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Prostitución, Apuntes de Relaciones Laborales y Recursos Humanos

Asignatura: politicas socialaborales, Profesor: graciana iturbude, Carrera: Relaciones Laborales y Recursos Humanos, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 28/10/2014

lausanc09
lausanc09 🇪🇸

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La prostitución de mujeres: una escuela de desigualdad
humana.
Sobre la existencia de la prostitución la pregunta que hay que hacerse no es porque
hay personas dispuestas a prostituirse, la pregunta debería ser ¿Por qué la mayor
parte de las personas destinadas a este mercado son mujeres?
Sheila Jellreys, una autora muy implicada en el debate asegura que el propio
lenguaje, al tratar sobre el tema, tiende a invisibilidad al hombre y apuntar
directamente a las prostitutas como las causantes.
Otro mensaje claro de este lenguaje es que no tiene género, cualquiera puede
prostituirse. Esto es falso ya que la mayoría de las mujeres rechazan la idea de un
mercado de prostitutos. Este rechazo radica en que no encuentran placer en
mantener relaciones sexuales con quienes se encuentran en una situación de clara
inferioridad.
Esto nos lleva a enfocar el debate sobre el comportamiento de ciertos hombres que
si encuentran placer en las mujeres prostituidas, es decir, encuentran placer en las
relaciones físicas denidas por su situación de poder.
En la actualidad España ha mejorado mucho en materia de igualdad, tanto en lo
referente a la actividad laboral como en tareas domésticas. Pero por el contrario
mientras nos dirigíamos a la igualdad sexual, aumentaba la oferta de mujeres y
también la demanda de los hombres.
La explicación a esto puede encontrarse en que históricamente ha existido una
dominación del hombre sobre la mujer y aunque hoy en día la sociedad no se
sostiene en patriarcados basados en la coacción de la mujer, las mujeres carecen
del poder político, social y económico de los hombres.
Es evidente que existe una tradición en el consentimiento de la prostitución. La
tolerancia hacia la prostitución ha estado justicada desde un punto de vista
conservador por la denominada doble moral sexual, es decir, lo que es bueno para
el hombre es malo para la mujer (ej. Mantenerse virgen hasta el matrimonio). En
Europa la prostitución estuvo legalizada durante siglos, hasta que a nales del SXIX,
las leyes se encontraron con una fuerte oposición de un movimiento organizado de
mujeres, que inició la lucha por la abolición de la prostitución
Posteriormente se produjo en los años sesenta una revolución sexual que puso n a
parte de la hipocresía y la injusticia de la doble moral sexual, pero surgió una nueva
vertiente que reproduce en nuevos términos la ideología de la prostitución. Según
esta, mostrar un sentido crítico con lo que tiene que ver con el sexo es represor y
conservador. De forma paralela se multiplicó la presencia de mujeres desnudas en
la publicidad y los medios de comunicación. En denitiva, esta revolución sexual fue
una crítica con la doble moral pero no con la sexualidad tradicional masculina.
En los años 80 el debate de la prostitución llevo a dos corrientes enfrentadas.
Por un lado, los que estaban a favor de la legalización de la prostitución. Según esta
postura no existen las prostitutas, existen trabajadoras/es sexuales. Además lo
consideraban como un trabajo más en el que se intercambia un servicio por dinero.
Por otro lado está la posición abolicionista. Según esta, la prostitución debe
analizarse desde la perspectiva de la desigualdad histórica entre hombres y
mujeres, y señala que la mayor parte de las prostitutas son víctimas de una
sociedad injusta y patriarcal.
El gran argumento a favor de la prostitución es el de la libre elección o
consentimiento, pero no siempre el consentimiento legitima una práctica, ni mucho
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La prostitución de mujeres: una escuela de desigualdad

humana.

Sobre la existencia de la prostitución la pregunta que hay que hacerse no es porque hay personas dispuestas a prostituirse, la pregunta debería ser ¿Por qué la mayor parte de las personas destinadas a este mercado son mujeres? Sheila Jellreys, una autora muy implicada en el debate asegura que el propio lenguaje, al tratar sobre el tema, tiende a invisibilidad al hombre y apuntar directamente a las prostitutas como las causantes. Otro mensaje claro de este lenguaje es que no tiene género, cualquiera puede prostituirse. Esto es falso ya que la mayoría de las mujeres rechazan la idea de un mercado de prostitutos. Este rechazo radica en que no encuentran placer en mantener relaciones sexuales con quienes se encuentran en una situación de clara inferioridad. Esto nos lleva a enfocar el debate sobre el comportamiento de ciertos hombres que si encuentran placer en las mujeres prostituidas, es decir, encuentran placer en las relaciones físicas definidas por su situación de poder. En la actualidad España ha mejorado mucho en materia de igualdad, tanto en lo referente a la actividad laboral como en tareas domésticas. Pero por el contrario mientras nos dirigíamos a la igualdad sexual, aumentaba la oferta de mujeres y también la demanda de los hombres. La explicación a esto puede encontrarse en que históricamente ha existido una dominación del hombre sobre la mujer y aunque hoy en día la sociedad no se sostiene en patriarcados basados en la coacción de la mujer, las mujeres carecen del poder político, social y económico de los hombres. Es evidente que existe una tradición en el consentimiento de la prostitución. La tolerancia hacia la prostitución ha estado justificada desde un punto de vista conservador por la denominada doble moral sexual, es decir, lo que es bueno para el hombre es malo para la mujer (ej. Mantenerse virgen hasta el matrimonio). En Europa la prostitución estuvo legalizada durante siglos, hasta que a finales del SXIX, las leyes se encontraron con una fuerte oposición de un movimiento organizado de mujeres, que inició la lucha por la abolición de la prostitución Posteriormente se produjo en los años sesenta una revolución sexual que puso fin a parte de la hipocresía y la injusticia de la doble moral sexual, pero surgió una nueva vertiente que reproduce en nuevos términos la ideología de la prostitución. Según esta, mostrar un sentido crítico con lo que tiene que ver con el sexo es represor y conservador. De forma paralela se multiplicó la presencia de mujeres desnudas en la publicidad y los medios de comunicación. En definitiva, esta revolución sexual fue una crítica con la doble moral pero no con la sexualidad tradicional masculina. En los años 80 el debate de la prostitución llevo a dos corrientes enfrentadas. Por un lado, los que estaban a favor de la legalización de la prostitución. Según esta postura no existen las prostitutas, existen trabajadoras/es sexuales. Además lo consideraban como un trabajo más en el que se intercambia un servicio por dinero. Por otro lado está la posición abolicionista. Según esta, la prostitución debe analizarse desde la perspectiva de la desigualdad histórica entre hombres y mujeres, y señala que la mayor parte de las prostitutas son víctimas de una sociedad injusta y patriarcal. El gran argumento a favor de la prostitución es el de la libre elección o consentimiento, pero no siempre el consentimiento legitima una práctica, ni mucho

menos la convierte en trabajo. En una sociedad democrática se ponen límites a los contratos voluntarios que en sociedades caracterizadas por la desigualdad firmarían sin dudar los más desfavorecidos. La corriente que defiende la normalización de la prostitución la define de forma muy breve como el intercambio de sexo por dinero. Esta definición encubre dos características fundamentales. En primer lugar que no es sexo, sino un tipo de sexo destinado al hombre que usa como medio el cuerpo de una mujer. En segundo lugar que las prostituidas son mayoritariamente mujeres.