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Asignatura: Historia de la Psicología, Profesor: toni cunillera- otros, Carrera: Psicologia, Universidad: UB
Tipo: Apuntes
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Albrecht Schöne
a doctrina sobre el cr·neo y el cerebro fundada por el mÈdico vienÈs Franz Joseph Gall (1758-
en efecto, que en el lÛbulo frontal, situado sobre la Ûrbita, se encontraban los Ûrga- nos de la memoria verbal y de la com- prensiÛn del lenguaje. Aunque estaba equi- vocado, su conjetura preparÛ el camino para el descubrimiento del centro del len- guaje, localizado definitivamente en 1861 por Pierre Paul Broca (1824-1880) en el campo frontal del hemisferio cerebral izquierdo, en la zona inferior de la tercera circunvoluciÛn cerebral. Esa primera conclusiÛn, que conver- tÌa a la fisonomÌa en dependiente de unas hipotÈticas ·reas cerebrales subyacentes, condujo a Gall a una idea peregrina: en principio, mediante la conformaciÛn externa del cr·neo se podÌan deducir las capacidades intelectuales y las facul- tades caracterolÛgicas fundamentales, asÌ como las dotes e impulsos positivos y negativos. Gall, en un primer cat·lo- go provisional, estableciÛ 27 ·reas de Èstas, u Ûrganos. Para Gall, el vigor o la debilidad de estos Ûrganos, en punto a rendimiento, dependÌa de su tamaÒo (y correspondien- temente de su excitabilidad); a su vez, el volumen de las ·reas cerebrales compe- tentes determinaba en cada caso, actuan- do de dentro a fuera, la forma del cr·neo. CabÌa, pues, colegir los rendimientos inmateriales dependientes de dichos Ûr- ganos mediante las eminencias (protu- berancias) y depresiones craneales vi- sibles o palpables, relieve producido por las ·reas cerebrales subyacentes. Con esta ìcranioscopiaî o ìfrenologÌaî, seg˙n dio m·s tarde en llamarse, el fisÛnomo Gall causÛ autÈntico furor en la Europa de comienzos de siglo XIX. Sus lecciones privadas, impartidas en Viena desde 1796, despertaron una expec- taciÛn p˙blica tal, que el emperador Fran- cisco II, de su puÒo y letra, las prohibiÛ en 1801, porque la ìnueva doctrina de
la cabeza [...] conduce al materialismo, ya que ataca los fundamentos de la reli- giÛn y de la moralî. Sin embargo, Gall habÌa incluso localizado en el vÈrtice del cr·neo del hombre, en la coronilla, el Ûrgano responsable del culto divino, lo que de paso constituÌa una prueba ana- tÛmica de la existencia de Dios. No parece tampoco que se le pudiera acusar de determinismo neurobiolÛgico, opuesto a la libertad de los actos mora- les, pues no atribuÌa un car·cter de nece- sidad a las diferentes morfologÌas cra- neanas, en las que se manifestaban las disposiciones del intelecto. Gall defen- dÌa, por el contrario, que el ser humano ìtiene capacidad para la verdad y el error, para la justicia y la injusticia, asÌ como para mantener ideas propias de un ser independienteî; con ello podÌa ìluchar contra sus inclinacionesî. Cuantos m·s ìcontraestÌmulosî de esta Ìndole ìlograra y potenciara a travÈs de la educaciÛn, for- maciÛn y socializaciÛn, tanto mayor serÌa su libre albedrÌo y su libertad moralî. PesÛ m·s la sospecha de materialismo expresada por el Emperador. Semejante acusaciÛn debe entenderse en un contexto temporal muy concreto: la revuelta revo- lucionaria jacobina y la negaciÛn de la inmortalidad del alma. En efecto, si las facultades del alma no eran m·s que un producto directo de la materia cerebral, øcÛmo podrÌa aquÈlla perdurar tras la descomposiciÛn de Èsta? Tal consecuen- cia fue formulada con agudeza por el fisiÛlogo Carl Vogt, quien en 1847 cali- ficÛ las localizaciones de Gall de ìvislum- bres infantiles de la ciencia venideraî. Por otro lado, Vogt se adhiriÛ sin re- servas a la afirmaciÛn de Gall seg˙n la cual ìtodas las capacidades que ahora conocemos bajo el nombre de faculta- des anÌmicas son meras funciones de la sustancia cerebralî. No resulta extraÒo,
por tanto, que Vogt expresara que ìel pensamiento tiene la misma relaciÛn con el cerebro que [...] la orina con los ri- Òonesî. En su escrito de defensa, Gall alegÛ que se habÌa ceÒido a ìlas herramientas corporales de las funciones anÌmicasî y que no debÌa confundirse ìla esencia actuante con las herramientas que le sir- ven para actuarî. RazÛn por la cual su organologÌa, en verdad, ìservÌa no sÛlo a la esperanza sino a la seguridad de una vida eterna del almaî. Pero su pliego de descargo no surtiÛ efecto alguno en Viena. Por un decreto real, emitido en 1802, se le confirmÛ la prohibiciÛn de sus lecciones. Tres aÒos m·s tarde, abandonÛ Austria, para no volver. De 1805 a 1807 Gall emprendiÛ una gira de conferencias a travÈs de Alemania, Dinamarca, Holanda, Suiza y Francia. En ParÌs residiÛ desde enton- ces hasta su muerte, acaecida en 1828. Sus lecciones, por cuya asistencia se pagaba, duraban varios dÌas. En el curso de las mismas Gall disecaba ocasional- mente cerebros humanos y animales, pero por regla general demostraba su organologÌa y cranioscopia sirviÈndose de cerebros de cera, de cabezas de cad·- veres llevadas consigo o enviadas y de vaciados en yeso. Palpaba las protube- rancias y depresiones con morosidad.
