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Asignatura: Fonaments de les arts esceniques, Profesor: Toni Galmés, Carrera: Història de l'Art, Universidad: UB
Tipo: Apuntes
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¡No te pierdas las partes importantes!






































NODRIZA de los hijos de Medea. PEDAGOGO de los mismos. MEDEA, esposa de Jasón. CREONTE, rey de Corinto. JASÓN, esposo de Medea. EGEO, rey de Atenas. MENSAJERO.
C ORO DE M UJERES C ORINTIAS.
PERSONAJES MUDOS: HIJOS DE MEDEA. SOLDADOS DE CREONTE. SIRVIENTE DE MEDEA. SERVIDORES DE JASÓN.
P ROBABLE R EPARTO ENTRE A CTORES
PROTAGONISTA: MEDEA. DEUTERAGONISTA: NODRIZA, JASÓN. TRITAGONISTA: PEDAGOGO, CREONTE, EGEO, MENSAJERO.
La escena representa la fachada de la casa de Medea en Corinto; de ella sale la anciana nodriza de los hijos de Medea que recita el prólogo.
NODRIZA ¡Ojalá la nave Argo jamás volado hubiera allende las Simplégades hacia la tierra colca! Caer los pinos nunca debieron en los valles del Pelión para armar con el remo los brazos de los nobles varones que para Pelias fueron 5 tras el áureo vellón. Y así mi ama, Medea, hacia las tierras yolcias no habría navegado con su corazón loco de amor hacia Jasón ni, tras de persuadir a las hijas de Pelias por que al padre mataran, se habría [establecido 10
con su esposo y sus hijos en Corinto, bien vista por sus conciudadanos que asilo le otorgaran y coincidiendo en todo con Jasón; lo cual es la mayor garantía que en unas nupcias cabe, que marido y mujer no discrepen en nada. 15
Y así tan grande es ya mi dolor, que me vino deseo de salir donde pueda las penas de mi señora al cielo y a la tierra contar.
PEDAGOGO ¿Pero no ha terminado la pobre con sus lloros?
NODRIZA Te envidio; el mal comienza, ni en la mitad está aún. 60
PEDAGOGO ¡Oh, necia, si llamar tal cosa a un ama es lícito! Pues nada todavía sabe del nuevo golpe.
NODRIZA ¿Qué es ello, anciano? No te niegues a explicármelo
PEDAGOGO Nada, y aun me arrepiento de eso que me has oído.
NODRIZA ¡Cuéntalo, por favor, a quien contigo sirve! 65 Callaré, si es preciso, sobre lo que me digas.
PEDAGOGO Acerquéme al chaquete, donde suelen sentarse los viejos, junto al agua sagrada de Pirene, y allí, disimulando mi atención, oí a un hombre comentar que a expulsar con su madre a estos [niños 70 de la tierra corintia va Creonte, el tirano. Ignoro si verídica será acaso esta historia, pero yo bien querría que resultase falsa.
NODRIZA ¿Y Jasón dejará que ello ocurra a sus hijos por muchas diferencias que tenga con su madre? 75
PEDAGOGO Las antiguas alianzas ceden ante las nuevas; ya amistad no hay en él para con esta casa.
NODRIZA Pues perdidos estamos si nos toca afrontar otro mal sobre aquel que nos inunda aún.
PEDAGOGO
Mas tú, pues ocasión no es de que la señora 80 lo sepa, estáte quieta sin contar la noticia,
NODRIZA ¿Oís, hijos, cómo os trata vuestro padre? No digo que ojalá se muriera, porque es mi dueño, pero la verdad es que resulta ser duro con los suyos.
