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Asignatura: politicas socialaborales, Profesor: graciana iturbude, Carrera: Relaciones Laborales y Recursos Humanos, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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Como introducción, diremos que las leyes son iguales para hombres y mujeres, pero hay concepciones sociales diferentes. Los estereotipos, las estrategias que se usan antes las dificultades, causas por las que sentirse culpable, todo está condicionado por el género.
Las mujeres sufren discriminación y desvalorización, no disponen de recursos para cumplir sus responsabilidades, su evaluación es distante y sancionadora y la sociedad les pide mucho y da muy poco. El delito está pensado para aplicarlo a los hombres, que son autónomos y responsables, mientras que las mujeres son débiles, y eso las relaciona con el pecado, por voluntad divina. Su delito implica una falta contra las leyes y contra la naturaleza, y se considera una culpa cuya trasgresión se evalúa en mayor medida (los delitos de las mujeres se consideran aberraciones). Los delitos de los pobres tienen peor consideración y más castigo, y las mujeres son las más pobres. Sin embargo, las mujeres eligen soluciones y alternativas.
2- Y NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN…
Existe una bipolarización en este tema, las conductas se atribuyen a factores biológicos y se niegan los condicionantes sociales u opciones personales. Según esta idea, las mujeres son menos autónomas y más determinadas por sus cuerpos, y para el cristianismo el cuerpo era el enemigo. Las mujeres son débiles, con tentaciones y tentadoras, y su salvación estaba en la reclusión doméstica; las mujeres desviadas eran sancionadas y readaptadas a la domesticidad.
Su castigo y re-moralización incumbía a los hombres, la libertad femenina era un deshonor masculino, y estos se vengaban castigando, encerrando o asesinando pecadoras, siendo este trato apoyado socialmente.
Las mujeres sin control masculino (vagabundas, prostitutas y mendigas) eran recluidas en las “casas galeras” como parte del control del género, se las consideraba delincuentes pecadoras y peligrosas. Las casas galeras cambiaron las penas de tipo físico por la confiscación del tiempo en un espacio acotado.
En esa época, no había separación clara entre delito y pecado, las mujeres eran sancionadas no por los daños, sino por no cumplir sus obligaciones domésticas.
Las Oblatas crearon centros penitenciarios para mujeres, para atender a las abandonadas y que se arrepentían e ingresaban voluntariamente y enseñarles las costumbres cristianas. Era una opción salvacionista de oración y examen
de conciencia. La derrota de la República transformó los asilos en cárceles de mujeres, con un acortamiento del tiempo para convertirlas por las Oblatas.
La voluntariedad diferenciaba pecado y delito: el pecado es una ofensa a Dios por propia voluntad y la salvación pasaba por un cambio voluntario. Esas casas de arrepentidas facilitaban la instrucción religiosa, los castigos físicos eran bien vistos si eran autoinflingidos. El tiempo de permanencia dependía de la mujer y la utilización autónoma de su sexualidad era pecado.
El delito es un tipo de daño que incumple una norma, y estaba pensado para los hombres. La cárcel quería evitar riesgos para la sociedad y reinsertarlos socialmente.
3- DEL ESTADO DE BIENESTAR AL ESTADO ENCARCELADOR
En EE.UU. había “tolerancia cero” con la pequeña delincuencia (hay endurecimiento, aumento y creación de penas), teniendo un amplio alcance y aceptación. El “pánico moral” se refiere a los temores de seguridad y moralidad, a las ansiedades por cuestiones sexuales; y la “limpieza de clase” y el “gran encierro” consisten en aumentar las personas investigadas y sancionadas, centrándose en barrios conflictivos, pobres, minorías e inmigrantes. Se prioriza la prisión en lugar de las medidas preventivas o disuasorias. La prisión no soluciona, sino agrava los problemas, y son las carencias éticas individuales y no las sociales las que hacen que delincan.
4- MUJERES Y DELITOS
Las mujeres presas tienen peores instalaciones, están más lejos de sus familias, tienen menor formación y trabajo y cobran menos que los hombres por las tareas. Hay mayoría de mujeres gitanas, inmigrantes y pobres. Cambiar libertad por seguridad y permitir ingerencias estatales penalizando a los sectores incómodos está aceptado socialmente, por tanto se pasa de un “Estado beneficiario” a un ·Estado penitenciario”. Las conductas de las mujeres son de análisis especial, no encajan en las de los hombres, son “presos sociales” y se relaciona el delito con la pobreza, siendo las mujeres las más pobres.
Además, tienen más responsabilidades familiares, desvalorización de tareas, discriminación salarial, más precariedad, desempleo y dificultad para un puesto bien remunerado. Tienen mayores motivos para delinquir, pero se las arreglan para sobrevivir y delinquen muy poco. No obstante, se las penaliza por más cosas. La prostitución es un agravante y se las penaliza más por los delitos que cometen frecuentemente, como ser mulas de droga. Se trata de penas desproporcionadas y completas sin régimen abierto. Según la biologización, delinquen menos por su instinto materno y escasez de testosterona, además de usar estrategias alternativas al delito.
5- ESTRATEGIAS FEMENINAS PARA EVITAR DELINQUIR
quedan separadas de sus personas queridas. Esta situación diferente entre hombres y mujeres se basa en la interiorización de roles de género: los hombres lamentan la pérdida de su posición de prestigio, de controlar a la familia y tener que obedecer órdenes. Es una humillación para ellos si las órdenes son dadas por mujeres. Pero las mujeres lamentan la pérdida de familiares y sienten culpa, la cárcel dificultaba el cumplimiento de los roles de género y sienten que han abandonado sus obligaciones, culpándose y avergonzándose, ya que pierden la custodia de sus hijos en mayor medida que los hombres.
Por tanto, la cárcel es la peor opción, en otra circunstancia el vínculo familiar no se rompe. Se podría pensar que la emigrante abandona la familia, pero esto es temporal, y se sigue encargando de ellos indirectamente, por ejemplo mandando dinero. La prostituta acomoda sus horarios a la atención de sus hijos o paga para su cuidado. La presa pierde el control de la familia y no obtiene recursos, además de que su condena es pública, lo que conlleva un coste psicológico muy alto.