


Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Los conceptos de bilingüismo y diglosia, centrándose en el caso de españa y sus lenguas cooficiales: catalán, euskera y gallego. También aborda la cuestión de la extinción de lenguas y su impacto en los hablantes. Se incluyen ejemplos y opiniones sobre la introducción de extranjerismos en una lengua.
Tipo: Ejercicios
1 / 4
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!



1. ¿Qué diferencias pueden establecerse entre los fenómenos de diglosia y el bilingüismo? Describe brevemente los siguientes contextos en los que se da contacto entre lenguas: El bilingüismo es un concepto que alude a la coexistencia y convivencia pacífica de dos lenguas que bien pueden ser usadas indiferentemente en cualquiera de las situaciones. El bilingüismo implica, asimismo, la existencia de un dominio útil inespecífico para las dos lenguas; se pueden usar alternativamente para la misma finalidad. La diglosia, por el contrario, se define como una situación de preeminencia de una lengua considerada de prestigio, o lengua A, en detrimento de otra lengua vista inservible, o lengua B. A cada una de las dos lenguas les corresponden unos dominios muy restringidos, estando reservada la primera para ámbitos cultos y la segunda para un uso más popular. a) Bélgica: bilingüismo fronterizo (relaciones con hablantes franceses, neerlandeses y alemanes). b) Canadá: bilingüismo como resultado de la política lingüística sobre el francés. c) Marruecos: bilingüismo gracias a la educación (el francés se aprende en las escuelas). d) Irlanda: bilingüismo como resultado de la política lingüística sobre el irlandés o gaélico. 2. ¿Cuáles son las lenguas cooficiales en España y en qué comunidades se hablan? ¿Se trata de una situación de bilingüismo o de diglosia? ¿Hay otras lenguas no oficiales? Comenta brevemente la realidad lingüística de España a partir del Artículo 3 de la Constitución Española de 1978: 1. El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.
4. Compara y comenta las siguientes opiniones. Para ello, reflexiona sobre cuándo y por qué deberían introducirse e integrarse en una lengua palabras o expresiones pertenecientes a otra: La invasión de palabras o expresiones sencillamente tomadas de ese idioma sin buscarles equivalentes o adaptarlas al nuestro — powerpoint , trending topic , crowdfunding y tantas otras— está llegando a extremos casi nauseabundos. (Joaquín Rábago, farodevigo.es, 28/05/2013). ¿No permitió el español antiguo entrar en su estructura palabras árabes, italianas, francesas, americanas...? ¿Se degeneró por ello o se enriqueció? Ahí está la cuestión. Los hablantes eligen aquello que mejor les venga para los fines que tiene una lengua: la comunicación. (Javier Medina, entrevista en elpais.com, 30/06/2012). Frente a una opinión que descarta rotundamente la introducción de extranjerismos (la de Joaquín Rábago), se opone otra que aboga por una recepción libre de ellos según las necesidades que experimenten los hablantes, todo sujeto a un supuesto mayor enriquecimiento lingüístico (la de Javier Medina). Ni la una ni la otra son opiniones preferibles en una lengua: tanto la sobreabundancia de términos extranjeros en español, muchos de ellos redundantes (porque ya tienen un homólogo en la propia lengua) como la escasez de ellos (aun con una necesidad patente que el propio idioma no puede cubrir) generan, en los más de los casos, problemas de comunicación y faltas de entendimiento. La postura más acertada, a mi modo de ver, es la de la RAE en una respuesta a una pregunta que un seguidor suyo le hizo en Twitter: 5. ¿Qué tipos de cambio de código aparecen en los siguientes ejemplos? a) ¡ Good morning everybody****! Espero que hayan tenido un estupendo weekend****. Interoracional e intraoracional: la primera oración se dice en inglés, mientras que la segunda se da en español, pero con la adición de un extranjerismo innecesario ( weekend ). b) Tuve dificultades para parquear my car this morning****. Intraoracional: en una única oración compleja aparecen dos idiomas (español e inglés) con otro extranjerismo innecesario ( parquear ). c) Me llamó Sara esta mañana. What happened? Let me know as soon as possible , vale? Interoracional: de las tres oraciones, dos de ellas están en inglés, con la particularidad que una contiene una muletilla en español. Etiqueta: What happened equivale a «¿qué ha pasado?». d) Es que él es así, you know****. Etiqueta: se trata de una fórmula fija equivalente a «ya (lo) sabes». 6. ¿En qué se diferencian una lengua pidgin y una criolla? Indica si las siguientes afirmaciones son verdaderas o falsas. Una lengua pidgin se aprende, mientras que una criolla se transmite como lengua materna. a) Las lenguas que conforman la nueva lengua tienen una valoración social similar. Falso: «Hay que precisar que las lenguas de las que surge el pidgin tienen una valoración social diferente: por un lado, hay una lengua, económica y socialmente dominante, que se denomina superestrato […] y, por otro, conviviendo con esta, lenguas con menos prestigio, las autóctonas, denominadas sustrato»^1. b) Las lenguas de superestrato suelen ser las lenguas autóctonas. Falso: vide evidencia anterior. c) El léxico utilizado, al igual que la gramática, suele proceder de las lenguas de superestrato. Falso: «El léxico de estas lenguas [criollas] procede en un porcentaje muy elevado de la lengua de superestrato y la fonología y la gramática de las lenguas de sustrato»^2. d) La criollización implica una disminución de la complejidad gramatical. Falso: «Por lo tanto, en principio, un pidgin y un criollo tienen las mismas características, aunque, lógicamente, este último va adquiriendo mayor grado de complejidad en su gramática y léxico a medida que va ampliando sus contextos comunicativos»^3. (^1) Página 371 de la lectura. (^2) Página 374 de la lectura. (^3) Página 373 de la lectura.
