





Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Asignatura: Adolescencia, madurez y senectud, Profesor: ,,, ,,,, Carrera: Psicologia, Universidad: UB
Tipo: Resúmenes
1 / 9
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!






Psicología del desarrollo de la edad adulta Teorías y contextos (universidad complutense de Madrid)
RESUMEN
El presente artículo ofrece una visión actualizada sobre los aspectos centrales de la psicología del desarrollo de la edad adulta. A pesar de que el foco de atención se centraliza en la edad, se presenta, una perspectiva del ciclo vital, el desarrollo y las fases típicas de los cambios o de la estabilidad. El interés se centra en los recursos, sus metas relacionadas con las exigencias específicas de la edad, sus contextos evolutivos, así como los correspondientes procesos para alcanzar tales metas. Para esto, se exponen las limitaciones definitorias de la psicología del desarrollo. Finalmente, se habla del transcurso característico de las competencias, dependiendo de la edad.
La psicología del desarrollo se ocupa de todos los cambios del pensamiento, vivencias y conductas durante todo el ciclo vital de la persona. Los procesos de cambio ofrecen características distintas en unas y otras edades, aunque pueden existir causas comunes. El desarrollo en la edad adulta se ve marcado por acontecimientos típicos, propios de la edad: la jubilación, enfermedades crónicas, nuevos roles, como el de abuelos, pérdidas familiares o la proximidad de la muerte.
En la persona coinciden el cambio y la estabilidad, dado que los cambios de las diversas competencias personales transcurren a distintas velocidades y en su interacción producen cierta estabilidad (cambios duraderos), por ejemplo, en la autonomía de la persona o en su bienestar (Martin y Kliegel, 2004). El desarrollo adulto puede manifestarse multidireccionalmente, es decir, en algunas competencias de manera estable y en otras aumentando o disminuyendo. El estudio de Berlín de Mayer y Baltes (BASE, 1996) analiza el transcurso de los recursos cognitivos, emocionales, mentales, corporales y sociales a los 70 años. Schaie (1996), a su vez, dirige desde 1956, con un mismo propósito, el Seattle Longitudinal Study (SLS) sobre la interacción de los cambios en el rendimiento intelectual y los estilos conductuales en la edad adulta. Se intenta buscar y definir propiedades comunes en grupos de la misma edad. Ante todo, se suelen estudiar los aspectos funcionales del bienestar. El concepto del envejecimiento normal se orienta por la norma típica, como puede ser el envejecimiento sin enfermedades crónicas, que sería lo contrario del envejecimiento patológico. El envejecimiento exitoso ocurre cuando las personas sienten satisfacción por poder adaptarse a las situaciones cambiantes de su vida. Esta definición se aplica también a la relación entre un cierto grado de salud objetiva y la satisfacción subjetiva del adulto con la vida que lleva. El término "envejecimiento exitoso" es demasiado impreciso, porque definir el "éxito" está dependiendo de una situación individual concreta, de unas metas deseadas o de una circunstancia personal. Esta definición puede ser, además, mal interpretada, aún contando con criterios objetivos, como las expectativas de vida que la persona adulta no siempre experimenta de manera positiva (Lindenberger, 2002).
Las preguntas clave son si se dan verdaderos cambios con el aumento de edad, qué magnitud encierran estos, en qué ámbitos pueden observarse y si se manifiestan relacionados entre sí. Además, habría que investigar cómo se producen. Dado que los cambios suceden de manera distinta en las diversas competencias, conviene hablar de una multidimensionalidad y una multidireccionalidad. También es necesario describir los cambios, según las características de cada persona o cada grupo. El influjo de la experiencia y del propio historial componen una serie de variables decisivas. Las diferencias de cambio entre las personas (interindividuales) y dentro de la misma persona (intraindividuales) conforman, por tanto, la base de la gran variabilidad dentro del grupo.
