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COMENTARIO FILOLÓGICO DE UN TEXTO DE LA ESTORÍA DE ESPAÑA Emo Moreno (Aka Univeesidadl «de Santiago 1 Don Maynel, si yo sopiesse aquellas tierras,o dan soldada por dormir, pero que mugier so, yrme ya alla morar; ca semeiame que uos non quedes n coragon de acorrer uuestra companna que esta malirecha en el ual So- morian o lidian con Bramant. E digouos que si mio pudre sopier que non 5 festes y, que vos now dara buena soldadas. E dixot ell inffant: «Donna Galiana, si yo toviesse algun cauallo en que cuualgasse et pudiesse auer algunas armas, ayna los acorreria yo». E dixol Galiana: «Enffant, bien se yo de qual linnage vos sodes, ca uos sodes fijo de Pepino, rey de Frangia, et de la reyna Berta, el a uos dizen Maynet, E si uos quisicredes fazérine lo pleylo que me leuussedes conmusco pora Frangia, ct mo fiziessedes cristin: na, el casassedes comigo, yo uos daria buen couallo el buenas urmas, el una espada a que dizen Joyosa que me ouo dado en donas aquel Bra- mante, El dixol ell infant; «Galiana, bien uco que e de fazer lo que uos queredes, pero subelo Dios que a fuerga de mi, e prometouos por ende que 5 sion agora guisaredes: como medes dicho, que yo mos lieue comigo para Praga el uos tome por mugiers, Gultana quendo estol uyo desir, vuo ende grand plazer, et touo que serie uerdad, ca ell do nute ya visto en las estrellas que assi uule de secr, Hstonces le trexo los armas dellant, et ayudo! ella mismo a armar, E pues que fue armado, cuualgo en un cuvallo 20 quel ella dio a que dizien Blanchet, quel ouiera dado en donas olrossi Bramant, ct fuese quanto mas pudo pora los suyos a acorrerlos, E assi co- mo lego al logar a cra la fuzienda, fallo un ric omne que auie nombre Aynart, que era su primo cormano del, mui mal ferido, Kt luego quel uio, descendio del cuvallo, el parosio sobrel mui triste! ! Alfonso el Sabla, Estaria de España, en R. Menéndez Pidal, Crestomatla del español medieval, Gredos, Madrid, 1971, pág. 24% Anejos de Aralecia Aalacióóna, pÁgs. 15-45, A Emilio Montero Cartelle L. INTRODUCCIÓN ln pocas ocasiones me he sentido Gn deudor de las lecturas que he hecho como en la fase de preparación del comentario filológico que hoy les presento. Llevo años proponiendo a mis alumnos un tipo de comentario que, tal vez por teiterado, llegué a creer que era el resultado de mi esfuerzo y de mi dedicación. Mi sorpresa fue, sin embargo, grande cuando revisando para esta ocasión la bibliografía fundamental sobre el tema, percibí que la tubor de un comentarista se limita prácticamente a engarzar de forma más o menos coherente pautas que otros ya han avanzado, o a reproducir explicaciones que, salvo en aspectos muy cancretos, proceden de otros autores. Mi insistencia, por ejemplo, en reiterar que el objetivo del análisis de un texto es comprenderlo y que, para ello, es ineludible acceder, interprelar y Co- nocer el estado de lengua que refleja, la he reencontrado en un trabajo que rea- lizó E. Alarcos a finales de los setenta para unas jornadas similares?. «Por de- finición —dice— un texto concreto es un producto de lengua realizado hic er nunc. Si queremos entenderlo, y sobre todo explicarlo, no podemos escapar, por muy diversos que sean nuestros propósitos, de la obligación de examinarlo sin- crónicamente»?. Sólo en una segunda aproximación, que ya no depende del texto en sí mismo, sino de la perspectiva que se adopte, se acometerá la tarea de resaltar sus similitudes y diferencias con el español actual o, por el contrario, de analizar su evolución desde la lengua latina. Se trata, en definitiva, no de anular la famosa dicotomía «sincronía/diacronía», sino de superarla en el sentido de eliminarla como contradicción y potenciarla como distinción metodológica?. La necesidad de estructurar el comentario en niveles de análisis tiene, por su parte, sus antecedentes más remotos en una de las características fundamentales que singulariza las lenguas naturales frente a los restantes sistemas de comuni- cución. Me refiero en concreto al principio de articulación y a las posibilidades que ofrece para, por segmentación, ir obteniendo las unidades objeto de estudio en razón del nivel lingiístico en que nos situemos, sobre todo si a las dos anti- culaciones propuestas por A. Martinet se les añaden la tercera y la cuarta que, respectivamente, han defendido E. Alarcos y 5. Gutiérrez Ordóñez”. 1 E Alarcos Llorach, «Bases para un comentario dlacrónico (fonético y fonológico)», en Comen- tarios lingúlísticos de textos, Universidad de Valladolid, 1979, págs. 189-203. 3 E, Alarcos Llorach, loc. cit., pág. £. 