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Orientación Universidad
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lectura tercera, Apuntes de Filología hispánica

Asignatura: Historia de la lengua II (4º curso), Profesor: Bartol Bartol, Carrera: Filología Hispánica, Universidad: USAL

Tipo: Apuntes

2014/2015

Subido el 14/10/2015

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Capfruro 39 EL LÉXICO ESPAÑOL, DESDE EL SIGLO XVTT HASTA HOY Pano ÁLVAREZ DE MIRANDA idad Aurinoma de Madrid Univ 1. Consideraciones generales El contingente léxico de una lengua puede dividirse ca tros grandes sectores, BsIá, en primer lugar, el conjunto de unidades léxicas que pertenecen a la lengua en cuestión desde sus orígenes mismos; de estas palabras patrimoniales po cahe, en ri- gor, decir que estén tomadas de la lengua madre, sino que en puridad son las pala bras mismas de esa lengua madre en un determinado ostadio de su lento proceso de evolución fonética, motfológica y semántica. Tenemos, en segundo lugar, los llarna- dos préstamos, es decir, el léxico que, constituida ya wa lengua, procedo de otras con las que la que estudiamos ha venido ostableciendo algún tipo de contacta, Finálmen- te. el tercer sector del vocabulario lo constituyen las creaciones internas, resultado de la aplicación de los mecanismos que el idioma tiene para su enriquecimiento antó; tono, o «autárquico»: fundamentalmente, le derivación y la composición Que este esquema tripartito del léxico desde un punto de vista genealógico t6- sulte aportuno y clarificador —son varios los autores que lo adoptan, con ligeras va- riantes en cuanto a la denominación de los bloques! — no implica, desde juego, que esté exento de problemas. Una vez más, a lo que nos enfrentamos en este caso, como tantas olras veces cn el terreno de los hechos liugúísticos, es a la difícultad de esta: blecer con precisión caregorías estancas, con. límites bien definidos. Así, por ejemplo, el problema que subyace a la no zanjada - y acaso no zanjable--- cuestión de distin- guir con nitidez los conceptos de culfismo y lufínismo podría no sez otro que el de precisar con exactitud los límites entre léxico herodado y léxico adquirido, Una uecesaria advertencia previa es que, dada la muy deficitaria situación de la lexicografía histórica de nuestra lengua —o, dicho sin ambagos, dado que care- 1. Por ejemplo, Partersoo y Urrutibébciy (1975: passino) habla de pulubres heredadas (Tohecited Words). paltbras tomadas en. próstemo ¿Borrowed Words) y pulebras cxcadas (Crosted Words) Manuel Seco (1972: 203 y ss.). por su parte, propone una terminología que resulta atractiva y olenticadore por su sencillez: léxico hersduio, léxico ediuirido y léxico mulipiicado 1038 HISTORIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA cemos, frente a lo que ocurre para la mayor parte de las lenguas y culturas de nues” tro entorno, de un diccionario histórico completo—, en numerosas ocasiones los datos de la ejemplificación que ofrezcamos han de tomarse con las precarciones propias del caso. La historia del léxico siempre está, desde luego, sujeta a la gevi- sión a que obligan nuevos hallazgos documentales. Esto es cierto para lodas las lenguas, pero en el caso de la española, por mor de aquella aludida carencia, ad- quiere fintes de especial gravedad: y se hace especialmente necesario, por ello, to- aerto uy presente. Ocurre, además, que. por lo que al conocimiento histórico del léxico español se sefiere, puede darse que cl grado de precisión de lus muy provisionales dataciones lé- xicas de que disponemos sea inversamente proporcional a su cercanía cronológica, aparente paradoja que tiene ¿mucho que ver con el csecimiento exponencial que, en el correr de los siglos, experimora la masa textual susecptible de ser rastreada por Jos lexicógrafos. Los consnitantes del Diccionario erúico-etimolégico de Corominas se babrán percatado de-qué si las referencias textuales son corrientes pura las voces do» cumentadas desde época medieval, y también faunque menos) para Jas de los Siglos de Oro (gracias en este caso, con frecuencia, a la nformación saministrada por el Diccionario de Autoridades), cuando el objeto de la consulta es un vocablo de los si- glos XvIexx lu información es muchas veces lexicográfica y no textilal: se acepta como indicio del «nacimiento» de una palabra su primera inclusión en el diccionario académico (o no académica: en el de Terreros, por ejemplo), lo que, cama es sabido, desde el punto de vista de la datación léxica puede comportar un margen de error de varias décadas, cuando no de siglos. Cierto que hay veces que tenemos que resignar- mos, incliso después de un rastreo documental meticiñoso, a exdúbir el de un diccio- nacio como primer testimonio de ana voz; pero, en rigor, deberíamos considerar to- das esas situaciones como otros tantos fracasos (muestros, en cuanta rastreadores del dato, o achacables a las inevitables lagunas, a veces enormes, de la documentación escrita). Pues, pos definición, el uso precede al registro diccionaril, y ez uso real sólo lo pueden atestiguar, para el pasado, los textos. Fis el capítulo de la historia del léxico español que aquí aborduunos nos hallunos ya cronológicamente alejados del monseal consitulivo de la masa patrimonial here- dada sin solución de contimidad. Como señaló Albert Danzat (1930: 158), la histo ría del vocabulario, nua vez analizado el fondo primitivo que es su punio de partida. es la hisiozia de los enriquecimientos y de las pérdidas. Normalmente suele atender- se más a aquellos que a estas. y de ahí que nos dispongamos en las páginas siguien tes a abcrdar lo que sabemos de esos «cnriquecimientos», es decir, de los hechos de Neotogía que conciernen al español de los siglos XVII, XIX y XX. Es preciso, naturalmente, distinguir entre el nacimiento de un vocablo y su pri- mera documentación escrita, Hay palabras que viven durante siglos en ese estado de latencia que lo es ínicamente porque el empleo vivo se sustras a las pesquisas del in- vestigador, Voces incyufvocamente patrimoniales por su fonerismo, por su semantis- MO, por se ánbito de uso, sólo han afiorado históricamente cuendo han caído final mente en las redes, ya en el XIx o el xx, de un recopilador de localistmos o un en coestador dialectal: o acuso Cuando Lal o cual escritor ha decidido dignificarias Hterariamente suediante su empleo en una obra de creación EL ESPAÑOL EN Lá ÉPOCA MODERNA. 