2.1. TEORÍAS DE CRISIS NORMATIVA
El trasfondo de las teorías de las que hablaremos de momento se centra en la teoría ya clásica de Havighurst (1948/1972). La concepción de Havighurst se extiende a lo largo de toda la vida y formula para cada fase vital unas tareas características de desarrollo. Estas nacen del juego entre el desarrollo biológico, el contexto históricosocial, la personalidad de cada uno y las metas individuales. Para la fase de la edad adulta establece unas tareas típicas del proceso de envejecimiento, de las correspondientes pérdidas y de la proximidad del fallecimiento. La tarea general será la adaptación a un cuerpo que se deteriora, y las pérdidas, deben compensarse con mejores contactos sociales (hijos, amigos…). Otra adaptación esencial, se refiere a la jubilación y su consecuente descenso de recursos económicos.
Los procesos que pueden iniciarse para alcanzar las metas pueden ser la ampliación de las actividades de ocio o el ajuste de las disposiciones financieras. El contexto histórico-social obliga a la tarea de adaptarse a los cambios de edad y de reafirmarse en la pertenencia al grupo de personas mayores. Todo ello debe acompañarse de una gran flexibilidad en los cambios de roles. Esto se consigue potenciando los roles familiares, por ejemplo, el rol de abuelos. Otra concepción que tematiza directamente el desarrollo de la edad adulta es la de Peck (1959, 1968), que establece cuatro etapas para la adultez y tres para la senectud. Propone cuatro problemas o conflictos del desarrollo adulto:
— Aprecio de la sabiduría frente al aprecio de la fuerza física. Se deterioran la resistencia y la salud, y las personas deben canalizar gran parte de su energía hacia las actividades mentales. — Socialización frente a sexualización. Es otro ajuste impuesto por las restricciones sociales y por los cambios biológicos. Los cambios físicos pueden obligar a redefinir las relaciones con miembros de ambos sexos dejando de la lado la intimidad sexual o la competitividad. — Flexibilidad emotiva frente a empobrecimiento emotivo. Esta es el origen de varios ajustes que se hacen en la madurez, cuando las familias se separan, cuando los amigos se marchan y los antiguos intereses dejan de ser el centro de la vida. — Flexibilidad frente a rigidez mental. El individuo debe luchar contra la tendencia a obstinarse en sus hábitos o a desconfiar de las nuevas ideas. La rigidez mental es la tendencia a dejarse dominar por las experiencias y los juicios anteriores.
Como en las etapas de Erikson, ninguno de los conflictos de Peck se restringe a la madurez ni a la vejez. Las decisiones tomadas en los primeros años de vida sientan las bases de las soluciones futuras y las personas maduras comienzan ya a resolver los desafíos que se les presentarán en la senectud. Peck, por otra parte, fija tres tareas principales para el envejecimiento:
— 1) Transcendencia corporal frente a preocupación por el cuerpo → centrar las metas vitales en el
rendimiento mental y espiritual, y en las relaciones sociales. (riesgo de enfermedad)
— 2) Diferenciación del ego frente a preocupación por el trabajo. Al llegar la jubilación la persona mayor debe valorarse a sí misma, a través de actividades independientes.
— 3) Transcendencia del ego frente a preocupación por el ego. El temor a la propia muerte debe verse sobreseído por las aportaciones personales a cualquier nivel (hijos, cultura…)
Las tareas de desarrollo no sólo indican las metas que la persona debe perseguir, sino también aquellas que debe pasar por alto. Mientras que las metas "adaptadas" a la edad se ven reforzadas y apoyadas socialmente, las metas "inadecuadas" quedan rechazadas. Loevinger (1976), atendiendo a la noción psicoanalítica del yo y a las tesis morales de Kohlberg, elabora otra teoría que puede ser considerada como una profundización teórica y empírica de los postulados de Erikson. Considera al "yo" como el integrador del desarrollo personal. En su teoría describe el desarrollo como un escenario de siete etapas que transcurren desde lo presocial (infancia) a lo integrado (madurez), pasando por la
hasta la muerte. En ella se considera que la variabilidad interindividual de los sucesivos cambios adquiere un mayor significado normativo con la edad.
Tres tesis caracterizan esta concepción (Thomae, 1979):
—1. En cada etapa de la vida pueden observarse cambios psíquicos —2. Al mismo tiempo, en cada etapa aparece una constante de la conducta y la experiencia. —3. La variabilidad interindividual en la conducta y la experiencia queda demostrada en cada una de las etapas vitales.
