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Literatura Comparada, capítulo 2, Apuntes de Idioma Español

Asignatura: Literatura Comparada, Profesor: Antonio Penedo, Carrera: Llengua i Literatura Espanyoles, Universidad: UAB

Tipo: Apuntes

2010/2011

Subido el 04/06/2011

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2 ¿QUÉ ES LA LITERATURA, Y QUÉ IMPORTA LO QUE SEA?
En los modelos actuales de sociedad el arte es lo que más ayudará al acto de
socializarse. Igual que lo no literario condiciona lo literario, lo literario acaba
afectando a la realidad en un juego de ida y vuelta. La modernidad ha marcado una
frontera: el centro comunitario ya no podrá ser ni la religión, ni la ideología ni el
discurso militar, sino la cultura plural.
Cuando se habla de literatura, ya no se habla sólo de literatura: la literatura
funciona y se entiende a partir de otros textos no necesariamente literarios
(políticos, religiosos…). Las obras literarias y las no literarias pueden estudiarse
conjuntamente y con métodos parejos, lo que tiene consecuencias académicas de
gran relevancia. Las escuelas y corrientes del XX fueron evolucionando de posturas
más intrínsecas a más contextuales.
¿Qué es la literatura? ¿Qué distingue las obras literarias de las no literarias?
¿Qué diferencia la literatura de otras actividades o entretenimientos humanos?
¿Existen rasgos distintivos esenciales presentes en todas las obras literarias?
La teoría ha pugnado por encontrar la respuesta, pero sin éxito, ya que la mayoría de
obras literarias parece tener más aspectos en común con obras que pocas veces
llamamos literatura que con otras reconocidamente literarias.
El clima cultural, los referentes, etc., junto con la calidad, determinan el valor de
la obra. La comparación es lo que ayuda a distinguir la literariedad. Desde un criterio
formalista, depende de la sociedad y supone la búsqueda de rasgos literarios que a
veces se usan en contextos no literarios; y desde un criterio narratológico,
distinguimos la literatura por temas e historias, pero estos aspectos también se usan
extraliterariamente. Aunque lo literario pueda distinguirse por un sentido
estilístico, no es tan fácil distinguirlo sólo a partir de ese criterio.
Muchos de los rasgos “literarios” resultan ser fundamentales en discursos no
literarios. El modelo subyacente a la explicación histórica, por ejemplo, es la
lógica de la narración: la manera en que las narraciones muestran que algo ocurre,
engranando la situación inicial, el desarrollo y el resultado haciendo que adquieran
sentido; según W. Benjamin, además, “la historia la escriben los vencedores”, por lo
que lo escrito como historia depende de lo que ciertos grupos sociales deciden que lo
sea. Un modelo narrativo manipulado provoca confrontamiento social, mediante
patrones de unidad inexistentes.
Analizando el material y su disposición se puede dilucidar el valor de una obra
literaria; sin embargo, tales métodos dan conclusiones demasiado sencillas para algo
hecho de palabras, que no necesariamente crean literatura. Si se habla del valor de
una obra se habla del receptor, que es quien se lo da, y ya se habla de elementos
contextuales. Los criterios formales y temáticos, por tanto, no son excluyentes
para separar lo literario de lo que no lo es, y los críticos han demostrado la profunda
literariedad de los discursos no literarios.
Lo retórico no pertenece sólo a la literatura, pues todo lenguaje es retórico por
denición (Nietzsche, Verdad y mentira en sentido extramoral). La retórica nació en el
siglo VI a. C. en el sur de Italia con nalidades jurídicas: según se presentan u
organizan los hechos el éxito de la exposición es mayor o menor. La retórica es, así, el
uso argumental del lenguaje.
El desacuerdo garantiza la convivencia, la pluralidad artística garantiza la libertad
en el arte. Beethoven y Shakespeare no fueron valorados en un tiempo, pero el grupo
de interpretantes es quien al nal lo valora. Los vanguardistas del 27 se inspiraron en
Góngora por su experimentalismo con la lengua. En arte no cabe la pronunciación
unívoca, ya que a la experiencia estética se accede a través de la descodicación de
la obra. El problema en arte es que sin forma no hay arte, pero la experimentación
de la forma viene mediada por la posición del receptor respecto a ésta.
Hay que diferenciar entre lo artístico y lo estético: lo artístico pertenece a la
estructura, disposición, forma y contenido de la obra ( forma), el argumento, la
dimensión comunicoformativa del lenguaje (fondo), y depende de la percepción; lo
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2 ¿QUÉ ES LA LITERATURA, Y QUÉ IMPORTA LO QUE SEA?

