¡Descarga lectura y más Ejercicios en PDF de Filología hispánica solo en Docsity!
230 MORFOSINTAXIS ¿pudieralhuvies(sje/huviera podido, lo hizierallo haríallo huviera hechollo hav- ría hecho. Sin embargo, ya durante el Siglo de Oro y el XVI, es posible percibir los dos cambios que van a conducir al sistema moderno. Por un lado, en las oracio- nes imposibles de pasado, las formas simples son gradualmente excluidas de am- bas cláusulas y únicamente se recurre a tiempos compuestos. Por otro, las formas en ra son también eliminadas poco a poco de la apódosis de todo tipo de con- dicionales; tal exclusión parece haber actuado verbo a verho, de modo que en el español peninsular sólo unos pocos de uso muy común conservan el sentido «condicional» en la forma en -ra (esto es, puede figurar en la apódosis de las condicionales): hubiera, quisiera, debiera, y en ocasiones pudiera. Como resul- tado de esto, las formas verbales que pueden concurrir en las diferentes clases de condicionales del español moderno son las siguientes: Pasado No pasado (improbable) Si pudieseipudiera, Si pudieselpudiera, lo haría lo haría Si pudiese (pero no 3... St pudiese (pero no creo que creo que pueda), lo haría pueda/podrá), lo haría, (imposible) Si pudieselpudiera, Si pudiese/pudiera, lo haría lo haría Si hubiese podido (pero Si pudiese (pero definitivamente no pudo), lo hubiera hecho no puedefno podrá), lo haría La aparición ocasional en la lengua moderna de formas compuestas con - se (ej. hubiese hecho) en la apódosis de condicionales imposibles de pasado se explica por hipercórrección; en realidad lo que ha ocurrido es que en muchas va- riedades del español hablado el desarrollo en -se está retrocediendo a pasos agi- gantados, mientras que el paralelo en -ra está convirtiéndose en la forma «es- pontánea» del imperfecto de subjuntivo. En cstas circustancias, la forma en -se se considera una variante más prestigiosa más literaria que -ra y puede, por tanto, sustituirla en estilos pretenciosos, inchuso cn el caso de cláusulas (la apó- dosis de las condicionales imposibles de pasado) de las que se había visto tradi- cionalmente excluida en español, Para más información. acerca de las oraciones condicionales en castellano, véase Harris 1971, 1978: 234-246, 1986, Marcos Marín 1979b, Mendeloff 1960, Montero 1993, Pountain 1983, Rojo y Montero 1983, Veiga 1992 y Wright 1932. 4. LÉXICO En contraste con los sistemas fonológico, morfológico o. sintáctico de un idioma, el sistema léxico es intrínsecamente abierto. Por ello, no pretendemos abordar aquí un estudio exhaustivo del léxico español (sería imposible, por deli- nición) ni dar cuenta con detalle de las condiciones culturales responsables de los diversos préstamos de diferentos orígenes. Un estudio parcial de estos temas puede encontrarse en las distintas scccionos de la introducción (1.1-5). A lo largo de este capítulo intentaremos examinar, en lérminos generales, las principales fuentes del vocabulario español, recurriendo para ello a un mínimo de ejemplifi- cación, 4.1. Vocabulario heredado del latín El vocabulario fundamental del español desciende del latín hablado e in- cluye no sólo muchos cientos de las palabras más frecuentes, sino otras menos usuales pero igualmente numerosas; ha sido transmitido oralmente de generación en generación a lo largo de una ininterrumpida cadena de hablantes, por lo cual se ha visto abocado a sufrir los diferentes cambios fonológicos que detallamos en el capítulo 2. Estas voces han sido ya definidas como palabras patrimoniales o populares (véase 2.2.1). Sin embargo, y pese a la gran controversia existente, debe tenerse en cuenta que aquí consideramos que los términos semicultos (véase 2.2.3) también han sido heredados oralmente. En realidad, apenas difieren de las palabras populares en que aquellos han sufrido una a más modificaciones formales; estas modifica- ciones se producen bajo la influencia ejercida en diferentes pcríudos de la hista- ria del español por la pronunciación con que se leían en alto algunas voces lati- nas relacionadas con cllos, en situaciones particulares como los oficios religiosos o las actividades jurídico-administrativas. 232 LÉXICO 42, Palabras de origen prerromano El latín se fue extendiendo por la Península durante los siglos que siguic- ron a la primera incursión romana en Hispania (218 a.C.) y terminó usándose cn una situación de bilingijismo, junio con otras lenguas precxistentes. Ahora bien, como el mapa lingúístico de la España prerromana cra muy complejo, la nalura- leza exacta de costa situación bilingúc difcría de árca en área; en cualquier caso, Tesulta evidente que se dieron las condiciones propicias para que el latín de His- pania tomase prestadas voces de una variada gama de lenguas. Estos préstamos no parecen haber sido muy numerosos, ya que las lenguas cuyo uso se alternaba con el del latín disfrutaban, en su mayoría, de escaso pres- tigio y poseían, sin duda, un vocabulario restringido, propio de las culturas me- nos desarrolladas de los pueblos que las utilizaban. Sin embargo, en algunos ca- sos no existían palabras latinas para expresar algún concepto (generalmente relacionado con la flora o fauna de la zona, con estilos de vida o técnicas de tra- bajo locales) y el remedio más hacedero consistió en tomar prestado el término que se utilizaba en el lugar. En otras ocasiones, a pesar de la existencia de pala- bras latinas para designar: determinados conceptos, se recurrió a voces locales para sustituirlas, pues de este modo se resolvían problemas que se daban en la lengua de Roma. En concreto, el problema podía deberse a que el término latino hubiese adquirido un valor negativo en algunos contextos (ej. SINISTER «sinies- tro»): la adopción de una voz no latina (en este caso, la palabra vasca que da fu- gar a izquierdo) para reemplazar a la latina en su sentido básico («izquierdo») so- lucionó un potencial conflicto de ambigiledad. El celta, que se hablaba extensamente en las zonas centrales y occidenta- les de la Península en tiempos prerromanos y todavía durante el dominio romano, dotó al latín hispánico de numerosos préstamos. Pueden incluirse entre ellos, con diferentes grados de seguridad, los siguientes: álamo, berro, bota, brezo, brío, engorar, gancho, greña, lama, légamo, losa, serna. Sin embargo, bastantes pala- bras más de origen celta se tomaron prestadas fuera de la Península (particular- mente del habla de los galos en Francia) y se convirtieron en parte del repertorio léxico del latín popular dondequiera que se usaba, incluida Hispania. Los tórmi- nos españoles heredados de esta variedad céltica conocen voccs emparentadas con ellos en otras lenguas romances; se incluyen en este grupo abedul, alondra, arpende, braga, cabaña, camino, camisa, carpintero, carro, cerveza, legua, saya, vasallo, También el vasco ha proporcionado al español algunas voces; muchas de ellas se introdujeron, sin duda, en el latín hispánico durante el período que siguió inmedistamente a la conquista romana del norte de la Península. Sin embargo, dado que ésta es la única lengua prerromana peninsular que continuó hablándose hasta la actualidad, ha seguido sirviendo de fuente potencial de préstamos. Son LATINISMOS 233 especialmente frecuentes los nombres de persona (ej. García, Iñigo, Javier, Gi meno, Sancho), pero también son de origen vasco otras muchas palabras (6spe= cialmente sustantivos) entre las que podemos incluir; aquetarre, boina, (caer) de bruces, cachorro, cencerro, chaparro, izquierdo, laya, legaña, narria, pizarra, socarrar, urraca, zurdo. Dejando a un lado los ejemplos reseñados, el español posee diversas pala: bras que con toda probabilidad fueron tomadas prestadas de alguna fuente pre- rromana no identificada (en algunos casos quizá cl vasco), Lo cierto cs que, aun+ que a veces se encuentran términos afines cn portugués y/o gascón, no parecen guardar relación con ninguna voz conocida latina o celta, Podemos incluir en esté apartado (con diferentes grados de certidumbre) los siguientes términos: abarca, aliso, alud, arroyo, ascua, balsa; barro, becerro, bruja, cama, chamorro, charco, garrapata, gazapo, gusano, madroño, manteca, nava, páramo, pestaña, sapo, SArnñQ, SATTO, VERA, ZOFZ4. a, . (Con respecto a las voces prerromanas, véase Corominas y Pascual 1980- 91, Hubschmid 1960a, 1960b, 1960c, Jungemann 1955, Michelena 1985: 202- 212 y 310-475, Tovar 1949, 1960a, 1950b y 1961.) 