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Asignatura: Latín Medieval, Profesor: Emma Falque, Carrera: Filología clásica, Universidad: US
Tipo: Resúmenes
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latín vulgar, latín cristiano.
El latín medieval está relacionado con el latín vulgar. El latín medieval es la evolución de lo que se conoce como latín literario, y en la Edad Media algunos hablantes manejaban 2 lenguas: la lengua romance que hablaran y también el latín medieval que habían aprendido. Esta situación es lo que se llama diglosia: hablantes que manejan 2 lenguas.
El nivel del latín medieval depende de la formación que tenga el escritor que escribe latín; es una lengua que no se deteriora por el tiempo, ya que hay algunos autores que tienen mejor o peor formación, pero siguen escribiendo en latín.
latín. Aunque sí se pueden encontrar fenómenos y características más comunes.
Los romanistas e hispanistas dicen que hay un período de transición, en el que empiezan a surgir esas lenguas romances, sería entre el 600-800, hablándose antes el latín y después se separan las lenguas romances y el latín medieval.
En el caso de la Península Ibérica, hay una fecha, 711 (invasión musulmana), cuando el latinista Bastardas piensa que para el latín medieval en la Península Ibérica debía comenzar en este año. Aunque también habría una etapa de transición. En Sevilla, San Isidoro (636 +) sería un precursor del final del latín tardío y ppios. del latín medieval.
Bastardas: “Latín Medieval: latín escrito y en algunas ocasiones hablado desde el momento en que la lengua materna/usual/cotidiana ya no es latín sino una lengua distinta (romance o inglés)”.
Acentuación y pronunciación. Ortografía.
Caracterización lingüística
Hay muchos autores que han definido que es difícil caracterizar los rasgos morfológicos y fonéticos de la época medieval del latín, ya que hay muchos siglos del latín medieval y, además, se extiende a toda Europa. El latín medieval es conservador, es decir, a pesar de los siglos, no está tan apartado de la época clásica: vamos a encontrar las 5 declinaciones; 4 conjugaciones, aunque con cambios en algunas de ellas; los géneros suelen mantenerse, salvo el neutro.
Nosberg dice que, en vez de hablar de latín medieval, propone una división: se podría hablar del latín del final de época Imperial; el latín de la Galia; el latín de la Alta Edad Media en Italia, en el norte de África e Hispania; también el latín de las Islas británicas; y también la reforma carolingia y el latín del norte de los Alpes antes del año 1.000.
Fonética
El vocalismo del latín medieval hay que recordar características del latín vulgar. Hay que partir de la situación en latín clásico. Podemos ver que se producen dos pasos: primero es que las vocales largas en latín se pronunciaban de forma cerrada y la breve de forma abierta, habiendo un momento que convivirían. El paso siguiente lo que ocurre es que la cantidad se pierde, produciéndose una confluencias entre vocales: ej: į – ė > ė / 0 22 F- ų > 0 22 F, con ello hablaríamos de prerromance o protorromance, es decir, un estado
anterior a la fragmentación de las lenguas romances.
En este esquema vemos que tanto la į y ų se van a confundir con ė y 0 22 F, de manera que en la mayor parte de las lenguas romances evolucionan, ej: pĭram > pera (esp.)/ gŭlam
gola (ital.). La ĕ y ŏ se pronuncian de forma abierta, siendo la base de la diptongación
en español ej.: fĕrum > fiero (ital.) / nŏvum > nuevo (esp.). Estos cambios se dan ya en latín vulgar (ép. Imperial), encontrándolo también latín medieval.
Los diptongos clásicos son: ae, oe, au. En el caso de ae – oe, monoptongan en ē, con la diferencia de que el diptongo ae monoptonga en forma de ę (larga) y oe en forma de ė (larga). Por tanto en ép. medieval lo normal es que lo encontremos escritos así: ae > e / oe > e, ej.: quae > que, Fortunae > Fortune, no quiere decir que no encontremos el diptongo original. Al perderse la cantidad ae > ę / oe > ė ej.: caelum > cęlo > cielo / poenam > pęna. Pueden haber también hipercorrecciones como e > ae ej.: cotidie, ecclesia > cotidiae, aecclesia (Peregrinatio).
