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mirar desde la comunicación, Guías, Proyectos, Investigaciones de Fundamentos de Marketing

Son lecturas de funda de comu

Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones

2020/2021

Subido el 10/09/2021

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MIRAR DESDE LA COMUNICACIÓN
Una manera de analizar las prácticas sociales1
Washington Uranga
Si la ciencia continúa siendo un capricho de nuestros egos inflados y
no interroga también el orden político, el dualismo proseguirá.
Frei Betto2
Llega un momento en que cualquier realidad se acaba. Y entonces
no hay más remedio que volver a inventarla (…), hay que volverla a
concebir. Mario Benedetti3
Las prácticas sociales, entendidas como manifestaciones de la interacción histórica de los
individuos, pueden ser leídas también como enunciaciones que surgen de las experiencias de vida
de los hombres y mujeres convertidos en sujetos sociales. La historia puede entenderse como un
entramado de “gramáticas discursivas” que se expresan a modo de “estrategias comunicativas” que
combinan la estética de la vida cotidiana con los formatos mediáticos masivos y comerciales. Las
prácticas sociales son, desde lo comunicacional, “prácticas de enunciación” que se van
construyendo a través de las narraciones, y mediante el desarrollo de habilidades y técnicas
expresivas, un discurso que es entramado de la cultura y fundamento de la historia de vida de una
comunidad. 4. Complementariamente las prácticas sociales son también los no dichos, las
estrategias de silencio, las resistencias. Todas ellas, las enunciadas y las que no lo son, se dan en
un marco de condiciones de formulación y posibilidad que le dan encuadres y marcos de referencia.
1 Este texto contiene elementos ya incluidos en URANGA, Washington y BRUNO, Daniela, “Tres perspectivas para
comprender/nos”. Mimeo, Buenos Aires, 2001. Se integran también aquí numerosos aportes surgidos en el trabajo
conjunto y en el debate con los equipos de cátedra del Taller de Planificación de Procesos Comunicacionales de la Fac. de
Periodismo y Comunicación Social de la UNLP y del T.A.O. en Políticas y Planificación de la Comunicación de la Fac.
de Ciencias Sociales de la UBA, a cuyos integrantes el autor agradece sus contribuciones.
2 FREI BETTO, La obra del artista. Una visión holística del universo. Ediciones Barbarroja, Buenos Aires, 1998, ISBN
987-97335-0-9, pág. 51
3 BENEDETTI, Mario; El porvenir de mi pasado, Seix Barral, Buenos Aires, 2003, ISBN 950-731-362-1, pág. 191
4 Ver MARTIN-BARBERO, Jesús; Oficio de cartógrafo. Travesías latinoamericanas de la comunicación en la cultura.
Fondo de Cultura Económica. Santiago de Chile, 2002, ISBN 956-289-032-5, pág. 234
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MIRAR DESDE LA COMUNICACIÓN

Una manera de analizar las prácticas sociales^1

Washington Uranga

Si la ciencia continúa siendo un capricho de nuestros egos inflados y no interroga también el orden político, el dualismo proseguirá. Frei Betto^2

Llega un momento en que cualquier realidad se acaba. Y entonces no hay más remedio que volver a inventarla (…), hay que volverla a concebir. Mario Benedetti^3

Las prácticas sociales, entendidas como manifestaciones de la interacción histórica de los individuos, pueden ser leídas también como enunciaciones que surgen de las experiencias de vida de los hombres y mujeres convertidos en sujetos sociales. La historia puede entenderse como un entramado de “gramáticas discursivas” que se expresan a modo de “estrategias comunicativas” que combinan la estética de la vida cotidiana con los formatos mediáticos masivos y comerciales. Las prácticas sociales son, desde lo comunicacional, “prácticas de enunciación” que se van construyendo a través de las narraciones, y mediante el desarrollo de habilidades y técnicas expresivas, un discurso que es entramado de la cultura y fundamento de la historia de vida de una comunidad. 4. Complementariamente las prácticas sociales son también los no dichos, las estrategias de silencio, las resistencias. Todas ellas, las enunciadas y las que no lo son, se dan en un marco de condiciones de formulación y posibilidad que le dan encuadres y marcos de referencia.

