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institucional kaes 2015, Esquemas y mapas conceptuales de Psicología

institucional kaes 2015 - 2020

Tipo: Esquemas y mapas conceptuales

2022/2023

Subido el 28/05/2023

ramiro-duarte-2
ramiro-duarte-2 🇦🇷

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RENE KAËS – “REALIDAD PSÍQUICA Y SUFRIMIENTO EN LAS INSTITUCIONES” TITAFFERANTE
El Dr. Rene Kaës, psicoanalista francés que fue discípulo de D. Anzieu, plantea tres grandes conjuntos de
dificultades, especialmente narcisistas, para poder pensar las instituciones. Dichas dificultades están en
relación con los aspectos psíquicos que están en juego en nuestra relación con la institución.
“EL SUFRIMIENTO EN LAS INSTITUCIONES”
PRIMER
CONJUNTO
Concierne a los fundamentos narcisistas y objetales de nuestra posición de sujetos
comprometidos en las instituciones: en ellas somos movilizados por las relaciones
de objetos parciales idealizados y persecutorios, experimentamos nuestra
dependencia en las identificaciones imaginarias y simbólicas que mantienen armada
la cadena institucional y la trama de nuestra pertenencia. Nos vemos enfrentados
con la violencia del origen y la imago del Antepasado fundador: nos vemos
apresados en el lenguaje de la tribu y sufrimos por no hacer reconocer en el la
singularidad de nuestra palabra. Las dificultades, que afectan con una valencia
negativa la relación con la institución, traban el pensamiento de aquello que ella
instituye: no pasamos a ser seres hablantes y deseantes, sino porque ella sostiene la
designación de lo imposible: la interdicción de la posición de la madre-institución, la
interdicción del retorno al origen y del a fusión inmediata. Aquello que en relación
con la institución queda en suspenso debe a la represión, a la denegación, a la
renegación, el hecho de permanecer impensado.
Aquí nos vemos enfrentados solamente a la dificultad de pensar aquello que, en
parte, nos piensa y nos habla: la institución nos precede, nos sitúa y nos inscribe en
sus vínculos y sus discursos (dependemos de la cadena simbólica imaginaria que
nos precede). Socava la ilusión centrista de nuestro narcisismo secundario.
El primer conjunto que Kaës delimita “concierne a los fundamentos
narcisistas y objetales de nuestra posición de sujetos
comprometidos en las instituciones”, o sea que lo primero que nos
surge es que no podemos dejar de tener en cuenta que siempre
ocupamos un lugar concreto dentro de la institución en la que nos
encontremos, y que, como toda posición, conlleva a la
experimentación de un entramado de relaciones con el resto de las
posiciones existentes dentro de la institución que sea.
Kaës señala que esta posición que ocupamos y este entramado de
relaciones que se originan a partir de las mismas, va a generar
también una serie de dificultades que afectan negativamente la
relación con la institución, ya que traban el pensamiento de aquello
que ella instituye.
Al ocupar un lugar concreto en la institución, como sujeto
participante, hay que tener en cuenta que nunca se podrá abarcar
con totalidad el análisis de la misma, porque siempre va a quedar
algo imposible de abarcar, de pensar, “algo impensado” que se
genera en el vínculo entre ambos.
SEGUNDO
CONJUNTO
No se trata en este caso de una resistencia contra los contenidos del pensamiento,
sino de una condición de irrepresentable, más acá de la represión. Lo que está en
juego es la función de metamarco que desempeñan la sociedad y la cultura, pero
también ciertas configuraciones del vínculo apropiadas para un trabajo psíquico.
Este segundo nivel de la dificultad revela que la institución nos estructura y que
trabamos con ella relaciones que sostienen nuestra identidad.
Nos vemos enfrentados al pensamiento de que una parte de nuestro sí-mismo está
fuera de sí”, y que precisamente eso que esta fuera de sí es lo más primitivo, lo
más indiferenciado, el pedestal de nuestro ser, es decir: tanto aquello que,
literalmente nos expone a la locura y a la desposesión, a la alienación, como lo que
fomenta nuestra actividad creadora.
No se trata solamente de la confrontación con el pensamiento de lo que nos
engendra, sino con el pensamiento de aquello que, de una manera impersonal y
desubjetivizada, se dispersa, se pierde sin duda y germina en un “fuera de nosotros”
que es una parte de nosotros: esta externalización de un espacio interno es la
relación más anónima, violenta y poderosa que mantenemos con las instituciones.
Es constituyente de los espacios psíquicos comunes; el correlato de este
externalizado común indiferenciado es probablemente uno de los componentes del
Icc, y por ello tiende a ser considerado como el trasfondo a partir del cual se
organiza la vida psíquica.
Este segundo conjunto es diferente al anterior, ya que “no se trata
de una resistencia contra los contenidos del pensamiento, sino de
una condición de irrepresentable”. Este segundo nivel nos revela un
descentramiento de la subjetividad: que la institución nos
estructura y que trabamos con ellas relaciones que sostienen nuestra
identidad.
Al enfrentarnos a lo más primitivo, aparecerá la figura del
Antepasado como un anclaje que nos defenderá como sujetos de
esta pérdida que, de concretarse por completo, nos dejaría situados
frente al caos, en una situación de total indefensión. El por ello que
Kaës dice que “en las instituciones, el trabajo psíquico consiste en
reintegrar esta parte irrepresentable a la red de sentido del mito y en
defenderse contra el “uno” institucional necesario e inconcebible”.
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RENE KAËS – “REALIDAD PSÍQUICA Y SUFRIMIENTO EN LAS INSTITUCIONES” TITAFFERANTE

