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Mariela Pérez Lalli El presente capítulo tiene por objeto reflexionar sobre el estatus epistemo- metodológico de las técnicas proyectivas y de su producto: las conclusiones diagnósticas. Consideramos a estos instrumentos, herramientas privilegiadas al interior de un real proceso de investigación, que nos otorga la posibilidad de conocer y comprender a un sujeto en su singularidad (Pérez Lalli & Pozzi, 2011), siendo la personalidad el constructo teórico que nos permite sistematizar ese conocimiento. Abordajes epistemo-metodológicos en Psicología Proyectiva argentina En un recorrido inicial sobre las expresiones de los referentes nacionales en la disciplina, es posible ver diferentes modos de introducir la pregunta por el estatus científico y validez de los instrumentos proyectivos. Sin embargo es difusa la cuestión, ya que los autores van oscilando entre respuestas que afirman el protagonismo del testista y su capacidad interpretativa, hasta atravesar por la convicción de que solo alcanzarán su cualidad de cientificidad si son sometidos a pautas de mediciones matemáticas y estandarizadas, garantizando, así, la objetividad de los resultados. Estas dos miradas alternan en los posicionamientos, pero no terminan de explicitarse en los pioneros representantes de la literatura pro- yectivista en nuestro país. Avanzado en el tiempo, es posible encontrar posiciones complejas, adhesiones más nítidas a los diferentes enfoques, y nuevas perspectivas como, por ejemplo, las que establecen el foco, ya no en los instrumentos, sino en el proceso de investigación-evaluación al que sirven. Los Pioneros Desde finales de la década del 30 hasta la apertura de las primeras carreras de psicología, es posible observar publicaciones en revistas científicas y capítulos de libros referentes específicamente al Test de Rorschach (Gothelf, 1969; Rossi, 2007). A su vez, en 1946 se publica el texto Los Test: Manual de Técnicas de Exploración Psicológica con autoría de Béla Székely, en donde se destina un tomo a las Técnicas Proyectivas, contando con colaboradores como Ricardo Moreno, Pedro DAlfonso y Nuria Cortada de Cohan, en donde se introducen exposiciones referentes a otros test proyectivos como elTAT (Test de Apercepción Temática), técnicas gráficas, además del Rorschach. También puede apreciarse, en esa época, traducciones e importaciones de libros como Las técnicas proyectivas de Bell (1948) y El Rorschach desde el punto de vista Psi- coanalítico de Baer Bahía, en 1949. Por su parte, es destacable la fundación de ciertas asociaciones científicas dedicadas al estudio del Test de Rorschach, cercanas a la apertura de la carrera, como la Asociación Médica de Rorschach, en 1952, y la Asociación de Rorschach de Rosario a
mediados de los 50. Iniciando la segunda mitad del siglo es posible vislumbrar la Perspectiva psicodiagnóstica, vinculada íntimamente a las Técnicas Proyectivas, en contenidos de espacios de formación que han sido precursores académicos de la carrera de Psicología en Tucumán, Rosario y San Luis (Rossi, 2005, p. 102). Referente a la cuestión epistemo- metodológica en estos inicios, se pueden apreciar, en las distintas ediciones del libro Los Test, de Béla Székely, ya mencionado, afirmaciones brindadas por los autores, sobre los requisitos para que el examinador pueda interpretar adecuadamente los resultados. En esa línea se enfatizan atributos como el de la “intuición clínica” (Béla Székely, p. 1627), la “experiencia clínica” (Nuria Cortada de Kohan, p. 1339) o “una preparación humanística, científica y psicológica básica suficiente”. (D’Alfonso, p. 1490). Por su parte, Mira y López (citado en Béla Székely), al hablar de su PMK (Psicodiagnóstico Miokiné- tico) indica “...la prueba también aporta datos cualitativos, para los que no existe, por ahora, técnica de medición directa y han de ser apreciados globalmente, en función de la experiencia personal” (p. 1428). Moreno a su vez acepta una mirada superficial dada por una “primera impresión general” al referirse al análisis de TAT aunque luego dictamina “lo más valioso surge ante un estudio normatizado del análisis” (p. 1312). Cortada de Kohan, al referirse al Test de Rotter, valoriza las propiedades psicométricas y la interpretación derivada en función de normatiza- ción. Asimismo indica: “A pesar de que el Test de Rotter puede clasificarse objetivamente por un sistema de puntaje [...] la interpretación requiere alguna experiencia en psicología clínica” (p. 1339). A pesar de la relevancia de estos aportes al realizar una mirada retrospectiva al momento de pensar cómo estos aportes evolucionaron en la literatura específica, los enunciados