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Asignatura: Deontología profesional, igualdad y principios jurídicos básicos (Deontología), Profesor: javier barraca, Carrera: Relaciones Laborales y Recursos Humanos, Universidad: URJC
Tipo: Apuntes
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DR. D. JAVIER BARRACA MAIRAL
Hoy se afirma, por la filosofía y la ciencia actuales, que todo está relacionado, y que los humanos somos muy especialmente seres en relación, de relación, relacionales. Se dice, en este sentido, que las relaciones humanas resultan decisivas. Ahora bien, esto significa que la dimensión relacional de nuestro ser y las acciones de relación concretas afectan al conjunto de nuestra existencia de una manera fundamental. Por ello, a todos nos importa enormemente que las relaciones humanas participen de valores y se desarrollen con responsabilidad o ética, además de respetar las normas y el Derecho. Pero esto resulta especialmente relevante para quienes más tienen que ver con esto, y en particular para quienes –por ejemplo- se dedican de modo profesional a las relaciones laborales. Ahora bien, ni las relaciones laborales en general, ni las acciones concretas vinculadas a ellas, pueden participar de valores éticos ni del respeto al Derecho, si primero no lo hacen “las personas” que tienen que ver con todo ello, y muy especialmente los profesionales. Por tanto, para que todo esto sea posible, debe darse una “formación continua” en nuestros profesionales en este terreno de la responsabilidad, la ética y el Derecho.
Por otro lado, hoy en día, el trabajo y la formación para el mismo acaparan buena parte de nuestros esfuerzos y tiempo vital. Tal vez, incluso se da el que caemos a este respecto en ciertos excesos, contraproducentes para otras esferas de nuestra vida, como la familia, la amistad, la cultura, el ocio, etc. Ahora bien, si no logramos que nuestros propios ambientes laborales participen de valores y conformen un clima o atmósfera ética fecundos, los primeros perjudicados seremos nosotros mismos. Sin ética ni Derecho, ni se convive ni se colabora adecuadamente. Mas, en ética y en lo jurídico, todos podemos progresar continuamente, hasta el final de nuestros días. De aquí, arranca la necesidad de desarrollarnos siempre en valores éticos y jurídicos, y de formarnos de forma permanente en este decisivo campo.
Tema 2: Tópicos éticos y su aplicación al trabajo y a lo profesional. La ética se ve expuesta, hoy, a enormes tópicos, falacias, equívocos y, en general, a manipulaciones muy diversas. Algunos caen así en el error de juzgar, por ejemplo, que la ética es absolutamente subjetiva e individual, dependiente exclusivamente y en su totalidad de cada individuo aislado. Llevan su subjetivismo hasta el absurdo del escepticismo moral absoluto, alcanzando así el extremo de negar cualquier diferencia significativa entre el bien y el mal. Han cometido la equivocación de trasladar tal cual a la ética, sin la más mínima matización, el célebre dicho de Campoamor “nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira” (con lo cual, lo que afirman ellos mismos queda también privado de cualquier verdad y se auto-contradice). Por otra parte, yerran en su subjetivismo o en su reducir la ética al sujeto individual, pues la ética siempre trata de las relaciones de un sujeto con algún otro, luego no puede consistir en lo que juzga exclusivamente uno de ellos. Hay quienes, por el contrario, desvinculan la ética por completo del sujeto y de su conciencia, y la juzgan por entero algo exterior a la persona, una realidad ajena, heterónoma, engendrada sólo por la colectividad o el grupo, sin que cuente en ella el individuo. Muchos ven en ella una bella historia, un cuento de hadas sobre un mundo de color de rosa, irrealizable e idealista, imaginario; una pura teoría o “creencia”. En el otro extremo, hay quienes la reducen a la conducta real y final de los seres humanos, a sus actos desnudos o sus descarnados hechos, a menudo imperfectos, desdeñando en ella cuanto no es directamente práctico, fáctico, empírico. Por eso, se estima en ocasiones erróneamente que la ética no puede ni enseñarse ni aprenderse, que se trata de algo innato y que la persona no cambia ni a mejor ni a peor en cuanto a ética. Con frecuencia, por ende, se la valora como algo secundario o accidental, sin verdadera importancia frente a la fuerza invencible del instinto o del interés. Acaso por esto, hoy, se ve en la ética un molesto pepitogrillo, un incómodo aguafiestas moral, una criatura irritante, coactiva y antipática. En definitiva, cae sobre ella una pesada losa, al sumar las acusaciones precedentes; y se la estigmatiza con la vergonzosa tacha de lo inútil, lo fútil, lo inservible. Sin embargo, lo cierto es que la ética, bien entendida, tiene sin duda una dimensión objetiva, más allá de subjetivismos o relativismos exagerados. Además, es teórica y práctica a la vez, interna y externa, superando integradoramente ambos extremos. Por otro lado, lejos de constituir algo banal, resulta fundamental para la realización y la convivencia de las personas o grupos, según demuestra lo dañino de su ausencia en cualquier contexto humano. Y, por ello, en cierto sentido, puede y debe tanto enseñarse como aprenderse, ya que cabe una cierta sensibilización o formación de la conciencia, alguna educación en valores (aunque siempre requiera de la libertad). En el fondo, resulta prioritaria con respecto a lo demás, pues ella sirve a la felicidad humana más honda, y al cabo a la felicidad se ordena todo cuanto persigue la persona. Esto último se muestra, por ejemplo, en que, mientras las técnicas de una profesión cambian continuamente, el núcleo de toda ética profesional, de alguna manera, permanece. A todos los tópicos o falacias que existen sobre la ética en general, deben aquí sumarse los específicos que se dan con respecto a la ética profesional o en el trabajo. Entre estos están: que no se puede ser ético en el trabajo en ningún grado pues no hay nada de libertad en él, que ser ético implica obligatoriamente no ser eficaz, que las organizaciones en las que se trabaja (y