(^1) Este texto contiene elementos ya incluidos en URANGA, Washington y BRUNO, Daniela, “ Tres perspectivas para comprender/nos”. conjunto y en el debate con los equipos de cátedra del Taller de Planificación de Procesos Comunicacionales de la Fac. de Mimeo, Buenos Aires, 2001. Se integran también aquí numerosos aportes surgidos en el trabajo Periodismo y Comunicación Social de la UNLP y del T.A.O. en Políticas y Planificación de la Comunicación de la Fac.de Ciencias Sociales de la UBA, a cuyos integrantes el autor agradece sus contribuciones. (^2) FREI BETTO, La obra del artista. Una visión holística del universo. Ediciones Barbarroja, Buenos Aires, 1998, ISBN 987-97335-0-9, pág. 51 (^3) BENEDETTI, Mario; El porvenir de mi pasado, Seix Barral, Buenos Aires, 2003, ISBN 950-731-362-1, pág. 191 (^4) Ver MARTIN-BARBERO, Jesús; Oficio de cartógrafo. Travesías latinoamericanas de la comunicación en la cultura. Fondo de Cultura Económica. Santiago de Chile, 2002, ISBN 956-289-032-5, pág. 234

De todo ello se componen las prácticas sociales. De allí su complejidad y también la dificultad para dar cuenta de manera adecuada de las mismas, de la diversidad y las tensiones por las que están atravesadas y que, al mismo tiempo, las constituyen.

Los sujetos sociales son artífices de tales procesos histórico culturales. Y no por los hechos excepcionales de los que participan, sino fundamental y primariamente por lo que protagonizan en la vida cotidiana. Esos mismos sujetos son relevantes para el análisis de los especialistas y de los investigadores porque en su quehacer cotidiano van conformando una experiencia colectiva, constituyendo la cultura y de esta manera, construyendo la trama de una historia que nos contiene a todos y a todas. Una trama que es primer lugar objeto de interpretación por parte de los mismos sujetos participantes y, al mismo tiempo y segunda instancia, por parte de los científicos sociales. Ni la historia ni la vida cotidiana se agotan en al análisis de los investigadores ni pueden ser íntegramente contenidas en sus interpretaciones.

La riqueza de lo real se ubica, inevitablemente, por encima de las categorías que intentan comprenderlas y, muchas veces, encorsetarlas. Las prácticas transcurren siempre de manera azarosa, no previsible ni encasillable en los parámetros del análisis denominado científico. La ciencia positiva trabaja sobre la base de la verificación de regularidades y la sistematización de las mismas, para obtener conclusiones. Pero más allá de estas, la necesidad de encontrar alternativas hace que el ser humano saltee permanentemente tales barreras haciendo ingresar en el escenario posibilidades laterales de la realidad, nunca antes previstas o imaginadas. La historia humana es una permanente creación imposible de ser aprehendida en su totalidad y de una vez y para siempre.

Feliz e inevitablemente, tal como dice Mario Benedetti, “llega un momento en que cualquier realidad se acaba” y afortunadamente siempre habrá sujetos capaces de reinventarla. Lo difícil invariablemente será encontrarle una explicación a lo que se hace y el único lugar para hacerlo es la vocación intrínsecamente humana que impulsa de manera permanente hacia el horizonte utópico, y que, en el marco de la modernidad, apunta persistentemente a mejorar la calidad de vida. Esto sólo podrá lograrse a través de la convicción de que “el futuro está abierto” y que es allí, en ese horizonte y en su exploración donde pueden encontrarse nuevas configuraciones para la transformación del

Definir la comunicación desde esta perspectiva se ubica en la línea de pensamiento latinoamericano de los investigadores de la comunicación que apunta a trascender el aspecto estrictamente técnico y del desarrollo de habilidades tanto de elementos discursivos como de los medios, para ubicarlo sobre todo en el espacio de las relaciones entre sujetos, enmarcados en contextos sociales y culturales. Dicho esto, por cierto, sin desconocer la importancia que el sistema de medios, masivo y comercial, tiene hoy en nuestras sociedades como configuradores privilegiados del sentido.

“Confundir la comunicación con las técnicas o los medios es tan deformador como pensar que ellos son exteriores y accesorios a la (verdad de la) comunicación, lo que equivaldría a desconocer la materialidad histórica de las mediaciones discursivas en que ella se produce”^8 , sostiene Jesús Martín-Barbero.

Rosa María Alfaro se refiere a un modelo de comunicación “relacional” que considera que “entre emisores y receptores hay complicidades, mutuos acercamientos y satisfacciones, compromisos varios, aunque esta relación sea desigual, porque son los medios los que enuncian el discurso cotidiano, enredando la vida privada y pública de los consumidores”^9.

