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monografía dedicatoria y análisis resumen
Tipo: Resúmenes
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El tabaco es una droga legalizada que está compuesta por más de 5.000 elementos químicos de los que más de una veintena son cancerígenos. Su carácter adictivo está provocado por la nicotina, que es una sustancia que produce bienestar. En un primer momento no necesitamos fumar para sentirnos bien, relajarnos o concentrarnos, pero según pasa el tiempo, el organismo necesita con más frecuencia su dosis de nicotina para sentirse bien. La concentración cerebral de nicotina se reduce con rapidez y por eso se sienten ganas de encender otro cigarrillo cada 30 o 40 minutos. Cuando un fumador no se facilita nicotina cada cierto tiempo se siente irritado y le invade una sensación de “me falta algo”. Los fumadores/as se pasan la vida evitando sentir los síntomas del mono o del síndrome de abstinencia y por eso encienden un cigarro tras otro sin dejar de sentirse nunca tranquilos/a.
La segunda droga de mayor prevalencia entre los estudiantes es el tabaco. El 41,3% ha fumado tabaco alguna vez en la vida, el 35% en el último año y el 26,7% en los 30 días previos a la realización de la encuesta. Aproximadamente, un tercio de los jóvenes que han fumado en el último mes lo ha hecho de forma diaria, siendo la
prevalencia del consumo diario de tabaco entre los estudiantes de enseñanzas secundarias del 9,8%, un punto por encima del valor registrado en 2016 (Ministerio de Sanidad, ESTUDES 2018). Consumir tabaco no sólo es un mal hábito, sino que se considera una drogodependencia, ya que cumple con todos los criterios que definen el consumo de una sustancia como tal: existencia de una necesidad o compulsión hacia la toma periódica o continuada de esa sustancia, tolerancia, y síndrome de abstinencia en ausencia de la misma (Pérez Cruz et al., 2007). A lo largo de 2018, la edad de inicio de los consumidores se retrasó progresivamente un año, es decir los jóvenes fumadores se inician en esta droga aproximadamente a los 14 años. Pero no todos los datos son positivos, pese a existir campañas anti tabáquicas, dar a conocer los riesgos que conlleva el consumo de esta sustancia y la subida del precio por parte del gobierno… en el último año, empezaron a fumar algo más de 205.000 estudiantes de enseñanzas secundarias, siendo mayor la proporción entre las chicas. (Ministerio de Sanidad, ESTUDES 2018). Es indiscutible el derecho que tienen las mujeres a participar en todos los órdenes de la vida en las mismas condiciones que los varones, pero hubiera sido deseable que respecto al inicio y mantenimiento del consumo de tabaco hubieran permanecido al margen; ya que como se comentó anteriormente, el consumo de tabaco estaba ligado a las actividades del rol masculino (De Irala and Martínez, 2001). Recalcamos, que cuanto menor es la edad de inicio del consumo del tabaco, mayor es la probabilidad de que se transformen en consumidores habituales y el abandono del hábito resulta más difícil (Martín Suárez et al., 2015). En cuanto al número de cigarrillos de tabaco consumidos al día por término medio, los chicos fuman mayor cantidad (6,5 cigarrillos) que las chicas (5,5 cigarrillos), entre las mujeres está más extendido el consumo de cigarrillos de cajetilla (40,4% frente 32,4% de ellos) y entre los hombres, tanto el de cajetilla como el tabaco de liar (53,4% frente a 45,55% de ellas). Por edades es más común fumar cigarrillos de ambos tipos, con independencia de la edad analizada (Ministerio de Sanidad, ESTUDES 2018). En los últimos años, ha alcanzado popularidad una vieja forma de consumo de tabaco entre los jóvenes, la pipa de agua (también conocida como cachimba, shisha o el narguile). Es un utensilio para fumar que enfría y filtra el humo pasándolo a través de una cantidad de agua. Se trata de una práctica muy extendida en los países árabes, cuyo consumo está aumentando en los últimos años en las sociedades occidentales, gracias a la proliferación de los bares y restaurantes en los que se puede fumar en pipa o cachimba, muy populares sobre todo entre los jóvenes y adolescentes. Sus consecuencias son similares a las del consumo de cigarrillos, además de un riesgo añadido de infección.