las empresas o los sistemas económicos) constituyen sólo seres abstractos y por tanto en su ámbito nadie es responsable de nada, que la ética profesional es siempre y en todos una mera estética o cosmética interesada e hipócrita, que todas las instituciones en las que se trabaja son exactamente iguales en su falta de moral, y que ninguna organización o empresa es ética pues todas quieren obtener beneficios al precio que sea, etc. Por todo lo anterior, se ha llegado a afirmar que la expresión “ética organizativa, profesional o en el trabajo” es un oximorón, una contradicción en los términos, pues si hay organización en la que se trabaja no puede haber ética y viceversa. Se trata, como se ve, de enormes exageraciones que no distinguen adecuadamente lo que son en realidad las organizaciones en las que se trabaja ni cómo se desenvuelve la vida allí. Frente a estas acusaciones, hay que subrayar que deben evitarse las generalizaciones, pues cada organización es diversa en ética de acuerdo con quiénes en concreto actúan en ella. Así, la ética de una organización dependerá en cambio de cómo actúa esa organización concreta, y por tanto de si sus fines y métodos son adecuados, o en otras palabras de cómo trata a todas las personas que se relacionan con ella. En principio, las organizaciones no tienen por qué ser anti-éticas por definición, más bien pueden generar mucho bien social.
Tema 3: Noción de ética general, y ética especial o aplicada: su coherencia. La ética -según el diccionario de la RALE- es “la reflexión sobre la moral”, la parte de la filosofía que se ocupa de la moral. La moral, de acuerdo con esta misma fuente, es la ciencia de la distinción entre lo bueno y lo malo en las acciones humanas. “Ciencia” implica, aquí, cierto conocimiento serio o riguroso, no mera opinión. Se trata de una “ciencia práctica” (Kant) o de la acción, no puramente especulativa. Coloquial y comúnmente, se usan ética y moral como sinónimos (de hecho, la palabra "éthos" en griego se traduce como "mores" en latín, de donde viene "moral", que en español se traduce también por "costumbres"). Aunque algunos consideran a las morales como las diversas formas concretas e históricas de desarrollar la ética. En todo caso, la ética tiene que ver con: la felicidad humana, el deber, la virtud (hábitos valiosos), los valores, la responsabilidad, los principios morales, la acción, la conciencia, la libertad (la ética es “el arte de la libertad”), la persona humana, etc. Aristóteles la concibió precisamente como “la búsqueda de la felicidad humana, a través del perfeccionamiento del carácter, por medio de la virtud” (“êthos” es “carácter”, en griego). Para él, la felicidad requiere de “la amistad” –en sentido general- entre las personas, y esto a su vez exige tener un carácter bueno, fundado en valores auténticos y compartidos, que arraiguen sólidamente, es decir desarrollar hábitos virtuosos o éticos. La ética presenta una parte o tronco general, que es común a los diversos campos, y que se denomina a veces "ética general". Esto se aplica luego a los diversos terrenos de actividad humanos, y da lugar a las llamadas “éticas especiales” (como la ética familiar, cívica, profesional, etc.) Las éticas especiales son simplemente la aplicación de esta misma ética general a diferentes campos, su determinación o concreción. No tienen principios, normas y valores independientes y distintos, sino que se dan en ellas unos acentos u otros de ciertos elementos éticos, siempre de acuerdo con la ética general. Es decir, por ejemplo, que mentir, robar y maltratar a las personas son principios éticos derivados de la ética general y que resultan de aplicación
constantes de actuar o virtudes. Éstos van constituyendo progresivamente la personalidad ética del hombre, su segunda naturaleza, su êthos o carácter moral. La importancia de este carácter ético, en la vida del hombre, resulta capital. Por todo esto, se dice: “somos padres de nosotros mismos” e “hijos de nuestros propios actos”; o “si no vives como piensas, terminarás pensando como vives”, y también “siembra un acto, y cosecharás un hábito; siembra un hábito, y cosecharás un carácter; siembra un carácter, y cosecharás un destino”. En efecto, ciertos hábitos influyen de forma decisiva en la constitución de la personalidad, y también en la figura que uno adquiere para el resto de la sociedad. Así, a un hombre que ha asesinado a otros, se le denomina "asesino"; el lenguaje no se limita a afirmar "este hombre asesinó varias veces a otros", sino que pasa del acto concreto al terreno de la personalidad; es decir, a aquello que se prolonga en el tiempo, desde el interior mismo de la persona. La ética procede, por lo tanto, de la propia estructura del ser del hombre, de su libertad, y de aquello que hace este con ella durante su existencia. No es un lujo o algo añadido desde fuera a su vida, sino una cualidad necesaria que deriva de su misma existencia. Toda actuación humana, toda elección colabora -en cierta medida- a la configuración de nuestra segunda naturaleza, de nuestro êthos. Por supuesto, el hombre posee unas tendencias, "ferencias", modos de ser llevado hacia algo; pero es capaz de orientar estas ferencias y hacer prevalecer unas sobre otras, generando unas "pre-ferencias" (X. Zubiri). El ser humano puede orientar sus tendencias, y dar lugar a conductas valiosas, comportamientos que se ajustan a los valores. Cuando la acción se ajusta a los valores -que apelan o llaman al hombre a la hora de elegir su conducta-, se convierte en una acción "justificada", honesta, honorable, una acción ética en sentido eminente y positivo.