4 «El problema de la antinomia entre sincronía y discronía es, en el fondo, un falso problema, mejor dicho, un problema mal planteado. En realidad, la antinomia, tal como la formuló Saussure, no pertenece al plano del objeto, sino al plano de la investigación: se trata, pues, de una diferencia de puntos de vista, de una distinción metodológica [...), que ha sido interpretada como distincion real, correspondiente a los hechos mismos del lenguaje» (E. Coseriu, «Sincronta, diacronía y tipología», en El hombre y su lenguaje, Gredos, Madrid, 1977, pág. 191). 3 A. Martinel, Elementos de lingúística general, Madrid, Gredos, 1968. 5. Gutiérrez Ordóñez, Lingilístia y semántica, Aproximación funcional, Universidad de Oviedo, 1981. E, Alarcos Llorach, «Unités distincives, unités distinctes», La Linguistique, 2, 1978, págs. 39-53. Un desarrollo de las ideas de Alarcos lo pueden encontrar en J, A, Martínez, «Las elementos de la gramática y el género en came» lanos, en Estudios ofrecidos a Emilio Alarcos Llorach, 1, Universidad de Ovledo, 1977, págs. 165-192, Comentario Glológico 17 Incluso cuestiones más concretas como el alcance ¿lel término filológico, el tipo de comentario y la forma de Hevarlo a la práctica, hor sido ampliamente desarrolladas por otros sutores. R, Cano, por ejemplo, ha publicado un libro enyo titula coincide con el de esta conferencia (Análisis ilolégico de testos)t, en el que, obviamente, diseño una breve historia de la Filología, para concluir con un planteamiento de lo que debe ser el análisis filológico, que, teóricamen- le, es correcto, pero difícil de Mevarlo a la práctica, Reconoce que su núcleo Fundamental es la parte lingilística, pero también que tiene que ir más allá e in- sertar el texto «en un momento determinado de la historia cultural de una co- munidad»?, con lo que ello supone de incardinarlo en un contexto no sólo his- tórico-lingilístico, sino también histórico-cultural y, por supuesto, de relacionar- lo con otros textos, «bien como eslabones ejemplificadores de la evolución de una lengua, o bien porque haya que recurrir a ellos para entender el texto que se está analizando»!. Por mi parte, me conformaré con un planteamiento más ase- quible en el que, sin superar el plano de la expresión, tal como lo diseñó Hjemslev?, dar cuenta de los subplanos forma y sustancia por medio de las co- rrespondientes disciplinas lingúlísticas que derivan de ellos: la fonética, para la sustancia, y la fonología y la gramática, para la forma'*, sin obviar, por supuesto, la grafía. El comentario que propongo responde a las características de lo que se co- noce como comentario didáctico, evitando de esta forma caer en el afán erudito de tomar el texto como pretexto para exponer las múltiples teorías que sobre cualquier fenómeno lingúístico se han elaborado. No quiero con ello decir que eluda las explicaciones, sino simplemente que intentaré que sean escuetas y adecuadas a los rasgos lingllísticos del texto. Por la misma razón, siempre he rehuido el análisis lineal, palabra por palubra, porque lo que se gana en exhaus- lividad, se pierde en visión de conjunto. Prefiero udoptar una perspectiva más sistemática y global en la que las sucesivas aproximaciones vayan reflejando el estado de lengua del que procede el lexto en sus aspectos fundamentales: el fo- nológico, el morfológico y el sintáctico. 2. Fonérica-FONOLOGÍA La determinación de los rasgos fónicos de un texto ha de inferirse necesa- riamente de la sustancia por medio de la cual se nos ha transmitido, que, en este caso concreto, no es otra que la scripta. Una vez establecidos aquéllos será el momento de, por segmentación y conmutación, acceder a las unidades fonoló- gicas y reproducir, por tanto, el sistema y sus características funcionales, de acuerdo a las cuales se podrá iniciar ya una primera aproximación cronológica £R, Cano, Análisis filolágico de textos, Taurus, Madrid, 1991. TR, Cano, loc. cif, pág. 24 *R, Cono, loc, cit., pág. 25 YL. Melmalew, Prolegdawenos a mua tenría del lenguaje, Gredos, Madeld, 1974. "CT. M. Fernández Pérez, «Las disciplinas lingúísiicas», Verb, 13, 1986, págs. 15-73. 0 Emilio Montero Cartelble 21 Comentar Mlológico geminada en las nasales y laterales latina ha seguido caminos similares, pues, dejando al margen cuestiones de detalle, las posibilidades que se perciben en las lenguas romances se pueden reducir a tres: conservación de la oposición simple/geminada, como sucede en italiano (cavallo, sole, lat. CABALLUM, SOLEM), la simplificación de la geminada y debilitamiento de la simple hasta su desapa- rición, gallego pena (lat. Fiwnam) y lua (lat. Luwam), y, por último, la geminada cambió el punto y modo de articulación, palatalizándose, y la simple corres- pondiente se mantuvo, Esta última es la solución del castellano, siendo además de las tres la única que implica la aparición de un sonido que no existía en latín y, en consecuencia, la necesidad de habilitar un grafema para su representación. Las alternativas en este sentido fueron desde darle un nuevo valor a la grafía que se utilizaba para la geminada latina hasta