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Asignatura: Microbiologia (grado), Profesor: Covadonga Vazquez, Carrera: Biología, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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“No me imagino que en los anales de la historia haya un ejemplo de filantropía tan noble y tan extenso como éste” Edward Jenner, 1806
a vacunación de Jenner (1796) se introdujo en España en poco tiempo, participando en ello una serie de pioneros, en particular Francesc Piguillem (1770-1826) que comenzó esa labor en diciembre de 1800 en Cataluña. Simultáneamente se empiezan a escribir y traducir textos sobre el tema. Destaca el Origen y descubrimiento de la vaccina, traducido del francés con arreglo a las últi- mas observaciones hechas hasta el mes de mayo de 801, y enriquecido con varias notas , de Pedro Hernández (1801), del que se hicieron tres edicio- nes. El texto más importante, no sólo por el con- tenido, sino por la difusión que llegó a alcanzar, fue el Tratado histórico y práctico de la Vacuna , traducido por el médico alicantino Francisco Xavier de Balmis en 1803, a partir de la obra de Jacques Louis Moreau de la Sarthe. Esta traduc- ción también fue decisiva a la hora de nombrar a Balmis como Director de la Expedición que nos ocupa y fue el texto que se difundió en ultramar para enseñar correctamente la técnica de la vacu- nación.
Necesidad de la Expedición.
esde los primeros tiempos de la Conquista de América, la introducción de enfermedades infecciosas desconocidas en el Nuevo Mundo, par- ticularmente la viruela, fueron causa del desastre demográfico que allí se produjo. Por ello, desde que se conoció el remedio preventivo, se trató de hacer llegar la vacuna a los territorios de Ultramar. Las propias autoridades locales se ocu- paron en varios casos (Nueva España, Puerto Rico, Cuba, Perú…) de comenzar las vacunaciones antes de la llegada de la Expedición que nos ocupa. El 13 de marzo de 1803, el Consejo de Indias comienza a solicitar informes sobre “si se creía posible extender la vacuna a los países de Ultramar y qué medios serían más acertados para
el intento”. El 22 de marzo de 1803, Francisco Requena, miembro del citado Consejo, informa sobre la utilidad que produciría en Ultramar la inoculación de la vacuna, solicitando un informe al Médico de Cámara José Felipe Flores. En el informe del citado Médico de Cámara, favorable a enviar una Expedición, destacan las funciones que debería cumplir esta, y que serían:
aturalmente, un viaje de tal calado requería una financiación. En ese sentido, a Francisco Requena se le ocurre que, para que saliera más barato, que los cargos de la Expedición fueran voluntarios que no percibirían sueldo ni compen- sación económica. Aún así, la Expedición tendría unos gastos de material en infraestructuras a los que se debería hacer frente. Entre las posibles alternativas financieras, se decidió que fuera la Real Hacienda la que corriera con los gastos de la Expedición, por lo menos la parte principal del presupuesto. A medida que fue avanzando, a veces se pudo conseguir algún tipo de ayuda local, sacando dinero de donde buenamente se pudo. Cuando hubo que decidir la dirección de la Expedición, se propusieron los nombres de José Felipe Flores, que era el autor del proyecto inicial, y de Francisco Xavier Balmis, traductor del Tratado histórico y práctico de la Vacuna y que practicaba ya la vacunación con gran éxito. Se pensó enviar a Flores a Cartagena de Indias y a Balmis, a Veracruz. Entonces, Balmis puso un gran empeño en no compartir con nadie la direc- ción del proyecto, haciendo valer su preparación. En carta dirigida por Balmis al Ministro de Gracia y Justicia, José Antonio Caballero, el 18 de junio de 1803, le decía “que el mando que yo pretendía no era por arrogancia, ni deseo de mandar, pues en mi casa dejo el mando a los criados, sino por el celo de poder realizar una expedición tan gloriosa, que será envidiada de todas las Naciones”.
