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Asignatura: Derecho procesal penal, Profesor: Julio Banacloche Palao, Carrera: Derecho + Administración y Dirección de Empresas, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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ÍNDICE
Introducción……………………………………………………………………………………… ……………………págs.1-
El juicio……………………………………………………………………………………………… ……………….......págs.6-
Aspectos procesales………………………………………………………………………………………… ………pags.13 -
Valoración………………………………………………………………………………………… ………................pág.
Bibliografía……………………………………………………………………………………… ……………………….pág.
Desde muy pronto, la Orden consiguió un gran poder. A partir de mediados del siglo XII no sólo escoltaba a los peregrinos, sino que se transformó en una de las principales fuerzas militares permanentes en Jerusalén. Fuera de Tierra Santa, los templarios sólo desarrollaron una actividad militar relevante en la Península Ibérica. La existencia también aquí de una frontera directa con el Islam provocó que la Orden también hiciera un esfuerzo bélico considerable, especialmente en los casos de Portugal y Aragón.
Los templarios procedían de casi todos los países de Europa. No obstante, la mayoría, procedían de Francia. En especial los altos cargos solían estar ocupados por franceses.
A la cabeza de la Orden se encontraba un maestre, que era electivo y cuyo mandato duraba hasta su muerte. Territorialmente, los templarios se estructuraban en una serie de grandes demarcaciones o provincias, cada una de las cuales era administrada por un maestre provincial. Inmediatamente por debajo se encontraba una extensa red de encomiendas o unidades administrativas de base, a cuyo frente se encontraba un oficial llamado comendador. En cada encomienda solía haber casi siempre un pequeño convento de miembros de la Orden, dirigido por el comendador. Existía también un convento central o cuartel general del Temple, donde residía el maestre. Inicialmente se encontraba ubicado en Jerusalén. Sin embargo, tras la caída de la ciudad en manos musulmanas en 1187, el convento central del Temple fue trasladado a fines del siglo XII a Acre, en donde permanecerá hasta 1291.
El éxito de los templarios durante los siglos XII y XIII tuvo mucho que ver con que conectaron muy bien con los ideales e intereses de la sociedad de la época. Las órdenes militares en general y la orden del Temple en particular personificaban a ojos de los europeos un fenómeno muy popular en el periodo como eran las cruzadas. De ahí que miembros de todas las capas sociales realizaran numerosas donaciones a los templarios como una práctica piadosa y como una forma de manifestar su apoyo a las cruzadas en Oriente. Para la aristocracia europea, en particular, la Orden del Temple era muy importante ya que se adaptaba perfectamente a sus necesidades espirituales. El Temple significaba para el noble occidental la posibilidad de entrar en una orden religiosa, llevar una vida considerada piadosa y obtener la salvación de su alma sin dejar de desarrollar la actividad que le era más propia, la guerrera. La limitación era que sólo se podía efectuar contra infieles en defensa de Tierra Santa en Oriente.
Gracias a las donaciones, los templarios enseguida lograron reunir un importante patrimonio en casi todos los países de Europa Occidental. Estas propiedades fueron estructuradas y agrupadas paulatinamente en encomiendas y provincias dentro de la organización de la Orden. Según era habitual en la época, el patrimonio templario estaba constituido básicamente como un conjunto de señoríos. Como el principal teatro de operaciones del Temple fue siempre el Mediterráneo Oriental, las dependencias de la Orden en Occidente servían primordialmente como fuente de recursos materiales y humanos para sostener sus operaciones bélicas en Tierra Santa. Todos los años, las encomiendas europeas tenían que mandar parte de sus rentas a Tierra Santa, las llamadas «responsiones». Además, continuamente se enviaban nuevos caballeros de la
Orden reclutados en Occidente a Oriente que remplazaban las pérdidas sufridas en combate. Todo esto se hacía de forma estable, sin necesidad de esperar a la organización de ninguna cruzada. De ahí la enorme importancia que tenía el papel de la Orden para el sostenimiento de los estados cruzados, que además se fue haciendo más y más relevante a medida que transcurría el tiempo a lo largo del siglo XIII.