El Dr. Rene Kaës, psicoanalista francés que fue discípulo de D. Anzieu, plantea tres grandes conjuntos de dificultades, especialmente narcisistas, para poder pensar las instituciones. Dichas dificultades están en relación con los aspectos psíquicos que están en juego en nuestra relación con la institución.

“EL SUFRIMIENTO EN LAS INSTITUCIONES”

PRIMER

CONJUNTO

Concierne a los fundamentos narcisistas y objetales de nuestra posición de sujetos comprometidos en las instituciones : en ellas somos movilizados por las relaciones de objetos parciales idealizados y persecutorios, experimentamos nuestra dependencia en las identificaciones imaginarias y simbólicas que mantienen armada la cadena institucional y la trama de nuestra pertenencia. Nos vemos enfrentados con la violencia del origen y la imago del Antepasado fundador: nos vemos apresados en el lenguaje de la tribu y sufrimos por no hacer reconocer en el la singularidad de nuestra palabra. Las dificultades, que afectan con una valencia negativa la relación con la institución, traban el pensamiento de aquello que ella instituye: no pasamos a ser seres hablantes y deseantes, sino porque ella sostiene la designación de lo imposible: la interdicción de la posición de la madre-institución, la interdicción del retorno al origen y del a fusión inmediata. Aquello que en relación con la institución queda en suspenso debe a la represión, a la denegación, a la renegación, el hecho de permanecer impensado. Aquí nos vemos enfrentados solamente a la dificultad de pensar aquello que, en parte, nos piensa y nos habla: la institución nos precede, nos sitúa y nos inscribe en sus vínculos y sus discursos ( dependemos de la cadena simbólica imaginaria que nos precede ). Socava la ilusión centrista de nuestro narcisismo secundario. El primer conjunto que Kaës delimita “concierne a los fundamentos narcisistas y objetales de nuestra posición de sujetos comprometidos en las instituciones ”, o sea que lo primero que nos surge es que no podemos dejar de tener en cuenta que siempre ocupamos un lugar concreto dentro de la institución en la que nos encontremos, y que, como toda posición, conlleva a la experimentación de un entramado de relaciones con el resto de las posiciones existentes dentro de la institución que sea. Kaës señala que esta posición que ocupamos y este entramado de relaciones que se originan a partir de las mismas, va a generar también una serie de dificultades que afectan negativamente la relación con la institución, ya que traban el pensamiento de aquello que ella instituye. Al ocupar un lugar concreto en la institución, como sujeto participante, hay que tener en cuenta que nunca se podrá abarcar con totalidad el análisis de la misma, porque siempre va a quedar algo imposible de abarcar, de pensar, “algo impensado” que se genera en el vínculo entre ambos.

