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Asignatura: Models d'orientació i intervenció psicopedagògica, Profesor: , Carrera: Psicopedagogia, Universidad: UOC
Tipo: Apuntes
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ÍNDICE
El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es una alteración neurobiológica que se ma- nifiesta en dificultades de autorregulación de la conducta en tres aspectos concretos: la capacidad para man- tener la atención, el control de la impulsividad y el grado de actividad (Artiles y Jiménez 2006). “Bajo el concepto de trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) se pretende agrupar un conjunto de disfunciones cognitivas que dan lugar a un agregado de conductas consensuadas por expertos como problema de atención y problema de hiperactividad-impulsividad. El TDAH, al igual que el resto de trastornos del neurodesarrollo, es un constructo consensuado que pretende delimitar un patrón cognitivo-conductual heterogéneo pero identificable, al que se le supone una identidad genética y neurofuncional. (Artigas-Pallarés 2011). La prevalencia en la población se estima entre un 5% y un 8% (estos datos varían sensiblemente en función de la metodología empleada en los estudios epidemiológicos) y no existen diferencias significativas entre diferentes lugares del mundo. La prevalencia es mayor en los niños que en las niñas. Las conductas se detectan con claridad a partir de los seis años, aunque en ocasiones antes de esa edad y tienen que ser observadas en todos los contextos en los que se mueve el niño: casa, escuela, lugares de ocio… y durante más de seis meses. Estas demostraciones conductuales repercuten negativamente en el desarrollo cognitivo, personal y social e interfieren de forma significativa en los aprendizajes escolares desde el primer momento, así como en la integración y el equilibrio socio-personal del individuo (Miranda, Amado y Jarque, 2001). Debido a esto el ámbito escolar es un entorno propicio para la manifestación de los síntomas asocia- dos al TDAH.
Con frecuencia el TDAH se presenta acompañado de otros trastornos comórbidos: trastornos del lenguaje, trastornos del aprendizaje, trastornos generalizados del desarrollo, trastorno negativista-desafiante, depre- sión y otros trastornos afectivos, trastornos de conducta. Las comorbilidad más frecuente es el trastorno negativista desafiante. Aunque no todos los niños con TDAH cumplen todos los criterios diagnósticos de trastorno de aprendi- zaje, la gran mayoría tendrá dificultades académicas que serán resultado de su distracción, impulsividad y comportamiento inquieto. Entre el 19-26% presentarán un trastorno de aprendizaje, es decir, que su rendi- miento en lectura, cálculo o expresión escrita será inferior al que se espera por edad, escolarización y nivel de inteligencia (Mena Pujol y otros, 2006).
· Limitaciones para inhibir las respuestas, para controlar los impulsos y para retrasar las gratificaciones. · Dificultad para ajustar el nivel de actividad a las exigencias de la tarea. · Los resultados escolares no se corresponden con su capacidad intelectual y su rendimiento es irregular. · Menor habilidad en el control de las emociones y en otras competencias interpersonales como la automoti- vación, la persistencia o la toma de decisiones. · Alteración en la focalización de la atención, su mantenimiento, la resistencia a la distracción y la ca- pacidad de estar alerta.
El tratamiento adecuado al trastorno debe ser multiprofesional , es decir, debe incluir tratamiento médico, educativo - psicopedagógico y psicológico. La intervención médica suele incluir tratamiento farmacológico. Conviene que el profesor conozca que el alumno está siguiendo un tratamiento ya que así se puede solicitar su colaboración en caso de ser necearia: observando y registrando si aparecen mejoras o no en el rendimiento académico, en el comportamiento y en las relaciones con sus compañeros. Esta colaboración es de gran utilidad para el médico a la hora de valorar la efectividad del tratamiento. La intervención psicopedagógica en el marco educativo es imprescindible debido a que es en el ámbito escolar donde los niños con TDAH van a encontrar su mayores dificultades, por su falta de atención y de control de impulsos, un mal seguimiento de las instrucciones escritas y orales, trabajos de peor calidad y dificultad para organizar y planear actividades que requieren varios pasos. Estas dificultades aumentan su vulnerabilidad hacia el fracaso escolar si no reciben el tratamiento educativo apropiado. Su objetivo es me- jorar las habilidades académicas del niño , prevenir y superar posibles dificultades de aprendizaje, mejorar la conducta ante las exigencias académicas, mejorar la motivación ante el estudio, mejorar su autoconcepto académico y fomentar la adquisición de hábitos de estudio. El tratamiento psicológico suele incidir en los aspectos conductuales y emocionales así como en el en- trenamiento familiar en el abordaje del trastorno. Proporciona información sobre el TDAH, estrategias de manejo de la conducta y de comunicación para mejorar las relaciones familiares y entrenana al niño para mejorar su propio autocontrol, en técnicas específicas de mejora de la atención y la reflexividad. El TDAH es uno de los trastornos más sensibles a la acción educativa del entorno, principalmente familia y escuela. Por ello, una detección temprana, un diagnóstico correcto y un buen manejo psicopedagógico, médico y familiar del TDAH favorecerán el buen pronóstico del niño afectado.
