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Asignatura: introducción al estudio de la lengua española, Profesor: Antonia Medina, Carrera: Filología Clásica, Universidad: UMA
Tipo: Apuntes
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El español se rige por un conjunto de reglas a la que denominamos “norma”.
El concepto de norma tiene dos formas de concebirla:
No obstante, ambas se alimentan del uso que le dan los hablantes. El uso puede hacer que cambie la norma, y por tanto, las reglas en las que se basan el lenguaje (Por ejemplo, el yeísmo se aceptó generalmente en 1966 debido al uso de los hablantes).
También encontramos el concepto de norma culta, la cual se encuentra en cada capital de los países sudamericanos debido a las diferencias en el habla. En España no.
Lo correcto es basarse en la norma culta nacional; pero en España se encuentra la supranorma, también conocido como Español ejemplar, que es aquello que se considera correcto en cualquier parte hispanohablante (de él forman parte, por ejemplo, el yeísmo y seseo).
La fonética es la disciplina que estudia los mecanismos de la producción, transmisión y percepción de la señal sonora que constituye el habla. Se divide en articulatoria, acústica y auditiva (considerada la más perfecta).
El sistema fonológico cuenta con los alófonos, la forma en los que se pronuncian los fonemas según su clasificación.
La fonología es la disciplina que estudia los segmentos y unidades suprasegmentales con el fin de analizar cómo se estructuras para transmitir significados, es decir, mientras que la fonética se interesa por los mecanismos de transmisión, producción y percepción, la fonología lo hace por la forma en que las lenguas organizan la materia fónica.
Los fonemas son abstracciones, mentales e imaginativas, descrita como una unidad compleja en función de sus rasgos distintivos.
La ortología recoge las normas de escritura de una lengua. La escritura es un sistema secundario al servicio de la lengua oral. Todas las lenguas del mundo tienen soporte oral, pero no tiene por qué escrito. Cuando tiene este último, la escritura tiende a representar los fonemas de la lengua. La escritura ideal sería aquella que esté más próxima al principio fonémico (un fonema = un grafema).
El sistema grafemático del español (abecedario) es relativamente reciente, pues fue establecido en 1994, y estaba constituido por las letras y dígrafos – ch – y – ll –. En los diccionarios anteriores aparecían registradas individualmente, pero a partir del 94, aparecían en los apartados de la “C” y “L” al ser combinaciones de letras (dígrafos).
El abecedario cuenta con representaciones tanto en mayúsculas como minúsculas que representan los fonemas.
No obstante, existen cinco desajustes en la ortografía respecto al sistema fonológico. Estos son:
Se producen estos desajustes porque la RAE ha basado las leyes ortográficas del español en tres principios desde su fundación: pronunciación, etimología y uso.
La ortografía de Nebrija, por ejemplo, se basaba en el principio de pronunciación (escribir como se habla), influido por las propuestas del autor latino Quintiliano en el siglo XV.
A partir de la segunda mitad del siglo XVII, Palafox y Mendoza defienden una ortografía basada en los tres principios (pronunciación, etimología y uso) y la Academia sigue su ejemplo, pues Isabel II había declarado como oficial la lengua española, y había incluido voces reformistas en la Academia para redactar una nueva ortografía.
Ya en el siglo XX, José Martín de Sousa y Jesús Mosterín propusieron el regreso al principio de pronunciación a escala global.
El diccionario de la lengua española del 2011 define a la ortología como el arte de pronunciar correctamente y en sentido más general, de hablar con propiedad. También como el conjunto de normas que regulan la pronunciación del idioma. Así pues, reúne cuáles de las realizaciones de los elementos fónicos en el habla son correctas y cuáles no. Se distinguen pues la ortología del sonido, de la palabra y la frase.
De este modo, los hablantes deberían evitar las divulgaciones incorrectas y vulgarismos, ciñéndose y conociendo las normas de ortología.
Para estudiar los rasgos dialectales se debe conocer la diferencia entre rasgo dialectal (dialectos específicos según zona geográfica) y vulgarismo (normalmente se da entre la comunidad con poca cultura, y que no están delimitados geográficamente). Algunos vulgarismos carecen de prestigio social, al igual que algunos dialectalismos (como el ceceo), aunque también tienen rasgos dialectales con estimación (como el seseo).