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sabiduría del conocimiento descriptivo (gris oscuro) y que los dos hemisferios cerebrales desempe- 35 en la adquisición y el almacenamiento del xación de atractores y en la maquinaria de re- 35. e siguen exploraremos con más detalle los de la sabiduría y de la competencia, y de qué características dependen de las dos mitades tlos frontales. A medida que vayamos apren- ibulos frontales, se irá viendo cada vez más al que desempeñan en la adquisición y el al- cimiento preceptivo. Y cuando sepamos más nieracciones entre los dos hemisferios cere- 3n con desafíos cognitivos nuevos y familia- r en qué se diferencian los patrones de la sa- staciones de la mente, cómo se producen y e resistir a los estragos del envejecimiento. Frente a frente con la toma de decisiones En el interior de los lóbulos frontales os lóbulos frontales se encuentran en la actualidad entre las ] ui más estudiadas del cerebro; sus funciones se consideran fundamentales para nuestro mundo mental y los cambios que expe- timentan durante el desarrollo y durante el envejecimiento atraen un enorme interés científico, Todo ello nos ha llevado a reconocer en la maduración de los lóbulos frontales el tema central del desa- rrollo cognitivo y en su deterioro el terna central del envejecimien- to cognitivo. Pero el camino seguido hasta llegar a este cono- cimiento ha sido extremadamente lento, y no es difícil entender por qué: es más fácil explicar que es lo que no hacen los lóbulos frontales que explicar qué es exactamente lo que hacen, así que a los.neurocientíficos les ha llevado mucho tiempo Hegar donde esta- mos. Recuerdo la primera vez que, siendo niño, mi madre me llevó al teatro de la ópe ¡a de mi ciudad natal, Riga. Se suponía que debía ver la actuación que se representaba en el escenario, pero en cam- bio me quedé hipnotizado por el pequeño hombre situado frente a la orquesta. Ese pequeño hombre estaba en pie sobre un podio, y desde allí movía sus manos, pero yo no lograba comprender de nin- guna manera de qué modo contribuía a la actuación, puesto que ob- La paradoja de la sabiduría Ficura 11; * El lóbulo frontal (gris claro y oscuro) y la corteza pre- frontal (gris oscuro). viamente no tocaba ningún instrumento. Huelga decir que ese hom- brecillo era el director de la orquesta, Los lóbutos frontales, o más precisamente la corteza prefrontal, son para el resto del cerebro le que el director es para la orquesta, y durante muchos años los psicólogos y los neurólogos se han en- contrado tan desconcertados como yo en mi primera visita a la ópe- ra, incapaces de comprender sus funciones. Paradójicamente, en la práctica clínica el papel de los lóbulos frontales en la formación de los rasgos centrales de la personalidad se conoce desde hace tiempo. La lobotomía frontal, tan popular a mediados del siglo Xx tanto en Europa come en Norteamérica, te- nía como objetivo alterar la personalidad, por desgracia aniquilán- dota en muchos casos, por el mecanismo de cortar las conexiones | entre los lóbulos frontales y el resto del cerebro. Pero la verdadera comprensión científica de las funciones de los lóbulos frontales tar- dé mucho más en llegas. Frente a frente con la toma de decisiones 183 Uno de los principales obstáculos fue la obsesión por los meca- nismos del conocimiento descriptivo que dominó la neuropsicolo- gía y la neurociencia cognitiva hasta hace relativamente poco tiem- po. Como veremos, los lóbulos frontales tienen relativamente poco que ver con el conocimiento descriptivo y todo que ver con el co- nocimiento preceptivo. Otro obstáculo fue el hecho de que los neu- rocientíficos seguían estudiando y midiendo habilidades mentales específicas: percepción, lenguaje, movimiento, etcétera. Pero los lóbulos frontales no se encargan de ninguna de estas habilidades específicas, del mismo modo que el director de orquesta no se en- carga de tocar ningún instrumento musical concreto. La música sinfónica no reside en ningún instrumento en parti- cular, sino que surge de la interacción entre todos los instrumentos que actúan en concierto, y es el director quien «pone todo en or- den». Del mismo modo, todas las conductas complejas dependen de más de una habilidad mental, y son los lóbulos frontales los que organizan nuestras habilidades mentales en conjuntos complejos. Los lóbulos frontales se encargan de planear, de dibujar los cami- nos que el organismo debe seguir para resolver una gran variedad de problemas. Igual que el director apunta con su batuta a distintos miembros de la orquesta a medida que se desarrolla la música, los lóbulos frontales solicitan el concurso de habilidades mentales es- pecíficas y conforman con ellas