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Asignatura: psicología social, Profesor: , Carrera: Antropología Social y Cultural, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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El ello, superyó y el yo son los tres elementos de la mente humana definidos por Sigmund Freud, nuestra personalidad se compone de estos tres elementos.
No se pueden explicar los conceptos del yo y el superyo sin antes citar el concepto del ello. El ello es considerado la instancia más antigua de la personalidad y la base del yo y el superyo. Es la parte mas profunda, primitiva e innata de la personalidad. Se presenta de forma pura en nuestro inconsciente y está presente desde nuestro nacimiento. En el destacan los instintos, impulsos, deseos, y experiencias traumáticas.
Su actividad se rige por el principio de placer y en el dominan los procesos primarios e impulsos tan básicos como la tendencia natural a satisfacer el hambre, la sed o la sexualidad, a las que Freud denomina como pulsiones de la vida. Es un proceso inconsciente y un enlace entre lo somático corporal y lo mental.
Por otro lado esta el superyo, este incorpora las normas morales y los valores de la sociedad en la que vivimos, que aprendemos especialmente de nuestros padres, pero también de las personas que nos rodean, como amigos, profesores o familiares. Freud relacionó que el superyo se desarrolla en torno a los 4-5 años. Contrarresta al ello, representando los pensamientos morales y éticos recibidos de la cultura y controlando sus impulsos, especialmente los que no están aceptados por la sociedad en la que vivimos, como los instintos agresivos o sexuales.
Divide el superyó en dos subsistemas: la conciencia moral y la idea del yo. La conciencia moral contiene información acerca de las cosas o comportamientos inaceptables exigidos por nuestros padres o por la sociedad. Comportamientos prohibidos que puede conducir a la pena o al sentimiento de culpa. También es la capacidad para tener autoevaluación, crítica o reproche. El ideal del yo es el retrato imaginario que nos muestra como debemos ser para respetar las reglas de la sociedad en la que vivimos. Es decir, es una autoimagen ideal que consta de conductas aprobadas y recompensadas.
El yo, por último, tiene como fin cumplir de manera realista los deseos y demandas del Ello y a la vez conciliarse con las exigencias del Superyo. Es el responsable de la relación con la realidad y desarrolla varios mecanismos de defensa para hacer frente a la ansiedad y las tensiones. Es impulsado por el principio de la realidad, este trata de satisfacer los impulsos del ello de una manera aceptable. Compara los perjuicios y beneficios que conlleva una acción y posteriormente decide actuar o abandonar dicha acción. El yo es el mediador entre los deseos poco realistas del ello y el mundo externo, el mundo real.
mecanismo de defensa mediante el cual el sujeto atribuye a otras personas los propios motivos, deseos, afectos o pulsiones por que le resultan inaceptables en sí mismo. El individuo proyecta estos pensamientos, sentimientos o ideas porque no terminan de aceptarlos como propios ya que generan angustia o ansiedad. Así pues, durante una proyección el individuo coloca en algo o alguien lo que le es propio, atribuyéndolo totalmente a este objeto externo. Cabe destacar algunos ejemplos de proyección: Proyección afectiva , decimos que alguien nos profiere una opinión o un sentimiento cuando es al contario (Cada vez que me cruzo con María, me mira mal); proyección de una necesidad es cuando atribuimos a otra persona una necesidad que realmente es nuestra (Mamá come que tendrás hambre); la proyección emocional se da cuando atribuimos a alguien o a algo nuestro estado de ánimo (La casa está tan sola); y por último la proyección de rasgos propios , cuando definimos o criticamos a alguien con nuestros propios rasgos o carácter.
También destaca el concepto de represión. Definido como el mecanismo de defensa más importante del psicoanálisis. Define el proceso psíquico mediante un sujeto rechaza una serie de recuerdos o deseos y los mantiene en su inconsciente, ya que los considera inaceptables y no se integran en su personalidad. Según la teoría de Freud estos contenidos se ligan a una pulsión, por lo que no son destruidos ni olvidados, si no que mantienen su esencia en el inconsciente. La eficacia de este mecanismo es tal que el sujeto puede llegar a no recordar ni lo que ha olvidado ni el proceso por el que lo ha reprimido.