El hecho de que los templarios tuvieran que transferir grandes cantidades de dinero desde sus posesiones en Occidente hasta Tierra Santa hizo que se convirtieran en expertos financieros. Poco a poco, empezaron a desarrollar actividades bancarias: admitieron depósitos, efectuaron préstamos y realizaron transferencias de capital. Entre sus principales clientes se encontraban las propias monarquías europeas, como la francesa, la inglesa o la aragonesa. De hecho, miembros de la Orden llegaron a prestar servicios y ocupar cargos relacionados con la administración de las finanzas de diversos reyes occidentales.
Los templarios también eran conocidos por ser guardianes de las santas reliquias. Las reliquias que comercializaban eran símbolos de la edad media, más apropiadas para exhibir que el dinero o las joyas. Las que más interés despertaban eran las pertenecientes a la historia de Jesucristo, que estaban muy solicitadas por todos los nobles. Por ejemplo un fragmento de la Veracruz, perteneciente a un fragmento de la cruz donde se creía que habían crucificado a Jesús y la corona de espinas, fueron adquiridas por Luis IX Rey de Francia. Estas reliquias otorgaban prestigio y poder y en definitiva, esto llevo a los templarios a que entre los siglos XII y XIII se conformaran como una orden religiosa muy prestigiosa e influyente. Su poder era bastante considerable.
El fin de esta época de esplendor para la Orden del Temple, comenzará con la figura del Rey Felipe IV el Hermoso (1285-1314).
El poder militar de una Orden, causaba miedo en la Monarquías, que a su vez la necesitaban y usaban para financiarse.
En 1274, en el Concilio de Lyon, Felipe el Hermoso, retoma el proyecto de fusión de los Templarios y Hospitalarios en una sola Orden, denominada Los Caballeros de Jerusalén, que estaría bajo la dependencia de la Corona francesa. Se oponen ambas Órdenes y el Papa Nicolás IV. La falta de apoyo de los Papas Nicolás IV y Bonifacio VIII, a Felipe el Hermoso, contuvo los ataques a la Orden. Además, los problemas económicos en los que estaba inmersa la Corona, le llevaron a reponer determinados privilegios, para obtener en 1297 un préstamo de 5.200 libras de la Orden del Temple.
El canciller Guillermo de Nogaret, se establece como verdadero enemigo de la Orden y redacta unas memorias, en las que inculpa a la Orden del Temple como los verdaderos responsables de la perdida de los Santos lugares y propone una Nueva Cruzada, que sería financiada, confiscando las propiedades de la Orden del Temple.
orden de arresto por toda Francia en la que se les acusaba de corrupción financiera, sodomía, adorar gatos e incluso de idolatría, pero a todas ellas se sumaba la más grave de todas: herejía. A demás de la orden de detención, se ordenó que se confiscaran todos los bienes de la Orden y se hiciera inventario de ellos.
El rey de Francia contaba con la aprobación del inquisidor general de Francia, Guillermo de París, ya que en principio era la inquisición la que tenía jurisdicción sobre el delito de herejía. Sin embargo, en este caso no tenían dicha jurisdicción ni el rey para ordenar estas detenciones, ni la inquisición para hacerse cargo del proceso porque era una orden religiosa que dependía directamente del Papa.
Esto no le importo a Felipe el hermoso, el cual utilizó a la inquisición para que llevase a cabo los interrogatorios, y por tanto, como era habitual en la época, la tortura.
Los interrogatorios se llevaron a cabo a con el uso de la tortura o mediante la amenaza de la utilización de ésta. Como resultado obtuvieron muchísimas confesiones. Los templarios admitieron en Francia haber cometido prácticamente todos los delitos de los que se les acusaba. No estaban entrenados para resistir los efectos de un encierro prolongado y de la intimidación continuada con el uso de la tortura.De ahí la relativa facilidad con la que se obtuvieron las confesiones en los interrogatorios. Éstos fueron efectuados por oficiales reales bajo la supervisión teórica del inquisidor de Francia, Guillermo de París. Ciento cuarenta templarios confesaron en la capital francesa entre octubre y noviembre de 1307. Especialmente relevante fue la obtención de la confesión del mismo maestre del Temple, Jacques de Molay, y de otros altos cargos de la Orden.