Bicentenario de la expedición Balmis de la vacuna (1803-06)
José E. García de los Ríos y Pedro A. Jiménez Gómez. Sección de Microbiología. Facultad de Farmacia. Universidad San Pablo CEU. Madrid. E-mail: [email protected]
El 5 de agosto de 1803, Carlos IV decide que “se envíe una expedición marítima, compuesta de facultativos hábiles y adictos a la empresa, dirigi- da por el Médico honorario de Cámara D. Francisco Xavier de Balmis”. Ese mismo día, la Gaceta de Madrid describía así la aprobación de la expedi- ción: “El precioso descubrimiento de la vacuna, acreditado en España y casi en toda Europa como un preservativo eficaz de las viruelas naturales, ha excitado la paternal solicitud del Rey a propagarlo en sus dominios de Indias, donde suele ser mayor el número de víctimas, que sacrifica esta horrorosa plaga. Con tal objeto se ha servido mandar, des- pués de oído el dictamen del Consejo y de algunos sabios, que se forme una expedición marítima, com- puesta de facultativos hábiles y adictos a la empre- sa, dirigida por el Médico honorario de Cámara D. Francisco Xavier de Balmis, y costeada de su Real erario; los cuales sin perdonar gastos ni fatigas lle- ven suficiente número de niños a quienes inocular sucesivamente en el curso de la navegación; y con- servando por éste y otros medios el fluido vacuno en toda su eficacia, hagan a su arribo las primeras operaciones de brazo a brazo, las que continuarán después en ambas Américas, y si fuere dable en las islas Filipinas, observando las anomalías, que la diversidad de climas y de castas pueda produ- cir, con el objeto de ilustrar cuanto se posible un descubrimiento en que tanto se interesa la humani- dad, publicando oportunamente las observaciones y resultados de esta expedición filantrópica”. Vemos como la crónica constata el hecho de
que esta enfermedad deja mayor número de vícti- mas en los dominios de Indias, así como el carác- ter de investigación de la empresa. La mayor mor- tandad de la población autóctona ya venía siendo constatada desde los primeros tiempos de la llega- da de los españoles, como en la crónica de Fray Toribio de Benavente sobre la conquista de Nueva España por Hernán Cortés, que dice: “…que ya entrado en esta Nueva España el capitán y gober- nador Don Fernando Cortés con su gente, al tiempo que el capitán Pánfilo de Narváez desembarcó en esta tierra, en uno de sus navíos vino un negro heri- do de viruelas, la cual enfermedad nunca en esta tierra se había visto, y a esta sazón estaba toda esta Nueva España en extremo muy llena de gente, y como las viruelas se comenzasen a pegar a los indios, fue entre ellos tan grande enfermedad y pestilencia mortal en toda la tierra, en los otros la proporción fue menor…”. Cuando dice “la cual enfermedad nunca en esta tierra se había visto” , da en la clave de la razón por la que la viruela fue para los nativos tan grande enfermedad, con una mortandad superior a la de los españoles.
Los preparativos preliminares.
na vez nombrado Director, Balmis formó su equipo, que quedaría configurado de la siguiente manera: José Salvany y Lleopart (Subdirector), Manuel Julián Grajales y Antonio Gutiérrez Robredo (Ayudantes), Francisco Pastor y Balmis y Rafael Lozano Pérez (Practicantes), Basilio Bolaños, Antonio Pastor y Pedro Ortega (Enfermeros) e Isabel Sendales y Gómez (Rectora de la Casa de Expósitos de La Coruña). Final- mente, unos extraordinarios miembros de la Expedición: 21 niños expósitos, que actuarían como medio de cultivo para los virus. Estos niños, de 3 a 9 años, seleccionados por no haber pasado la viruela, deberían ser inoculados con la vacuna sucesivamente durante la travesía para conservar lo que denominaban el fluido o la linfa vacunal. El verano de 1803, fue de gran actividad. Había que reclutar al personal y contratar el barco. Para la primera parte atlántica de la Expedición, fue elegida la Corbeta María Pita, de 200 toneladas, al mando del Teniente de Fragata Pedro del Barco y España. Por último, había que establecer y elegir los criterios de conservación de la vacuna. A pesar de la primera propuesta altruista de José Requena, se asignaron sueldos a los compo- nentes de la Expedición, incluyendo los directivos. No debían ser muy sustanciosos, cuando Balmis, en carta a José Antonio Caballero, el ya citado Ministro de Gracia y Justicia, le decía “no se puede mantener con una mediana decencia, aun
D. Francisco Xavier Balmis y Berenguer, Director de la Expedición Filantrópica de la Vacuna
miento entre Balmis, por un lado, y Oller y las autoridades locales, por otro. Las razones de uno y otro lado eran variadas. Balmis alegaba que las vacunaciones de Oller eran ineficaces y que las autoridades locales, mas que evitar la enfermedad, querían hacer méritos de cara a la Metrópoli. Después se demostraría que a los vacunados por Oller no les prendió la vacuna de Balmis, e inclu- so, Oller inoculó a sus hijos la viruela y tampoco les prendió, lo que demuestra la valía de sus vacu- naciones.