En los modelos actuales de sociedad el arte es lo que más ayudará al acto de socializarse. Igual que lo no literario condiciona lo literario , lo literario acaba afectando a la realidad en un juego de ida y vuelta. La modernidad ha marcado una frontera: el centro comunitario ya no podrá ser ni la religión, ni la ideología ni el discurso militar, sino la cultura plural. Cuando se habla de literatura, ya no se habla sólo de literatura: la literatura funciona y se entiende a partir de otros textos no necesariamente literarios (políticos, religiosos…). Las obras literarias y las no literarias pueden estudiarse conjuntamente y con métodos parejos, lo que tiene consecuencias académicas de gran relevancia. Las escuelas y corrientes del XX fueron evolucionando de posturas más intrínsecas a más contextuales. ¿Qué es la literatura? ¿Qué distingue las obras literarias de las no literarias? ¿Qué diferencia la literatura de otras actividades o entretenimientos humanos? ¿Existen rasgos distintivos esenciales presentes en todas las obras literarias? La teoría ha pugnado por encontrar la respuesta, pero sin éxito, ya que la mayoría de obras literarias parece tener más aspectos en común con obras que pocas veces llamamos literatura que con otras reconocidamente literarias. El clima cultural, los referentes, etc., junto con la calidad, determinan el valor de la obra. La comparación es lo que ayuda a distinguir la literariedad. Desde un criterio formalista, depende de la sociedad y supone la búsqueda de rasgos literarios que a veces se usan en contextos no literarios; y desde un criterio narratológico, distinguimos la literatura por temas e historias, pero estos aspectos también se usan extraliterariamente. Aunque lo literario pueda distinguirse por un sentido estilístico , no es tan fácil distinguirlo sólo a partir de ese criterio. Muchos de los rasgos “literarios” resultan ser fundamentales en discursos no literarios. El modelo subyacente a la explicación histórica, por ejemplo, es la lógica de la narración : la manera en que las narraciones muestran que algo ocurre, engranando la situación inicial, el desarrollo y el resultado haciendo que adquieran sentido; según W. Benjamin, además, “la historia la escriben los vencedores”, por lo que lo escrito como historia depende de lo que ciertos grupos sociales deciden que lo sea. Un modelo narrativo manipulado provoca confrontamiento social, mediante patrones de unidad inexistentes. Analizando el material y su disposición se puede dilucidar el valor de una obra literaria; sin embargo, tales métodos dan conclusiones demasiado sencillas para algo hecho de palabras, que no necesariamente crean literatura. Si se habla del valor de una obra se habla del recepto r, que es quien se lo da, y ya se habla de elementos contextuales. Los criterios formales y temáticos , por tanto, no son excluyentes para separar lo literario de lo que no lo es, y los críticos han demostrado la profunda literariedad de los discursos no literarios. Lo retórico no pertenece sólo a la literatura, pues todo lenguaje es retórico por definición (Nietzsche, Verdad y mentira en sentido extramoral ). La retórica nació en el siglo VI a. C. en el sur de Italia con finalidades jurídicas: según se presentan u organizan los hechos el éxito de la exposición es mayor o menor. La retórica es, así, el uso argumental del lenguaje. El desacuerdo garantiza la convivencia, la pluralidad artística garantiza la libertad en el arte. Beethoven y Shakespeare no fueron valorados en un tiempo, pero el grupo de interpretantes es quien al final lo valora. Los vanguardistas del 27 se inspiraron en Góngora por su experimentalismo con la lengua. En arte no cabe la pronunciación unívoca , ya que a la experiencia estética se accede a través de la descodificación de la obra. El problema en arte es que sin forma no hay arte, pero la experimentación de la forma viene mediada por la posición del receptor respecto a ésta. Hay que diferenciar entre lo artístico y lo estético: lo artístico pertenece a la estructura, disposición, forma y contenido de la obra ( forma ), el argumento, la dimensión comunicoformativa del lenguaje ( fondo ), y depende de la percepción; lo

