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multiples yoes, Apuntes de Psicología Social

Asignatura: Psicologia social II, Profesor: ede ede, Carrera: Psicologia, Universidad: UV

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 14/03/2014

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MÚLTIPLES
YOES:
IMPLICACIONES
PARA LA
PSICOLOGÍA
CLÍNICA
LECTURA 4
MÚLTIPLES YOES: IMPLICACIONES PARA LA
PSICOLOGÍA CLÍNICA
2014
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DOLORES GARCIA OTERO
5 de marzo de 2014
DOLORES GARCIA OTERO
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MÚLTIPLES

YOES:

IMPLICACIONES

PARA LA

PSICOLOGÍA

CLÍNICA

LECTURA 4

PSICOLOGÍA CLÍNICA

1

5 de marzo de 2014

DOLORES GARCIA OTERO

1.-Introdución.

Los autores , partiendo del concepto del “yo” como unicidad o como un conjunto de “yoes” que ven las demás personas o a los que aspiramos, consideran que esta dualidad ha sido una constante en la historia de la psicología, manteniéndose ese doble acercamiento a la identidad que implica su carácter unitario y a la vez múltiple. En este capítulo pretenden presentar dicho debate y sugerir las posibles implicaciones clínicas que tiene la consideración del yo como algo múltiple y a la vez unitario.

2.-Múltiples yoes y ajuste psicológico.

Desde la Psicología social se afirma que el yo tiene diferentes componentes o identidades de rol que emergen de la propia interacción social. Según las diferentes posiciones que se van ocupando en los distintos sistemas de relaciones sociales en los que se interactúa (estudiante, madre, trabajadora), cada persona suscita en los otros una serie de expectativas de conducta (roles sociales). Las identidades de rol surgirá de la interiorización de estos roles sociales.

Las reglas y expectativas asociadas a cada rol, pueden ser muy diferentes o contradictorias, de tal manera que cuanto más identidades o “yoes” tenga una persona, mejor se adaptará a los diferentes requisitos que imponen los distintos roles sociales. En cambio, la unidad del yo, la ausencia de identidades diferentes, supondría cierta rigidez e inflexibilidad conductual que impedirían al individuo dar respuestas complejas a los estímulos sociales, entorpeciendo su adaptación a los múltiples y a menudo conflictivos requisitos de la vida social.

Desde esta perspectiva social, también se sustenta la relación directa entre multiplicidad de yoes y ajuste psicológico apelando a que una existencia con propósito, con significado, es un elemento crucial del bienestar psicológico. Según Sieber (1974) el número de identidades incidiría sobre el bienestar del sujeto en la medida en que múltiples identidades pueden producir “ego-satisfacción”, es decir, el sentimiento de ser apreciado o necesitado por distintos compañeros de “rol”.

Mientras que la P. social ha visto en la multiplicidad de yoes o acumulación de identidades un requisito fundamental para la adaptación, La Psicologia de la personalidad ha caminado históricamente en la línea contraria al afirmar que la multiplicidad de yoes, normalmente considerada como fragmentación del yo, es una fuente de malestar y desadaptación. La perspectiva clínica dentro de la personalidad ha favorecido la idea de la fragmentación como falta de un núcleo central o yo integrado.

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Afortunadamente, en los últimos años han ido apareciendo en la literatura una serie de modelos que, beneficiándose de acercamientos convergentes y fertilizaciones mutuas entre social y de la personalidad, ofrecen explicaciones más elaboradas sobre la asociación entre ajuste psicológico y multiplicidad de yoes. Sin embargo, como ocurría antes, estos modelos no entienden lo mismo por "múltiples yoes", sino que se centran en distintos aspectos del yo y en distintos tipos de relaciones entre tales aspectos del yo. Estas diferencias conceptuales se manifiestan en los distintos términos que emplean como, por ejemplo, auto complejidad y autodiscrepancias, echándose de menos alguna teoría del yo que integre estas diversas formas de ver su multiplicidad y unidad.

Coinciden en concebir el yo como las representaciones mentales que una persona tiene de sí misma, y en utilizar modelos y conceptos prestados de la Psicología cognitiva para entender cuál es el formato de esas representaciones en el sistema cognitivo, es decir, cómo se encuentra la información relevante del yo representada y almacenada en nuestra mente.

3-1.-El modelo de la autocomplejidad: múltiples yoes como amortiguadores del estrés

Linville (1985, 1987) ha formulado un modelo que relaciona la multiplicidad del yo o autocomplejidad con la variabilidad afectiva, y que consta de cuatro supuestos.