El diptongo au es el más resistente de los 3 diptongos latinos. En Pompeya se da la monoptongación de au > o ej.: caupo > copo, discutiéndose si es por un origen de causa dialectal. Se mantiene llegando incluso hasta las lenguas romances ej.: aurum > oro, or (esp., fr.) ; aur (rumano).
Fenómenos no exclusivos del latín medieval, aunque aparecen con frecuencia.
yod y – i
wau w - ṷ
Cuando las palatales estaban ya extendidas, se dio otro proceso de palatalización, con las consonantes velares c-g seguidas de e,i, llamándose a todo este proceso como “palatalización” (algunos autores como Mariner). En un primer proceso es de oclusivas velares > oclusivas palatales (antes s. III d.C.), cada grafía se sigue utilizando. Un 2º proceso sería de oclusiva palatal > africadas palatales (ej.: mucho /ĉ/ (esp.)). El proceso de la /c/ sería sobre el s.IV d.C., y más tarde el de la /g/ s.V/VI d.C. ej: Regina reyina; setuaginta > [septuayinta]; aiebat > agebat.
✓ Simplificación de geminadas: las consonantes geminadas se simplifican ya en latín tardío y latín medieval, donde se hace frecuente ej: quattuor > quatuor. También se dan casos de hipercorrección: velit > vellit.
Esta simplificación va a llegar a casi todas las lenguas romances. La reducción de geminadas se produce en latín después de la sonorización de la sorda intervocálica:
1º sonoriza 2º simpl. gemin Español
rota roda > rueda
gutta > guta > gota
Las líquidas tienen un comportamiento diferente; casi en toda la romania se va a mantener el grupo /rr/ ej: terra tierra;terra,terre. Por su parte la /ll/ frente a la /l/ se va a mantener, de igual modo: caballo/cielo.
Luego vamos a ver que hay otros fenómenos relacionado con las consonantes, que son:
✓ Aspiración de la /h/: la aspiración de la /h/ va a desaparecer en latín muy pronto, pero sabemos que en época muy antigua esta aspiración sí se daba, e incluso en ép. clásica se enseñaba esta aspiración como la pronunciación más correcta de la /h/.
Puesto que el grupo /ch/ transcribía la aspirada griega /χ/ ya en ép. clásica, en latín tardío nos vamos a encontrar casos como: michi < mihi (aspiración); también se dan formas como mici, micil. Podemos encontrar alguna hipercorrección o formas que estén emparentadas, aunque es algo raro de encontrar.
✓ Consonantes finales: la –m final desde ép. antigua se pronunciaba de forma débil; ya en ép. imperial tiende a suprimirse ej: olim > oli, nunquam > nunqua. La –m final no impide que se produzca la sinalefa.
Otras consonantes finales pueden suprimirse o bien modificarse. En el caso de las sonoras finales tienden a perder la sonorización ej: apud > aput, quid > quit.
En el caso de la 3ª p. sg., la –t final puede desaparecer ej: amat > ama.
✓ Grupos consonánticos: tienden a simplificarse de forma general, -ct- > -t- ej: au ct or > autor; -nct- > -nt- ej.: sa nct us > santus > santo; -mn- > -nn- ej.: somnus > sonnum > sueño; -ks- (/x/) > -s- ej.: dexter > dester, iuxta > iusta. En este último se pueden dar hipercorrecciones como miles non milex.
Acentuación y pronunciación
La cantidad existía en lat. clásico, habiendo vocales breves y largas. Hay un momento que la cantidad se pierde, y al perderse la cantidad el valor distintivo pasa al acento, que es lo mismo que ocurre en las lenguas romances ej.: esp. solícito/solicito/solicitó.
Esta pérdida de cantidad se produce en ép. tardía. Se discute cuando se produce dicha pérdida, su cronología…, aunque existen fundamentalmente dos corrientes u opiniones:
Los autores medievales sí conocen la regla de la prosodia, lo que hace que puedan escribir hexámetros en el s. XII-XIII.