En 2007, la OMS adoptó un método práctico y costo eficaz de intensificar la aplicación sobre el terreno de las principales disposiciones en materia de reducción de la demanda establecidas en el CMCT de la OMS: las medidas MPOWER (en inglés). Estas son las seis medidas MPOWER: (Monitor) Hacer seguimiento del consumo de tabaco y de las medidas de prevención (Protect) Proteger a la población del consumo de tabaco (Offer) Ofrecer ayuda para dejar de consumir tabaco (Warn) Advertir de los peligros del tabaco (Enforce) Hacer cumplir las prohibiciones sobre publicidad, promoción y patrocinio del tabaco (Raise) Aumentar los impuestos sobre el tabaco. Desde 2007, la OMS hace un seguimiento de las políticas aplicadas bajo el enfoque MPOWER. En la serie de informes de la OMS sobre la epidemia mundial de tabaquismo (en inglés) se explican pormenorizadamente los progresos logrados para combatir el tabaquismo a nivel mundial, regional y nacional.
El alcohol (etanol) es una sustancia depresora del Sistema Nervioso Central que actúa principalmente bloqueando el funcionamiento del sistema cerebral responsable de controlar las inhibiciones, aunque la sensación inicial de euforia y desinhibición hace
que se confunda con una sustancia estimulante. Afecta de diversas maneras en función de vulnerabilidades personales y sociales. Si se consume en dosis bajas produce inicialmente euforia y desinhibición, seguida de somnolencia, visión borrosa, descoordinación muscular, aumento del tiempo de respuesta, disminución de la capacidad atencional y comprensiva. Si se consume en dosis mayores puede producir problemas digestivos, descenso de la temperatura corporal, deshidratación, dolor de cabeza… En casos de consumos intensivos (como las producidas durante el botellón o “binge drinking”) puede causar intoxicación aguda, depresión respiratoria, coma etílico y ocasionalmente la muerte. El impacto de una misma dosis de alcohol puede variar en función de la edad, peso, sexo, ingesta de grasas, medicación, grado de tolerancia al alcohol, estado físico de salud y velocidad de ingesta.
El inicio del consumo de alcohol se sitúa en la adolescencia temprana para la mayoría de los individuos. La adolescencia es reconocida como una etapa crítica, por ser una etapa de transición, donde muchos adolescentes tienen problemas para manejar tantos cambios a la vez y pueden desarrollar conductas de riesgo, como lo es el consumo de drogas, esto debido a la inexperiencia, al sentimiento de invulnerabilidad y al interés de experimentar con nuevos comportamientos (Barra, Cerna, Kramm, & Véliz, 2006; Jiménez, Menéndez, & Hidalgo, 2008). Se puede argumentar que el consumo de drogas ocurre originalmente para la mayoría de los individuos alrededor de los 15 a 17 años de edad, como un consumo experimental y a partir de este inicio puede dejar el consumo o bien se avanza a niveles de consumo excesivo y dependiente, en esta primera etapa el consumo es poco frecuente y de baja cantidad. (Consejo Nacional Contra las Adicciones-Secretaría de Salud [CONADIC-SS], 2011; Pilatti, et al., 2012; Romer, Duckworth, Sznitman & Park, 2010). Existen algunos factores que condicionan al adolescente a la hora de decidir iniciar el consumo, estos factores pueden definirse como factores de riesgo entendido como “un atributo y/o característica individual, condición situacional y/o contexto ambiental que incrementa la probabilidad del uso y/o abuso de drogas ”(Clayton, 1992)” La evidencia sobre la naturaleza del fenómeno multicausal y complejo del consumo de alcohol desde la perspectiva de factores de riesgo es abundante y puede ser clasificada como: factores biológicos, personales, familiares, psicológicos, escolares y ambientales/sociales (Comisión Interamericana para el Control del abuso de Drogas [CICAD], 2004; Hawkins, Catalano & Miller, 1992; Lema, Varela, Duarte & Bonilla, 2011; López & Rodríguez-Arias, 2010; Pilatti, et al., 2012).