señalados no dejan de ser simples comentarios de los autores en el devenir discursivo de su exposición. Las reflexiones epistemo-metodológicas explícitas Ya en el marco de las Técnicas Proyectivas como contenidos específicos de asignaturas de la carrera de Psicología, es posible encontrar la primera referencia nacional a la reflexión epistemo-metodo- lógica en esta temática. En un texto llamado “Dos Psicologías” (1964), Bernstein marca posición frente al cuestionamiento de la cientificidad de las Técnicas Proyectivas “...una metodología rigurosa pero poco fecunda es una amenaza contra la creatividad psicológica” (p. 59). Más adelante afirma: “este espíritu de los test psicométri- cos se ha constituido para muchos, a su vez, en un modelo para el test proyectivo [...] Ahora, de los diversos atributos de los test psicométricos, este tipo de objetividad es, precisamente, el que menos puede exigirse a estos instrumentos. Los test pro- yectivos requieren interpretación y su eficacia depende, en grado decisivo, de la competencia del intérprete” (p. 70-71). Insiste en que “el test proyectivo requiere su propia metodología para adecuarse a su objeto” (Bersntein, 1964, publicado en la Revista deADEIP, 1993). Frank de Verthelyi reconoce a Siquier de Ocampo y a García Arzeno como dos ineludibles referentes en la disciplina, quienes realizaron “...un pasaje de la preocupación por las técnicas en tanto instrumentos, hacia el diagnóstico como proceso” (1989, p. 5). Es destaca- ble el papel que le brindan las autoras al encuadre en tanto aspecto esencial que se establece como fondo sobre el cual emerge la dinámica procesual, enfatizando también la importancia del vínculo que tiene lugar en el encuentro con el paciente (aún denominado así por la vertiente clínica en que se enmarcaban estos desarrollos). Esta perspectiva
utilizados como recursos proyectivos. Lo dicho anteriormente es la base de la creación de las técnicas y los test proyectivos. Con la finalidad de que los datos que nos brinda la conducta de un sujeto no sean recolectados en forma azarosa o casual, sino de manera sistemática e intencional, dentro de un marco que nos permita un mejor control de las variables para lograr un mejor y mayor acercamiento al conocimiento científico, es que justamente fueron creadas las Técnicas y Tests Proyectivos” (p. 14). A partir de los años 90, las Técnicas Proyectivas en las producciones cien- tífico- académicas empiezan a ser pensadas desde un lugar operativo privilegiado en la construcción de hipótesis diagnóstico- evaluativas. Se incorpora una revisión de los instrumentos y se trabaja en la adaptación y baremización para la contribución a las pautas interpretativas, las cuales son reconsideradas a la luz de los enfoques ecoculturales. Se acentúa la mirada epistemológica trabajada con limitaciones en los 80, debido a las situaciones políticas del país, y se estudia enfáticamente la dimensión histórica ideológica que atraviesa al psicólogo como al sujeto que intenta conocer y comprender. Los dilemas éticos no son reflexiones externas a la práctica, sino que son indisociables de las teorizaciones metodológicas. Precisando los acontecimientos relevantes en las teorizaciones relativos a la perspectiva epistemo-metodológicas sobre las técnicas Proyectivas en Argentina, no podemos dejar de nombrar el trabajo de Liliana Schwartz de Scafati (1988). Desde su tesis doctoral sistematiza aspectos ontológicos, epistemológicos y metodológicos en el abordaje de las Técnicas Proyectivas Verbales, aunque, como la misma autora lo indica, los mismos trascienden este tipo particular de instrumentos realizando contribuciones de magnitud a “la interpretación de lo verbal” (p. 11). Con precisión ha establecido supuestos, hipótesis y procedimientos para acceder al discurso de quien brinda su decir en “situación psicodiag- nóstica” (p. 9). Allí mismo problematiza la distinción entre contexto de descubrimiento y justificación (p. 64), además de posicionarse en una visión crítica ante la “epistemología oficial” (p. 11). Si bien está especialmente enfocada en el Test de Apercepción Temática de Murray, esclarece el proceso de elaboración de interpretaciones discursivas, desde una lectura que toma sus fundamentos de la hermenéutica estructuralista, la lingüística sassureana y sus tesis derivadas en antropología filosófica. Continuando en la línea temporal, es determinante la publicación de Lectura del Psicodiagnóstico (Lunazzi, 1992). Con un enfoque klimovskiano, la autora se adentra en definir al psicodiagnóstico como un “proceso de investigación”, que debe ejecutarse con los parámetros del método hipotético-deductivo, a los fines de asegurar “la rigurosidad de un