1039 Otro tanto cabe decir de adopciones foráneas o de creaciones expresivas que po. drían ser rauy antiguas pero que, casi siempre por pertenecer a un nivel de uso con pocas probabilidades de dejar huella escrita, se resisten a aparecer ducumenlalmente hasta fechas avanzadas. Así, potingue parece un vccitanismo (Colón 1967: 183), pero uo constan testimonios anteriores a uno de Moratín de 3814 (Ruiz Morcuende 1945), ¿Desde cuándo existe la palabra paparrucha(s)? La respuesta nu es Fácil: los diccio- Larios no la registran antes de 1825 (Núñez de 'labnada), pero en una comunicación epistolar entre amigos (nna carta de Manuel Martínez Piugarrón a Mayans) la detec- tamos en 1761. En DHBLE puede comprobarse que para el verbo apalullar sólo em- pieza a haber documentación escrita. muy avanzado el siglo x1x (de Galdós en ade- lanze); por eso vale su peso en oro la información que Aworidades nos brinda para la varianle apagullar, de la que se nos dan adscripción generáfico (Andalucía) y qu ejemplo inventado que es lo más parecido a 11 «wexto oral» que pueda encontrarse: «Dar un golpe o paío a otro —leemos en dicho diccionario — con fuerza y quando está descuidado. Es voz vulgar y usada en Andalucía en este sentido, y más freqden. temente en el merphórico, para dar a entender que a uno le cogieron de repente sin dexarle qué decir ni qué responder: y ussí dicen; le apagulló y dexó confuso, sin te- ner gué deck Caso distinto, que el estudioso de la historia del léxicu debe tener muy preson- te, es el de la discontinuidad en la traycetoria de algunas acufíaciones y préstamos. En la historia de las voces cuitas no son raros los casos de poligénesis temporal, pues, como ubservó García de Diego (1935; 68), si «la invención de los inventos olvidados es una rareza en la industrias, en las lenguas, y en concreto en el latirismo, es un fe- nómeno corriente: «Los escritores latinizantes On a cada puso joventores de (érminos latinos que otros Lsaron, pero gue nu fueron tomados de estos, sino de la cantera ina- gotanle del diccionario latino, abierta en todos tiempos a la curiosidad de todos.» En esta circunstancia se encuentra, por ejezuplo, una palabra que, scgún un es- tudio de G. Salvador (1973) basado en las dataciones de Corominas, sería, de todas tas incorporaciones léxicas del wenx, la de nxás frecuente empleo en el español de hoy (o, al menos, en el del ¡omento en que se realizó el Frequency Dictionary of Spa nish Words do Fuilland y Chang Rodríenez). Nos referimos al adjetivo social. ¿Nació realmente social en el siglo xvi? En realidad, una palebra puede <«ua- cen» varias veces antes de que se produzca su «nacimiento» definitivo. Así ocurrió en este caso, lo que, teniendo los escritores cultos al alcance de la mano el latín socia lís, nada tiene de extraño. Ya en el siglo xIv Juan Fermúndoz de Heredia empica cl sintagma «batalla social» en referencia a la «Guerra Social» de los romanos. Es un empleo completamente aisfado. En los siglos XVI y XVI nuestro adjetivo, sin ser go- neral, empieza y aparccer ocasionalmente, aquí y allá. 1 P. Las Casas muestra nna gran predilección por él, pues lo emplea varias veces en su Historia de las Indias, ex decir, dos siglos después de Fernández de lleredia: Las Casas habla de «vida social», dice que tos indios son esociates y naturalmente inclinados a vivir en compañía», ete. También emplea el vocablo el luca Garcilaso cn la traducción de los Diálogos de Amor de León Hebreo, en 1590, Reaparece en un autor del XvIt, Andrés de Almansa, precisamente citando parafrasea a Tito Livio, y Pedro Barbosa escribe en 1627: «Hizo vóteles, al horabre anima: políficoy naturalmente social.» 1042 HISTORIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA «a por el modelo del inglés container. También lo es confesintario (1. contestatalre), aunque implique adewnis un préstamo semántico eu el verbo contestar. el cual previa o simultáneamente adoptó cl significado de fr. contester Geinte. £en realidad, tx] Adoptar actitud polémica y a veces de oposición o protesta violenta vontra lo esta blecido, ya sean las antoridades y sus actos, ya formas de vida, posiciones ideológi- cas, clo.», según la Academia, desde 1984) Fin definitiva, a todas estas creaciones internas inducidas por uno e varios mo delos foráneos (el larín de diversas épocas o las distintas lenguas CUropcas) gue ae- lúan corao catalizadores, y que a veces necesitan, eso sí, piezas morfológicas iné- ditas para lus que se acude a la cantera grecolatina.