Estamos hablando de la comunicación como interacción social. Mediante la comunicación se construye una trama de sentidos que involucra a todos los actores, sujetos individuales y colectivos, en un proceso de construcción también colectivo que va generando claves de lectura comunes, sentidos que configuran modos de entender y de entenderse, modos interpretativos en el marco de una sociedad y de una cultura. Eso que aquí preferimos entender como claves de lectura por cuanto son llaves de contribuyen a la interpretación común y por lo tanto hacen posible también acciones concertadas en las prácticas, encuentran puntos de coincidencia con lo que otros autores reconocen como “valores sociales” y otros más volcados a lo comunicacionales designan como “percepciones comunes en los públicos”. En todo caso lo importante es tener en cuenta que en este sentido la comunicación es por lo tanto soporte de la relación productiva, fundamento de la institucionalidad y

(^8) MARTIN-BARBERO, Jesús; Oficio de cartógrafo. Travesías latinoamericanas de la comunicación en la cultura. Fondo de Cultura Económica. Santiago de Chile, 2002, ISBN 956-289-032-5, pág. 231 (^9) ALFARO, Rosa María. Una comunicación para otro desarrollo. Ed. Calandria, Lima, 1993, pág. 23

de la ciudadanía, base de los dinamismos sociales a partir de los procesos interactivos que dinamizan los imaginarios y las acciones de los sujetos.

Vivimos en una sociedad atravesada por la comunicación y la sociedad se constituye hoy mediante una trama de sentidos producidos, intercambiados y negociados por sujetos individuales y colectivos. En otras palabras: la comunicación es constitutiva de la sociedad y por lo tanto el análisis de las prácticas sociales demanda, en el marco de la complejidad, una mirada desde la comunicación. Esto dicho siempre desde la perspectiva del análisis complejo que reconoce que toda producción de conocimiento requiere de saberes concurrentes y complementarios en el marco de la transdiciplina.

El investigador brasileño José Marques de Melo afirma que “la comunicación es un proceso que relaciona comunidades, sociedades intermedias, gobiernos y ciudadanos en la participación y toma de decisiones conjunta ante los estímulos y los factores que, de manera permanente, presenta a aquellos ambientes socio-económicos y políticos. Se aprecia también a la comunicación en función del conocimiento, expresión y fortalecimiento de los valores, tradiciones e identidades culturales. Así entendida, la comunicación no está limitada a la presencia de los medios, sino que implica además una suerte de transversalidad social y la interacción dinámica de una red de relaciones de personas y grupos donde media e intervienen otros elementos, espacios, factores, contenidos, instituciones, etc. que concurren en diversas formas y manifestaciones de comunicación. Además, sirve de soporte esencial y motor de actividades de desarrollo, como la educación y la cultura, la ciencia y el medio ambiente, etc.”^10.

Las prácticas comunicativas en la sociedad son muchas y muy diversas. No existe un modelo dentro del cual se las pueda encasillar, porque responden a la esencia misma del ser humano como sujeto libre, de condición humana compleja y esencialmente social. Tales prácticas se recrean por los hábitos propios de la cultura, que van generando nuevas ritualidades, por el desarrollo de técnicas y tecnologías de comunicación, y por el entrelazamiento y la interacción de ambos campos en el ámbito de la vida cotidiana de las personas. Así puede decirse que la difusión de Internet crea

(^10) MARQUES DE MELO, José , Identidades culturales latinoamericanas, en MARQUES DE MELO, José (coord.), Tiempo de la comunicación global. Sâo Paulo, Ed. IMES, 1996, pág. 35

probablemente, es que entre los posibles efectos que forman parte de ese campo, un efecto se producirá en unos receptores y otros efectos en otros. De lo que aquí se trata es de una propiedad fundamental del funcionamiento discursivo, que podemos formular como el principio de indeterminación relativa del sentido: el sentido no opera según una causalidad lineal”^13.

No es posible analizar las prácticas sociales sin el aporte de la comunicación. Pero al mismo tiempo la comunicación es sólo un lugar de entrada, una perspectiva para el abordaje que exige otros saberes y competencias. Dicho de otra manera: no es posible aislar los “problemas comunicacionales” o separar los “aspectos comunicacionales” de una determinada situación. Lo comunicacional está necesariamente integrado a la complejidad misma de lo social y de lo político y, a la vez que ayuda a su constitución, forma parte de toda situación.