padres una nota de derivación para el pediatra ( Anexo 2 ). Es conveniente dar también a la familia una copia del cuestionario específico aplicado para la detección con la finalidad de agilizar el proceso diagnóstico. Si los servicios sanitarios solicitaran (a través de la familia) la cumplimentación de cuestionarios por parte del profesorado, será el tutor o el profesor que más horas pase con el alumno quien deba realizar esta tarea. Es preferible que estos cuestionarios los rellene un solo profesor.
4. Una vez que la familia haya recibido el diagnóstico se le pedirá que lo haga llegar al orientador para poder conocer las conclusiones del mismo, así como el tratamiento indicado. Solo así los docentes po- drán realizar una labor educativa eficaz. Se recabará su permiso para trasladar al profesorado la información necesaria para que puedan cumplir con su función educativa (se adjunta un modelo en el Anexo 3 ). Es nece- sario que el profesor/tutor y personal del centro que trabaja con el alumno sean especialmente diligentes con la información disponible y accedan solo a los datos estrictamente relevantes y necesarios para el desempeño de sus funciones. Esta información afecta a la intimidad del alumno y de su familia por lo que debe ser tra- tada como información sensible y confidencial (Ley Orgánica 15/1999 de Protección de Datos de Carácter Personal). 5. El orientador completará la evaluación psicopedagógica del alumno con aquellos datos que con- sidere necesarios y que todavía no haya explorado: inteligencia general, atención, estilo de aprendizaje, fun- cionamiento ejecutivo, dificultades de aprendizaje, nivel de competencia curricular, problemas de conducta. Cada orientador elegirá aquellas pruebas y cuestionarios que mejor se adapten a las características del alum- no y de su momento evolutivo. En el Anexo 4 se presenta un listado orientativo de recursos relacionados con el diagnóstico del TDAH. 6. El proceso debe completarse con la elaboración de un Informe Psicopedagógico , que incluirá como mínimo los siguientes elementos: datos personales, datos de la evaluación psicopedagógica con las técnicas empleadas y los resultados obtenidos, necesidades específicas de apoyo educativo con indicación del diagnóstico clínico y orientaciones para la propuesta curricular. Este informe puede incluir otros datos como historia educativa, nivel de competencia curricular, estilo de aprendizaje, influencia del medio social o familiar u otros, a criterio del orientador ( Anexo 5 ). 7. Se trasladará a la familia toda la información relativa a la evaluación psicopedagógica y se darán orientaciones para el tratamiento de las dificultades en el ámbito familiar. Es importante que la comunicación entre los profesores y la familia sea fluida y que exista coordinación en las actuaciones en los dos ámbitos. 8. El orientador junto con el tutor y el resto del equipo docente establecerán las medidas curriculares y metodológicas necesarias para la atención educativa del alumno. Así mismo se establecerán los mecanis- mos de coordinación entre los distintos profesionales educativos para que las actuaciones con el alumno se desarrollen de forma coherente y sistemática.
Puede darse el caso de que el alumno haya recibido un diagnóstico clínico de TDAH pero no presente difi- cultades educativas ni necesidades específicas en este ámbito. En este caso la evaluación psicopedagógica, la adopción de medidas específicas y la consideración de alumno con necesidad específica de apoyo educativo estará supeditada a su evolución escolar. En todo caso se recomienda por parte del orientador un segui- miento periódico de su evolución escolar y mantener contacto con el tutor y la familia, así como emprender acciones preventivas si fuera necesario.