* les cuadra perfectamente la de nominación de calcos. Denominación que comvicue no exteader, contra lo que frecuentemente ocurre, a los préstamos seménticos. En el neologismo serántico contestar “manifestar oposición o protesta” no hay en rigor «calco» del francés, hay sencillamente un galicismo de sentido: es un préstanio semántico entre vocés aná- logas. Reservemos, pues, el concepto y la denominación de calco para un proceso de troquelación morfológica (que genera una unidad léxica nueva. comiestatario, elc.; también compositiva: librepensador < Tr. librepensour < ingl. frerthinker) o bien frasculógica (perr(ido caliente < hot dog, visión del mundo < Welrans- chammng). Como sc ve, el resultado de un celeo será siempre, por definición, poli morfemático. Contra lo que pudiera suponerse, la relativa proximidad cronológica no garantí. za ls. inexistencia de enigmas efimológicos. No ha conseguido aclurarso plenamente el origen del adjetivo cursi, a pesar de que, habiendo nacido a comienzos de la quin- la década del xix, podrían no faltar testimonios coetáneos que lo explicaran. Y en no- merosas ocasiones, la creciente internacionalización del vocabulario hace difícil e in- ctuso imposible determinar con precisión de qué leugua concreta ha partido un prés- tamo o ha sido caleado un muevo vocablo. 2. Ki léxico, espejo de la historia «La Instración es también us vocabulario en el que encuentran expresión las cx poricncias fundamentales por las que ba pasado un grupo humano en una época de- terminada.» Esta afirmación de José Antonio Meravall (1977: 79) es, seguramente, aplicable a otros períodos históricos, y en la percepción que encierra han coincidido, desde difcrentes perspectivas, muchos estudiosos. Tuda una orientación de la Lexico- logía, la que se ha desarrollado en Francia a raíe de los trabajos de G, Matoré (1953) y J. Dubois (1962), arranca de una constatación similar. 4. Los dicromarios nos dices que de tud, decir que rosita cie áleo + too ja creada en ese momeuto 1y disponible ya paca wieriaras formaciones) sobre la baso ds gr. dea, lat, idea o, sencillas morte, españo! ¿dea: y, subre todo, habrían de mencieanr el modelo intuesfivnidile de 1. iddolagie, pres ra inventada en 17% por Anzoime Lowss Clamte Destat: de Tracy. Brenle a 090S cómo este, lus de Jm eracia (< burcuucionie o iurista (< souristo) presenta us aubjos (sufijos en este caso) re sonociblos como propios, bn de cons! Joracse y sia más, pues ao lu sen lus ulros ("éuro-, Tor) norgha vz de ge bé + Togá , ésta raiz suÑia pa xx EL ESPAÑOL EN LA ÉPOCA MODERNA 1043 Por lo que a España y a la lengua española se refiere, el conocimiento de la evo- lución del léxico en relación con la historia social y la historia de las idcas presenta todavía importantes lagunas. Para la época anleñior al xvur tan sólo se han estudiado monográlicamente algunos conceptos y palabras. Por el contrario, para el amplio ci- ¿lo histórico que entonces arranca, y del que aquí nos ocupamos, on trabajo de La- pesa (1966-67) sirvió de estímulo para la realización de un no desdeñabic conjunto de investigaciones adscribibles a aquella orientación de la Lexicología. Dicbas inves. tigaciones ban atendido sobre todo a un sector del léxico especialmente cambiaate y. por ello, particularmente atractivo: el vacabulario politico-sovial; es consonancia con la cual, arrancan de la crisis del Antiguo Régimen para centrarse en diversos perío- dos históricos de los siglos XIX y Xx. Es obvio que la periodización bistórica no tiene por qué plegarse a fas divisorias enlzc los siglos, Y así, el estudio del léxico de la Tustración debe remontarse a la épo- ca que, 2 caballo entre el xvi y el xvm, se ha dado en lunar «de los novelores» (Álvarez de Miranda 1992). Entre ella y el comienzo de la Dustración plena (con el- reinado de Carlos IE) se habían empleado va, ocasional o reiteradamente, usologis tos —entendido el concepto con tas salvedades «ne expusimos arriba — tan caracie- rísticos de un mtevo clima de ideas como son palrioía y potriotismo, bienestar, so- cial y sociabilidad (y sus conirarios misriropo y misanirapía), humanidad y luma nizar, público (sustantivo), civilizar, educativo € instructivo, libertino Y libertinaje, prejuicio y preocupación, fanático y fanatismo, tolerancia y tolerantismo, elo. Ha- bían alcanzado o se habían aproximado a su significación moderna vocablos coro nación, sociedad, cultura, crisis, progreso, y a la peculiar de la Ilustración otros como Jelicidad (que equivale a “bienestar material”), felicitar (“hacer feliz"), utilizar (con el valor de “ser útil, reportar otífidad'), patricio fque equivale a parriota), civilidad (an- tecedente de civilización), desengaño (con un valor bien distimo del que tenía en el Barroco): había proliferado el uso de metáforas en torno a la luz y las luces o a la ac- ción de ilusírar O iluminar, y ya en 1759 se afirmaba estar en ua «siglo de Juces». En. las décadas finales de la centuria hay plena conciencia de que se vive en el Siglo Hhas- trade O de las Luces, denominación que, curiosajuente, no se ciñe al XVI, sino que durante ayicho tiempo fue válida tezubién para el x1x (Álvarez de Miranda 1993, F. Étienvre 2003), Fue cn el xvi, asimismo, cuando por vez primera se habló de la existencia de una Fidad Media y de vn Siglo de Oro. A partir del reinado de Carlos IU] ese léxico se afianza y sigue creciendo: apare» cen civilización (como ya sabemos), patriótica, filaniropía, egoísmo, cosmopolita, es Pírica fuerte, optimista Y optimismo, etc., y la palabra progreso exipieza 2. loncr cla pleo absoluto (el Progreso), Peoliferan los (papeles) periódicos y surge una nueva gura, la del periodista (antes, también, jornalista, diarista), de cuya influencia en la sociedad hubla el hecho de que su actividad ilegara a ser considerada, en el XIX, el cuarto poder. A pesar de las precanciones oficiales, los sucesos revolucionarios de Francia no dejan de temer eco en España, a juzgar por lo que, hacia 1794, escribe Pe- dro Estala desde Madrid a su amigo Juan Pablo Forner: Cuundo vengas, si vienes, no conocerás este mundillo [...]