PEDAGOGO ¿Y quién no entre los hombres? ¿Te enteras [ahora, al ver 85 que un lecho a éstos les priva del amor de su padre, 86 de que nadie hay que quiera más a otros que a sí mismo? 88
NODRIZA Entrad, hijos, en casa; todo va a salir bien. Y tú manténlos todo lo escondidos que puedas 90 y aparte de su madre mientras esté excitada. Pues la he visto mirarles con el aire feroz de querer hacer algo; no cesará su cólera, cierta estoy, sin algún ataque; pues bien, sea enemigo y no amigo quien vaya a soportarlo. 95
MEDEA Desde el interior de la casa. ¡Ay! ¡Desgraciada de mí, qué infeliz, qué dolor! ¡Ay, ay, ay! ¡Ay de mí! ¿Cómo puedo morir?
NODRIZA Ahí tenéis, hijos míos, revuelta está ya vuestra madre, pues su alma el dolor trastornó. Cuanto antes a casa corred y allí entrad, 100 no os pongáis cerca de ella, que no os pueda ver, no acercaos y mucho cuidado tened con el fiero talante y atroz natural de su mente cruel. ¡Vamos, pues, en seguida aquí dentro pasad! 105
El pedagogo entra con los niños en el interior de la casa.
Se ve bien que esa nube que empieza a surgir, de lamentos cargada, muy pronto va a arder estallando en más fuerte pasión. ¿Qué irá a hacer esa alma que el mal ha mordido y en que hay un orgullo muy grande y tenaz? 110
Todavía desde el interior de la casa.
¡Ay, ay! ¡Mi cabeza atraviesa un celeste fulgor! ¿Para qué quiero ya en adelante existir? 145 ¡Ay de mí! ¡Que me lleguen mi muerte y mi fin y termine mi odioso vivir!
CORO ¿Escuchasteis, oh, Zeus, oh, la tierra y la luz, en qué amargos lamentos prorrumpe el cantar de la esposa infeliz? 150 ¿ A qué viene, insensata, el ansiar ese horrífico lecho mortal? ¿Quieres antes de tiempo morir? Eso no lo implores. Si tu esposo 155 nuevas bodas pretende, común cosa ello es. No te irrites así, que Zeus te vengará. No te consumas en demasía por tu marido.
MEDEA Desde el interior.
¡Artemis santa, gran Temis? ¿No veis cómo mi esposo se porta después de que un gran juramento a los dos nos ligó? ¡Ojalá que a su novia con él pueda ver destrozada, y lo mismo el palacio también por la ofensa que juntos me hicieron los dos! 165 ¡Padre mío, ciudad de que en tiempos partí cuando en forma afrentosa a mi hermano maté!
NODRIZA ¿Escucháis cómo a Temis invoca y a Zeus venerados los dos cual guardianes de aquel juramento en que el hombre da fe? 170 No está cerca el momento en que vaya a amainar mi dueña en su enorme furor.
CORO ¿Cómo podría acudir hasta aquí y dejar que la veamos y acaso escuchar cuanto osemos decir 175 por si así conseguirnos calmar
de su mente el porfiado rencor? Que al menos mi buena intención no falte al amigo. Anda, pues, y 180 prueba a hacerla de casa salir. Di que están los que la aman aquí. Corre antes de que dañe a los de dentro, pues grandes vuelos su aflicción cobra.
NODRIZA Voy a hacerlo; aunque temo que no pueda yo su razón convencer, 185 por servirte el trabajo me habré de tomar. Pues parece leona parida al mirar a sus siervas con torvo ademán cada vez que alguna se acerca con ganas de hablar. Razón tiene quien diga que bien torpe fue 190 e ignorante la prístina raza mortal, que encontró para cada festivo avatar, regocijo o convite, la alegre canción que la vida supiera endulzar con su son y, en cambio, el remedio no pudo inventar, 195 las liras, los himnos, la voz musical, del humano infortunio, que muertes causar suele y trances que son destrucción del hogar. Eso sí que con cantos debiera sanar el hombre; en el pingüe, gozoso festín 200 ¿qué falta hace que se alce la voz del cantor? Aporta el deleite la propia ocasión que al banquete le da plenitud.
