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El concepto de Derecho Cuestiones q a) ¿Es posible considerar la existencia del Derecho independientemente de la dimensión social del individuo? En su Opinión, ¿es posible alguna situa- ción de vida humana social sin ningún tipo de reglas? ¿Por qué? b) ¿Qué implica la consideración del Derecho como fenómeno histórico? 3. «Supongamos que la naturaleza hubiera otorgado a la especie hu- mana tal abundancia de todas las comunidades externas, que sin la menor incertidumbre, sin el menor cuidado o esfuerzo por nuestra parte, cada in- dividuo se encontrara provisto de todo lo que sus más voraces apetitos pu- diesen desear, y de todo lo que su exuberante imaginación pudiera apetecer. Supongamos que su belleza natural superase todo embellecimiento adqui- rido; que la perpetua clemencia de las estaciones h era inútil todo vesti- do o protección; que las hierbas silvestres le proporcionasen el más deli- cioso festín, y la fuente clara la más sabrosa bebida. Supongamos que no le fuese necesaria ninguna ocupación laboriosa; que no necesitara ni de la- branza ni de navegación; que la música, la poesía y la contemplación fue- sen sus únicas ocupaciones, y que la conversación, la juerga y la amistad fue- sen su único entretenimiento. Parece evidente que en un estado tan feliz cería y se multiplicaría por diez. Pero ni siquiera una vez se habría soñado en la cauta y celosa virtud de la justicia. Pue: ¿Qué propósito tendría hacer una partición de bienes allí donde cada individuo tiene más que de sobra? ¿Por qué hacer que surja la propiedad allí donde no puede haber daño al- guno? ¿Por qué llamar a este objeto mío, si cuando alguien me lo quita sólo necesito estirar la mano para tomar posesión de otro objeto igualmente va- lioso? En una situación así, al ser la justicia totalmente inútil, sólo cabría tomarla como una ceremonia sin sustancia, y nunca podría tener cabida en el catálogo de las virtudes». HUME, D., Investigación sobre los principios de la moral, prólogo, traducción y notas de Carlos Mellizo, Ed. Alianza, Madrid, 1993, p. 48. si toda virtud social flore- 4. «—Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pu- sieron nombre de dorados, [...] porque entonces los que en ella vivían ig- noraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes: a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sus- lento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas en- cinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sa- brosas y transparentes aguas les ofrecían. [...] Los valientes alcornoques despedían de sí, sin otro artificio que el de su cortesía, sus anchas y liv nas cortezas, con que se comenzaron a cubrir las casas, sobre rústicas es- tacas sustentadas, no más que para defensa de las inclemencias del cielo. Todo 18