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lectura 2, Apuntes de Psicología de la Personalidad

Asignatura: Psicología de la Personalidad, Profesor: Jose Manuel Hernandez, Carrera: Psicología, Universidad: UAM

Tipo: Apuntes

2015/2016

Subido el 11/10/2016

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CapíruLo V Tradiciones de investigación en psicología de la personalidad ¡La clasificación! He aquí la monomanía a cuestión es clasificar, aunque luego esa clasificación no sirva para maldita de Dios la cosa. ¡Clasificar por clasificar! No han salido de la Escolástica. Diríase que, como aquel personaje de mi novela Amor y Pedagogía, creen que el fin de la ciencia es catalogar el universo para devolvérselo a Dios en orden, o bien que conocer es clasificar, MicuzL be Unamuno, «La Nación», 30 de agosto de 1915 Pervin (1996) resume en tres las metodologías utilizadas en el estudio de la personalidad humana: método clínico, método experimental y método correlacional'. En el Cuadro 3.1. se resu- men las características de tales tradiciones de investigación. Probablemente no haya más opciones metodológicas y la psi- cología de la personalidad ha utilizado todas de las que ha podido disponer. Desde una perspectiva teórica, cada modelo ha 1 Esta clasificación ya fue expuesta por Cattell (1965) cuando distinguió entre el método clínico, el bivariado (experimental) y el multivariado (correla- cional) [1491 150 José Manuel Hernández López buscado aquella metodología que más se ajustara a sus caracte- rísticas teóricas y mejor pudiera ayudarle a responder las pre- guntas que se plantea. Esto ha dejado cierta sensación de patri- monialidad que convendría aclarar. Parece claro que cl método clínico ha estado más cercano a los planteamientos humanista/fenomenológico y psicoanalítico en el estudio de la personalidad. Por su parte, el método corre- lacional ha estado asociado a los modelos de psicología del rasgo dro 5.1. Las tres tradiciones en el estudio de la personalidad humana CORRELACIONAL Sujeto de estudio Muestra Forma preferente de Cuantitaciva Cuantitativa: obtención de datos y Objerividad Intersubjetividad (Control) Instrumentos de eva | Entrevista clínica | Observación (en Auto-informe luación caracterís experimentos) En ocasiones ninguna | Pruebas paramétricas | Análisis factorial Comparació y no paramétricas de | Análisis multivariados sujeto contraste de hipótesis | en general Objetivo buscado Descriptivo Descriptivo/explica- tivo Modelos teóricos Psicoanalista Algunos autores Frcud Bandura Rogers Rorter Kelly Stats Ventajas Observación de la| Establecimiento de persona como un todo| relaciones de caus Observación de gran | dad variedad de fenóme-| Registro obje ricas en rasgos nos los datos Utilización de proce dimientos estadísticos Inconvenientes Depende en exceso | Reactividad del su-| Se limita a datos de de la subjetividad del | jeto. ante el experi- | autoinforme clínico Problemas de sesgos Noreplicabilidad va- | en las respuestas “Tradiciones de investigación en psicología de la personalidad y el experimental a las aproximaciones socio-cognitivas y con- ductuales. No obstante, aquí viene la prometida aclaración, esto no quiere decir que la utilización de tales metodologías sca patri- monio de tales modelos sino que, como se verá, a menudo se han utilizado de forma conjunta aunque, no siempre, de manera coordinada. La TRADICIÓN CLÍNICA La aproximación clínica parte del supuesto de la importancia de la subjetividad del individuo. El planteamiento, pues, es cla- ramente idiográfico. Se centran todos los esfuerzos en un único sujeto lo que permite la profundización en él de forma global, Planteado como una estrategia de investigación, el camino reco- rrido iría de lo particular (el individuo estudiado) a lo general (estableciendo generalizaciones a partir de los casos estudiados). Es necesario, por tanto, poseer un buen número de «observacio- nes clínicas» de un mismo individuo para poder tener un ade- cuado conocimiento de él y de sus características. Además, hay que disponer del suficiente número de casos estudiados para tener la posibilidad de establecer generalizaciones teóricas váli- das para el resto de las personas no estudiadas. El interés por la subjetividad del individuo tiene como con- secuencia metodológica la necesidad de recurrir a procedimien- tos de recogida de información de tipo cualitativo. Ahora bien, aunque pudiera parecer lo contrario, la contraposición entre lo cualitativo y lo cuantitativo nó es sólo metodológica, También es teórica y tiene que ver con la concepción del sujeto, de la per- sona. El punto de desacuerdo radica en si el individuo puede ser reducido a una expresión numérica (un número o una combina- ción de números). Desde el punto de vista de psicología huma- nista, incluso, se pueden argumentar cuestiones éticas. «¿Cómo