Dictaminaba las aptitudes intelectuales y caracteriolÛgicas que aquÈllas ponÌan de relieve. De ese modo, introducÌa a la concurrencia en la pr·ctica de los dict·- menes cranioscÛpicos. En el ·mbito cientÌfico, las doctrinas de Gall se recibieron con mayoritario escepticismo. Pero esa reticencia fue compensada con el entusiasmo de otros dominios. DespertÛ un eco extraordina- rio en los medios de comunicaciÛn: gace- tillas periodÌsticas, artÌculos de revista a favor y en contra y representaciones gr·ficas, a menudo caricaturescas, pro- pagaron su fama. Las doctrinas de Gall quedaron reflejadas en el arte del retrato y en la literatura.
En Potsdam su disertaciÛn dejÛ fasci- nados a la pareja real prusiana. El duque Carlos Augusto de Sajonia-Weimar- Eisenach (1757-1828) ordenÛ ìexponer, preparar y componer cerebros humanos
en el gran salÛn, al que todos los mÈdi- cos, cirujanos y p˙blico cultivado en ge- neral estaban invitadosî. Gall ìdio diez lecciones abiertas al p˙blico y otras tan- tas restringidas al personal de la corte. Desde entonces todas nuestras damas no paran de hablar de los Ûrganos y de pal- par los cr·neos; al final han tenido que ponerse pelucas para ocultar las partes dÈbiles del suyoî. Extraemos del periÛdico Kaiserlich und Kurpfalzbairisch privilegierte Zei- tung lo siguiente, correspondiente a un n˙mero de 1805: ìEn BerlÌn y en Dresde se encuentran por doquier cr·neos pin- tados seg˙n las indicaciones de Gall (per- filados los distintos Ûrganos y sus fun- ciones), encerrados en campanas de cristal o en cajas de caoba, convertidos en ador- nos de los burÛs o de los escritorios de las damas y de los caballerosî. Estos cr·- neos debÌan ser vaciados en yeso, como el que se recoge en la litografÌa pari- siense. Pero no siempre era asÌ. En 1826
FUENTE: “SCHILLERS SCHÄDEL” DE ALBRECHT SCHÖNE
LA PALPACION DE LA CABEZA, DEPORTE DE MODA. En la litografía parisiense aquí reproducida que lleva por título ‘Cours de phrénologie amusante’ vemos a Gall señalando el cráneo de una dama sentada, lista para la exploración. Con el fin de que pueda percibirse la significación de las protuberancias o depresiones óseas, el maestro se remite a un busto con los órganos cartografiados. Detrás del marido, observador atento de la escena, se hallan dos niños jugando a remedar las exploraciones de Gall en la cabeza de una muñeca.
escritos: ìEl que Gall, como suele ser lla- mado, inducido por su perspicacia se adentre demasiado en lo especÌfico, nos lleva a elevar un caso aislado y aparen- temente paradÛjico hasta convertirlo en generalidad comprensible. Pero las incli- naciones al homicidio, a la violencia y al robo y, de igual forma, el amor a la humanidad, a los niÒos o a los amigos [asociadas a un solo Ûrgano], pueden ser entendidas bajo perspectivas m·s gene- rales, a la par que se establecen relacio- nes entre ciertas tendencias y el predo- minio de ciertos Ûrganosî. Sin embargo, cuando transcurridos algunos aÒos desde esas lÌneas observÛ, con Alexander von Humboldt (1769-1859), las protuberan- cias, lisuras y depresiones del cr·neo de Schiller, deberÌa haber hablado óy no lo hizoó de ìperspectivas m·s genera- lesî y de ìciertas tendenciasî; por no exigirle que se explayara sobre la lici- tud y la exactitud de tales evaluaciones cranioscÛpicas. Goethe no rechazÛ nunca la frenologÌa de Gall. No dejÛ ninguna declaraciÛn, ex- presa y terminante, de haberse equivoca- do. La verdad es que tampoco encontra- mos retractaciones suyas en otros campos de las ciencias de la naturaleza. La razÛn podrÌa entreverse en lo que Goethe escri- biÛ a su amigo Zelter, el 5 de octubre de 1831, a propÛsito de la polÈmica del ori- gen de la Tierra que enfrentaba a neptu- nistas y vulcanistas: ìDeberÌa reorgani- zar mi esquema mental, pero eso serÌa una verdadera penaî. TodavÌa en 1823, el canciller von M¸ller anotaba lo siguiente: ìGoethe, en contra de sus crÌ- ticos parisienses (Cuvier y Pinel), tomÛ partido por la doctrina de Gallî. Pero, con el tiempo, la organologÌa y la cranioscopia acabaron adquiriendo, tambiÈn a sus ojos, trazos m·s frÌvolos. Se acercaba asÌ a la postura mantenida por Friedrich Wilhelm Schelling (1775-
