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Libro Carlson, Apuntes de Psicobiología

Asignatura: Psicobiologia, Profesor: Miguel Ángel Serrano Rosa, Carrera: Psicologia, Universidad: UV

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 31/05/2017

patatabrava1309
patatabrava1309 🇪🇸

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Tratamiento quirúrgico de la anorexia nerviosa resistente al tratamiento
médico
Surgical treatment of medication-resistant anorexia nervosa
Cristina V. Torres Díaz, Gonzalo Martín Peña, Elena Ezquiaga, Marta Navas
García y Rafael García de Sola
Servicio de Neurocirugía, Servicio de Endocrinología y Nutrición, Servicio de
Psiquiatría. Hospital Universitario La Princesa. Madrid
RESUMEN
Gracias a los avances en técnicas neuroquirúrgicas, y debido a que el
diagnóstico y la clasicación de las enfermedades psiquiátricas han
evolucionado signicativamente a lo largo de las últimas décadas, se están
desarrollando tratamientos a nivel experimental para aquellos pacientes
resistentes al manejo conservador.
La anorexia nerviosa es una enfermedad de prevalencia creciente, con la
tasa de mortalidad más elevada dentro de los trastornos psiquiátricos, y con
aproximadamente un 20% de pacientes que presentan una evolución
tórpida. Para estos pacientes que no responden a manejo conservador, la
estimulación cerebral profunda ha surgido como una alternativa terapéutica,
si bien la literatura especializada al respecto es escasa.
A continuación presentamos una revisión de la siopatología de la anorexia
nerviosa, así como de los distintos tratamientos neuroquirúrgicos realizados
a lo largo de la historia. Se detalla la perspectiva de tratamiento quirúrgico
actual, así como los aspectos éticos que se han de considerar en relación
con el surgimiento de estas nuevas terapias.
INTRODUCCIÓN
La anorexia nerviosa (AN) es un trastorno psiquiátrico grave caracterizado
por la restricción en la ingesta de calorías, con el objetivo de conseguir un
peso signicativamente más bajo de lo que correspondería para mantener
una adecuada salud física. Además, hay un miedo intenso a ganar peso,
incluso estando por debajo de su peso ideal, y una alteración de la
percepción del peso o de la forma del cuerpo y negación de la gravedad del
bajo peso corporal (1). La prevalencia media es del 2,2% en mujeres y del
0,2% en hombres. La DSM-V admite hoy como distinta entidad la “bulimia
nerviosa”, caracterizada fundamentalmente por ingesta excesiva en cortos
periodos de tiempo, con sensación de falta de control durante estos
episodios, que se repite al menos una vez por semana. Estos episodios
están asociados a comportamientos inapropiados compensatorios para
evitar ganar peso (vómitos autoprovocados o ejercicios). También reconoce
el trastorno por “episodios recurrentes de ingesta excesiva”, en los que los
atracones no siempre se acompañan de conductas restrictivas. A pesar de
ser reconocidas como diferentes entidades, es frecuente confundirlas, o que
un paciente atraviese varias fases, coincidiendo sus criterios con distintos
diagnósticos según el momento (1,2).
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Tratamiento quirúrgico de la anorexia nerviosa resistente al tratamiento médico

Surgical treatment of medication-resistant anorexia nervosa

Cristina V. Torres Díaz, Gonzalo Martín Peña, Elena Ezquiaga, Marta Navas García y Rafael García de Sola

Servicio de Neurocirugía, Servicio de Endocrinología y Nutrición, Servicio de Psiquiatría. Hospital Universitario La Princesa. Madrid

RESUMEN

Gracias a los avances en técnicas neuroquirúrgicas, y debido a que el diagnóstico y la clasificación de las enfermedades psiquiátricas han evolucionado significativamente a lo largo de las últimas décadas, se están desarrollando tratamientos a nivel experimental para aquellos pacientes resistentes al manejo conservador.

La anorexia nerviosa es una enfermedad de prevalencia creciente, con la tasa de mortalidad más elevada dentro de los trastornos psiquiátricos, y con aproximadamente un 20% de pacientes que presentan una evolución tórpida. Para estos pacientes que no responden a manejo conservador, la estimulación cerebral profunda ha surgido como una alternativa terapéutica, si bien la literatura especializada al respecto es escasa.