La OMS pone el acento en la elaboración, comprobación y evaluación de intervenciones costo eficaces contra el consumo nocivo de alcohol, así como en la generación, recopilación y divulgación de información científica acerca del consumo y la dependencia de esta sustancia con las consecuencias sanitarias y sociales del caso. La Estrategia Mundial para Reducir el Uso Nocivo del Alcohol, acordada por los Estados Miembros de la OMS en 2010, representa el consenso internacional de que la reducción del uso nocivo de esta sustancia y de la carga sanitaria y social asociada es una prioridad de salud pública. La estrategia proporciona orientaciones para la adopción de medidas en todos los niveles, incluidas diez esferas en las que se recomienda que se adopten políticas e intervenciones con miras a la toma de medidas nacionales encaminadas a reducir el uso nocivo del alcohol y los principales componentes de la acción mundial para apoyar y complementar las actividades en los países. La actualización de los datos científicos sobre la costo eficacia de las opciones de políticas e intervenciones emprendidas en el contexto del Plan de Acción Mundial para la Prevención y el Control de las Enfermedades No Transmisibles 2013-2030 dio lugar a un nuevo conjunto de medidas recomendadas que permiten y abordan la reducción del uso nocivo del alcohol. Entre las medidas más costo eficaces, también llamadas «mejores inversiones», figuran el aumento de los impuestos sobre las bebidas alcohólicas, la promulgación y aplicación de prohibiciones o restricciones integrales de la exposición a la publicidad del alcohol en múltiples tipos de medios de comunicación, y la promulgación y aplicación de restricciones sobre la disponibilidad del alcohol al por menor. Con la creciente concienciación sobre el impacto del consumo de alcohol en la salud mundial y el aumento de los marcos internacionales de acción, ha aumentado considerablemente la demanda de información mundial sobre el consumo de alcohol y los daños atribuibles a este y relacionados con él, así como las respuestas políticas conexas. La OMS ha establecido el Sistema Mundial de Información sobre el Alcohol y la Salud (GISAH) para presentar de manera dinámica datos sobre la intensidad y los patrones del consumo de alcohol, las consecuencias sanitarias y sociales atribuibles al alcohol y las respuestas normativas a todos los niveles.
Lograr una reducción del uso nocivo del alcohol de acuerdo con las metas incluidas en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el marco mundial OMS de vigilancia de las enfermedades no transmisibles requiere una acción concertada de los países, una gobernanza mundial eficaz y una participación adecuada de todas las partes interesadas pertinentes. Trabajando juntos de manera efectiva podemos reducir las consecuencias sanitarias y sociales negativas del alcohol.
posible la edad en la que iniciarse en su consumo y lograr que no se convierta en algo relevante en las vidas de nuestros hijos e hijas. Interviniendo en aquellos factores de riesgo que facilitan el consumo y potenciando o añadiendo factores de protección que lo impidan o dificulten estaremos realizando prevención. Reduciremos las posibilidades de consumo o abuso. El impacto de los distintos factores de riesgo y protección varían en función de la persona y su vulnerabilidad a los mismos No es una relación causa efecto sino una relación dinámica y variable entre ellos. Pero podemos agruparlos en tres categorías: factores contextuales, que incluyen variables sociodemográficas, culturales y ambientales; factores sociales, que se refieren al entorno más próximo a nuestros hijos/as, como la FAMILIA (sí… somos un factor ambiental para ellos, pero con gran capacidad para impactarles), la escuela, los amigos, los medios de comunicación y la publicidad; y factores personales: la capacidad intelectual, la inteligencia emocional, las habilidades sociales incluyendo las relacionales, o la personalidad.
La socialización y aceptación social del consumo de alcohol y tabaco entre la población adulta está tan arraigada en nuestra cultura que dificulta que padres y educadores transmitan a los adolescentes el mensaje de que su consumo puede afectar seriamente su salud. Diversas estrategias se han mostrado eficaces en conseguir la reducción del consumo de tabaco y alcohol en la población:
En conclusión el alcohol y el tabaco son sustancias que están socialmente aceptadas, constituyendo estilos de vida que se consideran normales, aumentando significativamente las cifras de consumo y prevalencia. Es preocupante su consumo en jóvenes y estudiantes universitarios de enfermería en particular, y en general en los profesionales del área de la salud, por su condición del cuidado de la salud a la población. Es relevante que en la población estudiada los motivos con mayor influencia sean de carácter psicológico, pues dado el rol social y profesional, se desempeñan como personal de primer contacto, lo cual amerita una estabilidad mental y emocional para poder brindar y establecer una relación terapéutica confiable. El consumo de sustancias lícitas muestra un claro aumento y con mayor frecuencia en mujeres que en hombres.