4.3. Latinismos Durante toda su historia, el español ha recurrido a préstamos del vocabula- rio latino; se trata de los denominados cultismos (véase 2.2.2), que han llegado a la lengua esencialmente a través de la escritura, tras sufrir apenas unas míni- mas modificaciones (generalmente limitadas a la sílaba final, para ajustarla a los modelos morfológicos del castellano). Y es que, a menudo, la necesidad de nuevo vocabulario que continuamente ha sentido el español (principalmente, pero no de modo exclusivo, el léxico que se relaciona con los aspectos no materiales de la vida) podía satisfacerse mediante préstamos latinos, bien del latín eclesiás- tico, del jurídico-administrativo, o del propio latín clásico. De hecho, debido al prestigio de la lengua de Roma, durante todos estos siglos —y todavía hoy en día—, cl léxico latino acostumbra ser la primera fuente a que acuden los hablantes y escritores españoles para dotar de denomunaciones a los nuevos conceptos. Así pues, los latinismos se han iniroducido en español de forma ininterrun- pida: aunque muchos de cllos han sido abandonados, sc calcula que abarcan enire el 20 y el 30 por ciento del vocabulario moderno (Alvar y Mariner 1967: 21-22), Ahora bien, antes de que la escritura en lengua vernácula se encucnire ra- zonablemente perfilada (hacia el siglo xD), resulta imposible distinguir, en los orígenes del idioma, los latinismos de las palabras populares v semicultas, De este modo, una voz escrita en esa época desiderio (Glosa emilianense 132) puede interpretarse como la representación gráfica de un préstamo culto */desidério/ (que más tarde cayó en desuso) o (más probablemente) como un intento de re- 236 LÉXICO cialmente sensibles a las influencias latinizantes; de este modo, buena parte de ese vocabulario revela una transmisión semiculta, aunque, por otro lado, algunos helenismos eclesiásticos son completamente cultos. Las palabras de este grupo incluyen: abismo, bautismo, biblia, blasfemar (y, a través de la forma modificada latinovulgar de este mismo helenismo, lastimar), canónigo, cátedra («silla (epis- copal)», más tarde también «silla de la universidad»), catedral, católico, celo, ce- menterio, cisma, clérigo, coro, diablo, diácono, ermita, himno, iglesia, lego, li- mosna, mártir, misterio, monaguillo, monasterio, palabra (orig. «parábola», después «palabra»), Papa, paraíso, parroquia, Pascua, patriarca, profeta, salmo. En tercer lugar, el griego ha servido, a lo largo de la historia del español, como fuente de vocabulario técnico y científico, La mayor parte de estas palabras pasaron primero al latín, cuando coste idioma enriquecía sus propias fuentes léxi- cas; deberían, por lanto, considerarse como un subtipo dentro de los cultismos es- tudiados en 4,3. No obstanie, algunas voces (especialmente términos médicos) se introdujeron en el habla cotidiana cn una época lo suficientemente temprana como para sufrir los cambios fonológicos normales en la lengua vernácula y han de admitirse, pues, como palabras populares, Otros helenismos de este estralo que pasaron al castellano se encontraron sujetos a una remodelación parcial (par- ticularmente desde el humanismo hasta nuestros días) y constituyen, por consi- guiente, ejemplos de transmisión:semiculta. Como en el caso: de: los-latinismos, ofrecemos a continuación una pequeña relación de préstamos técnicos y científicos del griego, organizada de acuerdo con el período aproximado. de adopción. Hacia el siglo xt: anatomía, apoplejía, catarro, cólera, estómago, flema, lepra; alabastro, diamante, esmeralda, jaspe, tesoro, topacio, (véase 3.2.2.2 [1)); carta, crónica, escuela, filosofía, gramática, historia (al principio también estoria), lógica, pergamino, poeta, teatro, teología; caramillo, música, Órgano, zampoña; aire, aritmética, astrólogo, astrónomo, astronomía, clima, átomo, es- fera (al principio también espera), geometría, hora, planeta, ballena, búfalo, cocodrilo, dragón, elefante, gigante, grifo (al principio cl mitológico «grifo», más tarde «gárgola», hoy «grifo»). Hacia el siglo Xv. arteria, cardíaco, cólico, diarrea, epilepsia, gangrena, pronóstico, tísico: academia, alfabéto, armonía, biblioteca, coma, comedia, diptongo, etimología, melodía, metro, ortografía, prólogo, ritmo, sintaxis, tra- gedia; ártico, cuos, cilindro, coro, cubo, eclipse, matemúlicas, océano, pe- ríodo, polo, trópico, zona; acacia, celidonia, narciso, peonía; arpía, bi- sonte, delfín (al principio sólo dolfín), hiena, lince, sátiro, sirena, tigre. Hacia el siglo XVE: antídoto, ántrax, cráneo, disentería, dosis, embrión, epi- demia, erisipela, esqueleto, laringe, náusea, síntoma, terapéutica, tráquea; ca- tálogo, crítico, dialecto, drama, enciclopedia, epigrama, epíteto, escena, filolo- gía, frase, hipótesis, idea, idioma, metáfora, muxeo, paradoja, paréntesis, problema, símbolo, sinónimo, teoría, tesis, tomo; ábaco, catástrofe, cometa, diámetro, elipse, éter, fósforo, geografía, horizonte, máquina, meteoro, GERMANISMOS 237 paralelo, topografía; achicoria, crisantemo, menta, mirio, opio; anfibio, fénix, foca, hipopótamo, rinoceronte, anarquía, aristocracia, democracia, déspota, economía, monarca; esfinge, quimera; ateo, místico. Hacia el siglo XVIIL: asfixia, autopsia, hemorragia, miope; antología, biblio grafía, criterio, heterodoxo, homónimo, lema, parodia, sinfonía, sistema, tác- tica; base, ciclo, farmacia, fase, hélice, magnético, periferia, prisma, simetria; autonomía, crisis, dinastía. Las palabras tomadas del griego durante los dos últimos siglos son casi to- das internacionales (y en muchos casos han debido llegar al español desde otras lenguas modernas europeas, y no directamente desde cl gricgo o latín): se in- cluyen entre eltas voces que combinan lexemas griegos de una manera que no conoció la lengua helena. Sólo ofreceremos una pequeña selección de los mu- chos helenismos recientes: anemia, anestesia, clínico, neumonía, psiquiatría, quirófano, quiste, raquitismo; autógrafo, biografía, fonética, taquigrafo; aste- roide, cosmos, cráter, sismo; arcaico, arqueología, laico, (junto a lego, vóase más arriba), programa. —":. * Acerca de las palabras griegas que pasarón al español a través del árabe, véase 4.6; para un estudio más detallado del helenismo en general, véase Fer- nández Galiano 1967 y Eseverri Hualde 1943, 4.5. Germanismos Los términos de origen germánico (de los que excluimos los anglicismos recientes, que se estudian en 4.10) constituyen una proporción relativamente pe- queña del vocabulario español, aunque algunos de ellos ofrecen una frecuencia de uso bastante alta. Al igual que algunos otros grupos de préstamos, los germa- nismos han llegado al español por diferentes caminos. En primer lugar, hay algunas voces germánicas que penetraron en el latín hablado, como resultado del contacto multisecular entre hablantes de uno y otro idioma a lo largo de la frontera común. Algunos de tales préstamos se convirtie- ron en parte del vocabulario normal del latín hablado y se utilizaron en todos los territorios donde el habla de Roma se había convertido en lengua vernácula; ge- neralmente, hemos de excoptuar la Dacia, por cuanto se mautuvo aislada de la expansión de los neologismos occidentales tras haber sido abandonada por Roma en el 271 d.C. Los préstamos de este grupo se incorporaron antes de la fragmen- tación política del Imperio, probablemente en los siglos 1y y Y; por elfo, las pa- labras españolas que descienden de ellos presentan voces afines en otras lenguas romanecs occidentales, aunque habitualmente no en rumano. Entre los ejemplos descendientes de este primer estrato de germanismos podemos incluir en espa= ñol: banco, brasa, espuela, fresco, guadañar, guarda, guardar, guarir (más tarde, guarecer), guarnir (más tarde, guarnecer), guerra, guiar, guisa, jabón, ric bar, tapa, tejón, tregua, yelmo. En segundo lugar, puede comprobarse que algunos germanismos sólo se , FO 238 TÉXICO conocen en la Península y cl sur de Francia, o únicamente en la Península, Estos préstamos se tomaron de la lengua gótica de aquella tribu, la de los visigodos, que las autoridades romanas permitieron asentarse cn el surocste de la Galia a principios del siglo v; allí establecieron un rcino semiautónomo con capital en Toulouse. Durante esa centuria (siglo v), los visigodos extendieron su lorritorio y ocuparon una parte considerable de la Península Ibérica. Así pues, los más tom- pranos préstamos del gótico se encuentran no sólo en vccilano, sino también cn catalán, español y portugués. En este período inicial, entre las palabras españo- las de este origen figuran: arenga, banda, bramar, brote, escullirse, espía, espiar, estaca, guadaña, hato, parra, rapar, ropa, rueca, sacar, sera y quizá sitio. A li- nes del siglo v este pueblo fue expulsado del sur de Francia por los francos; en consecuencia, los últimos préstamos visigodos a las lenguas románicas sobrevi- ven tan sólo en los idiomas peninsulares, ej. español ataviar, casta (?), cundir (2), espeto, escanciar, esquilar, frasco, gana, ganar, ganso, gavilán, esp. med. ta- xugoftexugo («tejón»), triscar. En tercer lugar, el vocabulario español procedente del francés y el occitano (especialmente en los siglos XL y Xiu, pero igualmente en períodos posteriores; véase 4.8), y también del catalán (véase 4.11), contenía un considerable número de palabras que estos idiomas habían tomado con anterioridad de diversas varie- dades germánicas (sobre todo del fráncico). Entre ellas se incluyen: adobar, afa- nar, albergue, ardido, arenque, arpa, bala, banda, bando, barón y varón, blanco, blandir, botar (orig. «tirar, arrojar»), bruñir, buque, cañivete, dardo, desmayar, escarnir (más tarde escarnecer), esgrimir, esmalte, esquila, esquina, estandarte, estribo, fulda, fieliro, flecha, flete, fruncir, gerifalte, guante, guinda, hucha, jar- dín, marta, orgullo, sala, toldo. Los procesos de adaptación fonolágica de los germanismos difieren de acuerdo con el poríodo de introducción del préstamo. Los del tercer grupo han sufrido la mayor parte de los cambios fonológicos típicos del francés y/o occi- tano antes de pasar al español; en cstos casos, la modificación requerida es rela- tivamente ligera, ya que los sistemas fonnlégicos de las variedades galorrománi- cas medievales se asemejaban bastanic más al del español de la época que los de sus descendientes modernos. Así, por ejemplo, cl fráncico FHERIALD > fr. med, hiraut/héraut, en el que se mantiene la aspirada inicial; la segunda de estas for- mas (/heráutf) se incorporó al español medieval conservando la aspirada y aña- diendo /e/ después de la At/ final, que resultaba inaceptable: faraute «embajador, intérprete», Debe tenerse en cuenta que la letra iicial de faraute era simplemente la grafía española normal para /h/ en la Edad Media (así pues, faraute = [ha- ráute/); en cambio, ese otro faraute que podemos registrar en el Siglo de Oro (momento en que la grafía f- en posición inicial representa /£/) nos indica que la palabra pudo haber penetrado de nuevo en español por medio de un segundo ca- nal, probablemente el occitano o catalán, modalidades en que la aspiración pro- pia del francés medieval se reemplazaba por /f/. ARABISMOS 239 Aparentemente, los germanismos que entraron en los períodos latinovulgar y visigodo de nuestra historia se adaptaron cor rapidez al sistema fonológico de la lengua receptora; esto se produjo en una etapa lo suficientemente temprana como para que se encontrasen sujetos a todos los cambios regulares propios del latín hablado, el protorromance hispánico y el español. Sólo se requerían proce- sos de adaptación más radicales en el caso de unos pocos fonemas germánicos para los que no existía en latín un equivalente cercano: presentaron ciertos proble- mas la /b/, Aw/, y /0/ germánicas, así como las oclusivas intervorálicas /p/, /, /E/. Dado que la aspirada /h/ había sido eliminada de la lengua de Roma hacia el siglo 1 a.C. (véase 2.5.2), la /h/ germánica planteaba un conflicto a los hablan- tes de latín; por ello, fue suprimida en las palabras que la contenían: HARPA > arpa, HELM > yelmo, “HRAPON > rapar, *SPATHA > espía. De modo semejante, como el latín hablado no poseía |w] en comienzo de sílaba (la antigua [w], es- crita v, se había convertido en [8] o [v]; véase 2.5.3,1), la [w] germánica fue re- emplazada por [gw] (combinación tamiliar en palabras patrimoniales como LIN- Gua, pronunciada [lépgwa| en esta época). Esta:pronunciación ha sobrevivido en español cuando la vocal siguiente cra /a/, mientras que [gw] se redujo a /2/ cuando seguía una vocal palatal, a posar de que la misma grafía (gu-) se emplea con ambos valores: WAITH- (+ sufijo) > guadaña, WARDÓN > guardar; WERRA > guerra, WISA > esp. med. guisa. En cuanto al fonema /8/, no cra cunocido ni del latín ni de sus descendien- tes (la /0/ del español surge sólo a partir del siglo xvi; véase 2.6.2); en los ger- manismos que contenían dicho fonema fue sustimido por /t/: THRISKAN > tríscar, *THABSUS > lat, tard. TAXO, -ÓNIS > tejón. Por lo que se refiere a las oclusivas sor- das intervocálicas germánicas (/p/, /t/, /s/), probablemente diferían de sus equi- valentes latinas más próximas, quizá en que aquellas eran aspiradas (como las iniciales inglcsas /p/, /Y, Af: [p"], [6], [k*D; por ello, a veces, se consideraron equivalentes a la latina /pp/, /tt/, /kk/ más que a /p/, /t/. /k/. De esta manera (véase 2.5.3.2), inmediatamente luego aparece con frecuencia en español como /p/, A, /K/, en lugar de fol, /0), /g/: *RAUPA > ropa, SPITU > espeto, REIKS (de donde *RICUS) > rico. Véase también Gamillscheg 1967, Piel 19602 y 1960b, Reinhardt 1946. 4.6. Arabismos Desde el siglo vil al xv, el árabe fue la lengua oficial de una considerable parte de la Península (que se fue reduciendo progresivamente con el paso del tiempo); de hecho, todos los habitantes de esta árca (es decir, de Al-Andalus) es- taban familiarizados con este idioma, bien porque se tratase de su idioma ma- terno, bien porque lo utilizasen como segunda lengua. Sin embargo, la naturaleza multilingie de Al-Andalus no puede cxplicar por sí misma toda esa multitud de 242 LÉXICO En cuanto a las palabras referidas al mundo natural que el castellano tomó del árabc, ciertamente no son abundantes; no obstante, se ha conservado un re- ducido número de voces muy usuales de esta clase: alacrán, alcaraván, alcatraz, bellota, garra, jabalí. También algunos alimentos nuevos que se incorporaron a la diera española traen consigo sus nombres árabes: albóndiga, alfeñique, almíbar, fideos, jarabe, mazapán. Durante gran parte de la Edad Media la ciencia árabe se encontraba consi- derablemente más avanzada que la de la España cristiana (y de hecho que la eu- ropea en general); por ello, los hispanohablantes tomaron casi todo su vocabula- rio científico del árabe. Un bucn número de estos términos científicos persiste todavía: alambique, alcanfor, alcohol, álgebra, almanaque, alquimia, azogue, ce- nit, cero, cifra (originariamente «cero»), nudir. Ya se ha indicado que los arabismos han penetrado en casi todos los cam- pos del léxico español. Además de los considerados más arriba, las siguientes pueden servir para ilustrar la penetración del árabe cn cl vocabulario español y su persistencia: ajedrez (y alfil, con él asociado), albornoz, alcurnia, alhaja, al- guitrán, añil, asesino, ataúd, azafata, azul, dado (7), fonda (?), fulano, gandil, hasta, hazaña, joroba, marfil, melena, mezquino, mengaño, mezquita (junto con alminar, almuédano), nuca, ola, ojalá, recamar, tabaco (?), tarea, zagal. A fines de la Edad Media y durante los Siglos de Oro, cuando el esplendor de la cultura árabe estaba en declive, se perdieron diversos arabismos del casto- Tlano. En cierto número de casos, fueron reemplazados por préstamos de una fuenite sentida en la época como más prestigiosa, o por términos