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PALEOGRAFIA Y DIPLOMATICA XXV/H11 Ml. HISTORIA DE LA DIPLOMATICA 1. Antecedentes. Igual que vimos con la Paleografía, ocurre con la Diplomática: que su estructuración como ciencia es algo reciente y que antes de organizarse como disciplina científica recorrió una serie de etapas previas que bien podemos calificar de prehistoria o antecedentes diplomáticos. Se manifiestan dichas etapas y se ensayan dichos antecedentes en las dos vertientes fundamentales de todo documento: la histórica que suministra datos sobre determinados fenómenos históricos, y la jurídica que encierra derechos y obligaciones, en relación con personas y colectividades concretas. a) En lo histórico. El hecho de extraer de determinados documentos noticias o tes- timonios de carácter histórico es muy antiguo, al menos en lo que se refiere a documentos públicos. Lo hizo Tucídides para su Historia del Peloponeso, y Tito Livio para demostrar la alianza entre albanos y latinos en tiempos de Tulio Hostilio, mientras Flavio Josefo se sirve de diversos edictos imperiales para fundamentar pasajes de sus Antigúedades judaicas. En la Edad Media se acentúa el recurso de los historiadores a los datos contenidos en diplomas; por ejemplo, en el caso de Orosio y Paulo Diácono y sus Historias respectivas. Elocuente es al respecto el hecho de que Ludovico Pio, en pleno siglo ix, recomendara al abad Hilduino servirse para su obra sobre San Dionisio Areopagita, no sólo de libros escri- tos por autores griegos y latinos, sino también por los documentos conservados en arma- rios de la iglesia de Saint Denis, de París, que se creía haber sido la sede episcopal ocu- pada por el santo. Pero en todos estos casos y otros análogos de la baja Edad Media falta habitual- mente todo análisis crítico del documento suministrador de noticias. Ello hace que se tenga por extraordinario el caso del dominico francés Bernardo Gui que, en el siglo xi, se im- puso la tarea de rectificar fuentes histórico-narrativas contrastándolas con datos y noticias tomadas de documentos. b) En lo jurídico. Esa crítica documenta! que falta casi absolutamente en el aspecto histórico, puede decirse que se presenta más avanzada en los aspectos documentales jurídico-prácticos. Así, algo tienen que ver con ella ciertas disposiciones legales de época romana y bizantina sobre las formalidades que se exigían para admitir la legitimidad y no falsificación de determinados documentos; por ejempto, la «novella» LXXill de Justiniano sobre la fe que había de otorgarse a los testimonios documentales. Pero el primer intento verdaderamente importante de sistematizar la crítica diplomá- tica con observaciones y reglas de alcance general hay que buscarlo en la Edad Media y vincularlo al nombre del papa Inocencio !Il quien, tomando ocasión de una falsa bula pre- sentada al cabildo de Milán para la provisión de un beneficio y devuelta a Roma como sospechosa por dicho cabildo, estableció una serie de criterios que habían de tenerse en cuenta al juzgar sobre la autenticidad de los documentos emanados de la cancillería apos- tólica. Los enunciamos 'a continuación: 1.2 Observar si el seilo es o no auténtico, y si, siéndolo, no ha sido arrancado de su documento primitivo y unido a otro que quiera hacerse pasar por verdadero. 2. Hacer lo mismo con los filamentos que lo ligan al pergamino de la pieza docu- menta! 149 / xxvHn2 PALEOGRAFIA Y DIPLOMATICA 3.2 Observar si en el texto hay raspaduras y si afectan a palabras o frases importan- tes de que pende la naturaleza y el sentido del documento. 4, Cuando varias bulas forman un conjunto o serie en torno al mismo asunto, con- viene controlar que no se ha deslizado o introducido alguna falsa. Del campo de los documentos pontificios trascendieron muy pronto dichas normas a ls demás campos, sobre todo al de los documentos regios, aplicándose. desde el siglo Xin en las cancillerías europeas, donde van surgiendo oficiales expertos en el peritaje diplomá- tico. También se producirán éstos al contacto con los fondos documentales que se acumu- lan en los archivos más importantes. Así, del de los reyes de Francia salieron, redactadas por el archivero Gerard de Montaigu, una serie de observaciones sistematizadas a modo de colección, sobre crítica diplomática. c) Los humanistas. Nos referimos una vez más a los italianos que serán tan benemé- ritos de la Diplomática como .lo fueron de la Paleografía a título de instauradores de ta escritura humanística (tema 21). En el terreno de los documentos puede decirse que fueron los primeros en proyectar la crítica diplomática, así sobre el lado histórico de los documen- tos como sobre el jurídico. individualmente se han hecho famosos el propio Petrarca por el sagaz análisis a que sometió dos falsos documentos, atribuidos respectivamente a Nerón y a César, sobre los que pretendía basarse la independencia de Austria con relación al imperio germánico, y Lorenzo Valla, célebre por la impugnación que hizo de la famosa donación de Constantino al papa Silvestre, que había sido hasta entonces el fundamento jurídico-histórico de los Estados pontificios. La invención de la imprenta fue también causa del notable progreso de la crítica diplomática a partir del siglo xv, pues contribuyó a la difusión fácil y rápida de muchos textos documentales, a los que hasta entonces no podían llegar más que los iniciados en el conocimiento de los archivos, d) Las polémicas religiosas y las guerras de documentos. Las primeras, que se en- señorearon sobre Europa a partir del siglo xvi, fruto de la Reforma Juterana, contribuyeron no poco al examen crítico de los documentos y al empleo de los mismos para defender las contrarias posturas religiosas de