conductas complejas. Este papel de mando que ejercen los lóbulos frontales se suele denominar «fun- ción ejecutiva», por analogía con el presidente ejecutivo de una empresa, que es el responsable de planificar la estrategia empresa- rial pero que, como es bien conocido, no dedica su tiempo a ningu- na actividad específica y claramente acotada. El presidente ejecuti- vo supervisa la actividad de otros y se encarga de identificar y reunir los recursos necesarios para seguir la estrategia empresarial global. Esto es precisamente lo que hacen los lóbulos frontales en el organismo biológico vivo. Investigaciones recientes indican que la organización interna de la corteza prefrontal sigue una estructura jerárquica, afín en cierto 186 La paradoja de la sabiduría sus temas «de toda la vida», como la percepción, el movimiento o la memoria. Los atributos de la mente más esquivos y supuesta- mente más «exclusivamente humanos», como la motivación, el jui- cio, la empatía, la comprensión de los otros, la moratidad, etcétera, se consideraban firme y permanentemente fuera del ámbito de la investigación científica, y a quien pretendiera traerlos al discurso científico se le tenía por charlatán, embustero o algo peor. Estos atributos mentales exaltados se agrupaban todos en el «departa- mento del alma» que los científicos dejaban a los poetas. . La ambigiiedad cognitiva era también uno de esos tabúes. La opi- nión generalmente aceptada dictaba que los experimentos psicoló- gicos tenían que ser totalmente deterministas, Aún recuerdo cómo un profesornos advertía que el experimentador «debe saberlo que hace el paciente»: La advertencia. se traducía en un intento por purgar al experimento: de todo trazo de ambigiiedad. Pero la mayoría de las si- tuaciones de la vida real no son deterministas, son esencialmente ambiguas, y por tanto la toma de decisiones críticas debe producir- sé en un ambiente opaco. Todo diseño experimental que no tome en cuenta esa ambigiiedad tira la fruta fresca del entendimiento. con la fruta pocha de la irrelevancia. Por desgracia, hasta hace poco así es como estaban las cosas en la ciencia cognitiva y del cerebro: Pero récientemente se ha roto ese tabú de décadas, y en la ac- tualidad. las páginas de las revistas científicas serias. están repletas precisamente de eso, de la exploración de los mecanismos cerebra- Jes de la volición, el impulso, el juicio, la previsión y la toma de de- cisiones en situaciones altamente ambiguas. Hasta los atributos su- puestamente únicos del género humano como -la voluntad, la intencionalidad, la conducta ética, la moralidad y la empatía sees- tudian hoy-cor los rigurosos métodos de la neurociencia cognitiva y la psicología experimental. Así queda reflejado en la acuñación de nuevas:expresiones que hasta'hace poco se hubieran considera- do usa contradicción en los términos o hubieran sonado a embuste, cómoneurociencia social (que trata de los mecanismos cerebrales de.las interacciones sociales) o economía conductual (que trata la Frente a frente con la toma de decisiones 187 psicología de la toma de decisiones en el mercado). El premio No- bel de economía de 2002 fue otorgado a Daniel Kahneman, un psi- cólogo que, con su ya fallecido Colega Amos Tversky, dedicó su vida a la investigación de los mecanismos psicológicos (y, como se ha visto, a menudo poco racionales) que intervienen en la toma de decisiones económicas en entornos ambiguos. Todo esto atestigua que una nueva tendencia está cogiendo fue- lle en la neurociencia, Pero la tendencia ha llegado aún más lejos. Como si la «economía conductual» no fuera bastante desafío, últi- miamente se ha comenzado a oír hablar de neuroeconomía, una dis- ciplina que se ocuparía de los mecanismos cerebrales de toma de decisiones en el mercado y que utiliza para ese fin las técnicas de neuroimagen más avanzadas. Se oye hablar incluso de neuro- mercadotecnia (o neuromárketing), que se ocupa de evaluar las respuestas cerebrales a los anuncios y que utiliza las técnicas de neuroimagen para entender el funcionamiento de los anuncios po- líticos durante las campañas electorales. Cuando se examina de cerca esta evolución no puede evitarse la conclusión de que el cam- bio de énfasis que se está produciendo en la investigación neuro- científica es de la cognición descriptiva (¿qué es cierto?) a la cog- nición preceptiva (¿qué es mejor para mí?). Las formas de cognición descriptiva (o verídica) y preceptiva (o centrada en la acción) se encuentran estrechamente entrelazadas y en circunstancias normales funcionan concertadamente. Sin em- bargo, la diferencia entre ellas es importante, y no sólo para los psi- cólogos y los neurocientíficos. En 2002, el Tribunal Supremo de