creados en la propia lengua mediame los mecanismos de la derivación. Así, albéirar dio paso a veterinario (tomado del latín), alfageme fue sustituido por barbero (derivado del preexistente barba), alfayate se reemplazó por sastre (tomado del occitano) y alarife dejo su lugar a arquitecto (del griego, a través del latín). Ahora bien, no todos los arabismos introducidos en español pertenecen al reperiorio de voces originalmente árabes. A partir del siglo vu, este idioma se ha- bía convertido en la lengua de un amplio territorio que se extendía desde la In- dia hasta el Atlántico, y estaba en contacto con otras muchas modalidades lin- gúísticas, algunas de las cuales gozaban de gran prestigio; como consecuencia, el árabe tomó también prostadas de estos idiomas numerosas palabras. Estas voces pasaron en muchos casos al cspañol (y a otras lenguas europeas). Son ejemplos de tan compleja transmisión: ajedrez, aleanfor (del sánscrito). alfalfa, alfeñique, almíbar, añil, azul, jazmín, naranja (del persa), y acelga, adarme, alambique, al- quimia, arroz (del griego). Además, antes de su expansión fnera de Arabia, esta lengua había entrado en contacto con el latín, a vecos directamente y otras a tra- vés del griego; de esa fuente procedían algunas palabras que más tarde transmi- tió al español. Cabe citar albaricoque (lat, PRAECOQUU), albérchigo (lat, PERSICU, de donde procede también el español patrimonial prisco), alcázar (lat. CASTRI; ARABISMOS 243 del diminutivo CASTELLU desciende por transmisión directa el español castillo), almiud (lat. MODID). La incorporación de arabismos al vocabulario español Supuso importantes problemas de adaptación fonológica (a diferencia de lo ocurrido con los prósta- mos germánicos; véase 4.5). Y es que en la épuca de mayor intensidad de este tipo de préstamos (siglos VIX), y todavía más tarde, el árabe poseía un impor- tante número de fonemas sin equivalente próximo en romance. Estos fonemas eran en su mayor parte consonantes velares y laringales, si bien las fricativas den- tales y la /w/ árabes resultaban igualmente problemáticas para los hablantes de castellano. Además, había que salvar también problemas de distribución (fone- mas semejantes a los románicos que se utifizaban en posiciones no habituales dentro de la palabra). ys En ocasiones, las velaros y laringales árabes se sustituían por la /h/ caste- llana (escrita f), como en hinna > esp. med. alfeña (más tarde alheña), «alheña», hanbal > esp. med. alfamor (más tarde alhamar salfombra»). Sin embargo, tam- bién se emplearon como sustitutos de los fonemas árabes «difíciles» las velares españolas /k/ y /g/: 'arabiya > algarabía, manáh > almanaque, Saix > esp. med. xeque, esp. mod. jeque. hursúfa > alcachofa, harrúba > algarroba. Otra solución era omitir el fonema árabe: “aqrab > alacrán, “aríf > alarife, “ard > alarde, “az'ár > alazán, háyla > ola, taríha > tarea. Cuandola /1/ del español moderno se corresponde con una velar o laringal árabe (ej. xorg> alforja), es probable que ños encontremos ante un arabismo tomado en préstamo por una variedad romá- nica no castellana (donde no era posible la /h/ como sustituto del elemento difí- cil de articular) e introducido en castellano en una fecha relativamente tardía (véase Penay 1990b). Las fricativas dentales árabes /s/ y /z/ (velarizadas o no) tampoco se co- rrespondían exactamente con /s/ y fz/ romanecs, que eran apicoalveolares; por ello, se rcemplazaban por los fonemas dentales romances más cercanos, las afri- cadas [s/ y /dz/, que se escribían respectivamente g — c y z en español medieval y que evolucionan hasta /9/ en la lengua moderna (véase 2.6.2): sékka > ceca, sifr > cifra, safunariya > esp. med. gahanoria > esp. mod. zanahoria, sága > zaga. Un problema especial surgió en el caso del grupo árabe [st/, donde la sibilante era sustituida al principio, coma hemos visto, por la Ats/ romance; el grupo resul- tante /tst/ se simplificó en /ts/ (/8/ desde el siglo xvi): Ustuwán > esp. med. aga- guán > esp. mod. zaguán, musta'rib > esp. med. mocarabe > esp. mod. mozárabe, Durante el proceso de transferencia de los préstamos, la [w] en comienzo de sílaba se interpreta de varias maneras. A veces es sustituida por /g/ + [w] (exactamente como sucedía con las palabras germánicas con [w]): “ustiwán > zaguán, wazir > alguacil, sarawil > zaragiielles, wadi > Guad(-iana, -alqui- vir, «arrama, etc.) «rio». Pero [w] podía también interpretarse como [6] romance (esp. med. 1): karawán > alcaraván, mugáwir > almogávar, wasiya > alvacea > albacea; otro tratamiento es su conservación cuando, al perderse la vocal prece- 244 LÉXICO dente, pasa a ocupar la segunda posición dentro de la sílaba: Suwár > ajuar, diwán > aduana. También los préstamos que terminaban en una consonante simple labial o velar o en ff, // o /d3/ ofrecían una estructura que el español no podía admitir (por lo menos el español anterior al siglo X1 y posterior al xIm, véase 2.4.3.2). El conflicto se resolvía añadiendo una /e/ final, reemplazando la consonante no per- mitida por una dental o alveolar, u omitiéndola; pueden servir como ejemplos de estos tres procesos de adaptación: a'rab > árabe, “aríf > alarife, “anbíg > alam- bique, laggát > alicate(s), zabág > azabache; “aqrab > alacrán, mubtasáb > al- motacén, rabáb > rabel, mugaddam > almocadén; rabáb > rahé. Fn cuanto a las palabras árabes terminadas cn un grupo consonántico, se adaptaron mediante una /e/ paragógica o por anaptixis (adición de una vocal en- tre cunsonantes): “ard > alarde, tuna > azumbre; qasr > alcázar, quin > algodón, ral > rehén, bata > badén. Asimismo, el español medieval poseía pocos nombres y adjetivos que ter- 'minaran en vocal tónica, de suerte que, en ocasiones, las palabras árabes que se ajustaban a este modelo (o aquellas que habían perdido la consonante final que originariamente seguía a la vocal tónica) se modificaban cuando cran tomadas en préstamo; ello se realizaba habitualmente mediante la adición de alguna de las consonantes que el castellano aceptaba en final de palabra: wag? > aloguín, kirá” > alquiler, gabd' > gabán, banná' > albañil. Sin embargo, en otros casos se man- tuvo la tónica final; de este modo se ampliaron las posibilidades fonológicas del español: hairí > alheli, qarmazi > carmesí, ¿abalí > jabalí. Por lo que respecta a otros fenómenos, generalmente los arabismos pene- traron en el romance hispánico lo suficientemente pronto como para sufrir los mismos cambios fonológicos que percibimos en las palabras de origen latino. Así, los fonemas sordos intervocálicas del árabe están sujetos a la lenición (véase 2.5.3.2): quin > hispanoárabe guiún > algodón, sága > zaga. Igualmente, los ára- bes /U/ y /nn/ sufrieron un proceso de palatización: gulla > argolla, hinna > alheña, banná' > albañil, De la misma mancra, /ai/ y /au/ se redujeron a /e/ y /o/ (dá “a > aldea, máis > almez, háyla > ola, sáyt > ázote; véase 2.4.2,3-4), si bien el diptongo original sobrevive como /ai/ o /ei/ en un pequeño número de arabis- mos: ¿ufáina > jofaina, q4'id > alcaide, záit > aceite, bájtar > albéitar. Podemos sospcehar que estas últimas formas habían sido lomadas al árabe por el mozá- rabe, que las habría transmitido al castellano sólo después de que hubiesen fina- lizado en esta lengua las evoluciones /au/ > /of y /ai/ > lel. Es evidente que la palatización de las velares en posición explosiva había ce- sado antes de la incorporación de arabismos al español, ya que este tipo de conso- nantes árabes permanece inalterado ante vocales palatales: miskín > mezquino. Con respecio a los arabismos, véase Maillo 1983, Neuvonen 1941 y Stei- ger 1967. MOZARABISMOS 245 4.7. Mozarabismos El castellano cuenta también:con algunos préstamos del mozárabe, el habla vernácula de los cristianos (pero también de muchos musulmanes y judios) en AlLAndalus, esto es, en los territorios bajo dominio islámico en la España me- dieval. - Desde una perspectiva histórica, el término «mozárabe» designa una serie de variedades descendientes del fatín, habladas en los dos tercios meridionales de la Península cuando menos