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Etica II Módulo 1, Apuntes de Ética

Asignatura: Ética, Profesor: Damian Salcedo, Carrera: Filosofía, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2016/2017
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Subido el 03/09/2017

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ÉTICA II; Damián SALCEDO Megales.
PRIMER MÓDULO: EL PROBLEMA DE LAS MANOS SUCIAS.
POSIBLES PREGUNTAS DE EXAMEN:
1. Explique el concepto de las “manos sucias” que tiene Walzer.
El problema de las manos sucias surge debido a si es posible o no que un hombre llegue a
enfrentarse a una situación en la que deba escoger entre dos formas de actuar que sean
incorrectas desde el punto de vista éticos (dilema moral). Thomas Nagel sugirió que esto
sucede siempre que alguien se ve obligado a escoger entre respetar un principio moral
importante y evitar un desastre inminente.
Walzer considera que no es posible gobernar inocentemente (es decir, sin mancharse las
manos); pero eso no significa que no sea posible hacer lo correcto cuando se gobierna:
significa que un determinado acto de gobierno puede ser la forma exactamente correcta de
actuar en términos utilitaristas y, aun así, convertir al hombre que lo realiza en culpable de una
incorrección moral.
Para Walzer, el problema de las manos sucias se desprende del intento de rechazar el
absolutismo sin negar la realidad del dilema moral.
2. Explique qué función tiene la noción de “culpa moral” en la explicación de
Walzer de las manos sucias.
Según Walzer, “nadie triunfa en política sin ensuciarse las manos”, luego surge el problema de
cómo podemos ensuciarnos las manos haciendo lo que deberíamos hacer.
Si un político se niega a ensuciarse las manos y quiere hacer el bien haciendo solamente cosas
buenas y está seguro de que puede hacer el bien sin ensuciarse, esta seguridad no tardará en
ponerse a prueba. Sin embargo, cuando se niega a ensuciarse las manos, lo único que está
haciendo es insistir en seguir siendo la clase de hombre que es (que es justo la case de
hombre que queremos que sea). Por ello, si se ve obligado a ensuciarse las manos, no sólo se
sentirá muy mal, sino que, si es el hombre bueno que es, se sentirá culpable. Eso es lo que
significa tener las manos sucias; cuando se comete un crimen moral y se acepta la
responsabilidad moral por ello. Así, dicho político se convierte en culpable. Su disposición a
admitir y soportar su culpa es prueba de que no es demasiado bueno para la política y, al
mismo tiempo, de que es suficientemente bueno para esa actividad.
He aquí el político moral: por sus manos sucias lo conoceréis. Si fuera un hombre moral y nada
más, sus manos no estarían sucias; si fuera un político y nada más, fingiría que están limpias.
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ÉTICA II; Damián SALCEDO Megales.

PRIMER MÓDULO: EL PROBLEMA DE LAS MANOS SUCIAS.

POSIBLES PREGUNTAS DE EXAMEN:

1. Explique el concepto de las “manos sucias” que tiene Walzer.

El problema de las manos sucias surge debido a si es posible o no que un hombre llegue a enfrentarse a una situación en la que deba escoger entre dos formas de actuar que sean incorrectas desde el punto de vista éticos ( dilema moral ). Thomas Nagel sugirió que esto sucede siempre que alguien se ve obligado a escoger entre respetar un principio moral importante y evitar un desastre inminente.

Walzer considera que no es posible gobernar inocentemente (es decir, sin mancharse las manos); pero eso no significa que no sea posible hacer lo correcto cuando se gobierna: significa que un determinado acto de gobierno puede ser la forma exactamente correcta de actuar en términos utilitaristas y, aun así, convertir al hombre que lo realiza en culpable de una incorrección moral.

Para Walzer, el problema de las manos sucias se desprende del intento de rechazar el absolutismo sin negar la realidad del dilema moral.

2. Explique qué función tiene la noción de “culpa moral” en la explicación de

Walzer de las manos sucias.

Según Walzer, “nadie triunfa en política sin ensuciarse las manos”, luego surge el problema de cómo podemos ensuciarnos las manos haciendo lo que deberíamos hacer.

Si un político se niega a ensuciarse las manos y quiere hacer el bien haciendo solamente cosas buenas y está seguro de que puede hacer el bien sin ensuciarse, esta seguridad no tardará en ponerse a prueba. Sin embargo, cuando se niega a ensuciarse las manos, lo único que está haciendo es insistir en seguir siendo la clase de hombre que es (que es justo la case de hombre que queremos que sea). Por ello, si se ve obligado a ensuciarse las manos, no sólo se sentirá muy mal, sino que, si es el hombre bueno que es, se sentirá culpable. Eso es lo que significa tener las manos sucias; cuando se comete un crimen moral y se acepta la responsabilidad moral por ello. Así, dicho político se convierte en culpable. Su disposición a admitir y soportar su culpa es prueba de que no es demasiado bueno para la política y, al mismo tiempo, de que es suficientemente bueno para esa actividad.