Debería decirse, sin embargo, que existe siempre la posibilidad de utilizar recursos y herramientas de comunicación para analizar una determinada práctica, aún asumiendo que este ejercicio no agote el análisis o no de cuenta totalmente de la complejidad y multidiversidad de esa experiencia. En todo caso este tipo de análisis, basado en la integralidad comprensiva a la que nos referimos más arriba, tendrá que conducirnos así sea de manera incompleta a las cuestiones políticas, sociales o de otro orden. Aspectos, estos últimos, que requerirán posteriores grados de profundidad o continuidad en el estudio.

Así entendido, la vida cotidiana es fuente de producción de sentidos, es lugar de comunicación. De esta manera podemos decir que desde el nacimiento mismo estamos insertos y desde entonces somos sujetos y actores de la trama de sentidos que implica la comunicación. “La sociedad nos habla a través de múltiples discursos y nos va exigiendo que aprendamos a expresarnos de determinada manera y a referirnos a ciertos temas por encima de otros”, sostiene Daniel Prieto Castillo. Así vista la “situación de comunicación” se transforma en unidad de análisis para analizar desde la comunicación las prácticas sociales. Entendiendo también que “una situación de comunicación comprende relaciones intrapersonales (yo conmigo mismo), grupales, sociales en general; las circunstancias económicas, políticas, culturales, el desarrollo de ciertas tecnologías, de

(^13) VERON, Eliseo y SIGAL, S.; op. cit., págs. 15 y 16.

ciertas formas de enfrentar y resolver los problemas de la naturaleza y la sociedad”^14. Por supuesto, que esta mirada evita toda simplificación que reduzca la comunicación al juego de emisores- receptores, para comprender el proceso de comunicación como un todo significativo, que se constituye mediante redes discursivas y el entrecruzamiento de discursos diferentes, opuestos y contradictorios, que ponen en evidencia los conflictos y luchas de poder, sin por ello dejar de pertenecer al mismo todo significativo que denominamos “situación de comunicación”.

¿Podemos entonces leer prácticas sociales desde la comunicación? Podemos hacerlo en tanto y en cuanto asumamos una tarea que implica investigación, es decir, producción de conocimiento sistemático.

¿Qué se considera en este caso? Al respecto el educador y comunicador Jorge Huergo precisa lo siguiente: “Si trabajamos en procesos comunicacionales, necesitamos considerar al otro como un interlocutor (alguien que no es mero “destinatario” de nuestras propuestas, sino alguien que es capaz de pronunciar su palabra y de comunicarse de diferentes modos): necesitamos conocerlo sistemáticamente, metódicamente. Si los otros son nuestros interlocutores, para generar procesos y desarrollar proyectos de comunicación con ellos (o en sus ámbitos) necesitamos reconocer sus “marcos de referencia”: las relaciones directas de la población, las concepciones, valoraciones, estereotipos, expectativas y creencias que a diario comparten los distintos actores y sectores de una comunidad. Si vamos a producir materiales comunicacionales necesitamos trabajar una etapa de “prealimentación” de los mismos para que los interlocutores se reconozcan en ellos; esto implica una investigación que nos permita conocer los códigos (no sólo lingüísticos sino también experienciales, ideológicos, culturales), las vivencias cotidianas, las preocupaciones; las preguntas y las expectativas de los interlocutores; sus visiones justas, para incorporarlas al mensaje, y las equivocadas, para incorporarlas también, a fin de ayudarle a problematizarlas y cuestionarlas. Si llevamos adelante procesos de planificación y gestión de procesos comunicacionales, necesitamos investigar (a veces permanentemente) las situaciones comunicacionales de las instituciones, las organizaciones o las comunidades interlocutoras; un esfuerzo que va más allá de un diagnóstico

(^14) PRIETO CASTILLO, Daniel. La comunicación en la educación. La Crujía. 2da. edic. 2004, ISBN 987-1004-80-X, pág. 97