se podrá reducir una realidad tan compleja como el ser humano a una simple cantidad?» Pareciera como si se le estuviera degra- dando. En Psicología, tal confrontación no es exclusiva de la psico- logía de la personalidad. Como se ha dicho, en último término, alude a la diferenciación entre subjetividad y objetividad. Si se admite la subjetividad del ser humano como el hecho que cons- tituye el objeto de estudio entonces los planteamientos cuantita- tivos perderían gran parte de su sentido. Ahora bien, esto no 154 José Manuel Hernández López con la realidad. El comportamiento del individuo acumulador de datos y generador de expectativas, tal y como ocurre en los experimentos, sirve como el clemento que valida o falsa las expectativas previas. Dicho en otras palabras, la conducta actúa como variable independiente cuya presencia, si la hipótesis (expectativa) fuese correcta, provocaría la aparición de la varia- ble dependiente (la consecuencia ya anticipada). El comporta- miento generará una serie de consecuencias ya anticipadas en función de la expectativa. Es esa continua anticipación de las consecuencias, la característica fundamental del ser humano que canalizará su comportamiento en función de las expectati- vas que vaya generando. Es curioso resaltar que Kelly equipara la actividad cotidiana de las personas con el quehacer de los científicos pero de unos científicos que utilizan el método hipotético-deductivo mientras que la estrategia científica del propio Kelly está mucho más cer- cana al método inductivo. Esta teoría del hombre como cientí- fico ha tenido una repercusión posterior en multitud de aproxi- maciones (véase al respecto, por ejemplo, la revisión de Váz- quez, 1995). Otro elemento que hay que destacar en los autores que han utilizado el método clínico en el estudio de la personalidad es su punto de partida. Parten del comportamiento de personas que presentan problemas de tipo psicológico, su origen es la práctica de la psicología clínica. No hay que olvidar que todos ellos son psicólogos clínicos antes que teóricos de la personali- dad. Así pues, el estudio de la personalidad se realiza en nega- tivo (lo «normal» es lo que no es «anormal»), se llega a ella a través de un pequeño rodeo. En cierta medida, la descripción de esa persona que no ha tenido necesidad de ser tratada clíni- camente se parece bastante a la persona madura y saludable propuesta por Allport como modélica para el estudio de la per- sonalidad. Desde un punto de vista de viabilidad investigadora no deja de ser ésta una estrategia ingeniosa, Es mucho más fácil trabajar con personas que van voluntariamente a la consulta (se supone que quieren resolver sus problemas) que con otras que no tienen ninguna necesidad de verse sometidas a ningún tipo de pruebas puesto que están, a su juicio, bien. El estudio de la persona «normal» es más difícil salvo que ésta se encuentre en situación especial y no pueda oponer mucha resistencia a ser estudiada. Esto explica que los dos grandes contingentes de personas «normales» que han sido (y siguen siendo) prioritaria Tradiciones de investigación en psicología de la personalidad 155 mente estudiados en Psicología sean los propios estudiantes matriculados en las Facultades de Psicología y los soldados. Ni que decir tiene la multitud de sesgos que pueden contener generalizaciones realizadas a partir de los resultados obtenidos con estos dos colectivos. El primero, muy relevante, para la psi- cología de la personalidad es la edad. Ambos colectivos están formados por personas jóvenes pero, además, es muy impor- tante considerar el posible sesgo motivacional que pueden pre- sentar. En el primer caso por su condición de aspirantes a psi- cólogos que les puede hacer ser especialmente proclives y en el segundo por estar obligados a participar, Por ello no parece una mala estrategia trabajar sobre perso- nas con problemas siempre y cuando se delimiten claramente los planos del trabajo aplicado (clínico) y del básico (investigador). El código deontológico nos ha de marcar que la primera obliga- ción del clínico es resolver problemas y sí, posteriormente, los datos obtenidos son aprovechables (siempre y cuando se respe- ten confidencialidades y anonimatos) para otros fines tanto mejor. Dicho de otra manera, no se puede considerar nunca a una persona como un «conejillo de indias». La gran ventaja de la utilización del método clínico es que permite contar con una exhaustiva información sobre el sujeto objeto de estudio. Tal contingente de datos-es utilizado-con fines descriptivos para, a partir de tales. descripciones, llegar-a-com- prensiones más o menos globales de la personalidad. * Ta consideración de la subjetividad como el elemento refe- rencial básico en esta aproximación impide la posibilidad de la replicación de los resultados obtenidos. Es ésta una de las