Estados Unidos emitió una opinión que considero un hito en el con- texto de la jurisprudencia estadounidense. Al fallar en contra de la pena de muerte para los retrasados mentales, los jueces argumenta- ron que un individuo puede poseer la necesaria cognición descrip- tiva (es decir, conocer fetóricamente la diferencia entre el bien yel mal), y sin embargo tener una cognición preceptiva deficiente (es decir, ser incapaz de utilizar aquel conocimiento como guía de la conducta propia). FiGURA 12. Activación cerebral durante la realización de tareas cen tradas en el actor (A) y verídicas (B) en imágenes de RME. (A) La el [0 ción de formas geométricas en función de la preferencia produce una ac: tivación combinada prefrontal y parietal. (B) La elección de Jormas geométricas en función de la percepción de cómo se combinan pre el únicamente activación parietal. Adaptado con permiso de Vogeley et al. (2003). Tradicionalmente, los neúropsicólogos y los neurocientíficos cognitivos han centrado sus esfuerzos de forma casi En en los mecanismos cerebrales de la cognición descriptiva o vez Lea Sólo muy recientemente se han interesado por de a cognición preceptiva o centrada en la acción, Dado que puede ar gumentarse convincentemente que las presiones evolutivas que han conformado el diseño y la capacidad de muestros cerebros qe dirigen sobre todo-a -hallar.«la línea de actuación que más me _ neficie» y sólo en un plano secundario y derivado a A eaindS verdad» resulta irónico que a los neurocientíficos les haya ea . tanto tiempo dirigir su aterición a los mecanismos cerebrales le . cognición preceptiva. Por fin ha ocurrido. ¡Más vale le qui nunca! Frente a frente con la toma de decisiones 189 Este nuevo enfoque de la investigación se centra en los lóbulos frontales del cerebro, puesto que son éstos los ¿ue contienen la ma- quinaria neuronal del conocimiento preceptivo, Los lóbulos fronta- les, que son los que se han desarrollado más recientemente durante la evolución y se sitúan en.el asiento del conductor, delante del res- to del cerebro, han sido también la parte del cerebro que más celo- samenteha.guardado:sus secretos. Pero cuando los neurocientíficos comenzaron por fin a. estudiar la cognición preceptiva, centrada en el actor y-enda actuación, enseguida quedó claro que esa cognición en esencia depende de y es impulsada por los lóbulos frontales. El papel de éstos en el conocimiento preceptivo'se ha conseguido dilu- cidar gracias a las investigaciones sobre las funciones de los ló- bulos frontales con técnicas de resonancia magnética funcional reali- Zadas en el laboratorio de Kai Vogeley. nicienta y el cerebro Si pudiéramos hablar de.uf:cambio de fortuna para referimos a una región del cerebro, eso és'sin.duda lo que habríamos presenciado en el caso de los lóbulosiro ntales, que han pasado de ser la Cenicienta la: de sus temas más candentes. En tiem- pos relativaménte tan récientes cómo a mediados del siglo xx, mu- chos científicos trefañ. quedos lóbulos frontales existían por razones meramente ornamentalés, y como .aucho.comó relleno para evitar que el cráneo se colapsara. (Y eso pesé-2:las presciéntes admonicio- nes de científicos visionarios como Job ughlings Jackson y Alek- sander Luria, que anticiparon en su pensamiento la excepcional im- portancia de los lóbulos frontales para la cognición humana.) Todavía recuerdo como, con ocasión de una conferencia impar- tida en la Universidad de Columbia hace muchos años, una de las más importantes investigadoras de-los lóbulos frontales, Patricia Goldman-Rakic, mostraba un esquema del.cerebro en el que cada lóbulo contenía cierto número de homúnculos, de pequeños moni- 192 La paradoja de la sabiduría la llamada teoría de la mente). Los pacientes con daños en los ló- bulos frontales a menudo presentan grandes deficiencias en su ca- pacidad para penetrar en el mundo interior de otras personas, y s0n igualmente obfusos en su capacidad para el razonamiento moral. Estos pacientes carecen asimismo de la capacidad para examinar críticamente su propio mundo interior y sus propias circunstancias. Sufren de una forma peculiar de anosognosia, distinta en su natura- leza de la anosognosia causada por daños en el hemisferio derecho, aunque no menos devastadora. Además, la investigación ha demos- trado que los criminales, y especialmente los criminales violentos, a menudo poseen una corteza prefrontal anormalmente pequeña O fisiológicamente inactiva, Se ha encontrado también un volumen reducido de materia gris prefrontal en personas con trastomo anti- social de la personalidad, y un insuficiente nivel de activación fron- tal, o hipofrontalidad, en personas propensas a la agresión impulsi- va. : ¿Significa esto