tivas contra Isaac Newton (1643-1727) y Christian Ernst W¸nsch (1744-1828), escribe zumbÛn: ìCasi nos gustarÌa creer que en el cerebro existe un Ûrgano espe- cial para estas curiosas operaciones inte- lectuales. Si Gall hubiera examinado alguna vez el cr·neo de uno de estos ejemplares de la estirpe de los new- tonianos seguramente habrÌa podido darnos alguna explicaciÛn convincenteî. Y cuando, m·s adelante, en 1812, en Poe- sÌa y verdad , menciona que ìel tan inte- ligente como ingenioso doctor Gallî le habÌa diagnosticado (en un dictamen fre- nolÛgico que tuvo lugar en la ciudad de Halle en 1805) su capacidad para la gran-
dilocuencia, afirmando que ìhabÌa nacido realmente para convertirse en un orador de multitudesî, escribe a continuaciÛn, en unos tÈrminos impropios de un su- puesto miembro de la estirpe de los gallia- nos: ìEsta manifestaciÛn me horrorizÛ no poco, pues si hubiera sido acertada, habrÌa resultado superflua cualquier cosa que hiciera, dado que sobre mi naciÛn no habÌa nada que decir. HabrÌa sido una profesiÛn totalmente malogradaî. Pero la reminiscencia m·s risueÒa de Goethe con respecto a la cranioscopia se oculta en su poema ìHeredÈ de mi padre la estaturaî, aparecido en 1827 e incluido entre sus Epigramas domesticados (cu- yo motivo fundamental gira en torno a la pregunta: ìøQuÈ puede, pues, de todo infeliz / ser considerado original?î). Al informe mencionado m·s arriba sobre el diagnÛstico del ìorador de multitudesî, de Gall, le precede en PoesÌa y verdad una observaciÛn sobre las ìdotesî de los padres de Goethe. AllÌ se seÒala una ìcierta elocuencia did·cticaî recibida del padre y ìla facultad óheredada de la madreó de presentar de forma agradable y atra- yente todo lo que la fantasÌa produce y puede concebir, de renovar antiguas narra- ciones conocidas, de crear otras nuevas y de contarlas aprovechando de paso para improvisar nuevas contenidosî.
No fue la elocuencia paterna, sino la materna aficiÛn a fabular la que, andando el tiempo, se convertirÌa en el tema del epigrama citado. Ello nos remite a cierta exploraciÛn frenolÛgica realizada sobre Katharina Elisabeth Goethe. En carta dirigida a Goethe, cuenta Bettina von Arnim (1785-1859) lo que le sucediÛ en determinada ocasiÛn con la madre del destinatario. En 1806, coincidiendo con la presencia de Gall en Frankfurt, pasÛ lo siguiente: ìMe habÌa pedido que le tra- jera a Gall, pero en su lugar lleguÈ, como si de tal se tratara, con Ludwig Tieck (1773-1853) [a quien ella no habÌa visto nunca previamente]; tras las presenta-
ciones, Katharina se despojÛ r·pida- mente de su tocado, se sentÛ y le rogÛ al supuesto Gall que le explorara el cr·- neo...î. Tieck se quedÛ perplejo sin saber quÈ hacer, hasta que por fin apareciÛ el verdadero Gall, se aclarÛ la confusiÛn de personalidades y nos dio ìuna diser- taciÛn encantadora sobre las capacida- des de su cr·neo. Ya he sido perdonadaî. Igual que la dama de la litografÌa pari- siense, la seÒora Rath se despojÛ de su tocado, se sentÛ y le pidiÛ a Gall que tuviera la bondad ìde explorarle el cr·- neo, a fin de saber si los talentos extraor- dinarios de su hijo habÌan sido hereda- dos de ellaî. M·s de dos dÈcadas retuvo Goethe en su memoria el relato de Bettina sobre este ëCours de phrÈnologie amu- santeí acaecido en Frankfurt. Lo reco- gerÌa en los versos siguientes: ìHeredÈ de mi padre la estatura, / la guÌa m·s fir- me de mi vida, / a mi madre le debo el car·cter jovial / y el gusto por fabularî.
ìEn BerlÌn y en Dresde se encuentran
por doquier cr·neos pintados seg˙n las
indicaciones de Gall colocados en campanas
de cristal o en cajas de caoba, convertidos
en adornos de los burÛs o de los escritorios
de las damas y de los caballerosî.
ALBRECHT SCHÖNE, especialista en ger- manística de la Universidad de Göttingen, es autor del libro Schillers Schädel (“El cráneo de Schiller”).