principales debilidades de la utilización del método clínico en el estudio de la personalidad. Por otro lado, aunque relacio- nado con lo anterior, una de las razones que dan cuenta de la imposibilidad de réplica es que los datos que se obtienen de los individuos son los que el propio investigador busca. Así, por ejemplo Freud busca llegar al inconsciente, Rogers a la definición del «yo ideal» de esa persona y Kelly al sistema de constructos personales. Dicho de otra forma, la búsqueda-de información está. guiada también-por-la-propia subjetividad del investigador o, para ser más precisos, por su propia teoría de base aun a riesgo de forzar en exceso la máquina de la infe- rencia. José Manuel Hernández López La TRADICIÓN EXPERIMENTAL dos tras la aplicación del método clínico es totalmente superado por la aproximación experimental. En esencia, siempre y cuando se repitan las condiciones de un experimento se podrán volver a obtener los resultados que se hallaron en una prucba anterior. Los defensores más extremos de esta concepción metodológica «pura» (quizá se podría decir también «dura») sostienen que esta tradición es la única que permite obtencr-conocimiento científico. Desde la perspectiva del estudio de la personalidad, su principal debilidad es que pierde de vista al individuó El énfasis se pone sobre las variables relevantes u objeto de estudio y_no sobre los individuos. En estudios experimentales clásicos de interacción, la primera parte de la ecuación P x $ es ident cada de manera genérica, abstracta si sc quiere. Si los experi- mentos están bien realizados y, por tanto, se mantienen las diciones experimentales (las situaciones), los resultados serán los mismos con independencia de las personas específicas que parti- cipen en ellos que, únicamente, deberán cumplir requisitos de comparación en función de una serie de va: 2s que los equi- paren (por ejemplo, la edad, el sexo o la puntuación en un determinado cuestionario). Pos Por otro lado, la utilización de e os, al menos en su formulación más clásica, implica uma consideración transversal del comportamiento” Esto lleva a no poder utilizar diseños lon- gitudinales sobre todo si se piensa que el tiempo puede ser una variable potencialmente contaminadora de los resultados al introducir variabilidad en la con 1 experimental Ahora bien, centrarse cn el estudio de una o pocas variables representa una solución parsimoniosa que ha dado sus frutos. La cuestión radica en la correcta ejecución de tres tareas: la selec- ción de esas pocas variables de estudio, el control de las posibles variables contaminadoras y la correcta-elección de los individuos que van a formar parte del experimento. Salvo en ocasiones «serendípicas», tan útiles para el conocimiento científico cuando el investigador es capaz de detecta esas tres tarcas están regi- das por el plano teórico y están consideradas en el diseño del experimento. No obstante, Cattell (1965), precisamente, critica lo que él llamó el método-bivariado aplicado al estudio de la personalidad Tradiciones de investigación en psicología de la personalidad 157 por tal reducción de las variables y por los problemas de reacti- vidad que pudieran suscitarse en las personas por las situaciones experimentales. - La crítica de Cattell representa una de las más importantes que se puede realizar a la utilización del método experimental en el estudio de la personalidad. Profundizar en el análisis de una variable o dimensión de personalidad por importante que ésta pueda ser no abarca el conjunto de la investigación en per- sonalidad. Es por ello que la perspectiva experimental no per- mite establecer teorías generales o globales de la personalidad sino que se centra en aspectos muy puntuales de la misma. Es en la época comprendida entre 1950 y 1970 cuando se produce un auge experimentalista en psicología de la personali- dad que lleva a que ésta, poco a poco y con las excepciones más señaladas de Allport, Murray, Cattell y Eysenck, abandone el intento de establecimiento de teorías generales que abarquen una sistematización globalizadora de la personalidad. Esto, en último término, provocó la atomización de la disciplina. Tal par- celación trajo como consecuencia inmediata la de una mayor participación de investigadores en este campo. El estudio de fenómenos puntuales es una tarea más sencilla que el abordaje de cuestiones globales. Al menos, desde una perspectiva teórica. Pero, además, atendiendo a la metodología, como ya se ha dicho, la aplicación de diseños experimentales impide el estudio de la globalidad ya que su exigencia de manipulación y-control implica una lógica parcelación del objeto de estudio hacia unas pocas. variables. La consecuencia directa más evidente fue la aparición de las llamadas teorías del rasgo único. En palabras de McAdams (1997), la psicología de la personalidad fue