hasta el siglo XIII (y quizá hasta el siglo XV en An- dalucía). Dichas variedades hispanorromances fueron finalmente sustituidas por catalán, castellano y gallego-portugués, que se expandieron hacia el sur a raíz de la reconquista cristiana de la España. islámica. En Castilla la Nueva, Murcia y Andalucía, el español fue habladó.junto con el mozárabe, sin duda por los mis- mos individuos, durante un considerable períúdo de tiempo después de la con- quista de cada ciudad. Se tiene noticia, por ejemplo, de que el mozárabe disfru- taba todavía de algún uso a principios del siglo XII en Toledo, reconquistado en 1085 (véase González Palencia 1926-1930, Galmés 1983); ello vbedece en parto a que sus hablantes solían posecr un nivel cultural más alto que los castellano- hablantes recién legados, debido a la participación de sus antepasados en la cul- lura de Al-Andalus, que hasta el siglo x1 estaba mucho más desarrollada que la del norte cristiano, En realidad, hasta la creación del castellano literario (que empezó a fines del siglo XII) y hasta que se utilizó como lengua nacional de la administración (a fines del siglo xII1), el mozárabe disfrutó de mucho prestigio social en las áreas reconquistadas; se encontraba, por tanto, en posición de ejercer influencia sobre el español. Como hemos visto (4,6), este influjo dio a menudo como resultado la transmisión de arabismos que el mozárabe había adoptado con anterioridad, pero también explica que el español adoptase como propias ciertas palabras mozára- bes de origen latino (en algunos casos quizá reemplazando a formas castellanas tradicionales). Entre tales préstamos eran frecuentes las palabras referentes a la agricultura y el mundo viviente, como podemos observar en la siguiente selección de probables mozarabismos: cagarruta, campiña, cangilón, capa- cho, capuz, corcho, chícharo («guisante» en Andalucía, Galicia, Cuba, Mé- xico, etc.), chinche, chirivía, fideos, gazpacho, guisante, habichuela, jibia, judía, macho, marisma, mastranzo, muchacho, muleto, nutria, pleita, roda- ballo, semilla, testuz. Para un más detallado examen de los mozarabismos, véase Corominas y Pascual 1980-1991, Galmés 1967: 316-323, 1983. TÉXICO 248 primera, se introducen palabras referentes al mundo práctico, el trabajo, ete.: bis- tueí, control. engranaje, hulla, lingote, resorte, útiles. Avalancha, chacal, pin- gtino son voces del mundo de la naturaleza. Otros préstamos del período son: abonar, billar, coqueta, detalle, esternón, favorito, galante, galimatías, intere- sante, intriga, rango, silueta. Durante los siglos XIX y Xx, la aporlación francesa prosigue con intensidad; su frecuencia sólo ha disminuido en las últimas décadas, ante la viulenta invasión de anglicismos (véase 4.10). A lo largo de estos siglos se aceptaron numerosas palabras del mundo de las finanzas y del comercio: bolsa, cotizar, cupón, endo- sar, explotar, ficha, financiero, finanzas, garantía, leia de cambio, lote, postal. "También a menudo se tomó el vocabulario técnico del francés: aterrizaje, avia- ción, avión, bicicleta, biela, bloque, bobina, bujía, camión, cremallera, descapo- table, garaje, rodaje. Igualmente, encontramos galicismos que pertenecon al léxico de la política y lemas afines: burocracia, comité, complot, debate, parla- mento, patriota, personal, reportaje, rutina, tomar acta. Como en épocas anic- riores, son frecuentes las palabras relacionadas con la ropa y el aspecto personal: babucha, beige, blusa, canesú, chaqueta, frac, levita, maquillaje, maquillarse, marrón. El francés sigue todavía enriqueciéndonos con términos referentes a la vida doméstica y a los alimentos: hidé, damajuana, ducha, parqué, quinqué, so- mier, vitrina, besamel(a), consomé, coñac, cruasán, champán, champiñón, esca- lope, flan, paté, restaurant(e), suflé. En la esfera del entretenimiento se incluyen: acordeón, clisé, debut, debutar, doblaje, film, filmar, ruleta, Voces como bouti- que, bulevar, quiosco reflejan la vida urbana. Begonia, buganvilla, chimpancé O morsa se refieren a la naturaleza. Encontramos, además, galicismos que pertene- cen a una amplia variedad de esferas: behé, braza, camuflaje, carné, entrenar, es- quí, gripe, pelotón, turismo, turista. Para más detalles sobre galicismos y occitanismos, véase Colón 1967a, La- pesa 1980, Pottier 1967. 4.9. Voces amerindias La primera aproximación europea al Nuevo Mundo tuvo Jugar en las Anti- llas (como resultado de los viajes de descubrimiento de Colón); así fue como las principales islas de cste archipiélago se convirtieron en escala para la conquista posterior del continente americano (véase 1.5.2). Por tanto, el primer contacto del español con las lenguas amerindias se dio con las variedades del Caribe (caribe y arahuaco; este último incluye al taíno, hablado cn la mayor parte de las islas caribeñas); a continuación entró en contacto con el idioma principal de México (náhuatl) y el del imperio Inca (quechua). La mayoría de los préstamos amerindios del español provienen de las mo- dalidades lingúísticas citadas; no obstante, algunos conocen otras procedencias: VOCES AMARINDIAS 249 maya (al sur de México y norte del itsmo), chibcha (Ecuador, Colombia y sur del itsmo), tupiguaraní (en las cuencas de los ríos más importantes del continente sur, incluido Paraguay), araucano o mapuche (Chile central y la Pampa Argen- tina). Con todo, lo cierto cs que son muy pocas las palabras tomadas de otras len- guas distintas de las señaladas (caribe, arahuaco, náhuatl y quechua) que se ha- yan convertido cn universales en castellano v que cuando menos se hayan generalizado cn cl ámbito del español americano, Scguidamente ofrecemos un elenco de voces que el español ha tomado prestadas de diversas fuentes «merindias; hemos seleccionado ejemplos que muestran una extensión geográfica significativa: se han convertido en universales en el mundo de habla hispana, o se usan en toda o buena parte de la América es- pañola. Es objeto de discusión lá precisa lengua americana que ha servido de fuente a los términos señalados con interrogación (?): se debare incluso si se trata realmente de préstamos amerindios. Entre los americanismos procedentes del arahuaco (incluido el taíno) figu- ran ají, batata, bejuco. bohío, cacique, canod, caoba, cayo, comején, enaguas, guacamayo, hamaca, huracán, iguana, maguey, maíz, maní, sabana, tuna, yuca. Del caribe provienen batea (?), butaca, caníbal, curare, loro, mico, piragua. Unas cuantas voces tomadas de la zona caribeña pueden tener.su origen en arahuaco o bien en caribe: aje, guasa, guateque, guayaba. Entre los muchos préstamos del náhuatl mencionaremos aguacate, ca- cahuete, cacao, coyote, chicle, chile, chocolate, galpón, guajolote, hule, jícara, nopal, ocelote, petaca, petate, sinsonte, tiza, tocayo (7), tomate, zopilote. El español incorporó del quechua alpaca, cancha, coca, cóndor, guanaco, guano, llama, mate, palta, pampa, papa, puma, puna, soroche, vicuña. Ananá(s), cobaya-o (1), jaguar, mandioca, Randá, pelunia, tapioca, tapir, tiburón, tucán y zariglieya son préstamos del tupiguaraní. Además, hay algunos términos de uso frecuente, como caucho, de seguro origca amerindio, pero cuya exacta procedencia lingúística está todavía por de- terminar. Cuando los españoles viajaron o se asentaron en el Nuevo Mundo, a me- nudo interprelaron sus nuevas experiencias por medio de palabras tomadas de las lenguas amerindias, tal como acabamos de ver; las más tempranas (canoa, caci- que y el discutido niames) figuran ya en el diario de a bordo de Colón de 1492- 1493. Ahora bien, no debemos olvidar que el préstamo no es la única forma de etiquetar los nuevos conceptos: una palabra preexistente puede extender su sig- nificado para abarcar también la nueva experiencia. Así, el jaguar, el puma, y el ananás fueron designados al principio por medio de los términos del Viejo Mundo tigre, león y piña, palabras que finalmente pugnarán a lo largo de los si- glos con sus competidores de origen amerindio (jaguar, puma, ananáls]). En los casos citados, jaguar y puma se convirtieron en parte del español del Viejo 250 LÉXICO Mundo, mientras tigre o león continúan usándose (por lo menos en el habla po- pular) en gran parle del árca donde estos animales tienen su hábitat: por otro lado, el préstamo ananá(s) no se usa en el español peninsular ni en amplias zo- nas del continente americano (donde sólo se conoces piña). En otras ocasiones, un concepto del Nuevo Mundo puede etiquetarse me- diante varias voces amerindias que, de este modo, entran en competencia, Un ejemplo muy conocido es el del aguacate; el término aguacate (de origen náhuatl, como se señaló más arriba) se usa en España, en América del Norte y Central y en la región noroeste del continente sur (Colombia y Venezuela), en tanto que los territorios situados más al mediodía (Ecuador, Perú, Bolivia) han optado por el préstamo quechua palta, Para un estudio más detallado de los próstamos amerindios, incluso de aquellos cuya distribución se limita a parte del continente americano, véase Buesa 1967, Buesa y Enguita 1992, Moreno de Alba 1992. 