En general el acento se va a mantener en los mismos lugares que se encontraba en latín clásico, aunque hay que hacer alguna precisión ej: légĭtur > légitur / amī´cus > amícus; solo hay que hablar de algún desplazamiento: 1) en un vb. compuesto puede pasar el acento del prefijo a la raíz ej.: cóntĭnet > contĭ´net, 2) en palabras de “muta cum
de árbol en latín es femenino. Por ello, dice que no es extraño que se produzcan cambios de género. En latín medieval se producen algunos de esos cambios:
ms/fm en general se mantienen, aunque hay algunas excepciones: ej: nombres de árboles: pinus (fm) pino (ms, esp.); nombres en –or, que son masc. como dolor, timor > fem.
masc. / ntr. se mantienen bien; desde ép. clásica hay algunos ntr. que se convierten en masc. ej: en Petronio: balneum, fatum, vinum (ntr.) > balneus, fatus, vinus (msc.), también en Gregorio de Tours: hunc (ms) nefas (nt), donde el nt. ha sido tomado como ms.
fm. / ntr., los plurales ntr. en –a (templum, -a) tienden a ser considerados gem. sg. ej: (gaudium) gaudia (nt) gaudia, -ae (fm). A veces, la diferencia entre ambos géneros se borra, y aparecen circunstancias extrañas como. res mira (fm)…quod (nt).
1.2. Cambios de declinación: Algunos nombres mantienen su género y declinación, pero sufren algunos cambios ej.: aper, apri (jabalí) va a mantener la misma declinación y género, aunque va a pasar a aprus, -i. Hay otros que cambian de género pero en la misma declinación ej.: balneum (nt) balneus (ms). Otros mantienen el género pero cambian la declinación ej: nurus (4ªfm) nura (1ªfm), socrus (4ªfm) socra (1ªfm); hay otros esporádicos ej: neptis (3ªfem) nepta, -a (1ªfm) (algunos autores mantienen la forma neptis).
Otro caso como os, ossis (3ª) pasa a la 2ª decl ossum, -i, siendo lo normal que aparezca en tiempos medievales.
1.3. Nombres propios: varía el tratamiento de los nombres propios. Los que presentan más cambios son los nombres bíblicos, de lengua que no sean latina ej.: Antonius no varía; otros se pueden perder.
El problema viene por la introducción de nombres distintos al latín. En general, si los nombres se pueden asimilar a alguna tendencia al latín clásico, por ejemplo los que terminan en –a se asemejan a los de la 1ª decl. ej.: Eva, -ae, Maria, -ae, Salomon se asimila a Plato, -onis Salomo, -onis; van a ver muchos nombres indeclinables ej: Noe, David (en algunos aparece David, -i), Nabuchodonosor. Hay veces que la forma es impredecible ej.: Adam, puede ser indeclinable o también puede pasar a la 1ª Ada, -ae (a veces con monoptongo Ade). Con nombres germánicos el tratamiento es semejante: o bien se asimila la declinación ej: Alfred Alfredus, Etheldreda, -ae Audry, Frodo (lo deja tal cual).
Con los nombres de lugar, a veces, la adaptación al latín es mucho más arbitraria, ya que a veces lo mantiene como neutro y otras como femenino ej.:
(nt) Eboracum York / (fm) Cantuaria Canterbury (urbs, civitas, provincia). Parisius, no es ni mas. ni nom., sino que es locativo.
1.4. Pronombres: se regularizan las formas pronominales. Encontramos illum para el neutro en vez de illud, o la forma ipsus en vez de ipse. También surgen dativos como illo/nullo, que reemplazan a illi/nulli. En Plauto o Terencio vemos ipsud (nt) por ipsum.
En Gregorio de Tours aparece ille en lugar de illi como nom. pl. siendo esto un cambio esporádico.
Hay formas que caen en desuso, otras se solapan entre sí y, otras invaden cotos semánticos de tiempos y modos ajenos.
Strecker enumera formas verbales en latín medieval: fugire < fugere (cambia la conj., pasando ésta a las formas romances fuggire (itl.), huir (esp.); odire < odisse (inf. de odi vb. defectivo); resplendit < resplendet (vb. resplendeo); linquerat < liquerat (vb. linquo, liqui) y cernisti < crevisti (vb. cerno, crevi) formas de perfecto en latín medieval formadas del tema de presente.
También encontramos en latín medieval formas como faciebo, exiebant, iuuaui < faciam, exibant, iuui.
Los verbos deponentes tienden a desaparecer, perdiendo sus formas pasivas y conjugándose como verbos activos, excepto los deponentes loquor, morior, sequor y sus derivados. Otros verbos se convierten en deponentes como celerari, pernoctari.
Muchos verbos impersonales pasan a personales: penites, pigeamus < poenitet, piget.