distintivo de identidad. Así se puede decir que cada sujeto es por sí mimos, por su individualidad, pero es, al mismo tiempo, en cuanto sujeto hablado por la cultura de su tiempo, por su historia, por su espacio: sujeto expresado a través de una puesta en escena en la vida social. Los sujetos involucrados en dichas prácticas aparecerán entonces atravesados por dimensiones contextuales culturales, históricas, económicas, sociales y jurídicas y solamente a partir de la comprensión de estas dimensiones se los puede entender en toda su complejidad. Hablando de la Argentina no podríamos decir que los jóvenes de entre 18 y 25 años de sectores que hoy tienen dificultades para conseguir trabajo y que nunca vieron trabajar a sus padres y quizás a sus abuelos, pueden constituirse de igual manera que aquellos hijos de inmigrantes forjados en la cultura del trabajo en la segunda mitad del siglo pasado. Para comprender a unos y otros hay que trabajar sobre sus historias de vida, desentrañar la manera como unos y otros se fueron constituyendo en el marco de la cultura. Lo mismo diremos si se trata de comprender sus mensajes. Es una simplificación y un grave error afirmar que los jóvenes de hoy “son vagos” porque cuando se les ofrece una posibilidad laborar no persisten y abandonan rápidamente. ¿Por qué habrían de hacerlo si nunca recibieron como mensaje que el trabajo es un valor y que vale la pena el esfuerzo de una jornada de ocho horas cuando su experiencia les ha demostrado durante años que cuando sus padres trabajaron igual sufrieron hambre y opresión? ¿O por qué habrían de valorar la vida si han convivido siempre con la muerte cercana y el mensaje que reciben de la sociedad es que su expectativa de vida es corta por diferentes razones? De esta manera sus conductas y reacciones sólo pueden entenderse en el marco de los mensajes que la sociedad emite, que otros actores expresan y que estos jóvenes interpretan desde el contexto de su propia historia de vida.

Todo lo anterior, por cierto, sin dejar de tener que partiendo de la comprensión de la situación en la que se encuentra inmerso cada sujeto, es necesario trabajar en pos de construir la posibilidad y las alternativas para el cambio. La mejor comprensión de la situación de un sujeto en el marco de la vida social no debería llevarnos a justificar todas y cada una de sus actitudes y modos de comportamiento, sino a encontrar allí mismo aquellos signos portadores de futuro o anticipatorios del cambio, para potenciarlos y desarrollarlos, o los obstáculos o impedimentos, para encontrar la manera de ponerles un límite o eliminarlos.

“Uno no es simplemente emisor, uno es emisor en situación, dentro de tensiones sociales, dentro de ciertas relaciones de poder, dentro de un grupo y no de otro. En otras palabras, lo que funda al emisor no está en lo esencial en él, sino en las relaciones sociales dentro de las cuales se inserta y vive, según los límites fijados por la formación social a cada sector de la población”^17 , sostiene Daniel Prieto Castillo.

Por ese motivo definimos la cultura como un modo de organizar el movimiento permanente de la vida cotidiana, del ser y actuar de todos los días, sencillo, rutinario pero, por ello mismo, configurador de conductas, de modos de ser y actuar. La cultura puede entenderse así como un principio organizador de la experiencia, mediante el cual los sujetos ordenan y estructuran sus acciones a partir del lugar que ocupan en las redes sociales.

¿Por qué abordar el estudio de las prácticas sociales desde la cultura? Porque allí se pone de manifiesto el entramado entre sujeto, tiempo y espacio. Lejos de constituirse en un mero organizador de la experiencia presente, habla también de los sueños y la fantasía, de las utopías; es ligadura y raíz con nuestro pasado, recuerdo de los sucesos y acciones que nos fueron constituyendo a lo largo de la historia. La cultura de nosotros mismos. Registra lo que hemos sido, pero también nuestros imaginarios respecto de lo que hemos querido ser, de lo que quisimos hacer, nuestra explicación de por qué llegamos a tal punto y por qué no logramos tal otro objetivo. Desde allí es también base de los sueños, registro de las alternativas de futuro, cimiento, base de proyección y límite de los imaginarios y de las utopías. La cultura es un denso tejido de conocimiento que cada sujeto enraizado en su espacio social tiene de sí mismo, del conocimiento de sus posibilidades, de sus proyecciones y también conciencia del límite.

La cultura puede definirse de igual manera como el entretejido simbólico de procesos comunicacionales, en los discursos, en los mitos y los ritos que le van dando forma y a través de los cuales esa cultura cobra materialidad. De allí también a la hora de analizar los sujetos sociales desde la comunicación se hace imprescindible recurrir a estas manifestaciones materiales de lo simbólico. Así una comunidad se expresa en sus manifestaciones artísticas, en luchas, en prácticas