trabajo científico” (p. 37). Enfatiza: “de lo que necesitamos ocuparnos es de cómo construir juicios clínicos confiables en el arte científico del psicodiagnóstico” y a continuación plantea los requerimientos para cumplir este desiderato (1992, p. 39). Retoma la noción trabajada por Leibovich de Duarte (1980) reforzando el estatus conceptual del ejercicio cognitivo- inferencial del evaluador. En el año 1997, estableciendo un hito desde esta perspectiva, Celener publica su texto “Las Técnicas Proyectivas. Su estatus epistemológico actual”. Allí introduce nociones de gran impacto en la disciplina. Realiza una tipificación de las Técnicas Proyectivas, según sea el estímulo en el que se basan y la respuesta que promueven, y enumera las hipótesis interpretativas que se realizan cuando se utilizan estos instrumentos (p. 119 - 147). También sistematiza las “hipótesis que subyacen al uso de los Método Proyectivos” (p. 111), en tanto presupuestos
teórico-epistemológicos que las fundamentan, a partir de las teorizaciones de Freud, Rappaport y Bellak: determinismo psíquico, proyección y apercepción son los nombres de estas tres concepciones de base, y corresponden respectivamente a los autores ya mencionados. Por su parte distingue los niveles de inferencia llamados observacional, de interpretación de la empiria y especulativo, enfatizando que el simple recorte descriptivo de observables “lleva implícita una interpretación” (149). A su vez, acentúa la importancia de las “recurrencias y convergencias” de los datos para garantizar la confiabilidad de las técnicas, y valoriza la administración, conforme a la estandarización, lo cual permite “descubrir lo ideográfico y, también, efectuar comparaciones intersujeto” (p. 153). En 1997 Teresa Veccia publicad/ método psicodiagnóstico y el ejercicio profesional del psicólogo. Rescátala importancia de "... formular juicios clínicos sólidos, válidos y bien fundamentados, basados en evidencia suficiente” (p. 32). Expresa su desaprobación al hecho de que “se pretende dignificar la totalidad de los instrumentos psicológicos con la varita mágica de la estadística...” (p. 36). A su vez la misma autora en otra de sus publicaciones desarrolla aportes invaluables al momento de pensar la validez y confiabilidad de la entrevista semidirigida, en tanto técnica privilegiada y fundamental en el proceso psicodiagnóstico (2002). Etel Kacero ha trabajado abordando el psicodiagnóstico desde el paradigma de la complejidad. Se manifiesta en contra de la categorización y la implícita concepción de un sujeto normativo. Trabaja las diferentes técnicas, transgrediendo los parámetros clásicos de interpretación, utilizándolos como una instancia más dentro de un abordaje que indague desde diferentes perspectivas la producción del sujeto. Desarrolla una modalidad de análisis basada en ejes, para construir hipótesis a partir de una aproximación cualitativa y semiótica del material, lo cual culmina en la publicación de dos libros en los cuales aplica este desarrollo al Test Guestáltico Visomotor de Bender, desde una mirada proyectiva (2005) y al Test de Rorschach (2009). Hacia una nueva propuesta A continuación, intentaremos presentar algunas conceptualizaciones realizadas con el equipo de cátedra de la asignatura Instrumentos de Exploración Psicológica II, en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Dirigidos por la profesora Raquel Pozzi, hemos estado repensando nociones tradicionales relativas a los instrumentos proyectivos, demandada por cuestionamientos inherentes a la práctica de la enseñanza de estas herramientas diagnósticas. Se trata de poder compartir algunas líneas para pensar la cuestión. Queremos enfatizar que estamos hablando de estudios en desarrollo, en apertura constante, que pretenden integrar y articular posicionamientos. El esfuerzo de sistematización que realizaremos a continuación tiene fines comunicativos, pero de ninguna manera pretende concluir ni cerrar teorizaciones; al contrario, el ejercicio es problematizar. Consideramos que el mayor atributo de esta propuesta es su propósito de nombrar aquello que, si bien difuso y de distintas manera, insiste en los abordajes que se han realizado en la temática. Pretender ser un enfoque descriptivo- reflexivo, no prescriptivo; no decir cómo se debe realizar sino tratar de mostrar cómo se realiza. Existe un saber eficaz en la comunidad de psicólogos; décadas de trabajo con técnicas proyectivas lo demuestran, tanto así como su vigencia en nuestra disciplina y profesión. Trataremos de reflejar procesos y procedimientos, usando como recursos conceptuales los aportes de la lógica y la epistemología dialéctica, tal como el doctor Samaja nos supo enseñar.