abando- nando progresivamente el viejo sueño de la concepción de la persona como una globalidad y, como consecuencia, llegó a su fin la época de las grandes teorías de la personalidad. Las teorías del rasgo único no pretenden reducir la persona- lidad humana a un solo constructo sino que admiten, como limi-. tación posibilitadora del trabajo experimental, restringi ámbito de estudio hacia una sola variable. Ello, muy valorable desde el punto de vista estratégico, ocasionó una restricción del ámbito de estudio al ser pocas las variables o constructos que se introducen en los trabajos siendo éstos constantemente replica- dos. En opinión de algunos autores de esa época, los trabajos publicados se reducen al estudio de la «AAA»: Achievment (logro), Autoritarismo y Ansiedad (Blake y Mouton, 1959). José Manuel Hernández López La TRADICIÓN CORRELACIONAL El enfoque correlacional presenta la indudable ventaja de permitir la inclusión en el análisis de multitud de variables. Esto ayuda a resolver el viejo problema del abordaje de la compleji- dad del ser humano. Si suponemos que tal complejidad implica la consideración de muchas facetas y aspectos, el procedimiento correlacional permite que un gran número de las unas y de los otros entren en los análisis. Ahora bien, abarcar tantas variables implica necesariamente una escasa profundización en las mis- mas. Así, en muchas ocasiones, podemos apreciar que una varia- ble corresponde con un clemento (una pregunta) de un cuestio- nario y se cuantifica en un valor numérico que se relaciona (correlaciona) con los otros valores numéricos correspondientes a los otros elementos del cuestionario que representan el con- junto de variables que se pretenden evaluar. En este caso, la replicación constante de los resultados obtenidos es un garante de su calidad. Es por ello que soluciones factoriales como las del modelo de los «cinco grandes», obtenidas una y otra vez con muestras de diversas procedencias, son tan valoradas. Aunque en su inicio no era así, progresivamente los defenso- res de esta tradición metódica se han ido centrando en los datos de autoinforme procedentes de inventarios o escalas donde los individuos responden a una serie de cuestiones sobre lo que piensan, sienten o hacen. Ello ha implicado un «no aprecio» por otro tipo de datos que bien pueden ser analizados de una forma correlacional o multivariada. Esa especie de monopolio del autoinforme ha llevado a no pocas críticas a esta tradición que quizá hubieran podido evitarse (Hernández, Santacreu y Rubio, 1999). Como veremos al final de este capítulo, uno de los «padres» y máximos defensores de la tradición correlacional (Cattell) consideraba necesaria la utilización conjunta de estos datos con otro tipo de valores obtenidos a través de diversas fuentes (por ejemplo, la observación de ejecuciones o comporta- mientos, la consulta de datos de archivo, etc.). La utilización del enfoque correlacional en psicología de la personalidad ha generado una extensa red de variables relacio» nadas y factores obtenidos así como relaciones entre tales facto- res. De esta forma, los investigadores encuadrados en esta tradi- ción manejan una gran cantidad de resultados de investigación en los que la correlación entre las variables es el elemento fun- Tradiciones de investigación en psicología de la personalidad 161 damental. Todo ello constituye un auténtico bagaje de conoci- mientos que, curiosamente, en muchas ocasiones, no tiene la necesaria integración teórica y se convierte en un saber enciclo- pédico. y, en el peor-de los casos, enun anecdotario muy.cen- trado. en y-para los especialistas, * La práctica del análisis factorial también merece un comen- tario. Sin dudar de su preciosa contribución en la generación del acervo de conocimientos (de relaciones entre variables) anterior- ¡mente mencionado, representa una herramienta que utilizada sin tino puede provocar ciertos problemas. Se hará mención sólo a dos: uno relativo al uso del análisis factorial exploratorio y el otro a la utilización del análisis factorial confirmatorio. Como su nombre indica, el propósito del análisis factorial exploratorio es «explorar» cómo se relacionan entre sí variables de diversa índole, Es posible que en este proceso se encuentren relaciones entre variables lo suficientemente significativas (es decir, con índices de correlación altos) como para que, estadísti- mente, se puedan agrupar en una variable de orden superior (en un factor). Ahora bien, aunque empíricamente dos variables se relacionen intensamente, es decir, correlacionen con un valor muy alto, tal relación debe ser matizada por la teoría previa que, supuestamente, está guiando el trabajo de investigación. Teniendo en cuenta, además, que el factor obtenido ha de tener una verte- bración teórica para ser considerado como una posible dimensión de