Aquí es cuando el papa Clemente V decidió intervenir. Presentó una protesta diplomática frente a Felipe IV por violación de jurisdicción eclesiástica, que no prosperó. A finales de noviembre de 1307 ordenó la detención de los templarios en todos los países de Europa y el secuestro de los bienes por las monarquías correspondientes. En Diciembre, Jacques de Molay declaró a dos cardenales enviados por el papa que se declaraba inocente de los cargos que previamente había confesado, es por eso, que Clemente V suspendió el proceso inquisitorial en Francia en febrero de
La monarquía francesa no iba a dejar las cosas de esta manera, acudió a la autoridad moral e intelectual de la Universidad de París, y aunque obtuvo apoyos, estos fueron menos de los esperados. Por ello, se dedicó a difundir una serie de ensayos y panfletos en los que se acusaba a Clemente V de permitir los crímenes realizados por los templarios.
Finalmente, se convocó una nueva reunión de los Estados Generales en Tours, muy cerca de Poitiers, donde se encontraba el Papa, para manifestar el apoyo del pueblo de Francia a su monarca en todo aquel asunto. Logró que se confirmaran delante del papa las confesiones de setenta y dos presuntos templarios acusados, quienes habían sido expresamente elegidos y entrenados de antemano. En vista de esta investigación realizada en Poitiers, el papa, finalmente se mostró abrió una nueva comisión, cuyo proceso él mismo dirigió. Reservó la causa de la Orden a la comisión papal, dejando el
juicio de los individuos en manos de las comisiones diocesanas, a las que devolvió sus poderes. Y en un segundo nivel, la Orden en su conjunto sería examinada por una comisión pontificia en París. Las conclusiones de su investigación serían elevadas a un concilio ecuménico que Clemente V convocaría en Vienne en su momento donde se decidiría la suerte final de la Orden.
El proceso judicial se reanudó en verano de 1308. Los miembros de la Orden fueron citados e interrogados individualmente por los obispos de su diócesis de procedencia. En Francia, los templarios seguían arrestados en cárceles reales, por lo que el control de la monarquía se mantuvo muy fuerte en todo el proceso. El uso de la tortura o la amenaza de su utilización persistió como parte normal del procedimiento
La mayor parte de los templarios confesó sus presuntos crímenes, con escasas excepciones. De todas formas, en las zonas algo alejadas de París, la proporción de confesiones entre el conjunto de los interrogados ya no fue tan grande. Por lo que se refiere a los altos cargos del Temple, tiene una gran importancia el pergamino de Chinon, recientemente encontrado y que contiene la absolución por parte de Clemente V a Jacques de Molay y los demás jefes de la Orden después de que estos hicieran acto de penitencia y solicitaran el perdón de la iglesia. Tras esto, los miembros serian reintegrados en la comunión católica y readmitidos para recibir los sacramentos. Sin embargo, este documento se quedó en papel mojado.
En cuanto al proceso al conjunto de la Orden, los miembros de la comisión de investigación pontificia fueron escogidos entre eclesiásticos caracterizados como estrechos colaboradores del rey de Francia. A pesar de haber sido convocados todos los templarios detenidos, inicialmente muy pocos se presentaron. Entre ellos se encontraba el propio maestre de la Orden, Jacques de Molay, pero se limitó a manifestar su deseo de defender al Temple, al mismo tiempo que se quejaba de su falta de medios y de conocimientos. Finalmente, declaró que sólo hablaría delante del Papa.
No obstante, poco a poco fue creciendo el número de templarios que se atrevió a presentarse ante la comisión. Lo más interesante de todo es que se produjo incluso un conato de defensa organizada de la Orden en 1310. Varios cientos de templarios manifestaron su voluntad de defender al Temple de las acusaciones ante la comisión. Se retractaron de sus confesiones previas, protestando que habían sido obtenidas mediante la tortura. Acaudillados por un capellán templario, Pedro de Bolonia, que tenía cierta formación jurídica y que había sido procurador general de la Orden ante la sede pontificia, un grupo de los detenidos empezó a organizar la defensa del Temple y a presentar alegaciones contra el procedimiento.
Enseguida se produjo la reacción de la monarquía francesa. El arzobispo de Sens, que debía su cargo a Felipe IV convocó un concilio provincial para juzgar de forma individualizada a los templarios de su jurisdicción. París se encontraba situado dentro de la provincia eclesiástica de Sens y por eso fueron convocados varios de los templarios que declaraban ante la comisión pontificia. El arzobispo los acusó de reincidentes por haberse retractado de sus primeras confesiones. En consecuencia,
El proceso a los templarios en Inglaterra, Italia, Sacro Imperio, Chipre y la Península Ibérica, cuenta con diferencias, sobre todo en aquellos territorios en los que el rey de Francia no ejercía influencia.
