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Asignatura: Introducción a la Lingüística, Profesor: Rosa Martín Gascueña, Carrera: Estudios Ingleses, Universidad: UCM
Tipo: Ejercicios
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http://www.youtube.com/watch?v=qJpZgIR_J9E
Te veo como un temblor en el agua. Te vas, te venís, y dejás anillos en mi imaginación. Cuando estoy con vos quisiera tener varios yo, invadir el aire que respirás, transformarme en un amor caliente para que me sudés y poder entrar y salir de vos. Acariciarte cerebralmente o meterme en tu corazón y explotar con cada uno de tus latidos. Sembrarte como un gran árbol en mi cuerpo y cuidar de tus hojas y tu tronco, darte mi sangre de savia y convertirme en tierra para vos. Siento un viento cosquilloso cuando estamos juntos, quisiera convertirme en risa, llena de gozo, retozar en playas de ternuras recién descubiertas, pero que siempre presentí, amarte, amarte hasta que todo se nos olvide y no sepamos quién es quién.
Un silbido insistente, insinuante, incisivo, como si en el aire quedaran los dientes delanteros vibrando. La noche, sin haber llovido, parecía mojada. Las ramas de bambú, balanceadas por el viento mocetón, barrían con escobas de rumor más suaves que plumeros, el silencio del monte, en las orillas de la población, hacia el camposanto. –Se me hizo que eras vos; tu silbido… –Y tardaste… –¡Qué bárbaro, si estás todavía con la boca húmeda de silbar; dame un besito y dejate de embromar! ¡Qué sabroso decirte «vos»; se me hace tan extraño tenerte que llamar «usté», ante los muchachos! –¿Me quiere, mi vida? –Mucho; pero qué es eso de me quiere, me querés; y a ver mi hocico… ¡sabroso!… otro… A mí se me hace que el amor de «tú» y de «usté» es menos amor que el amor de «vos», con chachaguate1 y todo, porque vos, ya me estás echando chachaguate; hacele, viejito, que para eso soy tu propiedad legítima… –… Y mal portada, eso es usté, mal portada… –Pero no me tratés de usté; se me hace tan extraño… –Habrá que irse acostumbrando y… ya suspiré, y es que estoy triste; duele que mientras uno anda ganándose el medio, la que es su cariño se dé la grande con otro baboso… –Corrieron a decírtelo… –No es que corrieron, es que yo lo presentía, por corazonada se saben las cosas, cuando está ausente uno.
- ¿Te acuerdas del compañero de liceo que tuvimos preso? –Claro que me acuerdo. ¿Cómo se llamaba? –Fui yo el que se dio cuenta que estaba entre los detenidos, aunque todavía no lo había visto personalmente. Tú sí y no lo reconociste. –Teníamos veinte años, compadre, y hacía por lo menos cinco que no veíamos al loco ese. Arturo creo que se llamaba. Él tampoco me reconoció a mí. –Sí, Arturo, a los quince años se fue a México y a los veinte volvió a Chile. –Qué mala cueva. –Qué buena cueva, caer justo en nuestra comisaría. –Bueno, ésa es una historia muy vieja, ahora todos vivimos en paz. –Cuando vi su nombre en la lista de los presos políticos, supe en el acto que se trataba de él. No existen muchos apellidos como el suyo. –Fíjate bien en lo que estái haciendo, si te parece cambiamos de asiento. –De inmediato me dije éste es nuestro viejo condiscípulo Arturo, el loco Arturo, el huevón que se fue a México a los quince años. –Bueno, creo que él también se alegró de que nosotros estuviéramos allí. –Cuando tú lo viste estaba incomunicado y lo alimentaban los otros presos. ¿Cómo se iba a alegrar? –La verdad es que se alegró. –Me parece que lo estoy viendo. –Pero si tú no estabas allí. –Pero tú me lo contaste. Le dijiste ¿tú eres Arturo Belano, de Los Ángeles, provincia de Bío-Bío? Y él contestó sí, señor, yo soy. –Lo que son las cosas, a mí ya se me había olvidado. –Y entonces tú le dijiste ¿no te acordái de mí, Arturo, ¿no sabís quién soy huevón? Y él miró como diciéndose ahora me torturan a mí o yo qué le he hecho a este tira conchaesumadre.