que las personas nacemos dotadas de un cierto «conocimiento moral» o «conocimiento social» que reside en los lóbulos frontales? ¿Ha culminado por fin nuestra ingenua búsque- da de uni «módulo para todo» con el descubrimiento de un «módu- lo de la moralidad» que contiene un «instinto moral»? Lo cierto es que está de moda hablar de los lóbutos frontales como «asiento de la moral». Pero, ¿existe tal cosa? Lo dudo. Por lo que sabemos de la historia.de la civilización humana, debo decla- rarme escéptico sobre cualquier idea de moral innata, 'Tomando una posición que no es ni romántica en demasía ni nihilista en exceso, tiendo a pensar en el cerebro como en un instrumento moralmente agnóstico, al menos en un sentido literal. Para mí, toda noción de «instinto de ta moralidad» suena tan fantástica como la idea de un «instinto del lenguaje», si no más. Creo fervientemente que las nor- mas éticas que regulan nuestra conducta social son sobre todo cul- turales, que no están «impresas» en nuestro cerebro, ¿Quiero decir con ello que me inclino a negarle todo papel a la corteza prefrontal en el desarrollo moral? ¡En absoluto! Creo que Frente a frente con la toma de decisiones 193 la corteza prefrontal es esencial para la formación de conceptos éti- cos, pero sólo de forma indirecta. Sabemos que la corteza prefron- tal es responsable de la «organización secuencial» de la conducta, de organizar la conducta en el tiempo y de organizar las distintas operaciones mentales que participan en todo acto complejo de cog- nición en secuencias temporalmente ordenadas y coherentes. Esto probablemente signifique que la corteza prefrontal contiene los mecanismos cerebrales necesarios para establecer la relación entre «antes» y «después». De este modo, en virtud de su capacidad para establecer relaciones temporales, la corteza prefrontal se ha hecho necesaria para el siguiente nivel de abstracción, para establecer las más complejas relaciones causales, las relaciones entre causas y consecuencias. Una corteza prefrontal bien desarrollada probablemente sea ne- cesaria para establecer toda una clase de relaciones del tipo «si... entonces» («si A entonces B»). La capacidad para comprender esta relación en general está presente en los humanos pero ausente en los primates no humanos. Esta capacidad es la piedra angular de toda una serie de habilidades cognitivas complejas que, con o sin acierto, asociamos a los hamanos. El lenguaje es una de ellas, pues- to que las estructuras «si... entonces» constituyen la base de las gra- máticas complejas que sirven de cimiento para el lenguaje comple- jo. Esto pone de manifiesto el papel, a menudo pasado por alto, que desempeña la corteza prefrontal en la emergencia del lenguaje du- rante la evolución, en el desarrollo del lenguaje en los niños y en el uso cotidiano del lenguaje. ] Pero la capacidad para comprender relaciones «si... entonces» probablemente se encuentre. también: en el núcleo del desarrollo moral, Aunque en sí misma séa insuficiente, la capacidad para re- lacionar causas y consecuencias es necesaria y es requisito para todo razonamiento moral y para la comprensión de conceptos éti- cos. Dándole la vuelta a mi anterior proposición, aunque los lóbu- los frontales contribuyen al razonamiento moral sólo de manera in- directa y aunque de manera intrínseca son moralmente agnósticos, 194 La paradoja de la sabiduría sí proporcionan los elementos de construcción, la piedra angular neurobiológica sobre la que descansa el desarrollo de esos con- ceptos. Destacan asimismo entre los otros fundamentos del razona- miento moral la capacidad para concebir las consecuencias de líne- as de actuación alternativas, es decir, razonamientos del tipo «qué hubiera ocurrido si hubiera hecho X en lugar de Y», así como la capacidad para lamentarse 0 arrepentirse cuando se llega a la con- clusión de que, babiéndose encontrado uno en una bifurcación del camino, se ba seguido la vía equivocada. La capacidad para reali- zar este tipo de «razonamiento contrafáctico» es importante no sólo en la esfera moral, sino también en la toma de decisiones en cualquier ámbito, ya sea económico, político o personal. Privado de los beneficios del razonamiento contrafáctico, cualquier «apren- dizaje por experiencia» quedaría gravemente mutilado y reduci- do a ensayo y error. Hoy sabemos que la capacidad de razona- miento contrafáctico y la capacidad de lamentar una decisión residen en los lóbuios frontales. Tal como ha demostrado un gru- po de investigadores franceses dirigidos por Nathalie Camille, los pacientes con daños en cierta región de los lóbulos frontales, la corteza orbitofrontal, pierden esta capacidad en un grado conside- rable. La empatía, o sea la