A continuación presentamos una revisión de la fi siopatología de la anorexia nerviosa, así como de los distintos tratamientos neuroquirúrgicos realizados a lo largo de la historia. Se detalla la perspectiva de tratamiento quirúrgico actual, así como los aspectos éticos que se han de considerar en relación con el surgimiento de estas nuevas terapias.

INTRODUCCIÓN

La anorexia nerviosa (AN) es un trastorno psiquiátrico grave caracterizado por la restricción en la ingesta de calorías, con el objetivo de conseguir un peso significativamente más bajo de lo que correspondería para mantener una adecuada salud física. Además, hay un miedo intenso a ganar peso, incluso estando por debajo de su peso ideal, y una alteración de la percepción del peso o de la forma del cuerpo y negación de la gravedad del bajo peso corporal (1). La prevalencia media es del 2,2% en mujeres y del 0,2% en hombres. La DSM-V admite hoy como distinta entidad la “bulimia nerviosa”, caracterizada fundamentalmente por ingesta excesiva en cortos periodos de tiempo, con sensación de falta de control durante estos episodios, que se repite al menos una vez por semana. Estos episodios están asociados a comportamientos inapropiados compensatorios para evitar ganar peso (vómitos autoprovocados o ejercicios). También reconoce el trastorno por “episodios recurrentes de ingesta excesiva”, en los que los atracones no siempre se acompañan de conductas restrictivas. A pesar de ser reconocidas como diferentes entidades, es frecuente confundirlas, o que un paciente atraviese varias fases, coincidiendo sus criterios con distintos diagnósticos según el momento (1,2).

Se han propuesto varios tipos de tratamiento farmacológico y psicoterapéutico, a pesar de los cuales, aproximadamente un 20% de los pacientes adquiere un curso crónico, con serias con-secuencias para la salud del paciente e importantes repercusiones familiares y sociales en su entorno (3,4). La mortalidad en este grupo de sujetos es aproximadamente de cuatro a seis veces mayor que la población general de la misma edad, y se trata de uno de los trastornos psiquiátricos más difíciles en su manejo (3).

Al igual que en otros trastornos psiquiátricos graves, se han propuesto recientemente abordajes quirúrgicos para pacientes con AN resistente a tratamiento conservador, con resultados esperanzadores (3,5,6). El objetivo de este trabajo es revisar los estudios publicados hasta ahora sobre el tratamiento quirúrgico de la AN resistente a tratamiento conservador.

DEFINICIÓN, CRITERIOS DIAGNÓSTICOS

La AN tiene una edad de inicio bastante constante y suele ocurrir en la adolescencia (15-19 años), aunque el inicio puede darse en niños y en pacientes mayores; la presentación de los síntomas es típica y hay una mayoría de género femenino (mujer-hombre 10:1), por lo que la AN es posiblemente el más homogéneo de todos los trastornos psiquiátricos, si bien existen subtipos dentro de él. La tasa de prevalencia promedio de la AN es de 0,3%, y del 2,2% entre mujeres jóvenes; se encuentra entre los trastornos psiquiátricos más frecuentes y con mayor mortalidad y tendencia a la cronicidad. La tasa de mortalidad es la más alta entre todos los trastornos psiquiátricos -aproximadamente del 5,6% por década, por causas relacionadas con la baja ingesta calórica o por suicidio (alrededor del 22% intenta cometer suicidio en alguna ocasión) (7-9).

Es difícil definir con exactitud la historia natural de la enferme-dad, ya que los criterios que se utilizan para definir la recuperación y la cronicidad son muy variables en los diversos estudios, así como la duración del seguimiento de los pacientes (8). En una extensa revisión de la bibliografía realizada por Steinhausen y cols., menos de la mitad (46,9%) de los pacientes que sobreviven se recuperan por completo, un tercio (33,5%) mejora parcialmente, y en el 20,8% (0-79%) la enfermedad adquiere un curso crónico (duración de más de 5 años de enfermedad) (8).

Los pacientes con AN presentan elevadas tasas de comorbilidad, como trastornos de ansiedad, depresión, trastorno obsesivo-compulsivo, trastornos de la personalidad y de abuso de sustancias. La comorbilidad se asocia a un pronóstico más desfavorable (10).