combinar el signo de nasal con el elemento vocálico que representaba la yod como factor desencadenante de la palatalización, de donde grafemas como , o sus inversos 0 . Los escribas orientales se inclinaron por la segunda posibilidad (duenya, senyor en el Libro de Apolonio, 426b y 430€), mientras que los occidentales op- taron por la primera o bién por su abreviatura, la actual A, en cuya expansión y regularización desempeñó un papel muy importante Alfonso X y su escuela, El proceso fue exactamente el mismo para las laterales, por lo que la res- puesta ante la nueva palatal siguió también las mismas tendencias. Los testi- monios del texto tanto en un caso como en otro responden adecuadamente a las pautas de lo que fue la grafía nlfonsí y, por extensión, la occidental, sirviéndose en todo momento de las correspondientes geminadas latinas para el nuevo sonido palutal, fuese cual fuese su origen: la geminada en aquellas (eccum ¡tzam, 1), alla (Lac, 2) y en canallo (casaLLom, 6), la combinación con yod companna (COMPANIAM, 3) o un proceso de asimilación, como en donna (DOMINAM, 5). Las sibilantes constituyen un subsistema en el interior del sistema fonolégi- co, cuya importancia es tal que por sí solo ofrece referencias suficientes para identificar un texto como medieval, clásico o actual e incluso, si se dan ciertas circunstancias, intentar una aproximación a su procedencia geográfica. Como saben, el sistema de sibilantes estaba compuesto por seis fonemas, organizado en tres parejas, opuestas entre sí por el rasgo sonoridad: las fricativas alveola- res, la fricativas pulatules y lus africadas dorsodentales. En el siglo xv1, la pér- dida de la correlación de sonoridad redujo los seis fonemas a tres: el fricativo alveolar sordo, el fricativa palatal sordo y el fricativo predorsal sordo, lo que, sin embargo, no detuvo su evolución, En un claro intento de evitar las posibles confluencias, se ampliaron los márgenes articulatorios, desplazando la fricativa palatal hacia la parte posterior del paladar y, consecuentemente, velarizándola, mientras que la predorsal se interdentalizó con el mismo fin. En esquema, la situación era la siguiente: cast, med. clásico actual 1, Fricativas alveolares 1s/ 153) (si sf 2. Fricativas palatales 15 HE 1d xi 3. Africadas Bl 12/ 9 el ll origen y la forma de representación fueron bastante dispares, aunque, pa- ra entendernos, se puede simplificar subrayando que la primera pareja procede de la oposición fricativa alveolar simple/geminada, fuese latina o resultado de una asimilación (grupos -Hs-, -Es- y -ps-), que derivaron hacía la sonora y la sorda, como resultado del proceso de lenición, La tercera tienen su origen en la palatalización inducida por yod, que, combinada nuevamente con la lenición, originó la africada sonora, procedente de las combinaciones Ikjt, jr y 1Ke] in- tervocálicas, y la sorda si, por el contrario, estaban en posición posconsonántica. Las fricativas palatales tienen, por el contrario, una procedencia más diversa: Mit, AK'U, dit, Seite fif consonántica, para la sonora, y fundamentalmente ¿Ksf, para la sorda". . o Para su expresión gráfica se recurrió en la fricativas alveolares al mismo procedimiento que en la palatales nasales y laterales, es decir, reservar el gra- ferna de la geminada latina , para la sorda, y el de la simple , para la so- nora, mientras que para las otras dos parejas hubo más problemas, mayores, de todas formas, en las nfricadas que en las fricativas. En éstas, ya desde la época de orígenes, el signo se utilizó como expresión de la fricaliva sorda, ha- ciendo lo propio con , para la sonora, que Alfonso X elevó a norma, utili- zando ln primera seguida de vocal palatal (), y la segunda con la vocal centrul y lus velures, es decir . Evitaba así toda posible ambigledad desde el mismo momento en que el segundo elemento, en un caso, y el primero, en el otro, denotuba la palutalizución que se quería indicne. Las africadas, tras una primera etapa en la que el grafema se utilizaba como significante de la sonora y de la sorda!*, se especializó como marca exclusiva de la sonora desde el mismo momento en que se afianzó y generalizó el empleo de para la sor- da, cuya cedilla podía omitirse en contextos inequ Ívocamente palatales, es decir ante las vocales pulatales /e/, /if: estonces (18), descendio (24). Las sibilantes del texto responden a la distinción sordas/sonoras, que tanto en las fricativas como en las dorsodentales sólo se puede percibir en posición intervocálica, siendo las restantes posición de neutralización, mientras que, en la palatales, la oposición mantiene su rendimiento funcional también en inicial, Quiere ello decir que para percibir la distinción sorda/sonora en las fricativas hay que analizar las que presentan la misma distribución, como es el caso de sopiesse (1), toniesse (6), caucilgasse (6), pudiesse (6), lenassedes (10), elc., ñ rente a quisieredes (9), casassedes (11) y u guisaredes (15), Antes de concluir afirma- tiva o negullvumente habrá que téner en cuenta su origen. Sólo nsí se puede mostrar si hay o no perfecta adecuación entre el étimo y cl resultado romance. Es lo que, por otro lado, sucede en los ejemplos anteriores, cuya primera serie plantea muy pocos problemas pues todos ellos proceden de pluscuamperfectos de subjuntivo latinos que, con independencia de la conjugación de procedencia, 15 Para evitar las posibles Inexaciitudes que conlleva una simplificación como la anterior, remito a una lectura atenta de la «FPonología discrónica del español» de E, Alarcos, donde sé encontrará éste proceso perfectamente desarrollado, LE, Alarcos Llorach, Fonología española, Gredos, Madrid, 1965, 18 CT, R. Menéndez Pidal, Orígenes del español, Espasa-Calpe, Madrid, 1968. ny Emilio Montero Cartelle Comentario Mloldyico a se caracterizaban por la presencia de una geminada en su desinencia. La segun- da es también bastante transparente, con un derivado de casa (casa), otro del germánica wa y una forma del tema de perfecto puagstw, todas ellas con una Tricativa alveolar simple en posición intervocálica, La misma correspondencia entre grafía y étimo se detecta en las africadas, de las que dizen (9), fazerme (9), fiziessedes (10), fazer (13), dezir (16), plazer (17) y, entre otras, fazienda (22) son el resultado de la sonorización de /k*'/, mientras Frangia (8) y fuerga (14) lo son de un grupo Aij/ posconsonántico, así como también coragon (3), cuyo sorda explican Corominas-Pascual como un «refuerzo de la articulación» (5. v. cora- zón), algo parecido a la geminación expresiva que fue tan frecuente en latín, Mugier (2), semeiame () y fijo (8) tienen en común un grupo /Ij/ del que deriva la fricativa palatal sonora, mientras que dixo! (5) y trexo (18) son el resultado de la pulatalización de /ks/, buse de la correspondiente sorda, La representación gráfica de las labiales manifiesta una diferencia sistemática en posición inicial, donde nos (2), nuestra (3), val (3), etc. se oponen a buena (5), bien (1) y a buen (10), y en medial, con auedes (2), touiesse (6) y cauallo (6) frente a, por ejemplo, sabelo (14), por lo que se puede pensar en una distinción fono- lógica oclusiva/fricativa, sin entrar en el problema de si era o no labiodental. Las primeras proceden de oclusivas latinas en posición inicial o de la sonoriza- ción de una sorda labial intervocálica, como en sabefo, mientras que las fricativas lo hacen de las correspondientes fricativas latinas iniciales o de la relajación de las labiales sonoras en posición interior. Tras esta primera aproximación se puede concluir que el texto refleja un estado de lengua en el que dominaba el sistema castellano alfonsí. No participa de la llamada revolución fonológica del siglo xvt, en mi opinión, un cambio de norma que afectará fundamentalmente a las sibilantes y a las labiales, por lo que cronológicamente hay que situarlo antes de esa época. La regularidad con que utiliza la tradición gráfica alfonsí, tampoco permite retrasarlo más allá del siglo xu1. Su datación se puede incluso precisar mucho más. Sería pará ello su- ficiente recordar que la presencia de la f inicial en fijo (8), fazerme (9), fiziessedes (10), etc. se mantuvo en la lengua literaria hasta el siglo xv, limitándolo más en el tiempo, de la misma manera que la apócope extrema que habíamos percibido en Aramant, infant, ete. impone una dutación muy concreta: el siglo xu con anterioridad incluso a 1276, A, MorroLOGÍA De todos es conocido que los hechos morfológicos y los sintácticos están tan estrechamente imterrelacionados que no siempre es posible trazar una división nítida entre ellos'?. A pesar de ello, creo viable el mantenimiento de la distinción '. L Bosque, por ejemplo, tras comparar las unidades morfológicas y las sintácticas a través de «mteriós como la cohesión, la ordenación intema, Ja aislabilidad, la productividad, la recursividad y la estructura interna, concluye que, asf como algunos «parecen delimitar con claridad ambos entre un nivel morfológico y un nivel sintáctico, euya separación puede Gustil Í carse a partir de las unidades en que se basan: el morlema y lá palabra (signos simples), para la Morfología, y las construcciones superiores (signos complejos) para la Sintaxis. Los características de una y otra imponen una nueva Forma de aproximación al texto, que, en el caso de la Morfología, la haré tomando comu referencia las Mumadas clases de palabras, en el interior de las cuales me cen- traré en las categorías más sobresalientes de cada una: el caso, el género y nús mero, en la morfología nominal y pronominal, el modo, la VOZ y el tiempo, en la morfología verbal, En la sintaxis, daré, por el contrario, entrada a algunas ac tiones que tienen lugar en el marco de la frase y unalizaré los tipos fundamentales de oraciones compuestas: cuusales, condicionales y concesivas. 