








Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Asignatura: Psicologia social II, Profesor: ede ede, Carrera: Psicologia, Universidad: UV
Tipo: Apuntes
1 / 14
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!









1
1.-Introdución.
Los autores , partiendo del concepto del “yo” como unicidad o como un conjunto de “yoes” que ven las demás personas o a los que aspiramos, consideran que esta dualidad ha sido una constante en la historia de la psicología, manteniéndose ese doble acercamiento a la identidad que implica su carácter unitario y a la vez múltiple. En este capítulo pretenden presentar dicho debate y sugerir las posibles implicaciones clínicas que tiene la consideración del yo como algo múltiple y a la vez unitario.
2.-Múltiples yoes y ajuste psicológico.
Desde la Psicología social se afirma que el yo tiene diferentes componentes o identidades de rol que emergen de la propia interacción social. Según las diferentes posiciones que se van ocupando en los distintos sistemas de relaciones sociales en los que se interactúa (estudiante, madre, trabajadora), cada persona suscita en los otros una serie de expectativas de conducta (roles sociales). Las identidades de rol surgirá de la interiorización de estos roles sociales.
Las reglas y expectativas asociadas a cada rol, pueden ser muy diferentes o contradictorias, de tal manera que cuanto más identidades o “yoes” tenga una persona, mejor se adaptará a los diferentes requisitos que imponen los distintos roles sociales. En cambio, la unidad del yo, la ausencia de identidades diferentes, supondría cierta rigidez e inflexibilidad conductual que impedirían al individuo dar respuestas complejas a los estímulos sociales, entorpeciendo su adaptación a los múltiples y a menudo conflictivos requisitos de la vida social.
Desde esta perspectiva social, también se sustenta la relación directa entre multiplicidad de yoes y ajuste psicológico apelando a que una existencia con propósito, con significado, es un elemento crucial del bienestar psicológico. Según Sieber (1974) el número de identidades incidiría sobre el bienestar del sujeto en la medida en que múltiples identidades pueden producir “ego-satisfacción”, es decir, el sentimiento de ser apreciado o necesitado por distintos compañeros de “rol”.
Mientras que la P. social ha visto en la multiplicidad de yoes o acumulación de identidades un requisito fundamental para la adaptación, La Psicologia de la personalidad ha caminado históricamente en la línea contraria al afirmar que la multiplicidad de yoes, normalmente considerada como fragmentación del yo, es una fuente de malestar y desadaptación. La perspectiva clínica dentro de la personalidad ha favorecido la idea de la fragmentación como falta de un núcleo central o yo integrado.
2
Afortunadamente, en los últimos años han ido apareciendo en la literatura una serie de modelos que, beneficiándose de acercamientos convergentes y fertilizaciones mutuas entre social y de la personalidad, ofrecen explicaciones más elaboradas sobre la asociación entre ajuste psicológico y multiplicidad de yoes. Sin embargo, como ocurría antes, estos modelos no entienden lo mismo por "múltiples yoes", sino que se centran en distintos aspectos del yo y en distintos tipos de relaciones entre tales aspectos del yo. Estas diferencias conceptuales se manifiestan en los distintos términos que emplean como, por ejemplo, auto complejidad y autodiscrepancias, echándose de menos alguna teoría del yo que integre estas diversas formas de ver su multiplicidad y unidad.
Coinciden en concebir el yo como las representaciones mentales que una persona tiene de sí misma, y en utilizar modelos y conceptos prestados de la Psicología cognitiva para entender cuál es el formato de esas representaciones en el sistema cognitivo, es decir, cómo se encuentra la información relevante del yo representada y almacenada en nuestra mente.
3-1.-El modelo de la autocomplejidad: múltiples yoes como amortiguadores del estrés
Linville (1985, 1987) ha formulado un modelo que relaciona la multiplicidad del yo o autocomplejidad con la variabilidad afectiva, y que consta de cuatro supuestos.
4
mus sería un aspecto totalmente independiente de los anteriores, ya que no compartiría ninguna característica con ellos. Teniendo en cuenta, pues, los diferentes aspectos del yo que una persona usa para organizar cognitivamente la información que tiene sobre sí misma y las características y proposiciones que esos aspectos engloban, Linville define la autocomplejidad en función de dos elementos: el número de aspectos del yo y el grado de diferenciación entre dichos aspectos.
3-2.-La hipótesis de la autocomplejidad y el extremismo afectivo
Curiosamente, al contrario que las hipótesis comentadas anteriormente, el modelo de la autocomplejidad no hace ninguna predicción sobre si existe o no alguna relación directa entre autocomplejidad y desajuste psicológico, sino que para Linville, la autocomplejidad moderaría el impacto de los acontecimientos positivos y negativos sobre el afecto y sería, por tanto, una variable moderadora que amortiguaría los efectos negativos o positivos derivados de la aparición de sucesos vitales.