capacidad de penetrar en la mente de otros, así como la capacidad de razonamiento moral se cuentan entre los ingredientes más importantes de la sabiduría de acuerdo con cual- quier definición, al mismo nivel que la capacidad para resolver pro- blemas de manera eficaz. De acuerdo con muchas definiciones, la sabiduría implica la capacidad de integrar consideraciones pragmá- ficas, «centradas en el actor», y consideraciones éticas «impulsadas por empatía», en concordancia con mi propio sentido intuitivo de la esencia de la sabiduría. El papel único que desempeña la corteza prefrontal consiste sobre todo en proporcionar la maquinaria neu- ronal que permite unir estos-dos factores en un proceso único y bien integrado de toma de decisiones. Frente a frente con la toma de decisiones 195 En la actualidad son muchas las razones que nos llevan a creer que el desarrollo de la corteza prefrontal ha desempeñado un papel central en la emergencia de ruchos (posiblemente la mayoría) de los rasgos que definen nuestra humanidad. ¿Significa ello que esos rasgos son exclusivamente humanos? Sea:cual sea el verdadero grado de discontinuidad evolutiva entre el cerebro humano y el de otras especies,-4 menudo tendemos :á exágerarlo en nuestra visión romántica e interesada de nosotros miismos. Se. necesita un cierto grado de control para no antropomorfizar rasgos que, si bien cul: minan en los humanos, podemos casi. afirmar que no señ únicos de nuéstra especie en-un sentido cualitativo, y que en rigor. no son di- cotómicos, no se caracterizan por su presencia absoluta (en los hu- manos) o su ausencia absoluta (en cualquier otra. especie). Considérese, por ejemplo, la «empatía» y la capacidad de «leer Ja mente de otras personas». Estos admirablesrasgos, conocidos en el lenguaje de la neurociencia con el abstruso término de capaci- dad para formular una «teoría de la-mente», son sin duda necesarios para establecer los vínculos que mantienen unidos a los grupos hu- manos. La investigación con técnicas :de neuroimagen funcional nos ha enseñado.que estas elevadas características mentales depen- den de los lóbulos frontales, Con excesivo.orgullo, los humanos, la especie Homo'sapiens sapiens, nos apropiamos de estos dones mentales y nos mostramos reacios a concedérselos a otras especies. A la vista de la evidencia, concedemos a regañadientes que algunos primates, los grandes simios, poseen los rudimentos de esta capaci- dad. A este respecto, me viene á la mente una-célebre fotografía de un cachorro de-chimparicé que corre:a confortar a su cuidador hu- mano cuando éste finge estar apenado. Pero, ¿y má bullmastiff 'Brif? Cuando exa un cachorro le gustaba, como a todos los cachorros, colarse-en el:armario de mi habitación, Tobarme un calcetín y salir corriendo hacia la saia:de estar, donde se arrebujaba en su sofá favorito para mordisquearlo a su gusto. Como cualquier otrodueño de uh cachorro, yo to perseguía y le quitaba el calcetín. Al cabo de un tiempo, la conducta de Brit había cambiado. 198 La paradoja de la sabiduría Demos ahora un paso atrás para pensar de muevo sobre el signi- ficado social del período de edades comprendido entre los diecio- cho y los treinta años. Fal como hemos concluido anteriormente, los dieciocho años es una edad muy interesante que la mayoría de sociedades occidentales modernas reconocen como la edad de la madurez social, del paso dela adolescencia a la edad adulta. La edad de treinta años (más-o menos) también es muy interesante. Es la edad a la que se permite el acceso a cargos electivos importantes en diversas sociedades occidentales. Al parecer no ha sido necesa- rio el consejo explícito de neurocientíficos para que numerosas so- ciedades modernas hayan «descubierto» que el período comprendi- do entre los dieciocho y los treinta años de edad es cuando acaban de establecerse los aspectos críticos de la madurez social. Como ya he argumentado, la concordancia entre las cronologías de madura- ción social y biológica de los lóbulos frontales no es fruto de la coincidencia: En la actualidad, muchos científicos (yo entre ellos) creen que la posesión de lóbulos frontales maduros y plenamente funcionales es el requisito de la madurez social. Como es obvio, esto no equivale a decir que las funciones eje- cutivas entren en escena a una cierta edad de manera abrupta y sú- bita ni que a cierta edad se produzca una transición instantánea des- de su completa ausencia a su despliegue total. Como la mayoría de los atributos biológicos y cognitivos, las funciones ejecutivas se de- sarrollan de manera gradual, de manera que en cualquier fase del desarrollo cognitivo la pregunta correcta no es «¿Sí o no?» sino «¿Cuánto?».. Lo mismo puede decirse de las