. Todos se han wetido de boz y 0nz a políticos; todo es hublur de noticias, de reformas, de arostrios, e1c.: vente, pues, con literaturas a esta genteciila, y ya no entenderán tu lenguaje. Hasta los mozos 1044 TISTORIA DB LA LENGUA ESPAÑOLA de esquina compran la Gaceta. Ein las tabernas y en Jos afros estrados, junto a Mariblan- ca y cn el café, no sc oye más que balalias, revolución, Convención, representación na- cional. Hberiad, igualdad... (cil. en F. López 1976: 512) El encargado de negocios de España en París, Domingo de Iriarte, anto la avi lancha de palabras nuevas gue necesita utilizar en sas despachos, remite al conde de Aranda, en 1792, nna lista de las que considera deberían incorporarse a la cifia em- pleada para las comunicaciones secretas (Aymes 1991, Gil Novales 1992), y los dic cionarios bilingúes publican suplementos que recoge el flamante léxico revolucio- nario (E. Elienvre 1999). Naturalmente, las acontecimientos de 1808-1814 traen consigo importantes con- vulsiones, también, en el léxico político, léxico que es amplianente tributario del de la Ilustración y que conocemos gracias a un libro que fue pionero en esta clase de estudios (M* €. Seoane 1968; cf. asimismo Moliner Prada 1984-1983). Los liberales —voz en enyo nuevo uso como efiguera política parece que correspondió un desta cado papel a muestia lengua — y los serviles se enzaczon en enconadísima guerra de idcas que es también una guerra de palabras: revolución y revolucionario fremto a anarquía, ciudadono frente a vasalla y súbdito, libertad y Constitución frente a des- potismo y tiranía; todos reclaman para sí las esencias del patriotismo y de la verda dera ¡lusiración, y aparecen vocablos (serrorismo, por ejemplo) llamados a toner lar- ga vida política; el verbo progresar se usa en español treinta años antes que el fran- cés progresser. Es sumamente interesante seguir el desarrullo paralelo de todo este vocabulario en la metrópoli y cn los territorios americanos, en el momento en gue en estos se iucian jos procesos de emancipación. Para España y México esc análisis comparativo ln ha jlevado a caho M' Teresa Ciarcía Godoy (1998 y 1999). Se ha es- tudiado el léxico de Francisco de Miranda (F. Belda 1965-1966), y conocemos hien el de Bolivar gracias a un importante líbro de M. Hildebrand! (1961). Para el español de la Argentina en esa misma época disponemos de los trabajos de (3. G. M. de Gar- «ella (1969) y P. Vallejos de J.lobet (1936, 1987, 1990). A partir de ese momento, nuestro conocimiento del JExico político español es a tanto discomtinto, pues disponemos de monografías para el de algunas £pocas (la re- geucia de María Cristina. el Sexenio Revolucionario, la Segunda República...) pero nos faltan para otras; por ejemplo, para una de tanta efervescencia como es el Trienio Liberal --con todo, uma breve lista remida por Gl] Novales (1975) nos sirve para cap tar la ebullición de etiquetas eu esos Les intensos años: faccioso, realista, moderado, pastelero, exaltado, descamisado, pancista... (véase también A. 1. Cullen 1958)—. La época de Larra la conocemos bien gracias a estudios como los de Lapesa (1985) o Pei: ra (1975, 1977, 1987) y a una exploración monográfica del léxico de «Fígaro» (D. Ruiz Otín 1983). Basie decir que son años de polizicomanía, en los que aparecen O se generalizan ahsolurismo y absolutista, racionalismo Lusada ya por Moratín en 1825), pronunciamiento, reformista, progresista, retrógrado, conservador y estacionario, opresión y renresión, oprimida, proletario, subversivo, masas, igualdad, fraternidad (que Larra no emplea, pero Espronceda sí), propagonda (gue ya había usado fray Fran- cisco Alvarado, así como propagandisia), reaccionario: la democracia empieza a de- jar de considerarse, una entelequia, y adoptan sentido político derecha, izquierda. cen- EL ESPAÑOL EN LA ÉPOCA MODERNA. 1043 fro. Hija, en definitiva, de la Hustración, nada tiene de extraño que Larra guste de la palabra oscurantismo que Ruíz Otín (1983: 427), sio embargo, documenta ya antes, en 1825—. Las palubras romántico (usada ya en 1787 con el valor de “pintoresco') y romanticismo han merecido, por su importancia, la atención monográfica de varios an- tores (Calón 1961. Shaw 1972, Sebold 1979, Romero Tobar 1992), Un observatorio privilegiado para conocer el léxico de le primora mitad del xx lo constituya el peculiar subgénero ¡exiengrático de los diccionarios briescos (Álva- rez de Miranda 1984). desde el anónimo Diccionario razonado manual para inteli- gencia de ciertos escritores que por equivocación han nacido en España y el Dic- cionario crisico-hurtesco de Ciallardo tambos de 1811) hasta el Diccionario de los po- líticos (1855) de Juan Rico y Amat. En una Enea no awy distinta, pese á tratarse de un diccionario «serio», se sita en ocasiones el Diccionario nacional (1346-1347) de Ramón Joaquín Domínguez. algunas de cuyas definiciones proclaman ostensible- mente, al asasgen de cualquier asepsia lexicográfica, las ideas-con las que cormlgaba el autor, que erzn Jas del lineratismo exatrado (Seco 1983). Hemos de saltar hasta el período 1863 1873 para, de la mano ahora de M* Paz Hattaner Arías (1977), asistir a otra ulapa de cbultición del léxico político —radical, radicalismo, autoritario. carcunda, intransigente, socialista y socialismo (empleadas ya desde mediados de siglo), comuna, COMIUÍSMO, colectivismo, pairiciero, separa- tista, alzamiento, asonada. barricada, manifestación, coalición, descentralizar, aut iurquía.... - y social: burgués y burguesía, clase media, asalariado, cesante, huelga y huelguista, obrero, productor, proletariado... Las épocas de (selativa) estabilidad han atraído menos a los investigadores, y así, no se ha estudiado monográficamente el vocabulario político de la Restanración ni el de la Dictadura primorriverista. Sí el de los republicanos eu el amplio lapso que va