CORO Escucho sus gemidos y lamentos, sus agudos clamores lastimeros, 205 contra el esposo que su lecho infama; i nvoca, sintiéndose ofendida, a Temis guardiana de los votos que la hizo, hasta la Hélade opuesta, 210 surcar de noche la onda salada, la llave del gran mar.
Medea sale a escena y se dirige al coro.
MEDEA ¡Oh, mujeres corintias! Salgo de casa por que reproches no me hagáis; pues, mientras sé que [muchos 215
aprestarse a la lucha ni contemplar las armas, pero, cuando la ofenden en lo que toca al lecho, nada hay en todo el mundo más sanguinario que ella.
CORIFEO Así lo haré, que tienes razón para vengarte, Medea. No me extraña que tu caso deplores.
Viendo llegar a Creonte acompañado por unos guardias.
Pero veo a Creonte, rey del país, que viene como nuncio sin duda de decisiones nuevas. 270
CREONTE ¡Eh, tú, la que ceñuda con tu esposo te enojas, Medea! Yo te ordeno que salgas desterrada de esta ciudad tomando contigo a tus dos hijos y que no te demores; pues yo soy responsable 275 del mandato y no pienso volver a casa sin haberte de los límites de esta tierra expulsado.
MEDEA ¡Perdida totalmente, pobre de mí, ya estoy! Todo el cable han largado mis enemigos; no hay ningún fácil refugio para esta desventura. 280 Pero, aun así tratada, te voy a preguntar: ¿por qué ordenas, Creonte, que abandone el país?
CREONTE Temo—te lo diré sin ambages—que irrogues a mi hija algún perjuicio que irremediable sea. Son muchas las razones que a tal temor me inducen: eres hábil y en toda clase de mal perita 285 y te afliges privada del lecho de tu esposo. He oído que amenazas, según hay quien me cuente, con que vas a hacer algo contra el novio y la novia y aquel que la entregó. Me guardaré, pues, de ello. Más vale ahora cargar, mujer, con tu ojeriza 290 que ablandarme y después gemir desconsolado.
MEDEA ¡Ay, ay! No es la primera vez hoy, Creonte, que mi fama grandes daños me atrae; me ha ocurrido a menudo. Ningún hombre que tenga natural sensatez debe dar a sus hijos muchas habilidades, 295 pues, amén de ganarse renombre de indolentes,
cosecharán el odio de sus conciudadanos. Si a los torpes con nuevos saberes te presentas, parecerás inútil ser, que no inteligente; y, si te consideran mejor que el que presume 300 de su varia doctrina, resultarás molesto. Tal es la situación de que yo participo: me hace odiosa a los unos el talento y los otros 303 se enemistan conmigo; y eso que yo muy sabia 303 no soy. Mas tú me temes, barruntas algo extraño; pero no es ése el caso, no tiembles ante mí, Creonte, en nada pienso pecar contra el que manda. ¿Qué mal me has hecho tú? No hiciste sino dar a quien te pareció tu hija. A mi esposo sí 310 que le odio, pero tú creo que bien obraste. Y ahora envidia no tengo de vuestras bienandanzas: casaos, sed felices, pero dejadme a mí que en esta tierra habite. Callaré, aun injusticia padeciendo, pues es más fuerte el que me vence 315
CREONTE Suaves, por lo que escucho, son tus palabras, pero temo que en tu interior medites algún daño y por eso menor debe ser mi confianza. Porque más fácil es de hombre o mujer coléricos guardarse que de aquel que calla y es taimado. 320 Márchate, pues, cuanto antes, no vengas con discursos; ello está decidido sin que tengas manera de vivir con nosotros, porque eres mi enemiga.
MEDEA Abrazándose a sus rodillas.
¡No, no, por tus rodillas, por la que se ha casado! CREONTE Son vanas tus palabras; no me convencerás. 325
MEDEA ¿Me vas, pues, a expulsar sin atender mis súplicas?