  • El primero asume que "el yo está representado cognitivamente en términos de múltiples aspectos". Estos aspectos dependen en parte del número de roles sociales que una persona tiene en su vida (por ejemplo, esposa, madre, abogada), pero también del tipo de relaciones interpersonales que establece (de colegas, de rivalidad, de apoyo, maternal), de las actividades que realiza (jugar el mus, nadar, escribir), o de rasgos de personalidad supraordenados (ambiciosa, creadora). Cada uno de esos aspectos del yo organiza un conjunto de proposiciones y características sobre uno mismo (rasgos de personalidad, características físicas, habilidades, preferencias, objetivos, recuerdos autobiográficos), de forma que los aspectos del yo difieren entre ellos en la medida en que engloban conjuntos distintos de características y proposiciones, una propuesta similar a la que hacia la hipótesis de la fragmentación. Por ejemplo, una escritora puede verse en su profesión como una persona sensible, atractiva, imaginativa, analítica, moderna, inteligente, y, en cambio, como madre, puede verse como una persona sencilla, sensible, moderna, afectuosa y ordenada, mientras que como jugadora de mus se ve astuta, arriesgada y tramposa. En este caso, escritora y madre comparten algunas características (sensible, moderna), y aunque difieren en muchas otras, serían en cierto modo aspectos interdependientes; por el contrario, jugadora de

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mus sería un aspecto totalmente independiente de los anteriores, ya que no compartiría ninguna característica con ellos. Teniendo en cuenta, pues, los diferentes aspectos del yo que una persona usa para organizar cognitivamente la información que tiene sobre sí misma y las características y proposiciones que esos aspectos engloban, Linville define la autocomplejidad en función de dos elementos: el número de aspectos del yo y el grado de diferenciación entre dichos aspectos.

  • La segunda suposición del modelo asume que existen diferencias individuales en el grado de autocomplejidad, de forma que aquellas personas altas en autocomplejidad organizan su conocimiento de sí mismas en términos de un mayor número de aspectos del yo y mantienen mayores distinciones entre ellos (lo que significa una menor redundancia de características) que aquellas personas bajas en autocomplejidad.
  • La tercera es que los aspectos del yo varían en el afecto asociado a ellos. Normalmente, las personas nos sentimos bien sobre algunos aspectos de nosotros mismos pero no sobre otros. Por ejemplo, una persona puede sentirse orgullosa de sí misma como madre, pero sentirse avergonzada de cómo es como jugadora de tenis, y, finalmente, en sus relaciones con sus amigas, sentirse triste por ser tan cotilla y a la vez sentirse contenta por ser tan generosa con ellas. Así, algunos aspectos del yo tienen asociadas emociones positivas, otros emociones negativas, pero la mayoría probablemente una mezcla de ambos tipos de emociones.
  • En un cuarto supuesto, Linville asume que el estado afectivo de una persona en un momento dado estará en función del afecto asociado con los diferentes aspectos del yo, teniendo más peso el afecto asociado con los aspectos del yo más importantes o relevantes. A partir de estas cuatro suposiciones, el modelo proporciona valiosas sugerencias de interés para la Psicología clínica.

3-2.-La hipótesis de la autocomplejidad y el extremismo afectivo

Curiosamente, al contrario que las hipótesis comentadas anteriormente, el modelo de la autocomplejidad no hace ninguna predicción sobre si existe o no alguna relación directa entre autocomplejidad y desajuste psicológico, sino que para Linville, la autocomplejidad moderaría el impacto de los acontecimientos positivos y negativos sobre el afecto y sería, por tanto, una variable moderadora que amortiguaría los efectos negativos o positivos derivados de la aparición de sucesos vitales.

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estar asociadas a otros aspectos de su yo podrían amortiguar el impacto de los acontecimientos y emociones negativas.

En definitiva, las personas altas en autocomplejidad se verían menos afectadas por los altibajos de la vida. Estas personas parecerían seguir la máxima, para lo bueno o lo malo, de "no poner toda la carne en el asador", o mejor dicho, de no ponerla en un único aspecto del yo. De esta forma, ante cualquier suceso vital, ya sea negativo o positivo, siempre habrá otros aspectos del yo que queden intactos y que atenúen sus consecuencias sobre el estado de ánimo, la autoestima o la salud. En palabras de Linville, "la alta autocomplejidad te protege en los malos tiempos pero también te mantiene los pies en el suelo en los buenos tiempos" (Linville, 1994, página 160). Por el contrario, para las personas bajas en autocomplejidad, una experiencia positiva o negativa en un dominio de su vida es probable que tenga un mayor impacto en su ajuste emocional o en su autoestima.