4.10, Anglicismos Hasta mediados del presente siglo, casi todos los anglicismos introducidos en español procedían del inglés británico y solían transmitirse mediante la escri- tura, a menudo par mediación del francés. Desde la década de 1950 cn adelante, la fuente principal de este tipo de préstamos ha sido, en cambio, el inglés americario; todavía continúan divulgándose a través de los medios de comu- nicación escritos (especialmente periódicos, traducción de obras científicas, etc.), pero llegan a nosotros cada vez en mayor número gracias a los. medios de comunicación orales (doblaje de películas estadounidenses, programas de televisión, etc.). El concepto «anglicismo», como otros referidos a préstamos entre lenguas, no carece de ambigiiedad. Homos adoptado la definición de Pratt 1980 (del que tomamos muchos ejemplos): los anglicismos son préstamos cuyo origen inme- diato es una palabra o expresión inglosa, con independencia del étimo remoto de ésta (que con frecuencia resulta ser una palabra o expresión de una tercera len- gua). De acuerdo con este criterio, parece oportuna incluir en este apartado tér- minos como los siguientes (cuya etimología última se indica entre paréntesis): té (chino), anorak, kayak (esquimal), kindergarien (alemán), kimono - quimono, judo, karate (japonés), géiser (islandés), gongío) (malayo), caqui, pijama (persa). Del mismo modo, debemos excluir de la lista de anglicismos ciertas vo- ces de origen inglés que han llegado al español por medio de otra lengua (gene- ralmente el francés): auto-stop, camping, dancing, footing, parking, recordman, (espejo) retrovisor, smoking, en directo; estas palabras deben considerarse gali- cismos, pues se han documentado antes en francés que en español y suelen reve- lar procesos de adaptación semántica propios de aquel idioma. ANGLICISMOS 251 La manifestación más frecuente (pero de ninguna forma única) de la in- fluencia del inglés en el español es el préstamo léxico. En general, los anglicis- mos de este tipo responden a la necesidad de denominar nuevos conceptos (aun- que algunos se introducen por razones no lingúísticas, como el esnobismo) y afectan a un amplio abanico de campos semánticos. Ciertamente, se registran anglicismos en el vocabulario de casi todas las fa- cetas de la sofisticada vida urbana, pero ha sido el léxico de los medios de co- municación, la moda, los negocios, la ciencia y el deporte el que se ha visto par- ticularmente afectado. En el vocabulario de los medios de comunicación, que naturalmente coincide con la terminología del mundo tecnológico, encontramos; bestséller, cámera, cameraman, cassette — casete, cinemascope, clip, cómic, copyright, disc-jockey, fading, fiim(ej, flas(1), kit, interviewar - interviuyar, in- terviú, LP —elepé, mass-media, Inonitor, offset, off (ej. una voz en off), pick-up, playback, pop, póster, rol, seriptgirl, show, sketch, speaker — espíquer, spot, sus pense, trailer, transistor, vídeo, videocassette. En el campo de la moda, los cosméticos. y la ropa las préstamos léxicos del inglés incluyen palabras como: anorak, bikini, coldeream, cosmético, champú, Cheviot, eslip = slip, jersey, jamper, lalt, kimono — quimono, loción, minifalda, ny- lon — nailon, overal, panty, pijama, pullover, raglán, rímel, shetland, shorts, sué- ler — sweater, bweed. La lengua del comercio y las finanzas ofrece también ejemplos: actuario, balance, boom, boutique, broker, cártel, chárter, deflación, devaluación, dum- ping, factoring, holding, inflación, leasing, mánager, marketing, self(-service), stock, ténder, turismo. Asimismo, observamos muchos anglicismos en el universo científico y tec- nológico (incluida la medicina): acrílico, aeropuerto, acrosol, ameba, analgesia, baquelita, cibernética, ciclamato, colesterol, coma, contáiner, cracking, deter- gente, ecología, esquizofrenia, fobia, fuei-oil, gasoil, polución, quántum, quark, rádar, robot, síndrome, spray, stress — estrés, trolebús, La lengua del deporte ha mostrado durante largo tiempo una particular re- ceptividad.a los anglicismos, que se pueden ejemplificar con: bantam, béisbol, bob, bobsleigh, boxeo, bunker, caddie, córner, crawl - crol, croquet, cross country, chutar, doping, dribbling, fútbol, gol, golf, groggy - grogui, handicap, hockey — jóquey, jockey, judo, júnior, karate, karting, kayak, knock-out — nocaut, lob, match, offside, par, penalty, ping-pong, pony, récord, ring, round, rugby, set, slam, smash, sparring, sprint, tándem, tenis, volleyball - votibol, wélter. También puede comprobarse que el inglés ha afectado a la morfología y a la sintaxis del español (véase Pratt 1980). Ha sido también considerable su in- fluencia semántica, que ha extendido el sentido de palabras españolas preexis- tentes; examinaremas y ejemplificaremos este último fenómeno en 5.1.5, 254 TÉXICO sente, particularmente en cl campo de la música, pero su frecuencia disminuyó a partir del xvi. Debe tenerse en cuenta que no todos los italianismos se originan en la Toscana; algunos de ellos (en especial los términos marítimos) provienen del genovés, veneciano, milenés, ete., de las variedades del italiano meridional o del siciliano, Las palabras relacionadas con las artes constituyen uno de las grupos más numerosos de italianismos. Así, forman parte del vocabulario de la literatura y fi- losofía: esdrújulo, novela, soneto, terceto, folleto, humanista, parangón. En el lé- xico del teatro figuran bufón, comediante, payaso, saltimbanqul, y en el del arte, acuarela, arabesco, caricatura, cartón, claroscuro, destacar, diseño, encarnado, esbelto, esfumar, fresco, grotesco, grupo, miniatura, modelo, pintoresco, temple, ultramarino. Vambién se toman del italiano los siguientes ¡érminos arquitcctóni- cos; apayar, balaustre, balcón, casino (al principio «casa pequeña», más tarde «casino»), cúpula, escayola, fachada, fontana, pedestal (a través del [r.), pórtico (2), terraza, zócalo, mientras en la escultura encontramos busto, medalla, relieve, terracota. Y, al igual que en el caso de las restantes lenguas europeas, es exlre- madamente frecuente la entrada de términos musicales; entre ellos se incluyen alto, bajo, barítono, contralto, soprano, tenor, mandolina, piano, viola, violín, violon- celo, -chelo, violón, aire, aria, batuta, cantata, cavatina, compositor, concierto, dúo, fantasía, fuga, fusa, libreto, madrigal, ópera, serenata, solista, solo, sonata, sordina, tempo, tocata: Los nombres de bailes incluyen pavana y tarantela. Durante los siglos XV! y XVIT penetraron muchos términos militares iralia- nos, aunque algunos de los que vamos a enumerar se documentan en español an- tes o después delos Siglos de Oro: alerta, asalto, atacar, batallón, bombarda, bombardear, canjear, cañón, centinela, colina, coronel, destacar, duelo, embes- tir, emboscada, emboscar, escolta, escopeta, escuadrón, generalísimo, granada, guardia, infante, marchar (%), mosquete, mosquetero, penacho, saquear, zapar. Igualmente, las palabras que aluden a la defensa están bien representadas: bas- tión, ciudadela, cuneta, escarpa, muralla, parapeto, reducto. Junto con el