(^17) PRIETO CASTILLO, Daniel; Diagnóstico de comunicación. CIESPAL, Quito, 1990, pág. 103

una dimensión multidimensional de los fenómenos lingüisticos que habla siempre de una complejidad expresada en tensiones, en contradicciones y, sobre todo, en lucha por el poder. Todo ello queda de manifiesto en el lenguaje dotando de opacidad a esas manifestaciones. No puede haber en consecuencia un traslado automático y simplista del lenguaje para convertirlo en único dato para la comprensión de las prácticas. Si una persona desocupada sostiene que “no tengo ganas de trabajar” no puede interpretarse unidireccionalmente como vagancia, porque seguramente está expresando frustraciones anteriores, resultados de opresiones, falta de oportunidades y otra serie de factores que, además de las condiciones personales, fueron configurando en el sujeto esa “falta de ganas”. Lo real aquí, no es la “falta de ganas”. Lo real, en términos de análisis, tiene que ser construido a partir de la historia de vida de esa persona, de los factores que influyeron en ella, de los juegos de poder a los que fue sometida, etc.

Nuestro acceso a la cultura y a las culturas se produce precisamente a través de una red constituida por los fenómenos discursivos que se manifiestan en las prácticas sociales. Esto es lo que nos permite, desde la perspectiva de la comunicación, constituir a estas prácticas en objeto de nuestro análisis.

De allí también que pensar los procesos comunicacionales desde una perspectiva de cambio, exige una inserción en marcos histórico culturales y políticos, donde exista una percepción respecto de la idea de cambio. Esto no implica una única concepción respecto del cambio, ni la adhesión a la misma idea de todos los participantes. Supone sí asumir que lo comunicacional no es autónomo de esa lucha política por el cambio y que todos los actores son partícipes del proceso, tanto en lo político cultural como en lo comunicacional estrictamente hablando. No es posible concebir estrategias de comunicación aisladas o esterilizadas de lo político. En otro trabajo afirmamos que “la comunicación para el cambio social es una tarea que involucra y compete a los actores, sujetos individuales y colectivos, al ámbito concreto en que estos se desempeñan y al contexto en el propio ámbito y los actores se encuentran insertos”.^20

(^20) URANGA, Washington, El cambio social como acción transformadora , en ENZ, Angélica y otras (editoras), Comunia- La Crujía Ediciones, Buenos Aires, 2006, ISBN 987-601-017-4, pág. 41

Hay que trabajar en el desarrollo de habilidades y recursos de comunicación para transparentar, para hacer visibles en las prácticas de los hombres y mujeres de hoy, signos portadores de un futuro utópico que alimente la esperanza de un mañana distinto, pero ya presente. Nadie nos creerá un mañana diferente que no podamos reflejar al menos de manera incipiente en nuestras prácticas y comunicaciones de hoy. Encierra un gran engaño decirle a los jóvenes que son “el futuro de nuestro país” y de nuestra sociedad si estos jóvenes no pueden ver hoy, en nuestro actuar cotidiano, signos portadores del futuro que le estamos anunciando.

Por este mismo motivo, la comunicación para el cambio social tiene que partir de la reconstrucción de la memoria (de lo que sucedió, pero también de las rutinas, de los discursos que hablan de experiencias acumuladas), porque esto resulta fundamental para entender el sentido del cambio y porque una sociedad sin memoria es un pueblo sin futuro.

Percepciones, concepciones y evaluaciones en el proceso de planificación desde la comunicación

Los seres humanos actuamos de acuerdo al significado que le adjudicamos a nuestras condiciones materiales de existencia. ¿Qué significa esto? Acordemos inicialmente que todo objeto se constituye sólo como objeto de discurso. Es decir: no es posible concebir un objeto al margen de la producción social de sentidos. Pero esto no significa que no nos sea posible establecer la existencia de un mundo exterior más allá del pensamiento y la propia voluntad. En el marco de una asamblea, un integrante de la comisión directiva de la organización “X” se pone de pie, levanta su silla por el aire y la arroja al resto de la comisión directiva. Ese hecho es independiente de nuestra participación como observadores. Sin embargo, el episodio sólo puede ser constituido como objeto en tanto objeto discursivo, mediado por percepciones, valoraciones e interpretaciones. El modo en que alguien describa y especifique lo sucedido como “un estado de demencia momentánea” o “un acto de justicia” dependerá de estas percepciones, valoraciones e interpretaciones.

Nuestro primer objetivo como planificadores de procesos comunicacionales es conocer a los individuos en el marco de las relaciones de unos con los otros y comprender los significados que se

simultáneamente se lo está interpretando y valorando. La percepción es un problema cultural y no una simple captación del entorno”, porque “percibimos a través de nuestros juicios”. 22 Percibir es percibir lo familiar, lo cercano. Desarrollamos de esta manera una serie de costumbres perceptuales que se convierten en un proceso de aprendizaje y que nos permiten vencer la complejidad del contexto, sentirnos más seguros, disipar las incertidumbres.