Varias líneas de investigación han aportado datos empíricos que confirman el modelo de la autocomplejidad.

3-3.- ¿Es siempre adaptativa la autocomplejidad?

El modelo únicamente se centra en el papel de la autocomplejidad cuando los niveles de estrés son altos. Sin embargo, dado que introduce como un elemento importante el nivel de estrés, parece lógico preguntarse cuál es el efecto de la autocomplejidad cuando las personas apenas están experimentando sucesos estresantes. En este caso, existen algunos datos para sugerir que la propuesta de la hipótesis de la fragmentación va por buen camino.

Linville (1987, descubrió que, cuando las personas experimentaban muy pocos acontecimientos estresantes, aquellos individuos con baja autocomplejidad mostraban menos síntomas físicos y psicológicos que los que tenían alta autocomplejidad. Aunque se puede acudir a los argumentos de la hipótesis de la fragmentación para explicar estos datos, nos gustaría introducir otra explicación que salvaguarda los supuestos del modelo de la autocomplejidad (Linville, 1987). Cabe la posibilidad de que en los anteriores estudios, las personas bajas en autocomplejidad manifestaran, en comparación a las altas en autocomplejidad, menos desajuste psicológico bajo niveles bajos de estrés, porque la alta autocomplejidad, per se, estuviera relacionada con ciertos tipos de acontecimientos estresantes que las medidas de sucesos vitales, utilizadas en dichos estudios, no pudieron recoger. El mantener múltiples aspectos del yo puede ser una fuente de estrés crónico de baja intensidad, ya que implica conflictos de roles o demandas múltiples de tiempo y atención.

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4.-La teoría de la autodiscrepancia: yoes actuales frente a yoes posibles

Aunque la teoría de Higgins (1987, 1989) también parte de la idea de que los conceptos o aspectos que uno tiene sobre sí mismo son múltiples, se distingue de las hipótesis y modelos anteriores en que tiene en cuenta no sólo lo que los individuos piensan que son actualmente (sus yoes actuales), sino también lo que piensan que podrían ser (sus yoes posibles), bien porque les gustaría ser de una determinada manera, bien porque creen que deberían ser así, o bien porque esperan ser de alguna otra forma en el futuro. Al introducir este parámetro temporal (actual/posible; presente/futuro) en la distinción entre aspectos del yo, Higgins adscribe significación motivacional al yo, estableciendo los posibles yoes como guías o criterios para alcanzar y asociando a las diferencias o discrepancias entre los yoes actuales y los posibles, distintas predisposiciones motivacionales y emocionales.

Entre todos los yoes actuales y posibles que una persona puede tener, Higgins considera que los más relevantes podrían agruparse en función de dos parámetros que denomina dominios del yo y puntos de vista del yo. En sus primeros trabajos, Higgins (1987; Higgins, Klein y Strauman, 1985) distingue tres tipos de dominios del yo:

Entre todos los yoes actuales y posibles que una persona puede tener, Higgins considera que los más relevantes podrían agruparse en función de dos parámetros que denomina dominios del yo y puntos de vista del yo. En sus primeros trabajos, Higgins (1987; Higgins, Klein y Strauman, 1985) distingue tres tipos de dominios del yo:

  1. El Yo Real o "Yo tal como soy". Es la representación que un sujeto tiene sobre los atributos o características que alguien (él mismo u otra persona) considera propias de él.
  2. El Yo Ideal o "Yo como me gustaría ser". Es la representación que un sujeto tiene de los atributos que alguien (Sí mismo u otra persona) cree que al propio sujeto le gustaría poseer y, por tanto, contiene información relativa a aspiraciones, metas, expectativas o deseos.
  3. El Yo que Debería o "Yo como debería ser". Es la representación que un sujeto tiene sobre las características que alguien (él mismo u otra persona) cree que el propio sujeto debería tener y, por tanto, contiene información relacionada con reglas, normas, obligaciones y deberes.

En un trabajo posterior, Higgins añade otros dos dominios del yo (Higgins, 1989).

  1. El Yo Potencial o "Yo como puedo ser". Es la representación que un sujeto tiene sobre los atributos que alguien (el mismo u otra persona) cree que el sujeto puede poseer y, por tanto, contiene información sobre las capacidades o el potencial del sujeto.