Tema 5 : Hacia una ética centrada en la persona. La persona es el auténtico protagonista de la ética. En efecto, el verdadero sujeto de la ética es la persona (aunque, indirectamente o en sentido segundo, se hable también de la ética corporativa u organizativa). Desde luego que la naturaleza del ser humano, y la de las diversas actividades o áreas sobre las que se proyecta su existencia –también las profesionales- han de considerarse (en especial, sus fines o metas) a la hora de discernir las claves éticas de su vida. Pero la persona resulta una orientación unificadora decisiva, al cabo de cualesquiera otros aspectos humanos, por cuanto supone la unidad real y concreta de partida y fin en la que converge dicha vida. Por eso, juzgamos que, en este ámbito de lo ético y deontológico, constituye un punto decisivo el acertar a revelar la centralidad de la persona y de las relaciones inter- personales y sociales, de manera que sin contraponerlas –persona y naturaleza- se sepa mostrar siempre lo que hay en ellas de diverso y a la par de concurrencia, y la fecundidad o riqueza que implica captar qué papel juega aquí la noción y la realidad misma de la persona. En el fondo, se trata de orientar y conectar la reflexión moral con el fondo metafísico sobre el que se funda la antropología, de la que deriva la ética. “El primer principio de la ética consiste en pensar bien” (B. Pascal). *Ahora bien, ¿qué es la persona?, ¿en qué consiste ser persona, y dónde radica nuestro valor como personas? Existen numerosas definiciones de la persona, como sabemos. La persona es el sujeto inteligente; la substancia individual de naturaleza intelectual (con entendimiento, voluntad o querer, etc.), recuerda Boecio; el subsistente intelectual (Tomás de Aquino). Dicho de modo
más sencillo: la persona es aquel ser que está llamado a la relación de encuentro con el otro, a la amistad en el sentido de la unión inter-subjetiva. Por esto, también se ha dicho que “la persona es el ser para el cual la única dimensión verdaderamente apropiada es el amor” (K. Wojtyla), o “persona es el ser que puede amar y ser amado con amor de donación” (J.Bofill; amor de benevolencia y donación es el que consiste en querer el bien del otro en tanto que otro, y en querer estar unido a ese alguien). La palabra latina “per-sona” - del griego “prósopon”- designó a la máscara dramática, luego al rol o personaje (el rostro que mira al otro, vuelto al otro) y finalmente al sujeto. Ello enseña que la persona está llamada a desarrollar su propio papel vital o vocación en la comunidad, a relacionarse con otras personas. En concreto, la persona humana es de naturaleza “racional”. Lo racional es una clase de lo intelectual; se trata de la inteligencia en lo material, la inteligencia condicionada por el tiempo y el espacio, el raciocinio, dado que la persona humana es “corpórea”. La persona humana es digna, tiene altura en cuanto a su valor propio o intrínseco. Supone un cierto “micro-cosmos”, un pequeño universo que incluye dentro de sí al universo entero, gracias a su conocimiento y voluntad. Es valiosa en sí misma, es un fin y no un mero medio o instrumento (Kant). La persona humana tiene unos derechos humanos (a la vida, a la libertad de conciencia o religión, a la de expresión y asociación, etc.) El universo se ordena de algún modo a ella, al menos en cuanto a su responsabilidad, y ella ha de cuidar de éste. También tiene unos “deberes humanos”, hacia los otros seres humanos y hacia sí mismo. Además, ha de comportarse responsablemente en su relación con la naturaleza, lo vivo, los animales, etc. El fundamento de esta dignidad humana radica -sobre todo- en su “ser”, en su acto mismo de ser persona. Porque la persona es “alguien”, no “algo”, un sujeto y no un objeto, persona pues y no ya cosa. No admite la reducción a mero objeto, sin otro valor que el del medio o la utilidad. En definitiva: un ser único e irrepetible en el mayor grado. Su encuentro, o la relación con la persona, siempre abren posibilidades, y resultan distintos o creativos en cada caso, ya que nos enriquecen por la radical novedad que incorporan. También, la dignidad humana se refleja en su naturaleza racional o libre. La razón humana es auto- reflexiva (se encuentra auto-presente a sí misma), capaz de abstracción o conceptos e ideas, y de discurso o argumentación racional. El hombre puede elegir en algún grado, no está preso por completo de sus instintos. Esa libertad le hace siempre distinto y responsable. Se ha dicho que todo esto implica de alguna manera la posibilidad humana de abrirse a lo transcendente, por constituir el mismo sujeto una cierta “imago Dei” o imagen de lo divino (en concreto se habla a este respecto de la fraternidad en Dios de todos los seres humanos). *** La persona está abierta a la