Dentro del aula es necesario introducir adaptaciones ambientales y metodológicas que puedan beneficiar tanto al alumno con TDAH como al resto del grupo. Se presentan a continuación una serie de pautas y es- trategias que pueden servir al profesorado de guía de actuación y que cada profesor debe adaptar a su grupo y a las edades de sus alumnos.
tinua, cerca del profesor y lejos de distracciones. Elegir para él compañeros que le puedan ayudar a realizar tareas, tomar anotaciones y que no le distraigan.
el objetivo de que el alumno sepa lo que tiene que hacer en cada momento y se sienta seguro en el aula. Es bueno utilizar material visual para recordar al alumno en qué momento del trabajo de clase nos encontra- mos.
claro. Supervisar los ejercicios a medida que los acaba y asegurarse de que conoce las tareas que tiene que realizar. Se aconseja utilizar refuerzos y apoyos visuales en la instrucción oral y variar los ejercicios. No so- brecargar de tareas para casa al alumno, seleccionar bien aquellas actividades que se consideren más impor- tantes.
frecuencia y dar las instrucciones de una en una. Advertir individualmente al alumno de los cambios de actividad. Resaltar la información importante aumentando el tono de voz, utilizando colores o tamaños de la escritura, etc. Se incluirán actividades que puedan resultar más motivadoras y se utilizará el refuerzo in- mediato de los progresos del alumno. Negociar con el alumno los periodos de atención individual y grupal, segmentando aquellas tareas más largas o difíciles.
dificultades, ya que su capacidad está limitada por la cantidad de información que puede retener simultánea- mente y el tiempo que puede ser mantenida. El profesor será consciente de que las explicaciones con cierto grado de complejidad demandan, por lo general, una mayor participación de la memoria de trabajo (Artiles y Jiménez, (2006). Para compensar esta carencia conviene que el profesorado, cuando explique en presencia de un alumno con TDAH, tenga en cuenta lo siguiente (Miranda, Amado, Jarque, 2001): · utilizar frases cortas, claras con construcciones sintácticas sencillas; · focalizar la atención en los conceptos “claves” proporcionando al estudiante un listado antes de
comenzar la explicación; · presentar la idea principal explícitamente al principio de la explicación; · utilizar estrategias de categorización y de formación de imágenes mentales de los conceptos; · proporcionar al alumno un sistema de tutoría por parte de un compañero que le ayude a revisar los puntos fundamentales de la explicación. El docente se asegurará de que el alumno entiende lo expuesto y de que ha copiado lo que el profesor ha señalado. Así mismo se recordarán las tareas pendientes de entregar según se vaya aproximando la fecha. Es conveniente dejarlo por escrito en un lugar de la clase visible para el alumno. A medida que el alumno alcanza niveles de educación secundaria es importante el trabajo individual en técnicas de estudio. Esta tarea puede ser compartida por los profesores de las distintas materias.
ponder por el alumno, de forma oral, escrita o valiéndose de las nuevas tecnologías. Se aconseja dividir los exámenes o pruebas escritas en dos sesiones al menos, siendo flexibles en su duración. Es mejor realizar dos pruebas cortas en días sucesivos que efectuar una larga en un solo día. El texto de los exámenes se le presen- tará escrito y resaltando las partes más importantes de cada cuestión. Las preguntas serán breves y cerradas. Conviene ir indicando al alumno que controle el tiempo y vaya repasando lo realizado.
de ayudar al alumno a llevar al día sus tareas como el de servir de canal de comunicación con la familia. Es necesaria la supervisión tanto del profesor como de los padres para que el alumno aprenda a usar la agenda. El profesor dedicará un tiempo cada día para que el alumno anote las tareas en la agenda. Es importante que el alumno y los padres tengan acceso a las fechas de exámenes con suficiente antelación, el contenido que se debe preparar, las fechas previstas para la entrega de trabajos, los libros que deben leer, etc. para planificar los tiempos de estudio y la supervisión familiar. Asegurarse de que llevan a casa el material necesario para realizar las tareas. La agenda se puede convertir en un espacio idóneo para reforzar y elogiar el buen com- portamiento del niño, evitando su uso como intercambio de críticas y aspectos negativos de la conducta o el rendimiento del niño. Cuando haya que comunicar a los padres aspectos negativos de la conducta o del rendimiento es preferible escribir: “necesito hablar con ustedes” o “solicitar cita”, y en vez de escribir “hoy tampoco ha hecho los deberes”, escribir “tiene pendiente los deberes de lengua del martes y el miércoles”. Tener en cuenta que la agenda es del alumno y tiene acceso a todo lo que se escribe por ambas partes.