NEUROBIOLOGÍA

El circuito y la biología de la anorexia nerviosa son áreas de investigación activa, con la mayoría de modelos de enfermedad centrados en estados de ánimo patológicos, ansiedad, alteraciones de los circuitos de recompensa, percepción del cuerpo e interocepción. Los avances en neuroimagen han puesto de manifiesto diferencias estructurales y funcionales entre los pacientes con anorexia nerviosa y controles sanos. Las características más

graves complicaciones médicas, que pueden conducir a arritmias cardiacas, síntomas musculoesqueléticos y neurológicos (19).

El tratamiento crónico de los pacientes hospitalizados o ambulatorios se centra en el cambio de comportamiento y en abordar factores subyacentes. No hay una evidencia elevada en relación con la eficacia de los diferentes tratamientos, y solo las intervenciones familiares cumplen con los criterios de la categoría B según las directrices del National Institute for Care and Health Excellence (NICE). Las intervenciones psicoterapéuticas incluyen terapia cognitivo-conductual (TCC) y terapia familiar. Algunos estudios parecen sugerir que la TCC, después de la recuperación del peso, podría ser eficaz en la reducción del riesgo de recaída en adultos con AN, pero se desconoce cuál es la eficacia en pacientes con bajo peso. Las variantes de terapia familiar muestran un modesto nivel de evidencia con respecto a su eficacia en los adolescentes, pero no en los adultos (20).

Los fármacos inhibidores de la recaptación de serotonina (ISRS) son ineficaces para reducir los síntomas de la AN o la restauración del peso, por lo que la Asociación Americana de Psiquiatría no los recomienda en el tratamiento de pacientes de bajo peso con AN. Existe una evidencia débil de que el uso de los ISRS puede ayudar en la prevención de recaídas en pacientes con peso adecuado. Los antidepresivos tricíclicos también parecen ineficaces en el aumento de peso o en la mejoría de los síntomas (21). Para los antisicóticos atípicos, solo hay datos limitados. Bissada y cols., en un estudio doble ciego controlado con placebo en 34 pacientes con AN, observaron que el grupo tratado con olanzapina aumentó de peso más rápidamente y mejoró más los síntomas obsesivos que el grupo placebo (22). Otros estudios aleatorizados y controlados con olanzapina mostraron resultados similares (23); aunque otro estudio, realizado en un contexto hospitalario, no pudo demostrar ningún beneficio para la olanzapina en el peso y los síntomas psicológicos (24). Estos resultados indican que la olanzapina puede ser útil en el aumento de peso y en la disminución de los síntomas obsesivos en la AN crónica severa en pacientes ambulatorios, pero las guías de práctica clínica no recomiendan su utilización rutinaria (23).

Desafortunadamente, la definición de refractariedad en la AN es aún objeto de controversia. El término refractario es utilizado en psiquiatría clínica para describir los casos de AN que no responden a los modos típicos de tratamiento, tales como la psicoterapia y la psicofarmacología (3). Parece que la duración del trastorno se relaciona inversamente con la posibilidad de recuperación y así, en los estudios de Strober y cols. (1997) (4) y Herzog y cols. (25) se demostró que la posibilidad de recuperación en los pacientes con AN con una duración de la enfermedad de más de 10 años es muy baja. Los factores psicológicos, como el perfeccionismo, la ansiedad, la labilidad afectiva y anomalías en el procesamiento de la recompensa se han propuesto como efectos causales y perpetuadores de la enfermedad (26). La anorexia nerviosa es, en muchos casos, una enfermedad crónica, con un curso debilitante, en la que un 20% de los pacientes no mejora con los tratamientos disponibles y están en riesgo de muerte prematura. A pesar de décadas de investigación, los factores asociados con la mortalidad y

cronicidad son poco conocidos (4). Teniendo estos datos en cuenta, sería preciso encontrar tratamientos eficaces que mejoren el pronóstico de este subgrupo de pacientes crónicos y graves refractarios al tratamiento convencional.

ESTIMULACIÓN MAGNÉTICA TRANSCRANEAL (EMT)

La estimulación magnética transcraneal es una forma no invasiva de estimulación de la corteza cerebral, y actualmente se está utilizando en investigación, así como en el tratamiento de algunos trastornos neurosiquiátricos. Consiste en la aplicación de campos magnéticos en el cerebro a través de una corriente eléctrica de determinada fuerza y duración, proveniente de una bobina de estimulación ubicada sobre el cuero cabelludo. Los volúmenes de los campos magnéticos dependen de la forma y tamaño de la bobina de estimulación, de la intensidad del campo magnético y de la frecuencia y la duración de los pulsos magnéticos producidos (27).