He aquí el político moral: por sus manos sucias lo conoceréis. Si fuera un hombre moral y nada más, sus manos no estarían sucias; si fuera un político y nada más, fingiría que están limpias.

3. Walzer nos pide que aprobemos la conducta de su candidato que comete un

fraude electoral por triunfar en las elecciones. ¿Nos pediría también Shugarman que lo aprobáramos?

En absoluto.

Un caso que Walzer utiliza para defender la idea de las manos sucias trata de la manipulación de una elección en la cual un líder honesto delibera sobre si hacer un trato con un jefe corrupto del distrito. Walzer señala que cuando lo que está en juego es lo bastante importante, su candidato hipotético dejará los escrúpulos a un lado y cerrará el trato; además, añade que “queremos que sea él quien lo haga, precisamente porque tiene escrúpulos”.

Para Shugarman, existe un peligro potencial de “efecto contagio” en dar apoyo a personas que infringen las reglas: si se entiende que esto es lo que hay que hacer para ganar, será difícil que los demás no lo hagan en el futuro. Además, es contradictorio en un político que es democrático el que desobedezca los valores fundamentales de la democracia.

Por otro lado, es dudosa la pretensión de que los ciudadanos puedan conocer el alma de un político tan íntimamente que entiendan como de mal se siente por hacer trampas, y es indignantemente presuntuosa la utilización de Walzer del “nosotros” en tanto que dicho nosotros no nos incluye a ninguna de las personas que valoren los procedimientos y principios democráticos.

La idea de que ganar las elecciones justifica la utilización de la manipulación requiere que se crea en el heroísmo trágico de un experto moral en el que se pueda confiar que sea deshonesto debido a que cuidadosamente sopesa los costes y los beneficios de la falta de honestidad y quien, como consecuencia de todo ello, al final sufrirá un trauma psicológico.

Lo que Walzer recomienda es que excusemos el fraude en el momento de la elección, privando el valor de las elecciones. Las personas estaríamos consintiendo un mandato vacuo. Por ello Shugarman sostiene que no podemos afirmar que las manos sucias son democráticas, de igual modo que no podemos calificar de democráticas unas elecciones fraudulentas. La afirmación de que es democrático que una democracia se prive a sí mima de sus derechos es lógica y prácticamente incongruente. Es como decir que, como ejemplo de libertad, las personas libres se someten voluntariamente a la esclavitud. En este sentido, “los esclavos libres” y “las manos sucias democráticas” no es que sean paradojas, es que son un oxímoron.

4. Thompson sostiene que las “manos sucias” en la política son inevitables; pero

que al menos se puede encontrar una legitimación para ellas en el proceso democrático. Explique cómo piensa él que es ello posible y los límites que él cree que tiene esta solución.

Reconsiderando el ejemplo de Walzer sobre el político honesto que, con el propósito de ganar las elecciones, debe hacer un trato corrupto con el jefe del distrito electoral para que le

mentales, con el fin de obtener de ella o de una tercera información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o que se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otra, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de sus funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia. No se considerarán torturas los dolores o sufrimientos que sean consecuencia únicamente de las sanciones legítimas, o que sean inherentes o accidentales a éstas.]

Según Kleinig, la tortura es un acto de crueldad en el cual el sufrimiento es causado intencionalmente. Dejando de lado al masoquista, el dolor parece del tipo de experiencia que queremos evitar. Tendríamos que pensar en el dolor como en la forma prototípica del mal. El entenderlo así, no tendría por qué excluir el que se infligiese deliberadamente en ciertos casos.

El puro dolor o sufrimiento que conlleva la tortura, puede ayudarnos a comprender qué hay de malo en causarlo. Pero el dolor no capta todo lo que es importante o por qué es tan repugnante torturar seres humanos. En la tortura no se suele dar oposición, el torturado y el torturador no se enfrentan como oponentes en igualdad de condiciones: el torturador actúa impunemente. A total indefensión del torturado nos ayuda a distinguir la tortura de la simple crueldad (derramamiento de sangre).

Lo que sostiene Kleinig no es que no pueda haber razones para dejar a un lado las apelaciones que constituyen los sentimientos, percepciones y razones de los demás; pero eso es muy diferente a hacerlos blanco de una agresión. La tortura es una falta de consideración moral básica.