3.1, Morfología nominal 3.1.1. La flexión nominal La reducción de la flexión casual latina suele explicarse a partir de cuusas muy diversas, que normalmente están en relación con los postulados metodo- lágicos de quienes las han propuesto, de manera que, para los neogramáticos, las razones últimas eran de carácter fonético, mientras que el idealismo ofrecía una alternativa más cultural y semántica y el estructuralismo recurría a plan- ieamientos más sistemáticos y funcionales. Por mí parte, ante la imposibilidad de ni siquiera acercarnos a la cuestión, quiero simplemente destucar que en ese proceso intervinieron factores fonético, pero también funcionales y relacióna- les. La necesidad de poseer una forma específica para expresar cada función y cada relación determinó que el orden de los elementos oracionales se hiciese más fijo y, sobre todo, favoreció el desarrollo del sistema preposicional, el cual, por otro Lado, influyó claramente en el deterioro del sistema casual. Es más, creo que su reducción fue un proceso gradual que se inició ya en la propia len- gua latina y concluyó en las lenguas romances, donde, tal vez, el paso intermedio esté representado por el francés y el provenzal que, hasta el siglo XII Y XIV, Tes” pectivamente, CONSCrviron un sistema bicasual, con un caso sujeto y un caso régimen, que también acubó por desuparecer y reducirse a una sola forma. Na es probable que el castellano hubiese conocido dicho sistema, por lo que a la hora de buscar el origen casual de los nombres castellanos o se acepta la teoría del acusativo, tal como en su día la planteó E, Díez, tomando precisamente como referencia la perfecta y exacta coincidencia entre los acusativos latinos casas y caballos y los correspondientes plurales custellanos, 0 se proponen nuevas al- temativas, entre lus que tiene cierta consistencia prejuzgar un sincretismo de todos los casos, tal como ha hecho Gazdaru'!, dominios, es fácil comprobar que otros no sólo no ayudan a la distinción, sino que hasta parecen ponerla en duda o desaconsejarlas [«La morfología», cn F. Abad y A. Garcfa-ferrio (coords.), Intrexliw ción a la lingiiéstico, Alhambra, Madrid, 1483, págs. 124-125]. o 113, Gaedara, «Prejuiciós persistentes cu la morfesintaxis románica, Supuesto privilegio del ncu- sativo lalmo en la declinación románica vecidentad», Románico, 1, 1968, págs. 69-130, 1), Gazdara, Grecia O "ay pt pos des 0 J mM 26 Emilio Muntero Cartetle Comentario Mológico 27 tonces, siguiendo una tendencia que procede del propio latín vulgar, el romance castellano prefiere las construcciones analíticas sobre la base del ndverbio rese- ñado u otros similares, como sENE MULTUM tuvo además la peculiaridad de mostrar una distribución complementaria, adoptando la forma muy, cuando la palabra que le seguía empezaba por consonante, y mucha, cunado lo hacía por vocal. Esta alternancia se mantuvo bastante bien definida en el siglo x1 para ie dilu- yéndose paulatinamente. En el siglo xvi todavía huy indicios del empleo de ln forma mucho. La escasa presencia de adjetivos en el texto no debe sorprenderles porque su uso fue muy restringido en los textos literarios del siglo xi. 3.3. Morfología pronominal 3.3.1, Posesivos Tampoco son muy abundantes los testimonios de los posesivos, aunque lo suficientemente significativos como para deducir el paradigma que lo caracteri- zaba en esa época. Tal vez en este sentido la forma más sobresaliente sea mio (si mio padre sopier (4]). Remite a una época en la que el castellano no solo admitía las formas acentuadas antepuestas, sino que incluso presentaba distin- ción genérica en esa distribución: nio, fo, so, para el masculino, y mi, fu, su, para el femenino. Esta primera apreciación no se ve, sin embargo, confirmada por el otro posesivo antepuesto que utiliza en la línea 23, donde recurre para el imismo género a la forma propaguda desde el femenino su (su primo cormano del), cuando se esperaba que el paradigma se completase con la forma etimo- lógica del masculino so. Conviene, no obstante, recordar que las formas plenas antepuestas de primera persona se conservaron durante más tiempo que las co- rrespondientes de segunda y tercera persona, lo que induce nuevamente a con- siderar que el texto no puede ser anterior a la época alfonsf. El latín distinguía en la tercera persona un posesivo reflexivo y uno no re- Mlexivo, El primero estaba representado por sus, que hacía referencia al sujeto, de manera que una frase como ama! sum patrem sólo podía interpretarse como “ama a su padre propio' y el segundo por ejus-eorum/earum, que expresaba el número del poseedor y, en plural, también su género. Se evitaba así la ambi- giedad que provocó en las lenguas romances la generalización de suits, que, pa- ra