personalidad. Dicho de otra manera, un factor, aunque expli- que un muy alto. porcentaje de la varianza, no será considerado como un «rasgo» de personalidad si no tiene significado psicoló- gico. Si esto ocurre, estaríamos obteniendo agrupaciones que serían meros artefactos estadísticos-o-lo-que Cattell-(1950)-lamó rasgos superficiales, es decir, sin consistencia teórica. Un peligro de la utilización indiscriminada del análisis factorial es, por tanto, la interpretación teórica de los factores obtenidos que, en el peor de los casos, se puede convertir en una adición de las variables que lo saturan. Una forma de condicionar o dificultar que este problema ocurra consiste en ser muy precavidos a la hora de denominar a las. dimensiones de personalidad. En este sentido, Costa y McCrae (1992) formulan los siguientes requisitos para que una dimensión de personalidad sea considerada como tal: 1. Tener estabilidad temporal y demostrar que-es válida cuando se utilizan varios observadores. José Manuel Hernández López 2. Estar presente tanto en las descripciones de las personas normales como en las de los teóricos de la personalidad. 3. Ser recurrente a muchas culturas diferentes. Admitiendo, por tanto, desde un modelo de psicología del rasgo que éste es un constructo que inferimos a partir de la observación. (o auto-observación) de comportamientos ejecuta- dos con regularidad, el foco de atención debe centrarse en el cri- terio que determina cuáles son las categorías sobre las que se realiza esa observación ya que en función de ellas se llevará a cabo el proceso inferencial que permitirá la descripción del comportamiento estructurado en rasgos y la predicción de com- portamientos futuros. Incluso en los modelos más sofisticados dentro del análisis multivariado, como pueden ser los llamados «modelos causales» o «modelos estructurales», una falta de hipótesis teórica de cómo se relacionan las variables enlentece extraordinariamente el proceso de análisis. Tales modelos sirven como validación empírica de una propuesta teórica de relación entre variables. Un resultado negativo indica la no adecuación de ese modelo. Aunque no es estrictamente necesario terminar ajustando un modelo ya que la inadecuación del previsto teóricamente ya es enormemente informativa, la experiencia muestra cómo se busca tal ajuste aun a costa de ir por delante (o por detrás o al margen) de la teoría. Dado que los números son entidades abstractas, casi siempre el modelo se ajusta aunque lo haga de una manera ines- perada y con un enorme gasto de tiempo y esfuerzo. Al final, el proceso de encontrar un «modelo causal» o estructural se reduce a una cuestión de paciencia. Frente a la tendencia de * «primero hallar la matriz de correlaciones de todas las variables con todas las variables para ver qué pasa» quizá habría que plan- tearse preguntas concretas: ¿Existe relación teórica entre las variables «A», «B» y «C»?, ¿se corrobora empíricamente tal relación?, ¿de qué naturaleza es la corroborada relación empí- tica entre las variables «A», «B» y «C»? Otra cuestión es la relativa al análisis factorial confirmatorio en el que se pretende «confirmar» una determinada estructura factorial (de relaciones entre variables). Así pues, se puede determinar de antemano las características de la solución facto- rial cuya confirmación perseguimos. El número de factores que deben ser incluidos y cuál debe ser el grado de relación entre Tradiciones de investigación en psicología de la personalidad 163 ellos lo que determina el tipo de rotación a utilizar. Si se pre- tende obtener factores independientes entre sí habría que optar por la rotación ortogonal y si se busca algún tipo de relación entre ellos habría que elegir la rotación oblicua. Pensemos en las replicaciones del modelo de cinco factores que siempre buscan cinco factores y siempre los encuentran. Tal y como informan McCrae, Zonderman, Costa, Bond y Paunonen (1996) análisis comparativos de trabajos que utilizaban diversas técnicas y diversas rotaciones de análisis factoriales confirmato- rios no encuentran soluciones de más de cinco factores [La deci- sión sobre cuántos factores incluir en la solución definitiva de un análisis factorial no es tan empírica como pudiera suponerse y, en ocasiones, pudiera ocurrir que un quinto factor añada muy poco porcentaje de varianza explicado o, incluso, que pudiera haber entrado un sexto factor] Ya hemos visto anteriormente que un grupo potente de investigación encuentra siete factores. En este sentido, también resulta revelador determinado tipo de trabajos que pretenden demostrar que, de la propuesta de Eysenck y de sus instrumentos de evaluación, ten realidad un modelo de cinco factores es mejor que uno de tres Costa y McCrae, 1995). Esto no deja de resultar chocante cuando se conoce que el tercer factor («tipo» en su terminología) de Eysenck