relación. El ser humano está “en” relación de un intensísimo modo. Estamos constitutivamente llamados a relacionarnos con otros (aunque no somos pura o sola relación, sino sujetos y términos de relación, e implicamos más que nuestra mera capacidad de relación y que nuestras relaciones efectivas con otros). El ser humano, además, es social o comunitario, precisa de la unión con otros por naturaleza, tanto para desarrollarse como en virtud de su propia necesidad. Cada tipo de relación establece una forma de unidad, y un grado de unión entre los sujetos vinculados en ella. En toda relación y unión se da además una cierta comunicación o participación común. La amistad se funda en esa comunicación única y especial precisamente. La amistad constituye el hecho de la reciprocidad en el amor (por amor comprendemos lo reflejado en la definición
que procurar captar el valor de la persona, y su unicidad o singularidad, y ver cómo ambos cooperan a progresar en la humanización de nuestra esfera (la tecnología, lo psicológico, lo social, lo organizativo, etc.) Ello es esencial para desarrollar un terreno concreto progresivamente más sensible y responsable a lo humano, y su valor personal, más consciente en sus profesionales de sus fines y de los modos de avanzar en esto también lo práctico. **Por último, debemos concluir mostrando que, junto a la importancia de este captar el valor y ser de la persona, para luego poder aplicarlo en concreto, se trata ante todo en ética de manifestarlo a fin de luego tratar adecuadamente a su realidad cercana y próxima. Más allá de los discursos o anhelos lejanos, tenemos que atender ya a los sujetos concretos de nuestra convivencia cotidiana, y no retóricamente. Hay que notar que puede resultar relevante pensar y hablar acerca de esto, pero que lo esencial en ética está en llevarlo a la obra, en la medida de nuestras posibilidades, en adecuar nuestras relaciones al valor de la persona. Ello recomienda una sabida dosis de humildad o modestia, de sencillez en uno mismo, de forma constante, para no dejarse meramente “ilusionar” por nuestro afán, y así acertar a pasar, en el día a día, en el momento determinado, de la teoría a la práctica personal en la ética.
Tema 6 : Cómo se analiza la ética de una realidad. Habitualmente, juzgamos o valoramos la ética de una realidad concreta de una manera espontánea o natural, sin analizarla de forma especializada o sistemática (aunque, con frecuencia, en la vida, la reflexión ética se hace presente a nuestra mente de forma continuada e intensa). Pero, desde un punto de vista más elaborado, a la hora de analizar la ética de una realidad concreta (de una situación o decisión, de un acto, de un curso de acciones, de un hábito, de un carácter o personalidad moral) hay que fijarse en una serie de aspectos. En principio, debemos partir del análisis de lo que llamamos “condiciones o requisitos previos” de la moralidad del caso; es decir: el conocimiento y la libertad de sus protagonistas. Así, lo primero consiste en ver si existen o no, en los sujetos, conocimiento y libertad con respecto a lo que valoramos (si hay consentimiento pleno o no, trastorno de la voluntad, extrema necesidad o una fuerza mayor, coacción, un miedo insuperable; advertencia o no, previsibilidad, caso fortuito, etc.); y esto, en qué grado concreto. Después, han de considerarse los “componentes” éticos que integra o pone en juego el caso, como: la materia, la intención y las circunstancias concretas o específicas
del acto. La materia u objeto del acto es el hecho concreto que se realiza o intenta. También, resulta fundamental calibrar la intención o motivo por el que se lleva a cabo; ver cuál es, y examinar si hay imprudencia (culpable o no, vencible o no, o incluso temeraria, profesional o no, falta de la diligencia debida, etc.) o dolo –ánimo de dañar, y de qué tipo-. Además, hemos de reparar en cuál es la intención principal que mueve al agente, y cuáles son en cambio sus motivaciones secundarias; también, hay que atender a si existe intención presente directa, o más bien una anterior a lo que luego sucedió –preter- intención-, etc. En tercer lugar, están las circunstancias, que son los elementos que rodean al acto (lugar, tiempo, modo en que se desarrolla, número de ocasiones, etc.); estas pueden servir de atenuantes o de agravantes morales (agravan si hay premeditación, alevosía o abuso de poder, ensañamiento, etc). A estos tres elementos se suman muchos otros, sobre los que también hemos de reflexionar: los valores, los principios, las normas, las virtudes o hábitos