diferencias individuales entre personas. Como cualquier otro atributo de la vida mental, las fun- ciones ejecutivas, la destreza organizativa, que dependen de los ló- bulos frontales, difieren entre personas. La neuropsicología de las diferencias individuales todavía se encuentra en su infancia, pero se suele aceptar que los ciudadanos normales varían en su talento musical, su talento literario, su talento atlético y cualquier otro ta- lento. Aunque en la vida cotidiana a menudo decimos de una per- Frente a frente con la toma de decisiones 199 sona que.tiene o no tiene un:talento, en realidad no es una cuestión de «sí o no» sino.de «cuánto». Como cualquier otro aspecto material. de nuestra persona, ya sea:la altura, el peso, el color de los ojos y el cabello, la capacidad pulmonar o la presión sanguínea, también nuestro cerebro se halla sujeto a diferencias individuales. Exactamente «cuánto» de un ta- lento determinado posee una persona depende en gran medida de las diferencias individuales que caracterizan a nuestros cerebros. Esta premisa general se aplica también a las funciones ejecuti- vas, El término inteligencia emocional, que tan de moda se ha pues- to últimamente, engloba parte de lo que controlan los lóbulos fron- tales, pero no todo. En la medida en que nos resulte útil el concepto de «funciones ejecutivas» (y nos resulta útil), conviene también ape- lar al concepto de «inteligencia ejecutiva», Las distintas contribu- ciones de los lóbulos frontales, como la planificación, la previsión, la capacidad de controlar los impulsos, la empatía y la «teoría de la mente», tienden a formar un paquete coherente. Van juntas, de modo que en un individuo neurológicamente intacto tienden a estar todas bien desarrolladas, todas moderadamente desarrolladas o to- das pobremente desarrolladas. El término inteligencia ejecutiva en- globa todas estas funciones de los lóbulos frontales y refleja su co- hesión, Y probablemente exhiba el mismo grado de variación individual que cualquier otro aspecto de nuestra vida mental. Toda situación compleja de la vida real requiere el despliegue de funciones ejecutivas controladas por.los lóbulos frontales quizá no todas en el contexto de una tarea concreta, pero sí un subcon- junto significativo. Para acabar de entender de qué modo los lóbu- los frontales guían la conducta en la vida real, imaginemos un hom- bre adulto, entrado en los cincuenta que: intenta escríbir un libro, No es un escritor profesional y el lenguaje con el que trabaja no os su lengua materna, Esto hace que'el proceso sea: algo más delibera- do delo que sería de otro:modo, y para.compensar estas obvias des- ventajas, nuestro autor hace un uso más intenso de sus lóbulos fron- les. 200 La paradoja de la sabiduría Los estilos de escritura difieren entre autores, He oído hablar de algunos que no saben lo que saldrá de su pluma hasta que la ponen sobre el papel (o ponen los dedos sobre el teclado). En esta forma de hacer, pensar y escribir quedan entrelazados en Un úni- co proceso fluido. Pero nuestro autor imaginario lo hace de forma muy distinta: Planifica antes de actuar. Cada día pasa un buen rato ocupado en lo que podría parecer un ejercicio de forzada ociosi- dad, dando vueltas por Central Park con su enorme y afable perro. Pero no está ocioso. Le da vueltas a la estructura del libro y a cada uno de sus capítulos mucho antes de ponerse a escribir una sola palabra. Primero crea un plan general y luego actúa con arreglo a €l, y al hacerlo utiliza sus lóbulos frontales. Como-la habilidad para crear un plan de actuación con anterioridad a la actuación está ligado a la corteza prefrontal, la de nuestro autor debe estar muy ocupada mientras pasea con su perro desde Strawberry Fields hasta la fuente de Bethesda. Su estilo de escritura da lugar a un proceso muy peculiar, más parecido a la escultura que a la escritura. Nuestro. autor crea primero un guión general en su ca- beza, luego escribe un borrador esquemático de los capítulos, y sólo entonces se dedica a dar forma y embellecer cada uno hasta darlo por acabado. El proceso no es lineal, del capítulo uno al ca- pítulo dos, de éste al tres y así sucesivamente. El proceso es más bien jerárquico, desde un guión muy general hasta un conjunto de capítulos:esquemáticos, y de aquí a los capítulos acabados. Es un proceso en cierto modo más arquitectónico que literario. La capa- cidad para realizar actividades en paralelo mediante el desarrollo ordenado de un plan también está controlado por los lóbulos fron- tales. Por su naturaleza, el libro en cuestión es una mezcla de distin- tos temas, entre los que se incluye biología, psicología e historia. Esto significa que para cada sección del libro el autor