CREONTE Es que a mi hogar no puedo preferir tu persona.
MEDEA ¡Oh, patria mía, qué recuerdo de ti tengo!
CREONTE También yo la amo mucho, pero más a mis hijos.
os ve la luz del dios que ha de llegar mañana a ti y a tus hijos dentro del país, morirás; ésta quiero que sea mi sentencia verídica. Y, si hay aplazamiento, tómate un día solo 355 y tiempo no tendrás de hacer lo que recelo.
Sale de escena con la escolta.
CORIFEO ¡Desgraciada mujer! ¡Ay de ti, la infeliz, qué grande es tu dolor! ¿A qué tierra te irás? ¿Quién te habrá de hospedar? ¿Qué casa o región va a salvarte del mal? 360 ¡A qué oleaje de penas, a qué inmenso mar, Medea, algún dios te arrojó!
MEDEA Todo me ha fracasado: ¿quién lo podrá negar? Mas no quedará así, no vayáis a creerlo. 365 Aun les aguardan pruebas a los recién casados y no pequeñas cuitas al padre de la novia. ¿Cómo pude adularle sino por conseguir algo con mis enredos? Jamás le habría hablado ni mis manos habrían tocado a un hombre tal. 370 Pero a tan gran extremo de necedad llegó que, aunque hubiera podido deshacer mis proyectos de la ciudad arrojándome, me ha dejado que el día de hoy pase aquí, en el cual a mis tres enemigos voy a matar, el padre, la muchacha y mi esposo. 375 Conozco muchas vías que la muerte les den, mas no sé, mis amigas, con cuál he de actuar: ¿incendiaré la casa nupcial u ocultamente en la alcoba entraré donde está hecha la cama a rasgar sus entrañas con agudo puñal? 380 Pero una sola cosa me detiene, el que puedan sorprender mis manejos cuando penetre allí y me maten causando júbilo a quienes me odian. Mejor es el camino más recto, en el que soy más experta, y su muerte con pócimas causar. 385 Bien; ya han muerto; ¿qué nación me va a acoger ahora? ¿Quién será el extranjero que mi persona salve ofreciéndome asilo y habitación segura? No lo hay. Esperaré, pues, durante algún tiempo y, si alguien se aparece como firme baluarte, 390 pondré en práctica el hecho con silencio y astucia; más, si me acosa algún caso desesperado,
la espada tomaré y, aunque haya de morir, les mataré, a la fuerza recurriendo y la audacia. Porque, por la señora lo juro a quien venero 395 de modo especial, Hécate, que me ayuda y habita en el rincón más íntimo de mi casa, ninguno de ellos podrá reír pensando que padezco. Yo haré que amargas sean y funestas las nupcias, su alianza y mi destierro ele esta tierra. ¡Ea, pues! 400 No te abstengas, Medea, de ningún plan o trama en que puedas emplear todo lo que tú sabes. Lánzate a lo terrible; de bravos es la lid Ya ves lo que te pasa; no sirvas de chacota, pues hija eres de noble padre y de Helio desciendes, 405 ante ese sisifeo connubio de Jasón. Tienes conocimientos; y la naturaleza nos ha hecho a las mujeres ineptas para el bien, pero artesanas hábiles de las maldades todas.
CORO Hacia arriba ya fluyen las aguas de los sacros ríos; 410 l a justicia y todo yace por tierra. Engañosa es el alma del hombre y no vale la fe en que se invoca a los dioses. Mas mi vida de nuevo tendrá en las historias inmensa [gloria; 415 honrado será el sexo femenino. Ya no habrá mala fama que pese sobre mujer [ ninguna. 420
Cesarán las canciones de antiguos poetas que ahora siempre insisten en mi pérfida mente. No nos ha dado Febo señor del canto, el don de la armónica lira; 425 sonarían si tal ocurriera mis himnos contra la raza de los hombres. El tiempo en su transcurso tantas cosas podrá relatar de nosotras como de [ ellos. 430
Tú del hogar paterno navegaste con espíritu insano y la doble barrera franqueaste de las rocas marinas; y habitas en tierra extraña 435 privada de esposo y lecho, pobre de ti, y te destierran de aquí con oprobio.