y disminuir los comportamientos inadecuados. Cada vez que se produce una consecuencia positiva a una conducta se aumenta la probabilidad de que se incremente dicha conducta. Son criterios generales de manejo de la conducta: utilizar el refuerzo positivo de comportamientos adecuados o sus aproximaciones; evitar las recriminaciones verbales; ignorar los comportamientos de levantarse, removerse en el asiento; utilizar tablas
Una positiva evolución académica del alumno dependerá no solo de la actuación del profesorado sino también del apoyo de su propia familia. La relación que se establezca entre ambos agentes puede ser determi- nante. Se hace necesario tener citas regulares con la familia para el intercambio de información tanto del com- portamiento del alumno en casa, como en el centro educativo. El contenido de las entrevistas incluirá el comentario de las dificultades encontradas y de los progresos en el plano académico, social y emocional, poniendo cuidado en no resaltar únicamente los aspectos negativos. Se intentará trabajar de forma conjunta, con intervenciones comunes y objetivos concretos y planificados que se revisarán periódicamente. Si el mensaje que se trasmite a la familia es positivo, centrado en las posibilidades de progreso y en los objetivos más que en las dificultades, se facilita una actitud de trabajo en común.
Resulta imposible resumir en este documento el conjunto de actuaciones que las familias pueden llevar a cabo para mejorar el rendimiento académico, la conducta, el desarrollo emocional y las relaciones sociales de su hijo. Solamente señalaremos algunas indicaciones de forma esquemática que mejoren la coordinación entre la familia y el centro para el logro de objetivos comunes. Se ofrecen en la bibliografía referencias útiles para recomendar a los padres para que mejoren su competencia en el tratamiento del trastorno en el ámbito familiar.
de forma conjunta las estrategias educativas diseñadas para el alumno.
objetivos conjuntos y revisarlos periódicamente. Centrarse en los aspectos comunes y en los acuerdos y no en las desavenencias.
comunicaciones puntuales con el profesor evitando comentarios que evidencien desacuerdos entre familia y escuela.
la eficacia de las mismas.
cortas y concretas, paso a paso y asegurar que la han comprendido.
hacer en un ámbito, lo puede conseguir en el otro.
tarle por ello.
adecuados y cuáles no. Ayudarle a pensar en voz alta sobre los acontecimientos de su vida, sus emociones, sus planes.
es decir, las estrategias y las normas deben ser siempre las mismas al igual que las consecuencias.
aplicación. Actuar de forma inmediata.
bemos ayudarle a afrontar sus dificultades con realismo y espíritu de superación. Necesitan ayuda para com- prender sus emociones y controlarlas. Es importante ayudarle a distinguirlas y hablar de ellas. Los fracasos continuos pueden afectar a su autoestima, por lo que conviene proporcionarle actividades en las que pueda obtener éxito y disfrute.
tividades de juego y de grupo adecuadas a cada edad, con supervisión si fuera necesario, para facilitar las relaciones sociales.
dos al TDAH que se aconseja que las familias conozcan y utilicen: técnicas de modificación de conducta, entrenamiento en autoinstrucciones, técnicas de relajación. La familia no debe dudar en acudir a los profesionales del centro educativo para recibir orienta- ción y asesoramiento sobre las pautas educativas más apropiadas para el entorno familiar.
Artigas-Pallarés, J. y Narbona J. (2011). Trastornos del Neurodesarrollo. Barcelona: Viguera. Artiles Hérnandez C. y Jiménez González J.E.(2006). Escolares con Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH). Orientaciones para el profesorado. Canarias: Consejería de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias.(Disponible en www.gobiernodecanarias.org/educacion). Barkley, A.R. (2002). Niños hiperactivos. Cómo comprender y atender sus necesidades especiales. Barce- lona: Paidós. Fundación CADAH (Fundación Cantabria ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad). TDAH en el aula. Guía para docentes. Santander. (Disponible en www.fundacioncadah.org). Garrido-Landívar, E. (2010). Trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Manual de protocolos clínicos para el diagnóstico y seguimiento del TDAH. Madrid: Cepe. Miranda, A., Amado, L y Jarque, S. (2001). Trastornos por déficit de atención con hiperactividad: Una guía práctica. Málaga: Aljibe. Mena, B., Nicolau R., Salat L.,Tort P., Romero B. (2006). Guía práctica para educadores, el alumno con TDAH. Fundación Adana, Barcelona. Mayo S.A. (Disponible en www.f-adana.org). Orjales Villar, I. (1998). Déficit de atención con hiperactividad. Manual para padres y educadores. Ma- drid: Cepe. Still, Asociación Balear de padres de niños con TDAH. Guía práctica con recomendaciones de actuación para los centros educativos en los casos de alumnos con TDAH. Palma de Mallorca. Gobierno de Baleares. (Disponible en www.still-tdah.com).