Estos pulsos magnéticos de intensidad específica producen una despolarización selectiva de neuronas del neocórtex o corteza cerebral, ubicadas entre 1,5 y 2 cm por debajo del cráneo. Estos pulsos pueden ser únicos en la estimulación magnética trascraneana o bien regulares repetitivos, en la modalidad que toma el nombre de estimulación magnética transcraneana repetitiva o EMTr (por sus siglas en inglés, rTMS) (27).

En la depresión, por ejemplo, los resultados de esta técnica son controvertidos (27). Hay varios estudios que exploran los efectos de la estimulación magnética transcraneal repetitiva sobre los trastornos de la alimentación, con resultados dispares. Es llamativo que ningún estudio ha evaluado la duración de la mejoría de los síntomas más allá de 1 mes. Se están llevando a cabo estudios controlados aleatorios en varios países para confirmar los efectos específicos de la EMT. Hasta ahora, sin embargo, el uso de estos métodos es de carácter experimental y no se han aplicado de forma rutinaria como técnica terapéutica (27,28).

NEUROCIRUGÍA EN LA AN

Desde 1950 a 2014 se han publicado 17 estudios que incluyen a 35 pacientes a los que se les ha realizado algún tratamiento neuroquirúrgico para la anorexia nerviosa resistente. En la mayoría de ellos, los pacientes ganan peso en el contexto de la mejoría de otros síntomas. Sin embargo, la heterogeneidad y falta de datos en cuanto a la selección de pacientes, el seguimiento y las medidas de resultado hacen que se deban interpretar estos resultados con cautela (29,30).

La leucotomía prefrontal es un procedimiento quirúrgico para interrumpir los tractos de sustancia blanca que conectan las estructuras corticales frontales con los ganglios basales y el tálamo. El término “lobotomía” se refiere a resección de las vías, mientras que el término “leucotomía” se refiere a la transección de forma selectiva de las vías (29).

En dos publicaciones, que incluyen un total de 3 pacientes con anorexia, entre otros 40 pacientes psiquiátricos, 2 pacientes mejoraron en sus síntomas a las 6 semanas tras la cirugía y 1 paciente experimentó remisión completa al año de seguimiento. Un paciente cometió suicidio a los 16 meses de la intervención (29,37,38).

Otro trabajo realizado por Zamboni y cols., en 1993, describió los resultados obtenidos en dos pacientes, un hombre y una mujer, con AN refractaria y trastorno obsesivo-compulsivo sometidos a talamotomía dorsomedial. Los resultados a los 2 y 4 años fueron positivos, respecto a los síntomas obsesivos y al peso, en ambos pacientes (39). En un trabajo más reciente, publicado en 2011, se intervino quirúrgicamente a una paciente de 38 años con trastorno obsesivo-compulsivo comórbido (TOC) y AN mediante capsulotomía anterior estereotáctica bilateral. Antes de la operación, la duración de la enfermedad fue de 24 años. Pese a que la duración del seguimiento es escasa (3 meses), la paciente tuvo una normalización del peso y una mejoría significativa en los síntomas del TOC (40).