debe acceder a una parte concreta del banco de conocimiento que ha ido acumu- lando en sus cincuenta y tantos años de vida. Aunque hace esto de manera relativamente automática y sin esfuerzo, el acto de selec- Frente a frente con la toma de decisiones 201 ción mental está guiado por sus 1 Proceso mantiene a montes, alos qe. . El autor sin duda desea que sus futuros lectores acaben de leer su libro, y esto significa, entre otras cosas, que no debe hacerlo dema- siado. largo. Esto supone una presión adicional sobre el proceso de selección, Nuestro autor no Puede incluir todo su conocimiento re- levante en el libro y de algún modo tiene que establecer prioridades. Al hacerlo; el autor Pone.a trabajar a una suerte de editor interno, .n Portero cuya función es permitir la entrada de cierta información en el libro y negársela a lo que sea menos importante. Más trabajo para los lóbulos frontales, puesto que ellos son ese editor intemo. Pr A medida que nuestro autor progresa de un capítulo a otro, los temas cambian de la biología-a la psicología y de ésta a la historia, para volver luego a la biología y así sucesivamente. Que el autor sea capaz de cambiar de un tema a otro de forma relativamente sua- ve es un tributo más a sus lóbulos frontales, puesto que la corteza prefrontal se encarga de la flexibilidad mental. Como la mayoría de los escritores, nuestro autor aspira a decir algo nuevo, algo original, algo que no se haya dicho o escrito antes, Intenta crear nuevo contenido, Pero pocas cosas son totalmente nue- vas. En la mayoría de los casos, el contenido nuevo está relacionado de un modo y otro con el conocimiento antiguo. ¿Cómo se crea ese huevo contenido? Se crea configurando en una forma nueva los tro- zos del conocimiento antiguo. Los elementos son viejos pero su configuración es nueva, sin precedente en el pasado, y por lo tanto no corresponde de.manera exacta a ninguna de las representaciones mentales formadas-con anterioridad en la cabeza del autor. Confor- mar una nueva configuración mental a partir de los elementos de re- Presentaciones mentales antiguas es 1uy distinto del simple proceso de acceder a representaciones:mentales antiguas, que es lo que ocu- , POr ejemplo, cuando se-hace un repaso de lo que se conoce de un tema en un artículo de revisión o.en una enciclopedia. Una vez más interviene la corteza prefrontal, que desempeña el papel prota- gonísta en eso.de «trabajar con. Tepresentaciones mentales», reorde- 204 La paradoja de la sabiduría los frontales, De hecho, se ha podido determinar que las personas mayores que conservan un buen cionamiento mental tienen ló- les fisiológicamente más activos. co cando se produce el desgaste de los lóbulos frontales con el envejecimiento, éste tiene una mayor probabilidad de afectar sobre todo a la capacidad para hallar soluciones «ejecutivas» para situaciones auténticamente novedosas. Pero lo que es nuevo y lo que es familiar también varían de una persona a otra. Puesto que la mayoría de las situaciones nuevas recuerdan en mayor o menor gra- do a experiencias anteriores, las personas que hayan acumulado una gran biblioteca neuronal de recuerdos ejecutivos genéricos bien establecidos tendrán una mayor probabilidad de continuar siendo eficaces en lá resolución de problemas a pesar del deterioro, por lo menos durante algún tiempo. . . En los capítulos que siguen discutiremos de qué manera la acti- vidad mental y el ejercicio mental fortalecen los tejidos neuronales subyacentes, Esto se aplica también a los lóbulos frontales, Las persorias que hayan dedicado toda su vida a realizar decisiones eje- cutivas complejás tienen una mayor probabilidad de conservar la integridad neuronal de sus lóbulos frontales hasta una edad avanza- da:que lás personas pasivas, los «seguidores», que hayan ejercitado deforma moderada su función ejecutiva durante la vida. Mover los talentos ejecutivos y la inteligencia ejecutiva desde el dominio del alma platónica hasta el dominio del cerebro biológico es un ejercicio repleto de importantes implicaciones. En una entre- vista publicada hace algún tiempo en Harvard Business Review se me preguntó si el talento ejecutivo se puede desarrollar y, en caso afirmativo, de qué modo. Esta pregunta, que obviamente reviste un interés particular para dos altos ejecutivos, debería ser de interés también.parael público.en general. Con independencia del trabajo que realicemos, todos nos enfrentamos, en mayor o menor grado, a decisiones «ejecutivas» en el contexto de nuestra propia vida. Respondí ala pregunta con reservas. Quizá sea posible desarro- llar el talento ejecutivo, en'cuyo caso es importante averiguar cómo Frente a frente con la toma de decisiones 205 conseguirlo, Pero