portugués, catalán y diferentes lenguas germánicas, el italiano es también uno de los idiomas que más han coutribuido al vocabulario marítimo español. En este campo semántico se registran, entro otros: bogavante (a no ser que sea catalanismo), brújula, corsario, chusma, dársena, escollo, fragata, gón- dota, mesana, piloto, zarpar. Asimismo, hay un gran número de italisnismos que forman parte del voca- hulario del comercio y la industria, lo que no hace sino reflejar el dominio ita- tíano en estos asuntos en los inicios de la época moderna. Entre otros pueden ci- tarse; avanzar, balance, bancarrota, banco, en bruto, cero, contrabando, crédito, débito (?), depósito, factura, letra de cambio, mercancía, mercante, millón, monte de piedad, montepto, negociante (?), neto, póliza, saldar, saldo, Las mer- cancías cuyos nombres son de origen italiano incluyen: brocado, cartulina, gra- nito, índigo, porcelana, tafetán (o del catalán). FORMACIÓN DE PALABRAS 255 También es posible encontrar algunos italianismos en numerosas esferas de la vida social; ello responde, hasta cierto punto, a la imitación de las costumbres italianas, principalmente durante los Siglos de Oro. Son palabras relacionadas con las características y actividades humanas generales: aguantar, aspaviento, bi- zarro, bravata, brusco (7) campeón, canalla, capricho, cortejar, cortejo, corte- sano, chanza, charlar, charlatán, chulo, desfachatado, estafar, estrafalario, far- sante, fogoso, garbo, mafia, rufián, superchería. En el campo de los juegos y actividades similares, registramos cucaña, empatar, regata, trucos, tute. Los do- minios de la educación y el transporte muestran: gaceta, pedante, carroza, es- guazar, ferroviario, pista, valija. En el campo de la religión podemos mencionar camposanto, carnaval, plebe (?), sotana. En cuanto a la vida privada, contamos con ejemplos relacionados con la casa, como cantina, celosía, chaveta, pérgola, toalla (7). Otros se refieren al ves- tido y adorno: capucho, corbata, filigrana, perla (7), recamar (tomado por el it. del ár.), turbante. Son también itálianismos, dentro del léxico de la gastronomía, café, caviar, macarrones, menestra, salchicha; Alganas voces de esta proceden- cia aluden al cuerpo y a las enfermedades; tal'és él caso de belleza, caricia, chi- chón (2), malaria, pelagra. Aparentemente, el mundo físico está menos representado que otros. Con todo, enconiramos algunos nombres referentes al ámbito natural, como anchoa (probablemente a través del catalán), carroña, pichón, tarántula, pistacho, remo- lacha, y algunos términos topográficos, como cascada, golfo (muy probable- mente se trata de un catalanismo; véase 4.11), gruta, puntano. Además, procede del italiano un pequeño número de palabras pertenocien- tes a diferentes esferas: bagatela, estropear, fiasco, flamante, fracasar, manejar, pillar, premura. Terlingen 1943 y 1967, y Corominas y Pascual 1980-1991 son las princi- pales fuentes para una más detallada información sobre los italianismos del es- pañol. 4.14. Formación de palabras Se puede afirmar que.el vocabulario del español está formado por tres com- ponentes: además de las palabras heredadas del latín (patrimoniales y semicultas, véase 4,1; cultismos, véase 4.3), y de los préstamos de otras lenguas (4.2-13), el léxico español incluye voces creadas mediante procedimientos internos de la len- gua, esto es, a través de la formación de palabras; con este último término hace- mos referencia tanto a la prefijación (4.14.1), como a la derivación (4.14.2) y la composición (4.14.3). 256 Léxico 4.14.1.. PREENJACIÓN En latín los prefijos estaban estrechamente relacionados con las preposi- ciones (véase su estudio en 3.8.1), pues muchas de éstas funcionaban también como prefijos, generalmente con un sentido semejante; sin embargo, no todas las partículas que han sobrevivido como preposiciones han podido hacerlo también en calidad de prefijos. Lo que ocurrió fue que, muy pronto, mumerosas palabras latinas que po- seían un prefijo dejaron de ser entendidas por los hablantes como elementos in- tegrados por [prefijo + morfema radical); a partir de ese momento fueron trata- das en su evolución de idéntica manera que las palabras simples. Este hecho puede ejemplificarse mediante PRORECTU > provecho, en donde el fonema latino // ha conocido el proceso que normalmente sufre en posición intervocálica (esto es (-£-/ > esp. med. /$3/, esp. mod. /b/: véase 3.5.3.2 [2]); lo mismo sucede en DECOLLARE > degollar: la [k/ evoluciona como si estuviese en posición intervo- cálica (> /g/)). En cambio, cuando los hablantes percibían el carácter complejo de una voz, la consonante o grupo consonántico que seguía al prefijo (y que por tanto se encontraba al comienzo del morfema radical) era tratada de la misma forma que si estuviera en posición inicial de palabra; esto debió de suceder du- rante algunos siglos en DEFENSA, ya que evoluciona hasta dehesa al recibir la AY latina la solución propia de la F inicial de palabra (convirtiéndose cn /hf y per- diéndose más tarde, como en FUMU > hrmo, etc.; véase 2.5.6, 2.6.4). En un pe- queño pero importante número de casos la estructura compleja de la palabra la- tina prefijada ha sido percibida a lo largo de toda su historia; lal ocurre en APPREMENDERE «coger» (en relación con PREHENDERE «id») > aprender (que lo- davía mantiene su relación con prender). Ejemplos como APPREHENDERE > aprender proporcionaban (en latín ha- blado o en cualquier estadio posterior de la lengua, incluido el presente) el mo- delo para generar nuevas palabras añadiendo un prefijo a un verbo, sustantivo, adjetivo o adverbio preexistente (en 3.4 pueden encontrarse algunas muestras de adverbios creados por prefijación). Estudiaremos seguidamente aquellos prefijos que poseen una historia con- tinuada desde el latín al español (y que han servido y sirven todavía para crear nuevas palabras). No diferenciamos, dentro de los ejemplos, entre la simple pre- fijación y la parasíntesis, fenómeno que consiste en la adición simultánea de un prefijo y un sufijo a la raíz (como en des- + alm- + -ado —> desalmado); en re- alidad, la naturaleza parasintética de estas estructuras se reconoce por la ausen- cia dentro del idioma de palabras que consten del mismo prefijo y la misma raíz, o de la misma raíz y cl mismo sufijo (en este caso, por la carencia de voces como *desalma o *almado). También debemos tener en cuenta que, a diferencia del la- tín clásico, el latín hablado y sus descendientes (incluido el español) permiten se- cuencias de dos o más preposiciones, DIS- IN- FORMACIÓN DE PALABRAS 237 El prefijo há perdido casi completamente el sentido latino (
esp. med. pobreziello > esp. mud. pobrecillo. Nos ocuparemos de la ampliación del uso de este in- terfijo al final de este apartado. Suele tener valor peyorativo; aunque, aplicado a sustantivos, presenta un matiz, diminutivo: animalejo, calleja, lugárejo, medianejo, Ha dado Ingar a algunas lexicalizaciones: candilejas. Su antecedente la- tino, -ÚLUS, se unía directamente a los sustantivos acabados en -us y -4 (8j. FLAMMA —= FLAMMULA), en tanto que lo hacía a los restantes por medio del interfijo -(Dc- (LAUPER => PAUPERCULUS). -ÚLUS actuaba como -ÉLLUS (véase -illo, más arriba) y ambos eran probablemente se- mejantes también en lo que respccla a su valor afectivo/diminutivo, Sin embargo, -ULUS era átono (véase 2.3.1) y, en el caso de los sus- fantivos en -US y -A, existía en latín hablado una fuerte tendencia a re- emplazarlo por el sufijo tónico -BT.1US: ROTA — ROTULA —> ROTELLA (> rodilla). Cuando el latino -ÚLUS era aún productivo (esta es, -uelo -ete “Uco «ucho FORMACIÓN DE PALABRAS 267 combinado con el interfijo 1 C-: -TcÚLUS), se prestaba frecuentemente a la lexicalización; debemos incluir aquí fos casos en que la forma su- fijada desplaza a la primitiva y pierde, de este modo, todo valor afec- tivo/diminutivo: OVICULA (en lugar de OVIS), AURICULA (por AURIS), APICULA (por APIS) (de donde oveja, oreja, abeja). Por lo que se re- fiere al cambio de valor del sufijo, de afectivo a despectivo, ya se do- cumenta en el