5
estar asociadas a otros aspectos de su yo podrían amortiguar el impacto de los acontecimientos y emociones negativas.
En definitiva, las personas altas en autocomplejidad se verían menos afectadas por los altibajos de la vida. Estas personas parecerían seguir la máxima, para lo bueno o lo malo, de "no poner toda la carne en el asador", o mejor dicho, de no ponerla en un único aspecto del yo. De esta forma, ante cualquier suceso vital, ya sea negativo o positivo, siempre habrá otros aspectos del yo que queden intactos y que atenúen sus consecuencias sobre el estado de ánimo, la autoestima o la salud. En palabras de Linville, "la alta autocomplejidad te protege en los malos tiempos pero también te mantiene los pies en el suelo en los buenos tiempos" (Linville, 1994, página 160). Por el contrario, para las personas bajas en autocomplejidad, una experiencia positiva o negativa en un dominio de su vida es probable que tenga un mayor impacto en su ajuste emocional o en su autoestima.
Varias líneas de investigación han aportado datos empíricos que confirman el modelo de la autocomplejidad.
3-3.- ¿Es siempre adaptativa la autocomplejidad?
El modelo únicamente se centra en el papel de la autocomplejidad cuando los niveles de estrés son altos. Sin embargo, dado que introduce como un elemento importante el nivel de estrés, parece lógico preguntarse cuál es el efecto de la autocomplejidad cuando las personas apenas están experimentando sucesos estresantes. En este caso, existen algunos datos para sugerir que la propuesta de la hipótesis de la fragmentación va por buen camino.
Linville (1987, descubrió que, cuando las personas experimentaban muy pocos acontecimientos estresantes, aquellos individuos con baja autocomplejidad mostraban menos síntomas físicos y psicológicos que los que tenían alta autocomplejidad. Aunque se puede acudir a los argumentos de la hipótesis de la fragmentación para explicar estos datos, nos gustaría introducir otra explicación que salvaguarda los supuestos del modelo de la autocomplejidad (Linville, 1987). Cabe la posibilidad de que en los anteriores estudios, las personas bajas en autocomplejidad manifestaran, en comparación a las altas en autocomplejidad, menos desajuste psicológico bajo niveles bajos de estrés, porque la alta autocomplejidad, per se, estuviera relacionada con ciertos tipos de acontecimientos estresantes que las medidas de sucesos vitales, utilizadas en dichos estudios, no pudieron recoger. El mantener múltiples aspectos del yo puede ser una fuente de estrés crónico de baja intensidad, ya que implica conflictos de roles o demandas múltiples de tiempo y atención.
7
4.-La teoría de la autodiscrepancia: yoes actuales frente a yoes posibles
Aunque la teoría de Higgins (1987, 1989) también parte de la idea de que los conceptos o aspectos que uno tiene sobre sí mismo son múltiples, se distingue de las hipótesis y modelos anteriores en que tiene en cuenta no sólo lo que los individuos piensan que son actualmente (sus yoes actuales), sino también lo que piensan que podrían ser (sus yoes posibles), bien porque les gustaría ser de una determinada manera, bien porque creen que deberían ser así, o bien porque esperan ser de alguna otra forma en el futuro. Al introducir este parámetro temporal (actual/posible; presente/futuro) en la distinción entre aspectos del yo, Higgins adscribe significación motivacional al yo, estableciendo los posibles yoes como guías o criterios para alcanzar y asociando a las diferencias o discrepancias entre los yoes actuales y los posibles, distintas predisposiciones motivacionales y emocionales.
Entre todos los yoes actuales y posibles que una persona puede tener, Higgins considera que los más relevantes podrían agruparse en función de dos parámetros que denomina dominios del yo y puntos de vista del yo. En sus primeros trabajos, Higgins (1987; Higgins, Klein y Strauman, 1985) distingue tres tipos de dominios del yo:
Entre todos los yoes actuales y posibles que una persona puede tener, Higgins considera que los más relevantes podrían agruparse en función de dos parámetros que denomina dominios del yo y puntos de vista del yo. En sus primeros trabajos, Higgins (1987; Higgins, Klein y Strauman, 1985) distingue tres tipos de dominios del yo:
En un trabajo posterior, Higgins añade otros dos dominios del yo (Higgins, 1989).
8
Estas suposiciones conducen a la siguiente hipótesis general de la teoría de la autodiscrepancia: "cuanto mayor es la magnitud y la accesibilidad de un tipo en particular de autodiscrepancias que posea un individuo, más sufrirá el individuo la clase de malestar asociada con ese tipo de autodiscrepancia" (Higgiss, 1989, pág. 98).