precisur el referente, recurrió a la explicitación del nombre del poseedor o al correspondiente pronombres personal de tercera persona, introducido por la preposición de, que es, precisamente, lo que se percibe en la frase «su primo cormano dele (23), En español actual parece emplearse Únicamente con vulor enfático y restringiéndolo a su de usted/de ustedes. De la serie de los posesivos referidos a varios poseedores el texto recoge la forma uuestra (euestra conpanna» (31), que procede del latín vulgar VOsTRAM, que pudo haber convivido en el lenguaje popular al lado de ln clásica vesrer o bien crearse por analogía con sosrer. La forma pronominal suyos («fuere quanto más puedo para los suyos» 1211) es también analógica, pero, en este caso, con el relativo cuyos, Es una manera de deshacer el hiato y de mantener su bisilabismo. 3.3,2, Pronombres personales En la aproximación u los pronombres personales, distinguiré entre formas de la serie tónica y formas de la serie Átona, lo que, por sí solo, permite establecer yaaa primena diferencia importante en re lación con la lengun latina, en la que, en ambos casos, se recurría al mismo significante, La aparición de estas dos se ries se suele relacionar con la progresiva fijación del orden de las palabras, es decir, con la pérdida de su autonomía. Los rasgos de comtenido de una y otra tienen una base convín, en concreto los rasgos persona, número, género, sólo en la tercera persona, y reflexividad, y un elemento diferencial que afecta única- mente al grupo de los pronombres átonos, pero que tiene la importancia de mostrarnos los únicas manifestaciones claras de lo que fue la declinación latina, Me refiera obviamente al caso y, en consecuencia, a la posibilidad de diferen- ciar entre formas de dativo (le50y yO. Se basa para ello en la frecuencia con que documenta en castellano medieval las formas de primera persona de singular reforzadas mediante el pronombre yo, antepuesto O pospuesto*, Fuestes (5) es una forma del perfecto de ser, cuyo desarrollo, como dice Me- néndez Pidal, es bastunte complicado, porque al lado de lus conjugación litera ria existía otra contracta vulgar, salvo para la primera persona. Deriva de la ba- se literario sursris y mantienen el resultado etimológico. Si procediese de la contracción rusns, habría dado fostes. La solución moderna fuisteis se creó sobre la base del perfecto ordinario, tipo temí, femimos, temisteis, temieron. Otros BR, J, Cuervo, alas segundas personas del plural en las conjugación calellana», Romania, XXI, 1890, págs. 71-46. MR. Lapesa, «Las formas verbales de segunda persona y los orígenes del "vazco"», en c.It. Magis (ed.), Actas del Tercer Congreso Internacional de Hispanistas, El Colegio de México, México, +970, págs. 519-331 23 3, Schmidely, «La -y de doy, 20y, voy». En M. Artza er al. (eds), Actas del | Congreso Intern cional de Historic de la Fengua Española (Cáceres, JO marzo abril 1978), Arco/Libros, Madrid, l, Ve, pá, 6411 014. E Emilio Montero Cántelle 34 Cometa hlulógico _ lugar en una época anterior a la temporalización de las formas compuestas, lo que, para $. Fleischman, se percibe en el diferente orden de sus componentes y, subre todo, en la ausencia de estas formas perifrásticas en lenguas claramente arcuizantes, cómo la gallega y la portuguesa. A grandes rasgos, se caracterizaría por la ausencia de formas compuestas, la conservación de los valores etimoló- gicos de tuvieras y, consecuentemente, por su adscripción al indicativo”, donde era el significante del pluscuamperfecto, al igual que tuvieses lo era en el subjun- tivo. Todo ello de alguna manera se percibe en el texto, en el que predominan las formas simples sobre las compuestas y, aunque na hay testimonios de tuvieras, sí los hay de su forma compuesta en un contexto que inequívocamente demuestra queModavía era una forma de indicativo, lo que hace pensar que la emigración de su correspondiente simple ul subjuntivo todavía no se había producido: «ci- valgo en un caballo (...], quel oniera dado en donas otrossi Bramant» (19-21). 4. SINTAXIS En esta última aproximación al texto, me limitaré a reseñar algunas cuestio- nes de tipo general sobre ta frase y la oración compuesta. La adjetivación sin- táctica del sustantivo es un hecho recurrente en el mismo, de manera que, si- guiendo un criterio prosódico, se puede distinguir entre aposiciones bimembres, con pausa entre los dos elementos que la componen, y unimembres, sin pausa entre ellos. Las primeras están representadas por la secuencia «fijo de Pepino, rey de Frangia» (8), mientras que las segundas son más numerosos, «Don Mayner» (1), «Donna Galiana» (5-6) y «la reyna Berta» (9) responden a la estructura en la que el primer elemento, siempre un título, designa la clase a la que pertenece el individuo denotado por el nombre propio. Sólo la tercera admite la