Es el más débil de los tres por falta de base teórica no por poco porcentaje de varianza explicado) Aun así, algunos se empeñan en que sean cinco. Todo lo anteriormente expuesto redunda en la importancia de lo teórico en los estudios correlacionales. A pesar de que los principales defensores del modelo de cinco factores «alardeen» que éste está libre del influjo de la teoría y que su propuesta des- cansa fundamentalmente en lo empírico y en lo lingúístico, su insistencia en la búsqueda de la réplica constante suponemos que debe responder a un deseo de conseguir respaldo empírico con el objetivo de consolidar su opción en términos teóricos. Llevando esto hasta el extremo, el conocimiento de la exis- tencia de una correlación significativino dice más que, en efecto, hay dos variables que presentan algún tipo de relación] Si escuchamos a un colega que nos cuenta que cn el último articulo publicado en el 2000, el investigador Smith (utilizado este nom- re como un genérico) ha encontrado una correlación significa- tiva entre el consumo de patatas fritas y la introversión como teóricamente ésa es una relación sin sentido, el dato no debería tener ningún tipo de relevancia. Y, por tanto, quedarse en una 166 José Manuel Hernández López Pervin (1996), cuando hace referencia a este asunto, sostiene que las tres tradiciones tienen objetivos compartidos aunque los caminos para alcanzarlos sean divergentes. Tales objetivos comu- nes serían las de la obtención de un conocimiento científico fia- ble y válido. Esta es una visión un tanto optimista o si queremos ingenua. Aunque, en última instancia, todas las opciones meto- dológicas en psicología de la personalidad tengan el objetivo de conocer mejor la personalidad de los seres humanos esto no quiere decir que los objetivos sean compartidos y, por tanto, tales tradiciones puedan relaciomarse, Setter igual que decir que las opciones neoliberales y las socialdemócratas son equiparables porque buscan el mismo objetivo (la mejora de las condiciones de vida de los Estádos). Mucho nos tememos que equiparar, porque supuestamente comparten los mismos objetivos, opcio- nes como la que representan Freud, Cattell y Mischel (por poner tres ejemplos significativos) sería hacer un reduccionismo dema- siado optimista de la historia de la psicología de la personalidad. Lo relevante es, tal y como se decía al principio de este capí- tulo, no considerar ningún procedimiento como exclusivo de una tendencia. La consecuencia práctica de esto es que los inves- tigadores han de tener el suficiente grado de flexibilidad como para «manejar» los resortes metodológicos en función de sus intereses teóricos. El estudio de un individuo específico reque- rirá la utilización del método clínico, el de una variable especí- fica el experimental y el de la estructura global de la personali- dad el correlacional. Desde un punto de vista integrador, Runyan (1997) propone la consideración de cinco componentes que deberían ser tenidos en cuenta en la investigación en psicología de la personalidad. Tales componentes son los siguientes: e 14 Teoría y conceptualización. 24 Investigación empírica cuantitativa. 3 Estudios clínicos y aplicados. Ñ 4 Subjetividad. + Trabajos de interpretación histórica (estudios de caso y y psicobiografía). Como se puede apreciar en esta propuesta se va de metodo- logías más «duras» a procedimientos más «blandos». En princi- pio, esta propuesta de Runyan puede ser tan buena como cual- quier otra siempre y cuando se añada una pequeña matización. Tradiciones de investigación en psicología de la personalidad 167 Así como antes se decía que cualquier procedimiento metodoló- gico es-bueno-siempre y cuando sea oportuna su utilización, ahora se podría completar que la condición ineludible para lle- varlos a la práctica tiene que ser la de su dominio. Dicho en otras palabras, el investigador ha de saber cómo y en qué condi- ciones se pueden utilizar cada uno de los métodos. La flexibili- dad, antes preconizada, se aplicará al investigador no a los pro- cedimientos de investigación utilizados. ¿Quiere esto decir que no se puede hacer innovaciones en cuanto a la metodología? No, ni mucho menos quiere decir esto. Lo único que se apunta, y valga el símil, es que se pueden cocinar paellas de diversas for- mas y con distintos ingredientes pero si el guiso en cuestión no lleva arroz difícilmente podrá ser considerado una paclla. La NATURALEZA DE LOS DATOS DE INVESTIGACIÓN ¿Cómo son los datos que se obtienen con la aplicación de estos tres tipos de métodos? Tradicionalmente, se tiende a asu- mir la clasificación de los datos aportada por Cattell (que es ampliamente reseñada en, por ejemplo, Cattell y Kline, 1977). ta clasificación distingue entre datos L, Q, Q! y T. Otros auto- res, como Block (1993), respetan esta clasificación aunque varícn la terminología. Este