Se fue el respeto de los juramentos, el pudor ya no es dueño de la Hélade inmensa; voló [ al cielo. 440 Tú en la morada paterna no puedes echar el ancla
a Yolco la peliótide me vine, más vehemente que cuerda siendo en ello maté después a Pelias 485 del más penoso modo que pueda hallarse, a manos de sus hijas, y así tú temor disipé. Y tú, el peor de los hombres, tras ese tratamiento mío quieres dejarme y a un nuevo lecho vas 490 teniendo hijos de mí; pues, si ellos te faltaran, disculpable el buscar nuevas nupcias sería. Se esfumó de tal guisa la fe del juramento y o crees que no imperan ya los dioses de entonces o que nueva es la ley de los hombres de ahora pues para mí convicto resultas de perjurio. 495 ¡Ay, mi mano derecha, que tanto me tomaste! ¡Mis rodillas, que fuisteis falsamente abrazadas por un vil que al hacerlo mi esperanza engañó! Veamos, a consultarte voy como si un amigo fueras. ¿Qué es lo que espero? Nada, mas, [sin embargo, 500 lo haré porque pudor tus respuestas te den. ¿Adónde ahora me vuelvo? ¿Tal vez a la paterna casa, que traicioné con mi patria al seguirte? ¿Con las pobres Pelíades? ¡Que bien recibirían en su morada a aquella que a su padre mató! 505 Pues he aquí lo que ocurre: mis amigos de antaño me aborrecen y aquellos a quienes no debí maltratar como lo hice sólo por complacerte. ¡Y hoy entre las mujeres de la Hélade envidiable ciertamente parezco después de tal conducta! 510 ¡Es admirable y fiel, pobre de mí, mi esposo! ¡Voy a ser del país desterrada, expulsada, con mis hijos tan solos como yo, sin amigos! ¡Qué bochorno el del novio, que en mendiguez errante anden por ahí tus hijos y yo, que le salvé! 515 ¡Oh, Zeus, que a los humanos diste claros indicios para reconocer la mala ley del oro!, ¿cómo ninguna seña colocaste en los cuerpos con que al hombre perverso pudiera distinguirse?
CORIFEO Es tremenda y difícil de aplacar la iracundia 520 que a querella de amigos contra amigos induce.
JASÓN Me toca, al parecer, no ser mal orador, sino, como el experto piloto de un bajel, capear con las solas fajas de mi velamen esa impúdica cháchara con que, mujer, me acosas. 525 Yo, frente a tal manera de realzar tus favores,
creo que entre los dioses y los hombres es Cipris la única a quien debió mi flota su salud. Tu espíritu es sutil, pero odioso resúltate el tener que contar cómo Eros te obligó 530 con invencibles dardos a salvar mi persona. Mas no aquilataré demasiado este punto: de aquel modo o del otro me salvaste y en paz. Pero en tal salvación fue más lo que tomaste que lo que recibí, como demostraré. 535 Habitas ante todo tierra helena y no bárbara, conoces la justicia y el vivir según ley y no bajo el imperio tan sólo de la fuerza. No hay heleno ninguno que ignore que eres sabia y así tienes prestigio; si siguieras viviendo 540 en el fin de la tierra, nadie de ti hablaría. Y a mí ni oro en mi casa me des ni el cantar himnos más hermosos que Orfeo si ello no va a traerme el gozar de una fama que distinga mis dotes. Eso es lo que tenía que decir de mi viaje, 545 y ello porque tú fuiste la que inició el litigio. Y en cuanto a la real boda que tú me echas en cara, en eso mostraré que ante todo soy hábil y también moderado y además gran amigo de ti y de nuestros hijos;
Ante los gestos indignados de Medea.