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  1. "Una autodiscrepancia es una estructura cognitiva que interrelaciona distintos aspectos del yo" (Higgins, 1989, pág. 97).
  2. "La probabilidad de que una autodiscrepancia produzca malestar psicológico depende de su nivel de accesibilidad" (Higgins, 1989, pág. 97), esto es, depende de que la autodiscrepancia se active o no. Por accesibilidad se entiende la facilidad con que una estructura cognitiva es usada o activada en el procesamiento de la información. La accesibilidad de una autodiscrepancia depende de los mismos factores que dependen la accesibilidad de las estructuras cognitivas en general: a) del tiempo que ha transcurrido desde que fue activada por última vez, b) de la frecuencia con que es activada, y c) de la relación entre su contenido y las propiedades de los estímulos que puedan activarla. Asimismo, como ocurre con las estructuras cognitivas, una autodiscrepancia puede tener efectos automáticamente y sin que el individuo tenga consciencia de ello.

Estas suposiciones conducen a la siguiente hipótesis general de la teoría de la autodiscrepancia: "cuanto mayor es la magnitud y la accesibilidad de un tipo en particular de autodiscrepancias que posea un individuo, más sufrirá el individuo la clase de malestar asociada con ese tipo de autodiscrepancia" (Higgiss, 1989, pág. 98).

4-2.- Discrepancias entre yoes

Un principio fundamental de la teoría de la autodiscrepancia es que el sujeto evalúa los atributos que posee, su autoconcepto, en relación con alguno de los criterios del yo. La coincidencia del autoconcepto con los criterios del yo, incluyendo aquí tanto los criterios relacionados con el punto de vista del propio sujeto, como los relacionados con el punto de vista de las personas significativas de su entorno, define una situación psicológica sin conflicto que, por lo tanto, debería dar lugar a consecuencias bien positivas, bien neutras. Los resultados del estudio de Moretti y Higgins (1990) señalan precisamente que los individuos que manifiestan una autoestima más alta son aquellos que muestran un emparejamiento entre su yo real/ propio y su yo ideal/propio en términos de una coincidencia en los atributos positivos que ambos yoes incluyen, es decir, aquellas personas que, por ejemplo, se ven simpáticas y cariñosas y que, justamente, les gustaría ser simpáticas y cariñosas. Es más, también cuando un individuo se ve a sí mismo como traicionero y mentiroso y, precisamente, define su ideal como ser una persona traicionera y mentirosa, es decir, incluso cuando el emparejamiento entre el yo real/propio y el yo ideal/propio es en términos de atributos negativos, la autoestima suele ser alta.

1. Discrepancias entre el autoconcepto y las guías del yo ¿Qué pasa cuando lo que uno piensa sobre sí mismo no corresponde con los deseos, metas o aspiraciones que uno tiene?, o ¿qué pasa cuando la forma en que uno se ve a sí mismo dista mucho de sus responsabilidades y obligaciones? Es decir, ¿qué pasa cuando

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una persona presenta una discrepancia entre su Yo Real y su Yo Ideal, o entre su Yo Real y su Yo que Debería?

Las discrepancias relacionadas con cómo una persona se ve y cómo le gustaría ser (yo real/propio vs. yo ideal/propio; yo real/propio vs. yo ideal/otro) representan, según Higgins, la ausencia de resultados positivos, ya que el individuo es incapaz de lograr bien sus propios deseos y aspiraciones, o bien aquellos que cree que los demás han puesto en el. Cuando dicha discrepancia se hace accesible, la gente experimenta tristeza, abatimiento y desánimo. Si el sujeto cree que sus deseos y esperanzas personales no se han cumplido (discrepancia yo real/propio vs. yo ideal/propio), además de los sentimientos anteriores, experimenta sentimientos de insatisfacción y decepción; si el sujeto cree que no ha cumplido los deseos y esperanzas que otros tenían en él (discrepancia yo real/ propio vs. yo ideal/otro), aparte de tristeza y desanimo, es vulnerable a experimentar vergüenza y consternación. En conclusión, las discrepancias entre el Yo Real y el Yo Ideal estarían relacionadas con síntomas depresivos.

Por otro lado, las discrepancias que se producen entre cómo una persona se ve y cómo cree que debería ser (yo real/propio versus yo que debería/propio; yo real/propio versus yo que debería/otro) representan la expectativa de presencia de resultados negativos, de castigos, por el hecho de haber violado los deberes o responsabilidades que uno se había impuesto o creía que otros le habían impuesto. Cuando tales discrepancias se hacen accesibles, la gente experimenta estados de agitación, nerviosismo y miedo, es decir, estados de ansiedad. En caso de que la persona crea que no ha cumplido una obligación personalmente aceptada (discrepancia yo real/propio versus yo que debería/propio), la teoría predice que tendrá además sentimientos de culpabilidad.