La tortura deshumaniza y degrada. Los seres humanos tienen la capacidad de elegir, de reflexionar sobre su situación y de elegir la respuesta que quieren dar: el torturador abusa y destruye esta capacidad, el torturador actúa de un modo que está pensado para romper la voluntad del torturado y reducirlo a un objeto, ya que el objetivo de la tortura es convertirlo en una marioneta del torturador. El torturador se apropia de algo que es fundamental de la individualidad de la persona, tanto su cuerpo como sus sentimientos amorosos o convicciones religiosas, y las utiliza contra ella misma. [La persona torturada, vive un infierno de sentimientos de culpa y de vergüenza por lo que su cuerpo “le hizo hacer”.]

7. Explique por qué Walzer cree que es correcta la tortura en un caso de una bomba

que va a explotar y Kleinig cree que no.

El argumento de la bomba que va a explotar consiste en la suposición de que las autoridades han capturado al organizador del desastre fatal, pero éste rechaza dar la información que permitiría abortar la explosión, luego, siendo este el único modo de evitar la catástrofe inminente, ¿por qué no torturar?.

Según Kleinig, este argumento tiene una gran cantidad de condiciones epistémicas que hay que cumplir para poder apelar a él y que es muy improbable que en una situación real sea posible cumplir de modo satisfactorio con la mayoría de ellas. Los defensores del argumento, afirman que no es necesario estar seguros al cien por cien, si el valor de lo que se pretende salvar es suficientemente alto, podemos exigir menos certeza sobre la existencia de la bomba o sobre la seguridad de que torturando a una persona obtendremos la información necesaria. El objetivo del argumento de la bomba que va a explotar no es establecer que la tortura, dadas ciertas circunstancias se justifica, sino el de proporcionar a sus defensores políticos la autorización que ellos creen que necesitan para garantizar fines que todos estamos de acuerdo en que son importantes (es el pie que meten los vendedores en la puerta para impedir que la cerremos).

Kleinig afirma que podemos matar para defendernos; pero torturar para defendernos es otra cosa. La Naciones Unidas permiten la guerra y el matar en ciertas circunstancias, pero excluyen completamente la tortura. Una vez que admitimos que la defensa propia puede justificar la tortura, admitiremos cualquier cosa. En contra de los que participan en el debate de las manos sucias que afirman su tesis paradójica de que “a veces es correcto realizar lo incorrecto”, Kleinig sostiene que una respuesta ética más adecuada sería reconocer que, en ciertas situaciones, hagamos lo que hagamos, estaremos obrando mal; por lo que en caso de que nos enfrentemos al caso de una bomba que va a explotar, no tendremos justificación ara utilizar la tortura como tampoco tendremos justificación para poner en peligro a la población inocente, así que tenemos que aceptar que nuestra moral no es capaz de resolver todos los dilemas que la vida nos pone por delante.

Por su parte, Walzer considera a este argumento de la bomba que va a explotar una situación de emergencia suprema. La emergencia suprema es la que se produce cuando nuestros valores más arraigados y nuestra supervivencia colectiva se hallan en peligro inminente; es un momento de toma de decisiones heroicas, en el que las naciones y los dirigentes se miden por las medidas que toman, así como también es una época de desesperación, en la que todo el mundo querría evitar las medidas adoptadas si tal cosa fuera posible. Para Walzer, hay momentos en los que las reglas pueden, y quizá deben, ser ignoradas; si no hay otra forma de evitar la catástrofe inminente, entonces la inmoralidad es moralmente defendible.

8. Explique qué clase de teoría ética es la que defiende Walzer como utilitarismo en

situaciones de emergencia.

Para Walzer, la doctrina de la emergencia suprema es una guerra de maniobras entre dos formas de entender la moralidad muy distintas y totalmente opuestas entre sí: una refleja el absolutismo de la teoría de los derechos (según la cual nunca se puede atacar a seres humanos inocentes de forma intencional) y la otra refleja la flexibilidad del utilitarismo (según el cual la inocencia no es más que un valor que se debe considerar ante otros valores en la

depender de la fijación de unos valores mínimos del mismo modo que el utilitarismo depende de una mínima solidaridad. Cuando nuestros valores más profundos se enfrentan a un peligro radical, las limitaciones no tienen donde afianzarse y vuelve a imponerse un determinado tipo de utilitarismo. Es lo que Walzer denomina el utilitarismo de las situaciones extremas, contraponiéndolo a la normalidad de los derechos. La unión de ambos (absolutismo y utilitarismo) capta la fuerza de las formas antagónicas de entender la moral y asigna a cada una de ellas su lugar apropiado.

La emergencia suprema describe aquellos raros momentos en los que el valor negativo que asignamos, que no podemos evitar asignar, al desastre que se cierne sobre nosotros devalúa la propia moralidad y nos deja libres para hacer lo que militarmente sea necesario para evitar el desastre, en la medida en que lo que hagamos no desencadene una catástrofe aún mayor.