Por otro lado está el concepto de desplazamiento, mecanismo de defensa muy utilizado, se traslada un sentimiento de odio o afecto desde un lugar de origen a un sustituto que sea capaz de recibirlo, es decir, se redirecciona el sentimiento. Esto sucede debido a que, si a la persona a la que iba destinado ese sentimiento o impulso no es receptiva o no acepta este sentimiento, como mecanismo de defensa lo desvías hacia otra persona u objeto. Por ejemplo, si una persona odia a su padre, desplazará este odio contra todos los hombres en general.
Freud utilizó el concepto de transferencia para referirse a una vinculación de afecto surgida entre un paciente y su analista. Esta vinculación aparece cuando el paciente inconscientemente proyecta ciertos afectos o emociones sobre la figura de su terapeuta. Relacionado con este concepto destaca el de sublimación, se encuentran ligados ya que el hombre exterioriza estos dos conceptos y por lo tanto se logra su aceptación y no suponen ningún problema para el hombre.
El concepto de sublimación se trata de la transformación de un impulso inaceptable en una forma aceptable o incluso productiva. Es decir, alguien que tenga impulsos relacionados con el sexo, la rabia, o cualquier otro puede enfocar esos impulsos en algo productivo. Como alguien que tenga una conducta hostil o agresiva puede canalizar esa ansiedad haciendo actividades como la caza, jugar al fútbol o correr.
Podemos definir el conductismo como una corriente de pensamiento científico, se basa en el estudio de la conducta objetiva (todo lo que se puede medir, cuantificar u observar). Esta corriente intenta explicar cuales son los mecanismos del hombre en cuanto a la medida en que va adquiriendo más conocimento. Estudia la conducta del ser humano y busca predecir o manipular esta conducta a partir de la situación o la respuesta.
A lo largo de los años se han realizado muchas teorías a cerca del conductismo, pero en general todas comparten los mismos elementos: El objeto de estudio es la conducta, el método de estudio es empírico, la conducta está sustentada por tres bases: la situación, la respuesta y el organismo y por último, se concibe la psicología como una ciencia aplicada, cuyo fin es la modificación de la conducta a partir de predicción.
Como contracara del conductismo destaca el Psicoanálisis, teoría propuesta por Sigmund Freud que nace a finales del siglo XIX, es la contracara del conductismo porque estudia todos los significados internos del hombre y también su conducta objetiva, lo consciente.
En esta corriente Freud dice que nuestra vida mental, la que el llama aparato psíquico, se compone de aspectos conscientes e inconscientes. Siendo el consciente un estado fugaz de la mente, el subconsciente contiene aspectos que pueden convertirse en conscientes fácilmente, y por último el inconsciente es la parte no consciente que solo puede llegar a ser consciente con grandes esfuerzos por parte del sujeto en cuanto al trabajo de la terapia que realizaba Freud.
En el inconsciente se encuentran los instintos, pensamientos o deseos que el sujeto reprime por considerarlos inaceptables debido a sus propias valoraciones
El complejo de Edipo se enmarca dentro del psicoanálisis de Freud. Se
refiere a la inclinación del niño hacia la madre, y la hostilidad y celos que
tiene hacia el padre, es decir, un complejo de emociones y sentimientos
infantiles caracterizados por la presencia simultánea de deseos amorosos
y hostiles hacia los progenitores. Es la representación inconsciente a
través de la que se expresa el deseo sexual o amoroso del niño y es
fundamental, según Freud, para la aparición de inclinaciones eróticas del
niño hacia el sexo opuesto. Hay que superar este complejo para conseguir
ser una persona racional con una sexualidad normal.
Freud distingue en el desarrollo psicosexual de los niños tres etapas
principales: la oral, la anal y la fálica. Esto se desarrolla en torno a los tres
y seis años, llega a su punto culminante en la fase fálica.
De acuerdo con la teoría freudiana, el complejo se revive en la pubertad y
esta reaparición declinaría a su vez con la elección de objeto, que abre
paso a la sexualidad adulta.