En resumen, las discrepancias entre el Yo Real y el Yo Ideal guardarían relación con la depresión, mientras que las discrepancias entre el Yo Real y el Yo que Debería lo harían con la ansiedad. Estas hipótesis han sido ampliamente constatadas por una abundante literatura empírica (Higgins, Bond, Klein y Strauman, 1986; Strauman y Higgins, 1987).

2. Discrepancias entre guías del yo Las discrepancias entre guías del yo representan situaciones en las que las personas experimentan aspiraciones, deseos, que se contraponen a su sentido del deber y a sus obligaciones. En estos casos se produce un conflicto de aproximaciónevitación (Van Hook y Higgins, 1988; Higgins et al., 1994).

Por ejemplo, supongamos una chica a la que idealmente le gustaría llegar a ser más asertiva (yo ideal/propio) mientras que piensa que su padre espera de ella que sea pasiva y se ajuste al tradicional papel femenino (yo ideal/otro). Esta chica estaría motivada a conseguir ambas guías, a que su yo real coincida tanto con su yo

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permite el desarrollo de uno de los ámbitos básicos de la Psi de la personalidad, la aplicación de sus teorías sobre el desarrollo y formación de la personalidad al tratamiento de desajustes psicológicos o trastornos afectivos, a través de la terapia cognitiva.

  • Los estudios empíricos derivados de “La teoría de la discrepancia de los yoes de Higgins” han considerado las repercusiones que la falta de correspondencia entre la forma en que uno se ve a sí mismo (Yo Real) y las guías del yo (Yo ideal, yo débito, yo potencial...) tiene sobre los estados emocionales, según los autores M.L. Sánchez y J. Sanz una mayor incongruencia entre el Yo Real y el Yo Ideal produciría síntomas depresivos, tales como desánimo, tristeza, e insatisfacción; estos conocimientos serán útiles, para el psicólogo clínico a la hora de planificar la terapia de sus pacientes depresivos o con ansiedad social, partiendo de la distancia de sus Yo Real y el Yo ideal, ya que a mayor distancia entre éstos se dará también una mayor intensidad de los síntomas depresivos.
  • La ansiedad, la depresión y la distancia de los yoes (real/ideal) influyen en otros aspectos de la personalidad como son la autoestima, la extroversión y la orientación a la actividad de las personas. La autoestima dependerá de la distancia que cada uno establezca entre su nivel de aspiración y el nivel de realización, cuanto mayor sea esta distancia mayor será el nivel de pensamientos depresivos de la persona. Estos pensamientos depresivos influyen negativamente tanto en el nivel de autoestima, la extraversión y la orientación a la actividad (disminuyéndola) como en la ansiedad y en el neuroticismo (aumentándolos).
  • Las personas que tienen una autoestima elevada son las que muestran un mayor nivel de congruencia entre el Yo Real y el Yo Ideal .La orientación a la actividad también está influida por las diferencias entre el Yo Real y el Ideal, a mayor congruencia mayor autoestima y a menor congruencia menor autoestima, el nivel de autoestima baja cuando la persona emite juicios despreciativos y negativos sobre su Yo Real tomando como referente comparativo valores de su Yo Ideal... El nivel de autoestima es un indicador del nivel de satisfacción y salud psicológica del individuo. La autoestima depende tanto de la aceptación y reconocimiento que le proporcionan las personas

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significativas en su vida (afectiva, laboral…) como de la aceptación de su Yo Real.

  • La orientación a la actividad también está influida por la distancia entre el Yo Real y el Yo Ideal, a mayor distancia entre ellos la persona estará menos motivada para la actividad. Sí se fija metas demasiado elevadas y no logra alcanzarlas, este desajuste entre los ideales y la realidad le creará unos niveles altos de ansiedad, que a su vez influirá negativamente en su nivel de actividad.
  • La salud psicológica consiste en una interacción correcta entre los distintos “yoes” en que cada persona consiste como tal.

Bibliografia:

Multiples yoes:implicaciones para la psicología clínica. M.L.Sánchez y J.Sanz en Avia, M.D. y M.L. Sánchez-Bernardos, M.LL. (Comps)(1995): Personalidad: aspectos cognitivos y sociales .Madrid: Pirámide.

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