4-2.- Discrepancias entre yoes
Un principio fundamental de la teoría de la autodiscrepancia es que el sujeto evalúa los atributos que posee, su autoconcepto, en relación con alguno de los criterios del yo. La coincidencia del autoconcepto con los criterios del yo, incluyendo aquí tanto los criterios relacionados con el punto de vista del propio sujeto, como los relacionados con el punto de vista de las personas significativas de su entorno, define una situación psicológica sin conflicto que, por lo tanto, debería dar lugar a consecuencias bien positivas, bien neutras. Los resultados del estudio de Moretti y Higgins (1990) señalan precisamente que los individuos que manifiestan una autoestima más alta son aquellos que muestran un emparejamiento entre su yo real/ propio y su yo ideal/propio en términos de una coincidencia en los atributos positivos que ambos yoes incluyen, es decir, aquellas personas que, por ejemplo, se ven simpáticas y cariñosas y que, justamente, les gustaría ser simpáticas y cariñosas. Es más, también cuando un individuo se ve a sí mismo como traicionero y mentiroso y, precisamente, define su ideal como ser una persona traicionera y mentirosa, es decir, incluso cuando el emparejamiento entre el yo real/propio y el yo ideal/propio es en términos de atributos negativos, la autoestima suele ser alta.
1. Discrepancias entre el autoconcepto y las guías del yo ¿Qué pasa cuando lo que uno piensa sobre sí mismo no corresponde con los deseos, metas o aspiraciones que uno tiene?, o ¿qué pasa cuando la forma en que uno se ve a sí mismo dista mucho de sus responsabilidades y obligaciones? Es decir, ¿qué pasa cuando
10
una persona presenta una discrepancia entre su Yo Real y su Yo Ideal, o entre su Yo Real y su Yo que Debería?
Las discrepancias relacionadas con cómo una persona se ve y cómo le gustaría ser (yo real/propio vs. yo ideal/propio; yo real/propio vs. yo ideal/otro) representan, según Higgins, la ausencia de resultados positivos, ya que el individuo es incapaz de lograr bien sus propios deseos y aspiraciones, o bien aquellos que cree que los demás han puesto en el. Cuando dicha discrepancia se hace accesible, la gente experimenta tristeza, abatimiento y desánimo. Si el sujeto cree que sus deseos y esperanzas personales no se han cumplido (discrepancia yo real/propio vs. yo ideal/propio), además de los sentimientos anteriores, experimenta sentimientos de insatisfacción y decepción; si el sujeto cree que no ha cumplido los deseos y esperanzas que otros tenían en él (discrepancia yo real/ propio vs. yo ideal/otro), aparte de tristeza y desanimo, es vulnerable a experimentar vergüenza y consternación. En conclusión, las discrepancias entre el Yo Real y el Yo Ideal estarían relacionadas con síntomas depresivos.
Por otro lado, las discrepancias que se producen entre cómo una persona se ve y cómo cree que debería ser (yo real/propio versus yo que debería/propio; yo real/propio versus yo que debería/otro) representan la expectativa de presencia de resultados negativos, de castigos, por el hecho de haber violado los deberes o responsabilidades que uno se había impuesto o creía que otros le habían impuesto. Cuando tales discrepancias se hacen accesibles, la gente experimenta estados de agitación, nerviosismo y miedo, es decir, estados de ansiedad. En caso de que la persona crea que no ha cumplido una obligación personalmente aceptada (discrepancia yo real/propio versus yo que debería/propio), la teoría predice que tendrá además sentimientos de culpabilidad.
En resumen, las discrepancias entre el Yo Real y el Yo Ideal guardarían relación con la depresión, mientras que las discrepancias entre el Yo Real y el Yo que Debería lo harían con la ansiedad. Estas hipótesis han sido ampliamente constatadas por una abundante literatura empírica (Higgins, Bond, Klein y Strauman, 1986; Strauman y Higgins, 1987).
2. Discrepancias entre guías del yo Las discrepancias entre guías del yo representan situaciones en las que las personas experimentan aspiraciones, deseos, que se contraponen a su sentido del deber y a sus obligaciones. En estos casos se produce un conflicto de aproximaciónevitación (Van Hook y Higgins, 1988; Higgins et al., 1994).
Por ejemplo, supongamos una chica a la que idealmente le gustaría llegar a ser más asertiva (yo ideal/propio) mientras que piensa que su padre espera de ella que sea pasiva y se ajuste al tradicional papel femenino (yo ideal/otro). Esta chica estaría motivada a conseguir ambas guías, a que su yo real coincida tanto con su yo
11
permite el desarrollo de uno de los ámbitos básicos de la Psi de la personalidad, la aplicación de sus teorías sobre el desarrollo y formación de la personalidad al tratamiento de desajustes psicológicos o trastornos afectivos, a través de la terapia cognitiva.
13
significativas en su vida (afectiva, laboral…) como de la aceptación de su Yo Real.
Bibliografia:
Multiples yoes:implicaciones para la psicología clínica. M.L.Sánchez y J.Sanz en Avia, M.D. y M.L. Sánchez-Bernardos, M.LL. (Comps)(1995): Personalidad: aspectos cognitivos y sociales .Madrid: Pirámide.
14