de un real proceso de investigación. La autora brinda protagonismo al método hipotético-deductivo a través del cual “quedan refutadas o confirmadas total o parcialmente las hipótesis formuladas [...] una determinada expresión [...] ‘oscura’, [...] se verá así ‘develada’ o explicada a través de ciertas afirmaciones que a su vez implican estrategias y predicciones operacionales” (p. 37-38). El planteo se basa en mostrar que las conclusiones diagnósticas derivadas del proceso han sido hipótesis que se han sostenido frente a los intentos de refutación, contrastando con la evidencia empírica sus afirmaciones. El mecanismo de esta lógica implica la derivación de consecuencias observacionales, predicciones esperables (en función de cierta teoría manejada por el psicodiagnosticador), que serán buscadas en la producción del sujeto para poner a prueba un enunciado establecido por el psicólogo. Esquemáticamente: Teoría + Hipótesis Consecuencia observacional Ilustrando la estructura:
- AFIRMACIÓN TEÓRICA “En la fobia las tendencias hostiles se desplazan a objetos externos proyectando en ellos cualidades siniestras” - HIPÓTESIS | “Juan es fóbico” - CONSECUENCIA OBSERVACIONAL (Si ambas premisas son verdaderas) debo encontrar contenidos siniestros en 1 aproducción del sujeto Teniendo una hipótesis ya elaborada, la teoría me dice qué observables debo esperar encontrarme para ratificar la misma. Esta lógica garantiza la fortaleza de las hipótesis, abona su validez y contribuye a la rigurosidad de este tan particular proceso de investigación. Sin embargo, concibiéndolo con carácter de exclusividad, la inferencia deductiva es insuficiente para pensar los procedimientos cognitivo-inferenciales que tienen lugar al momento del análisis e interpretación de los resultados del psi- codiagnóstico mediatizado por técnicas proyectivas. En primer lugar, plantear predicciones empíricas que corroboren o falseen las hipótesis nos enfrenta con el primer gran inconveniente, cuando los observables no pueden ser decisivos. Las reglas teóricas de nuestra disciplina son multivariadas, complejas y, fundamentalmente, admiten la contradicción propia del conflicto. De este modo:
Si observamos nuevamente la estructura formal de la deducción, veremos que la hipótesis es premisa dentro de la inferencia. En tanto tal, es un apriori del proceso de justificación. La pregunta necesaria es cómo obtiene el psicólogo las afirmaciones que deberá someter al escrutinio de la evidencia. Así, una de las tesis centrales que defenderemos es: no cualquier afirmación es una hipótesis. Dicho de otro modo, la operatoria de la generación de conjeturas no refiere a una enunciación al azar primero, para luego valorar su consistencia. Tampoco se producen hipótesis por ensayo y error. Existe un complejo proceso cognitivo-inferencial que tiene lugar para llegar a enunciar una hipótesis. Se trata de una lógica propia de este proceso constructivo de conocimientos, inherente a la instancia de descubrimiento, que complementa, articula y da sentido a la mecánica deductiva-argumentativa: la abducción. Formalmente: Esta operatoria refleja en su lógica lo expresado en la posición epistemológica: es la interacción dialéctica entre lo teórico y lo empírico lo que permite la construcción cognoscitiva. El salto a lo novedoso, a aquello que en sí mismo no está contenido en ninguna premisa como tal, pero que se origina de la interacción entre ellas, implica un sacrificio: la conclusión no es necesaria sino probable (Samaja, 2004, p. 18). Esto no implica que el grado de verdad de la hipótesis sea indeterminado, sino que es, probablemente, verdadera. Para potenciarse a sí misma, la hipótesis requiere no solo atravesar y resistir mecanismos de contrastación que demuestren su validez, sino de operaciones de articulación con otras hipótesis a través de las cuales profundiza su sentido, enriquece y se resignifica a sí misma y a otras hipótesis. Este tipo inferencial expresa una lógica organísmica (Samaja, 2004, p. 21). Se mueve de una parte a un todo. El conocimiento de partes complementarias que refieren a una totalidad aporta al propio proceso de construcción de