En general, los reyes y príncipes Europeos se mostraron bastante incrédulos ante las acusaciones y la mayoría decidieron esperar hasta que el Papa interfiriera para empezar a tomar acciones en el asunto.
y se negaron a confesar. Ante la falta de resultados, los dos inquisidores encargados del juicio, los obispos de Famagusta y de Limassol, decidieron interrogar también a un gran número de testigos ajenos a la Orden.
-Corona de Aragón: El monarca aragonés era Jaime II, aunque al principio recibió las noticias de Francia con bastante sorpresa parece ser que cambió de opinión cuando recibió la noticia de las primeras confesiones obtenidas de los templarios franceses por los oficiales de Felipe IV. Por eso, a principios de diciembre de 1307 mandó a sus oficiales el arresto de los miembros de la Orden y la incautación de sus bienes en la Corona de Aragón. El monarca aragonés dispuso la detención por separado en el reino de Valencia, en el reino de Aragón y en Cataluña. Los mandatos de Jaime II fueron emitidos días antes de que el monarca aragonés recibiera la bula general del papa Clemente V , en la que el pontífice solicitaba a todos los reyes europeos que detuvieran a los templarios de sus respectivos reinos. Al igual que había hecho el monarca
Francés, el rey de Aragón alegó que tomaba la medida siguiendo las indicaciones del inquisidor de sus reinos. Los templarios aragoneses decidieron oponer resistencia armada a la orden de detención. Tras conocer el arresto de los miembros de la Orden en Francia, habían ido abasteciendo y fortificando sus castillos en Aragón en previsión de que les pudiera suceder lo mismo. Hubo varios intentos de negociación en los que los templarios aragoneses protestaron que eran leales al rey y que eran inocentes de todos los crímenes de los que se les acusaba. Declaraban que querían un juicio justo del Papa, pero que aquello no era posible entonces porque el pontífice estaba sometido al rey de Francia. Incluso comunicaban que estaban dispuestos a morir como mártires antes que entregarse. Al final el monarca aragonés ponía fin a las conversaciones, alegando que la orden de arresto venía del Papa y que él sólo podía ejecutarla. No podía dar ninguna garantía, sino sólo exigir la rendición incondicional. Los distintos castillos fueron cayendo y los templarios fueron encarcelados. Los primeros interrogatorios se realizaron sin tortura, pero ante las presiones del Papa, el rey Jaime II, ordenó usar tortura en los interrogatorios. .A pesar de ello, ninguno de ellos confesó y todos volvieron a negar de forma rotunda haber cometido ninguno de los cargos de los que se les acusaba.
El resultado final del proceso de los templarios en la Corona de Aragón fue el previsible. Siguiendo las instrucciones del Concilio de Vienne, a fines de 1312 se reunió un Concilio Provincial en Tarragona para juzgar de forma individualizada a los templarios aragoneses. En el curso de dicha asamblea, los prelados de la Corona de
Es un proceso que nos llama la atención por la cantidad de actuaciones contra los templarios que actualmente nos parecen impensables. Una justicia, un proceso, que no cumple prácticamente con ninguna de las garantías con las que nos encontramos actualmente en casi todos los países desarrollados del mundo. Se trata de aquellos aspectos que aunque muchos se realizaron conforme a la ley de la época, llaman la atención por como transcurrieron algunos aspectos procesales del proceso.