En una posterior ampliación, Baltes propuso siete principiosde desarrollo, de los que sólo mencionaremos los cuatro más importantes (Baltes, Lindenberger y Staudinger, 1998):
— 1. El desarrollo continuado a lo largo de toda la vida. Es un proceso sin fin, en el que no existen momentos o espacios prioritarios. Siempre pueden ocurrir procesos continuos acumulativos o procesos discontinuos innovativos. Todos los campos son igual de importantes teniendo siempre en cuenta las características, metas o exigencias particulares de cada edad. — 2. El desarrollo de todo el ciclo vital está caracterizado por una multidireccionalidad y una multidimensionalidad inter e intraindividuales. La multidimensionalidad indica que el desarrollo no corre de forma paralela, sino diferencial, entre los distintos ámbitos de las conductas o recursos y también dentro de esos mismos ámbitos. La multidireccionalidad indica que el desarrollo puede ir en direcciones cualitativamente distintas (p.ej.: en la pérdida o estabilidad de los recursos). Baltes, en oposición al concepto de desarrollo de Piaget, propone que pueden darse tales recursos, por ejemplo, en las competencias relativas a la adquisición de la experiencia y sabiduría. — 3. El desarrollo vital es un doble juego entre pérdidas y ganancias. Mientras que al principio predominan las ganancias, estas van cediendo con el paso del tiempo en campos concretos. Pero siempre, aún en edades superiores, pueden constatarse nuevos recursos, aunque no sean muy numerosos. — 4. Un concepto básico es la plasticidad, que define la adaptabilidad intraindividual en los aspectos psicosociales. En estudios sobre el training con el método "Testing the Límits", en el que se entrena a las personas en el rendimiento de la memoria, hasta que ya no muestran nuevas mejoras, se comprueba que todavía puede alcanzarse una alta capacidad de mejora en personas mayores. Se distinguen tres tipos de plasticidad: el rendimiento de partida (el nivel adquirido sin entrenamiento alguno), la reserva de capacidad de inicio (el límite superior de los resortes disponibles activados) y la reserva de capacidad de desarrollo (el nivel de rendimiento que puede adquirirse en el training y la intervención)
2.2. TEORÍAS SOBRE EL ENVEJECIMIENTO EXITOSO
En contraposición a las teorías puramente descriptivas (déficits del desarrollo), pueden estudiarse las teorías sobre el envejecimiento exitoso (p. ej.: Havighurst y Taba, 1963). Estas teorías intentan describir los caminos que se deben seguir cumplir con las exigencias de su edad y llegar a un alto grado de satisfacción. La satisfacción vital se convierte así en el constructo psicológico central (Baltes, 1990).
Havighurst, Neugarten y Tobin (1964) afirman que el envejecimiento óptimo va unido a un estilo de vida activo continuado. Se deben prolongar todo lo posible las actividades acostumbradas y buscar nuevas alternativas para aquellas que deban interrumpir por la edad. El postulado básico sería: la madurez y la vejez llevan psicosocialmente a una lenta retirada (Disengagement) de la persona mayor. El motor de esa retirada puede ser la propia persona, pero también su entorno. El posible desequilibrio puede salvarse por un nuevo cambio en las relaciones y en el entorno. Con frecuencia, la sociedad valora positivamente este proceso, considerándolo como un hecho biológico natural.