Supongamos que nos proponemos investigar sobre las percepciones que la población juvenil tiene respecto de la oferta de trabajo que hay en el mercado, para evaluar de qué manera generan prácticas propicias a la inserción o reinserción laboral. Mediante diversas técnicas (grupos focales, entrevistas en profundidad, observaciones, etc.) distinguimos que gran parte de los jóvenes consideran que las ofertas de trabajo existentes no representan un progreso sustancial en su calidad de vida, que tampoco mejorarán los ingresos que pueden obtener, legal o ilegalmente, con menos esfuerzo y menos tiempo de dedicación. Saben que ciertas prácticas, algunas de ellas al margen de la legalidad, implican riesgo hasta de vida. Acostumbrados a enfrentarse permanentemente a la muerte, asumen ese riesgo como parte de su cotidianeidad y lo asumen como algo natural dentro de su vida.

Estas son las concepciones de los jóvenes. Un investigador podría sostener que las mismas son la manifestación de falta de “cultura del trabajo” o de falta de “socialización laboral”. Lo concreto es que los jóvenes a los que nos referimos han avanzado en evaluaciones. Su experiencia, su práctica contidiana “les habla”. Les dice y ellos leen que quienes están laboralmente insertos no han cambiado sustancialmente su calidad de vida. Siguen pobres, padecen las mismas privaciones, continúan en la exclusión. ¿Entonces? Comprenden y evalúan que el trabajo asalariado no es una mejora para ellos. y esto termina desalienta toda inserción laboral. Hasta se podrá decir que “así como estoy vivo mejor y no dependo de nadie”.

¿Consecuencia? Cualquier campaña que intente integrar al mundo del trabajo a personas en estas condiciones conducirá inevitablemente al fracaso si no considera actuar sobre concepciones y evaluaciones al mismo tiempo. Para esto último tienen que modificarse las condiciones materiales.

(^22) Ibid, pág. 312.

Es decir: es necesario demostrar que la inserción laboral sí mejora la calidad de vida. Sólo entonces habrá distintas evaluaciones. La campaña se dirigirá a trabajar sobre la concepción (una invitación al trabajo ponderando el valor de la “cultura del trabajo”) y sobre las evaluaciones (mediante la demostración fehaciente de que la inserción laboral mejora la calidad de vida y por esta vía modificar las creencias de los jóvenes). Para que lo que hacemos tenga sentido el trabajo tiene que ser evaluado positivamente por los jóvenes de nuestro ejemplo.

Las percepciones, concepciones y evaluaciones, son siempre vividas por alguien en particular y atravesadas por una cultura colectiva, y constituyen una forma de reafirmación de cada una de las personas en relación con su contexto. Es “la manera en que cada quién se sabe alguien entre los demás”, sostiene D. Prieto Castillo. Este saber es producto de un reconocimiento, es el resultado de compartir experiencias, es también un modo a partir del que cada cual se siente integrado y reafirmado.

Comunicación y vida cotidiana

Los sujetos no tienen, por sí mismos, una percepción clara de lo que sucede en el espacio social en el que se desenvuelven. La vida de los sujetos se desarrolla en medio de un escenario complejo en el que se atraviesan relaciones sociales que no resultan fáciles de desentrañar porque se superponen e interfieren de tal manera que aportan a la opacidad del conjunto. Sin embargo, todas ellas adquieren sentido e influencia significativa en la vida de una sociedad si logran sintonizar con los anhelos, las creencias y los modos de entender de las personas en el escenario de su quehacer diario, es decir, en su vida cotidiana. La lucha de un gobierno contra la inflación sólo podrá tener éxito si esa misma batalla es asumida como un reto para la población desde su experiencia de todos los días, y las propuestas para mejorar el medio ambiente difícilmente llegarán a buen término si no se vinculan con el quehacer cotidiano de las personas, si los hombres y las mujeres no entienden que ese propósito tiene que ver con la mejora de su calidad de vida.