mas manténte tranquila. 550 Una vez que aquí estoy, venido de la tierra yolcia y tras mí trayendo problemas insolubles, ¿qué golpe de fortuna pude encontrar mejor que unirme, un desterrado, con la hija del monarca? Y no, si ello te escuece, porque odiara tu lecho 555 o me hiriera el deseo de tener nueva esposa o de rivalizar con padres de más hijos —bastan ya los que tengo, no me apetecen otros—, sino, cosa importante, para que bien viviéramos sin carecer de nada, sabiendo que a los pobres 560 les huyen los amigos, todos de ellos se apartan; para que en forma digna de esta casa se criasen mis hijos, a los cuales yo les daría hermanos que, habitando con ellos en un linaje unido, nos hicieran felices. ¿A qué más descendientes? 565 A mí sólo me importa que los nacidos hoy gocen de otros futuros. ¿Es malo esto? Tú misma lo aceptaras si no te irritase el pensar en la cama. Que a un grado tal llegáis las mujeres
¿Tú sabes con qué voto resultarás sensata? 600 ¡No le parezca amargo lo que es bueno ni creas que eres desventurada cuando la suerte es tuya!
MEDEA Insúltame, pues tienes lugar a que te acojas; yo, en cambio, solitaria dejaré este país.
JASÓN Tú misma lo escogiste; no eches la culpa a nadie. 605
MEDEA ¿Cómo? ¿Mujer tomando y haciéndote traición?
JASÓN Impías maldiciones lanzando contra el rey.
MEDEA Y también, ciertamente, contra tu propia casa.
JASÓN Bien, no discutiré más contigo; si quieres, con miras al exilio de tus hijos y tuyo, 610 recibir el dinero con que pueda ayudarte, dilo, pues presto estoy a dar con mano pródiga y a enviar signos a huéspedes que bien te tratarán. Y, si esto no lo aceptas, estás loca, mujer; mayor será el provecho si cejas en tu cólera. 615
MEDEA Ni pienso con tus huéspedes tener el menor trato ni de ti recibir nada; no me lo ofrezcas; no aprovechan los dones del hombre que es perverso.
JASÓN Pues yo pongo a los dioses por testigos de que dispuesto estoy a hacerte bien a ti y a los hijos; 620 pero no te complace lo bueno y tenazmente rechazas al amigo; pues más te dolerá.
MEDEA Vete, que mucho tiempo fuera de casa llevas y la nostalgia sientes de la recién casada. De novio haciendo sigue; quizá—los dioses óiganlo- 625 tu boda va a ser tal que de ella te arrepientas.
Jasón sale por un lateral.
CORO El amor al que falta mesura no aporta a los humanos renombre o virtud; mas, si Cipris se mantiene en sus límites, no hay 630 otra diosa que más grata a los hombres resulte.
No me hieran, señora, los áureos dardos que embadurnas con los certeros filtros eróticos.
La templanza me inspire el altísimo 635 regalo de los dioses; que nunca insaciables rencores o airadas querellas me infunda, excitando mi pasión hacia un lecho foráneo la temible Cipris mas honre y mantenga sabiamente 640 la paz en las coyundas domésticas.
¡Oh, patria y casa! Jamás llegue a estar desterrada llevando una vida difícil, 645 angustiosa y llena de penoso llanto! ¡El morir el morir venga y no el día en que tal cosa suceda! No hay dolor mayor que verse 650 privada de la tierra patria.
Lo hemos visto no ha hecho falta que nadie nos lo cuente. Ni la ciudad ni los amigos 655 comparten la pena tremenda que sufres. ¡Perezca el ingrato que al amigo no honre abriéndole las puertas 660 de su alma pura! Un tal hombre jamás mi amistad gozará.
Entra por un lateral Egeo, vestido con ropas de caminante.
EGE ¡Alégrate, Medea! No hay preámbulo más bello que éste para iniciar pláticas amistosas.
MEDEA ¡Y alégrate también, Egeo, hijo del sabio 665