hipótesis. No se trata de una inferencia aditiva, tampoco de “a mayor cantidad, mayor validez”, propia de lógicas conjuntistas como la inducción. Se trata de un trazado de relaciones de diferentes rasgos, cuya singular constelación resignifica, de manera única, a cada una de las hipótesis que han emergido de los diferentes observables (Pérez Lalli, 2010). Así el todo emergiendo por las partes que lo constituyen y regulándolas a su vez, a partir del sentido nuevo que puede conferirles. De un modo ilustrativo, es posible afirmar el particular modo en que las hipótesis derivadas de la presencia de M (movimiento humano) en un protocolo Rorschach quedan absolutamente resignificadas a la luz del nivel formal de las respuestas, la cantidad de las mismas, la relación cuantitativa con el resto de los determinantes, la cualidad de los movimientos que se han proyectado, la edad del consultante, etc., derivando hipótesis presuntivas diferentes, en función de los datos que acompañen la presencia de este indicador. Se ampliará este punto al desarrollar el concepto de Constelación de datos. El proceso psicodiagnóstico: un dispositivo para conocer Denominar el psicodiagnóstico como proceso de investigación ha sido la puerta de acceso a pensar y sistematizar los aspectos metodológicos de los cuales
Todo proceso de investigación ubica el estado de cosas inicial en un problema que debe ser resuelto. La pregunta de investigación emerge en un contexto determinado, atravesada por saberes previos. Contenida por estas condiciones de realización, se da lugar a ciertos procedimientos para construir nuevos saberes, así como para demostrar y justificar su vigencia, pertinencia y potencia pragmática de los anteriores. Los conocimientos que se establecen como resultado aspiran a ser válidos, eficaces y superadores de los previos. Al pensar específicamente en el proceso psico diagnóstico, fácilmente se evidencian los aspectos mencionados. De este modo, contamos con una demanda inicial del propio consultante o un tercero, que abre una problematiza- ción. El modo de resolver estas preguntas estará condicionado por diferentes variables que determinarán los modos de abordaje: los tiempos a disposición, las técnicas que se utilicen, los espacios físicos con los que se cuente, el destinatario final del informe, las propias experiencias y formación del profesional, teñirán toda acción del psicólogo e incidirán en la producción del sujeto. Los instrumentos de exploración permitirán al psicólogo hacer evidente, y de manera controlada, ciertos observables que requiere para responder a las
preguntas que dieron origen al proceso. Pero será el propio psicodiagnosticador quien deberá captar, articular y leer los datos para poder decir acerca del sujeto. Como bien explicaba Smith (1999), “los tests psicológicos no piensan”. “Los instrumentos psicométricos y proyectivos están preparados para detectar aspectos de la dinámica y estructura de la personalidad. Sin embargo no muestran inmediatamente las características del sujeto. Las conclusiones diagnósticas no son afirmaciones irrefutables que hayan sido reveladas a través del proceso de exploración y evaluación psicológica. Son elaboraciones del profesional que han sido construidas con el uso de técnicas y por medio de un complejo proceso inferencia! que ha tenido en cuenta constelaciones de observables iluminados con la teoría y la experiencia de quien los piensa” (Pérez Lalli, 2008). La rigurosidad del proceso psicodiagnótico Si las técnicas son instrumentos que tienen por objetivo evidenciar en la conducta características de la personalidad, pero nada nos dicen, en sí mismas, el lugar del psicólogo al momento de pensar la validez de las hipótesis es fundamental. Lo anterior implica que la mejor técnica, reconocida, validada y con mostrada eficacia es muda sin quien la imple- mente y piense sus resultados. Esto hace necesario ciertas disquisiciones, y he aquí una tesis que atravesará todo lo que se indique a continuación. Los instrumentos proyectivos son herramientas para construir datos y contrastar hipótesis, pero sus resultados no son equivalentes a las conclusiones diagnósticas.