presencia del artículo en el primer término, porque los títulos que pueden emplearse so- los, cuando forman aposición, llevan artículo, Este norma no siempre se cum- plía, sin embargo, en el castellano medieval, en el que podían aparecer sin artí- culo títulos que hoy lo llevan: «mandaré cómmo f vayan ifantes de Carrión» (PxC, 2965), «por amor de Rey Alfonso» (puc, 1240). «Ulal Somorian» (3-4) es tam- bién una aposición unimembre, que, a diferencia de las anteriores, presenta co- mo primer término un nombre común. Lu ndjetivación no es, como se ha dicho, abundante, pero sí muy sistemática en su distribución en el marco de la frase, Predomina la anteposición, cuando el adjetivo es valorativo, como ocurre con buena soldada (5) y buen cauallo et buenas armas (11). Sólo aparecen pospuestos cuando tienen propósito especifi- calivo, lo que implica que la calificación sea más objetiva, esté menos realzada expresivamente; «los ganados fieros non nos coman en aqueste monte (Pac, 2789). En grand plazer (17) y en ric omne (22), los adjetivos son descriptivos y, Predomina en el siglo xu1, en el xiv todavía están equilibrados sus usos como Indicativo y sub- juntivo, en el xv retrocede el primero hasta hacerse esporádico en el xv, En el siglo xvi se restaura como recurso estílíatico a imitacion de los clásicos. Cf. L. O, Wright, The -ra Verb Fonn in Spain University of Califomia Press, Berkeley, 1932. : en conscenencia, la posposición sería Jo esperable, si bign, en este caso, la bús- queda de ko expresividad induce a anteponerlos *. Las oraciones compuestas niís utilizadas en el texto son evidentemente Las causales y las condicionales. Las primeras presentan siempre la risa estic luna van introducidas por ca y llevan el verbo en indicativo: «ce semeiame que... (2), «ca nos sodes fijo de...» 09, «ca ella lo anie ya nisto en... 07-49. La ecrimología de ca no debería en principio plantear muchos problemas. La opción defendida mayoritariamente coincide en señalar que proviene de la conjunción latina qua, a pesur de los problemas fonéticos que puede plantear. Así Corominus-Pascual, tras rechazar la evolución quam>ca, pura el castellano, dado que en nuestra len- gua no existe ca con valor comparativo, concluyen que, «en definitiva, es pro- hable que el ca comal resulte de una reducción especial debido ul uso prociítico de la conjunción Quia», La otra posibilidad es considerar que procede de quam O de la evolución convergente de quia y quam, para lo cual se tienen en cuenta los distintos valores que posee en las lengun romances, donde el ca comparativo obliga a relucionarlo no sólo con quia, sino también con quam. Por mi parte, puedo admitir la doble evolución para otrus lenguas romances, pero no para el castellano, donde el plurifuncional que aparece ya desde los primeros textos en lugar del ca comparutivo, Su trayectoria cronológica es bastante más clara, por- que así como en el siglo xm tuvo un abundante empleo, en el xiv se percibe ya su retroceso, de manera que en el xv se puede decir que su declive se huce tan mar- cado como para culificarla de esporádica. Puede aparecer en textos posteriores, pero siempre ya como un rasgo de estilo o relegada ul lenguaje arcáizante?”. Las condicionales van siempre introducidas por el nexo sí, combinándose, 1 diferencia de las causales, con subjuntivo, en dos ocasiones con el futuro de subjuntivo y en otras dos con el llamado imperfecto de subjuntivo: «si ya so- piesse |...], yrme ya (1-2, «st yo toniesse algun canallo |...], ayna los acorrería» (6D), «si mio padre sopier [...] non uos dará soldada» (4-5), «si uos quisieredes TJ, yo sos daria» (9-11), «prometenos por ende que si me agora guisaredes 1...) que uos liewe» (14-15). Esta dualidad de formas verbales está relacionada con la tipología de las condicionales, pudiendo afirmarse, a pesar de la simpli- ficación que implica, que las que Jlevan en el condicionante futuro de subjunti- vo son potenciales, mientras que las que tienen el imperfecto son irreales, por- que presentan el supuesto enunciudo como imposible de renlizar. Este matiz de irrealidad se to confiere el uso de una forma verbal con un valor temporal que, en principio, no le corresponde; en este caso concreto, el de simultaneidad al origen. Son purnfrasenbles de in manera siguiente: "si yo sopiesse, pero no lo sé*; *si yo touiese, pero no lo tengo'. Por el contrario el futuro de subjuntivo deja abierta siempre la posibilidad de que ese hecho tenga lugar. MR, Lapesa, «La colocación del calificativo atributivo en español», en Homenaje a la memoria de D.A. Rodriguez Molino, Castalia, Madrid, 1975, págs. 329-145, 2]. A. Bartol Hemández, Las oraciones enusales en la Edad Media, Paraninfo, Madrid, 1988. MG. Rojo y E. Montero Cartelle, La evolución «de los esquemas condicionales. Potenciales e irreales desde el Poema del Cid hasta 1400, Universidad de Santiago, Santiago de Compostela, 1981. 