Éxito en Venezuela
uando zarparon rumbo a Venezuela, el 12 de marzo, lo hicieron con menos niños de los que hubieran deseado, debido a los problemas de Puerto Rico. Otros contratiempos técnicos y la salud de los niños hicieron que llegasen a un puerto diferente del previsto, Puerto Cabello en lugar de La Guayra, con un solo niño con la vacu- na en su punto para ser usada. Afortunadamente, la disposición de este territorio era totalmente abierta, con lo que pudieron vacunar a veintiocho niños inmediatamente. Durante toda la estancia en Venezuela no dejaron de ser homenajeados con actos, tanto religiosos como festivos. Prueba de ello son las dos obras escritas sobre el tema por Andrés Bello, uno de los intelectuales mas presti- giosos de Latinoamérica. Bello, quien luego sería secretario de la Junta Central de Vacunación, escribió una Oda a la vacuna y una obrita de tea- tro, Venezuela consolada. A partir de este punto se plantea y se efectúa la división de la Expedición para que la vacuna se difundiera mas rápidamente. El grupo dirigido por Balmis iría a México, América Central y Filipinas, mientras que el de Salvany se desplazaría a América del Sur.
La Expedición de Salvany
a rama de la expedición que dirigió Salvany fue enormemente activa y mas duradera en el tiempo que la del propio Balmis, a pesar de las enormes dificultades por las que atravesó. El Subdirector pasó diversas enfermedades, como tercianas (malaria), garrotillo (difteria), opresión y mal de pecho , fuerte mal de corazón , posiblemente tuberculosis, perdió un ojo… Finalmente, murió en Cochabamba el 21 de julio de 1810. El 8 de mayo de 1804, zarpa el grupo de Salvany en el bergantín San Luis. A los cinco días comienzan las vicisitudes de Salvany: el San Luis embarranca camino de Cartagena, debiendo ser abandonado, afortunadamente sin víctimas.
Pudieron llegar a Barranquilla y a Soledad, donde comenzaron ya las vacunaciones. En Cartagena fueron agasajados con todo tipo de actos y con todos los gastos pagados. A partir de este punto se hicieron dos subespediciones: un grupo donde se encontraban Salvany y Bolaños, que iría por el río Magdalena, y el otro, con Grajales y Lozano, a tra- vés del Cúcuta. Ambos grupos confluirían en Santa Fe de Bogotá con un gran éxito, puesto que lograron cincuenta y seis mil vacunaciones, esta- bleciendo una Junta de Vacuna y una Junta de Sanidad. En este viaje, Salvany perdió un ojo en un naufragio en el río Magdalena. En Santa Fe, Salvany conoció al padre Celestino Mutis y Bosio (1732-1808), médico, naturalista y divulgador científico, protagonista de la Expedición Botánica al Reino de Nueva Granada. El 8 de marzo de 1805, de nuevo en dos subex- pediciones, parten rumbo a Popayán, con escalas en varios pueblos para vacunar, acompañados por muchas penalidades y enfermedades de Salvany y los niños. El 27 de mayo llegaron a Popayán, donde también fueron recibidos con manifestacio- nes públicas de júbilo. Enterados de la aparición de un brote de virue- la en el Reino de Quito, acudieron allí, donde per- manecieron dos meses, no sólo vacunando, sino porque Salvany enfermó otra vez. En Quito, así como en Cuenca, de nuevo se repitieron los