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Asignatura: Fonaments de les arts esceniques, Profesor: Toni Galmés, Carrera: Història de l'Art, Universidad: UB
Tipo: Apuntes
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El tema principal de la obra es el amor, amor que desprende Felipe (Fernando Guillen Cuervo) por Catalina (Ana Millán) al recordarla, y el sentimiento de melancolía hacía tiempos pasados.
Por lo que respecta a la adaptación del texto la obra respeta al autor, Mark Twain, y el contenido original, pero actualiza la propuesta en un formato teatral más contemporáneo.
El teatro donde es representada la obra es el Teatro Condal. Una vez dentro del teatro, encontramos una sala de pequeño formato, el cual nos acerca más a los personajes, y crea un ambiente mucho más intimista, la iluminación juega un papel importante en la labor de crear dicho ambiente. El director juega con la iluminación, encontramos también una iluminación focal cuando se quiere acentuar más el texto. Es el caso cuando Felipe y Catalina se encuentran de pie en el escenario recitando los textos a los que dan vida a Adán y Eva. Y en la última escena de la obra, en que encontramos a Felipe, en la actualidad recitando: “ Allá dónde estuviera ella estaba el paraíso” logrando crear gracias a la iluminación más intensidad en el mensaje. Cuando se dan contenidos metafóricos, se utiliza una luz semántica, como ocurre con la aparición de Dios cuando Adán lo nombra. A partir de una luz focal muy clara, que ilumina exclusivamente a Felipe, y una voz en off grave interpretamos que es Dios.
El escenario donde se representa la obra es conocido como: escenario a la italiana. Existe una relación entre el espacio de la representación y el espacio del público de unifocalidad. Es decir, existe un punto focal único (el escenario) y un punto de vista único (el espacio del público). Manteniendo la frontalidad característica del escenario a la italiana.
En los cambios de escena los actores se cambian de ropa a la vista de los espectadores, en el extremo del escenario, algo parecido a una cortina transparente, en la que podemos deducir fácilmente sus siluetas, al no esconderse el carácter ficcional podemos decir que se trata de una escena abierta.
Encontramos una obra construida sobre la base de tres realidades escénicas. La primera nos muestra el origen del hombre y la mujer desde el punto de vista de la mitología cristiana. La segunda nos traslada a la España de los años 60, a la última emisión del programa de radio donde Catalina y Felipe popularizan los clásicos de la literatura universal representando a Adán y Eva.
La tercera nos permite asistir, en la actualidad, a la entrevista radiofónica realizada al mismo Felipe acerca de su programa de radio y de su relación con Catalina. La obra incorpora flashbacks que juegan con el tiempo y las realidades mencionadas anteriormente, siempre situándonos en el interior de la radio.
Lo que nos permite diferenciar, entre otras cosas, el viejo plató de radio donde se retransmitía la obra de Mark Twain, y el nuevo estudio radiofónico donde se desarrolla la entrevista al anciano Felipe, es el atrezzo.
En el viejo plato encontramos dos atriles negros junto con un micrófono. En el nuevo plato encontramos nuevo mobiliario; las sillas, y la mesa donde el anciano Felipe y la
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periodista, la rodean sentados en unas sillas mientras ella intenta descubrir la enigmática relación que Felipe mantenía con su madre, Catalina.
Otro elemento de atrezzo importante es el reloj digital que aparece en la primera escena de la obra, mientras todavía el público está tomando asiento, y que marca la misma hora que podemos ver en nuestros relojes. Mientras la voz en off de Manuela, la periodista, nos invita a desconectar.
En la representación del viejo estudio de radio seguirá apareciendo el reloj, parado, y en formato analógico.
El decorado se encuentra al fondo del escenario, se trata de un mural con una ventana que representa el interior del antiguo estudio radiofónico. Lo seguimos encontrando en el nuevo estudio, pero esta vez con una puerta roja. Y no es lo único que cambia, la apariencia física de Felipe también sufre cambios, en el pasado el personaje se muestra con una posición corporal recta y firme, y con peluca. Cuando nos situamos en el presente, Felipe utiliza bastón, y se muestra más erguido, y sin peluca, signos del paso del tiempo.
En cuanto a vestuario Felipe se muestra elegante y sobrio, igual que Catalina. Manuela tampoco lleva colores llamativos y se viste de forma informal. De esa manera el director otorga más atención al texto y diálogos que a otros aspectos más banales.
La presencia de sonido y música que existen son para conseguir recrear una radio, y para apoyar el texto cuando Felipe y Catalina están interpretando a Adán y Eva. El trabajo articulado de los actores cambia según el contexto. Cuando Guillen Cuervo interpreta a Felipe retransmitiendo los textos de Mark Twain utiliza un tono y un registro de voz muy distinto al Felipe anciano, más titubeante. Eso aporta autenticidad al personaje. Igual que los gestos y la expresión corporal que los acompañan.
Ana Milán, cuando interpreta a Catalina, y esta a Eva, sabe leer los silencios, cambiando el tono irónico cuando se burla de Adán al de un tono mucho más melancólico cuando lo requiere el texto. Y de la misma forma lo hace en su otro papel, con las entonaciones propias de una periodista radiofónica.
La importancia de la obra recae toda en el texto, texto que el director busca otorgar más emotividad jugando con todos los elementos enumerados, con el objetivo de emocionar al público buscando la vigencia a la palabra amor desde el génesis, y a través de diferentes personajes, e invitando a la reflexión al espectador, desde la duda de si hubo o no amor entre Felipe y Catalina, hasta el reflejo que el público puede ver de sus vivencias en ellos.