estético (griego aisthesis , sensación) depende de la experiencia a partir de la obra. Por vía estética se pueden experimentar sensaciones que por vía normal no se podrían sentir, tan sólo pensar. Lo estético, por lo tanto, depende de lo humano , y el arte es intrínsecamente subjetivo. La marginación del estudio de la subjetividad va contra la naturaleza humana; la subjetividad del individuo es siempre colectiva , y por eso hay comunidades de receptores de ciertos tipos de arte. La subjetividad es objetivable en el comportamiento de las personas: somos sociales e individuales a la vez, y la subjetividad es comunitaria, objetivable y estudiable. Lo realmente definitorio del arte es la experiencia estética , lo que introduce a la subjetividad y al estudio del sujeto. Tautología: lo que nos hace ser sujetos es la construcción de nuestra subjetividad. Las nuevas teorías, por tanto, deben construir teorías objetivas de la subjetividad. La experimentación subjetiva no es caprichosa, sin criterio o aleatoria y marginal, sólo depende del sujeto. Una experiencia estética, que se siente, se vuelve más empírica que cualquier otra. Esta diferencia entre objeto y sujeto también deja más clara la diferencia entre valores y ética. Lo estético llega a construir lo artístico debido al círculo hermenéutico : al acercarse a una obra de arte, el sujeto ve más o menos piezas según su educación, cultura, religión, etc.; la experiencia estética determina la cantidad de elementos artísticos de la obra que el experimentador percibe, y es la experimentación la que encuentra los recursos en una semiosis ilimitada , en la que la densidad artística de la obra puede volver su posibilidad estética ilimitada. Nunca llegamos a ver la cosa en sí, o cómo es, no se puede percibir debido a los dos aprioris cognitivos humanos: el tiempo y el espacio, que limitan la captación de la realidad. Así, la pregunta sobre qué es la literatura es doble: por el objeto , que nos orienta, y por el sujeto , experiencia estética. La mirada cultural convierte o no algo en arte, y gracias a la cultura contemporánea audiovisual la subjetividad es cada vez más comunitaria. El ser humano se está codificando socialmente por vía artística. El canon literario y artístico sufre una constante revisión que realiza reajustes constantes en muchos conceptos. La pregunta tiene unidad, pero la respuesta es múltiple: el ser humano tiende a encontrar coherencia, sin la cual es muy difícil la experiencia estética. El arte consiste en la pluralidad y la unidad: una obra de arte tiene que relacionarse de algún modo con el resto , respetar y reproducir normas y precedentes anteriores; depende, asimismo, de las posiciones culturales e ideológicas de la sociedad. Esa pluralidad requiere análisis para entender la obra. Los valores estéticos son éticos también, y en el arte hay certezas parciales que deben ser experimentadas sensitivamente. Las humanidades no admiten los criterios únicos de definición de fenómenos, los absolutos. Hans-Robert Jaus: “No habría que hacer sólo historia de las obras, sino también de sus lecturas ( marco de recepción )”. La literatura debe complementarse con psicología y sociología, ya que hay que buscar las múltiples explicaciones posibles de los fenómenos relacionados con el arte. No puede haber una única interpretación de una obra de arte: es la actitud estética la que da valores a las mismas. Por superficial que pueda parecer un producto artístico, hay una interpretación psicosocial mucho más profunda. El arte es relativo , depende de las relaciones. La mente humana es intrínsecamente relativa, busca relaciones entre lo percibido. Como los colores son relativos entre sí, también los conocimientos. La percepción de la forma depende de la experimentación de la misma, y de ahí el desacuerdo sobre los valores en la sociedad. Para no caer en el indiferencionismo (que lleva al nihilismo) hay que entender que la realidad es interactiva , relativa, y por lo tanto las categorías del esquema (objeto-sujeto) son dinámicas: en la interacción entre fondo y forma está el polo artístico , que debe llevar al polo estético (psicosomizando el polo artístico). Esto lleva a analizar constantemente el pensamiento ( hiperconsciencia ), y así observar el feedback (el resultado obtenido hace modificar la posición inicial de la que se parte). Pensar es un acto constante de construcción y desconstrucción.

La literatura es una construcción intertextual. En una obra intervienen asp ectos materiales, fuerzas y magnitudes , y su valor será siempre diacrónico (una obra consigue magnitud si diacrónicamente recibe reconocimiento). Las obras literarias se crean a partir de otras obras, son posibles gracias a obras anteriores que las nuevas integran, repiten, rebaten o transforman, y existe a través de las relaciones con otros textos. La literatura es autorreflexiva. Resulta posible leer los poemas como si trataran de la propia poesía, relacionados con las operaciones de la imaginación y la interpretación poética, por lo que reflexiona sobre sí misma.

¿Propiedades o consecuencias? La literariedad de la literatura podría residir en la tensión que genera la interacción entre el material lingüístico y lo que el lector espera que sea la literatura ( relación entre el material y el receptor ). Las características de la literatura no son definitorias, ya que funcionan por igual en otros usos del lenguaje. Los teóricos han emprendido una reflexión sobre la literatura como categoría social e ideológica con funciones políticas y sociales. No sólo hay que buscar en el arte propiedades, también funciones. La literariedad la da, por lo tanto, el receptor.