es-igualmente importante ser capaz de recono- cerlo cuando de manera natural está presente en algunas personas, € igualmente: mportante reconocer su aúsencia natural en otras, Como-cualquier otro atributo de la mente con base biológica, no todas las personas reciben el talento ejecutivo eirigual medida. En lugar de aceptar de forma tácita la suposición de que la habilidad ejecutiva puede desarrollarse con igual medida en todas las perso- nas, los líderes empresariales o de otro.tipo deberían hacer lo mis- mo que los entrenadores deportivos, los coreógrafos y los profeso- res de música vienen haciendo desde que enseñan sus secretos a sus estudiantes: buscan el talento natural y ponen toda su energía como mentores en aquellos estudiantes dotados por naturaleza, en lugar de derrocharla con cualquiera. Saben que la selección astuta es la clave del éxito más que cualquier otra cosa. Esto, como es natural, nos leva a otra pregunta: ¿cómo se reco- hoce el talento ejecutivo? Una vez más, es más fácil decir cómo no se reconoce. Por ejemplo, no sirven para reconocerlo los tests de in- teligencia. Se sabe que a menudo los altos ejecutivos de gran éxito no poseen cocientes intelectuales excepcionales. Son respetables, eso sí, dentro del rango de «medio alto a superior», pero no se sa- len de la escala ni por asomo, Y a la inversa, los pacientes con da- ñios graves en el lóbulo frontal (a causa de apoplejías, trauma cere- bral u otras afecciones neurológicas) a menudo tienen cócientes intelectuales normales. pese, a que su capacidad para desarrollar conductas con significado ha quedado completamente aniquilada, El lector de este capítulo, que de un modo u otro ha Hegado has- ta esta página, probablemente se haya hecho ya una buena idea de la complejidad de las funciones ejecutivas, Dada su naturaleza po- lédrica, quizá no sea posible o práctico 'evaluarlas con una sola vara de medir. Quizá se requieran medidas múltiples que nos per- mitan examinar por separado atributos.como la capacidad de plani- ficación, la concentración mental, la flexibilidad mental, la empa- tía, la capacidad para enfrentarse a la novedad y la capacidad para colocarse en el lugar de otra persona. 206 La paradojá de ta.sabiduria ««Esta última capacidad és especialmente interesante. Aunque mi perto Brit disponga, como ya hemos visto, de esta capacidad en un pequeño grado, un individuo que por su trabajo tenga que interac- tuar con muchas otras personas y dirigir sus actividades debe estar dotado-deuna dosis particularmente generosa de este don, La ca- pacidad: para penetrar en la mente de otras personas es igualmente esencial:en las situaciones altruistas, en las de cooperación y en las de confrontación. La misma capacidad para ver en el interior de la mente de otras personas se necesita para ser un buen amigo que para ser un buen competidor. Las personas que han vivido una vida larga y Hlena'de éxito suelen haber experimentado un buen número de ambos tipos de interacción. En cualquier caso, la capacidad para penetrar en la mente de otras personas comienza con el interés en esas mentes. Es difícil exagerar la importancia de esta aseveración. Creo sinceramente que el interés en otras mentes es uno de los requisitos fundamentales de la inteligencia ejecutiva. : Ne conozco ningún método sencillo y eficaz de medir este atri- buto mental, la curiosidad. por la mente de otras personas. Pero creo que se presta muy bien a la observación naturalista. En compañía de otras personas, ¿se embarca uno en soliloquios autocomplacien- tes o hace preguntas, aunque sólo sea ocasionalmente? En mi vi- sión del asunto, es el segundo tipo de conducta el que, cuanto me- nos, hace pensar en la posesión de inteligencia ejecutiva. El primer tipo, en cambio, caracteriza a los ejecutivos ineptos, recalcitrantes y pagados de sí mismos. En mi propia experiencia, las personas que me dejan con la im- presión de ser especialmente penetrantes y astutas tienden a extraer el máximo de información de uno, en lugar de intentar destumbrar- lo con su propio conocimiento y perspicacia. Todos hemos estado en situaciones en las que tales despliegues de autocomplacencia se llevan hasta el ridículo. He visto a personas ignorantes exponer su visión de los asuntos internacionales ante diplomáticos veteranos, o sus ideas sobre música en presencia de intérpretes consumados. Yo Frente a frente con la toma de decisiones 207 mismo he tenido que soportar más de una vez a personas que han pontificado ante mí, con un aura de autoridad, acerca del destino de Rusia sobre la sola base de un viaje organizado de cinco días a mi tierra natal. ¡Qué pérdida de tiempo para todos los presentes! Pero también, ¡qué estupendo diagnóstico! :