éticos en juego... Además, otro elemento decisivo en ética es “la conciencia”, y un principio esencial consiste en que debemos seguir los dictados o juicios de la propia conciencia. Por eso, para conocer la bondad o maldad de un caso, cuenta el estado en que se encuentra la conciencia concreta de quien obra u omite. La conciencia supone un aspecto de la persona de una enorme complejidad y hondura (puede estar cierta, dudosa o probable, y hasta perpleja; ser recta o errónea; antecedente, simultánea o consiguiente al acto; aprobar, reprobar o eximir; remorder o aplaudir por lo hecho, etc.) Asimismo, otro elemento ético crucial al que debemos atender es “la relación del sujeto
cooperador necesario o no necesario, encubridor... También, deberemos contemplar toda una serie de “distinciones” éticas, relevantes. Por ejemplo, distinguir si hay acto o más bien omisión, si es acción o pasión, si se da una cooperación formal o sólo material, si hay únicamente tolerancia o en cambio aprobación del acto e incluso promoción –apología, celebración- del mismo, etc. Pero no cabe, aquí, referirnos a todos los elementos éticos, dado su gran número. Por esto, simplemente añadimos que, en general, conviene diferenciar el juicio sobre el acto, del juicio en torno al agente (de este último juzgamos por indicios, y nunca de modo totalmente conclusivo, dado lo opaco de su propia intención). De aquí, el que se hable de la moralidad objetiva del acto, y la moralidad subjetiva o del sujeto. En Derecho, se da a veces responsabilidad objetiva incluso aunque no haya intención directa del sujeto (cuando hay acuerdo previo de responsabilizarse, o responsabilidad sobre un tercero
culpable, etc.) En cualquier caso, al final, debe sintetizarse siempre la valoración ética en un todo. Interesa recordar la necesidad de no actuar con duda insoluble de mal, así como el deber de buscar consejo para salir de ella. También, existe el deber personal de formar la propia conciencia de manera continua. Se trata, como vemos, de un conjunto enormemente complejo.
Unidad Didáctica II: La ética profesional y la deontología general
Tema 7 : El trabajo, la profesión, la vocación y la ética. El trabajo puede llevarse a cabo a través de muy diversas “profesiones”. Las profesiones son formas de trabajo habituales, es decir modos en los que los sujetos realizan trabajos similares de manera continuada. Por esto, se denominan a veces “dedicaciones” u ocupaciones, pues en ellas las personas acostumbran a desarrollar un trabajo más o menos parecido o de la misma clase. Por ejemplo, profesiones son la agricultura, la pesca, la medicina, la enseñanza, el ejército, la policía, la arquitectura, la informática, etc. No se trata de ejecutar una vez una curación o impartir una clase de manera ocasional y sin continuidad, sino de dedicarse habitualmente al mismo tipo de trabajo durante algún tiempo. La profesión es, pues, la manera concreta de determinarse o concretarse el trabajo humano en general.
La palabra “profesión” deriva de "pro-fesar", que es “dar testimonio de algo”. En principio, esto tenía una significación religiosa, como profesar en una orden
Averroes, por ejemplo, destacaron la importancia de una diversidad en las profesiones para la buena marcha de la sociedad.
Junto a todo lo dicho, la profesión favorece la "integración" en un colectivo o grupo definido (por ejemplo, el de los médicos, los abogados, los ingenieros, etc.) Para Max Weber es, sin embargo, además de todo lo anterior, un modo de preservar o cuidar los intereses grupales o colectivos frente a otros estamentos; una cierta forma de acceder y conservar alguna clase de poder.
Tema 8 : Actualidad y valor de lo deontológico o lo ético en lo profesional. Hoy, renace la preocupación por la deontología: económica, política, periodística, jurídica, entre los ingenieros, médicos, etc. Se crean organizaciones especializadas, cátedras, comisiones, códigos, etc. Pero la deontología ha existido desde siempre; ya Hipócrates hablaba del juramento de los médicos. Esto obedece a que toda profesión ha de ejercerse éticamente.
Tema 9 : La ética profesional como determinación o concreción de lo ético en las profesiones. Ética profesional es la ética general aplicada a lo profesional. Es una ética especial, fruto de la determinación o cualificación de la ética general a través de un campo profesional concreto. Existen diversas éticas profesionales de acuerdo con los fines y naturaleza de las diversas profesiones. La ética profesional, entendida en su mejor sentido, no puede consistir fundamentalmente en un catálogo de las cotas mínimas de ética, que se deben promover en el ejercicio de las diversas profesiones. Esta sería una visión de corto alcance, que se limitaría a sí misma a una parte de lo que en realidad alcanza. La ética profesional no es sólo cuestión de requisitos o condiciones básicas y elementales, sino de todo lo que tiene que ver con lo bueno. Además, la fracción más sugestiva de lo bueno se halla en lo que sobresale, en "lo excelente".