español medieval, donde -ejo presenta un carácter si- milar al que tiene en la lengua moderna. Hoy en día resulta con frecuencia peyorativo, pero puede tencr tam-= bién matiz diminutivo: auorzuelo, ojuelos, gentezuela, gordezuelo. Llega a lexicalizarse con facilidad: habichuela, hoyuelo. Su étimo la- tino, ÓLUs, era al principio átono (véase 2.3.1) y se aplicaba a formas que mostraban Híato entre las dos sílabas finales: FILILS —= FILJOLUS, FLIVIUS — FLUVIOLUS. Bajo tales condiciones fonológicas, el latín ha- blado transfirió el acento de la antepenúltima sílaba a la penúltima (véase el final de 2.3.1); de este mado, transformó en tónico al sufijo y aseguró que su identidaúl fónica se mantuviese (FILIOLU > Aijuelo). El sufijo -ueto era muy usual en la Edad Media y aparentemente re- tuvo el valor afectivo que poscía en latín; durante el Siglo de Oro, continuó utilizándose con profusión, pero después de esa época su in- cidencia disminuye y, además, adquiere un matiz predominantemente peyorativo que es el normal cn el momento actual, Ya se ha señalado que -uelo se une a menudo a su base por medio del interfijo -fe)z-, Lo- mado a partir de estructuras como el español medicval simpleziello: ladronzuelo. Posee sobre todo un sentido jocoso (que lo convierte en especialmente propicio para un uso irónico) y en gencral un valor diminutivo: co- medieta, curete, pillete, tacañete. Se registra sobre todo en formas le- xicalizadas: boquete, camioneta, chincheta, salmonete, Este sufijo co noce la misma (oscura) procedencia que -ito, pero ha legado al español corno resultado del préstamo de voces francesas/occitanas/ca- talanas en -er. Puede aglutinarse con el interfijo que se originaba en -ICBLLUS (trenecete), si bien éste no se aplica con libertad ab- soluta a cualquier palabra. Cuando aparece en la lengua estándar (aunque ello sucede en pocas ocasiones) ofrece carácter peyorativo y diminutivo: casuca, frailuco. Fs la fuente de formas lexicalizadas poco usuales: hayucos. Este su- fijo todavía hoy es el morfema afectivo más común en la región cán- tabra. Su étimo cs incierto, pero puede tratarse de una variante de -ico, creado analógicamente sobre el modelo de otros sufijos que comparten un mismo pilar consonántico combinado con vocales dife- rentes (ej. -uzo, -120, -Uzo). Implica (como -uco) un matiz peyorativo y, a menudo, sentido dimi- mutivo: aldeucka, animalucho, feácho, medicucho, tabernucha. Se le- xicaliza muy ocasionalmente: aguilucho. Su otigen no es claro, corno tampoco le es su historia en nuestro idioma. 268 ao ote -aco -acho LÉXICO Cuando incide sobre radicales que apuntan o hacen referencia a per- sonas, este sufijo suele ser peyorativo, aunque también aumentativo en el sentido de que implica un «aumento» o «exceso» de alguna cua- lidad: feón, maricón, mujerona, sargentona, valenión, zampón. Si se aplica a conceptos no personales, implica también «exceso» y encie- rra un matiz peyorativo, excepto cuando ese «exceso» puede interpre- tarse como deseable: caserón, gotón, novelón. Hay muchos casos de lexicalización de palabras que conlienen este sufijo: abejón, pimen- tón, velón; sin embargo, algunas de estas ocurrencias muestran que -ón puede presentar también valor diminutivo: cordones, ratón, tapón, Serrón., En el origen latino de -ón, -Onk (ej. NASO, NASÓNIS, «de gran na- riz»), estaba ya la idea de «exceso» y, probablemente, lambién esa nota peyorativa que se infiere de elo. No obstante, ya hemos visto (4.14.2. 1) que -ón extendió su papel a derivados léxicos de varios ti- pos. Como sufijo afectivo, -ón puede ahora añadirse con considerable libertad (pero no total) a un gran número de voces. Resulta similar. a -ón en su carácter despectivo y su valor «aumenta- tivo»: acentazo, broncazo, olaza. De nuevo como en el vaso anterior, su matiz peyorativo puede ser reemplazado por otro de aprobación cuando.el «exceso» se entiende como algo positivo: bodaza, torazo. Uncontramos un significativo número de lexicalizaciones: barcaza, espinazo. Según ha expuesto Malkiel (1959), este sufijo se origina en el latín -ATÍO y, desde una perspectiva diacrónica, debe considerarse dife- rente de su homófono -azo, que proviene de -ACEU (véase 4.14,2,1), Como acabamos de mostrar en los ejemplos, el despectivo/anmenta- tivo. -azo posee un equivalente femenino en -aza, cosa que no sucede en el caso de los sustantivos formados con -azo. Sin embargo, uno y otro sufijo han sido frecuentes a lo largo de la historia del español y continúan siendo bastante productivos. Tiene casi siempre carácter peyorativo y «aumenta» el concepto ex- presado por la base a la que está unido: frescote, machote, palabrota, seriote. Muchas veces da lugar a lexicalizaciones: barrote, camarote, capota. Parece haber entrado en español como un préstamo galorro- mance (o bien se tomó de préstamos individuales franceses/uecitanos terminados en -of). Si aceptamos cse origen ultrapirenaico, debemos tener en cuenta su cambio de sentido, pues de «diminutivo» en galo- rromance pasó a «peyorativo/aumentativo» en español. Es peyorativo y parece no poseer connotaciones de tamaño: libraco, Pajarraco. Se trata de un elemento relativamente improductivo cuya oscura proveniencia radica tal vez, como ocurre con -4c0, en una va- riación vocálica sobre -ico, Es igualmente peyorativo y sólo a veces indica «aumento» del con- cepto expresado por la base: covacha, poblacho, populacho, ricacho. Puede que tenga el mismo étimo que el peyorativo -azo, pero ha pe- FORMACIÓN DE PALABRAS 269: PE sirio > /állo/). En? labílidad. neírado en español a través del mozárabe (ce todo caso, hoy cs bastante inusual y careta dl -ajo Es fuertemente peyorativo: cintajo, ati Suele dar lugar a lexicalizaciones: cascajos, € probable que descienda de -ACÚLUS: la -A-:póL a la base, en tanto que la -c- era el interfijo.que a ciorias bases Los aos diminutivos és -ujo ramuja, tapujos, Ofrece una productividad timitada mejante al de -ajo. un radical. Entre ellos s podemos incluir -ángano (curángano), -angó dango), -astre (pillastre), -astró (camasiro), -engue (blandengue), 14 ñoritingo), -orio (papelorios), -orrio (villorrio), -orro (chistorro), -uté l chute), -uza (gentuza). : Debemos tener en cuenta que dos o más sufijos afectivos (y, en menor fm dida, los responsables de la derivación léxica [4.14.2.1]) pueden acumularse y es= far unidos a una sola base. Tales secuencias de sutijos consisten generalmente en la combinación de elementos con la misma o semejante cualidad afectiva: chi- quitillo, chiquitín, riachuelo, valentonazo, Cuando existe un aparente conflicto de valores afectivos, lo acostumbrado es que el primer sufijo se combine con el ra- dical y dé lugar a una forma lexicalizada, de suerte que sólo el segundo mantiene su valor alectivo: saloncito, caperucita. Ya se ha señalado la presencia (y origen) del interfijo -(e)c/z- (véase -¿Ho, -ejo, más arriba). Aunque proviene de la combinación entre -ÉLLUS y una base que no terminaba cn -US o -a, y continúa en tales formas (ej. florecilla), en el curso del tiempo ha ido extendiendo su uso de dos modos. En primer lugar, hay ocasiones en los que cl interfijo ha terminado por utilizarse ante otros sufijos apreciativos (ladronzuelo, florecita), en segundo lugar, hay muchos casos en que el infijo ha acabado usándose incluso con bases terminadas on /o/ u fal: mane- cita, huertecillo, pueblecito, viejecito, etc. Esto último suele producirse cuando el radical muestra un diptongo al final o en la penúltima sílaba, poro cstá lejos de ser aceptado de forma universal ca el mundo hispanohablante; así, en general, el español americano y el canario profieren las formas sin interfijo (manita, huer- ¿ito, pueblito, viejito) (véase Malkicl 1958). Un examen más detallado de la historia de los «diminutivos» desde la Edad. Media, se encuentra en Náñez 1973; puede verse también González Ollé 1962, Pattison 1975. Para más detalles sobre el valor actual de los sufijos aquí estudia- dos, véase Alemany 1920, Alonso 1935, Alvar y Potrier 1983: 363-380, Guoch 1970 (de este último se han tomado muchas observaciones).