Baltes y Baltes (1989: este modelo de la optimización con compensación lo constituye el concepto del ciclo vital con sus ganancias, estabilidad y pérdidas en la edad madura. Vejez y éxito no son contradictorios. La
persona mayor obtiene también la posibilidad de construir activamente su vida y regularla. Las capacidades descienden pero la persona mayor dispone de unas reservas y recursos que pueden ser movilizados. Existen estrategias, ejercicios y aprendizajes muy valiosos siempre sometidos a las limitaciones de la edad. Se puede conseguir un nivel funcional estable, una autoimagen positiva y un estado satisfactorio, por medio de tres procesos de adaptación fundamentales: la selección, la optimización y la compensación. En concreto, Baltes y sus colaboradores (Marsiske, Lang, Baltes y Baltes, 1995) definen la selección como la reformulación de las metas de desarrollo y el establecimiento de preferencias. Tiene dos subformas:
La optimización se entiende como la adquisición o el perfeccionamiento de medios, recursos y conductas que ayudan a conseguir las metas. Con ello se procura movilizar, sobre todo, recursos, capacidades y habilidades que han permanecido latentes en el repertorio conductual. El resultado final de la interacción de estos tres procesos es un sistema de vida satisfactorio, exitoso y activado, a pesar de las limitaciones que impone la misma la edad.
2.3 TEORÍAS PARCIALES O ESPECÍFICAS
Las teorías limitadas a un campo específico suelen aparecer mejor formuladas e investigadas. Se circunscriben a un campo parcial del desarrollo de la edad adulta.
En la teoría de la Common-Cause (Baltes y Lindenberger, 1997), se investigan las relaciones entre las distintas edades y diversas funciones, porque se basan en una causa común. Lindenberger & Baltes (1994) pudieron demostrar que, tras la introducción de funciones sensoriales como variable mediadora entre la edad y el rendimiento cognitivo, la edad no ejercía efecto directo sobre el rendimiento cognitivo. Las diferencias individuales en las funciones sensoriales ofrecían una covarianza del 93% con las diferencias de edad, en relación al rendimiento cognitivo. Así, teniendo en cuenta las diferencias individuales, en las funciones sensoriales prácticamente no existen diferencias de edad substanciales en la capacidad del rendimiento cognitivo, lo que avalaría la hipótesis de la "Common-Cause". Proponen la teoría de la Diferenciación- Dediferenciación. Según esta hipótesis, los rendimientos y resultados en las tareas cognitivas y en los tests sensomotóricos tienden a converger con el paso de la edad. Esta interdependencia postula que la diferenciación neuronal de las estructuras cognitivas correlaciona con las funciones psicológicas. Esta interdependencia psico-física se va debilitando en la edad adulta y la experiencia y el entorno adquieren un mayor protagonismo; en consecuencia, el desarrollo sensomotor sería cada vez más independiente del cognitivo (Diferenciación) una vez alcanzada la vejez. En estas edades superiores, los procesos psicológicos, sobre todo, los cognitivos, vuelven a estar muy relacionados con los procesos fisiológicos (degenerativos). En consecuencia, tiene lugar una inflexión del desarrollo anterior (Dediferenciación). Esta hipótesis se ha visto corroborada hasta ahora en el campo cognitivo.
En el ámbito del desarrollo socio-emocional aparece la teoría socio-emocional de la Selectividad (Carstensen, 1992; Baltes y Carstensen, 1999) → las interacciones sociales están íntimamente relacionadas con la satisfacción subjetiva. Según esta teoría, se deben poner en marcha medidas reguladoras para seguir aplicando con eficacia los recursos vitales de los que dispone. La persona debe seguir activando su entorno social, modificándolo y adaptándolo con el paso de la edad. Tres motivos por los que deben iniciarse y mantenerse las interacciones sociales: 1) para la regulación directa de las emociones, 2) para el desarrollo del autoconcepto y 3) para la búsqueda de información. El peso de cada uno de ellos no es constante, sino que cambia con el transcurso de la edad, prioridades se van desplazando, a lo largo del ciclo vital. Durante la vejez
en la edad adulta. Quizá la razón de ello se encuentre en que se trata de tareas relativamente sencillas que no necesitan de la totalidad de los recursos intelectuales. Por otra parte, los valores medios en el descenso y limitación de la inteligencia práctica se debe sin duda al mayor número de personas dementes que aumenta con la edad.