34 Emilio Montero Cantelle 35 Comentario filológico Finalizaré con una breve referencia a la única concesiva que hay en el texto: «pero que mugier so» (2), la cual va introducida por un nexo que, en principio, esperaríamos que se reservase para las adversativas, tal como sucede en «e de fazer lo uos queredes, pero sabelo Dios que» (13-14). Procede del latín PER HOC y tuvo en principio un claro valor causal, del que derivó a usos adversativos y concesivos a partir, como dice Rivarola%, «de contextos en los que a la causa expresada por la frase per hoc no correspondía un efecto “esperable”». Vallejo la presenta como «expresión propia del lenguaje poético» que, a imitación tal vez de las variantes maguer/maguer que, surgió primero en la lírica galaico- portuguesa, desde la que se propagó al resto de la poética Peninsular, No entro en la valoración de su procedencia occidental porque los datos de que dispongo no permiten una conclusión firme sobre este aspecto, salvo que su abundante presencia en los escritos de Alfonio x ac interproten como una muextra imán de la influencia gallega, tal como ocurrió con la interpolación de elementos léxicos entre el pronombre átono y el verbo. En apoyo de esta posibilidad se podría aducir su presencia en el ms. o del Libro de Alexandre, que, como saben, es cla- ramente occidental. Su carácter, por el contrario, de recurso poético no se co- rresponde, sin embargo, con el tipo de obras en las que la he documentado, pues, en general, su uso se distribuye por igual entre obras poéticas y obras en prosa, de las que nuestro texto es un claro ejemplo. Más interesante, desde mi punto de vista, resulta indicur que su procedencia del campo de la adversución ha condicionado su capacidad de combinación modal, por lo que mayoritaria- mente introduce concesivas con indicativo. Los escasos ejemplos con subjunti- vo nos hacen pensar en un proceso de gramaticalización, que, sin embargo, no debió consumarse porque su uso fue siempre bastante restringido y cronológi- camente muy limitado. De hecho, su momento álgido corresponde con la etapa alfonsí y, uunque se seguirá utilizando incluso hasta el siglo xv, yn en ese mo- mento había caído en desuso”. 5, CONCLUSIONES Un análisis debería finalizar con una última aproximación en la que, de alguna manera, se aglutinase toda la información que fue surgiendo para, de esta forma, obtener una visión más global y más cercana a lo que pudo haber sido el estado de lengua en el que surgió. En este sentido, debe recordarse que el análisis de la A. Velga, Condicionales, concesivas y modo verbal en español, Universidad de Suntiago, Santlago de Compostela, 1994. 33 3, L, Rivarola, Las conjunciones concesivas en español medieval y clásico. Contribución a la sintaxis histórica medieval, Max Niemeyer Verlag, Túbingen, 1976, pág. $4. 36 J Vallejo, «Sobre un aspecto estilístico de D. Juan Manuel, Notas para la historia de la sintaxis española», Aba, 1, 1922, pág. 72. 37 E, Montero Cantelle, La expresión de la concesividad y el modo en español desde el siglo xu al siglo xv11, 1989 (en prensa). grafía, fonética y fonología, uunque conscientemente parcial, permite datar con bastante precisión el texto, La presencia de un sistema de sibilantes con seis fo- nemas opuestos entre sí por la correlación de sonoridad es un primer punto de referencia para concluir que el texto es anterior al siglo xvi, de la misma manera que la conservación de la f- inicial hace lo propio con el siglo xv y, siguiendo por ese camino, su cronología podría precisarse hasta eb extremo de hucerha coincidir con el momento de máxima penetración de la apócope extrema: el si- glo xi, por tanto, y anterior a 1276. En la morfología los datos concretos son más tenues, pero, aun así, la mayoría de ellos remiten nuevamente al siglo xi, como la palatalización de las desinencias del imperfecto y del condicional, la presencia del posesivo mio, del pronombre personal conunsco, la interpolación de elementos léxicos entre el pronombre Átono y cl verbo y los primeros indi- cion de gramotienlización de las forms compuextas. A nivel sintáctico, la csensn incidencia de la adjetivución es también característica de esa época, como tin- bién lo es la notable incidencia de la conjunción causal ca e incluso el uso de pero que con valor concesivo, en cuya implantación y difusión parecer haber desempeñado un papel importante Alfonso X y su escuela. Se trataría, en con- secuencia, de un texto en el que, desde la regularización de la grafía hasta los recursos sintácticos utilizados, pasando por los rasgos morfológicos reseñados, inducen a identificarlo con una época muy concreta, que, como la alfonsí, se ca- racterizó por un claro desco de dotar la lengua de los mecanismos y recursos necesarios para convertirla en una forma de expresión literaria,