SEGUNDO

CONJUNTO

No se trata en este caso de una resistencia contra los contenidos del pensamiento, sino de una condición de irrepresentable, más acá de la represión. Lo que está en juego es la función de metamarco que desempeñan la sociedad y la cultura, pero también ciertas configuraciones del vínculo apropiadas para un trabajo psíquico. Este segundo nivel de la dificultad revela que la institución nos estructura y que trabamos con ella relaciones que sostienen nuestra identidad. Nos vemos enfrentados al pensamiento de que una parte de nuestro sí-mismo está “ fuera de sí ”, y que precisamente eso que esta fuera de sí es lo más primitivo, lo más indiferenciado, el pedestal de nuestro ser, es decir: tanto aquello que, literalmente nos expone a la locura y a la desposesión, a la alienación, como lo que fomenta nuestra actividad creadora. No se trata solamente de la confrontación con el pensamiento de lo que nos engendra, sino con el pensamiento de aquello que, de una manera impersonal y desubjetivizada, se dispersa, se pierde sin duda y germina en un “fuera de nosotros” que es una parte de nosotros: esta externalización de un espacio interno es la relación más anónima, violenta y poderosa que mantenemos con las instituciones. Es constituyente de los espacios psíquicos comunes; el correlato de este externalizado común indiferenciado es probablemente uno de los componentes del Icc, y por ello tiende a ser considerado como el trasfondo a partir del cual se organiza la vida psíquica. Este segundo conjunto es diferente al anterior, ya que “no se trata de una resistencia contra los contenidos del pensamiento, sino de una condición de irrepresentable ”. Este segundo nivel nos revela un descentramiento de la subjetividad: que la institución nos estructura y que trabamos con ellas relaciones que sostienen nuestra identidad. Al enfrentarnos a lo más primitivo, aparecerá la figura del Antepasado como un anclaje que nos defenderá como sujetos de esta pérdida que, de concretarse por completo, nos dejaría situados frente al caos, en una situación de total indefensión. El por ello que Kaës dice que “en las instituciones, el trabajo psíquico consiste en reintegrar esta parte irrepresentable a la red de sentido del mito y en defenderse contra el “uno” institucional necesario e inconcebible”.

TERCER

CONJUNTO

Este conjunto no concierne ya al pensamiento de la institución como objeto o como no sí-mismo en el sujeto, sino a la institución como sistema de vinculación en el cual el sujeto es parte interviniente y parte constituyente. Pensar la institución requiere el abandono de la ilusión monocentrista, la aceptación de que una parte de nosotros no nos pertenece en propiedad, por más que “ donde la institución estaba, puede advenir Yo ”, en los límites de nuestro apuntalamiento necesario sobre aquello que, a partir de ella, nos constituye. Nos encontramos aquí con un sistema polinuclear y ensamblado en el cual el continente del sujeto (el grupo) es el contenido de un metacontinente (la institución). La mayoría de las representaciones sociales de la institución (míticas, científicas o militares) hace la economía del pensamiento de la relación del sujeto con la institución. Su papel consiste en curar la herida narcisista, eludir la angustia del caos, justificar y mantener las costas de identificación, sostener la función de los ideales y de los ídolos. Lo mudo y lo inamovible depositados en las instituciones se imponen progresivamente a nuestra conciencia como aquella parte de nosotros mismos que nos era ajena y que se había depositado allí. Estamos siempre forzados a pensar la institución porque la institución no se impone ya contra la irrupción de lo impensado y del caos; porque nuestra relación práctica con las instituciones ha cambiado; porque se desacralizan y resacralizan incesantemente. CUARTA HERIDA NARCISISTA : la institución nos pone frente a una cuarta herida narcisista, descentrando la posición del hombre en el espacio, en la especie y en su concepción de si mismo. La vida psíquica no está centra exclusivamente en un Icc personal, que sería una especie de propiedad privada del sujeto singular. Paradójicamente, una parte de él mismo, que lo afecta en su identidad y que compone su Icc, no le pertenece en propiedad, sino a las instituciones en que él se apuntala, y que se sostiene por ese apuntalamiento. EL descubrimiento de la institución no es solamente el de una herida narcisista, es también el descubrimiento de los beneficios narcisistas que sabemos extraer de las instituciones, a un costo variable (formaciones intermediarias). El tercer conjunto concierne a “la institución como sistema de vinculación en el cual el sujeto es parte interviniente y parte constituyente (doble posición)”. Kaës está planteando que las instituciones nos ponen frente a una cuarta herida narcisista , por lo que para pensar la institución es necesario que abandonemos la ilusión monocentrista, de que una parte de uno mismo, que afecta nuestra identidad y que compone nuestro Icc, no nos pertenece en propiedad, sino a las instituciones en que nos apuntalamos, y que nos sostenemos por ese apuntalamiento. Pero, el mismo autor nos advierte que el descubrir la institución no es solo tener en cuenta la herida narcisista, sino también el saber revelar los beneficios narcisistas que podremos extraer de ella, a un costo variable. La vida psíquica Icc no está centrada sólo en un Icc personal, individual; un aparato psíquico que está estructurado como grupo. El Icc es grupal: estructurado e relaciones y vínculos con otros incluso antes de nacer). Beneficios narcisistas: obtener placer de nuevos espacios de vinculación, en la creación de lo nuevo.