Staudinger y Baltes (1996) definen la sabiduría como el conocimiento experto en las cuestiones vitales. Una persona sería sabia cuando tiene un mayor conocimiento de los hechos al decidir acerca de situaciones conflictivas, cuando domina mejores estrategias ante las consecuencias de una toma de decisiones, cuando considera todos los aspectos del entorno estableciendo prioridades o cuando reconoce las inseguridades de la vida para poder salvarlas. También en esto ha podido demostrarse que en los grupos de edad no existe ningún efecto achacable a la edad. Las personas mayores se equiparan a los jóvenes en la solución de problemas, a base de la sabiduría. La memoria constituye una premisa central para formarse la identidad y la autonomía, convirtiéndose así, a lo largo de todas sus dimensiones, en algo decisivo para las personas adultas. Pueden distinguirse en ella diversos aspectos que suelen resumirse en memorizar, almacenar y recordar informaciones y experiencias.
La memoria procedimental se dirige a aprender y recordar habilidades cognitivas o motoras, (conducir un coche, contar, deletrear, leer). Estas habilidades poseen un fuerte componente de automatismos y no exigen recordar explícitamente el momento en que fueron adquiridas. Por eso, se habla también de procesos implícitos de memoria, en oposición a los procesos explícitos ("Recall" y "Recognition"). En el rendimiento de los procesos implícitos no surgen cambios con la edad. La memoria primaria intenta recordar las informaciones presentadas de una vez. El hecho de su limitada capacidad explicaría por qué se recuerdan mejor las últimas palabras escuchadas de una lista y no las primeras (Recency-Effekt). En este tipo de memoria existen diferencias mínimas debidas a la edad. Por el contrario, la diferencia de edad juega un gran papel en la memoria de trabajo necesaria para recordar y elaborar simultáneamente las informaciones. En la práctica, esto quiere decir que no existiría ningún problema con el aumento de la edad para recordar un número de teléfono; pero si se tratase de tener presente ese número y a la vez elaborar simultáneamente otras informaciones, la edad podría ser determinante.
La memoria episódica concierne a la capacidad de recordar los acontecimientos autobiográficos recientes. Esto se investiga por medio de la libre reproducción de listados de palabras, frases, historietas o imágenes. Efectivamente, los resultados correlacionan con los cambios de edad. Las diferencias de edad aumentan con las dificultades para elaborar la información. Si se ofrece un apoyo para esa elaboración, las personas mayores se benefician en mayor grado que los jóvenes.
La memoria semántica se refiere a la capacidad de poder recordar un conocimiento objetivo. En un subtest de un muy extendido test de inteligencia para adultos apenas aparecen diferencias, en relación con la edad. De todas formas, las dificultades para recordar nombres de personas son características de las personas mayores que las consideran como una problemática típica de la edad. Esto quizá se deba al hecho de que hablando de conocimientos generales, si no se recuerda un término o una palabra, siempre puede ser sustituida por otra; algo imposible, al tratarse de los nombres de las personas.
La memoria espacial presenta también diferencias, cuando se habla de entornos que resultan familiares. Las personas mayores, por lo general, se orientan bien en un entorno, aunque no sean capaces de describirlo.
La memoria autobiográfica atañe a los recuerdos de los acontecimientos vividos. Es típico que las personas mayores recuerden con exactitud las circunstancias de su niñez. Generalmente, suelen ser acontecimientos muy concretos y marcados. Llama la atención que los recuerdos más frecuentes estén datados entre los 10 y los 30 años. Quizá estos recuerdos están unidos a contenidos emocionales. Si se toman en consideración acontecimientos sin ninguna relación personal, tanto los jóvenes como los mayores recuerdan las cosas peor, cuanto más distanciadas están en el tiempo.
La memoria prospectiva, la capacidad de recordar que uno debe poner en práctica lo que tenía intención de hacer se convierte en uno de los problemas diarios más comunes (Kliegel y Martin, 2003. Este hecho es independiente de la edad y de la situación vital de una persona. Sin embargo, tratándose de los mayores, estas tareas típicas diarias les acarrean diversos problemas con resultados negativos para su situación particular , por ejemplo, para la toma de medicamentos o las visitas al médico. A pesar de que los datos empíricos al respecto suelen ser contradictorios, aparecen indicios de un receso de la memoria prospectiva en la vejez. Huppert, Johnson y Nickson (2000) investigaron con la ayuda de un screening. Solo un 54% de los participantes pudieron solucionar las tareas con éxito. Los análisis del efecto "edad" demostraron una caída clara y lineal del rendimiento con el aumento de la edad. Encontraron también una clara relación de la memoria prospectiva con la sintomatología demencial. Teniendo en consideración las variables demográficas más relevantes (sexo, formación, estatus socioeconómico, etc…), las personas diagnosticadas con demencia débil presentaban un 88% de riesgo acusado de no poder superar las tareas de memoria prospectiva.