Antes de opinar, cabría recordar las palabras de un famoso lingüista: Los lingüistas de forma típica han lamentado la pérdida de la diversidad lingüística. Pocas veces se han fijado en los hablantes mismos, en términos de sus motivaciones y de los costes y beneficios que les supone abandonar sus lenguas. Rara vez se han ocupado de la cuestión de si la supervivencia de una lengua implicaría una adaptación más adecuada de sus hablantes a la ecología socioeconómica cambiante. Han censurado la pérdida de las culturas ancestrales, como si las culturas fueran sistemas estáticos y la emergencia de otras nuevas, en respuesta a esas ecologías cambiantes, fuera necesariamente peor^4. De hecho, nada más lejos de la realidad: ante la muerte de una lengua, asistimos también a la muerte de un colectivo que era su soporte vital. Como asegura el lingüista Claude Hagège: «los idiomas son un reflejo de la inmensidad de las costumbres y las formas de vida que constituyen el mundo, son como ventanas a través de las cuales las poblaciones humanas ponen el universo en palabras» (2002:82)^5. En esta línea se pronuncia Manuel Toscano: ¿Se sigue, entonces, de lo dicho que no hay motivos de preocupación en todo este asunto de la extinción de las lenguas? Sí que los hay, pero de índole distinta de los que se invocan, por lo general, en la literatura sobre la muerte de las lenguas. Pues el problema fundamental, desde un punto de vista moral y político, no es la supervivencia de las lenguas, sino la suerte de sus hablantes. No veo nada moralmente reprochable en la asimilación lingüística de los hablantes de una lengua minoritaria en un grupo lingüístico más amplio; todo dependerá de las circunstancias. Al fi n y al cabo, ni las lenguas ni las culturas tienen ninguna clase de derecho a la supervivencia y nadie podría garantizárselo. Quienes sí tienen derechos que pueden ser conculcados son las personas. Y, en definitiva, lo que debería preocuparnos son las circunstancias de injusticia, opresión y pobreza que afrontan tantos hablantes de lenguas minoritarias. Ése, y no otro, debería ser el objeto prioritario de nuestra atención^6. De lo dicho se colige que lo que importa no es el mero hecho de que una lengua llegue a extinguirse, objeto también de importante estudio, sino todo lo que ello conlleva detrás y todo lo que pueda implicar consecuentemente en los años venideros. En general, una lengua no muere, o al menos no debería, simplemente por su corto número de hablantes. Al contrario: este suceso es el resultado de la preponderancia de unas pocas lenguas muy numerosas que acaparan la mayoría de los hablantes y no dan cabida a la existencia de otras en las mismas condiciones. Se trata, pues, de lenguas ya de por sí minoritarias, pero que en los últimos años han sido minorizadas hasta el punto de no quedarles otra salida que la de desaparecer. Esto es lo que verdaderamente preocupa y no tanto el hecho en sí. (^4) Mufwene, S. (2002). «Colonisation, Globalisation and the Future of Languages in the Twenty-First Century», Most. Journal on Multicultural Societies , vol. 4, 2, págs. 21-22. (^5) Hagège, C. (2002). No a la muerte de las lenguas. Barcelona: Paidós. (^6) Toscano, M. La muerte de las lenguas. Una reflexión crítica sobre el ‘conservacionismo’ lingüístico. Claves de razón práctica, n.º