home- najes, corridas de toros, bailes de máscaras, etc. En Cuenca vacunaron a 7.000 personas, y las autoridades los ayudaron a reclutar niños que lle- varían la vacuna a Lima. Ese ritmo de vacunacio- nes se mantuvo a pesar de la dureza de los sende- ros de los Andes que les tocó atravesar y de la deli- cada salud de Salvany. Así, en Loja vacunaron a 3.500 personas y fueron recibidos como salvado- res, en Trujillo a 2.761, en Lambayeque a 4.000, en Cajamarca a 1.000 personas… La llegada a Lima, el 23 de mayo de 1806, donde se reencontrarían las dos subexpediciones, no se produjo con los homenajes habituales. La causa fue que, por aquellas fechas, la vacuna había llegado ya a Lima, procedente de Buenos Aires, donde en agosto de 1805, ventidós personas habían sido vacunadas y enviadas como portado- ras del suero al norte de Argentina, Paraguay, Chile y Lima. La vacuna se había comercializado, y los médicos, con el apoyo del Virrey, don Gabriel Avilés y del Fierro, quería seguir manteniendo los ingresos que les proporcionaba. Salvany se queja, no solo de la falta de facilidades para su trabajo, sino de la falta de apoyo a los niños, a los que dejaron un día entero sin comer y les dieron un pésimo alojamiento.
El cambio del Virrey, con la llegada de don José Fernando Abascal, el 20 de agosto de 1806, propi- ció la vacunación de 22.726 personas en el Reino del Perú. A partir de Lima, la expedición se vuelve a divi- dir, encargándose Grajales y Bolaños de ir a Huarochiri, Jauja, Tarma, Huanuco, Panatagua y Canta, en Perú, y después, por mar a Valparaíso (Chile), donde desembarcaron en noviembre de
La Expedición de Balmis
ientras Salvany partía para Cartagena de Indias, la María Pita, se dirige a Cuba, donde llega el 26 de mayo a la Habana, permaneciendo hasta el 18 de junio. En Cuba ya había llegado la vacuna procedente de Puerto Rico: una mujer, María Bustamante, había llegado en febrero, acompañada de su hijo y dos criadas, portando la linfa vacunal. En este caso no hubo los problemas que se crearon en Puerto Rico, mas bien al con- trario, puesto que fueron agasajados y bien trata- dos, tanto los niños como toda la Expedición, cre- ándose la Junta Central de Vacuna y llegando a vacunar a quince mil personas en toda la isla. En lo que sí que hubo problema fue en la con- secución de niños para llevar a México. Balmis se vio obligado a comprar esclavos para asegurar la continuidad del cultivo en este tramo. De Cuba, la María Pita zarpa para Sisal, en la Península de Yucatán, de donde van a establecer- se a Mérida. Allí, Balmis envía una subexpedición a Guatemala, al mando de Francisco Pastor, que recorre Campeche, Vistahermosa (Tabasco), Chiapas (donde se aprovisiona de niños) y Guatemala, creando la correspondiente Junta Central de Vacuna. El resto del grupo, partió de Sisal en la María Pita hacia Veracruz, a donde llegarían el 24 de julio de 1804 en un estado no muy adecuado para aguantar el ritmo de trabajo que llevaban, con bastantes enfermos, incluido el propio Balmis, aquejado de disentería. Las pústulas de los niños estaban en su punto, pero no consiguieron recep- tores, hasta que el Gobernador pudo aportar algu- nos voluntarios del ejército.
Pasando por Jalapa llegaron a Mexico capital, en donde el Virrey había dado previamente las órdenes oportunas para el recibimiento y el aloja- miento, aunque Balmis llegó antes de lo previsto, con lo cual fueron acoplados en unos alojamientos que consideraron inadecuados. De hecho, enfer- maron varios de los niños vacunados alojados en la Casa de los Expósitos, y algunos fallecieron, posiblemente a causa de las pésimas condiciones de vida. Durante unos dos meses, recorrieron otras localidades del Virreinato de Nueva España, como Puebla de los Ángeles, Oaxaca, Guadalajara, Zacatecas, Durango, Valladolid, San Luis Potosí, etc., hasta su vuelta para la preparación del viaje a Filipinas. A pesar de todas las dificultades que se encontraron en Nueva España, la misión, en cuanto a vacunaciones, fue un éxito, puesto que llegaron a preparar a un gran número de profesio- nales que aseguraron la continuidad. Salieron hacia Acapulco el 27 de enero de 1805, donde embarcaron en el galeón Magallanes, que iba lleno de personas y mercancías, el 8 de febrero rumbo a Manila. Las condiciones del viaje, compartido con la tripulación, un número indeter- minado de militares, setenta y cinco frailes, los veintiséis niños mejicanos y el resto de los compo- nentes de la expedición, no fueron las mas ade- cuadas para el desarrollo de la misión. Debido al hacinamiento y a los contactos que se producían entre los niños, se producían vacunaciones invo- luntarias. La alimentación también era deplora- ble, y no sería por falta de pago, puesto que el pre- cio del pasaje que estableció el capitán era supe- rior al resto de los viajeros: todo el mundo pagaba 200 pesos, menos los niños, que pagaban 300 y los adultos de la expedición, que les costaba 500 pesos. Llegan a Manila el 15 de abril de 1805, comen- zando la vacunación al día siguiente, no por la ayuda recibida de las altas autoridades, sino con la colaboración de mandos intermedios mas con- cienciados, como el Dean de la Catedral de Manila, Don Francisco Díaz Duana, en el Capitán D. Pedro Márquez Castrejo y en el Sargento Mayor de Milicias D. Francisco Oynelo. Solo en la capital, a principios de agosto habían vacunado a nueve mil personas. Mientras tanto, el ayudante Francisco Pastor y el enfermero Pedro Ortega, habían sido comisionados para vacunar en otras islas del archipiélago. Balmis solicita permiso para ir a Macao, pues- to que era colonia portuguesa. Una vez obtenido el permiso, parte en la fragata Diligencia el 3 de sep- tiembre de 1805. Gutiérrez queda encargado de terminar el trabajo en Filipinas y devolver a los
enfermedad fue la Dryvax® producida por Wyeth Laboratories hasta 1982. Es una vacuna prepara- da a partir de una cepa atenuada del virus vacci- nia, denominada cepa New York City Board of Health. El virus vivo era preparado a partir de linfa de ternero, que era purificada, concentrada y desecada por liofilización.
¿Qué fue de los virus?
a OMS ha recomendado desde entonces en varias ocasiones la destrucción de las reservas del virus de la viruela, no obstante hay dos luga- res en el mundo, que sepamos, siguen almace- nándolo: los CDC de Atlanta (EEUU) y el Centro Estatal de Investigaciones Virológicas y Biotec- nológicas de Rusia (Koltsovo, Novosibirsk, Federación Rusa), laboratorio más conocido como “Vector”. En 1990, el Comité Especial de Ortopoxvirosis de la OMS recomendó que para el 31 de diciembre de 1993 se destruyeran las reservas conservadas en los dos centros. Sin embargo, la destrucción no se llevó a efecto, atendiendo a las preocupaciones expresadas por la comunidad científica en rela- ción con la salud pública y la investigación. Además, en la 93ª reunión del Consejo Ejecutivo (enero de 1994) se pidió a que la cuestión se some- tiera al Consejo antes de proceder a la destrucción definitiva de las reservas. El Comité Especial se reunió nuevamente en septiembre de 1994, y pro- puso el 30 de junio de 1995 como fecha límite. Sin embargo, el Consejo decidió aplazar el examen del informe del Comité Especial a una reunión futura. En 1996, tras una propuesta presentada a ese efecto a la Asamblea de la Salud adoptó la resolu- ción WHA49.10, en la que recomendó que la des- trucción tuviera lugar el 30 de junio de 1999, des- pués de una nueva decisión en ese sentido por la Asamblea de la Salud. Desde entonces, la estancia del virus en el corredor de la muerte se ha prolongado hasta nuestros días, debido a que los plazos que se han ido dando no han sido suficientes para completar las investigaciones que se pretendían. En la resolución WHA52.10 se creó un Comité Asesor de la OMS en Investigaciones sobre el Virus Variólico y se autorizaba que las reservas existentes de virus variólico se conservaran tem- poralmente hasta 2002, con obligación de pasar un examen anual por la Asamblea de la Salud. También se pidió el nombramiento de un grupo de expertos que tendría que decidir qué investigacio- nes se debían llevar a cabo hasta llegar al acuer- do de destrucción. En la resolución WHA55.15, la Asamblea de la
Salud autorizó a seguir conservando temporal- mente las reservas existentes de virus, con el com- promiso de investigaciones de duración limitada, cuyos logros y resultados quedarían sujetos a exa- men periódico. Tras la quinta reunión del citado Comité Asesor, celebrada en Ginebra los días 4 y 5 de noviembre de 2003, en la que se examinó la mar- cha de las investigaciones con el virus, el Comité reconoció que se había avanzado mucho, funda- mentalmente en la caracterización de cepas en los dos depósitos, en la preparación de pruebas de diagnóstico y en el estudio de la variabilidad de los genomas. Concretamente, Vector conserva 120, de las que se analizó la viabilidad de 55, de las que 32 resultaron capaces de propagarse. El análisis genético de 21 cepas puso de manifiesto que correspondían a los grupos africano, asiático y alastrim. También se hizo lo mismo con algunas de las 451 cepas de los CDC: de 49 analizadas, 45 resultaron tener capacidad de propagación. El análisis genético reveló también su pertenencia a los grandes grupos. La culminación de los análisis genéticos es la secuenciación. En ese sentido es hacia donde avanzan actualmente las investigaciones. Por un lado, los científicos rusos habían logrado, a fines de 2003, secuenciar cinco genes de un grupo de ortopoxvirus, haciendo dendrogramas y estable- ciendo relaciones entre ellos: concluyeron que los virus analizados pertenecientes a la misma espe- cie estaban estrechamente relacionados, con la excepción del virus de la viruela vacuna, cuyas cepas parecían presentar mayor grado de hetero- geneidad. El Comité Asesor manifestó sus reser- vas a establecer relaciones filogenéticas basándo- se solo en unos pocos genes. Por aquel entonces, los investigadores de los EEUU habían conseguido secuenciar el genoma completo de 26 virus varió- licos y estaban poniendo a punto las herramientas informáticas adecuadas al análisis de los genomas de los ortopoxvirus y poder establecer cuales son las secuencias conservadas y variables del grupo. Por otro lado, se trabaja activamente en el modelo animal de la viruela humana en monos. Los monos infectados experimentalmente con- traen una enfermedad hemorrágica que resulta siempre mortal y es muy parecida a la variante hemorrágica de la viruela. El estudio de estos modelos es fundamental para poder validar la comercialización de nuevos fármacos y vacunas. Tanto en los EEUU como en Rusia se están haciendo grandes esfuerzos en la búsqueda de antivíricos, con ensayos in vitro e informatizados, para pasar después a los ensayos en modelos ani- males. Entre los productos investigados, destaca
el caso del cidofovir, que impide que los monos infectados mueran, siempre que se administre 24 horas antes de la infección. Como se ve, aún queda mucho por hacer antes de poder llegar a un acuerdo sobre la destrucción de las reservas de virus y, por tanto, el Comité hizo las siguientes recomendaciones:
Bibliografía Balaguer E, Ballester R. 2003. En el nombre de los niños. La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (1803-1806). Monografías de la Asociación Española de Pediatría, Madrid. Diaz de Yraola G. 1948. La vuelta al mundo de la expe- dición de la vacuna. Escuela de Estudios Hispanoamericanos, Sevilla. García de los Ríos JE. 2004. La expedición filantrópica de la vacuna de la Viruela. El Médico. 917: 66-74. Organización Mundial de la Salud: http://www.who.int /csr/disease/smallpox/research/en/index.html. Ramírez S, et al. (Eds.) 2004. La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna. Biblioteca de América, CSIC. Smith M. 1974. The “Real Expedición Marítima de la Vacuna” in New Spain and Guatemala. Transactions of the American Philosophical Society, New Series, Vol 64, Part. 1.