Otro campo bastante estudiado es el del aprendizaje. Las personas mayores pueden aprender con éxito diversas habilidades (+ tiempo), quizá por una escasa formación anterior. En los aprendizajes verbales, como la adquisición de un nuevo idioma o de nuevas asociaciones entre nombres y rostros, se detecta que asocian, los pares de palabras, pero con un mayor esfuerzo y un tiempo más lento. Las diferencias de rendimiento entre las distintas edades suele ser menor, cuando los sujetos pueden elegir por sí mismos los tiempos de trabajo o de respuesta. Al mismo tiempo, conviene tener en cuenta las posibilidades de los potenciales insuficientemente desarrollados.
El desarrollo no corre por libre, sino que cabe influir en él de manera activa y preventiva. Desde el punto de vista de la modificabilidad o plasticidad del rendimiento cognitivo, uno puede preguntarse hasta dónde se puede actualizar o mejorar el rendimiento intelectual y de la memoria con el entrenamiento. En el estudio ADEPT (Adult Development and Enrichment Project) (Baltes y Willis, 1982), se cuestionó, si podrían mejorarse algunas capacidades primarias con el entrenamiento. Con un training en estrategias de cinco de horas de duración pudieron conseguirse progresos significativos en los campos entrenados, pero sin ningún transfer a otros ámbitos, resultando así ser específicos. Las mejoras permanecían todavía diez meses después. En una investigación posterior con el mismo training, se estudió, si las personas que habían manifestado un descenso de al menos un punto en una de las capacidades primarias podrían equilibrar parcialmente esa pérdida con un nuevo training. Es lo que sucedió a unas dos terceras partes de los sujetos. Un 40% de ellos recuperó el rendimiento alcanzado 14 años atrás. El seguimiento, siete años más tarde, demostró la superioridad del grupo entrenado y la repetición del training mejoró todavía más su ventaja. Un entrenamiento adecuado puede recuperar buena parte de las pérdidas. Pero siguiendo con esta cuestión, cabe preguntarse: ¿puede aumentar todavía el rendimiento en las personas que han alcanzado ya un nivel relativamente alto? El Programa "Autonomía en la edad adulta" (SIMA; Oswald, Hagen, Rupprecht y Gunzelmann, 2003) intentó dar una respuesta. Con una muestra inicial de 375 sujetos entre 77 y 93 años, sin daños cognitivos, y su correspondiente grupo de control se estudió el efecto de un training de memoria (20 sesiones) en combinación con otro motórico (22 sesiones). Los participantes mejoraron en varios ámbitos entrenados, por ejemplo, en la atención y en el tiempo para la elaboración de la información. Sin embargo, no se observó ningún transfer en los campos no entrenados. En los continuos seguimientos anuales, se demostró que muchos de los sujetos seguían manteniendo los niveles adquiridos. Finalmente y en este mismo contexto, puede ser interesante saber, si el rendimiento de las personas mayores puede alcanzar los mismos niveles de la época de su juventud. Para ello se trabaja con el método "Testing the Limits", en el que los sujetos ejercitan una y otra vez una habilidad, hasta que dejan de observarse nuevos progresos. En un estudio de Kliegl, Smith y Baltes (1989) en que se entrenaba (20 sesiones) la reproducción de listados pudo demostrarse que las personas mayores conseguían mejoras masivas, superando a los sujetos no entrenados. Esto indicaría que la falta de ejercicio podría considerarse como una causa fundamental de los cambios observados, en relación con la edad. Por otro lado, las mejoras de las personas más jóvenes eran superiores a las de las personas mayores, lo que volvería a apoyar la gran importancia del ejercicio de capacidades y habilidades. No obstante, aún