Así planteado el ámbito de la vida cotidiana es, en sí misma, una experiencia educativa que se constituye a través de la comunicación, intercambio y producción de sentidos, entre los sujetos que de ella participan. Si la percepción es algo que se va desarrollando a modo de proceso de

Lo que comúnmente nombramos como “la realidad” (preferimos denominarlo lo real) no es sino un conjunto de hechos más las percepciones que de ellos tienen los sujetos, más su interpretación y valoración. Este explica y le da sentido a la idea “ponerse de acuerdo”, entendido como un método para la producción colectiva de un conocimiento que sea transformador de la situación presente en vista de un futuro deseado e imaginado. La cuestión central consiste en transformar no sólo los hechos sociales de manera aislada, sino las valoraciones y las percepciones que los sujetos participantes tienen de esos mismos hechos. Dicho de otra manera: cuando actuamos sobre las prácticas sociales, para transformar las relaciones que existen allí y las prácticas comunicativas que le dan lugar, necesitamos también actuar de tal manera que se modifique la percepción que cada sujeto, individual o colectivo tiene de la misma^26. De lo contrario no existe ni viabilidad ni factibilidad para el cambio. A ello hay que agregar una estrategia de acción destinada a modificar las condiciones materiales de existencia de los sujetos, partiendo del cuestionamiento de las mismas porque son constitutivas de la práctica social, cultural y, en consecuencia, comunicacional. Volvemos aquí a la no disociación entre lo político, lo cultural y lo comunicacional.

La vida cotidiana es lugar de comunicación y a la vez el escenario donde se constituyen los actores- sujetos de las prácticas sociales. Allí, en tanto y en cuanto sistema y trama de relaciones comunicacionales, se constituye el campo de acción del planificador de procesos comunicacionales.

La vida cotidiana es parte esencial de lo que Elina Dabas denomina “memoria social”. Esto es lo que le permite al sujeto superar el instante, lo inmediato, para potenciar sus capacidades cognitivas y conceptuales y ubicarlas en una verdadera dimensión de cultura. “Esta memoria se halla generalmente inscripta en un espacio, en un lugar y la reubicación de los sujetos en un contexto de aprendizaje posibilitaría la evocación”.^27

Sólo para tener en cuenta que vida cotidiana no puede ser sinónimo de corto plazo. El corto plazo puede hacer ver todo como imposible y empujarnos hacia un supuesto realismo sin sentido, más

(^26) ver OROZCO GÓMEZ, Guillermo , Al rescate de los medios , México, Univ. Iberoamericana, México, 1994, ISBN 968-6348-10-7, págs. 98 y ss. 27 Ediciones Ciccus, Buenos Aires, 2006, ISBN 987-9355-30-X, pág. 31DABAS, Elina (comp.).^ Viviendo redes. Experiencias y estrategias para el fortalecimiento de la trama social.

cercano al pragmatismo superfluo de la inmediatez. La vida cotidiana, el quehacer de todos los días, sólo adquiere su verdadero sentido en la mirada y escenario de largo plazo.

Comunicación en la trama social

Durante mucho tiempo utilizamos la palabra intervención para denominar la acción que, como científicos sociales, hacemos en el escenario de las prácticas, acompañando los procesos históricos. Elina Dabas nos aporta una denominación que creemos es superadora de la idea de intervención. Ella habla de “estrategias para fortalecer la trama social”. Y acota que “este cambio no es sólo de denominación, sino que nos posicionamos en que las estrategias pueden ser de todos los que están preocupados por resolver el problema. Ya no pertenecen exclusivamente al bagage tecnocrático de los operadores, sino que se relacionan con las experiencias vitales de las personas”.^28

Entendemos en consecuencia que los responsables esas estrategias que tienes a fortalecer la trama social son todos los actores involucrados, todos aquellos y aquellas que participan del espacio en cuestión. Y podemos sostener que todos cuantos participan ponen en juego también estrategias de comunicación.

En otras palabras. Podemos afirmar que no es la mera intervención externa la que modifica el escenario, sino que hay participaciones diferenciadas de actores también diversos que inciden sobre la trama social de acuerdo a competencias, habilidades y a saberes diferentes. De esta manera se reconoce también que quien “llega desde afuera”, por ese solo hecho, tiene una intervención diferenciada. Fortalecer la trama habla también de la existencia de un capital social y cultural que tiene que consolidarse y, en todo caso, modificarse en un sentido negociado, consensuado, que da lugar al conflicto y a la lucha de poder, pero que apunta siempre hacia una imagen de futuro deseado e imaginado.

En esta tarea de fortalecimiento de la trama social lo comunicacional aparece como una perspectiva esencial porque “al mediar en la constitución de lo público y en el reconocimiento cultural, la trama

(^28) Idem, pág. 30