Se dan muchas perífrasis y preferencia de las formas analíticas sobre las sintéticas; también es común el uso de verbos auxiliares como velle, posse, coepisse, videri…
La mayor parte de estos cambios se deben a la analogía que se produce en la conjugación verbal medieval.
Rasgos sintácticos
Casos:
El sistema casual empezó a “desmoronarse”, y se habla de “ruina de la declinación”, que empieza a producirse en ép. Imperial.
obstante el –isimus (forma sintética) se mantiene también en latín medieval, pasando también a las lenguas romances como altísimo (esp.).
Pronombres:
Se siguen utilizando los pronombres en latín medieval, aunque con algunas diferencias con el latín clásico.
Se mantienen los pronombres demostrativos, aunque va a cambiar el sistema que había en latín clásico: hic/iste/ille hic, tiende a convivir con el pronombre is, ea, id. En latín medieval habría un sistema binario con iste/ille (cercano/lejano), en algunas zonas un sistema ternario con iste/ipse/ille (se incluye ipse para reconstruir el sistema, por ejemplo en España dando origen al demostrativo español este, ese y aquel.
Por otra parte el pronombre is, ea, id, muchas veces es remplazado en latín medieval por adjetivos o participios, ej.: praedictus, praefatus, supranominatus (traducido de forma literal o como un pronombre).
En el caso de los pronombre personales van a seguir utilizándose los mismos (meus, tuu,…) aunque en latín medieval se añade proprius, utilizándose a veces como adjetivo personal, equivaliendo, depende del contexto, a 1ª, 2ª ó 3ª persona.
Muchas veces se añade un pronombre reflexivo a un verbo (vb. + se), siendo esta formación muy importante en latín medieval, ej.: vb. fugere se, vadere se, construcciones que van a pasar a lenguas romances, ej.: fuggirse (itl), irse (esp.).
Adverbios:
La categoría de adverbio no es unitaria, ya que por ejemplo, no todos los adverbios no terminan en “e”, ya que en latín clásico había ya adverbios en “er”, -iter, -us. Partiéndose en latín clásico de esta situación, en latín medieval, van a ser más frecuente los adverbios en –iter, -er, -itus, ej.: fortiter, intrinsecus,…
Una construcción que da origen a muchos adverbios es la del ablativo en –mente + adj. ej.: adj. + mente, obstimata mente. En Catulo o Virgilio ya aparecía, aunque en latín medieval se hace más frecuente, pasando a las lenguas romances en adverbio en mente.
Existen también adverbios compuestos, o adverbios remplazados por preposiciones cun un sustantivo ej.: ad horam / hac hora nunc (esp. agora ahora) / de magis > además (esp.) / in tunc > entonces (esp.).
Preposiciones:
Como característica general, el latín medieval utiliza más las preposiciones que el latín clásico. Por otra parte todo el sistema casual se va a ir resquebrajando, y se va a sustituir
por los giros preposicionales. Esa posibilidad ya existía en latín clásico ej.: templum marmoreum (Cicerón) / templum de marmore (Virgilio). Lo que ocurre que en latín medieval el giro preposicional se va entendiendo y se hacen más frecuentes. Incluso se pueden encontrar en textos medievales construidos con preposición, verbos que eran transitivos en latín clásico ej.: Virgilio: “omnia vincit amor” / medieval: “veritas vincit super omnia”.
Conjunciones:
En general, son las mismas que existían en latín clásico, aunque a veces el uso difiere. A las conjunciones et, ac, atque (coord.) se añaden en latín medieval dos más: vel y seu (en latín clásico eran disyuntivas) que en latín medieval pueden quedarse con su significado o, que puede adquirir el significado de y.
La conjunción –que en latín clásico se pospone; en ocasiones en latín medieval aparece –que, donde esperaríamos et ej: natusque spiritus = natus et spiritus.
En oraciones finales, además de “ut” y “qui” + subj. (lat. clás), también se puede utilizar el “quo” con un comparativo ej: quo facilius se defenderant; en latín medieval el “quo” se puede utilizar con valor final sin el comparativo, solo con el subj.
Rohlfs dice que las causas de la pérdida y creación de las palabras se pueden ordenar por ciertas fuerzas impulsoras. Sin embargo, no es posible establecer para la historia de los vocablos una ley tan exacta como la que regula la evolución fonética.