autor distingue entre datos L, O, S y T. Los datos O y $ se corresponden con los datos Q y Q' de Cattell. Sea como fuere, se podrían resumir en datos provenien- tes de alguien externo al individuo (un observador ajeno, un allegado que califica a la persona, etc.) o provenientes de la pro- pia persona (autoinformes acerca de lo que hace, lo que piensa o lo que se siente). Veremos sus características atendiendo a la diferenciación propuesta por Cattell. (Y ¿Los datos L (life) o «datos de vida» hacen referencia a aspec- tos de la vida "de los individuos que pueden ser contrastados de forma externa a él. Los mismos podrían ser informados por el Propio individuo (por ejemplo, en qué consiste su dicta) pero para poder diferenciarse de los datos Q y Q” requieren una con- validación externa que, normalmente, proviene de las calificacio- nes de otros individuos o de registros objetivos (por ejemplo, el historial académico o el historial clínico.:.). En el segundo de los casos, la información que se obtiene del individuo es absoluta- mente objetiva y la pregunta a realizar es sobre la relevancia que Pueden tener en la investigación sobre personalidad. La res- 168 José Manuel Hernández López puesta es que tal relevancia es alta cuando se utiliza el método clínico y, por tanto, se centra la atención cn un único sujeto pro- cediendo a establecer diseños N=1. Cuando la información proviene del juicio de otras personas se pueden presentar otro tipo de problemas. Cattell y Kline (1977) señalan que, para poder establecer juicios, los calificado- res deberían observar a los calificados durante largos períodos de tiempo lo cual afecta a la viabilidad de su utilización. Por otro lado, la observación continuada puede provocar reactividad en el sujeto y tener repercusiones en el observador. Repercusio- nes en forma de sesgos que puede introducir el calificador bien por empatizar con el observado (pensemos en el caso de que el observador es alguien allegado al sujeto) bien por no utilizar correctamente las escalas de observación. Ni que decir tiene que cuando se menciona la observación se hace en términos de observación en contextos naturales. No se está hablando, por tanto, de experimentos controlados. Una ventaja indudable de este tipo de datos es la no existen- cia de mediación por parte del sujeto evaluado lo que conlleva la evitación de los sesgos que éste puede introducir. Los datos L parecen ser un buen complemento pero insuficiente por sí solo para el estudio de la personalidad. Otra ventaja apuntada por Pervin (1996) de los datos L es quesal provenir prioritariamente de juicios, suponen excelentes puntuaciones globales o resumen de una serie de datos diversos pad 2 Los datos Q y Q' se obtienen a partir de informaciones que el sujeto da acercade sí mismo. La diferencia entre ellos, según Cattell y Ktine 11977) esque los primeros pueden ser verifica- dos bien con la observación del comportamiento bien con datos provenientes de pruebas objetivas mientras que los segundos se refieren a introspecciones inverificables que se informan ante los elementos de ún cuestionario de una escala. Ambos ofrecen los mismos peligros que se han estudiado ampliamente. Resu- miendo, la persona que contesta puede distorsionar deliberada- mente la información para confundir al investigador o porque, simplemente, mienta. Edwards (1957) profundizó en el estudio de la descabilidad social o el interés del auto-informador por agradar al investiga- dor o no emitir opiniones o reflejar hechos que pudieran dejarle en mal lugar. Para evitarlo, el propio Edwards propuso la for- mulación de pruebas ipsativas en las cuales se obligara al indivi- "Tradiciones de investigación en psicología de la personalidad 169 duo a elegir entre dos posibilidades de respuesta. Esto no tiene necesariamente por qué evitar la deseabilidad social ya que la persona podría elegir aquella opción que considerara que es más des able. Una solución más eficaz parece ser la de garantizar el anonimato en las respuestas asegurando al sujeto que no se iden- tificarán sus protocolos con su nombre. Ello lleva aparejado un problema adicional cuando se pretende recoger datos de forma longitudinal (indispensables para poder estimar la estabilidad) que obliga a los investigadores a idear códigos que no siempre pueden ser correctamente interpretados. Otro problema, puesto de manifiesto inicialmente por Cron- bach (1946, 1950), es el de la aquiescencia o respuestas dadas en el sentido de la escala tal y como lo interpreta el sujeto. La per- sona descubre (o cree descubrir) qué es lo que se estatvaluando y decide respon: ña o la mínima puntuación, Se trata, por tanto, de tendencias de respuesta que se agudizan según Guilford (1959) cuando los elementos del cuestionario son ambiguos ya que ellos pueden llevar a más errores al sujeto en su interpretación y provocar, por consiguiente, un mayor sesgo en su respuesta. En esta línea, otra posible tendencia de respuesta pudiera ser señalar las categorías centrales de la escala (suponiendo que ésta tuviera opciones impares de respuesta). La solución en este caso pasaría por diseñar escalas de respuesta con categorías pares. Ahora bien, siendo honestos, nunca vamos a poder determi- nar con un 100 por 100 de seguridad que la persona que res- ponde a un cuestionario está diciendo la verdad. Podemos supo- ner que, garantizando la confidencialidad y el anonimato, las personas no-tienen por qué mentir deliberadamente -pero-esto no deja de ser más que una suposición. Para intentar corrobo- rarla, los más importantes test de personalidad (sean éstos esca- las, inventarios o cuestionarios) introducen como una subescala más dentro de su estructura una escala de sinceridad (también ainada de control) compuesta por preguntas especialmente E Pacs para detectar posibles problemas de distorsiones, tencionadas o no, de las respuestas de las personas. No se os apuntar que las personas que contestan a cuestionarios engan el objetivo de engañar al investigador sino que los sesgos Pueden venir por malas interpretaciones de las preguntas a res- E o e sesgos atribucionales que llevan a las personas a EE es en la determinación de la causalidad de sus comporta- lentos (Nisbett y Wison, 1977; Wilson y Stone, 1985). 172 José Manuel Hernández López de la media de los diagnósticos psiquiátricos clásicos). En resu- men, la aplicación de tales pruebas en el ámbito clínico tiene una serie de (ETA dignas de resaltar como su'poder diagnós- tico discriminante, Ala imposibilidad de distorsión de la informa- ción, la inviabilidad de las respuestas en serie*la eliminación la varianza instrumental y metódica y, por último*a posibilidad de repetición de las prucbas sin riesgo de que ello pueda tener una influencia sobre el resultado obtenido (en teoría no existe posibilidad de aprendizaje) aunque tienen laTesventajofunda- mental de requerir más tiempo y habilidad por parte del clínico para suministrarlas (Cattell y Kline, 1977). A pesar de lo dicho, los datos T presentan una serie de pro- blemas en términos de la teoría clásica de test y de una concep- ción «tradicional» en el estudio de la personalidad. Pervin (1996) considera que, aunqueflos datos T representen el ideal de datos «objetivos» y no contaminados, no pueden dar más que un mues- treo muy limitado del comportamiento del individuo que, ade- más, es difícilmente generalizable a situaciones naturales] Por otro lado, tales pruebas no resisten análisis para probar sus garantías científicas y técnicas. Debido a sus características y forma de construcción es difícil analizarlas en términos de con- sistencia interna aunque_sí pueden establecerse los análisis perti- entes para averiguar, por ejemplo, su fiabilidad test-retest. Una forma de-aumentar su «calidad» se garantizará que cualquier evaluador que la utilice obtendrá el mismo resultado. Esto puede ser considerado como una manera de asegurar la fia- bilidad inter-jueces de las pruebas objetivas. Una cuestión distinta es la relativa a la validez. El propio Cattell no encontró correlaciones. dignas de ser mencionadas entre las puntuaciones obtenidas.a partir de datos Q y datos T. Dicho de otra manera, con alguna excepción puntual, los facto- res que se obtenían utilizando ambos tipos de datos eran de naturaleza distinta. Ello, además de complicar en exceso la teo- ría de Cattell, tuvo como consecuencia el abandono del diseño de este tipo de pruebas objetivas. Como ya se ha dicho anterior- mente, los datos procedentes de autoinforme presentan una serie de indudables ventajas que han propiciado que los investi- gadores de la personalidad hayan optado por ellos frente a los datos provenientes de otras pruebas. Una de ellas, probable- mente la más importante, es la simplicidad en la construcción de personalidad la prueba. Otra ventaja es la abundante «literaturd) que hay sobre cuestionarios, escalas y, en definitiva, test de personalidad que hace que el investigador pueda caminar sobre tierra firme si opta por replicar algunos de los numerosos trabajos existentes o por hacer una pequeña modificación para buscar nuevas relacio- nes entre variables. Por último, la adopción «universal» de los criterios de fiabilidad y validez como los fundamentales para dis- poner de datos aprovechables para la investigación que, como hemos visto, se pueden encontrar fácilmente con datos proce- dentes de autoinformes. Todo ello ha llevado a que se produzca un monopolio del autoinforme en la investigación de la persona- lidad de los seres humanos que, amparado en la sustitución de la consistencia y la estabilidad comportamental por la fiabilidad y la validez se olvida de alguno de los elementos fundamentales en el estudio de la personalidad.