Tema 10 : Ética profesional como “carácter” o segunda naturaleza. Dado que ética implica carácter o modo de ser, ya desde su origen, puede entenderse la ética profesional como la forma de ser que debe tener el sujeto que se dedica a una determinada profesión. Más que las técnicas interesa en efecto el modo de ser, el carácter o la manera estable de concebir y realizar la propia tarea. Las técnicas cambian, pero el fin de la profesión y sus valores fundamentales permanecen con ésta. Por eso, resulta central sintonizar con éstos.
Tema 11 : Claves de la ética profesional general o común: la orientación al fin, la honradez, la profesionalidad y la solidaridad. Toda ética profesional debe estar en consonancia con el fin o meta fundamental de la profesión concreta a la que se conecta. Además, rigen en ella las pautas de la ética general -o sea se debe ser honrado en ella-. También exige la competencia profesional (capacidad y esfuerzos profesionales) y la
solidaridad con el colectivo profesional en que se incardina (no el corporativismo ni la competencia desleal) y con la sociedad en general.
Tema 12 : El vocablo “deontología”: el término y su origen. El término "deontología" procede del griego. Se deriva de dos vocablos: to déon (lo que es conveniente) y logía (conocimiento, discurso, ciencia). Según esto, la deontología es aquel conocimiento, ciencia o discurso que versa sobre lo conveniente, lo que debe ser. Hacia este sentido amplio del término señalan tanto la aplicación del mismo efectuada en el s. XVIII por el filósofo anglosajón Jeremy Bentham (cf. su "Deontología o Ciencia de la Moral") como Antonio Rosmini (en cuyo "Sistema filosófico" se alude a las <<Ciencias Deontológicas>>). Sin embargo, los moralistas actuales conceden habitualmente al término "deontología" un sentido mucho más restringido, indicando a través de él el campo o dominio de la ética profesional. Este es el caso, por ejemplo, de la obra "Deontologie médicale" (1845) de Max Simon, que se ocupa de los deberes profesionales del médico. Hoy, habitualmente, entendemos por deontología sencillamente a la ética profesional. Aunque algunos creen que es sólo una parte de la ética profesional: aquella que se refiere a las normas prácticas disciplinarias de una profesión, positivizadas en cierto grado (códigos), de carácter ético-jurídico (sanciones) y consensuadas.
Tema 13 : Relaciones entre la ética profesional y la deontología. Las normas deontológicas se caracterizarían, así, por su menor grado de positivación con respecto a las jurídicas y la ausencia de una sanción estatal. Se trataría de normas con carácter "disciplinario". Las fuentes de dichas normas deben hallarse en la costumbre, el "buen uso", los códigos de conducta profesional, las disposiciones profesionales colectivas, los pronunciamientos de órganos de auto-control, los códigos de honor, etc.
Tema 14 : Códigos deontológicos y su cumplimiento. Los códigos deontológicos son documentos formales, que recogen las pautas de conducta éticas en una profesión. Para su eficacia han de ser asumidos personalmente; también se recomienda que estén positivizados en cierto grado, que tengan carácter disciplinario, que se elaboren participativamente, que se forme en ellos y que se creen instituciones para velar por su cumplimiento. Resulta ante todo vital para su eficacia el que sean “coherentes” en relación con quienes los promueven, la realidad en la que se desarrollan, y la verdadera cultura organizativa que deben reflejar.
Tema 15 : El compromiso personal con lo profesional. Aunque los códigos y las normas poseen su valor, la ética en el trabajo reclama ante todo el compromiso personal con nuestro trabajo. En realidad, todo profesional ha de encontrarse comprometido con su labor. Primero, porque si los demás hacen lo mismo, y se responsabilizan, juntos, los esfuerzos laborales de todos pueden contribuir con eficacia al bien común del conjunto.
hacerlo exclusivamente para su propio beneficio o para los suyos (aunque nunca están del todo claros los límites entre los propios y los otros o ajenos). Otros explican que trabajan para realizarse o experimentar que mejoran y se desarrollan plenamente, o para relacionarse con otras personas e integrarse en grupos, etc. También, se da el que algunos sostienen trabajar para contribuir así solidariamente al bien común o al conjunto de la sociedad, además de al propio. Finalmente, existen los que reconocen en su trabajo un esfuerzo por contribuir a la mejora del mundo, y hasta quienes ven en ello una cooperación con lo transcendente o lo superior a lo humano. Estos aspectos del sentido del trabajo no tienen por qué excluirse del todo mutuamente, unos a otros. Podemos trabajar por todos estos motivos e incluso por otros más.
Unidad Didáctica III: Ética en las organizaciones y empresas
Tema 17 : Noción y sentido de la empresa. La empresa es una "comunidad de seres humanos, en la que se da una organización del trabajo, con el fin de alcanzar unas metas". Las empresas son por esto ante todo personas y relaciones entre personas, no meros conjuntos de cosas; por eso tienen socios, no poseedores en cuanto que nadie posee como propietario a otra persona. Se nos presentan, pues, aquí, el aspecto económico, jurídico, administrativo u organizativo, y humanista de la empresa. A todos ellos debe atender la vida organizativa. Las empresas producen o distribuyen bienes o prestan servicios, pero siempre suponen relaciones con personas.