de 1868 a 1931 (Fernández Lagunilla 1985), y el de la polírica en general de los intensos años de la Segunda República (Gurcía Santos 1980, Rebullo Torío 1975 y 1978), que, natoralmente, es deudor de huena parte del hasta aquí mencionado (en realidad, los grandes conceptos políticos estaban ya sobre el tapete desde épocas anteriores), pero lleva al extremo la produo- tividad de unos cuantos afijos: anti- (anrifascisia, antimonárquico, artimilisarista, an timarxista, antiespañol, aniifederalisticó, -ismo e ista (aontonomismo y auionomisia, extremismo y extremista, posibilismo y posibilista, abslencionismo, bolchevismo, en chufista, fascismo y fascista, internacionalismo, laicismo, pistolerismo), «izar, -iza- ción, -izante (prolelarización, monarquizar, monerquizanie, balcamizar, fascistizant ializante, sovierización) y se sirve ampliamente de la composición tanurcosiadi- calista, radicalsocialista, nacionalsindicalisto, socialdemocracia), de los adjetivos de color (rejo, exud, blanco, amarillo) y basta del humor (cavernícola, troglodira, clns- póptero, pucherizo, dictablanda; en los años de lu guerra civil surge mandamás). Uno de los trabajos que acahamos de cirar (Rehollo Torío 1978) prolonga su cen wo de interés extendiéndole a una época, la del franquismo, en que la política discu- xe por muy otros derroteros, con las repercusiones léxicas que cran do esperar: pre- dorvinio de palubras-consigna (Movimiento, Alzamiento, Cruzada, Régimen, Caudillo, desarrolla), escasas novedades (democracia orgánica, sindicato vertical, tecnocracia y secnócrara, mido ssisbo, años adelante, de asociación, asociacionismo, aperturi. mo y aperturista, pluralismo) y propensión al culemismo (conflicio colectiva). En ses 1048 HISTORIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA vale, como indicio, de la fecha de incorporación de determinadas voces a jes sucesi: vas ediciones del diccionario académico a lo largo úel período estudiado: 1899, 1914, 1925 y 1936, lo que nos permite asistir a la aparición de todo un mevo vocabulario relativo a las comunicaciones (teléfono, radiotelegrafía, radiodifusión, ferroviario, automóvil y aio, gasolina, tax, 1927—, hiciclera, motocicleta, aeroplano, avión, aviación, aviador, aterrizar, ete), la guerra (ametralladora, bombardeo, submarino), la vida urbana (erbanización, us- jaltado, inadoro, calefacción, radiador. ascensor), el deporte (fiktbol, gol. tenis, bo- mo) y muchos otros carpos de la vida social, las ciencias de lu paturaleza y las ciencias humanas, Evidentemente, esos registros lexicográficos no san datacio- nes precisas, sino, como hemos dicho, «indicios», y habrían de ser contrastados con los datos textuales fiablos que sólo un diccionario histórico podría ofrecernos? lin fin, en otro trabajo anterior de Lapesa (1963) —pero, en cierto modo, prolongación cro- nológica del que acabamos de reseñar— pueden verse indicaciones sobre las nove- dades léxicas del período 1923-1965, apoyadas a veces, como también ocurría en aquel, en el recuerdo y percepción persunales del historiador. ctre — taxi lo incorpora el Diccionario manual en. xe0, cicl Léxico adquirido y multiplicado Todas las oleadas de nuevo vocabulario de que son pálido reflejo los párrafos an- teriores esán conslituidas, como ya sabemos, poz léxico adquirido (préstamos) o por léxico raultiplicado (creaciones internas), bien entendido que entro ambas categorías se sitúa una ancha zona intermedia de voces ercadas sobre modelos foráneos. Pues bien, nunca se insistirá lo suficiente en que la abrumadora mayoría de los constitu- yentes de tales acubaciones son de base greco-latina (Migliorini 1956), lo que ha Jle- Vado a otorgar a estas la cómoda, por imprecisa, consideración de culrismos. Se ha señalado en muchas ocasiones que la proporción del léxico de tal procedencia ha He- gado u igualar e incluso a superar la del llamado léxico patrimonial. De otra parte, los cultismos constituyen «cl auténtico enlace interrománico» (Colón 1980: 608) y aun, en cierta medida. interentopea Por lo que a los dos cotuporentes de esu «baso greco-latina» se refiere —duali- dad acaso más aparente que real--, es sabida, pera no estará de más recordarlo, que la cantera fundaraental ha sido la latina. bien entendido que esta ha integrado masi- vamente en su seno lo helénico. García Calvo cres que hay motivos para decir que nología médica en los diccionarios generales, y la constitución de la lexicografía mé- dica: Gutiérrez Rodillu 1993, 1996, 1999), para el xtx, ya nos hemos referido antes al vocabulario del ferracarefl o a la nomenclatura de los pesos y medidas, ¿Se consiguió el propósito de los ilustrados? ¿Alcanzó la lengua española el ni vel de las otras lenguas europcas? Por lo que hace a las posibilidades de comunica- ción intelectual, algunos respondieron negativamente a estas preguntas. Es el caso de Blanco White, para quien una gran parte del idioma se había hecho vulgar y anticus- de: alas otras lenguas —opina— que durante el progreso intetectoal de Ninropa se han convertido en vehículos e insemmentos del pensamiento han dejado ¿muy atrás a la nuestra en enanto a capacidad de abstracción y precisión» (1972 [1822]: 283). Lale tras estas cuestiones, claro es, la cuestión dul parismo, contra cl que arremete Larra con le misma lucidez con gue un siglo antes lo había hecho Meijoo: 9. Hay cada somonclatira química vo Jnlercvaste e, el francés: en prmer lagar se adopcon sulla nitvate, ei. pronto, sin embargo, hubo quiea 1azoró. con buen sonido ¡dioráico, que la terminación en -o convenía más con el genio de ta lengua, y se Lupusieron sulfaro, cr borre, mitrezo (Cajas / Carrillo 1078: 25 y 34) aple de los prabblenzas de sata; reerbonu EL ESPAÑOL EN La ÉPOCA MODERNA 1051 La literatura es la expresión del progreso de u pnebio; y la palabra, hablada o es. rita, no es más que la sepresentación de las ideas, es decir, de eso mismo progreso. Aho ra buen: merchar en ideología, en metafísica, en ciencias exactas y jrotarales, en política, anmeutar idens ¡uevus a lus viejas, combinaciones de hoy e las de ayer, analagías 2mo- dermas 4 las antiguas, y pretender estacionarse eu la lengua. que ba de sor la expresión de esos mismos progresos, perdónenmos las señores puristas, es hahar perdicto la cabeza. (1960 11836]: 10023 Y al fondo está también, desde luego, la interminable «polémica de la ciencia españole», que llega hasta nuestros díes. Al margen de planteaanicntos esencialisras, es claro que, en el plano lingisístico, los espíritus más ponderados se acogieron a una sensata postura: había medios para evitar que el idioma se quedara rezagado; sólo era necesario activarlos. Nuestra pabreza, como decía Capmany, era «aparente» tenía solución. En cualquier caso, podemos afirmar, con Germán Colón, que la mayoría de las voces cultas y técnicas «entran en España de modo indirecto (a través del francés y ahora del ingiós aracricano), y que no parten de aquí, debido a aquella desidia del “que invenien ellos” que se arrastra desde los siglos XVI y XVIl» (2002; 31). Jas excepciones son pocas, pero inleresantes. Un quínico español, Juan Mannel de Aréjula, disintiendo, con razón, de Ja teoría de la acidez. de l avnisier, propuso en 1788 la denominación arzicayo (principio quemante”) como alternativa a cxfzer (ir, cxygéneh; la obra en que Aréjula hizo su propuesta fue traducida al francés. pero ay xicayo no prosperó (Gago / Currillo 1979, 26 y ss.). Y es que cn terminología las ven- tajas de la internacionalización priman sohre la exactitud det fundamento etimológi co. Al menos, ya que no el nombre de un elemento tán importante como el oxigeno, el español dio al mundo el del platino (Lapesa 1981% 460). Ovas veces la homogencidad internacional no era imprescindible. Resulta que el español ha inventado una palabra, quirófano, para un referente de la medicina que en las demás lenguas se expresa mediante una perífrasis (francés salle d'opération, in glés operating room 1 theatre, italiano sala operatoria, etc). Conocenos perfectas mente las circunstancias de la feliz acuñación (Pera 2003: 291-295): en 1892 se inau- guró en el Hospital de Sun Carlos de Madrid una nueva sala de operaciones que, para garantizar la asepsia cuando estas eran presenciadas por los estudiantes de medicine, se insertaba en im recinto mayor y quedaba separada de él por una gran campana de cristal; slio explica que se diera al conjunto el nombre de Qnirójano (sobre raíces procedentes de gr xelp “mano” y oñw mostrar”), De akí, la palabra pasó a desig- ner cualquier sala de operaciones, no sólo aquella del hospital madrileño y no sólo fas destinadas a aquel fin docente. Esta peculiar circunstancia, la de lo que Migliorini llamá «onomaturgia» (triun- fo de «parole "autores: voces propuestas por hablantes cor pombre y apellido; el in- ventor de quirófano fue el Goctor Andrés del Busto y López. marqués del Busto), debe llevarnos a recordar, siguiera fugazmente, lá impronta que en el acervo léxico has dejado unos pocos autores señeros. Fl concepto de intradistoria, y la palabra. son creación de Unamuno, como también lo es fularismo (u lo que cabe agregar, aunque somo fenómeno de owa índole, el guste de este autor, y de otros del 98, por rescatar léxico tenmuñero). Y la coniribución de Ortega al léxico intelectual (no ya al mero teo- 1054 HISTORIA DI LA LENGUA ESPANOLA La. tríada de lenguas europeas que son principales suministradoras de próstamos se complera con el inglés, y los que de elía proceden son, con mucho, los mejor estu- diados (Alfaro 1970%, Fernández García 1972, Pratt 1980, Lorenzo 1996, Medina Ló. pez 1996, Rodríguez González / Lillo Buades 1997, Gómez Capuz 2001). De acuerdo con un údl panorama de Gómez Capuz (1996), la entrada de anglicismos en español se habría producido en tres grandes períodos: el primero, 1820-1940, comespondería al comienzo de la influencia inglesa (sólo británica), por medio de traducciones y de los comactos que establecen algunos exiliados —efapa que quedaría ahora ampliada hacia atrás merced al estudio de Páramo García (2003), en el que se rastrean algustas voces mplesas, la mayoría de ellas más bien «citadas» vcusionalmente como tales, en traducciones de la segunda mitad del xvIa—:; en el segundo período (1910-1939), asis- tivíazuos a un auge del angliciyino, que se aproxima a las posiciones alcanzadas por los préstamos [ranceses; el tercero, cn fin, daría comienzo en 1939, y. tras un breve pa. téntesis (en España) de pretendida autarquía lingúística alentada desde el poder, su pondría (tras el final de la Segunda Guerra Mundial y, unos años después, las añianzas con Estados Unidos) la plena apertara al influjo del inglés (americano). En cualquier caso, ya en el xvi encontramos bill, coac y coak (antecedentes de coque. inglés cokej, ¿malr (más tarde malta). stock (todas ellas en Gómez de Emerría 1996), ponche, esplín. Nótese que eu el XV, por su misma rarcza —y hasta, podríamos decir, «exotismo», Varias de esas (pocas) voces sc dejan en su forma original. Ba el XIX se dicia que se hacen mayores esfuerzos por aclimatarlas: bol, tangue (comu vehículo bélico, pero con la ica de depósito” cra un lusismo que había tenido vida desde tiempo atrás), súnol, mitin (jumo a meering), leader (pronto líder), cheque, (ejsnob. Por lo que se refiere a los anglicismos del xx, que son la inmensa mayoría con sus diferentes tipos y gra dos de aclimatación: los problemas reaparecen como consecuencia de lo dicho wrriba a