Aspectos semánticos:
Hay diversos factores que pueden favorecer estas sustituciones en latín medieval:
-Un uso muy frecuente de una palabra puede originar su abandono y su sustitución por otra, ej.: do, dare, dedi, puede ser sustituido con frecuencia en latín medieval por donare (donner, fr.). Goddard dice que también es posible que en este uso frecuente se pueda añadir el verbo fero, que pasa al latín medieval como portare / levare ( porter, fr; llevar, esp.)
-Otra razón que da Goddard para estas sustituciones es que hay con cierta tendencia a reforzar la palabra cuando es corta, ej.: cano l. med. cantare / eo l. med. exire, inire ( se tiende a utilizar sus compuestos) / edo (posible confusión con sum) l. med. comedere (esp. comer), manducare (fr. manger).
-Otra razón importante es la semejanza entre las palabras, ej.: ōs (boca) / ŏs (hueso) en el momento que se pierda la cantidad estas palabras se confunden y son sustituidas, ōs bucca (boca) / ŏs ossum (hueso).
-La cuarta razón es que mucho préstamos griegos reemplazaron a las formas del lat. clásico, ej.: ictus < colaphus (golpe, esp.) ; funis < chorda (cuerda, esp.). Muchas palabras griegas entran en latín por la nueva religión, e incluso se mantiene en lengua romance, ej.: apostata, apostulus, diaconus, episcopus, ecclesia, martyr…
En todas las lengua los hablantes van cambiando poco a poco el significado de las palabras (Strecker y Goddard).
Así, loquor es sustituido por fabulor, que amplía su significado de “conservar” a “hablar”. También loquor se sustituye por parabolare, que aunque se parecía a loquor cambia un poco su significado.
Edo > manduco; éste en su origen era “masticar” y luego amplía su significado a “comer”. Hay cambios semánticos porque se produce una sustitución.
Otro caso es ignis (l. clás.) y es desplazado por focus, que amplía su significado de “fuego del hogar” a “fuego” en general. En las lenguas romances derivan de focus (fuego, esp. feu, fr. fuoco, it.).
Otra sustitución puede ser justificada por cambios sociales que cambian el significado de la palabra, ej.: comes que pasa de significar “compañero” a “conde”; o dux de “guía” a “duque”.
No solo se dan cambios en sustantivos, verbos, etc…, sino también en aspectos gramaticales, ej.: habet (tiene) “hay” vb. impersonal / vel (o) et “y”, en l. med. puede tener un valor copulativo.
Hay algunas palabras que son exclusivas del lat. clás., pero otras las comprate el latín clásico, el vulgar y el medieval, ej.:
latín clás. l. clás. y vulgar
ager campus
domus casa
cruor sanguis
equus caballus
os bucca
El uso de diminutivos es frecuente en latín tardío y latín medieval. En un principio tiene un valor expresivo, pero van a terminar difuminándose, perdiendo ese valor expresivo, o de diminutivo, ej.: corpus corpusculum / munus munusculum.
En las lenguas romances encontramos palabras que derivan del diminutivo que han desplazado en latín tardío o en latín medieval el sustantivo original, ej.: auris auricula: oreja (esp.), oreille (fr.), orecchio (it.); avis avicellus: ucello (it.), ocell (cat.); culter cultellus: cuchillo (esp.), coltello (it.).
Aspectos formales:
-tor: forma nombre de agente ej: salvator.
-arium: se forman nombres de lugar ej: granarium, apiarium.
-mentum, -tura, -sura: ej: iuramentum, adventura.
En parte existe la tendencia de usar formas analíticas (en la pasiva, adjetivos) ej: curam habere = curare / timorem habere = timere.
El vb. que se utiliza en las locuciones son habere, facere, siendo los más frecuentes ej: memoriam facere = memorare. A veces también con otros verbos como agere.
Bibliografía:
Lexicografía medieval
1º Dicc. clásico.
2º Dicc. Blaise (lat. – fr. de la E.M.)
Dicc. Niermeyer.
Dicc. Du Cange (s.XVII) : de un aristócrata francés, en relación con los benedictinos. Es un dicc.. hecho como pequeña enciclopedia.
“Archium latinitatis Medii Aevi” (ALMA): proyecto que surge en el s.XX, partiendo del Du Cange.
“Glossarium mediae latinitatis Cataloniae” de Bassols. A partir de este proyecto de Bassols, se hace en Barcelona el CODOLCAT (“Corpus documentale Cataloniae”).
Brepolis.