ESTIMULACIÓN CEREBRAL PROFUNDA

La estimulación cerebral profunda (ECP) es una técnica neuroquirúrgica utilizada desde los años setenta en el tratamiento del dolor y los trastornos del movimiento. Mediante la aplicación de estímulos eléctricos a través de electrodos intracraneales, sirve para modular la actividad de los circuitos cerebrales disfuncionales y se ha demostrado eficaz y segura en pacientes con enfermedad de Parkinson y temblor esencial, y su uso actualmente se está expandiendo a otros trastornos neurosiquiátricos tales como la depresión mayor, el trastorno obsesivo-compulsivo y el síndrome de Tourette. La introducción del electrodo en el cerebro se realiza mediante técnica estereotáxica, lo que consigue una gran precisión en el abordaje del área del cerebro que se cree está implicada en la producción de los síntomas. Es un procedimiento reversible y puede regularse según las necesidades del paciente; ejerce su efecto tanto a nivel local como en estructuras distantes, a través de los axones en redes monosinápticas y poli- sinápticas. La corriente se genera desde una batería localizada en la región pectoral, que proporciona la energía para la estimulación y permite realizar ajustes del tipo e intensidad de la corriente. En contraste con los procedimientos ablativos, tales como capsulotomía, la ECP es un procedimiento que no produce lesión del tejido nervioso, por lo que, en caso de fracaso de la técnica, puede retirarse quirúrgicamente sin dejar secuelas. Asimismo, la aparición de efectos secundarios puede ser revertida mediante la modificación de la estimulación, permitiendo crear terapias personalizadas que maximicen la eficacia y no produzcan efectos adversos (41). Los efectos secundarios principales suelen ser los asociados a la implantación del sistema, como la posibilidad de hematoma intracebrebral, sintomático o no (aproximadamente de un 1-2%), y la de infección o escarificación de la piel (del 0 al 10% según las series). Otros efectos adversos derivados de la estimulación pueden ser alteraciones del humor, o crisis epiléptica, si bien estos efectos revierten al cesar la estimulación (41).

Hasta la fecha, hay muy pocos datos sobre el efecto de la ECP en el tratamiento de la AN. Hay dos casos clínicos publicados, una serie de 4 pacientes y un estudio piloto publicado que incluye a 6 pacientes.

El primer caso de ECP en la AN se publicó por Israel y cols. en 2010, en un paciente con depresión mayor y AN comórbida (42). La diana seleccionada fue el cíngulo subgeniculado (SCC), dada la evidencia de su eficacia en los ensayos de ECP efectuados para el tratamiento de la depresión (Mayberg y cols.) (43). El IMC (19,1 kg/ m ) y la conducta alimentaria se normalizaron a los 2 años de seguimiento, aunque el estado de ánimo no mejoró de forma sig-nificativa. Un caso más reciente publicado por McLaughlin (2012) describió la mejoría en los síntomas tras la ECP del estriado ventral en un paciente con AN y TOC intratable (44).

La primera serie de casos fue publicada por Sun y cols., con resultados preliminares de un aumento de peso promedio del 65% a los 38 meses de seguimiento, en 4 pacientes adolescentes con AN tratadas con ECP del núcleo accumbens (45). En 2013, Lipsman y cols. publicaron los resultados de un ensayo piloto de fase 1 con ECP del cíngulo subcalloso en 6 pacientes adultas con AN refractaria al tratamiento (3). Las pacientes tenían una media de 18 años de evolución de la enfermedad, y todas excepto 1, tenían comorbilidad psiquiátrica, como depresión y trastorno obsesivo compulsivo. El índice de masa corporal medio de base de los últimos 5-7 años era de 13,7, si bien antes de la cirugía era de 16,1, ya que las pacientes fueron intensamente tratadas previamente a su tratamiento quirúrgico para minimizar complicaciones. A los 6 meses de tratamiento, 2 pacientes tenían un peso superior al que presentaban en el momento de la cirugía, con un IMC de 18,2 y 18,3; a los 9 meses, 3 pacientes mantenían un IMC superior a los de base (20, 16 y 20), lo que constituía el periodo más largo en el que habían mantenido el peso desde el comienzo de su enfermedad. Las demás pacientes mantuvieron a los 9 meses el mismo IMC que de base, lo que indica que la ECP no produjo ningún efecto ni positivo ni negativo. Una paciente tuvo un ataque de pánico durante la cirugía, y otra un embolismo aéreo, que se resolvió de forma inmediata al reposicionar la mesa quirúrgica. Hubo otros efectos adversos, algunos en relación con la estimulación -como una crisis epiléptica en la primera sesión de programación-, disminución del humor transitoria y dolor posquirúrgico, y otras en relación con la enfermedad de base, como alteraciones electrolíticas y un episodio de pancreatitis. Cuatro de las 6 pacientes tenían puntuaciones en escalas psicométricas acordes con depresión grave, de las cuales, 3 tuvieron una mejoría mayor al 50%, y una obtuvo criterios de remisión. Cinco de las 6 pacientes cumplían criterios preoperatorios de trastorno obsesivo compulsivo, de las cuales, 3 respondieron con mejoría en sus puntuación en escalas específicas mayores al 35%. La región del área de Broadmann 25 es conocida por su papel en la regulación del estado de ánimo y en la autopercepción. Se propuso como diana para la ECP en la anorexia nerviosa, ya que los estudios de imagen mostraban alteraciones metabólicas en ese área y en sus eferentes y aferentes en los pacientes con AN que eran muy similares a las encontradas en la depresión y, además, por la frecuencia con que la anorexia presenta depresión y ansiedad como

primero buscan alterar los patrones de pensamiento y comportamiento, y solo se puede decir que alteran la estructura del cerebro del sujeto como resultado de efectuar estos cambios (47). Por supuesto, el mero hecho de que la ECP sea directa y otros métodos de tratamiento mencionados anteriormente sean indirectos, por sí mismo no parece que haya una diferencia éticamente relevante.

