y debates políticos, requiere cuidado informativo en las fuentes, con una búsque