propósito del francés: mayor conucimiento de la lengua, a más de la creciente inter- nacionalización —, cualquier lista gue aquí dióramos de ellos resultaría tan parcial que preferimos remitir a los teperrorios ya indicados. En. un número no desdeñable de préstamos. el élirio próximo parten Jengua y el remoto a otra, Heros mencionado arriba paguebote y redinpote, galicis- amos que derivan de unglicismos francesos. Cuando, a finales del XVI, Un agente ln quisitoria) intercepta un pantleto revolucionario que reproducia el texto de un discur- so de José Marchene en Bayona, anota eu él que la soflama se pronunció «en el púl- pito del Clu» (Her 1964: 227); estamos cn 1792, y se trata, acaso, de la primera vez que se usa ía palabra clu(b) en español, tomándola, sin duda. del francés; lo cual no obsta para que, exactamente en esas mismas fechas, Moratín, de viaje por Inglaterra, nos diga que hay allí «varias sociedades que Hunan clubs» (Ruiz Morcnende 1945: 1 3240). Con sum y ron (ombas documentadas en el xv1 pasa otro tanto. Lorenzo ha kublado de anglogalicismos (1996: 91) para los casos en que la decisión del etimólo- go se hace prácticamente imposible, Pero no nlvidemos que en otros hay datos obje» tivos que prueban la intermediación: bifteo, bistec han de venir de fr. bifreck, más que de ingl. beofsteack, como vagón es, por su prosudia, un galicismo. a una 13, Ya antes de 1267 Tesoros bubía deu cost. ncia en su diccionario de que «CLUB Haran en Inglaterra a Jo que en Madrid tertalia o santa de persons de gusto», EL ISPAÑOL EN La ÉPOCA MODERNA 1055 Este hecho explica que el múmezo de préstamos inwnediatos desde otras lenguas sea muy escaso. Como «alernanismos» direclus pueden citarse búnker, blocao, leir- motiv, y algunos iérminos químicos (níquel, zinc, enbalía, cuarzo). Pero vals, pese a la que digan tos diccionarias, es obvia que no deriva de al. Walzer, sino de fr. valse (ef., en cambio, italiano valzer), del mismo modo que mazorca, seguramente, no le- go directamente desde el polaco. ¿De qué leagua se tomó dibumn en el x1x? No, cier- tamente, del latín, como sostiene la Acadentia. La cosmimbre del album amicorin na ció en Aleraania; pero cuando Larra nos dice en un artículo que una de las circunstancias que debe toner [un álbum] es que se pueda decir de El: «Ya me han traído el álbum que encargué e Londres.» Tembión se puede de lugar de Lon- dres, París: pero es més velgar, más trivial. Por Jo tagto, nosotros aconsejaraos a nues. aras icctoras que digan Londres (1960 (1835): 844), nos pone en la pista correcta: estaríamos. de muevo, ante una voz que pos legó des- de el francés o el inglés, pues ya ambas la tenían; Burall, desde luego; se inclinaba a considerarlz galicismo. También son, en rigor, salicismos palabras raodernas (siglos XvIN-X1X) como ba- bucha, harén, ausalmán, minarete, hurt, derviche, ulema, ruzlcJa..., cuyos Étimos inodiatos son voces árabes, Turcas O persas; como, por sa parte, son anglicismos poñ- che, jungla, gongo, pilama, etc., que el inglés, a su vez, tomó de diversas lengnas más o menos exóticas (Pratt 1980: 48). Y también aquí bay casos problemáticos: es prác Licamente imposible saber si el intermediario para la adupción de kimono Tue el in- glés y el francés (Sero 2000-2001: 269). Cuino se ve, la casuística es casi infinita, y aquí sólo podemos ofrecer unas cuantas pinceladas de muestra. El papel del inglés como lengua puente para la entrada en español de voces de diversa procedenc:a, ha sido destacado por Rosenhlat (1978). Ahora bien, el capítulo de los arabismos directos del español sí puede comple tarse con algunos ingresados por vía librescal y a través de los cuntactos con el nor- te de África (chitaba, kif, jaimar, eE. Dominga Soriano 1994-1993), Para el conocimiento del léxico históricamente más cercano al momento actual Cel de, aproximadamente, la segunda mitad del siglo 100 disponemos de varios pano- ramas (Lapesa 1963 y 1977, Seco 1977, Vesmández Sevilla 1982, Belor 1987. Loren- zo 1994 San Vicente 2001) en que vo sólo se consideran los préstamos sino también —y us un iorreno en cuyos pormenores no poderos aquí entras — los mecanisinos 16. Bay cn puñado de arabismos «ue, pañol por mediación de los esuritores rocxántizos, que llovaron 2 sus creas ria le da dreniemción de los drabes en Espuña (0820-21) de José Antonio Conde y que eran en ells, en realidad, tran lieraciones, pera las que este asabista, por cierto, había aduptado un personal sistema de iramitesación nu exento de ermers. Bs ¿a eo int especalas, pones hace Corominas, Sobre la etirmo- Jopía die alain (que es ena de cando del: strá Oliver Asín (1959, 1996), entraron en es- jones voces leídas en la ¿Misto- -gún der 5 voces en caesción), o, mejan dicho, sobre las posibles causas de Je aparición de exa e la haber una 6, elídos aque el lisas es afmenia; la explicación está, sen- cillemonto, en que Conde se equivocó al vocaliza: la palabra, Pero, al surgen de este raso pecaicr, lo que merece destacarss es que esto pequeño consiagente de palabras seprescar. una interesante carego de «cultismos» no lativos, sino árabes, es decir, de arablsozos tazcios lncomporados por vía Kibresca o eru- dita, al modo en gue lo han sido en toda de ESOS. 1056 HISTORIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA. más productivos de multiplicación léxica (afijación!? y composición), así comootros procedimientos neolópicos complementarios que eran prácticamente desconocidos, y al menos raros, en tiempos anteriores: siglas lexicalizadas lovti, vida, opa; lumbién deletreadas: ATS o ateere, elepé, K. O. o cao, a el deletreo compaciado de peneno), acortamientos —radio, moto, foto, cine, corto ( < cortometraje), zoo, logo (< lega. tipo)? y otros diafásicamente marcados: íele, cole, boli, profe. ridi, depre, diver, bus ca, eto. . y lexicalización de marcas (Lamo propias como foráneas: mecano. gramo: fono, formica, maicena, nailon..,). Casado Velarde lleana acronimía (y de ahí acrónimos) al sprocedimiento morfu- lógico consistente en la formación de una palabra a partir de dos y —may raramen- 1e— tres unidades léxicas, estando representada, al menos una de ellas, por un fras- mento ¿una o raás sílabas) de su significante: la. primera por el fragmento inicial de su significante, y la Última por el Traguento final del suyo: docudrama (< documen tal + drama), eurocracia (< europea + burocracia)» (1999: 5085). Asimismo, el die- cionario de la Academia, muy recientemente (2001), ha añadido una nueva acepción a acrónimo (la primera es «tipo de sigla que se pronuncia como una palabra», para el que brinda como ejemplo ovrí): «vocablo formado por la unión de elementos de dos o más palabras, constituido por el principio de la primera y el final de la última, p. ej. ofifcina inforimática, o, frecuentemente, por otras combinaciones, p. ej., sofumd) nfavigation) aínd) rtanging), Bantco) estpañoi) (dej (erédilo». (Curiosamente, vn 1992, cuando esta acepción de acrónimo aún no figuraba en el diccionario, se decía ya en él que bonobús es «acrónimo de bono y autobús», lo que, por lo demás, no es muy exacto, toda vez. que el anglicismo bus es palabra completa; en 2001 se ha co- regido; «Compuesto de bono y bus.») En realidad, sónar. en español, es, sia suás, un préstamo del inglés —y en inglés, más exactamente, procede de sofund) nalvigation) fand] rfanging)- ; Banesto, que no es un nombre apelativo, es lo que, muy adecua- damente, se ha llamado un «siglvides. En cuanto a la designación «acrónimos para palabras como ofimática, pur más que climológicamente sea defendilde (époz “ex temo”), introduce una pulisemia nada descable en um término técuico (en muestra opi- nión, sería preferible llamar acrónimos, únicamente, a las siglas lexicalizadas). Ade- más, mnchas de las palabras formadas de esta manera conservan cn su integridad el segundo de sus componentes (curiantor, docudrama, publirreportaje; y ct. añejos precedentes como hidalgo, pundonor), con lo que ya nn tiene sentido aludir atm “ex. tremo”. En fin, el procedimiento, tán cercana a la composición de palabras, es, como se sabe, relativamente frecuente en inglés, lengua en que se devomiva blending (ejemplo: branch < iveakíast + lunch), y blends a las voces que de él resultan. Se ha hablado de «combinación». «combinados-compuestos», «formas contractas de com- posición», «reducción de las lexíus compuestas» (cf. Lang 1992: 258), de «palabras- telescopio», porimanteas words, invts-valise, de «Fusión» (Seco 1998" 5. y. para 17. Para la sufjación en la lengua culeujual rersirivos y Náfioz (1973) 18. Algunas de estas voces son anteriaras a 199; el caso de subre (principios del xux) < sobres erizo, acoriamsicata ligado al cambio senántivo «texto, quee indica la disceción, escrito en le parte exerior de un pliego cerrado» >> «cubierta do paye! plegado y que ne puede cerrar, destiasda a contener ma car de o similar y cu la que se escribe la dirección», lo ha estudies Clnvería Nartol (2008). FE ESPAÑOL EN LA ÉPOCA MODERNA 1057 dímpico). de esoldadurm» (Lorcuzo 1996: 205). Seco (1977: 190) señala que ex me chos casas se trata, sencillamente, de préstamos (electrocutar < ingl. elecirucare < < electro» + (excjere). Nótese, en fin, que, a diferencia de los cortes arbitrarios de ofimática (“intormárica para oficinas" más que “uficina inlonmática”, como sugiere la Acadomia), en muchas de las palabras que estudia Casado como «acrónimos» el sor te se produce precisamente en los tímiles de un afijo, haciendo que éste aporte a la nueva ersación la totalidad del significado del compuesto de que procede: es fenó meno que afecta con cierta feecuencia a las raíces prefijas (autoescuela “escuela para aprender a conducir automóviles”, homefobia fobía a los homoseauales”). pero ltam- bién a las sulijas (eurocracia “burocracia envepea"); cf. Seco (ibidesn). % la antedicha «sincronía» (segunda mitad del 20%) cube decir que para el español de tispaña es la que está, y con mucho, lexicográficamente mejor servida, gracias al Dic cionasio del español actual (DEA), basado en un corpns que arranca de 1953 y llega has- ta 1993 (Seco / Andrés / Ramos 1999; atra carácter tiene Alvar Ezquerra 2003). Los dic- cionarios hispanoamericanos han segnido, por lo general;-el exilirio de recoger lo difa- rencial (algo que, en realidad. es ahora cuaudo podría, DEA en mano, acometerse con garantías)? Todo ello, en espera del gran inventario exhaustivo que habré de damos un día la visión global, para el pretérito y el presente, de un inmenso tesoro léxico a un tiern- po sustancialmente nivelado (Rosenblat 1978) y de sica diversidad Hibliografía ALFARO, Ricardo 4. (970%) Dircionorio de anglicismos, Madrid: Gredos. ALVAR EZQUERRA. Manuci (2003): Nuevo diccionarin de voces de use actual, Madrid: Arco/Libros ÁLVAKIZDE MirasDa, Poóro (1984): «Algunas diccionarios turlescos de la primera anitod del 0 xx (18 1:-1833)3. en Remanicismo, 2, Ati del III Congresso sd Romanticismo Spagnolo e Ispandamericano: Ti linguaggio romantico, Génova, 135-167 — (1985): «Proyecios y proyectistas er. el siglo Xvm español», BRAF.LXV. 409 29 — (1992): Palabras e ideas: el léxico de la Ilustración temprana en España (1680-1760 Madrid: Real Academia Española (Anejos del BRAE, LB. (1993): «Siglo Ilustrado y Sigto de las Luces: dos denominaciones a cal glos», en E. Caldera y R. Proidi (eds), Enure Siglos 2. 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Lara, y del que por ahora sólo ¡ener un disciens autiso (1996)