Existe un complejo proceso cognitivo y metodológico entre unos y otros. Al respecto se ha desarrollado el concepto de Juicio clínico (de Duarte, 1980). Ha sido trascendental su teorización, ya que explícita un proceso de transformación de los datos para arribar a conclusiones válidas. De este modo, se declara la existencia de diversas operaciones (técnicas e inferenciales) realizadas por el psicólogo sobre aquello que han podido evidenciar los instrumentos. Sin embargo, acorde con las bases epistemológicas presentadas anteriormente, podría indicarse que este proceso tiene lugar no solo al momento de corroborar hipótesis, sino al momento mismo de su construcción (Pozzi y cois., 2007a, 2007b; Pérez Lalli, 2008, 2009). Se retomarán más adelante las implicancias de esta tesis. Sin embargo es necesario resaltar que el psicólogo no solo controla la rigurosidad de sus conclusiones al momento de efectuar el análisis de los datos, sino también en la misma instancia de administración. La rigurosidad científica del proceso psicodiagnóstico debe tener miramientos por regulaciones que hacen a la administración técnica cuanto a la interpretación de los resultados. Así, los observables requieren un exhaustivo trabajo interpretativo. Sin embargo, esa materia prima para la interpretación debe atravesar un filtro de calidad a partir de la evaluación de los procedimientos de los cuales proviene. La noción de control de variables y el concepto ampliado de encuadre En la bibliografía tradicional, el encuadre ha sido vinculado a aquel marco fijo que contenía la variabilidad del proceso. La noción refiere al mantenimiento como constante de ciertas variables que participan del psicodiagnóstico. “El encuadre funciona como una especie de estandarización de la situación estímulo que
Ejemplificando: una variable como integración afectiva puede ser evaluada tomando como unidad de análisis una respuesta Rorschach de un sujeto y considerando la adjudicación de la cualidad de textura y/o superficie fundamentada en el claroscuro del estímulo un observable relevante para ello, porque existe una regla teórica que vincula tal indicador con la variable psicológica en cuestión (ver Tabla 1). El proceso de construcción de hipótesis. Desde los observables a las conclusiones diagnósticas El psicodiagnosticador contará con un enorme caudal de información proveniente de los resultados del análisis de las diferentes técnicas. Sin embargo, solo algunos observables serán recortados como significativos y utilizados a los fines interpretativos. A continuación, se explicitará alguno de los mecanismos por medio de los cuales se realiza este recorte. Argumentamos previamente que la hipótesis es producto de una articulación dialéctica entre la teoría y la empiria. Se pretende mostrar modos específicos, en los que esta dinámica cognoscitiva tiene su lugar. o menor nivel de abstracción, mayor o menor sustento empírico, mayor o menor eficacia pronostica, pero su cualidad de provisionalidad persistirá. ¿Qué es una hipótesis? Cuando se construye una hipótesis se afirma una vinculación entre un observable (empiria) y una variable (constructo teórico), como ya indicamos previamente. Tal observable no es azaroso, sino aquel que remite a un inobservable psíquico y en tanto tal asume el estatus de indicador. Por su parte, el constructo teórico tampoco es cualquiera: se hace relevante y es convocado al pensamiento del psicólogo, porque el componente empírico lo reclama. He aquí la dialéctica epistemológica emergiendo en lo metodológico. Se evidencia la estructura lógica de la abducción como proceso inferencial que subyace a la construcción de hipótesis. Tabla 1. Ejemplo de la relación variable-indicador en Rorschach.