No obstante, ya que muchos de los abordajes actuales mediante neuromodulación en trastornos psiquiátricos son experimentales, deben enmarcarse en un contexto ético y normativo cuidadoso, y por tanto el tratamiento mediante ECP en pacientes tan vulnerables como aquellos que presentan anorexia nerviosa precisa una atención extrema. Por otro lado, la especial vulnerabilidad de estos pacientes no es razón para excluirlos de un tratamiento que pudiera resultar beneficioso, pero es precisa la observación cuidadosa de los más altos requisitos éticos, de acuerdo con directrices específicas propuestas por los expertos en el campo de la neurocirugía psiquiátrica (48). Los siguientes criterios son esenciales para asegurar la protección del paciente:

  • Realización del tratamiento por un equipo multidisciplinario experto en psicocirugía.
  • Selección cuidadosa de los pacientes severamente afectados en los que se ha demostrado que su situación es totalmente refractaria a otros tratamientos.
  • Cuidadosa explicación de la finalidad y los riesgos del procedimiento de ECP a los pacientes y a sus familiares cercanos.
  • Obtención del consentimiento informado de los pacientes.
  • Aprobación por un comité de revisión institucional o un comité de ética local que supervise el cumplimiento de las regulaciones nacionales e internacionales (49).

Al contrario que en otros campos de la neurocirugía psiquiátrica, estos pacientes están capacitados para firmar el consentimiento informado. Es muy posible que pacientes que se podrían beneficiar de estos tratamientos rechacen esta posibilidad por el temor a una ganar peso, al igual que rechazan la alimentación por sonda u otros medios como parte de su enfermedad. Dado el carácter experimental de estas técnicas, consideramos que deben ser aplicadas de forma exclusiva a aquellos pacientes que, tras la debida información de las expectativas, características y riesgos del procedimiento, den su consentimiento y deseen intervenirse. Además de la información habitual sobre la técnica de la ECP, los pacientes deben ser informados de la posibilidad de riesgos desconocidos asociados al perfil específico de los pacientes y a la diana quirúrgica. También es preciso clarificar que el tratamiento podría no producir ningún beneficio, y que un segundo procedimiento para extraer el sistema podría ser necesario en caso de fracaso, con los consiguientes riesgos asociados No existen criterios claros respecto a la resistencia a tratamientos conservadores, pero este

tema está cada vez más en auge, considerándose incluso tratamiento paliativo para aquellas pacientes en las que no se produce mejoría tras varios años de tratamiento conservador (50).

CONCLUSIONES

La AN es un trastorno psiquiátrico que se cronifica en el 20% de los casos, con una mortalidad del 6-11% a pesar de los tratamientos médicos y psicoterapéuticos actuales. Es preciso encontrar tratamientos eficaces que conduzcan a una normalización del peso, así como de los síntomas psiquiátricos en estos pacientes resistentes.

La estimulación cerebral profunda ha surgido como un trata-miento seguro y eficaz en un número cada vez mayor de enfermedades neurosiquiátricas. Según la literatura especializada, el tratamiento neuroquirúrgico de la AN refractaria ha sido realizado desde los años cincuenta, con altas tasas de eficacia según los autores, en pacientes muy seleccionados. La falta de homogeneización y de datos precisos respecto a la realización de estos estudios, así como su corta duración hace que se deban interpretar con cautela. La ECP del giro subgeniculado podría ser una alternativa segura y eficaz para el tratamiento de los pacientes con AN refractaria, según apuntan datos preliminares, aunque la bibliografía es muy escasa hasta el momento. Es preciso realizar estudios aleatorizados doble ciego (electrodos sin activación y con activación) en un número mayor de pacientes para confirmar la eficacia de estos tratamientos.

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