En primer lugar, destaca todo lo referente a cómo era la justicia en aquella época. Podemos ver como a diferencia de lo que ocurre en la actualidad, la justicia es de castigo, tiene una finalidad represora, castigar por lo que los “delincuentes” habían realizado. A demás, en este caso, llevándolo hasta sus últimas consecuencias, ya que según los delitos de los que se les acusaban, la condena prevista era la de pena de muerte. En relación al tipo de justicia hay que analizar el tipo de modelo procesal que se llevó a cabo, que por otro lado, era el típico de la época, el modelo inquisitivo o inquisitorial. Era el sistema que llevaba la inquisición y que en el desarrollo de este proceso se ve perfectamente reflejado. El proceso de Inquisición general se llevaba a cabo por el obispo, el inquisidor, o por ambos, y tenía carácter informativo y preparatorio. Tenía lugar cuando circulaban rumores de herejía, cuando el obispo visitaba su diócesis o cuando un nuevo inquisidor tomaba posesión del cargo. En este caso al principio comienza estando totalmente controlado por la Inquisición y aunque posteriormente es el Papa el que ordena a los obispos que deben encargarse del proceso, es prácticamente igual que un proceso inquisitorial normal. La tortura era una práctica normal dentro del interrogatorio.
Al interrogatorio asiste el inquisidor, el obispo (o un representante), los notarios o escribanos, ocasionalmente un médico, y por supuesto, el reo. Se le anima a confesar,
mostrándole el lugar donde se le va a torturar. Si aun así se negaba a confesar, se procede a torturarlo. Primero se anotaba la fecha, los asistentes y el nombre del interrogado. Luego, mediante reloj de arena (pues la tortura no podía extenderse más de media hora), y tras desnudarlo (las mujeres podían cubrirse con unos paños), se da comienzo al interrogatorio bajo tormento.
Tras media hora, si el reo no confesaba, y si el Inquisidor decidía continuar la sesión otro día, se escribía en el acta la expresión animo tamen y se devolvía al torturado a su celda, advirtiéndole de que en tiempo indeterminado se le volvería a llamar. Si el reo confesaba, debía confirmar la declaración libremente y con posterioridad, ya sin tormento. La particularidad de tal confirmación (en oposición al derecho penal común) es que al reo no se le leía su anterior declaración para que simplemente la ratificara, sino que debía hacerla de nuevo, de su propia voz, con objeto de que el inquisidor pudiera detectar contradicciones o descubrir razones para encausar a otros herejes, si bien podía leérsele en ocasiones el sumario, para refrescarle la memoria. Si se obtenía confesión o no, fue trasladado al Concilio de Vienne y a partir de ello (bajo mucha presión del Rey de Francia) el Papa Clemente V decidió disolver la Orden.
Podemos identificar el principio de oficialidad en el modelo del proceso. Ellos no tienen ningún poder para disponer del objeto del proceso, como expondré a continuación y he ido narrando a lo largo del discurso del proceso, ellos prácticamente no tienen ningún tipo de participación activa en el proceso. Se podría decir que se cumpliría el principio de audiencia, pero con algunos matices que lo alejan de lo que entendemos como tal actualmente. Los templarios fueron oídos. No cabe duda que el único foco de la “investigación” fue escuchar las declaraciones de los miembros del Orden del Temple, sin embargo, el uso de la tortura anularía por completo ese principio de ser oído para ser enjuiciado, porque con ella solo se obtiene aquello que quieren escuchar los acusadores.
Otro aspecto destacado, es como se puede observar el cambio de jurisdicción para llevar a cabo la investigación. El rey de Francia se encarga de que sea la inquisición quien en un principio les encarcela y toma declaración torturándoles, sin embargo, no era competencia de la Inquisición llevar a cabo el proceso en este caso. Los templarios eran una orden dependiente directamente del Papa, por lo que se podría decir que tienen la condición de aforados. El encargado de investigar y enjuiciar el proceso es el papa, usando a los obispos y arzobispos de cada localidad para encargarse de la investigación.
Juicio a los templarios- Malcom Barber
Templarios, la nueva caballería- Malcom Barber
Documental " el secreto juicio de los caballeros templarios “– National Geographic
http://es.wikipedia.org/wiki/Caballeros_templarios
http://www.ordendeltemple.com/Proceso/ProcesoOrdenTemple.htm
https://www.durangoudala.net/portalDurango/RecursosWeb/ DOCUMENTOS/1/5_1952_6.pdf
http://arquehistoria.com/historias-el-juicio-contra-los-templarios-el-vaticano-publica- documentos-secretos-
http://www.ikerjimenez.com/noticias/juiciocontratemplarios/
http://platea.pntic.mec.es/~rmartini/fin_de_los_templarios.htm
http://www.teinteresa.es/religion/Secretos-Vaticano-juicio-templarios- Francia_0_655136909.html