Entiéndase por observable en el campo de la investigación psicodiagnóstica toda manifestación del sujeto que, para su descripción, no requiere lenguaje técnico específico, es decir accesible a cualquier observador que tenga conocimiento de la lengua. Ejemplo: a Juanle sudanlas manos. Ana ha acelerado su ritmo en el habla. Pedro llora cuando habla de su madre. En este punto el lector podría con toda razón argumentar que según las Leyes del Determinismo Psíquico y la Proyección toda manifestación del sujeto podría adquirir el estatuto de indicador, y estaría en lo correcto. Pero, para que así lo haga, el profesional debe poder explicitar a partir de qué procedimientos y en función de qué constructos teóricos, ese observable particular se vincula con una variable psíquica. En relación a este punto, ya se han trabajado algunas líneas metodológicas (Pozzi, Ambrosi & Pérez Lalli, 2009a, 2009b). Sintéticamente expresado, hemos propuesto seis condiciones por los cuales los observables sobresalen del fondo y permitiendo la construcción de un dato. Los observables puede tornarse significativos, e iniciar su camino a transformarse en indicadores de acuerdo a:
Así, el psicólogo que ha considerado significativo un observable comienza a acotar posibles significaciones de acuerdo a lo que la teoría de la técnica ofrece. Sin embargo, la encerrona se presenta cuando debe elegir entre alguna de ellas, y sabe que varias, todas o ninguna pueden estar vinculadas con este sujeto en particular. La insistencia de un observable tampoco puede brindarle guía. En el caso del ejemplo, que el emplazamiento superior sea constante en todas las producciones gráficas del consultante, solo permite el recorte del observable. Enfatiza una significación por insistencia en su propio despliegue, pero nada dice acerca del sentido particular que tal expresión asume en él. Y es aquí cuando se instala el camino inédito que cada profesional debe recorrer ante cada psicodiagnóstico. Así como para poder encontrar un sentido a una palabra, es necesario incluirla en una oración que nos permita leer la red de relaciones posibles y captar algo de su sentido específico, en este caso es necesario que ese indicador sea articulado con otros indicadores diferentes. La particular constelación que se configure generará un efecto de sentido que abrirá el camino a interpretaciones posibles. Construcción del sentido del indicador por lectura de la constelación
A partir de lo anterior, y de la articulación de indicadores, de entre todas las posibles hipótesis genérico-teóricas, una de ellas queda más iluminada (n° 3), se hace más probable. El psicólogo ya está en condiciones de construir una hipótesis presuntiva, novedosa y específica para ese sujeto. Siguiendo con el ejemplo, podría ser: “El sujeto presenta indicadores de invasión de la fantasía sobre su actividad ideacional y sus conductas". Continuando con el desarrollo de la noción de constelación de datos, se presenta una ilustración del modo en que la configuración de indicadores determina líneas hipotéticas diversas, tratándose incluso de iguales observables. Así, no se trata de unir un observable a un valor de variable, o dicho de manera más simple, de interpretar linealmente una conducta como si se tratase de un reflejo de lo psíquico inobservable. El trabajo interpretativo requiere un esfuerzo constructivo dado por la singularidad del consultante y por los objetivos del psico- diagnóstico que pretenden rescatar esa singularidad. La lectura de indicadores reclama que se le brinde su estatus significante a las expresiones del sujeto. Un significante requiere otro significante para la apertura al sentido. Un indicador requiere otro indicador para expresar aquello a lo que remite. De este modo, si las hipótesis presuntivas son producto de la constelación de Comparativa de la construcción de sentidos disímiles a partir de de observables similares por constelación.