Tema 18 : Fines de la empresa y servicio al cliente. La clave empresarial básica es trabajar a fin de “servir a personas”, proporcionar un servicio o bien valiosos a alguien (servir al cliente o receptor de tal servicio). Del logro de esta meta, y su grado de eficacia en ella, procede el beneficio y no al revés. Ejemplos sin número lo manifiestan, en el origen y evolución de la historia empresarial mundial… Con esto conectan las concepciones de Knight y Schumpeter, sobre el empresario como sujeto que arriesga, o innova, etc. Según R. Luthe los fines de la empresa son: la creación de riqueza, perdurar, la realización humana, y el servicio a la sociedad (como agrupador de todo este ciclo continuo de finalidades).
Tema 19 : Éxito y ética organizativa. Beneficio y ética: la confianza. Desde luego, la empresa tiene la responsabilidad real de esforzarse por la eficacia y el éxito; y, así, por maximizar sus beneficios (Milton Friedman), de forma adecuada. Pero ésta no es la clave única o fundamental de su ética, en la que concurren numerosos elementos y relaciones de muy diversos sujetos (todo los implicados, no sólo los accionistas, y esto ya con un alcance global – los llamados “stake/share-holders”-). El beneficio es sólo uno más de los diversos deberes derivados de su objetivo ético prioritario (“servir al cliente”).
En cualquier caso, el éxito de la empresa consiste en alcanzar sus fines propios "adecuadamente". Se da, a menudo, el tópico: "los negocios son los negocios". En la empresa, como en la guerra, a menudo se dice que vale todo, con tal de “maximizar el beneficio” (por cierto bene-ficio significa “hacer bien”, y “pro-fit”: para-hacer). Pero ética y organización son sólo dos mundos separados aparentemente, no en la vida real, plagada de implicaciones éticas y responsabilidades. Por otra parte, con frecuencia, la responsabilidad o ética en las relaciones organizativas resulta fecunda y eficaz. Hay abundantes testimonios de ello. De hecho, la ética genera “confianza”. Y, habitualmente, la confianza, justa, genera beneficios mutuos, a largo plazo. En todo caso, los beneficios han de esperarse de hacer lo que uno debe, de proporcionar el bien o servicio adecuadamente.
Tema 20: La lucha contra la manipulación en las organizaciones y empresas. El término "manipulación" proviene de la palabra latina "manipulatio", compuesta de "manus" (mano) y "pleo" (llenar). Su significado inicial aludía a aquello que llena la mano o lo que podía ser contenido en la mano. Manipular ha implicado tradicionalmente "tratar o elaborar con las manos". Sólo el hombre manipulaba en este sentido, era el sujeto de la manipulación; sólo las cosas eran manipuladas, objeto de manipulación. El término quedó pues adscrito al terreno de las ciencias aplicadas, como la química, la farmacología, etc. Sin embargo, poco a poco se ha producido una alteración del significado y uso habituales del vocablo. En 1864 el político escocés Carlyle utilizó la palabra manipulación para denunciar el influjo inmoral sobre los electores en los debates políticos. Esta acepción se ha ido haciendo más y más común, ampliándose a otros fenómenos sociales análogos. Así, hoy, el hombre ya no sólo puede ser sujeto de la manipulación sino también objeto de la misma. En este sentido, los seres humanos son susceptibles de manipulación, de uso, de control, existe la lamentable posibilidad de reducirlos a la condición de meros objetos. La manipulación es pues un proceso de deshumanización y despersonalización, de cosificación, movido por una voluntad de dominio del otro, que busca reducirlo a medio. Este proceso termina en la destrucción de aquel de quien el manipulador se ha apropiado, y en la incapacidad para relacionarse de modo fecundo, de encontrarse con el otro. De manera que el vértigo de la manipulación aísla, lleva a la soledad y a la pérdida del sentido de la propia existencia personal. En el ámbito de la crítica y de las ciencias sociales, el término manipulación se ha hecho común. De ahí la necesidad de precisar su significado. En este sentido, la manipulación implica un tratamiento, manejo, uso del hombre al margen de su libertad. Por lo tanto, la manipulación comunicativa consistirá en un manejo del hombre a través de la comunicación, prescindiendo de su libertad y responsabilidad. Algunos términos relacionados actualmente con la manipulación son: alienación, control, dominio, uso, engaño, mentira, fraude, etc. Hoy en día, las tecnologías y medios de comunicación social son un instrumento de excepcional poder. Dadas sus características, resulta vital impedir el que puedan convertirse en medios o herramientas de manipulación colectiva. Ello exige estar alerta sobre el tipo de utilización que se da a los mismos. La manipulación acostumbra a valerse de nuestras debilidades o flaquezas, en especial de las morales o éticas (se aprovecha de toda posibilidad de corrupción), y su táctica más general es la del fomento del odio o rivalidad, la
Quintás ha advertido acerca de los peligros que conlleva la utilización de determinados métodos o estrategias en este sentido (términos, esquemas y planteamientos estratégicos, y otros procedimientos). En general, pueden oponerse dos elementos fundamentales y complementarios en la lucha contra la manipulación: el conocimiento de su existencia, técnicas y mecanismos, y el compromiso ético personal frente a ella. La reunión de ambos -la “cultura” en sentido integral- resulta crucial a la hora de hacer posible una "actitud crítica", requisito necesario para toda acción de rechazo de la manipulación. El conocimiento requiere una formación o educación adecuadas; así, muchos postulan hoy la urgencia de formar a los ciudadanos en torno a cuestiones tan decisivas como la estructura y el funcionamiento de los poderosos medios y tecnologías de comunicación social, etc. El compromiso ético exige, por su parte, una participación activa del conjunto de la sociedad en los valores. Pero esto atañe de una manera muy particular a los profesionales de la comunicación, quienes han de adoptar unas pautas de actuación acordes con la responsabilidad que les alcanza. La actitud crítica constituye el fruto de una síntesis de los dos elementos anteriores -conocimiento y valores-, con ella se alude aquí a ese doble significado de la palabra "cultura". La cultura no es sólo acopio de datos e información, sino ante todo capacidad de cuestionamiento, madurez de juicio, valoración crítica. La actitud crítica debe desarrollarse a partir del cultivo de la reflexión personal. Para que alcance verdadera eficacia ha de asociarse además a otra serie de útiles instrumentos, como por ejemplo: la valentía necesaria muchas veces para la denuncia de la manipulación, el esfuerzo de congruencia personal entre pensamiento y vida propios, la unión de fuerzas frente a la manipulación o el uso de nuestra sagacidad e ingenio -así como el resto de nuestras cualidades personales- en la resistencia ante la manipulación. Todo lo anterior podemos resumirlo afirmando que el mejor antídoto o remedio frente a la manipulación es la perspicacia analítica respecto a ella, unida al rechazo ético de la misma.
Tema 21 : Los valores en las organizaciones. Tradicionalmente, se hablaba aquí de la prudencia empresarial y la fortaleza del ánimo. Hoy, se incluyen también la justicia (por ej., la equidad) y la moderación (por ej., en el gasto o austeridad). Sin virtudes o hábitos valiosos en las personas, tampoco se dan estos en las organizaciones. Ahora bien, las organizaciones precisan de valores para su buen funcionamiento. Una cultura o clima organizativo rico en valores ayuda a los sujetos a colaborar y realizarse mejor, y a orienta la vida organizativa de forma fecunda o provechosa.
Tema 22 : El ánimo emprendedor. Ante todo, ha de hablarse en la empresa de la capacidad de emprender, la iniciativa, el ánimo emprendedor. Clásicamente, esta conecta con las virtudes de la valentía o audacia y la “determinación”, la magnanimidad y magnificencia, entre otras. Esto toma diversos nombres hoy (pro- actividad, emprendedor interno, función emprendedora, capacidad para relacionar o coordinar a otros entre sí, sinergia, etc.) Se habla así de la “función emprendedora” (Huerta de Soto), como clave de lo empresarial –“descubrir en el entorno oportunidades de ganancia para actuar aprovechándolas”-, y de su ubicuidad, versatilidad o valor para todo en la vida, y su papel de coordinación de intereses de diversas personas.
Tema 23 : Principios especiales de la ética organizativa o empresarial: el trabajo en equipo y la ética. Éstos no son sino los mismos principios éticos generales de todo acto humano, mas cualificados por el ámbito de lo empresarial. De entrada, es central el de “laboriosidad”, vinculado a la disposición habitual para afrontar el deber de realizar o cumplir, llevar a cabo, el propio trabajo. Además, entre ellos están: la profesionalidad, el trabajo en equipo y la honestidad. La profesionalidad incluye la competencia profesional, y el esfuerzo pronto (“diligencia”). En cuanto al trabajo en equipo, éste demanda la organización o coordinación armónica del trabajo del equipo, la prioridad del bien común, y la orientación general del servicio al cliente. La honestidad es la concreción de la ética general a nuestro marco o contexto laboral específico.
Tema 24 : La persona en el centro de lo organizativo y la humanización del trabajo. Esta clave sintetiza toda la ética organizativa. Pueden ofrecerse, a este respecto, numerosos ejemplos, métodos, dificultades… La persona es el mayor activo de la organización, se repite. Encarna su “capital humano”. Pero no es un “recurso” (RR.HH.) más, sino un sujeto que utiliza recursos. Se trata de ayudar a vislumbrar la persona frente a la cosa. Situarla en el centro –de la atención, la decisión y la acción- comporta hechos grandes y pequeños, mas ante todo el PERSONALIZAR nuestro vínculo con ella, flexibilizar la relación y adaptarnos a cada sujeto en concreto, cuidar de ellos de modo singular sin subvertir el bien común (más que de recursos y técnicas, esto pende de actitudes).