protestantes y católicos. El cardenal Baronio puede consi- derarse patriarca de este nuevo método historiográfico, basado principal, si no exclusiva- mente, sobre piezas documentales. Sus Annales ecclesiastici (Roma 1578-1583), redactados como réplica a la Eclessiastica historia de los Centuriadores de Magdeburgo (Basilea 1560- 1574) caminan sobre documentación de primera mano y tan rica de datos como podía ser, en cuestiones de Iglesia, la del Archivo Vaticano. Pero, además, viene a ser el primer autor que cita los documentos con rigor crítico, los analiza y discute o los inserta íntegros en su narración, con buenos criterios selectivos. A partir de él los historiadores, bien de temas generales, bien de temas eclesiásticos, o biográficos, o locales, -—que se ponen entonces muy de moda— se acomodarán al nuevo estilo, utilizando toda clase de fuentes documenta- les que con verdadera profusión, se insertan, se alegan, se discuten o citan, En el terreno jurídico tampoco menguó, sino aj contrario, el aprovechamiento para fines prácticos de los depósitos documentales, con ta consiguiente crítica de los mismos. Juristas, politicos, eclesiásticos, genealogistas recurren afanosamente a los archivos para plantear reivindicaciones y defender o atacar derechos. Las controversias en este sentido 150 Xxvn4 PALEOGRAFIA Y DIPLOMATICA documentos y desarrollaron la distinción clásica entre caracteres documentales externos e internos. 4. Siglo xix. Como consecuencia de la revolución francesa y los trastornos de todo orden que trajo consigo, a comienzos de la centuria decimonona el documento ha per- dido casi absolutamente su interés jurídico, aumentando desmesuradamente su interés his- tórico; circunstancia que iba a repercutir ventajosamente en el desarrollo de la Diplomática, cuyas notas principales serán éstas: 1? Especialización de temas, con preponderancia sobre las obras generales y de conjunto del siglo anterior; de dicha especialización el método de la Diplomática saldrá muy renovado. Los dos gigantes de la especialización que decimos y de la renovación de métodos no aparecen hasta la segunda mitad del siglo y son: Teodoro Sickel y Julio Ficker, profesor el primero de la Universidad de Viena, y el segundo de la de Inmsbruck. A Sickel se le considera padre de la Diplomática moderna. Sus principales. obras son: Beitráge zur Diplo- matik o Contribución a la Diplomática (Viena, 1861); y Acta regum et imperatorum karolino- rum, o Documentos de los emperadores y reyes carolingios (Viena, 1866). El nombre de Ficker va unido como a obra más relevante a su Beitráge zur Urkundeniehre o Contribución al estudio de tos documentos (Innsbruck, 1877), donde perfiló con profundidad y nitidez la distinción entre las dos fases principales del documento, la «actio» y la «conscriptio». El más notable continuador de la línea diplomatística de los dos profesores austríacos ha sido Brúnner con sus estudios, ya clásicos, sobre el documento privado. 2.2 Difusión de la enseñanza de la Diplomática y creación de nuevos centros para impartirla, como "Ecole des Chartes de París, inaugurada en 1821. Por delante habían ido algunas Universidades alemanas e italianas, como las de Gottinga y Bolonia, y algunas es- cuelas de archiveros y bibliotecarios. 3.2 Creación de las grandes Sociedades e Institutos históricos, cuyo fin primero iba encaminado al conocimiento y explotación de las fuentes documentales. Primera y principal fue la Sociedad para el estudio de la antigua historia alemana, tundada en 1919, cuya mani- festación más espléndida corresponde a la magna colección «Monumenta Germanie Histo- rica», cuya sección de Diplomas estuvo dirigida por Sickel. En Roma y en torno a los ricos tondos del Archivo Vaticano fueron surgiendo una serie de Institutos históricos por nacio- nes que habían de contribuir poderosamente al desarrolto de los estudios documentísticos. 4. Aparición de nuevos tratados o manuales de Diplomática, como el de H. Breslau, profesor de tas Universidades de Berlín y Estrasburgo, quien publicó en 1889 su Handbuch der Urkundentehre, que aún hoy mantiene vivo su interés. Lo mismo que el Manuel de Diplomatique de A. Giry (París 1893) que es como una suma o compendio de cuanto al documento se refiere o puede referirse, con amplias nociones de Cronología, Numismática, Toponimia, etc. 5.* Siglo xx. Puede decirse que en lo sustancial se sigue y desarrolla la linea tuerte de la segunda mitad del xix marcada por'Sickel, Ficker y Brúnner, con representantes tan conspicuos como el italiano Schiaparelli, autor de una serie de monografías interesantísimas sobre diplomas reales, el notariado medieval, el documento romano, el documento longo- bardo, etc. 152 PALEOGRAFIA Y DIPLOMATICA XXVH5 La principal novedad de este siglo hay que ponerla en la revisión emprendida desde hace quince o veinte años por casi todos los especialistas en la materia sobre puntos to- cantes a la naturaleza, fines y métodos de nuestra disciplina, donde son relevantes, entre otros, los nombres de Bartoloni, Fichtenau, Petrucci, Sebanek, Pratesi, Battelli, Rabikauskas. Quizás la explicación de esa coincidencia en afanes revisionistas haya que buscarla, en buena parte, en la creación, el año 1968, dentro de la Asociación internacional de Ciencias Históricas, de la Comisión Internacional de Diplomática, con sus congresos, proyectos de trabajo sobre Diplomática comparada, información bibliográfica, etc. 6. La Diplomática en España. Ha seguido, bien que con pocos bríos, una evolución paralela a la del resto de Europa, que acabamos de ver. Su exposición la remitimos a la siguiente Unidad 6, donde servirá de Introducción a la Diplomática especial, cuyos temas se refieren casi en su totalidad a documentación española. 153