Así, al interior de un proceso de diagnóstico psicológico, es posible rastrear líneas que persiguen un fin exploratorio, descriptivo, explicativo e interpretativo, funcionando al unísono pero susceptibles de identificarse. Estrategias cuasi- experimentales se entrelazan con instancias de observación densa, la escucha clínica se fortalece a partir de la manipulación de estímulos. La complejidad y pluralidad de maniobras, que cooperan en este encuentro único entre psicólogo y consultante, hacen de este proceso uno de los dispositivos más complejos y completos de la investigación psicológica. De la noción de tipos de estudio a posiciones metodológicas Estas diferentes formas de investigar y los distintos fines a los que sirven, aplicados a la especificidad de la investigación psicodiagnóstica, podrían iluminarse con la noción de posiciones metodológicas. Definiremos este concepto como una configuración particular de objetivos, actitud del psicólogo en relación a la empiria-teoría y cierto punto de evolución de las hipótesis. No refieren a una línea cronológica, más bien lógica, aunque pueda primar más una que la otra según se trate del inicio o el final del proceso. Se encuentran interrelacionadas en todo momento y alternan constantemente en la búsqueda de la comprensión de una subjetividad singular. a. Posición exploratoria-descriptiva: la generación de hipótesis El inicio de todo proceso de investigación está dado por un problema o preguntas. La demanda que se realiza al profesional psicólogo, sea de una institución educativa, otro profesional de la salud, un posible empleador del sujeto, un juez, etc., vehiculiza esta pregunta, la cual será la guía de esta investigación como ya señalamos previamente. Propias de todo estudio cualitativo son la importancia de la claridad y la adecuada formulación en estos interrogantes iniciales. Sin embargo, la respuesta debe construirse. Ya manifestamos el papel de la abducción en la generación de hipótesis. La conjetura, en tanto respuesta acerca del funcionamiento psíquico del consultante, debe ser elaborada a lo largo del proceso. Descartada queda la idea de que las conclusiones diagnósticas son enunciados que el psicodiagnosticador afirma al azar, y luego intentará corroborar o refutar. No cualquier afirmación sobre el psiquismo del sujeto es una hipótesis en psicodiagnóstico. Incluso en los niveles iniciales del proceso inferencial, las conjeturas deben cumplir ciertos requisitos: siempre podrán, por definición, ser refutadas con el correr del proceso, pero también deber ser válidas y verosímiles (Kacero, 2003). Posición metodológica
Es importante señalar algunas características de este proceso inicial. “Frecuentemente el psicodiagnosticador se anoticia de haber tenido una hipótesis, recién a posteriori de una intervención (efectúa una pregunta que lo sorprende a él mismo pero luego corrobora que fue esencial en la indagación). Esto indica que ya había elaborado una conjetura, de la cual no fue consciente. Por su parte, se van produciendo movimientos de autoajuste. En principio, en el primer acercamiento al sujeto, proliferan las hipótesis presuntivas. Con el transcurrir del proceso, al estar ya impregnada la mirada del psicodiagnosticador con el resto del material, la construcción de inferencias va a ser mucho más refinada. Se iluminan ciertos datos y se invisi- bilizan otros” (Pérez Lalli, 2009, p.4). Es así que el proceso inferencial comienza desde el mismo momento en que se produce el primer contacto con el consultante. En investigación social existe una gran controversia respecto a las investigaciones y sus diferencias de acuerdo al lugar que ocupan las hipótesis. Existen aquellos modelos metodológicos que indican que toda investigación científica debe partir de hipótesis. Es posible encontrar otros que consideran que siempre se parte de algún supuesto previo, pero prefieren reservar el nombre de hipótesis para las predicciones operacionales que pueden hacerse respecto a un fenómeno. Por su parte también se puede identificar a aquellos que dividen los estudios científicos distinguiendo los que tienen la hipótesis como principio de aquellos otros en los cuales la/s hipótesis es/son objetivo: exploratorios-descriptivos por una parte, descriptivos-correlaciona- les y explicativos por otra son las denominaciones más frecuentes para nombrarlos diferencialmente. No se profundizará en esta polémica, aunque es necesario explicitar la postura que se asume en este escrito, en relación al tema: se considera la hipótesis como un proceso inherente a toda investigación. En tanto tal, siempre se encuentra en movimiento. Es un fenómeno dinámico. No es posible concebir un proceso de construcción de conocimiento que no se asiente en alguna hipótesis, aunque esta nunca es una afirmación definitiva. Es por esto que se torna enriquecedor distinguir puntos de evolución de las hipótesis más que señalar dicotómicamente su presencia o ausencia. Retomando así la noción de posición metodológica, la primera de ellas puede caracterizarse: